Disclaimer: Los personajes y trama original de 'Inuyasha' son propiedad exclusiva de Rumiko Takahashi, y los tomo prestados sin fines lucrativos.

Field of Fireflies
Por: Hoshi no Negai

10. Cambios y más cambios

Apenas habían pasado un par de días pero sentía que no podría acostumbrarse a la cantidad de atención que recibía. No era que la siguieran adonde fuera, sino que sus ojos no dejaban de vigilarla como si fuera una prioridad vital. Ya tenía suficiente con Nitori siempre a su lado extendiendo un brazo cuando subía o bajaba las escaleras —cosa por la cual consideraba muy seriamente mudarse a un dormitorio del primer piso— como para que los demás estuvieran tan paranoicos. Lo agradecía, pero sólo lograban ponerla más nerviosa.

Lo bueno era que, pese a las duras advertencias del demonio blanco, al menos Nitori estaba de su lado y hacía todo lo posible por ayudarla a pasar por semejante vigilancia de la mejor forma posible.

Como justo ahora, por ejemplo, que se quedaba fuera del baño mientras Rin se aseaba en su santa privacidad sin nadie más que pudiera ofrecerse a ayudarla en la tarea más mínima. Entendía que sólo cumplían órdenes, pero tampoco era que se había vuelto una inútil por estar encinta.

Afuera del recinto, la youkai de largo cabello ocre se reclinaba sobre la pared mientras tanteaba un ritmo incierto con su dedo sobre la pierna. Nitori sabía que el amo tenía grandes razones por tantas medidas de seguridad —pues ella personalmente le había tenido que decir cómo evolucionaba Rin, una conversación de lo más bizarra si tenía que ser sincera—. La humana estaba con un estado de salud algo frágil debido a la descompensación por tanta pérdida de energía que el cachorro absorbía con su creciente fuerza, por lo que tendía a perder el equilibrio con una facilidad abrumadora. Más de una vez la había tenido que agarrar del brazo y hacerla recostar en el suelo con las piernas en alto hasta que se normalizó. Se había armado un pequeño revuelo y todo, y los presentes se debatían si debían informarle al amo o no por el temor de resultar lastimados en caso de que se enfadara.

Pobre Rin, pensó. Tanto tiempo recibiendo la ley del hielo para que ahora todo el mundo se le lance encima no debe ser nada fácil. Y menos con semejante padre de la criatura y su rara forma de ser. Pero no le quedaba más que acostumbrarse y tratar de llevarlo como pudiera al menos hasta que la primera etapa de su estado se acabara.

Escuchó la puerta correrse a su lado y una cabeza de cabello aún húmedo se asomó por el espacio recién creado.

—¿Despejado?

—Despejado —confirmó para que saliera—. Pero sécate mejor el cabello, te puedes resfriar.

—Sería lo único que me falta, de seguro ni me daría cuenta —replicó con una mueca mientras se libraba del área cubierta de vaho perfumado llevándose un poco de él consigo.

—En serio. El amo te regañará.

—Lo sé, por eso me llevo esto —le mostró la toalla blanca que transportaba en la mano con la que inmediatamente comenzó a estrujar su cabello largo y mojado.

—Dame, te echo una mano —Rin bajó los brazos y permitió que su amiga apretara duramente los mechones del pelo para sacarle hasta la más mínima gota de agua, arrancándole un par de quejidos agudos y cómicos—. No exageres, tampoco estoy apretando tanto. Tienes suerte de que no sea tan largo —Rin quiso alzar la cabeza para fruncirle el entrecejo. ¿Que no era tan largo? ¡Pero si le pasaba de la cintura y tenía mucha cantidad! Aunque comparándolo con el de ella y el del señor Sesshomaru, que casi llegaba a sus rodillas... sí, no tenía tanto por lo que quejarse—. Listo. ¿Nos vamos?

La chica sobó el cuero cabelludo que apenas tenía algún rastro de humedad después de las manos expertas —y crueles— de Nitori, y empezó a caminar a su lado para salir del sótano.

—¿Cómo estás de la cabeza, ya no te duele?

—El baño me ayudó un poco, pero sé que volverá a dolerme en cualquier momento. Creo que no le falta nada para convertirse en migraña.

—Vaya, el legado del amo debe ser más pesado de lo que creí —y se rió ante la cara enrojecida de Rin mientras esta le esquivaba la mirada—. Vamos, no me digas que todavía te da vergüenza que diga cosas así? —la humana asintió enérgicamente—. Pues acostúmbrate que ya viene siendo hora. Yo sólo estoy feliz porque habrá un nuevo carrocho al que consentir, y siendo reconocido por el amo ya te imaginarás cómo será...

—¿Reconocido? ¿Qué quieres decir con eso?

—Pues que lo acepta como su hijo, claro. ¿Crees que se tomaría tantas molestias si no fuera así? —Rin no supo que decir y volvió a bajar la mirada—. No entiendo por qué todavía te cuesta aceptarlo, ¡pensé que estarías brincando en una pierna!

—Podría hacerlo, pero de seguro me tropezaría y el señor Sesshomaru me obligaría a quedarme encerrada en mi cuarto —murmuró por lo bajo intentando verlo por el lado cómico. Nitori soltó una pequeña carcajada al imaginarse la escena.

—Sí, eso es lo que pasaría. Pero no te olvides de la marea de personas que irían a asegurarse de que estés bien para no enfurecerlo —anotó graciosamente extendiendo las manos casi como si pudiera verlo.

—No sé por qué cree que todo este alboroto es necesario... Si después de todo sólo soy humana —suspiró alicaída. Dioses con la baja autoestima de esta mujer, roló los ojos la otra.

—Una humana con un hijo por el que se preocupa tanto como para llegar a estos extremos que casi entran en el mundo de lo absurdo, sí, yo también me pregunto por qué será que se forma todo este jaleo, no es como si le importaras o algo así... —le dijo sarcásticamente con una mirada que no dejaba espacio a réplicas. Por su tono y manera de mirarla tan insistente a Rin no le quedó de otra más que sonreír a regañadientes.

—¿Crees que me angustio demasiado, verdad?

—Demasiado es una palabra que se queda corta, pero vamos a dejarlo así —confirmó la mujer cuando ya subían las escaleras y la tomaba del brazo por mayor seguridad—. Si quieres mi consejo, cuando se trata del amo no cuestiones nada de lo que hace porque nunca llegarás a ninguna parte. Si él hace alguna cosa sus motivos tendrá y descifrarlos es algo imposible. El amo es raro, te digo, sólo hazle caso y ya.

—Sí, creo que es lo mejor, tienes razón —admitió finalmente cuando llegaron al último par de escalones y siguieron de largo por el pasillo para ir al comedor por alguna infusión para ayudarla a dormir.

—¿Razón en que el amo es raro? Claro que la tengo, siempre te lo he dicho. Es como si supiera todo en todo momento incluso antes de que pase nada, ¿no te parece eso raro? A veces me...

Pero Nitori se mordió la lengua con tanta fuerza que se le escapó un agudo alarido de dolor. No se había dado cuenta de que la alta figura del amo del castillo se les acercaba en el mismo pasillo. Cuando estuvieron cara a cara, ambas enmudecieron de vergüenza por motivos muy diferentes. A Rin todavía le costaba mantenerle la mirada por todo lo que sucedía, más aún cuando cada vez que lo hacía recordaba accidentalmente trocitos de la noche que habían pasado juntos. Y lo único que quería hacer Nitori era lanzarse a un río y seguir nadando hasta llegar al mar.

—A-ah, amo Sesshomaru, buenas tardes —tartamudeó la demonio, recibiendo una fría mirada como respuesta. Sí, estaba más que segura de que la había escuchado perfectamente. A Rin, en cambio, la observó de arriba a abajo con menos dureza pero con igual seriedad. Un cambio sutil del que pocos podían percatarse.

—Ho-hola, señor Sesshomaru —apenas pudo murmurar al mismo tiempo que rehuía su mirada dorada y se mordía sutilmente los labios. El demonio le dedicó un pequeño asentimiento y siguió con su camino. Rin dejó escapar el aire que había estado reteniendo y por mero reflejo se viró lo suficiente como para verlo de espaldas. Cuando el hombre giró en un recodo, casi pudo jurar que él hacía lo mismo antes de desaparecer.

Desde el momento de su regreso las cosas entre ambos no podrían ser más extrañas en su opinión. Rin apenas podía mantenerle la mirada unos segundos antes de llevar los ojos al suelo en un intento de huir de él, casi como si temiera de manera inconsciente cambiara de opinión y le ordenaría que se fuera. Era un pensamiento tan irracional como lo era inevitable, porque a pesar de todos los cambios que sucedían alrededor, el demonio mantenía un aire tan frío y distante que le hacían dudar incluso de aquella noche que habían compartido. Era como si creyera que se trataba de dos sujetos diferentes por sus maneras de actuar: uno serio hasta morir y otro... también serio, pero también cálido y paciente.

Viendo cómo se comportaba en la actualidad, haciendo correcto uso de su título y naturaleza, le parecía imposible siquiera imaginar que algo hubiera pasado entre ellos, y menos si pretendía que nada había pasado.

Su corazón todavía estaba acelerado cuando Nitori profirió una exclamación de alivio.

—¿Viste? —le susurró lo más bajo que pudo—. Todo lo sabe y todo lo oye. Da miedo.

Rin volvió a sonreír más tranquila ante ese comentario que había ayudado a disipar el ambiente, y la conversación liderada por su amiga se mantuvo en ese tono jocoso hasta que alcanzaron el comedor, donde Chiyo las esperaba con una humeante taza de té.

—Creo que esto te puede ayudar —le dijo en cuanto la recibió—. Nitori me contó esta tarde de tus dolores de cabeza y Takashi me dio la idea. Pruébalo y si te funciona prepararé más.

La chica tomó el pocillo y aspiró el aroma poco agradable que flotaba hasta su nariz. Bueno, había probado cosas peores, y si la ayudaba a sentirse mejor...

—Dioses, qué mal sabe —musitó en cuanto se acabó la bebida de un solo golpe.

—Y eso que le agregué un poco de miel... ¿quieres que al próximo le eche más?

—No, no tiene importancia —sacudió la mano para no preocuparla—. Es que no estoy acostumbrada al sabor, eso es todo. Te lo agradezco mucho, Chiyo.

—No pasa nada. Espero que funcione de todas maneras.

Las tres mantuvieron una conversación trivial que abarcó muchísimos temas, aunque siempre se volvía a enfocar en la salud de Rin y lo raro que les parecía a las dos demonios el sistema inmune humano. La chica les estaba explicando algo sobre plantas medicinales que había aprendido en la aldea cuando Chiyo se sobresaltó de repente y se levantó bastante alterada.

—¡No me di cuenta de la hora! —exclamó llevándose las manos a la cara—. Será mejor que vaya a terminar los preparativos de la cena, no quiero hacer esperar al amo Sesshomaru ni a Jaken.

—¡Espera! ¿Qué has dicho? —Rin se incorporó también y se colocó detrás de ella— ¿El señor Sesshomaru vendrá al comedor?

—Sí, Jaken me avisó hace un rato. Tú quédate ahí, enseguida traeré tu comida.

Rin alargó el brazo hacia la anciana que se iba por las puertas de la cocina, pero no consiguió decir nada para detenerla. A su lado, Nitori se levantaba y le daba palmaditas en el hombro.

—Será mejor que yo también me vaya. Quisiera hablar un momento con Takashi, pero estaré aquí para acompañarte a tu cuarto en cuanto termines.

—No te vayas, Nitori, por favor —le pidió sumamente nerviosa.

—No pasará nada, mujer. Además de que el pesado de Jaken también estará aquí, así que menos aún va a pasar —le dijo con un ligero aire de burla y después le guiñó un ojo—. De todas formas no es como si no hubieras estado ya a solas con el amo, ¿verdad? Y mucho más juntos que nunca...

—¡Nitori! —su cara adquirió un brillante tono rojo a lo que la otra soltó una carcajada estridente. Le hubiera encantado preguntarle cómo rayos se le ocurría decir eso cuando la puerta principal del comedor se abrió y por ella entró justo de quien hablaban. Recordando su último encuentro con él, la demonio cerró la boca y se ruborizó por la vergüenza un poco antes de darle una reverencia y salir con mucha prisa, ignorando a Jaken por completo.

Cobarde, le dijo Rin mentalmente cuando la puerta se cerró. Frente al señor Sesshomaru no se atreve a decir ninguno de sus chistes.

Seguidamente se puso de pie para recibir a sus acompañantes, deseándoles las buenas noches y agachando la cabeza a esperas de que ambos tomaran asiento antes de hacerlo ella.

Justo entonces llegaron los empleados de la cocina para dejar la cena correspondiente frente a cada individuo. Rin le dio una mirada estupefacta a la bandeja que Chiyo personalmente le colocaba en la mesa.

—¿No crees que es demasiado? —le dijo por lo bajo al ver las exuberantes cantidades de arroz y verduras—. Dudo mucho que pueda acabármelo todo.

—Come cuanto puedas. Debes conseguir esa energía para tu cachorro de algún lado —tildó la anciana con obviedad mientras se retiraba. Las mejillas de Rin se habían coloreado ante la palabra cachorro, y más aún porque inconscientemente había vuelto a ver en dirección al demonio blanco, quien casualmente entrecerraba sus ojos dorados en ella.

La cena empezó sólo con Jaken atacando sus alimentos como si no hubiera comido en años y con Sesshomaru probando algún bocado eventual sin mucho interés.

—Ey, mocosa, ¿vas a comer o no? Ver tanta comida sin ser tocada me pone nervioso —gruñó Jaken señalándola con los palillos. Rin respingó por el susto y comenzó con poco entusiasmo, intentando no pensar en que el padre de su hijo estaba en el mismo cuarto que ella, vigilándola cada tanto y tanto con esos fríos y penetrantes ojos suyos.

Rayos, qué irreal era todo todavía.

—¿Chiyo te ha preparado algo para tus dolores de cabeza, niña? —la sorprendió Jaken repentinamente. Rin parpadeó incrédula hacia él y tragó su porción de arroz antes de responder.

—Sí, siempre está intentando algo nuevo.

—¿Y funcionan al menos o sólo pierde el tiempo?

—Funcionan, sólo que saben horrible —tuvo que admitir.

—Pero sigues estando muy torpe, ¿no? He oído unas cosas sobre tu equilibrio que dan pena.

La humana infló los mofletes sabiendo de antemano que el hombrecillo sólo intentaba picarla para hacerla reaccionar y acabar con su estado tan silencioso y pensativo. Aún con el señor Sesshomaru en frente. Qué arriesgado es el señor Jaken, pensó.

—Bueno, no es fácil si te mareas mucho. Pero no me he caído nunca si es lo que usted sugiere.

—No te has caído porque la nutria tonta siempre te atrapa —se burló él—. Al fin hace algo útil esa Nitori. Aunque, si te encuentras tan mal... —carraspeó como si le costara hablar. Rin prestó especial interés a lo que intentaba decir— siempre puedo buscarte alguna cosa. Claro, si me la pides con amabilidad. Sé que las hojas de menta y la corteza de sauce sirven para eso, así que...

—Oh, señor Jaken, ¡qué amable! —se conmovió ante su empatía mal escondida. El demonio verde le dedicó una mirada indignada bastante fea antes de responder.

—¡Amable no! Es que siempre estás enferma y si te llega a pasar algo, ¿qué crees que será de mí?

Rin sonrió con sinceridad y soltó una pequeña risita mientras le decía lo bueno y atento que era con ella. Sesshomaru, callado como siempre, evaluaba la escena desde su asiento sin apenas dar señales de vida. Todo lo que quería era escuchar con su propia voz que su estado no era tan malo, y a juzgar por su expresión más relajada y tranquila podía darse cuenta de que estaba mejor de lo que había pensado en un principio.

Rin era fuerte después de todo, y siempre mantenía una buena actitud cuando era necesario. Tal vez estaba siendo demasiado estricto con ella.

Pero no le importaba. Tenía que serlo y no se retractaría.

Se incorporó elegantemente de la mesilla sin apenas haber tocado sus platillos para dirigirse a la salida.

—Buenas noches —fue todo lo que dijo antes de cerrar, sin siquiera mirar hacia atrás.

Rin dejó caer sus hombros y siguió comiendo sin gana alguna hasta que ya no pudo más, todo en el más perfecto de los silencios y borrando su sonrisa inmediatamente. Sesshomaru siempre había sido muy poco comunicativo desde que lo conocía, pero al menos tenía algún gesto amable de vez en cuando. A veces hablaba con ella, la acompañaba a algún lugar y se quedaba callado, escuchando cada cosa que le tuviera que decir. Ahora... sólo sentía que se alejaba de cada vez más y más y Rin ya no sabía si debía ir tras él o no.

Las cosas eran demasiado complicadas como para siquiera tener una idea de cómo proseguir.

Nada volvería a ser como antes, eso era seguro.

Bueno, es obvio considerando la noche que pasamos y que como consecuencia estoy gestando a su hijo, se dijo con ironía. Y pensar que todo había pasado por un inocente beso meses atrás. ¿Cuántos habían pasado? ¿Cuatro, cinco? Había sido a mediados de la primavera y ya quedaba poco para acabar el verano, hasta ahí podía decir. Ni siquiera había transcurrido un año completo desde su llegada al castillo y ya su vida había dado un giro que la puso de cabeza.

¿Habría tomado la decisión correcta al acompañarlo? ¿Estaría bien lo que había hecho, lo que estaba haciendo ahora? Si tan sólo hubiera una forma fidedigna de comprobarlo...

—Nitori tiene razón, te desanimas muy rápido —abordó Jaken desde el otro lado del comedor, quien la había estado viendo silenciosamente desde que el demonio blanco se había retirado—. No te sienta, tú siempre sueles parlotear y hacer escándalos por cualquier cosa. Verte así es casi antinatural.

—No sabía que me prestara tanta atención, señor Jaken —contraatacó ella con un mohín. El hombrecillo la miró de manera muy fea y exclamó:

—Ya quisieras que lo hiciera, niña. Pero dime de una vez qué quieres que te consiga además de menta y sauce, me voy mañana y esta puede ser tu última oportunidad.

—¿Se va mañana? ¿Y ahora por qué, por un trabajo para el señor Sesshomaru o algo así? —se entristeció. Cada vez lo veía menos por sus constantes salidas, y aunque él lo negara con todas sus fuerzas, sabía que no le desagradaba pasar unas horas con ella para hacerle compañía. Siempre le hacía falta en bueno y viejo señor Jaken para revivir sus días de infancia, el no tenerlo cerca le dejaba un vacío más difícil de llenar.

—Claro que sí, ¿por qué sería si no, tonta? Después de todo quedan algunos detalles que afinar para nuestro viaje al sur, todo debe estar listo para ese momento y me mantengo muy ocupado cerciorando de que así sea. Así que dime lo que quieres o quédate con las ganas.

Ya que se ofrece tan insistentemente... Se rascó la barbilla pensando en lo que podría necesitar, pero vivir en un castillo repleto de empleados y comodidades hacía que no hubiera realmente nada material o medicinal en su lista, pues Chiyo siempre tenía en su haber un montón de plantas y remedios listos para poner a prueba.

—Tal vez... melocotones. Me ha dado mucho antojo por comerlos, pero por estas tierras no se dan. ¿Podría conseguirme alguno si tiene la oportunidad?

Jaken la miró ceñudo e incrédulo.

—¿Me pides comida? Típico de ti, y yo pensando que era un asunto de vida o muerte. Bien, veré qué puedo hacer. Ahora te ha dado por los melocotones, la otra vez eran las naranjas y las ciruelas. ¿Todas las mujeres encinta actúan así o sólo tú eres la rara?

Rin se encogió de hombros pero no pudo esconder una sonrisita por su curiosidad.

—Más o menos. Las hay peores. La señora Kagome tenía antojos por la comida de su tierra y peleaba constantemente con el señor Inuyasha para que se la consiguiera —le comentó recordando la cantidad de veces que la había visto gritar y quejarse por la falta de algo llamado chocolate y papas fritas, y aunque estuviera en contra de su naturaleza explosiva, Inuyasha daba su mayor esfuerzo por no devolverle los gritos como haría normalmente—. Parecía gracioso, pero en realidad daba mucho miedo. La señora Kagome es aterradora cuando se enoja, y el pobre señor Inuyasha no tenía ni idea de qué hacer.

Jaken rió maliciosamente ante la imagen que creaba su imaginación.

—Me hubiera encantado verlo.

—Créame, es mejor vivir sin ver a la señora Kagome en ese estado. Hasta a la señora Sango le asustaba un poco, y eso que ella es la humana más valiente que conozco. Ahora que lo pienso debe ser porque la señora Kagome estaba gestando a un hanyou y por eso sus cambios de humor eran tan drásticos —asintió cayendo en cuenta que considerando la diferencia de sangre entre especies según lo que Nitori le había dicho, todo tenía explicación. Ojalá a ella no le pasara lo mismo, no podía ni imaginarse gritándole al señor Sesshomaru de ese modo.

El sonido de la puerta corrediza la distrajo entonces y Nitori asomó la cabeza en su búsqueda. Luego posó los ojos en Jaken con reprobación por ser la razón del retraso de Rin.

—Se hace tarde, y sabes que debes estar en tu cuarto cuando caiga la noche.

Ella suspiró, pero accedió de buena gana. La verdad es que estaba algo cansada, pero eso no era más importante que su plática con el youkai.

—¿Quieres venir, Jaken? —preguntó la demonio cuando Rin se posó a su lado—. Por si necesito manos extras en las escaleras, siempre es mejor tener cuatro ojos que sólo dos. Aunque sean los tuyos tan feos.

—No es para tanto, Nitori...

—¡Puff, como si tú fueras un ejemplo de belleza en comparación a mí! —se levantó Jaken con aires de suficiencia—. Voy sólo porque no tengo nada mejor que hacer ahora. Pero ni se te ocurra desmayarte y caerte sobre mí, mocosa.

Nitori rió entre dientes.

—Es verdad, la mancha verde que quedaría arruinaría por completo tu kimono.

El dúo discutió en su tono habitual mientras atravesaban los pasillos oscurecidos y Rin sólo escuchaba entretenida por las mordaces respuestas que se lanzaban el uno al otro. El brazo de la mujer rodeó su espalda cuando llegaron las desdeñosas escaleras del mal, y ésta vez tuvo que agradecerlo de buen grado ante los nuevos tropezones que el cansancio le habían ocasionado. Al menos el trecho restante hasta su habitación pudieron pasarlo sin ningún inconveniente mayor.

—¿A qué hora se va mañana, señor Jaken? —le preguntó ella antes de entrar.

—Al mediodía —Rin se desanimó pues no quería verlo partir de nuevo. Viendo esto, Nitori le dio una patadita a Jaken para que reaccionara, quien le dedicó una mirada fulminante pero captó el mensaje a regañadientes—. Tienes tiempo de despedirte, así que no seas tan dramática. Igual no tardaré mucho en volver. Si quieres te acompaño al desayuno o algo.

—¿De verdad? Eso me gustaría mucho —sonrió con más alivio y Jaken sólo refunfuñó por lo bajo ante tal muestra emocional con la que nunca se acostumbraría—. Muchas gracias por la compañía, buenas noches a los dos. ¡Hasta mañana!

—Hasta mañana, Rin.

—Duérmete de una vez, niña.

Y cerró la puerta sin quitar la expresión de su rostro.

—Gracias por la patada, perro de agua —gruñó Jaken cuando ya se estaban alejando.

—Un placer. ¿De qué otra forma te hubieras dado cuenta de lo triste que estaba? Al menos pudiste arreglarlo un poco, aunque no muy bien. ¿Viste lo feliz que se puso? —cuestionó algo apenada. Rin no se daba cuenta, pero su estado de gravidez jugaba con sus emociones haciéndolas subir y bajar de manera impredecible, y Nitori sabía bien cómo era pasar por eso... al menos por el principio—. Casi siempre está sola en su habitación, y tú para colmo de males siempre desapareces a cada rato. No que yo me queje, pero a ella le gusta que la acompañes de vez en cuando.

—No es mi culpa —replicó el otro ceñudo, saltando el último escalón—. No puedo negarme a salir cuando el amo me lo pide —Nitori alzó una ceja—. Bueno, me lo ordena. No importa. Además, ¿cómo es que anda sola? Si no la dejan en paz cuando sale.

—Cuando sale —recalcó ella—. Prefiere quedarse tranquila en la habitación para evitar incidentes. Y también es algo que el señor Sesshomaru me dijo que hiciera. ¿Cuánto tiempo estarás afuera?

—¿Y yo que sé? Eso depende de cómo me vaya. Supongo que sólo me tomará algunos pocos días.

—Más te vale apurarte. Luego tendrás que irte a acompañar al amo a las tierras del sur y Rin se quedará sola otra vez. No sé por qué te tiene tanta estima

—Porque soy un tipo increíble y hace bien —dijo él, inflando el pecho con orgullo y suficiencia. Nitori roló los ojos.

—Con ese ego puedes competir contra el del amo Sesshomaru.

—Sólo cállate, ¿quieres?

Aunque admitía estar físicamente cansada y muy ansiosa por dormir, Rin descubrió que el sueño no le llegó tan fácilmente. La sensación de tener los estrictos ojos dorados clavados sobre ella como si intentara hacerla confesar algún crimen seguía bien fresca en su memoria. Extrañaba esos lejanos días de acoso, al menos aquellas miradas furtivas tenían un dejo de cinismo infantil que, cuando que lo analizaba, le resultaban un tanto graciosas.

Ahora era como volver a ver al demonio justo después de conocerlo y no saber qué esperar de él. ¿Así era como demostraba estar pendiente de ella, siendo tan frío y distante? Era algo perturbador para ser sincera.

Aunque desde otro punto de vista parecía ser algo más bien normal. Después de todo si le ponía tanta vigilancia y restricciones era evidente que no quería que le pasara nada malo. Pero rayos, aflojar un poco el semblante no le sentaría nada mal.

Quizás era por eso que no se permitía a sí misma estar realmente contenta con su estado. Tener una familia era algo que había deseado secretamente desde temprana edad, pues recordaba muy bien el cálido ambiente en el que había pasado sus primeros años y moría por repetirlo alguna vez, pero nunca había querido ni pensado en empezarla tan pronto. Siempre se le removía la conciencia con el mismo martirio: ¿estaré preparada para esto? ¿Sabré qué hacer? ¿Lo haré bien?

—Supongo que tú me enseñarás lo que debo hacer, ¿verdad? —murmuró bajando la cabeza hacia su abdomen. Era la primera vez que le hablaba al niño y se le hacía algo raro. Ni siquiera se notaba que había algo ahí, o al menos ella que era humana no notaba nada en su apariencia, pero simplemente podía sentirlo. Pequeño y sin forma, pero con vida. Sonrió ante tal pensamiento y le dio unos toquecitos con los dedos—. Tendremos que aprender los dos. Daré mi mayor esfuerzo, lo prometo. Y tu padre... bueno, él es un caso aparte, pero todo estará bien, ya verás.

Se acurrucó un poco más en la almohada y tensó las sábanas que la cubrían ante una fría brisa que se coló por la ventana abierta. El verano estaba por terminar y no podía creerlo con la cantidad de cosas que habían sucedido. Sería muy interesante y hasta divertido ver hacia atrás y recordarlo como una de las temporadas más bizarras y cambiantes de su vida.

Pero ahora no tenía tiempo de mirar hacia atrás. Estaba más interesada en ver hacia adelante y descubrir lo que le esperaba en el futuro.

Jaken se había marchado al día siguiente, no sin antes pasar unos minutos acompañándola en el desayuno en su recámara para que ella pudiera despedirse apropiadamente. El sapito gruñó por lo bajo ante su abrazo cariñoso, pero lo soportó al ver que Nitori sonaba sus nudillos en amenaza para que se comportara. Secretamente se sentía algo mal por dejar a la niña sola tanto tiempo en especial cuando ella admitía que lo echaba de menos, pero órdenes eran órdenes. Además, Rin siempre superaba todas las adversidades, no tenía motivos para preocuparse por ella ahora que enfrentaba una más en su larga lista. Más si el señor Sesshomaru la tenía bajo estricta vigilancia, así que, ¿qué rayos podría pasarle?

Lástima que Rin no pudiera verlo de la misma forma.

Aquella tarde, un par de días después de que Jaken se marchara, la muchacha reposaba sentada a los pies de un árbol en el patio norte. Era un día fresco como ninguno y no le apetecía nada quedarse encerrada en cuatro paredes por más que el demonio blanco insistiera. Así que había tomado uno de sus kimonos más viejos —y al que más cariño le tenía— y comenzó la labor de remendar las costuras de las mangas con manos bien entrenadas. Sabía que debía deshacerse de él por lo desgastado que estaba, pero igual podía seguir usándolo para dormir.

A lo lejos, Nitori la observaba desde el interior mientras preparaba una infusión medicinal que le había pedido Chiyo. Machacaba las hierbas secas en el mortero siempre levantando la cara cada tanto y tanto para tenerle el ojo puesto a Rin. Algo poco necesario, considerando el cuarteto de guardias que hacían lo mismo.

—¡Rin! ¡Qué alegría verte, te estábamos buscando! —las dos mujeres levantaron la mirada al mismo tiempo para ver al grupo de niños acercándose a ella. Nagisa, a la cabeza, daba saltitos hasta que llegó a ella y se dispuso a abrazarla. Uno de los guardias los asustó a todos colocando su lanza en el medio para que no diera un paso más.

—¡Ey! ¿Qué cree que hace? ¡Eso es peligroso! —reclamó Rin con un salto—. Sólo es una niña, ¿cree que me hará algo?

—Rin, tranquila —Nitori llegó a su lado, donde los niños se mantenían estupefactos y Nagisa contenía la respiración sin quitarle la vista al arma que estaba a centímetros de su cuerpo—. Tranquilo, Yusaku, está bien. No hay problema.

—Tenemos órdenes, Nitori —se opuso el hombre de rasgos duros y poco amables, mirando a los niños en un debate interno para descubrir si eran peligrosos. Órdenes eran órdenes, aunque fueran cachorros.

—Tomaré toda la responsabilidad ante el amo si algo llega a pasar, ¿está bien? Sólo déjalos quedarse con ella.

Resoplando sonoramente y luego de un momento más de meditación, la lanza fue retirada y Nagisa pudo al fin respirar con normalidad. El susto había sido tan grande que ni siquiera se había acordado de gritar o llorar, y ahora miraba al guardia con los ojos bien abiertos y aturdidos mientras éste regresaba a su posición, lejos del grupo.

—Gracias, Nitori —murmuró Rin, a lo que la otra sólo asintió.

—Mira que pensar que unos niños sean peligrosos... —resopló negando con la cabeza—. Los dejaré a solas, estaré allá adentro siguiendo con lo mío por si me necesitan. Oh, Chiyo llegó para ayudarme, genial —señaló la habitación con la puerta externa de la que había salido disparada momentos atrás, donde Chiyo recogía los materiales de la infusión que se habían quedado abandonados en el suelo. Rin volvió a agradecerle una vez más y la demonio se retiró a su lugar.

—Eso fue aterrador —musitó la más pequeña del grupo y la humana centró su atención en ella, arrodillándose y posándole una mano en el hombro.

—Lamento mucho que te asustaran de esa forma, no estuvo bien. No volverá a pasar, ¿de acuerdo?

—Vale...

—¿Pero cuál es el problema de ese tipo? —preguntó Riku volteando la cabeza para ver al guardia y se dio cuenta de que habían otros tantos más en poses muy firmes y algo amenazantes—. ¿Desde cuándo ésta área está vigilada? Pensé que sólo había guardias en la parte externa, no adentro.

—Oh, bueno... —Rin no supo cómo explicarlo y se rascó la nuca algo nerviosa. Pronto se dio cuenta de que no sólo eran Riku, Sora y Nagisa, sino que también estaban Ken, Kyuno y Yoishi— ¡Vaya! Tenía tiempo sin verlos, ¿ya terminaron sus entrenamientos y viajes?

—El viaje de este año fue muy próspero —asintió Yoishi, aún algo distraído por lo que acababa de suceder—. Fue divertido, al menos para mí.

—¿Para ti no? —se dirigió al niño liebre quien negó profusamente con la cabeza.

—No. Ellos estaban cazando, nosotros estábamos en viaje de comercio. Es súper aburrido comprar y vender telas y esas cosas. Pensé que sería más emocionante —murmuró él de brazos cruzados—. Pero al menos pude salir y ver cómo son las cosas por ahí afuera, así que no estuvo tan mal.

—Vamos, apuesto a que fue mejor de lo que crees. No todos los días tus padres te enseñan el oficio, ¿no? —el chico hizo una mueca con la que demostraba que no estaba del todo de acuerdo. Rin entonces se dirigió a Ken—. ¿Y tú? ¿Cómo va tu entrenamiento?

—¡Genial! Papá me ha dejado descansar por unos días para que recupere fuerzas, pero he aprendido muchísimo, ¡no puedo esperar a que me enseñe a usar la espada! —sonrió entusiasmado alzando los puños. Riku sacó la lengua con molestia ante su comentario.

—Suertudo... al menos no te tuviste que quedar con las niñas.

Nagisa y Sora se quejaron mientras Rin y los demás reían disimuladamente y tomaban asiento en el pasto, al lado del kimono que la muchacha había estado remendando.

—Oye, Rin... ¿qué pasa con todos estos guardias? ¿Por qué te están mirando tanto? —cuestionó Kyuno a su lado, completamente ignorante de lo que pasaba a diferencia de Sora y Riku, que ya se hacían una idea muy acertada.

—¿Y por qué hueles tanto como el amo? —preguntó ahora inocentemente Yoichi—. ¿Has usado su ropa o algo así?

Los chicos mayores intercambiaron una mirada, e incluso Ken se enrojeció levemente. No había dejado la región aunque no hubiera vuelto a subir al castillo, pero los rumores habían llegado hasta sus oídos y ya podía confirmarlos.

Rin los miró intentando idear la manera adecuada de decirles la verdad pero sin tener que ser muy explícita. Le era imposible decir "vamos a tener un hijo" o "estamos esperando un bebé" porque le sonaba completamente irreal, y no podía pensar en ninguna otra frase que lo sustituyera.

Nagisa, quien era más lista de lo que los demás creían, soltó un resoplido y decidió darle una mano.

—¿Cuándo nace tu cachorro, Rin?

Todos miraron primero a Nagisa, quien sonreía con naturalidad, y luego a Rin, que tenía los ojos abiertos a su máxima capacidad y la cara completamente roja.

—¿Vas a tener un cachorro, Rin? ¿Con el amo? —se impactó Yoichi.

—Bueno... esa es una forma de decirlo —intercedió Sora al ver el estado avergonzado de Rin.

—¿Qué? ¿Tú lo sabías? —cuestionaron los recién llegados a la niña con incredulidad y algo de indignación.

—¿Por qué no nos dijiste nada?

—Porque tarde o temprano se darían cuenta como lo hicimos los demás —contestó ella lógicamente—. Así como Riku, Nagisa y yo lo dedujimos. Incluso Ken lo sabía, miren la cara que puso.

Ahora toda la atención se centró en el muchacho de ojos azules repentinamente.

—¿Qué? Rin tiene un olor parecido al de mi mamá antes de que naciera Nagisa.

—¿Entonces es cierto, Rin?

—Sí, lo es —confirmó ella un tanto aturdida. Así que no era un secreto ni para los niños, ¿eh? Eso de tener un olfato súper desarrollado debía ser toda una bendición.

—¿Y por qué todos los guardias?

—E-el señor Sesshomaru les dio la orden para que me tengan vigilada. Es que no estoy muy bien de salud y bueno... todos exageran, tampoco es como si me fuera a romper.

—¿Viste lo mucho que te quiere el amo? ¡Qué romántico! —saltó la pequeña Nagisa acunándose la cara entre las manos. Rin se ruborizó un poco más.

—¡Muchas felicidades, Rin! —le sonrió Kyuno anchamente—. En mi familia decimos que una nueva vida es motivo de celebración porque lleva prosperidad y buena fortuna. ¿Has celebrado tú?

—No, la verdad es que no... Pero te lo agradezco, Kyuno, eres muy dulce —las largas orejas de liebre se doblaron ante el cumplido y su rostro pálido se coloreó de rojo.

—Es verdad, no te hemos felicitado —se dio cuenta Sora repentinamente—. Qué groseros somos. ¡Felicidades!

Los demás niños la imitaron y le sacaron una sonrisa a la humana, abrumada por las lindas palabras que le decían. Entre los humanos también era costumbre felicitar y agasajar a la madre cuando se daba la noticia —¿cuántos banquetes y cenas especiales no había ayudado a preparar mientras vivía en la aldea?—, así que tal gesto le conmovió profundamente. Demonios o no, esos niños eran adorables.

Hablaron un rato sobre cómo podría llegar a salir el cachorro tras escuchar las historias que Rin tenía sobre la familia del señor Inuyasha y la señora Kagome, así que se empezaron a crear apuestas en torno a su apariencia. Nagisa cruzaba los dedos por ver esas orejitas de perro que se le hacían tan adorables y Riku intentaba predecir cuántas marcas tendría sobre las mejillas.

Luego comenzaron a discutir si era una niña o un niño y cómo sería tener a un nuevo y joven heredero quien podría ser su posible compañero de juegos.

—Pero no tendrán sólo uno, ¿verdad? Es decir, si ya tienen a este de seguro le tienen que dar un hermanito, ¿no? —preguntó Ken mirándola con ojos grandes y curiosos.

Rin, que había estado hablando sin parar por casi una hora entera se encontró muda una vez más. ¿Un hermanito? Santo cielo, ni ha nacido uno y ya piden otro... Y ni siquiera sé si habrá otro.

—L-la verdad es que no... no sé cómo sería eso —contestó sinceramente. Ni se imaginaba la expresión del señor Sesshomaru si llegaba a enterarse del tema de conversación, así que optó por dar una respuesta al azar para que no le hicieran preguntas demasiado incómodas—. Tendría que ver a futuro, es muy pronto para pensar en... esas cosas.

—Bah, si ya hicieron uno nada les costará hacer otro —se encogió de hombros Kyuno, quien, por ser de una numerosa familia con muchos de hermanos mayores y otro recién nacido, estaba muy acostumbrado a ver crías por todos lados.

Si supiera exactamente de lo que habla... se dijo Rin intentando mantenerse serena para que no se notara su pena, o tal vez sí lo sabe. Son liebres después de todo, y no sé qué tan al tanto estará del hecho de cómo hacer niños.

—Es verdad, es verdad —asintió Nagisa convencidísima—. Pero... tengo una duda —oh, no, sonaron las alarmas de la humana—. ¿Cómo se hacen los cachorros?

La pregunta del horror. ¿Y ahora cómo me salvo de ésta?

...

Chiyo y Nitori habían terminado su labor hacía ya un tiempo, y ahora mantenían una conversación ligera en el pórtico de la habitación, mirando de vez en cuando a Rin interactuar con los niños parlanchines y emocionados que ya se habían enterado de la noticia.

La plática entre las amigas se vio interrumpidas cuando el demonio de blanco apareció por el pasillo externo, cruzado de brazos en dirección al escandaloso grupo. Chiyo reparó en el especial disgusto que inundaba sus facciones y se dirigió a él con toda la amabilidad que tenía en su haber.

—Descuide, amo, ella está bien —le aseguró conciliadoramente, a lo que él no respondió.

Nitori se quedó sentada sin atreverse a acercársele como lo hacía la anciana. Además de que le intimidaba muchísimo su presencia, aún recordaba muy claramente las cosas que le había escuchado decir sobre él y temía sufrir las consecuencias tarde o temprano.

—Está muy contenta ahora, ¿no le parece? —volvió a hablar la mujer—. Va con su naturaleza estar rodeada de gente con la que pueda hablar y desenvolverse, si permanece encerrada sólo se deprimirá y hará que su salud empeore —ahora se dirigió directamente al demonio que no daba la más mínima señal de escucharla, aunque lo hacía—. Amo, Rin está pasando por un momento bastante difícil con tantos cambios tanto físicos como emocionales y a veces no puede afrontarlo todo sola. Llevar un cachorro de demonio no es algo fácil, ¿lo sabe, verdad?

—Lo logrará —aseguró Sesshomaru ecuánime, mirándola duramente por el rabillo del ojo.

—Sé que lo logrará, pero no se trata de eso. Tiene las mejores intenciones dándole todos los cuidados y protección posibles, pero aún así eso no es lo que ella necesita. Lo necesita a usted —le aseguró abiertamente con naturalidad, como si no estuviera tocando un tema delicado con uno de los seres más fríos del planeta—. Ella lo aprecia más que a nadie en este mundo, y se siente muy mal por su manera de tratarla. Cree que ha hecho algo malo, ¿sabe? —Sesshomaru frunció levemente el entrecejo y regresó la mirada al grupo en donde estaba la humana conversando, ignorando por completo que hablaban de ella a unos cuantos metros de distancia—. Es usted quien debe cuidarla, Rin lo necesitará mucho de ahora en adelante. No sabe lo triste que se pone al quedarse sola y encerrada. No sea tan duro con ella y hágale compañía de vez en cuando. Estoy segura de que nada podría hacerla más feliz.

Cuando la anciana terminó su discurso sin recibir ninguna respuesta o comentario por parte de su interlocutor, giró la cara para ver los ojos anonadados de Nitori que la miraba de hito en hito sin creer lo que había hecho. Nadie nunca le había hablado de esa forma al imponente Sesshomaru, no en sentido de ordenarle algo, sino más bien de hacerle una recomendación de todo corazón. Chiyo tenía muchas agallas.

Guardaron silencio un minuto más, cada uno metido en sus propios pensamientos y mirando en direcciones distintas. De un momento a otro los parloteos animados de los niños y la humana se habían ido apagando hasta convertirse en un murmullo. Hasta que Nagisa pegó un grito de alerta y otro par de niños les hicieron señas para que fueran con ellos.

Sesshomaru apareció en un abrir y cerrar de ojos, aún antes que Nitori, Chiyo y dos guardias ciñendo las lanzas amenazadoramente. La mayor de las niñas sostenía el peso de una inerte Rin para que no se desplomara sobre la hierba y lo miraba realmente asustada.

—¿Qué sucedió? —demandó el hombre.

—Estábamos hablando... y se comenzó a sentir mal y se movía como si todo diera vueltas. Cuando la sujeté ya se había desmayado.

—Permíteme —se metió Nitori, tomando a Rin de los hombros y recargándola en su regazo. Los guardias retrocedieron más no abandonaron la escena, mientras Chiyo se quedaba al lado de Sora quien seguía diciendo que no sabía qué había pasado. Nagisa se reunió con ella asustada y la tomó de la mano, con el cuello estirado hacia Rin con la esperanza de que estuviera bien.

Nitori tomó el pulso en su garganta y aprovechó para tomar su temperatura. Le había subido rápidamente en un pequeño golpe de calor, pero fuera de eso parecía que todo estaba normal.

—No le pasa nada, sólo está dormida —anunció y se escuchó un suspiro colectivo por parte de los niños y Chiyo. Sesshomaru no hizo ningún cambio en su postura ni dejó de posar los ojos sobre ella—. Estas cosas suceden, no se preocupen, estará bien. Lo que necesita ahora es descansar un poco y estará como nueva. Será mejor que la llevemos a su cuarto.

Cuando uno de los guardias avanzaba en ofrecimiento para hacerlo él mismo, Sesshomaru dio un paso al frente. Nitori tuvo que hacerse a un lado al ver que no le pediría permiso amablemente y se arrodilló. Sin soltar palabra alguna, el demonio tomó a la humana entre los brazos, depositando la cabeza en la estola y regresó al interior con paso calmado.

Era innecesario decir que más de uno se había quedado con la boca abierta.

...

Rin no tardó más de uno o dos minutos en regresar en sí, aunque fuera a medias, y comenzó a abrir los ojos extrañada ante el vaivén antinatural que hacía su cuerpo inmóvil. ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaba? Estaba con los niños hace unos momentos y de repente el mundo se ennegreció por completo. Si era así debía estar en el patio todavía, debía decirles que estaba bien y que no pasaba nada. Pero no, por la luz más opaca que la rodeaba podía darse cuenta de que no ya no estaba en el patio. ¿Cuánto tiempo había permanecido desmayada?

Poco después cayó en cuenta de que la estaban cargando por la fortaleza para seguramente dejarla en su recámara, pero había algo raro en todo el asunto. Nitori la había cargado en brazos más de una vez —y qué vergonzoso había sido, por cierto, desde entonces prefería ir en su espalda—, y no se sentía para nada como aquello. Nitori era mucho más delgada y vestía colores alegres, no llevaba nada blanco y peludo ni era tan alta o...

Oh.

Abrió los ojos en su totalidad tras parpadear varias veces para recuperar el enfoque y miró hacia arriba, sorprendiéndose de encontrarse con Sesshomaru. Tuvo que haber hecho algo que la delatara, porque la miró un segundo al encontrarla despierta y regresó los ojos hacia el frente con una expresión neutral. Ahora subían las escaleras y Rin se incorporó un poco.

—¿Señor Sesshomaru? ¿Qué...?

—Perdiste el conocimiento —contestó impasible. Si hubiera estado en condiciones más favorables, Rin le habría dedicado algún sarcasmo retador.

—Sí, creo que ya lo noté... —murmuró aún adormilada, demasiado cansada como para reaccionar debidamente, y acurrucó la cabeza en la cálida estola de su hombro hasta que vio la familiar puerta de su recámara pasar ante sus ojos y volvió a incorporarse lo suficiente como para verla desaparecer— ¿Adónde me lleva?

—A que descanses.

—Pero... acaba de pasar mi habitación.

—Ya lo sé.

Se detuvo entonces frente a otra puerta, una que se le hacía bastante familiar. Se le hinchó el pecho con todo el aire que estaba reteniendo hasta que el demonio la posó sobre la gran cama y la tapaba con el suave edredón blanco bajo su mirada estupefacta y descolocada.

Rin sentía que su cansancio la vencía, pero no podía quedarse dormida todavía. Sencillamente no podía.

—Señor...

—Ésta será tu recámara de ahora en adelante —le dijo, mirándola desde arriba muy seriamente.

—Pero...

—Obedece si no quieres problemas, Rin —le volvió a decir justo como el día de su regreso. La chica parpadeó confundida en su dirección, y si no hubiera estado tan cansada le habría intentado por lo menos replicar.

Pero no lo hizo. Sólo cerró los ojos lentamente hasta que se quedó dormida. Ya tendría tiempo para enterarse del asunto en cuanto despertara.

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Creo que este capítulo se apegó mucho al original, ¿no? A excepción de quizás la escena con los niños, menos fastidiosos que antes. Y también Jaken tiene menos OoC, qué alivio.

No tengo mucho más que decir. Espero que les haya gustado, un beso a todos y gracias por leer.

- Capítulos del 6 al 10 modificados el 30 de mayo del 2015, sin el beteo de Ginny.