Y volví a quedarme dormido… otra vez
Me bamboleé por el reino de la inconsciencia como un poni hecho de gelatina en mitad de un terremoto. Caminaba de forma inestable a través de un maravilloso mundo de nubes, colorines y sutiles formas cambiantes.
No sé lo que me había inyectado el doctor, ¡pero era algo fuerte, desde luego!
—Parece un soporífero —dijo un humano con pinta desaliñada, que caminaba cojeando con ayuda de un bastón—. Posiblemente alguna especie de opiáceo.
—Eh… —dije—. No tengo ni idea de lo que significa eso.
—Pfff —dijo con irritación—. Como si eso me importara.
Se alejó y bajó poco a poco por una colina con forma de gominola hasta que su cabeza desapareció de mi vista.
—Flipante —dije.
—Ya te digo —dijo una gata desde la rama de un brillante árbol.
Suspiré. Estas chifladuras ya eran demasiado para mi gusto.
—Deja de hablar —le dije a la gata—. Los gatos no hablan.
—Los ponis tampoco —señaló.
Bueno, tenía que admitir que ahí me había pillado.
—Esta bién, gata. ¿Que está pasando aquí?
—No gran cosa. Estás teniendo un sueño extraño después de ser drogado por… ¿Cómo se llamaba? Espera un momento…
La gata sacó una nota de la nada, junto a un pequeño par de gafas para leer.
—¿Asqueroso doctor trolero? —dijo ella.
—Sip, así se llama —dije yo—. Es un patán. No deja de clavarme agujas en el trasero. ¡Y yo no soy un alfiletero!
—En realidad tampoco eres un poni —dijo—. Será mejor que eso lo tengas claro.
—Eso intento, nena —dije mientras empezaba a andar camino abajo otra vez—. Eso intento.
Parpadeé, y cuando abrí los ojos, estaba sobre una especie de barco de madera. La gata estaba sentada sobre una especie de pasamanos, y la nave se bamboleaba lentamente arriba y abajo. Aquello me confundió bastante.
—Agh, odio el océano —refunfuñé—. Todo lo que hay en él quiere envenenarte, comerte, o infectarte de algún modo.
—No te tires al agua, pues —dijo la gata, para después empezar a lamerse sus partes íntimas. Me di la vuelta para darle algo de privacidad, aunque a ella parecía darle lo mismo.
La puerta del camarote del capitán se abrió de golpe y una mancha color menta pasó por mi lado.
—¡Toda la tripulación a cubierta! —vociferó la capitana Lyra, terror de los Siete Mares.
—Claro, no te tires al agua —murmuré, ignorando a la capitana por ahora—. Tan solo nos rodea por todos lados, no hay problema.
—¡Arrr! ¡Basta de cháchara! —Me ladró la capitana Lyra, mirándome fijamente bajo su gorro pirata emplumado, el cual le venía ridículamente grande. La enorme pluma blanca se agitaba peligrosamente delante de mi nariz, así que di un paso atrás de forma instintiva.
—¡Lo siento, capitana! —grité—. ¡Tal solo estaba hablando con esa gata!
—¡Arrrr! ¿Estás loca, grumetilla? ¡Ahí no hay ninguna gata!
Me giré y, efectivamente, la gata no estaba.
—Me lo tenía que haber imaginado —suspiré.
—¡Arrr! ¡No quiero a ningún pirado dentro de mi barco pirata! —rugió la capitana—. ¡Como sigas hablando con gatos fantasmas, voy a ponerte en un bote a la deriva!
Tanto "¡Arrr!" me estaba poniendo de los nervios, pero pensé que sería mejor no mencionarlo.
—¡Sí, mi capitana!
—¡Barco a la vista! —vociferó la grumete Bon Bon.
Todo el mundo (es decir, la capitana, Bon Bon y yo) empezó a dar vueltas por la cubierta como pollos sin cabeza mientras nos aproximábamos a la otra nave, que estaba repleta de ponis que nos observaban con terror.
—¡Arrr! ¡Enseñadles a esos marineros de agua dulce el poderío de los Piratas de la Mano Escarlata! —ladró la capitana Lyra—. ¡Rápido! ¡Id a vuestros puestos y enseñadles el aterrador rugido de nuestro cañón!
—¡Sí, mi capitana! —grité mientras le hacía un saludo, y me preparaba para disparar el cañón.
Estaba seguro de que el cañón no dispararía nada más que confeti y serpentinas sobre los pobres ponis que estaban en la otra nave. De hecho, estaba tan seguro, que antes de abrir fuego logré convencerme de que era imposible de que disparara otra cosa porque así era como funcionaba el mundo.
Así que, cuando el cañón abrió fuego y los artículos de fiesta volaron sobre el barco de las víctimas, la capitana Lyra se mostró ligeramente más sorprendida que yo... y muchísimo más cabreada.
—¡¿Qué. Ha sido. Eso?! —gruñó mientras avanzaba hacia mí.
—Em… ¿un cañon de fiestas?
—¡El cañón de fiestas es canon! —trinó Bon Bon.
—¡Arrrrgh! ¡Fuera de mi barco! —gritó Lyra mientras me empujaba por la borda con una coz.
Estupendo, ahora me convertiré en el banquete de algún tiburón. Cerré los ojos ante la expectativa, pero el mordisco nunca llegó.
Abrí lentamente los ojos. Me sentía mareado, atontado y, cosa rara, como si todavía estuviera balanceándome sobre el barco. La vista que había ante mí no tenía ningún sentido, pues estaba mirando un trozo de cielo que apenas se vislumbraba entre las copas de los árboles. Dichos árboles se movían con lentitud a mi lado, dando la impresión de que estaba moviéndome adelante mientras estaba tumbado sobre mi espalda.
No pasó nada raro durante un tiempo, aunque no era lo que esperaba. Me quedé ahí quieto, aceptando tranquilamente que en cualquier momento iba a suceder algo extraño. Entonces, de repente, algo amarillo y peludo apareció ante mis ojos, primero por un lado, luego por el otro.
Un subidón de adrenalina invadió mi cuerpo mientras trataba de imaginar qué podría ser esa criatura. ¿Una araña amarilla gigante? ¿Algún lobo hambriento y feroz? ¡No tenía ni idea!
Así que, gritando a pleno pulmón, traté de levantarme y tropecé con la improvisada litera hecha con dos ramas y un trozo de tela sujeto entre ellas sobre la cual me estaban portando, y choqué directamente con algo cálido y rizado.
—¡¿Qué diantres?! —gritó una alarmada Applejack mientras yo extraía mi cara de la… zona de su cola.
Empecé a percatarme de que todo aquello era real. También me di cuenta de que, preso del pánico, había reaccionado de forma exagerada ante la cola rubia de AJ, que se estaba balanceando sobre mi cara mientras arrastraba mi inconsciente cuerpo a través de la senda del bosque.
Me miró de espaldas, completamente indignada, pero tampoco podía culparla. Y no, no huele a manzanas.
—Em, lo siento, Applejack —dije—. Estaba un poco desorientado y me asusté.
Applejack me miró con el ceño fruncido mientras yo seguía allí, balanceándome por el mareo mientras la adrenalina empezaba a desaparecer. Después dio un bufido y se deshizo de la litera (que ahora estaba rota) con una coz.
Rainbow Dash, que estaba a mi espalda, debió de haberlo visto todo. O eso, o estaba teniendo un ataque de risa porque sí. Miré atrás y, para mi sorpresa, también estaba tirando de una litera, sobre la cual estaba…
—¡Es el asqueroso doctor trolero! —grité mientras señalaba con un casco—. ¡Cuidado, está detrás de ti!
Dash me miró con incredulidad, dio un resoplido, y empezó otra vez con las carcajadas, aunque esta vez cayendo al suelo, rodando por él, y dando patadas al aire.
Mi cara se sonrojó. Por lo que parecía, había dicho algo estúpido. Miré a mi alrededor para tratar de orientarme un poco. Además de AJ, la cual estaba ocupada en aquel momento sonrojándose y frunciéndole el entrecejo a un árbol, también estaba Twilight, que estaba más adelante en el camino y nos miraba a las tres con rostro de impaciencia.
Rarity estaba al lado de Twilight, que trataba pobremente de disimular una sonrisa, y al lado de Rarity había algo bastante peculiar.
—Em… ¿De dónde ha salido esa potrilla? —pregunté mientras señalaba a la pequeña y adorable poni. Su pelaje era de un tono rosado, y su crin rubia estaba replegada en dos coletas con un par de lazos rojos. En su cola rubia también tenía atada un lazo bien grande y hermoso.
La pequeña potrilla me dirigió la mirada más irascible que jamás había visto en un poni.
—Como le cuentes esto a alguien, juro que te arranco las tripas —dijo con una reconocible y profunda voz.
Me quedé mirándola por unos segundos antes de unirme a Dashie en el suelo con sus carcajadas, ¡hasta el punto que mis costillas empezaron a dolerme! ¡Oh, gracias, poison joke! ¡Flutterguy a la inversa! ¡Va a ser un clásico instantáneo!
La potrilla de voz grave me lanzaba rayos de puro odio a través de sus ojos mientras yo reía hasta casi quedar inconsciente. Finalmente me recuperé lo suficiente como para ponerme sobre mis cascos.
—¿Dónde está el otro? —jadeé, todavía débil por los efectos de los sedantes y de la hilaridad.
—Em. Está aquí —dijo una voz detrás de mí. Me di la vuelta y vi a Fluttershy, aparentemente sola. La pegaso giró la cabeza hacia un lugar vacío y dijo—: ¿Puedes ponerte de lado, por favor? Si no es mucha molestia…
Un poni apareció de la nada, haciéndome dar un salto de sorpresa.
—¿Qué…? ¿Cómo…?
—Es bidimensional —dijo Twilight, poniéndose a mi lado.
—Lo sé —dije—. Pero tampoco esperarás que detalle de forma exhaustiva a todos los… ¡AH! ¡Te refieres a que es literalmente bidimensional!
La verdad es que era algo bastante chulo. De lado parecía completamente normal, pero era ponerse de frente y… ¡Puf! ¡Ya no estaba! ¡Era realmente extraño!
Bueno, sabía cómo había afectado la poison joke a dos de ellos. Ya era hora de averiguar lo que le había hecho al doctor trolero.
—¿Y qué le ha pasado al doctor? —le pregunté a Rainbow Dash.
—Observa —dijo la pegaso. Inclinó la cabeza hasta que su hocico casi rozaba la oreja del doctor. Tomó aliento con fuerza y gritó—: ¡Despierta!
El doctor soltó un gruñido y agitó sus cuatro patas. Parpadeó en confusión durante un par de segundos y empezó a hacer un ademán de levantarse.
—Habéis cometido el peor error que os podáis imaginar —gruñó mientras se le iluminaban los ojos—. Cuando acabemos con…
—Duerme —dijo Rainbow Dash, y los ojos del doctor se giraron sobre sus cuencas mientras se desplomaba sobre la litera que arrastraba la pegaso.
—¡Eso… mola muchísimo! —chillé.
Me dirigí hasta un lado de la litera.
—¡Despierta! —grité.
—¡Habéis cometido un…!
—¡Duerme!
*Plof*
—¡Despierta!
—¡Os arrepentiréis del día en que…!
—¡Duerme!
*Plof*
—¡Despierta!
—¡Cuando ella se entere…!
—¡Duerme!
*Plof*
—¡Despier-!
—¡Pinkie! —gritó Twilight—. ¡Deja de jugar con él!
—Auuuu…
Y otra vez Twilight arruinando mi diversión. Pero que poni más muermo, por Dios.
—Tan solo me estaba vengando un poquito por todas las veces que me ha dejado inconsciente —dije—. He tenido sueños muy raros siempre que lo ha hecho.
—Pero no está bien.
Bueno, la verdad es que estaba siendo un poquito cruel.
—Vale —refunfuñé—. Pero ¿por qué están aquí?
Fluttershy respondió antes de que Twilight pudiera.
—¡No podíamos dejarlos solos! —dijo ella.
—Es cierto —añadió Twilight—. El policía bidimensional no hubiera tenido problemas, pero la pequeña potrilla y el doctor narcoléptico ya eran otro cantar.
—No soy una pequeña potrilla —dijo Voz Grave, enfurecido.
—¡Ohh, qué cosita tan linda! —dijo Rainbow mientras trataba de disimular su sonrisa y fallaba en el intento.
—¡Parad ya! —dijo él/ella mientras estampaba con frustración un adorable casco contra el suelo.
—¡Ohh! —dijo Fluttershy, la cual no estaba siendo irónica—. ¡Qué mona!
—¡Ninguna de vosotras os estaríais riendo si supierais lo que significa estar atrapados en el cuerpo de una potrilla rosa! —gritó, encolerizado.
—¡Yo! —dije, levantando un casco—. Yo sé exactamente lo que se siente y me sigue pareciendo gracioso, tío.
¡Y más miradas asesinas! Aquello prácticamente eliminó cualquier oportunidad para compartir experiencias entre nosotros y conversar sobre lo que significaba perder nuestros genitales masculinos.
—Deberíamos reanudar la marcha —dijo Twilight mientras hacía un esfuerzo monumental para que no se le dibujara una sonrisa en la cara.
—Tienes que admitirlo, Twilight —dije—. Es mucho más divertido estar al otro lado de la poison joke.
La unicornio rió por la nariz y después trató de disimularlo frotándose el hocico como si hubiera estornudado.
—Os… odio a todas… —dijo la pequeña potrilla rosa mientras fruncía el entrecejo de manera adorable—. Con toda mi alma.
—Vale —admitió Twilight con una sonrisa pícara—. Es un pelín gracioso… ¿Qué estás haciendo?
Alce la mirada con aires de culpabilidad. Estaba a punto de insertar en una palangana de agua caliente el casco delantero izquierdo del doctor trolero.
—¡Nada! —dije mientras dejaba caer su casco.
—¿De dónde has sacado…? Oh, da igual —dijo Twilight—. Deberíamos continuar.
Todo el mundo estuvo de acuerdo (excepto los prisioneros, claro) y empezamos a caminar por la senda de nuevo.
Resulta que había estado inconsciente durante casi todo un día, y ahora estábamos a dos o tres días de distancia del Castillo Penumbra, depende de la distancia que cubriéramos en los próximos días. Me alegré de que no hubieran esperado a que me despertara, pues eso hubiera significado perder mucho tiempo.
La buena noticia era que Applejack me perdonó por mi intrusión en su espacio personal. Aunque también puede que quisiera dejarlo estar para que Rainbow parara de pincharle con el asunto.
Las otras me pusieron al día con los detalles mientras caminábamos. Después de haberme quedado KO, les resultó muy fácil atar a los demás. Los tuvieron bajo custodia para asegurarse de que no huían y trataban de tendernos una emboscada más adelante.
Tras la primera noche, no obstante, se dieron cuenta de que el trío malvado debió atravesar un lecho de poison joke, así que decidieron traerlos con nosotros en vez de dejar que se enfrentaran en solitario a los horrores del Everfree.
—Os vais a arrepentir de esto —dijo Voz Grave.
—Vale, espera un segundo —dije—. Mira, no puedo seguir llamándote "Voz Grave" para mis adentros, así que ¿por qué no nos dices tu nombre?
—Olvídalo —gruñó él/ella.
—Oh, vamos —rogué. La pequeña potrilla me miró de forma amenazante.
—Mira, necesito llamarte de alguna manera. Así que, o me dices tu nombre real, o empezamos a llamarte Princesa Fresita.
—¡No os atreveríais!
—¿Cómo que no? Atento…
—Vale, vale… es *murmullo murmullo*
—Perdón, ¿cómo has dicho?
*murmullo murmullo*
—Un poco más alto, por favor.
—¡Cinnamon Swirl! ¿Vale? ¡Me llamo Cinnamon Swirl!
Esta vez, Twilight se tronchó también.
—Vale, reíos todo lo que queráis —dijo con mal humor—. En cuanto volvamos a Ponyville, del arresto no os salva ni la mismísima Celestia.
El otro tipo, el plano, se llamaba simplemente Terrace. Un nombre normal para un poni de tierra, según me dijeron. ¡Qué rollo! En vez de eso, decidí llamarlo "Flats". El pobre no podía hablar. Bueno, su boca se movía y todo eso, pero no emitía ningún sonido. Me sentía mal por él, pero no parecía estar lastimado ni nada parecido.
Estuvimos bastante entretenidos durante el resto de la tarde, y empezamos a montar el campamento antes de que se hiciera de noche. Lo teníamos todo: una gran fogata, tiendas, malvaviscos… Incluso despertamos al doctor durante un rato y le dejamos que comiera y bebiera antes de dejarlo roque de nuevo.
Por cierto, el doctor trolero debería lavarse la boca con jabón. No veáis la de tacos que soltó.
Finalmente, llegó la hora de irse a la cama. AJ y yo nos encargamos de la primera guardia, ya que compartíamos la misma tienda. Ella era la única que trajo una tienda lo bastante grande para dos, y después de haber estado durmiendo casi todo el día, no tenía nada de sueño. Así que Applejack y yo nos quedamos hablando de varias cosas durante un par de horas, y después les llegó el turno a Rarity y a Fluttershy.
Eso es todo. Así es como acabó aquel día de viaje. Fue mi primer día en ese bosque donde no me pasó nada malo o escalofriante.
Me eché a dormir con los nervios a flor de piel, porque sabía que la ironía dramática era algo que le encantaba al bosque Everfree. Me pasé la mitad de la noche despierto, esperando que nos asaltara una manada de dragones, que un terremoto nos sacudiera, o que el bosque estallara en llamas.
¿Sabéis que ocurrió finalmente? Nada. Absolutamente nada.
Estúpido bosque incoherente…
…espera, ¿por qué me estoy quejando?
