*Cof cof*:

Chiquitibum ala bim bom ba- Rina, Rina, Rah Rah Rah~

Una vez me dijeron que uno tiene que echarse porras cuando siente que hizo algo bien. Creo que lograr mi cometido de al menos diez capítulos entra en esa categoría :D

¡Aquí es donde empieza lo bueno!- Y las cosas se complican xD

Tengo la ensalada de frutas tropicales en mi cabeza (cuadernos, guías, libretas, servilletas…) con escenas que tengo que ordenar y estoy segura que muchas se contraponen a otras y que creo que terminaré haciendo capítulos muy largos con muchas cosas. Esto de que el cerebro se active y deje la empanada con los planes iniciales… A veces tengo una idea y cuando empiezo a escribir otra cosa pasa lol Será divertido ver en cómo resulta todo. Esperamos nos acompañes hasta ahí (mi cerebro y yo) :3

~MSLN le pertenece a quien le pertenece~


No podía evitar abrir sus ojos de vez en cuando y echarle una fugaz mirada a la ventanilla para ver si por casualidad aparecía una melena rubia.

Hayate le había ordenado que los mantuviera cerrados mientras le espolvoreaba el rostro, así que cuando sintió a la castaña removerse en el banco frente a ella inmediatamente los cerró para evitar otro regaño; es que no podía evitarlo, le resultaba raro haber llegado antes que Fate —quien se había pedido unas horas libres para hacer trámites.

Por suerte, al parecer Hayate había terminado con el polvo, pues sintió un último tope de la esponja y a su amiga decirle que ya podía mirar.

Se sentía un poco nerviosa ante los contemplativos ojos de la castaña, tenía una mirada de concentración absoluta y eso resultaba desconcertante. Tras unos segundos de pensarlo, Hayate le informó que no quería usar mucho maquillaje en ella y se volteó al bolso de cosméticos para tomar los implementos que usaría.

Nanoha asintió por inercia. Al instante siguiente, sintió el pincel con solo brillo deslizarse por su labio inferior.

Por una razón que no lograba entender, el curioso revoloteo que había estado sintiendo en su estómago desde que Hayate la arrastró al camerino se estaba intensificando.


Día 10.- Uno tras otro

(Miércoles)


Le había costado mucho escabullirse del instituto ese día, no por culpa de las clases, ya que su última clase se había suspendido porque el profesor estaba con licencia y no alcanzaron a conseguirle un remplazo.

La culpa recaía en sus dos mejores amigas que habían regresado precisamente esa mañana de sus vacaciones y se habían rehusado a dejarla partir tan fácilmente, al menos no sin unas respuestas y Arisa autoimponiéndose de chaperona.

Después de lo acontecido a la hora de almuerzo no hubiera podido esperar otro resultado, a decir verdad.

Estaban disfrutando de una agradable brisa comiendo en el jardín mientras Arisa le contaba sobre su viaje, cuando de la nada Suzuka gritó "¡Oh, por Dios!" asustándolas, "Nanoha-chan, dime quién es" había agregado dejándolas más extrañas y finalmente había hecho que la cobriza se atragantara con su arroz al exclamar animadamente "¡Nanoha-chan por fin encontró a alguien!" juntando sus manos con emoción.

Todavía el solo recordarlo la hacía sonrojar.

Por supuesto que de nada le había servido clamar inocencia, con los años se había acostumbrado a la habilidad de Suzuka de leer la mente de las personas pero aun así no dejaba de sorprenderla a veces. En ningún momento ella había mencionado algo sobre todo lo que había ocurrido mientras sus amigas no estaban: ni de su nuevo trabajo ni Hayate… ni Fate. Había decidido contarles, un poco al menos, después de escuchar a sus amigas acerca de sus vacaciones, pero después de la exaltación de Suzuka le resultó imposible intentar guardar silencio.

Las preguntas llovieron y si bien se rehusó obstinadamente a no relevar nada sobre su posible atracción hacia cierta rubia, el brillo conocedor en los ojos de Suzuka le indicaba que ya sabía todo lo que ocultaba.

Por otro lado, Arisa se había quedado con la práctica versión de que ahora tenía un trabajo en un café donde todas eran muy amables, que la jefa era una excéntrica pero buena persona con la que había tranzado amistad y que estaba esta chica, Fate-chan, de la cual quería hacerse amiga pero ella no parecía interesada.

Con la astuta expresión de Suzuka todavía grabada en su mente después de haberlas convencido —principalmente a Arisa— de que tenía que ir a trabajar y podía llegar allá perfectamente sola, se había empezado a sentir culpable en el camino. Sin importar cuánto se repitiera que no había mentido, sabía que había omitido un detalle algo importante.

Aunque después de la reacción de Arisa ante "esta tal Fate que no te merece si no quiere ser tu amiga", estaba segura que si le contaba que se había declarado a "esa tal Fate" y había sido, de cierta manera, rechazada… El "olvídate de esta chica" de Arisa ganaría más peso.

Y no quería que nadie le dijera que se olvidara de Fate.

Ya tenía suficiente consigo misma.

~O~~O~~O~

Por fortuna, al llegar al café todas sus preocupaciones se habían desvanecido en un solo instante.

O más bien en una sola calva.

—Pfff nyahaha —intentó controlar la explosión de risa que le dio al ver a su jefa—. ¿Qué haces vestida así, Hayate-chan?

—Hoy es miércoles —dio como toda explicación.

—¿Y qué pasa con eso?

Hayate rodó los ojos y señaló paseando la mano por el local donde todas estaban vestidas utilizando algún tipo de Kimono.

Oh, cierto.

Los "Miércoles Especiales" eran los días de cosplay; leerse las reglas le había servido de mucho para entender por qué Fate —y todas— estaba vestida de policía el día que fue por el empleo.

—Eso no explica por qué tú andas así —sonrió divertida.

A diferencia de las demás que andaban con la vestimenta tradicional femenina, Hayate era la única portando la versión masculina, con hakama incluido, además de tener esa calva falsa que terminaba en cola de caballo y un bigote.

—Quería andar con katana —explicó casualmente, agarrándose el cinturón que sostenía el arma de utilería—. Además no tenía intenciones de andar así —señaló hacia el camerino.

Nanoha observó a Subaru avanzar a tropezones vistiendo la versión más informal y simple. Atrás de ella iba Teana con expresión de reproche, llevando elegantemente el clásico ideal para la ceremonia del té.

—¡Hayate-san, es imposible moverse con esto! —alegó afligida.

—Deja de quejarte, adrede te dieron un komon porque sabían que no serías capaz de lucir los otros.

—¡No sé de qué hablas, Tea!

Su amiga suspiró cansada y la tomó de la mano para guiarla en su andar.

—Será mejor que solo te encargues de repartir los dulces de cortesía por hoy —anunció—. Yo tendré que cubrirte de nuevo.

—¡Por eso eres la mejor, Tea!

—¡Kyah!

Varios rieron divertidos al ver a las dos chicas caer de bruces con la tacleada que le dio Subaru a la colorina por la espalda.

Nanoha se llevó una mano a la boca, ahogando una risita, para evitar avergonzar más a las chicas.

—No sé de qué se quejan todas —bufó Hayate—, si los hice con materiales muy ligeros para que no anduvieran como salchichas rostizadas —miró en dirección a la caja—. Shamal es la única que sabe usarlos bien.

La cobriza pudo observar que Shamal vestía una sobria versión negra de uno de los modelos más conservadores, reservado para mujeres casadas. Supuso que Hayate lo había elegido con la intención de acentuar la "perfecta imagen de ama de casa" de la que le había hablado, con muy buenos resultados hay que destacar.

Era la única que lo portaba con naturalidad, pues hasta Signum se mostraba incómoda en su atuendo púrpura, un kimono que se usaba para ceremonias nupciales si no mal recordaba.

—Espera —frunció el ceño—. ¿Tú los hiciste?

—¿Te sorprende mi genialidad? —Sonrió con soberbia—. Soy una chica de muchos talentos, Nanoha-chan, acéptalo.

Nanoha no iba a darle esa satisfacción —si bien lo aceptó al instante—, aunque pudiera ver el brillo bromista en sus ojos.

—¿Yo también tendré que usar uno? —dijo en cambio.

—¡Por supuesto! —exclamó entusiasmada—. Tengo algo especial reservado para ti —la tomó de la mano—. Vamos, vamos, tenemos mucho que hacer.

—Hayate-chan, ¿podrías quitarte la peluca? —Aguantó otra risa—. Me distrae de tomarte en serio.

—No te preocupes por detalles —reprochó—. Como tuve poco tiempo para hacer el tuyo, ¡tendré que hacer magia contigo!

~O~~O~~O~

Entre media hora y cuarenta minutos más tarde, haciendo su aparición del camerino, Nanoha estaba empezando entender a qué se había referido la castaña.

Sintiéndose algo incómoda, su sonrojo no se hizo esperar cuando varias miradas se quedaron clavadas en ella.

Se sentía rara, al ver su reflejo en el espejo había podido jurar que se trataba de otra persona.

A pesar de eso de eso, de verdad esperaba que cierta rubia lo apreciara aunque fuera una pizca de lo que algunos clientes lo estaban haciendo.

"Dije que te ayudaría con Fate" había dicho Hayate guiándola al camarín, "y tú quieres conquistarla". Sintió que negarlo hubiera sido inútil. "Aunque tienes mucho a tu favor, es momento de empezar con la ofensiva" la sonrisa maliciosa de Hayate la había puesto nerviosa.

Y sus nervios no habían hecho más que aumentar minuto a minuto.

—¡Oh, que buen momento! ¡Fate-chaaaan~!

Con esas simples palabras de Hayate, el revoloteo en su estómago se transformó en un remolino que le hizo sentir nauseas.

—¡Fate-chan, Fate-chan! ¡Mira esto! —Llamó emocionada la castaña— ¡Ta-chán~!

Extendiendo los brazos como para enmarcar a la chica, Hayate hizo que Fate la viera.

Nanoha llevaba una preciosa Yukata de tonos rosas, salpicada de algunas estrellas. El ligero maquillaje le otorgaba una apariencia menos infantil, resaltando sus ojos de tal manera que lucían más lavanda que azules y el cabello cuidadosamente tomado en un elegante moño la hacía ver unos centímetros más alta.

Con una tímida mirada y las mejillas sonrojadas se encontró con los ojos curiosos de Fate.

—¿Por qué estás vestida así? —preguntó la rubia. El que Hayate llevara calva y bigote no le había parecido extraño en absoluto.

—Uhm, hoy es el día de vestimenta tradicional —responde cohibida.

—Ah —asiente tranquilamente—, lo había olvidado.

Pasaron unos segundos en silencio, hasta que Hayate, quien había estado con sonrisa de gato, explotó.

—¡¿Eso es todo lo que vas a decir?! —vociferó exasperada.

—¿Qué más quieres que diga? —cuestionó Fate extrañada.

—¡Fate-chan, te odio! —Lloró en la pared—. Después de todo lo que me esforcé para hacer que Nanoha-chan se viera tan bien…

—Oye, suena feo si lo dices así —se quejó Nanoha.

Fate, viendo intrigada a la castaña sumirse en uno de sus actos de depresión extrema, pareció notar algo.

—Ah, Takamachi-san —llamó.

—¿S-si?

—Creo que te llaman por allá —señaló una mesa detrás de la chica.

—Oh… —volteó—. Ya voy —con una última mirada a Fate, se alejó.

Cuando Nanoha ya estaba lo suficientemente lejos para no oírlas, Hayate la encaró.

—Eres un demonio ¿cierto? —La agarra de la solapa—. ¡Me engañaste toda la vida y en verdad eres un demonio!

—¿De qué estás hablando? —frunció el ceño.

—No puedes ser tan cruel —alegó más seriamente—, lo menos que podrías haber hecho era decirle que se veía bonita o que le quedaba bien —le dio un golpecito en la frente, usando su dedo medio y pulgar—, algún cumplido, tonta.

—¿Ah? —se llevó una mano a la frente, confundida—. Pero es vergonzoso decir cosas así —se quejó—, yo no…

—Lo haces todo el tiempo con las clientas —interrumpió Hayate, cruzándose de brazos.

—Eso es diferente —alegó Fate—, es…

—Por trabajo, lo sé —suspiró cerrando los ojos—. Es cuando entras en ese modo y bla bla —se masajeó el entrecejo, sintiéndose cansada.

Tal vez fue un error entrenarla para eso, se dijo la castaña.

Volvió a mirar a Fate con el regaño presente en su expresión.

—Sin embargo, ser amable no te cuesta nada —reprochó, agarrándola nuevamente—, porque no puedes negar que se ve linda —dijo firmemente, como retándola a contradecirla.

Se quedaron sosteniéndose la mirada.

Fate lucía imperturbable, aunque Hayate la tuviera tomada del cuello de la camisa y la estuviera mirando como si hubiese cometido un pecado imperdonable.

Tras unos momentos de silencioso análisis, viendo más allá de los ojos de Fate —hacia su interior—, Hayate la suelta y con los ojos medio cerrados señala a su espalda.

—Ve a cambiarte.

—Detesto tus trajes.

—Y yo a ti.

La rubia pasa a su lado soltando un "hmph" y Hayate le sacó la lengua.

—Será idiota —bufó frustrada.

Decidiendo que lo mejor sería dedicarse a tomarle fotos a sus queridas conejillas de india —llámese personal— se dio media vuelta para ir por su cámara, pero repentinamente recordó algo y miró al camerino.

Una sonrisa maliciosa se dio paso en su rostro.

Oh sí, definitivamente tengo que ir por la cámara.

~O~~O~~O~

Nanoha estaba atendiendo una mesa, apenada por los elogios de las señoras, cuando la puerta del camarín se abrió de un golpe.

Volteó sorprendida, como todos los demás, y se quedó boquiabierta con lo que vio.

Fate estaba vestida en su kimono, pero era un kimono mucho, mucho más corto que los demás, cubriendo solo hasta donde una minifalda lo haría. Unas largas medias negras cubrían casi por completo sus piernas, haciendo lucir toda su longitud. Un muy prominente escote otorgaba una excelente idea de lo que la tela cubría y el color rojo intenso de ésta la hacía ver todavía más…

Nanoha se forzó a detener ese carril de pensamientos y concentrarse en algo más sorprendente —ya que Fate siendo sexy era un hecho indiscutible a esas alturas.

¿La estoica Fate estaba molesta?

—¡Hayate! —gritó, su voz sonando extrañamente aguda.

Un flash la dejó ciega por unos instantes.

—¿Se te ofrece algo, mi querida Fate-chan? —sonrió satisfecha, tomando la foto de revelado instantáneo de la cámara.

—¡No puedes pretender que use ESTO! —exclamó agarrándose el kimono, tapándose al segundo después al ver que había agrandado el escote.

—No veo qué tiene de malo —dijo inocentemente.

—Parece más lencería que kimono —alegó.

—Hmm ahora que lo dices, puede que haya estado mirando un catálogo de lencería provocativa al diseñarlo —comentó pensativa.

—Ya deja de hacerte la inocente y dame el traje real —le dedicó una mirada asesina—. No puedo usar esto en público.

—Está bien, está bien —levantó las manos defensivamente—. El real está en el casillero junto al tuyo, pero —señaló con su pulgar a su espalda— ya usaste este en público.

En ese instante, Fate se dio cuenta que todas las mesas tenían las miradas en ella, todos en absoluto silencio. Pegó un gritito y se escondió en el camarín cerrando de otro portazo.

—Bueno, ese fue el show especial de hoy —dijo Hayate para todos—. No olviden que en un rato más tendremos las fotografías de muestra en el mural para que puedan hacer sus pedidos —informó con una sonrisa radiante—. ¡Sigan disfrutando de un delicioso momento en Riot Force!

Se reanudaron las conversaciones, algunas voces de hombres y mujeres sonando más animadas que antes.

Nanoha pensó fugazmente que era una lástima que Fate fuera a cambiarse, pero al darse cuenta que no era la única pensando así, viendo las miradas lujuriosas que algunos seguían tirando en dirección al camarín, cambió totalmente la idea.

Al fulminar con la mirada a unos chicos que estaban comentando del atuendo de la rubia de manera no tan inocente, se le ocurrió que hubiera sido mejor si solo ella hubiese estado ahí para ver a Fate, nadie más.

No, no, le reprochó su cabeza, querías olvidarte de Fate de esa manera, ¿recuerdas?

Se mordió el labio, complicada.

Es cierto que había estado pensando que sería mejor si solo buscaba acercarse a la rubia como amiga. Más todavía después de reunirse con Arisa y Suzuka esa mañana, pensando en lo genial que hubiera sido poder asistir al instituto con Fate, conversar de algún programa de televisión rumbo a clases, sentarse junto a ella en el aula, compartir un bento, estudiar juntas, caminar juntas a casa…

Pensaba que si al menos solo pudiera ser su amiga, si eso fuese más fácil que intentar algo más, entonces estaría bien, pero…

Luego Fate aparecía y…

Gritó internamente, dándose de coscorrones.

Tenía que olvidarse de eso, de alguna manera debía lograrlo, era mejor si se olvidaba.

Irguiéndose decididamente, se dirigió donde Shamal a encargarle el pedido de la mesa que había estado atendiendo.

~O~~O~~O~

Fate volvió a aparecer rato después, empujada por Hayate quien al parecer había entrado con ella al camerino, vistiendo un kimono tradicional, aunque casi tan llamativo como el anterior.

—Tiene que ser una broma —resopló indignada.

—Nu-uh, este si es el bueno —le confirmó Hayate—. Todavía no cumples los veinte pero eres soltera y te luce.

—¡Hayate, no puedo atender así!

Alzó los brazos para mostrar todo el largo de las mangas que casi tocaban el suelo y tirándose de la estola que llevaba colgada al cuello.

—Buuuueno, puedas quitarte esto —le sacó la estola— y darme el bolso que es solo un accesorio, por lo demás te quedas así.

Fate murmuró algo inentendible y se alejó dando pesados pasos, aunque firmes y precisos, luciendo espléndidamente el exuberante traje.

Bueno, esto también está bien, decidió Nanoha. La rubia se veía bien con cualquier cosa.

Cuando apartó la vista de Fate y se fijó en Hayate, se dio cuenta que la castaña la había estado observando detenidamente.

Inclinó la cabeza extrañada.

Lo que le extrañaba ya no era el atuendo de Hayate —al cual inexplicablemente se había acostumbrado— lo extraño era que Hayate le sonreía; no una de sus sonrisas pícaras, maliciosas, despreocupadas o todos los demás matices que le hubiera visto. Era una sonrisa simple, sin segundas intenciones.

—¿Qué? —preguntó al fin.

Hayate se aproximó.

—Estaba pensando que de verdad te ves muy bonita —dijo con simpleza—. En realidad, eres linda, pero ahora se aprecia más.

Nanoha se sonrojó por la naturalidad con que lo dijo.

—Se aprecia más porque tú lo estás apreciando más —prosiguió—. Y así es como quiero que siga a partir de ahora, ¿ok?

La cobriza la miró intrigada.

—Sé que ahora sabes que te ves hermosa —rió bajito por el sonrojo de la otra—. Quiero que recuerdes ese sentimiento.

Le guiñó un ojo y pasó un brazo por sus hombros.

—Cuando estás cerca de Fate actúas toda insegura y avergonzada —sacudió la cabeza—. Está bien que te atolondres un poco cerca de la persona que te gusta, pero eso es muy diferente a perder todo dejo de confianza —se alejó para mirarla fijamente—. Tienes que confiar más en ti.

Nanoha pestañeó sorprendida.

—Tienes que dejar de ser un saco de nervios cerca de Fate —se llevó las manos a la cintura—. Si de verdad quieres que te tome en serio debes mostrarte más decidida, confiando en lo que quieres, como cuando hablas conmigo —la señaló—. ¡Ya te dije que ahora vamos al ataque!

La chica tragó saliva, sintiéndose nerviosa de pronto.

—Paso a paso —se encogió de hombros—. Parte por dejar de acomplejarte por lo que sea que te acompleje y sé tú misma, no pienses que Fate va a estar juzgándote palabra por palabra.

Era extraño, pero la seguridad con la que hablaba Hayate lograba contagiarla.

—Está bien… —sonrió gentilmente Nanoha—. Gracias.

—Para eso estamos —le palmeó el hombro—. Por cierto que puedes-

—¡Haaa~yaaa~teeee!

Una figura apareció de la nada, tacleando a la castaña en el estómago y dejándola sin aire.

—Vi-cof- Vita-chan —tosió adolorida—. Te he dicho que tienes más fuerza de la que aparentas. —Inspiró profundo—. ¿Qué haces aquí?

La chica de largas trenzas pelirrojas que había aparecido, apartó la cabeza del pecho de Hayate y miró hacia arriba con una sonrisa.

—Vine a ver a Hayate —dijo todavía abrazándola por la cintura.

—Eso es muy lindo, Vita-chan —le puso una mano en la cabeza—, pero no olvides tus modales y saluda a Nanoha-chan.

—¿Nantoka? —volteó confundida.

—Nanoha —corrió la cobriza, inclinándose para sonreírle amablemente—. Mucho gusto, Vita-chan.

—¿Qué edad tienes? —preguntó cejijunta.

—¿Eh? —pestañeó extrañada—. Diecisiete…

—¡Entonces no me trates como una niña! —Gruñó molesta— ¡Tenemos la misma edad!

—¿Eehh? —Nanoha se echó para atrás, entre asustada y sorprendida.

—Vita-chan, te he dicho que no le andes gritando a la gente —reprochó serenamente la castaña.

—Pero Hayate… —la miró apenada.

—No es culpa de Nanoha-chan que seas una loli —asintió circunspecta.

—¡Hayate!

Las castaña rió evitando los golpes de Vita y luego la apresó abrazándola por la espalda. La pelirroja se sonrojó y se cruzó de brazos, pero se dejó abrazar sin problemas.

Nanoha ocultó una risita divertida.

—Vita-chan es mi hermana menor —presentó la castaña—. Vita-chan, ella es Nanoha-chan —le sonrió a la chica en brazos—. Ella es mi nueva empleada y amiga, así que llévense bien.

—¿Tú eres la nueva empleada? —la miró con enfado.

—¿S-sí? —No entendía qué le había hecho.

—¡Hayate, ella tiene mi misma edad! —Alegó— ¿Por qué ella puede trabajar aquí y yo no?

—Porque tú quieres dejar el instituto para trabajar aquí y ya te dije que no.

—Pero no es justo —siguió la chica, molesta—. Ustedes dieron exámenes libres en preparatoria…

—Sí, pero tú no tienes la cabeza para eso —le dio unas palmaditas consoladoras—. Además qué imagen le daría al local si contrato a una loli, no quiero atraer esa clase de pervertidos —finalizó con seriedad, aunque una sonrisa se escondía en su mirada.

—¡Cállate!

Nanoha las observaba con una sonrisa, ella era la menor así que sabía lo que era estar en la posición de Vita siendo la molestada y aunque se llevaba bien con sus hermanos, la diferencia de edades que tenían no les permitía tal grado de cercanía.

—Cómo te decía, Nanoha-chan —continuó Hayate mirándola—. Puedes conservar el traje después de hoy.

La cobriza pestañeó extrañada.

—¿Es que no lo sabes? —Bufó—. ¿Trabajas aquí y no sabes que Hayate vende sus trajes después de exhibirlos? —Se cruzó de brazos—. Es el propósito de los "Miércoles Especiales".

—¿En serio? —preguntó sorprendida.

—En realidad me gusta molestar a Fate y Signum obligándolas a usar cosplay —se encogió de hombros—, pero es una buena fuente de ingresos también —hizo el signo de la paz—. Yo veo a lindas modelos exhibiendo mis trajes, atraen la atención de los clientes, ellos las admiran y después quieren conseguir lo que usaban —sonrió triunfal—. Todos ganan.

—¿Segura que quieres dárselo, Hayate? —preguntó Vita desconfiada—. Te quedó muy bonito.

—Claro que sí, lo hice especialmente para Nanoha-chan —explicó—, no me gustaría que nadie más que ella lo use —negó con la cabeza—. Con las fotos es suficiente ganancia.

—¿Fotos?

—¿Tampoco sabes eso? —gruñó Vita—. Siempre se toman fotos de las "modelos" y se ponen en el mural para que los clientes puedan comprar copias —resopló—. No sabes nada de eso y aun trabajas aquí —miró a Hayate—. ¿Por qué yo no puedo trabajar aquí si sé todas estas cosas?

—Ya te dije… —suspiró—. Si quieres ayudar, mejor anda a ayudarle a Shamal —le dio un empujoncito—. Ya sabes que hoy tiene mucho trabajo con el asunto de las fotos además del resto.

Cuando Vita se mostró reticente, agregó:

—Si lo haces bien hoy prepararé tu plato favorito.

—¡Está bien! —asintió entusiasmada.

Para ser alguien de su edad, pensó Nanoha, actuaba bastante como la niña que parecía.

—Discúlpala, es gruñona por naturaleza —se disculpó la castaña.

—No hay problema —sonrió Nanoha—. Te quiere mucho.

—Supongo, es que soy tan adorable —bromeó—. Bueno, me iré a tomar más fotos de las chicas. Sigue con lo tuyo que luego te toca a ti.

—Muy bien, jefa —saludó.

Hoy cumplía una semana trabajando en Riot Force, había muchas cosas que le quedaba por aprender y mejorar todavía, pero cada día se convencía más de que era un lugar divertido donde estar.

Rió al ver a Signum golpear a Hayate con un menú por intentar tomarle una foto en un ángulo raro.

Y aunque la jefa era un poco —muy— excéntrica y las obligaba a hacer cosas vergonzosas como usar cosplay cada miércoles, sentía que no podía tener una mejor.

~O~~O~~O~

Fate se veía espectacular, no había forma de no notarlo.

Su kimono era azul marino lleno de flores, puntos y mucho colorido. Todo en perfecta armonía para hacerlo llamativo pero no repelente visualmente. Además llevaba un poco de sombra en los parpados y lápiz labial, resaltando sus perfectamente delineadas facciones.

Seguía llamando la atención de todos pero al menos ya no mostraba tanta piel. Lo único que quedaba a la vista era su cuello, al tener su largo y hermoso cabello recogido en un peinado tan vistoso como el de Nanoha.

Nanoha se dio cuenta de que nunca había considerado los cuellos antes, pero que de pronto los estaba encontrando una parte muy atractiva de la anatomía.

Más bien un cuello en particular. Uno largo, pálido y de porcelana, fino y delicado…

—Oye, ya sé que se ve espectacular, pero que no se te caiga la baba —escuchó el tono bromista de Hayate a su lado, sobresaltándola y haciendo que se lleve una mano a la boca.

No había baba.

Hayate rió divertida, ocasionando un puchero en Nanoha.

—La estabas desgastando con la mirada —continuó divertida—. Deja un poco para los demás.

Comentarios como esos causaban una oleada de inseguridad atravesar a Nanoha.

Hayate era muy honesta con sus palabras pero sus sentimientos eran un completo misterio.

Un misterio que de cierta manera atormentaba a Nanoha. Si Hayate podía entender tan bien cómo se sentía, eso podía significar…

Se mordió el labio, vacilante.

—Hayate, chan —habló sin pensar—, sobre la persona que te gusta…

—¿A qué viene esto de pronto? —alza la ceja.

Si había una posibilidad de que significara lo que pensaba, necesitaba saberlo.

—¿Quién es?

—No quiero hablar de eso.

—Puedes confiar en mí —se apresuró en decir—, tú estás intentando ayudarme con Fate-chan, así que si hubiera algo que yo pudiera hacer para-

—Ya dije que no quiero hablar de eso —insistió cortante. Recuperando su postura relajada al instante siguiente—. Además, no hay nada que pudieras hacer.

—¿Por qué?

—Porque yo no soy la persona adecuada para ella.

Otra vez estaba ahí la postura tensa, la mirada sombría.

No duraba más que un segundo, pero era suficiente para que Nanoha sintiera una punzada en su pecho.

Hayate llevaba algo que no quería compartir, podía entenderlo, si es un peso que se carga por mucho tiempo se vuelve muy difícil confiárselo a alguien más —eso le había dicho su madre una vez.

Como amiga, quería esperar a que estuviera lista para decírselo, no quería forzarla a hablar, pero las dudas que eso generaba eran más fuertes que ella.

—¿Todavía crees que enamorarme de Fate-chan sea un error?

—Totalmente —respondió serena.

Nanoha hizo una mueca, cabizbaja.

Hayate suspiró y le puso una mano consoladora en el hombro.

—No es por lo que piensas —aseguró, aunque ni siquiera la misma Nanoha sabía bien lo que pensaba—, es cosa mía con el asunto de enamorarse, no le des importancia.

—¿Cómo quieres que no le de importancia? —la miró afligida—. Si tú…

—Nanoha, lo único que debe importarte es lo que tú sientes —dijo tranquila—. Ayer lo dijiste con la historia de tu amiga; no porque los demás crean que estás cometiendo un error debes dejarte influencia por eso —sonrió—. Si tú sientes que está bien y no le haces mal a nadie, entonces todo está bien.

—¿Lo que decías antes de confiar más?

—Exacto —asintió complacida—. Si tú confías en que lo que sientes es verdadero, esos sentimientos serán reconocidos eventualmente.

—No sé cómo hacerlo si mi cerebro está constantemente diciendo una cosa muy diferente a mi cuerpo —hizo un puchero—. Soy un lío…

—Jaja no, eres normal —le sonrió gentilmente—. Los sentimientos y la razón nunca se han llevado bien, es muy difícil que congenien —suspiró dramáticamente—. Peor cuando las hormonas están metidas alterándolo todo.

Nanoha se puso de un carmín intenso, agachando la cabeza, mientras Hayate reía a su costa.

Es una chica adorable, pensó la castaña.

—Si decides qué es lo que quieres y crees que lo que sientes está bien —continuó—, lo mejor que puedes hacer es convertir a tus sentimientos en tu razón de actuar —alzó el pulga—, así no habrá problema.

Tras considerarlo un momento, Nanoha frunció el labio pensando que sí hacía algo de sentido.

—Eso suena como un buen consejo…

—Oye, viene de mí —exclamó con soberbia—. Y para tus hormonas… —sacó algo de su bolsillo— te doy esto. Es exclusiva-no a la venta.

Nanoha sintió la sangre agolparse en su cabeza y a su corazón, hormonas o lo que sea, alborotarse.

Era la foto de Fate con el kimono corto, en un ángulo que hacía ver al escote más tentador.

Avergonzada y molesta comenzó a darle coscorrones a Hayate —aunque igual le arrebató la foto para guardarla en la cinta de su Yukata.

—Mou… —se quejó todavía apenada.

—¿Recuerdas lo que te dije sobre lo que sentí cuando nos conocimos? —Nanoha asintió, dubitativa—. Estoy segura que Fate sintió lo mismo —le aseguró serena—, aunque sea muy idiota y obstinada para aceptarlo.

Sin más que decir, se alejó dejando a Nanoha sola con sus pensamientos.

~O~~O~~O~

Había sido un día agotador y demandante, seguramente tendría que llegar a ponerse banditas en los pies por andar en sandalias todo la tarde. Sin embargo, lo había pasado particularmente bien ese día.

El café se lo pasó lleno y todos parecían estar divirtiéndose.

Hasta hace poco había terminado la subasta que se había hecho para la venta de los trajes; el que se fue a un precio más alto —por supuesto— fue el traje de Fate, que para molestia de Nanoha había sido comprado por una de sus fans que iba casi a diario.

Seguramente la vería aparecer usándolo uno de estos días.

Nanoha bufó terminando de deshacerse el peinado, dejando su cabello suelto y ondulado, seguramente le tardaría un rato volver a su liso habitual.

Había considerado una lástima deshacerse de un traje que le quedaba tan bien a Fate, pero Hayate le aseguró que no era el mejor; le había hecho a la rubia otros más espectaculares y esos sí los conservaba pues eran para su uso y no venta —todavía le asombraba el talento que tenía la castaña como costurera.

Igual había conseguido varias fotos para el recuerdo, algo así como la colección entera de Fate y fotos de las demás chicas que usaría para mostrárselas a su familia y amigas —las de Fate eran de uso personal.

Se dejó caer en la banca, exhausta, sacándose las sandalias para masajear sus pies.

Definitivamente necesitaría banditas.

Sonrió, pensando que si todos los miércoles serían así, tendría que dormir bien los martes.

Antes de la venta de los trajes se había hecho un sorteo donde Hayate se había parado en la pequeña tarima —que posteriormente usaría para hacer modelar a las chicas en la subasta— y había sacado dos números de una tómbola; uno para número de mesa y otro de asiento. La persona que salía seleccionada podía elegir como premio cualquiera de los trajes y un postre.

La ganadora había sido una señora que se pasaba por ahí cuando menos tres veces a la semana y había elegido el kimono de Shamal.

Fue un día largo pero muy divertido y provechoso: Sus amigas habían regresado por lo cual los recesos se le harían más llevaderos, todos los clientes habían sido muy amables ese día, había aprendido más de los pasatiempos de Hayate gracias a Vita y Shamal —resultando que se le daba bien todo tipo de manualidades—, había obtenido una preciosa Yukata que usaría en el festival del próximo mes, pudo ver una nueva expresión en Fate y había probado uno de los postres especiales del día que declaró como su favorito hasta ahora.

Lamentablemente no había pasado mucho tiempo con Fate y tuvo que aguantar que coquetearan con ella más de lo normal, pero haberla visto en Kimono era más que suficiente —y tener las fotos de evidencia de que había sido una imagen real.

Un día casi perfecto.

La puerta se abrió de pronto y vio a Fate aparecer en el umbral.

El revoloteo que había sentido en su estómago esa tarde había vuelto con toda su fuerza.

Por un breve instante, se sintió cohibida nuevamente, pero el recuerdo de lo que había dicho Hayate le ayudó a encontrar sus palabras.

—Ah, Fate-chan —saludó— ¿Ya terminaste tu turno?

—Ya casi.

—Ya veo…

Paso a paso. Al menos ya era capaz de hablarle sin tartamudear o sonrojarse o desviar la mirada, no podía esperar convertirse en una gran conversadora de la nada.

Algo era algo.

Se quedan un momento en silencio, hasta que es Fate la que desvía la mirada, sacando algo de su bolsillo para luego aproximarse a ella.

Fate se paró frente a la cobriza.

Nanoha miró directamente a los ojos borgoña y le pareció que de pronto ya no eran tan inexpresivos —aunque podía ser cosa suya.

El revoloteo se transformó en un remolino.

—Toma —dijo extendiendo el brazo—. Hoy cumples una semana trabajando acá, así que es un obsequio por hacer un buen trabajo —explicó calmada—, aceptando las extrañezas de Hayate y todo eso.

En su mano tenía enrollado un bonito listón, blanco y azul, sus colores favoritos.

El remolino se disipó en un hormigueo que se extendió por todo su cuerpo, hasta la punta de los dedos.

Nanoha lo sigue mirando incrédula, sin atreverse a tomarlo.

—Como siempre estás usando coleta y ya que vistes mucho esos colores… pensé que… —Con la otra mano se enrolló un mechón de cabello en el dedo— Uhm ¿no te gusta? —preguntó insegura por la falta de respuesta.

Esto hizo reaccionar a Nanoha quien negó fervientemente y la miró. El hormigueo había entumecido sus piernas impidiendo que se pusiera de pie aunque quisiera intentarlo, así que tuvo que conformarse con estirar una de sus manos también entumecida.

—M-me encanta —lo tomó con cuidado—. Muchas gracias, lo usaré todos los días.

Estaba segura que tenía la sonrisa más boba de la vida, pero qué importaba— ¡Fate le había dado un regalo!

Por su parte, Fate, al ver la expresión de completa felicidad de la otra chica por algo tan simple como un listón, no pudo evitar sonreír levemente.

Ahora SÍ que es el día perfecto, pensó Nanoha fascinada por ver sonreír de nuevo a la rubia, no tan espectacular como el otro día, pero era una sonrisa de todas formas.

Ni siquiera se sentía nerviosa bajo la intensa mirada de Fate, tenía un listón que la aferraba a la idea de que si ese momento era un sueño, rayos, lo disfrutaría mientras durara.

—Aunque el peinado de hoy también te quedaba bien —comentó de pronto Fate—, creo que definitivamente te ves mucho mejor con el pelo suelto.

Nanoha se sonroja y mira al suelo, sin saber qué decir.

Diablos, tenía que ser un sueño. Seguro que se quedó dormida después de dejarse caer en la banca.

Preocupada por ver cómo los dedos de sus pies se enroscaban y estiban, Nanoha no notó que Fate también se sonroja un poco al darse cuenta de lo que había dicho.

Dispuesta a salir de ahí en ese instante para evitar decir otra tontería, Fate retrocede un par de pasos.

El error que cometió fue seguir mirando a Nanoha; la joven ahora estaba jugando distraídamente con el listón entre sus manos, mirando sus pies. Sus mejillas estaban de un tono rosa que iba muy bien con su vestimenta y sus ojos brillaban como lo habían hecho esa noche en la pileta.

"No puedes negar que se ve linda" sonó una vocecilla en su cabeza.

Hizo una mueca, este no era el momento para pensar en eso. Algo así era…

"No te cuesta nada ser amable"

Contó hasta cinco y cerró los ojos, derrotada.

—Uhm sobre la yukata…

Aunque lo había dicho muy bajito, Nanoha fue capaz de escucharla y al darse cuenta que Fate seguía ahí, siendo sueño o no, reaccionó para contestarle.

—Creo que no es lo mío al final, ¿uh? —se rasca tímidamente la mejilla, mirando el lindo traje que Hayate había hecho.

—No… —murmuró—. Te… —carraspea para recuperar la voz—. Te veías muy bien.

—¿Eh?

Si esto es un sueño voy a odiarme.

Levanta la cabeza sorprendida y roja hasta las orejas, pero Fate ya estaba de espalda.

La escuchó carraspear nuevamente y la siguió con la vista en dirección a la salida.

—Te dejo que te cambies tranquila —dijo al llegar a la puerta, sin voltearse—. Nos vemos.

La puerta se cerró con un suave clic y Fate ya no estaba.

Pasados unos segundos el pitido que sentía en sus oídos desde que la sangre se le había acumulado en la cabeza comenzó a disminuir y de pronto fue consciente de la fría superficie de las baldosas en la planta de sus pies.

Sintió arder sus heridas nuevamente y curiosamente eso la hizo feliz, pero no encontró la fuerza para poder sonreír. Todavía consternada por lo que había sucedido.

No fue un sueño.

Uno a uno sus intentos por acercarse eran bloqueados…

De verdad pasó.

Pero al mismo tiempo, una a una, sus ganas por dejarlo…

Miró el listón en sus manos.

Con el más mínimo gesto…

Lo lleva a su pecho, cerrando los ojos.

Desaparecían por completo.


¿Sabía usted… que el Kopi Luwak era el café más caro del mundo hasta hace poco? Éste era un café que se obtenía del excremento de la civeta, bajo serias condiciones de maltrato animal en el sudeste asiático y costaba 500 USD el kilo. La civeta se alimenta de los mejores granos o cerezas de café y tras ser procesar las bayas en sus intestinos expulsa los granos que se toman para someterlos a un proceso de tostado y todo eso produciendo un café considerado el mejor… Hasta hace poco (como dos o tres años). Puesto que llegó el coatí en la Amazonía peruana que tiene la ventaja de alimentarse del café de mejor calidad del Perú. El proceso es similar al de la civeta, pero el resultado se valúa en 1.400 USD el kilo.

El capítulo 11 es largo, lo estoy cercenando y armando el puzzle de cosas porque tiene mucha información. Dije que el build-up duraría los primeros 10-11 capítulos, hoy marcó el paso para el desarrollo (?) así que, sakuradakota, tal vez mañana se respondan varias de tus dudas xD

Desafortunadamente aquí las cosas se vuelven inciertas, al menos en tema de ritmo de actualización, seguiré intentando el asunto diario pero ya he descuidado lo suficiente algunos deberes a los cuales tengo que dedicarles más tiempo (damn you, real world). Aunque la historia verá su final, por supuesto, yo también tengo ganas de eso :3

Esperemos haya disfrutado de su visita, deje sus sugerencias y regrese nuevamente~

(Debería dignarme a hacerle un summary...)