Disclaimer: Glee no me pertenece, de lo contrario este capítulo formaría parte del canon de la serie.


Capítulo 10: I´m Alive

—¡Sam! ¡Estás lleno de marcas! —Dijo Mercedes asustada, mientras pasaba un dedo por encima de cada una de ellas.

—Estoy bien Mercy, estoy...

No estaba bien. Y menos lo estaría, si ella seguía acariciando su estómago con sus suaves dedos.

—Lo siento —volvió ella a disculparse.

—Mercy, ¿podrías dejar de disculparte? Habíamos dejado claro que no fue tu culpa.

—Lo sé Sam, pero...

—Chsss —dijo el chico, tapándole la boca con su mano, haciendo que ella guardase silencio.

Él le hizo un gesto, preguntándole si iba a continuar hablando. Ella pareció entenderlo porque negó con la cabeza.

—Ven aquí —le pidió Sam.

La abrazó, apoyando su cabeza sobre su hombro derecho, rozando la cadenita que él le había regalado.

La llevaba puesta, no se la había quitado.

Al verla con ella esa mañana, se le había iluminado la cara. Sin embargo, había creído que Mercedes no la llevaría puesta en el cumpleaños de Mike. Se había equivocado y se alegraba de que hubiera sido así.

No quería perderla, y ella tampoco quería, se lo había dicho segundos antes. Sam Evans, en ese momento, era una persona feliz.

Se separó un poco, dándole un pequeño beso en el cuello, rozando a su vez, la cadenita, y la miró a los ojos unos segundos, antes de unir su boca con la de ella.

Sus brazos no dejaron de agarrarla. No se separaron, era imposible.

Su lengua jugaba con la de ella, mientras sus manos descansaban en su cintura. Sin embargo, las de ella jugaban con su pelo, despeinándolo, revolviéndolo, como se revolvía su corazón cada vez que lo tenía cerca.

Mercedes sintió una emoción en el pecho, mientras lo besaba y lo acariciaba.

Felicidad, pensó.

Ella era feliz.

Sus manos se metieron por debajo de la camiseta de él acariciando su espalda. ¡Era tan fuerte! Quería tocarle por todas partes.

Y él quería besarle todo su cuerpo.

Se detuvieron, recobrando un poco el aliento, mientras Sam olía su cuello y depositaba en él un tierno beso. Para segundos después, devorarlo como había hecho previamente con sus labios.

Mercedes apenas podía hablar.

—Sam... ¿Qué me estás haciendo? —Trató de preguntar.

—No Mercy —se quejó él—. ¿Qué me estás haciendo tú?

La chica no sabía a que se refería.

No lo entendió hasta que descubrió sus propias uñas clavadas en la espalda de él. ¡No se había dado cuenta! De verdad que no.

—Lo siento —se disculpó, muriéndose de la vergüenza.

—Quedamos en que ibas a dejar de disculparte por todo, Mercy.

—Es verdad, lo... —Se calló, evitando así disculparse de nuevo.

Mercedes sacó sus manos de su espalda, pero él no la dejó, volviendo a ponerlas donde antes se encontraban.

Le sonrió, no pudo evitarlo.

Y se perdió nuevamente en sus ojos verdes.

Sam la apretó contra la puerta, besándola de nuevo y quitándose la camiseta para que ella pudiese tocarle mejor.

Y ella lo hizo. Le tocó, le acarició y le besó sus marcas. Los resultados de la paliza de Max. Queriendo borrarlos, desaparecerlos y reemplazarlos por besos.

Él la enderezó separándola de esas marcas que trataba de olvidar y le levantó lentamente la camiseta, juntándola con la suya en el suelo.

Sus manos acariciaron sus pechos, haciendo que Mercedes se pegase a la fría puerta, provocando que ella diese un respingo.

Sam besó su pecho izquierdo por encima del sujetador, notando como se endurecía ante el contacto con su lengua.

Ella le acariciaba el pelo mientras tanto, sintiendo como su cabeza se liberaba.

Sam se apresuró a besar el otro de la misma forma, haciendo que la chica se arquease ante el contacto con sus labios.

Su boca bajó, dejando suaves besos desde sus pechos hasta el ombligo, deteniéndose en la cremallera de sus pantalones. La abrió con cuidado, mirándola a los ojos, pero ella no le miraba. Sus ojos permanecían cerrados.

La besó por encima de su ropa interior, sin quitarle todavía los pantalones. Buscó nuevamente sus labios, tratando de hacerla volver en sí, sacándola de su trance.

Se apretó contra ella, mostrándole así la excitación que había provocado en él.

Mercedes quiso tocarlo, lo acarició por encima de los pantalones mientras sus lenguas se rozaban. Quería liberarlo.

Abrió con cuidado el botón de los pantalones de Sam y bajó la cremallera lentamente.

Metió la mano dentro, acariciándolo por encima de su ropa interior. Sam creyó quedarse sin aire, durante unos segundos.

Le desabrochó el sujetador, arrojándolo también a la pila de ropa que se amontonaba ya en el suelo.

Besó cada uno de sus pechos, probándolos con su lengua, mientras ella continuaba acariciándolo por encima de su ropa interior.

Sam se arrodilló, sacándole sus zapatos y sacándose él sus deportivas. El suelo estaba frío, pudo notarlo al quitarse los calcetines, demasiado frío en contraste con la temperatura de su cuerpo.

Agarró la mano de Mercedes, conduciéndola hacia la alfombra de baño que había en el suelo, era demasiado pequeña, por lo que agarró sus camisetas y las dispuso en el suelo al lado de la alfombra. Era algo improvisado, de último momento. Algo demasiado excitante.

Volvió a besarla en los labios, acariciando su lengua con la suya, la besó en el cuello, en el lóbulo de la oreja.

Atacó nuevamente cada uno de sus pechos haciendo que a Mercedes le flaqueasen las piernas.

Sus manos la acariciaron por dentro de los pantalones. Notó sus ganas de él.

Bajó rápidamente los pantalones de la chica.

Ella lo dejaba hacer, era demasiado bueno para ser verdad.

La llevó hacia abajo, depositándola con cuidado sobre la alfombra de ropa improvisada.

Había conseguido que la ropa la aislase del frío suelo.

Mercedes lo miraba mientras él se quitaba sus pantalones. Su cuerpo era perfecto.

Su ancha espalda, sus abdominales, sus brazos y piernas fuertes.

Pero si tuviese que elegir una sola parte del cuerpo de Sam Evans, Mercedes habría elegido su sonrisa. Sam tenía una sonrisa preciosa.

Y sus ojos, eran hermosos. Y su boca. Ella suspiraba por esa boca.

Sus manos... Cómo la hacían sentir esas manos acostumbradas a tocar las cuerdas de una guitarra.

Todo él era perfecto. Pero, ¿ella le merecía? ¿Se merecía que alguien como Sam estuviese con ella? Alguien tan dulce y cariñoso, y a la vez apasionado. ¿Se merecía ella eso?

Cada día le agradecía a Dios por habérselo enviado, probablemente Sam no lo entendiese, o sí, pero ella le veía como un regalo de Dios.

Sin sacarle la ropa interior, Sam se acostó a su lado, besándola de nuevo, recorriendo su cuerpo con suaves besos.

Sus manos se dirigieron hacia su zona íntima, besando cada uno de los extremos de su ropa interior antes de sacársela lentamente.

Sintió el roce de sus dedos como los había sentido la noche anterior. Era maravilloso.

De pronto, se sintió rara. No eran sus dedos los que la acariciaban. ¡Era su boca!

Quería sacarlo de ahí, le daba vergüenza, pero a la vez era tan mágico.

Mercedes sintió cómo su cuerpo se convulsionaba ante el roce de sus labios y su lengua.

—¡Dios mío! —dijo.

Y estalló.

Cuando volvió en sí, Sam la miraba fijamente, arrodillado en el suelo.

—Es tu turno —le dijo ella.

—No tengo prisa, Mercy —dijo tumbándose a su lado

Pero Mercedes no parecía pensar lo mismo, porque empezó a besarle, acariciándole por todas partes.

Él se tumbo por completo en el suelo sobre un trozo de camiseta, quedando en contacto parte de cuerpo con la fría superficie. Demasiado contraste de temperaturas, pensó.

La chica le llenó de besos. Besó sus parpados, sus mejillas, sus labios. Lo besó en el cuello, rozándole con la cadenita que caía del suyo. Besó sus brazos, sus marcas, sus piernas. Besó su ombligo y se detuvo en su ropa interior. Besándola, muy lentamente.

Acariciándola con las manos.

Le bajó sus calzoncillos lentamente, descubriendo así lo que ella había despertado en él.

Lo acarició con sus manos, haciendo que él se tensase. Se descubrió dudando, no sabía cómo tenía que hacer.

Quería hacerlo. ¿Él lo había hecho, no?

Sabía que habían estado tomando alcohol, lo había sabido desde el primer momento, la pregunta era, ¿por qué no había dejado de beber?

¿Recordaría esto que les estaba sucediendo, a la mañana siguiente? Sin duda lo recordaría. No podría olvidarlo aunque lo intentase.

Sam sentía los dedos de la chica acariciando su parte íntima. Le hacía bien, demasiado bien. Le faltaba la respiración. Ella lo estaba acariciando ahora con su boca, probándolo. ¡Oh, era demasiado!

—Me estás matando, Mercy —gimió.

No pudo soportarlo más, se inclinó buscando sus labios, tumbándola nuevamente en el suelo.

La mezcla de sabores era espléndida. Sus fluidos se unían con el ponche en el interior de sus bocas, mientras sus lenguas bailaban.

Sam se detuvo, buscando en el bolsillo de sus pantalones un preservativo.

—¿No era que no tenías prisa, Sam Evans? —Le preguntó Mercedes mientras él se lo colocaba.

—Muy graciosa —respondió besándola nuevamente y acariciando con la punta de sus dedos cada uno de sus pechos.

—Sam... —dijo la chica, cerca de sus labios, una vez que el chico se introdujo en su interior.

Se movió lenta y pausadamente al principio, acostumbrándose a ella.

En ningún momento había dejado de besarla.

Las piernas de la chica se cerraron sobre él, ayudándolo a llegar más adentro. Liberándole en su interior.

El chico empujó y embistió con más fuerza, uniendo sus cuerpos con cada acometida.

La miraba a los ojos, pero ella los había vuelto a cerrar nuevamente.

—Mercy —susurró el chico sin dejar de hacerle el amor.

Ella abrió los ojos, perdiéndose en los suyos.

Una oleada de placer intenso les sacudió, llevándolos lejos de allí. Más allá de las nubes, más allá del cielo.

Sam se derrumbó encima de ella, colocándose rápidamente al lado suyo, para no hacerle daño.

Se quedó mirándola como hacía siempre. Ella tardaba en regresar a él, como si de verdad quisiese quedarse allá donde ellos habían estado.

Ella le devolvió finalmente la mirada, feliz.

—Lo hemos hecho en el baño de Rachel —afirmó el chico sonriendo.

—Pobre Rachel, si supiese que hemos profanado su baño... —rió la chica.

—"Creo que debéis asistir a las charlas del Club del Celibato, chicos, ¡habéis sido muy malos!" —La imitó Sam.

Mercedes estalló en risas.

Adoraba sus imitaciones. Adoraba todo de él, era feliz a su lado, pero la felicidad era efímera, pensó, como la vida de una mariposa. ¿Cuánto le duraría esa felicidad? ¿Sería para siempre?

No le importaba.

No le importaba si era o no para siempre, ella quería vivir el momento, quería vivirlo con él. Se sentía viva a su lado. Demasiado viva.

De pronto, alguien tocó a la puerta provocando que Sam y Mercedes se sobresaltasen. ¿Habían puesto el seguro, verdad?

—Mercedes —se oyó la voz de Kurt al otro lado—. Sé que estás ahí.

Ella no le respondió. Solo miraba a Sam, asustada.

—Mercedes, ¿te encuentras bien? ¿Qué os pasa a todos hoy? Vamos a cantar, Mercy y os vengo a avisar.

¿A quién? ¿A nosotros? Pensó la chica. Kurt sabía que estaban en el baño juntos.

—Mercedes, me estoy empezando a preocupar, ¿por qué no contestas? Bueno... supongo que eres tú la que está ahí, solo faltáis Sam y tú, y él estaba en el baño de abajo.

Sam abrió los ojos como platos. ¿En el baño de abajo? Miró a su novia, sin entender nada.

—Ya voy Kurt —trató de sonar normal—. Dame cinco minutos.

—Pero... ¿Estás bien? —Preguntó preocupado.

—Sí, sí, estoy perfectamente.

—¡Te espero abajo entonces! —Gritó el chico desde el otro lado de la puerta.

Sam y Mercedes se levantaron para vestirse. Se habían quedado petrificados al oír a Kurt y ni siquiera habían podido pensar en vestirse por el susto. Él envolvió en papel higiénico el preservativo y lo tiró a la papelera, esperando que Rachel no lo descubriese, aunque le hubiese gustado ver su cara, si se lo hubiese encontrado.

Se vistieron rápidamente.

—¿Quién está en el baño de abajo? —Le preguntó la chica.

De pronto, ambos se dieron cuenta a la vez. ¡Claro! ¡Quinn y Artie!

—Nos habíamos olvidado de ellos —dijo Mercedes, riéndose.

—Al parecer no fuimos los únicos —respondió el chico, devolviéndole la sonrisa.

—¿Crees que Quinn se encuentre bien? —Preguntó Mercedes, preocupada.

—Estoy seguro que Artie la está cuidando bien, como yo te estoy cuidando ahora mismo —dijo Sam, abrazándola.

—No lo creo —respondió la chica.

—Ya. Yo tampoco —se separó de ella—. ¿Bajamos?

—Tú primero —le dijo dándole un beso en la mejilla.

—Señorita Jones, despídase en condiciones.

Mercedes junto su boca con la de él, saboreando por última vez sus labios y rozando con su lengua su labio inferior.

—Baje ya, señor Evans —dijo, deteniendo el beso.

—¡Raudo y veloz! —Sam quitó el seguro de la puerta, dándole un beso fugaz en los labios mientras sostenía la puerta con sus manos.

—Hasta ahora —le dijo, dándole otro beso, antes de cerrar la puerta tras de sí.

Bajó las mismas escaleras que antes había subido con miedo de que ella no le siguiese. Ahora, con una sonrisa que podía iluminar toda una calle.

La misma que tenía ella mientras se miraba en el espejo, arreglándose el pelo y lavándose un poco los dientes. Estaba enamorada y era correspondida. Tenía la felicidad al alcance de su mano y la estaba disfrutando. Se sentía viva. ¡Viva!

Abrió la puerta del baño y bajó las escaleras. Quería cantar. Sentía unas ganas enormes de cantar.

Al pasar enfrente del baño del primer piso, notó que la puerta estaba abierta. Quinn y Artie ya no estaban allí, se habían unido ya a la fiesta.

Vio cómo las chicas estaban sentadas en el sofá charlando entre ellas, mientras que los chicos se encontraban delante del "escenario" de Rachel Berry. Sam estaba con ellos.

Todos tenían un vaso de ponche en su mano, pero nadie bebía.

Kurt la vio entrar y salió corriendo hacia ella.

—¡Cántanos algo, Mercy! —Dijo él, arrastrándola hacia la plataforma.

Se subió en ella y agarró el micrófono con decisión. Le dijo a Kurt al oído la canción que quería cantar. Era de Celine Dion, Rachel Berry tenía que tenerla.

Kurt la buscó entre las demás canciones, levantando el pulgar sonriéndole, dándole a entender que la había encontrado.

Los chicos la miraban con sus vasos en la mano. No podía mejorar su actuación de la mañana, ¿o sí?

La música empezó a sonar.

"When you call on me

When I hear you breathe

I get wings to fly

I feel that I´m alive"

Sí, definitivamente, podía mejorar, pensó Puck, bebiendo un buen trago de su ponche.

—¿Qué le pasa a Mercedes con Celine Dion? Parece como si hubiese entrado en bucle con sus canciones. Tíos, me siento como si estuviese viviendo el Día de la Marmota —dijo Finn.

—Está enamorada, te lo he dicho —le respondió Artie.

"When you look at me

I can touch the sky

I know that

I´m alive.

When you bless the day

I just drift away

All my worries die

I´m glad that I´m alive.

You set my heart on fire

Filled me with love

Make me woman on

Clouds above.

I couldn´t get much higher

My spirit takes flight

Cause I´m alive."

—Dejadla que cante, me pone a mil cuando lo hace. Bueno, no... me pone a mil todo el tiempo —les dijo Puck.

—Tío, en serio. ¡Estás enfermo! Háztelo mirar —le respondió Finn.

—¡¿Qué queréis? Pucksaurus es mi nombre, y haberla visto sin camiseta no me ha ayudado. ¡Como está la Sexy Mama!

—Para de llamarla así Puck. No le gusta —le replicó Sam.

—Pues nunca la he visto quejarse —dijo él, encogiéndose de hombros.

—Probablemente su novio no opine lo mismo —le respondió el rubio.

—Probablemente no —se rió Artie.

—Estoy deseando conocerle para poder soltarle la "charla" —comentó Puck.

—¿Qué "charla"? —Se interesó Sam.

—La de... "Si la haces llorar, te corto las pelotas. Si la tratas mal, te corto las pelotas. Búrlate de ella y te corto las pelotas."

—¿Esa charla no se la debería de dar su padre? —Preguntó Mike, divertido.

—No hará falta —contestó Sam.

—¿Por qué lo dices? —Le preguntó Artie—. ¿Acaso le conoces?

—No, no... Digo... Si hace todas esas cosas, estoy seguro de que ella misma le cortará las pelotas —Sam intentó salvar la situación.

—Tienes razón —le respondió Artie—. De Mercy no se ríe nadie.

—Y si se le ocurre hacerlo, yo me apunto a descuartizarlo —sugirió Finn.

—Y yo —se sumaron, a la vez, Mike y Puck.

—Por supuesto —dijo Artie, chocándoles la mano.

Todos miraron a Sam esperando que se uniese a ellos.

—Sí, sí, ¡si la trata mal, le cortamos las pelotas!

"When you reach for me

Raising spirits high

God knows that

That I´ll be the one

Standing by

Trough good and trough

Trying times"

—!Trato! —dijo Finn, chocando nuevamente sus manos—. Solo espero no tener que llegar a esos extremos.

"When you call on me

When you reach for me

I get wings to fly

I feel that"

—No creo —contestó Artie—. se la ve feliz.

"When you bless the day

I just drift away

All my worries die

I know that I´m alive"

—Se la ve enamorada —le corrigió Mike.

"I get wings to fly

God knows that I´m alive"

—Siento envidia de ese tal Steve —dijo Puck, una vez que Mercedes había terminado de cantar la canción.

—Sigue así y Zizes te meterá una leche —le advirtió Finn.

Mercedes no había dejado de mirarles durante toda la canción, en realidad le miraba a él, pero sabía disimular. Cosa que él no hacía, porque durante toda la canción la había estado comiendo con los ojos. El único momento en el cuál Sam había roto el contacto visual, había sido cuando todos los chicos habían chocado sus manos. Solo en ese momento.

Le sonrió mientras bajaba de la plataforma. Ella le devolvió la sonrisa. Así era como la hacía sentir. Ella podía tocar el cielo con sus manos.

Ambos podían.


Si quieres sentirte "viva" como Mercy, dale clic a "Review this chapter"