Disclaimer: todos estos adorables pelirrojos pertenecen a J.K. Rowling. Yo únicamente les doy unas líneas más de vida.


Arthur Weasley


San Mungo, 1996

Arthur nunca ha sentido un dolor tan penetrante como el que soporta desde hace tantas horas. Es un dolor punzante, abrasador que le impide pensar con claridad; sin embargo, eso no es lo peor. No cuando puede sentir cómo el veneno se desliza y se abre paso por su organismo a causa de las heridas provocadas por los colmillos de aquella monstruosa serpiente. Arde.

En medio de su sufrimiento escucha sonidos, voces familiares que llegan a él cargadas de preocupación y amgustia. Arthur desea responderles, decirles que todo saldrá bien y calmarlos, pero la voz se queda atorada en su garganta, impidiéndole proferir algo que no sean gemidos lastimeros.

Arthur siente que algo toca su brazo.

Ese algo, que lo acaricia una y otra vez sin descanso —desde la muñeca hasta el hombro—, es una mano que posee dedos regordetes, blandos y un poco arrugados. Y un anillo tan fino que, de no ser por la frialdad del metal, sería casi imperceptible. Una mano que Arthur lleva tomando y cuidando toda la vida.

Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, Arthur abre los ojos. La luz es demasiado brillante y, durante unos segundos, le cuesta enfocar la mirada en un punto concreto. No obstante, cuando sus ojos se acostumbran por fin a la claridad, el brujo se da cuenta de que está rodeador de un mar de cabezas pelirrojas y no puede evitar sentirse un poco reconfortado.

Gracias a su presencia el dolor de su costado se vuelve un poco más llevadero.


N/A: como podéis ver por fin he actualizado esta historia. Cuando dije que no habría actualizaciones durante un tiempo nunca imaginé que fuera tanto. Sin embargo, jamás ha sido mi intención dejarla sin acabar. Me gustaría saber qué tal ha estado este pequeño acercamiento a la familia pelirroja más querida de Gran Bretaña. ¿Qué tal si me dejáis un review?