La poción
Shizuru no se lo podía creer. Ella había pensado que se casaría con su Natsuki, y que sería muy feliz. El problema era que hasta el castillo del rey Reito habían venido sus padres, muy ilusionados ellos, y todo el mundo esperaba de ella que se casara con él. Estaba muy enfadada con Natsuki por haberle engañado. Puesto que todo estaba prácticamente hecho, decidió vengarse de la peliazul.
- Dime, Mai. ¿Dónde está la poción de muerte que siempre llevas contigo? – Quiso saber Shizuru.
- Con mis cosas. En una botellita, ¿por qué? – Respondió Mai, que no sabía de las intenciones de Shizuru.
- Porque prefiero la muerte a casarme con el rey.- Dijo Shizuru con determinación.
- ¡No puedes hacer eso! ¡Seguro que hay alguna solución!
- ¡No! ¡Lo tengo decidido! ¡Tomaré tu poción y se la daré a Natsuki para que beba, y yo me beberé la mitad con ella!
- Shizuru... entiendo que estés disgustada, pero creo que no estás pensando bien las cosas... – Mai no quería que hiciera tal locura.
- ¡Lo haré! ¡Dame la poción!
- ¡De eso nada! ¡Jamás te la daré!
Entonces Shizuru lanzó un hechizo sobre Mai para que le diera la poción. Shizuru tenía el poder de hacer que los demás hicieran lo que ella quisiera, pero raramente lo utilizaba, ya que no le parecía ético. Mai, por su parte, había conseguido ser inmune a ese hechizo. Le pidió a la Dama del Lago protección, ya que Shizuru tendía a "delegar" demasiado cuando no le gustaba lo que tenía que hacer durante su aprendizaje en Avalon. De todos modos, Mai hizo como que era controlada por Shizuru, y le dio otra poción que no fuera mortal.
- ¡Ahora, llama a Natsuki! – Ordenó Shizuru.
Mai obedeció diligentemente. Encontró al caballero en el jardín, donde estaba hablando tranquilamente con Sir Haruka, a la que le estaba contando su aventura detalladamente.
- Y entonces nos enfrentamos con el peor de los peligros: el Carcelero... – iba diciendo Natsuki.
- Ejem... Sir Natsuki... – interrumpió Mai.
- ¿Sí, Lady Mai? – Respondió Natsuki.
- Veréis... Lady Shizuru quiere daros las gracias personalmente por haberla traído hasta el castillo para la boda... – empezó a decir Mai.
- Claro, claro. Ahora mismo voy. – Dijo Natsuki, dejando a Sir Haruka a medias de la historia. Sir Haruka estaba muy contenta por haber sido la mentora de tan gran caballero, que había demostrado tantas agallas.
Mai la condujo hasta donde estaba Shizuru, la cual estaba impaciente.
- Por favor, Mai, déjanos a solas. – Pidió Shizuru.
- Por supuesto, Shizuru. – Mai se retiró discretamente.
- Bueno... – comenzó a decir la castaña – me parece que aún no os he dado las gracias por traerme aquí para la boda...
- No hay de qué. – Natsuki sonrió, sin saber la que se le venía encima. – Siento el malentendido... – empezó a disculparse.
- Oh, no os preocupéis. Mirad, como señal de buena voluntad, beberemos ambos de esta copa. – Le dijo señalando la copa que había llenado con la poción de Mai.
- Claro, claro. Será un honor.
Primero bebió Natsuki, toda feliz porque, al parecer, Lady Shizuru la había perdonado. Luego bebió Shizuru, pensando que lo mejor que podía hacer era morirse, pues se había enamorado de Natsuki y estaba prometida a un hombre por equivocación. Entre ambas apuraron la copa. Natsuki miraba fijamente a Shizuru, esperando que la dama dijera algo. Por su parte, Shizuru esperaba que la poción hiciera efecto.
Las dos se miraban atentamente. De pronto, Natsuki sintió un calor incontrolable. Se puso colorada, porque de repente le entraron unas ganas irrefrenables de besar a la dama. Shizuru, por su parte, se dio cuenta de que la poción no era la de muerte, sino la de amor. Sin embargo, el deseo que sintió hacia la peliazul nubló todo pensamiento en contra de Mai, a la cual regañaría después.
- Shizuru... – musitó Natsuki.
- Natsuki... – respondió Shizuru.
La castaña se acercó lentamente, y besó a la caballero. El primer instinto de Natsuki era separarse, pero la poción ya surtía efecto, y se dejó llevar por los labios cálidos de Lady Shizuru. Después de lo que pareció una eternidad, se separaron. Se volvieron a mirar a los ojos y se abrazaron, como si sus vidas dependieran de ello.
Por la cabeza de Natsuki aparecían pensamientos racionales, que le aconsejaban separarse inmediatamente. Desde luego, no había actuado de forma apropiada al besar y abrazar a Lady Shizuru. Por otro lado, había una fuerza invisible que la empujaba a estar con la dama.
Por su parte, Shizuru se daba cuenta de que ambas estaban bajo el influjo de la poción. Sabía que la poción de amor sólo era efectiva cuando ambas partes albergaban algún sentimiento hacia la otra persona. La poción lo que hacía era intensificar dichos sentimientos de forma que fueran irrefrenables. Esto la hacía feliz, pues sabía a ciencia cierta que Natsuki sentía algo por ella, aunque estuviera bien oculto dentro de su dura cabeza. En cierto modo agradecía a Mai que le hubiera dado esa poción y no otra. Sin embargo, existían algunos problemas. Todo el mundo esperaba que se casara con el rey Reito, incluidos sus padres. Además, aunque la mayoría de la gente no lo sabía, Natsuki era una mujer. Su relación jamás podría ser totalmente abierta con el resto del mundo.
Natsuki también pensaba en este último hecho. Cuando Lady Shizuru se enterara de que no era un hombre, seguramente la rechazaría, algo que, en estos momentos, le parecía el peor de los males que podían ocurrirle en este mundo.
- Tenemos que hablar. – Dijo Shizuru en un susurro, separándose un poco de Natsuki.
Natsuki asintió, mirándola fijamente.
Una sombra se deslizó, muy satisfecha de lo que había visto. Corrió inmediatamente a contárselo todo al rey. Desde que Natsuki había hecho su aparición en la corte, y después de sus grandes logros, había alguien que se sentía muy celoso por el trato preferente que le daba el rey a la peliazul. Éste era Sir Nagi de Artai, el cual era uno de los principales consejeros del rey. Sin duda, las nuevas noticias de traición del caballero más querido por el rey harían que Reito expulsara a Natsuki de la corte. Nagi quería, ante todo, humillar al caballero que tantas hazañas había realizado, y al que todo el mundo parecía querer.
Afortunadamente, Nagi no se quedó para oír la conversación que Natsuki y Shizuru estaban teniendo. Había sido tal su excitación al ver el beso de ambas, que no pudo contenerse de ir inmediatamente a decírselo al rey.
- Verás... mi Natsuki... tenemos un problema... se supone que me tengo que casar con el rey Reito, y tú y yo no deberíamos habernos besado, ni albergar ningún sentimiento la una por la otra...
Natsuki se puso toda colorada por lo del beso. Su mente no había registrado aún que Shizuru le había hablado como si fuera mujer.
- Además, ambas somos mujeres...
Natsuki abrió mucho los ojos, sorprendida.
- ¿C-cómo lo sabes? – Quiso saber la peliazul.
- Bueno... ¿recuerdas cuando te quedaste dormida en Avalon?
- Sí.
- Pues... ejem... – éste era el turno de ponerse colorada Shizuru.- Etto... vimos tus calcetines por casualidad...
Natsuki se quedó sin habla. Además, no podía estar más roja. Toda la sangre se le fue a las mejillas, y Shizuru pensó que la peliazul podría tener algún problema de riego en las demás partes de su cuerpo.
- Kanin na, Natsuki... – se disculpó la castaña.
- Y si sabías que era una mujer, ¿por qué querías casarte conmigo? – Natsuki no sabía qué pensar.
- Pues porque me gustan las mujeres, fufufu... – Shizuru dijo coquetamente, acercándose para besar a la caballero.
- ¡Sh-Shizuru! – Natsuki se apartó.
- Bueno, a ti también te gusto yo... no es nada malo, Nat-su-ki. – Shizuru volvió a la carga.
Natsuki se puso toda colorada de nuevo. Pero de pronto la asaltaron pensamientos más prácticos.
- ¿Y qué vamos a hacer? Te casarás con Reito... además, no puedo traicionarlo más... soy su mejor caballero... – Natsuki estaba apenada por tener que traicionar a su rey.
- Ya... tendremos que idear la manera de que Reito y yo no nos casemos. De ninguna manera quiero casarme con él.
- Ya, pero...
-¡No te preocupes! Ya se me ocurrirá algo... por ahora... ¿por qué no me das otro besito? – Shizuru se había vuelto adicta a los besos de Natsuki enseguida.
- No sé... – aunque la poción seguía haciendo efecto, Natsuki era consciente de que no era una conducta adecuada.
- Nat-su-ki... – Shizuru se abalanzó sobre ella, ante lo cual la peliazul no pudo hacer nada.
Ambas estaban besándose apasionadamente cuando Mai entró para avisarlas de que el rey llegaba corriendo para hablar con ellas. Estaban tan absorbidas por el deseo que Mai tuvo que echarles un cubo de agua por la cabeza.
- ¡Ah! ¿Pero qué haces, Mai? – Shizuru estaba muy disgustada con su amiga por la interrupción.
- ¡Rápido! ¡Viene el rey Reito! – Dijo Mai apresuradamente. Nada más decirlo, el rey apareció en escena, con Nagi detrás, además de todos los caballeros de la tabla redonda.
- ¡Natsuki! – Dijo el rey con tono autoritario. - ¡Tengo que hablar contigo!
- ¡S-sí, señor! –contestó Natsuki marcialmente.
- Será mejor, que nos vayamos... – Mai cogió a Shizuru de la mano.
- ¡No! ¡También quiero que Shizuru se quede! ¡Lo que vamos a discutir también le concierne!
Natsuki estaba muy nerviosa. ¿Qué querría decirle el rey tan de repente? ¿Acaso ya sabía que amaba a Shizuru, su futura esposa, o que había descubierto que era una mujer y, por lo tanto, no podía ser caballero? Shizuru, por su parte, se hacía las mismas preguntas. ¿Acaso su amor debería morir tan pronto como había empezado?
NA: Gracias por seguir leyendo... ¡y por los comentarios!
