Hey~ Bienvenidos sean ustedes al cap número diez. Espero que les guste:

Choromatsu avanzó hasta la orilla del lago y observó la parte superior de la iglesia que se alcanzaba a diferenciar por encima de los árboles. Volvió a mirar a su acompañante que jugaba con el agua.

-Entonces el sacerdote te escuchó y vio por unos momentos. – repitió lo que le había contado.

-Sí.

-Tu esencia ya es lo bastante fuerte. Solo es cuestión de tiempo para que también pase con Ichimatsu.

-Sí. Por eso trato de estar a su lado todo el tiempo, pero la presencia de nii-san no me deja quedarme.

-No te preocupes por Osomatsu – Choromatsu movió un brazo para crear un pequeño remolino que hizo girar y reír al otro. Ahora sabía que se refería al demonio y suponía que lo llamaba así por la forma en la que Ichimatsu lo hacía. – En cuanto Ichimatsu lo bloquee, él no podrá regresar.

-¿Es así de fácil?

-No es que sea fácil. Solo piensa en todo el tiempo que Ichimatsu lleva tratando de alejarse de él sin lograrlo.

-Pero ahora lo dijiste como si ya no faltara tanto.

-Eso lo sabrías tú mejor que yo.

-Mmmm... Sí ¡Ya no falta mucho!

Era de noche. Había mucho viento afuera que hacía que algunas partes antiguas de la iglesia crujieran. Ichimatsu giró en su cama apenas logrando relajarse para comenzar a quedarse dormido cuando su puerta se abrió de golpe. Se espabiló asustado y se relajó un poco cuando vio que se solo se trataba del otro inquilino de la iglesia.

-Muévete. – le dijo Todomatsu al llegar a la altura de su cama.

-¿Qué?

-Voy a acostarme contigo, hazte a un lado.

-No.

-No te estoy preguntando, tengo miedo así que voy a acostarme contigo, déjame espacio.

-¿Tienes miedo? – Ichimatsu le puso atención y notó que Todomatsu estaba agarrando la punta de su camisa con fuerza.

-¿Tu no? – usó un tono de voz incrédulo – este lugar es enorme y está abandonado y de noche es super obscuro y cualquier pequeño ruidito se intensifica con el eco y parece que hay fantasmas.

-Hay demonios – dijo porque casi podía jurar que en ese rincón obscuro había unos ojos rojos observándolo fijamente. Esperando a que cometiera un pequeño error y llevárselos a todos junto con él.

-¿Lo dices porque se supone que es mejor? – preguntó Todomatsu molesto por el comentario que no ayudaba en nada a sus nervios.

-No podemos dormir juntos, somos hombres y-

-No trates de salirme a mí con tus tonterías de que somos hombres. – Ignorando los escasos intentos de detenerlo, Todomatsu se acostó junto a él – He sido hombre todo este tiempo y me he acostado junto a otro hombre mucho, mucho tiempo y todo va bien. No hay ninguno de esos demonios que tanto dices detrás de mí.

-No es como si lo que tu hiciste y lo que yo hice fuera similar.

-¿En serio? Ilumíname.

Ichimatsu no tenía muchos ánimos de contarle lo que hizo. Suponía que, si lo hiciera, él saldría corriendo. ¿Qué pensaría si supiera que acababa de meterse a la cama con alguien cuya vida había sido sexo y drogas, que ni siquiera había logrado controlarse y había terminado infectando al sacerdote que lo estaba salvando, que desde el día que había llegado tenía que luchar contra sí mismo para no recaer en los vicios?

-Yo le dije a mis padres que era gay – dijo Todomatsu de repente – mi padre obeso y alcohólico que me había dado mi primera cerveza a los seis años me golpeó, mi madre histérica y alterada que me había hecho robar en algunas tiendas cuando era pequeño comenzó a llorar y culpar a todos y todo por ello. No mucho tiempo después conocí a Atsushi. Un rico presumido que me haría la vida más fácil. Así que me fui con él. Él no me interesaba ni yo a él, solo era sexo a cambio de dinero de una relación escondida. El dinero lo era todo, por el dinero hacía lo que él me pidiera, por dinero aguanté que me golpeara, por dinero dejé que me insultara y maltratara, por dinero me esforcé en darle credibilidad a la relación e incluso lo defendía. – Todomatsu se quedó mirando al techo unos momentos antes de seguir – Nunca consideré que lo que hacía estuviera mal. Quiero decir, necesitaba el dinero. Luego un día, un padre y un hombre vestido de monja llegaron a agradecerme una estupidez y me evangelizaron haciéndome pensar que quizá había otra forma.

-No es lo mismo. – comentó Ichimatsu comprendiendo lo que pretendía. – Para qué usabas el dinero tú y para qué lo usaba yo, no es lo mismo.

-Solo lo gastaba en cumplir mis caprichos ¿Qué es lo diferente?

-Lo gastaba en mí. Pero yo no estaba solo. Dejé a Jyushimatsu, mi hermano.

-Entonces tu problema no son las adicciones ni todas las cosas que ingerías ¿verdad? Es él, tu hermano.

Ichimatsu lo miró frunciendo el ceño un poco, no podía considerar la idea de ver a Jyushimatsu como un problema, de ninguna manera, él había sido un maravilloso hermano que siempre lo apoyó, él en cambio…

-¿Crees que Jyushimatsu te haya perdonado? – preguntó Todomatsu.

-Karamatsu me dijo que siendo Jyushimatsu como era, sí lo había hecho.

-¿Tú que piensas? – Ichimatsu bajó la mirada – ¿Qué hay de ti? ¿Te has perdonado lo que le hiciste?

Antes de que Ichimatsu lograra pensar en alguna respuesta la puerta de su habitación volvió a abrirse, con más delicadeza que la última vez y el padre se asomó. Su expresión se llenó de sorpresa al verlos a ambos.

-Escuché voces… – dijo tratando de explicar su presencia. – ¿Por qué están acostados juntos?

-¿Qué? – contestó Todomatsu a la defensiva – ¿No puedo venir a pedir por compañía al hermano monja si me da miedo estar solo en mi habitación con todos esos ruidos raros?

-Sí – dijo Karamatsu tras unos segundos de vacilación –, sí puedes.

-Qué bueno. – contestó y se acomodó otra vez.

Ichimatsu miró al sacerdote que le devolvió la mirada. Aún no habían tenido una conversación desde aquella vez, pero el ambiente, cuando estaban juntos, ya no era tenso ni incómodo. Ichimatsu volvía a darse el lujo de estar presente y, aunque todo el tiempo Karamatsu parecía querer hablarle, no lo hacía y no arruinaba la atmosfera. Además, Todomatsu siempre llegaba y se ponía a mandarlos a los dos. Era odioso, pero no molesto. Y la confianza que se tenía, diferente a la que Karamatsu desbordaba, hacía parecer que cualquiera de sus elecciones estuviera bien. Como estar durmiendo juntos en ese momento. Karamtsu le sonrió y se fue. Ichimatsu se acostó y le dio una mirada a Todomatsu, sentía que, de alguna manera, gracias a él, ya no era tan dependiente de Karamatsu como al principio. Ya no hizo ademán de hablarle y en poco tiempo se quedó dormido.

Cuando terminaron de comer, Todomatsu fue a lavar la ropa mientras Karamatsu limpiaba la cocina. Ichimatsu, como siempre, solo lo veía lavando los platos. El padre lo miraba de regreso de vez en cuando y abría un poco la boca para decir algo, pero las palabras nunca llegaban y solo seguía con lo que estaba haciendo. Y él no podía dejar de querer escuchar lo que fuera que Karamatsu no se atrevía a decirle, y al mismo tiempo, no quería que ese momento llegara. Tenía la sensación de que, después de eso, todo cambiaría.

-Creo que, podría ir a la misa el domingo – dijo Ichimatsu. Ante la mirada incrédula del sacerdote rodó los ojos y contempló la belleza de la puerta de entrada – solo estar ahí y ver a las personas y eso. No participar ni ayudar como Todomatsu, solo podrían pensar en mí como otro adorno de la pared o-

-Me alegra mucho – volvió a mirar a Karamatsu que tenía una gran y sincera sonrisa en el rostro. Y lo que Ichimatsu sintió al contemplarlo no fue una repentina lujuria incontrolable como la que le daba de vez en cuando desde aquel día, fue más como cuando salió a ver el exterior por primera vez en esa iglesia y descubrió que Karamatsu tenía el color del cielo en sus ojos. – Pero si vas a estar allí, necesitas algo. – dijo el padre y salió del lugar.

Cuando regresó, Ichimatsu no podía creer que en verdad traía eso en las manos.

-Lo he pensado desde el momento en que te vi sin esto. – Karamatsu extendió un vestido de monja frente a él – Creo que te queda mejor.

-Pero es un…

-Un vestido, y tú eres un hombre. Sí. Pero ¿sabes? Honestamente, después de pensar sobre eso, no creo que a Dios le moleste, porque Él es amor. – Ichimatsu hizo una mueca, no era por dios por quien creía que estaba mal. Simplemente lo estaba y ya. – Y creo que, si algo se ama, entonces no está mal. Porque el poder del amor es equivalente al poder de Dios, omnipresente, omnipotente, llenándonos de vitalidad-

-Lo entiendo, cállate. – Ichimatsu lo interrumpió antes de que siguiera con el discurso innecesario que seguro planeaba dar, le arrebató el vestido de las manos y miró la prenda sin estar del todo convencido de hacerlo. ¿No caería si lo hacía? ¿No pondría un letrero enorme de entrada a las puertas que ya se encontraban abiertas para el demonio que lo rondaba?

-Está bien. – le dijo Karamatsu con una sonrisa al notar su duda. – Lo que quieras hacer, hazlo. Yo quiero que lo hagas también. No te obligaré a nada, no haré que te unas a la religión, – inclinó la cabeza ante eso, nunca habían tenido una conversación referente a eso, no sabía porque el sacerdote lo mencionaba – tampoco te diré qué vestir o qué hacer. Ichimatsu, solo te quiero aquí a mi lado, siendo como eres. Y que nadie diga que de alguna manera eso está mal.

No hubo nada que pudiera hacer contra el impulso de abrazarlo. Era la primera vez que tenía su rostro recargado contra el pecho de Karamatsu y siendo envuelto de regreso por él. Había algo cálido en ese momento que no sabía cómo manejar. Pero estaba bien.

Estaba bien.

Estaba bien.

Al bajar a la cocina otra vez, Todomatsu estaba allí y fue el primero en levantarse. Tenía un celular en las manos que Ichimatsu ni siquiera sabía que tenía y no dejaba de apuntarlo con él. Karamatsu le sonrió y asintió satisfecho, orgulloso. Feliz.

-Te vez mucho mejor de monja – le dijo Todomatsu.

E Ichimatsu se permitió sonreír. Porque una presión se había ido de su pecho y se sentía más ligero. Porque ese momento parecía ser correcto.

Era domingo dentro de la iglesia. Ichimatsu estaba de pie al fondo observando cómo se daba la misa. Karamatsu se veía más enérgico de lo que normalmente estaba y Todomatsu ya estaba dando una segunda vuelta con el cesto donde la gente dejaba dinero. Había algo entretenido en eso, aunque Karamatsu hablando ya lo había aburrido desde hace un buen rato.

Tal vez era porque Todomatsu sonreía, de una manera siniestra a su consideración, pero la sonrisa estaba allí y Karamatsu también sonreía y cuando lo miraba sus ojos brillaban. Y las personas lo habían saludado y ni uno de ellos había hecho algún comentario sobre la manera en la que vestía. Cuando terminó y la última persona se fue, Todomatsu estaba contando el dinero y Karamatsu recogía las cosas que había utilizado en el oficio. Ichimatsu salió por la entrada principal y se quedó de pie a una considerable distancia de la iglesia. Respiró profundo y miró al frente.

-Osomatsu-niisan

El nombrado apareció de inmediato de pie frente a él con una expresión seria. Ichimatsu lo miró fijamente a los ojos. Y fue capaz de sonreír.

-Solo quería despedirme, Osomatsu-niisan.

La sorpresa que tuvo el demonio fue casi la misma en él. No sabía de dónde habían salido esas palabras. Juraría que antes de la burla que tenía Osomatsu en su mirada ahora, hubo un poco de miedo.

-¿De qué hablas Ichimachuu? – preguntó con una pose relajada y confiada, manos en los bolsillos y los hombros ligeramente echados hacia atrás, balanceando la cola. No sabía si sus ojos habían comenzado a brillar o era solo su imaginación. – Tú y yo estaremos juntos para siempre ¿lo recuerdas? Yo me encargaré de que así sea.

-No – contestó Ichimatsu, no tenía en qué fundamentar sus argumentos, pero algo le decía que eso era lo correcto –, lo nuestro termina aquí. No nos volveremos a ver.

-Lo haremos. – le dijo de una manera algo nerviosa – Ichimatsu, nosotros estaremos juntos.

Ichimatsu cerró los ojos. Y recordó la primera vez que había visto a Osomatsu. En un callejón en el suelo, abusado por hombres. Y la razón que lo trajo a él, que no había sido sentirse sucio y ultrajado, sino su pensamiento.

'Ojalá le pasara a él'

Ese momento en el que había deseado el mal a su hermano. El peor de todos y el inmediato odio a sí mismo. Y luego por su culpa había muerto. Karamatsu le había dicho que Jyushimatsu lo perdonaría. Estaba bien creer esas palabras ¿no? Todomatsu le preguntó si se perdonaba a sí mismo. Eso fue algo que jamás consideró. Y ahora que lo consideraba. Ser capaz de hacerlo…

-Adiós, Osomatsu-niisan. – Susurró, y al abrir los ojos, el demonio que lo había perseguido durante tanto tiempo se había ido.

Volteó a los lados, pero no estaba, de verdad, de verdad no estaba. Entonces era la decisión adecuada. Sus ojos se humedecieron al considerarlo y dio la vuelta para correr de regreso a la iglesia, entró hasta la mitad del recinto, las otras dos personas que estaban con él seguían allí y lo veían con preocupación al notar su estado.

-Está bien ¿verdad? – preguntó casi como un grito. No se sentía como si les hablara a ellos, pero no había nadie más. Este padre y este monaguillo que no entendían lo que pasaba hicieron ademán de acercarse, pero se detuvieron cuando siguió hablando – puedo continuar ¿no es cierto? – apretó su ropa con fuerza mientras las lágrimas se acumulaban y se volvían más de lo que podía aguantar – puedo tratar de ser feliz… porque… porque él me perdonaría, es lo que él querría ¿No?

-Sí, niisan – Ichimatsu se asustó al principio al escuchar su voz, se giró lentamente sin estar seguro de querer hacerlo.

Y allí estaba.

Con un traje blanco con adornos dorados que cubrían sus manos con unas largas mangas, unas enormes alas blancas que a simple vista parecían ser suaves y que estaban abiertas abarcando más de lo que la habitación debería permitir y con un halo de luz que lo hacía resplandecer. Su hermano estaba sonriéndole.

-Estas perdonado por cualquier cosa. – le dijo.

-J-Jyushimatsu…

-Sí – dijo ensanchando la sonrisa y levantando los brazos.

-Estás aquí – Ichimatsu no sabía cómo era capaz de articular palabra alguna. No podía creer que lo tuviera enfrene a él.

-Antes no podía aparecerme frente a ti – le dijo Jyuushimatsu – no importaba cuanto hablara, no me escuchabas, ¡Ahora si puedo!

-¿Es porque me perdonaste?

-No, niisan. Yo te perdoné desde el instante en el que todo pasó. Me sentí aliviado porque fui yo quien murió aquella vez y así tu tuviste la oportunidad de arreglar tu vida. – acunó su rostro con las manos cubiertas de esas telas tan anormalmente suaves – Es porque te perdonaste a ti mismo que ahora por fin puedes verme – sonrió con aún más alegría.

Ichimatsu no dejaba de llorar al ver a su hermano allí, frente a él, perdonándolo, aceptando que se perdonara. Jyushimatsu lo abrazó y sintió un calor llenarlo. Sabía que eso era amor. De pronto su cuerpo empezó a perder consistencia y su ángel desapareció como millones de luces que lo dejaron reconfortado.

Redimido

Las lágrimas de sus ojos se habían secado y se giró a ver a Karamatsu de rodillas en el suelo y un rostro perplejo y a Todomatsu con las manos apretadas contra su pecho llorando. Sonrió y caminó hacia ellos. Ichimatsu sería capaz de continuar.

Cuando Kamimatsu llegó a la iglesia no fue recibido por nadie. Extrañado ante tal comportamiento impropio del sacerdote de ese pequeño convento pasó a las habitaciones en su búsqueda. Esperaba que no hubiera sido una mala decisión dejar al joven Ichimatsu con él. Tras revisar algunas, los encontró dormidos sentados en el suelo y recargados en la cama de una habitación, Karamatsu e Ichimatsu juntos con las manos entrelazadas, este último con el vestido de monja y otro muchacho al que no conocía recostado en las piernas de ambos con un atuendo que también parecía bastante femenino. Por un segundo se sintió escandalizado y dio un par de pasos hacia ellos dispuesto a despertarlos y darles un sermón. Pero observó bien el rostro del padre que se recargaba sobre el otro y que parecía sumamente feliz por solo eso, Ichimatsu por su parte se veía mucho mejor y más relajado de esa manera, incluso la persona a quien no conocía tenía una expresión agradable. Así que solo pudo sonreír, porque, aunque consideraba que eso estaba mal, no sería él quien interrumpiera la felicidad de su prójimo. Así que se retiró dejándolos convivir a su manera.

Osomatsu ya no podía acercarse. No sabía por qué, pero se negaba a creer que eso fuera posible. No, no podía separarse de Ichimatsu, debía estar con él, debía regresar. Quería regresar. Verlo, tocarlo. Ichimatsu.

-Hey, Osito – un escalofrío lo recorrió al escucharla hablándole desde atrás. Las únicas veces que Totoko tenía el valor de llamarlo así es porque venía con Akumatsu, y si él estaba, significaba que estaba en problemas. Ni siquiera alcanzó a girarse cuando sintió un golpe en la cabeza. Arrastrado contra su voluntad, fue lanzado al suelo sin delicadeza alguna por Akumatsu. Se levantó con algo de sangre escurriendo de su cabeza y miró con enojo al sujeto frente a él. Al ser que más odiaba en la existencia por haber sido quien lo convirtió en un demonio.

-Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que trajiste un alma Osomatsu. – Tougo giró un hueso que tenía en la mano derecha. A Osomatsu le asqueaba la manera en la que trataba a los cuerpos humanos, no era divertido jugar con sus restos, o despedazarlos de esa manera. Eso iba a un nivel al que ni él mismo llegaba – Antes eras el mejor ejemplo, en quien más confianza tenía para tener este lugar lleno. Siempre he sido conocido como el demonio que llevaría a la humanidad a la perdición del abismo y eso acrecentó gracias a ti. Tus almas suelen ser las más deliciosas, corrompidas hasta la última parte de sus consciencias. Pero ahora incluso Totoko llega más profundo a ellos, porque tú te obsesionaste con una sola alma. ¿Cómo llamaste a ese sentimiento, Totoko?

-Amor – dijo ella como si escupiera la palabra.

-Amor – repitió Tougo – No, no. Nosotros no podemos sentir eso. Porque, si hubiera algún mínimo rastro de amor en nosotros, entonces significaría que tenemos un alma y nosotros devoramos almas. Dime Akumatsu ¿Sientes que haya alma dentro de mi mejor demonio?

Akumatsu inhaló profundamente sobre Osomatsu oliéndolo. Regresó a su posición y sonrió de lado.

-Sí – contestó

-Así que es eso. – volvió a decir Tougo –Amor en un demonio por un humano – inclinó la cabeza y el hueso que tenía en las manos se convirtió en un cuchillo, su arma favorita – que delicioso será esto.

"Amor" pensó Osomatsu "¿Eso es lo que sentía por él? ¿Es la razón por la que no quería dejar a Ichimatsu?" Rememoró cada momento que había pasado con él, desde que lo había visto por primera vez y cómo comenzó a caer, hasta incluso cuando ese sacerdote lo comenzó a salvar "Sí – se dijo – puede que eso amor"

Y, devorado por sus sentimientos, el demonio que se enamoró de un humano dejó de existir.

Sé que ya lo había anunciado, que el final se acercaba.

Y si se preguntan por qué terminó de esa manera en lugar de con alguna escena bien hermosa entre Karamatsu e Ichimatsu, bueno, vayan al cap… ¿3? Que es donde había explicado que este fic nació porque quería escribir algo OsoIchi, que bueno, no se dio, y por eso mismo no podía no ponerlo de alguna manera.

Muchas, muchas gracias por llegar hasta el final de la historia. Sé que tiene sus fallas y así, pero espero que haya cumplido su misión de entretener. Ojalá estén conformes con el final. Y solo como dato cultural (?) hubo un tiempo en el que planeaba terminarlo con Osomatsu arrastrándolos al infierno con él. ¿Se imaginan?

Otra vez, muchas gracias por leerlo todo ¡Es sumamente hermoso de tu parte!

Y quiero agradecer aún más a las personas que me dejaron algún comentario. Son amor.

En especial a SombraLN y marialuz1799 que estuvieron tan presentes, a LaV3nus6 y ExplosiveCoffee que en algún punto dejaron de comentar -lágrimas- pero en su momento me apoyaron y sus comentarios fueron muy importantes. A XxKoyakusixX, Candy Nyu a quienes nunca les pude contestar, pero que también fueron un gran apoyo con lo que quisieran decirme.

Y como super, mega agradecimiento con mención honorifico y un montón de amor a nomasrun, estuviste desde el PRIMER capítulo y fuiste quien, cuando me desaparecí, me mandó un mensaje diciendo que extrañabas la historia. En serio, muchas gracias, fuiste el pilar de todo esto.

Gracias otra vez y todas las veces que se puedan. Espero que, si se da la ocasión, nos leamos otra vez.