Todos los personajes y ambientes reconocibles son propiedad de JK Rowling y Warner Bros.

-- Capítulo 10: San Valentín 2 --

Remus y Megan paseaban de la mano por un pequeño claro en un bosque cercano a la casa de los gritos. Acababan de comer en un pequeño restaurante de Hogsmeade. Se habían escapado del colegio después del desayuno, para poder pasar el día a solas y sin interrupciones.

-Rem – le dijo Megan a su novio.

-¿Sí, cariño?

-¿Tú crees que estaremos juntos para siempre?

-¿A qué viene esa pregunta, Meg? – cuando Megan preguntaba era por algo.

-He estado pensando en lo que ocurrirá cuando salgamos de Hogwarts, y me he dado cuenta de que no tengo ni idea de lo que quieres hacer tú – los chicos se sentaron en un tronco caído.

-Pues… creo que me especializaré en Defensa contra las Artes Oscuras, quizá ser profesor o entrar en el Ministerio en la división de aurores.

-¿En serio? – la chica sonrió – ¿De verdad es eso lo que te gusta?

-Sí, ¿no te parece bien? – le preguntó Remus sin entender mucho a que venía la curiosidad.

-Es que es perfecto, porque yo quiero hacer cuidado de criaturas mágicas y ambas academias están en Londres.

-¿Criaturas mágicas? – Remus rió – Sí, te pega muchísimo – y le dio un beso pequeño en la frente a su novia – Recuerdo que en segundo curso la profesora McGonagal sacó de tu habitación un Neazle y tú dijiste que lo habías encontrado indefenso en el bosque.

-¡Y lo estaba! – Megan puso morritos, los neazles salvajes podían resultar realmente peligrosos aunque no fuesen grandes.

-Y dime, ¿las chicas saben también lo que quieren hacer?

-Pues la verdad es que sí – le explicó Megan – Dana quiere estudiar diseño en una academia muggle, Lily quiere estudiar medimagia y Katrina… yo diría que quiere ser auror, pero no porque ella lo haya dicho.

-¿En serio? – el chico pensó que a todas les pegaba bastante lo que habían elegido – Y cómo se toman los padres de Dana que quiera estudiar en una academia muggle?

-No lo saben, Dani tiene muchos problemas con sus padres. Ella y su hermano Alex apenas les hablan – Megan miró a Remus y cambiando de tema le preguntó – ¿Y ellos? ¿Ya saben también que es lo que van a hacer?

-James lo tiene clarísimo, lo suyo es el Quidditch, desde que entró en el equipo en segundo, nadie duda que es un muy buen jugador y que puede tener un gran futuro.

-¿Y Sirius? – Remus rió – ¿Qué es tan gracioso? – Megan estaba azorada.

-Sirius nunca nos había dicho nada sobre lo que querría ser o hacer de su vida tras el colegio, pero me parece que él y Katrina son más parecidos de lo que creemos – dijo el rubio sonriendo y tomó a su novia de la mano para seguir paseando.

Katrina acababa de entrar en su habitación con todo lo que habían abierto en la sala de los menesteres y en este momento, sostenía dos paquetes de regalo en sus manos; uno blanco y plata y otro violeta. Decidió abrir primero el de color violeta. Al abrirlo se encontró con un libro "Historia del Quidditch", la morena se rió, ese regalo tenía que ser de Elijah, era de lo único que habían hablado desde que se conocieran. Le echó un ojo y decidió que había sido una sorpresa, un acierto y un alivio. Entonces, cogió el otro regalo, ya mucho más tranquila, y lo abrió. Sus ojos descubrieron una fotografía hecha hacía ya muchos años. En ella salían Katrina y Sirius, estaban tirados en la hierba del jardín posterior de la casa de ella en Florencia. Se estaban dando la mano y sonreían. La foto estaba enmarcada en plata reforzada, igual que el comunicador que le había regalado por navidad. Decidió darle las gracias a Sirius por aquel regalo, tomó el comunicador y se metió en su cama corriendo los doseles y encendiendo la lámpara de la mesilla.

-Orion – susurró la morena, pensó que seguramente el chico no le contestaría por encontrarse con alguna de sus citas, pero para su sorpresa el comunicador le contestó a los 2 segundos.

-¿Stella? – dijo un despeinado Sirius.

-¡Vaya! No pensé que fuese a encontrarte, pensé que estarías con una de tus chicas – dijo ella sorprendida.

-Estaba echando una siesta – dijo el chico disculpándose.

-No habrá nadie ahí, ¿no?

-No, Kat, estoy sólo – dijo el chico un poco picado – ¿Te ocurre algo? – preguntó.

-Acabo de abrir tu regalo – a la chica se le escapó una sonrisa al pensar en la foto – Gracias, ya casi no me acordaba de aquello.

-Me alegro de que te haya gustado – dijo el chico sonriendo también – Y me alegro más de haberte recuperado – añadió poniéndose un poco más serio.

-Yo también – dijo la chica poniéndose totalmente colorada – ¿Por qué no estás con tu cita de San Valentín? – preguntó ella para desviar un poco el tema.

-No me apetecía salir con ninguna de esas chicas. ¿Y tú? ¿Por qué no estás tú con tu cita de San Valentín?

-Venga Sirius, ¿qué chico de Hogwarts me soporta aparte de ti?

-Pues tengo entendido que no te faltaron proposiciones…

Y los chicos pasaron hasta bien entrada la noche hablando solos, en la intimidad de sus espejos.

Tras el incidente con James, Lily salió corriendo pero no sabía a donde dirigirse. No quería responder a las preguntas de sus amigas, aún no. Pero, ¿qué hacer? ¿Dónde se iba a meter? Necesitaba pensar, pensar en… "¡Oh, Circe! ¡Había besado a James Potter! El muy arrogante, imbécil, estúpido, creído, simpático, dulce, amable, detallista… ¡No! ¡Lily! ¡Piensa en otra cosa!" Así estaba la pelirroja, intentado auto-convencerse de que estaba equivocada, cuando una lechuza se posó en su brazo. Se fijó en el sobre que traía en el pico, dentro había un trozo de papel verde. Severus quería verla en la sala de estudio vacía en la misma torre que el aula de adivinación.

-Hola Sev – dijo Lily sin muchos ánimos al ver a su amigo de pie pegado a la pared con las manos detrás.

-¡Hola Lily! – le respondió él un poco nervioso, entonces se fijó en la chica – ¿Te ha ocurrido algo?

-Más o menos – dijo ella sin muchas ganas de hablar – Dime, ¿para qué querías verme? – dijo ella en un tono más afable, para que su amigo no se sintiese incómodo ni tentado a seguir preguntando.

-Pues yo… quería darte algo… por San Valentín – dijo sacando sus manos de detrás y dándole una bolsita de terciopelo negro. Lily la abrió totalmente intrigada.

-¡Madre de todos los dioses! – fue lo que salió de la boca de la pelirroja – ¿Cómo lo has conseguido? – la chica sostenía entre sus manos una pequeña botella de cristal con Felix Felicis.

-Lo he hecho yo – el moreno se sentía pagado de sí mismo ante la reacción de su pelirroja favorita – ¿Te gusta? No sabía si sería un regalo adecuado.

-Sev, el regalo es increíble, aunque ilegal – comentó la chica mirándolo directamente.

-Parcialmente ilegal, mientras no lo uses en campeonatos o exámenes, no hay problema – dijo él sonriendo de lado. Entonces se fijó en el colgante que Lily lucía – Bonito colgante, no te lo había visto antes.

-S-sí, esto… me lo ha regalado alguien…

-Ha sido Potter, ¿verdad? – dijo Severus volviendo a su acostumbrada pose fría y oscura.

-Sí, ha sido Potter – dijo Lily recordando el beso.

-¡No me lo puedo creer! De repente deja de hacer bromas y ya se ha vuelto bueno, y tú has caído como una abeja en un tarro de miel – Severus estaba enfadado.

-¿Pero a qué viene eso? ¡Sólo somos amigos! ¡Además no sé porqué te tengo que dar explicaciones! – Lily se estaba cabreando – Es un buen chico, ya no va de mujeriego, ni hace bromas pesadas… ¡Ha cambiado!

-¡Y tú estás defendiéndolo! ¡Mírate! Has caído, como todas las demás… Sólo te falta entrar en su estúpido club de cabeza-huecas…

-¿Qué? – la chica no se podía creer lo que su amigo le estaba diciendo – Si eso es lo que piensas de mí, creo que he estado equivocada contigo todo este tiempo – y salió de la sala dejando a un chico que ya se estaba arrepintiendo de sus palabras.

Dana se había resignado a que todo lo que iba a conseguir ese día de su enamorado era un encuentro casual, así que con esto en la cabeza y sin dejar de toquetearse la pulsera que le había regalado Régulus, caminaba por los pasillos del primer piso.

-¡Hola princesa! – esa voz perforó los tímpanos de Dana, que empezó a buscar desesperadamente a algún ser por los alrededores.

-¿Qué quieres Mulciber? – dijo ella nerviosa, mientras miraba hacia los extremos del pasillo rezando para que pasase alguien y no quedarse sola con aquella serpiente babosa.

-Pues, te he estado buscando todo el día, - dijo él acercándose a la chica – ya sabes, para darte el regalo de San Valentín.

-¿Regalo de San Valentín? No tenías porque… - la chica intentó apartarse para que Mulciber no la acorralara contra la pared.

-Las princesas deben tener regalos de su enamorado – dijo el Slytherin cogiendo algo de su bolsillo, un pequeño paquete envuelto en papel rojo, se lo tendió a Dana que lo cogió con manos temblorosas.

-Gra… gracias – dijo ella cogiendo el regalo.

-¿No lo abres? – dijo el Slytherin mirándola con ansiedad – Vamos, ¡ábrelo!

-S-sí – Dana empezó a desenvolver con manos temblorosas el regalo, entonces Mulciber se fijo en la pulsera que llevaba.

-¿Y esa pulsera? ¿Te la ha regalado algún admirador?

- ¿La pulsera? – Dana sabía que era un regalo demasiado caro para cualquier chico del colegio, salvo que fuese un regalo en serio – No, es un regalo de mis padres, por mi último cumpleaños – dijo cautelosa – No uso ninguno de los regalos de San Valentín – terminó mirándolo a los ojos con un asco que no podía reprimir. Abrió el regalo, que resultó ser un anillo con forma de serpiente, muy elaborado y que parecía tener mucho tiempo, quizá una reliquia familiar. Dana supuso eso último – Mulciber, esto es… demasiado, tiene pinta de ser un recuerdo familiar demasiado caro. No puedo aceptarlo.

-¿No vas a aceptarlo? – la respuesta lo había pillado por sorpresa – Qué más da que sea una reliquia familiar, es un anillo, es un regalo, es mi regalo para ti. Tienes que aceptarlo – el semblante del chico se oscureció, su pose se tornó agresiva, estaba furioso – Debes aceptar el anillo – dijo temblando de rabia, pero manteniendo el tono bajo. Dana estaba atrapada, si lo aceptaba Mulciber iba a considerarlo como una promesa, un compromiso, no la iba a dejar en paz… Entonces, los pasos de una muy cabreada Lily irrumpieron en el pasillo.

-¿Dana? ¿Qué haces aquí con ese? – Lily olvidó su enfado por un momento y tomó cuenta de la situación: Dana atrapada contra la pared por Mulciber y con un anillo en la mano. Aquello no podía ser bueno – ¡Apártate de ella, serpiente!

-¿Por qué no te largas, sangre-sucia? – dijo Mulciber apartándose lo justo de Dana, sin dejar de arrinconarla – Estamos hablando – Lily sacó su varita de la chaqueta y apuntó con ella al chico.

-Apártate ya de ella – dijo muy despacio.

-Siempre tienes que venir a estropear los mejores momentos – dijo él sabiendo que tenía las de perder si se enfrentaba a Lily. Se separó de Dana, que quedó libre y sacó también su varita – Oh, princesa, veo que no te ha gustado mi regalo, quizá debiera guardarlo para más adelante – la miró sin perder la pose arrogante – Para cuando entiendas que tu futuro y el mío son el mismo – terminó casi susurrando. Cogió el anillo y salió de allí andando, despacio, como si viniese de pasear.

-¿Cómo te ha encontrado sola? – le dijo Lily a una temblorosa Dana, mientras la abrazaba para tranquilizarla.

-Debe haber estado siguiéndome toda la tarde, ni me he dado cuenta – Dana aún tenía las palabras del chico rebotándole por la cabeza.

-Es un enfermo – soltó Lily encaminándose con Dana hacia Gryffindor.

Las chicas llegaron a la sala común y la pelirroja, al ver a James sentado en uno de los sillones hablando con algunos chicos del equipo de Quidditch, subió como alma que lleva el diablo hacia su habitación.

-Lils, casi me arrancas el brazo – Dana se frotaba la muñeca dolorida – ¿Se puede saber qué te pasó cuando entramos en la sala común?

-Nada, ¿qué me iba a pasar? – la pelirroja no sabía si debía contarles a sus amigas lo que había pasado con James. Decidió que no era el mejor momento y que estaba demasiado nerviosa como para aguantar bromas o reproches de sus amigas – Oye, estoy un poco cansada, me voy a meter en cama que ya es tarde.

-Pero Lily, ¿y la cena? ¿Me vas a dejar cenando sola? – justo en ese momento entró una sonriente y enamorada Megan con un peluche enorme con forma de oso entre los brazos.

-Mira, ya tienes con quien bajar a cenar – señaló Lily a Megan, mientras la castaña intentaba acomodar a su enorme peluche en un rincón de la habitación.

-¿Se puede saber qué es eso? – preguntó Katrina saliendo de detrás del dosel de su cama – ¿Y por qué ocupa la mitad de nuestra habitación?

-Me lo ha regalado Remus – contestó la dueña del oso – ¿No es precioso?

-Podía haberte regalado algo más pequeño o, ¿acaso Remus es de los de "dime de qué presumes y te diré de qué careces"? – le dijo mordaz Katrina.

-¡Kat! – Megan se había puesto granate de la vergüenza – Yo… no… yo…

-Tranquila Meg, - le dijo Lily fulminando a Katrina y también a Dana que se estaba riendo a carcajada limpia – Kat tiene el día simpático hoy. Y dime Kat, ¿qué tal los regalos que no nos quisiste enseñar?

-¿Cómo…? – Katrina se había quedado callada de repente – ¿Los viste?

-Cuando salimos de la sala de los menesteres guardaste dos regalos aparte – le contestó la pelirroja mirándola arrogante – Será porque son un poco… ¿comprometedores?

-No, pensé que lo iban a ser más – dijo la morena – están en la mesilla, puedes cogerlos si quieres – los señaló – Perdona Meg, sólo era una broma, es que el peluche es muy grande, no pretendía meterme con la virilidad de Remus – entonces las cuatro chicas se echaron a reír a carcajada limpia.

-No te preocupes Kat, la verdad es que no tengo ni idea de cómo es la virilidad de Remus – Megan se volvió a poner granate.

-Kat, ¿éste es Sirius? ¿Cuándo fue esto? – preguntó Dana sosteniendo la foto.

-Sí, somos Sirius y yo en mi casa en Florencia. Fue hace unos cuantos años, aún siquiera habíamos entrado en Hogwarts, creo que teníamos 9 años – le explicó la de ojos violetas mientras se hacía una coleta para bajar a cenar.

-¿Nos vamos a cenar? – preguntó Megan tras examinar la foto con Dana.

-Yo no bajo, id vosotras – dijo Lily.

-¿Por qué no bajas? ¿Te encuentras mal? – preguntó Katrina.

-No, sólo un poco cansada – y tras decirles adiós a sus amigas, Lily se metió en la ducha e intentó por todos los medios no pensar en cierto moreno de ojos avellana y perfectos labios.

Las demás chicas bajaron a cenar y en medio del camino se encontraron con los chicos. Sirius cogió a Katrina del brazo y la apartó un poco, como si casualmente los otros los hubiesen adelantado andando.

-¿Qué ocurre Sirius?

-Tengo algo que preguntarte – Sirius hablaba bajo y mirando a los lados por si se acercaba alguien y los oía.

-¿Te ha pasado algo? – Katrina estaba empezando a preocuparse. Además se dio cuenta de que James no les quitaba ojo.

-No es a mí, es a James y no es necesariamente malo – dijo esto último riendo.

-Vale, ahora sí que no entiendo nada.

-Quiere saber qué ha dicho Lily de lo que pasó en el campo de quidditch – le explicó Sirius.

-¿Cómo? – Katrina empezaba a mosquearse – Sirius, explícame ya de qué estás hablando.

-James y Lily se besaron en el campo de quidditch – al ver la cara de Katrina, Sirius continuó – y James no la tuvo que embrujar ni hechizar ni amenazar ni nada de nada.

-Sirius, ¿estás seguro de lo que dices?

-No creo que James fuese a mentirme y menos con algo así, el pobre se debate entre saltar de la alegría y gritarlo a los cuatro vientos o pensar que estaba durmiendo y que su imaginación le ha gastado una mala pasada, pero después de pellizcarlo 10 veces creo que le ha quedado claro que no estaba dormido.

-Lily y él… se han… - Katrina no sabía qué decir, ni que pensar, sólo podía hacer una cosa – Oye, Sirius, voy a subir a la habitación.

-¿Y la cena? – Katrina nunca se saltaba una comida.

-Ya comeré algo después – y salió escaleras arriba corriendo entre la marea de gente que bajaba a cenar.

Llegó a la habitación en poco más de 2 minutos y al entrar se encontró a Lily con un álbum de fotos en la mano. La pelirroja se quedó sorprendida al verla entrar y cerró el álbum de un golpe.

-Kat, ¿qué haces aquí?

-Es que se me ha ido el hambre de repente – le dijo la morena a su amiga, mientras la examinaba muy detenidamente con la mirada – Por cierto, antes no te he preguntado por tu día, ¿qué tal tu San Valentín?

-Mi San… yo… estuve con Dana y…

-¿Y encontraste a James? – la pelirroja se puso pálida – Digo, ¿no tenías que darle las gracias por el colgante?

-Sí, sí que lo encontré… - Lily no podía más, Kat la estaba acorralando – Lo sabes, ¿verdad? – bajó la cabeza avergonzada.

-Me lo acaba de decir Sirius, James quería saber cómo estabas – Katrina tenía un tono frío – ¿Sabes? Potter no es santo de mi devoción, pero me gustaría que si te ocurren cosas como esta me las contases, y seguro que Dana y Megan pensarían lo mismo.

-Pero es que fue una tontería –replicó Lily.

-Ya, y por eso estabas mirando las fotos de primer y segundo curso y por eso no bajas a cenar y por eso te miras las manos en vez de mirarme a los ojos, claro, no fue nada de nada…

-Vale Kat, tienes razón, estoy nerviosa, me pone nerviosa. Este año parece otra persona distinta, parece como si hubiese…

-Madurado, sí, no es el único – dijo Katrina pensando en cierto moreno – lo que no entiendo es, si te gusta, ¿por qué no se lo dices?

-No lo sé – dijo la pelirroja enroscando los dedos entre su melena – No sé que quiero. Tengo miedo de que vuelva a portarse como un imbécil.

-No creo que vuelva a portarse como un capullo, además, si no arriesgas no ganas.

-¿Quién eres tú y que has hecho con Kat? – dijo Lily asustada por la reacción de su amiga.

-Lily, soy una chica, exactamente igual que tú, y tengo ojos en la cara y sé que llevas tiempo dándole vueltas y que lo del beso ha sido el resultado de todo eso – Katrina sonrió al ver la cara de la pelirroja.

-Me tienes calada – dijo ella sonriendo también – ¿Tú que crees que…?

-Yo creo que deberías hablar con él – la cortó Katrina – ¿Qué tal si bajamos a cenar? Me muero de hambre – entonces se oyó a alguien llamar a la puerta – ¿Sirius? ¿Qué haces aquí?

-Servicio a domicilio – dijo el moreno, cargando un par de bandejas con comida.

-Gracias Sirius – le contestó Lily, mientras Katrina cogía las bandejas sonriendo a su amigo.

-¿Nos acompañas? – le preguntó la morena.

-No puedo, tengo que ir a vigilar a James – soltó Sirius riendo.

-¿A vigilarlo? ¿Por qué? – preguntó Lily asustada.

-Porque lo has dejado tan atontado que cuando llegamos al comedor casi se sienta en la mesa de Slytherin – dijo Sirius mirando a la pelirroja sonriendo, Lily se puso del color de los tomates maduros - Vamos pelirroja, no te avergüences – le dijo Sirius dándole un toque amistoso en el hombro – si a mí me hace ilusión y todo, jejeje - El moreno salió de allí dejando a Lily totalmente colorada y a Katrina tirada por el suelo riendo a carcajada limpia.

-No me ha hecho gracia, Kat – le reprochó Lily a su amiga mientras empezaba a comer un poco de macedonia de frutas.

-A mí sí, y lo mejor ha sido lo de la mesa de Slytherin, pobre James, jajajaja.

-Tengo que hablar con Dana y Meg, sería bueno contárselo antes de que James haga algo que lo deje todavía más en evidencia.

-Estaría bien, sobre todo porque el cabreo puede ser monumental si se entera alguien más del colegio antes que Dana – Katrina hizo un gesto como si se estuviese cortando el cuello con un dedo.

-Cierto – corroboró Lily – Cuando suban de cenar se lo digo.

-También deberías hablar con otra persona – dijo Katrina un poco más seria.

-¿Con quién…? ¡Ah! – Lily sabía de quién hablaba Katrina – A él ya no le importa lo que hago o lo que dejo de hacer.

-Aunque me gustaría que así fuese, porque Snape me da dentera, debo decirte que no me lo creo, y que aunque os hubieseis enfadado, que es lo que parece, él sigue siendo tu amigo. Así que me parece que debes hablar con él y decirle lo que ocurre – Lily se encogió de hombros, los chicos le estaban dando demasiados dolores de cabeza.

Hola preciosas personas!!! Estoy supercontenta porque he recibido notificación de que algunas lectoras han hecho de mi historia una de sus favoritas, lo cual quiere decir que la han leído y les ha gustado… Ha sido un gran aliciente que me ha animado a subir antes de tiempo otro capítulo. Espero que os haya gustado!

Miles de besos y abrazos!

Nena-chan xD