Agosto 1 de 1870.

Aunque no puedo afirmar que soy doncella, me vistieron de blanco por orden de Chikage –no hemos hecho nada malo, como para que alguien se atreva a poner en duda tu virtud, siempre has estado conmigo y nunca he faltado a esa promesa de protegerte, así que, vístete de blanco para mí, no necesitas la aprobación de nadie más!- tenía algo de razón, no hemos hecho nada malo. Hoy me levanté justo al despuntar el alba, debía bañarme y perfumarme –eso lo decidí yo, no voy a casarme oliendo a cerdo ni mucho menos- la noche anterior había preparado el maquillaje y los adornos para peinarme en la mañana; sin embargo, las criadas habían recogido todo y puesto nuevos adornos. Yo los quería sencillos. Como me lo suponía –órdenes del amo- orfebrería pulidísima, flores de rubíes con bordes de oro, hechos por un reconocido orfebre holandés que había venido a Japón hacía 2 años para trabajar para la emperatriz. Kazama-san y sus conexiones pensé, no obstante fue un regalo de la mismísima Osen-chan quien me había enviado las flores y otros aditamentos para la ceremonia nupcial y un baúl lleno de kimonos de una seda costosísima ya que tenía diseños intrincados y bien elaborados que a la vez se veía pulcro y elegantes sin chillar con la extravagancia.

Salí del baño corriendo para que mi esposo no me viera. Digo esposo porque ya lo consideraba así. Desde hacía una semana estábamos durmiendo en cuartos separados para darle emoción a la ceremonia y para que nuestra luna de miel fuera mucho mejor que el año que estuve compartiendo lecho con él, ja le hizo gracia cuando se lo propuse, pero a la noche siguiente ya tenía síndrome de abstinencia, fue muy chistoso escucharlo llorar en la puerta para que lo dejara entrar, nuestra dieta sexual por así decirlo ha consistido únicamente de besos casos y abrazos de osos.

Al entrar a mi habitación encontré a tres criadas organizándolo todo para poderme vestir ¡y ahí vamos! Una labor titánica, me miraban de mal humor porque tenía el cabello mojado, como quien dice y a qué hora lo vamos secar. Me enrede la toalla en forma de turbante mientras que me ponía la ropa interior "blanca", luego el kimono blanco, necesitaba de todas ellas para que quedara perfecto, sin arrugas y bien atado.

El cabello. El meollo del asunto. Qué hacer con él; ya había metido la pata lavándolo, aunque no podía negar que olía a lavanda y eso las tranquilizó mucho. Empezaron a desenredarlo de abajo hacia arriba para no jalarme el cuero cabelludo, hay que decirlo, lo duro seguía después. Un peinado parecido al melocotón de las maiko, luego el tocado y por ultimo las flores que regalo Osen-chan.

El maquillaje, sencillo. Me trajo una nostalgia potente que me hizo llorar por un momento. Las criadas se miraban desconcertadas, no sabían que decir. Respiré hondo y con un pañito me seque las lágrimas. Eran las 10 de la mañana cuando Salí de la habitación completamente transformada en una Yamato Nadesico con la capucha del vestido puesta. Un fotógrafo me esperaba con Kazama-san en el salón principal.

Estaban todas las puertas abiertas para que entrara la luz y que la foto quedase perfecta a pesar de ser a blanco y negro. El fotógrafo había prometido retocar las sombras si fuese necesario. En mitad del salón había una silla pequeña sin espaldar para que yo me sentara y Chikage estaría de pie a mi derecha. Chikage estaba vestido con el kimono negro, la falda-pantalón blanca y el saco negro, con los prendedores que simbolizan la casa Kazama y los pompones en la cintura que simbolizan su estatus, se veía muy atractivo, casi comible en el salón, llevaba en su mano derecha un abanico como símbolo de una sexualidad plena. Luego de las fotografías nos dirigimos a la pagoda de la villa. Allí se celebraría el rito nupcial shinto. El sacerdote nos recibió de buen agrado, hablando de los logros de mi esposo y lo afortunada que era por ser su esposa. Debo ser clara en esto, Japón es un país machista, como mujeres debemos hacernos valer por lo que somos haciendo feliz a ese maravilloso hombre que decidió compartir su vida con nosotras. "donde hay un hombre, las mujeres no deben sufrir y ellos deben recibir cariño y amor por nuestra parte, son personas. Esa es nuestra labor"

Tomamos sake según la tradición, después de eso estábamos casados oficialmente. Ya no me llamaba Yukimura Chizuru, ahora me llamo Kazama Chizuru.

Treinta y dos semanas después nació mi hija Himawari un 24 de Abril de 1871. Es morena como yo de ojos escarlata como los de su papá. Es el amor de nuestras vidas, nunca me hubiera imaginado que Chikage se volvería un bobo en compañía de su hija.

Fin.