No money, no love-Uhuru-Chan
Respondo a los guest:
Yuii3: uwu Que bueno que te guste mi badass Alfred, gracias por el review, ahora vienen los homos cariñositos.
Shinatty: Wow, me alegra que también te guste la historia, pero el árbol de limones está pelado ahora mismo, hay que esperar que salgan más limones en muuuucho tiempo más xD (O quien sabe, pero no creo que escriba lemon tan pronto, además me da vergüenza), espero que no me violes, no sería nada lindo e-e No puedes estar en mi techo, ahí están mis posters geis D;"Nah broma e.e mentira sabes que es verdad e.e" Wut?, pls no more psychos in my life Dx Suenas como alguien que conozco e-é. Gracias por el review señorita =W=b
Disclaimer: Todo Hetalia es de Himaruya.
Capítulo 10: Cálido
Arthur despertó primero, se movió incómodo y abrió sus ojos de a poco, no reconociendo donde estaba en un principio hasta cuando vio el rostro de Alfred a unos centímetros del suyo, se sonrojó recordando la noche anterior, había sido todo muy repentino.
-Al…
Jones siguió durmiendo plácidamente, Arthur acarició la bronceada piel del americano, depositó un suave beso en los labios contrarios y se levantó con pereza, se quejó un poco, le dolía el cuerpo por la incómoda posición en la que habían dormido. Jones se movió apenas se sintió libre del peso extra que le brindaba el británico, y se acomodó en posición fetal.
Arthur se preocupó de ordenar y limpiar lo que habían ensuciado el día anterior, cogió la ropa del piso y se puso sus boxers, cocinó las grasosas tiras de tocino que eran las favoritas de Alfred y se esmeró en no quemarlas demasiado, le puso un par de huevos fritos y se acercó al menor con el plato en una mano.
-Oye…despierta-Susurró junto a su oreja.
-Ya…
-El desayuno está listo.
Arthur besó la mejilla del americano y él se volteó lentamente, miró el plato con comida que le ofrecía y al británico respectivamente con sus ojos entrecerrados.
-Me duele la cabeza.
-Umm, ¿Por qué crees que será?-Preguntó melosamente, acercándose a besarlo en los labios-Siéntate a comer, ¿Si?
Alfred se sentó mientras recibía las insistentes caricias de Arthur, lo miró y suspiró, no quería ir a la mesa.
-Puedes comer aquí-Informó Arthur, entregándole el plato-Te traeré algo para beber.
-¿En serio?-Alfred le miró extrañado, Kirkland odiaba que no comieran el desayuno, almuerzo y cena en la mesa como correspondía, pero esta vez parecía de muy buen humor, le sonrió y asintió, yéndose a la cocina.
Jones comió su desayuno estando desnudo y bebió directamente de la botella de jugo, con permiso de Arthur, quien se encontraba sentado junto a él en boxers, tranquilo a pesar de que ya eran más de las una de la tarde.
-¿Vamos a bañarnos?-Preguntó Arthur, acariciando levemente el brazo del que estaba aferrado.
-Como quieras.
-Después iremos a almorzar.
Alfred asintió y lo siguió hasta el baño, Arthur se sonrojó al sacarse la ropa interior y se metió a la ducha intentando taparse, el menor le siguió sin mucho ánimo, aún le dolía la cabeza. Kirkland giró la llave de metal y reguló el agua a su gusto, Jones la prefería más caliente, pero no se quejó y comenzó a lavarse incómodamente, teniendo que compartir el escaso espacio con el británico.
Arthur se sentía de maravillas, y estaba seguro de que nunca antes había sentido algo así por alguien, así que no sabía cómo actuar, tenía ganas de estar abrazado a Alfred sin soltarlo hasta que se acabase el día, pero sabía que sería una molestia si lo hacía, aunque a él no le desagradaría si Alfred le abrazara durante todo un día.
-¿Te lavo la espalda?
-Bueno.
Kirkland tomó la esponja y comenzó a lavarlo sin hacer mucha fuerza para no rasparlo ni dejarle irritado. Alfred se dejó hacer, de todos modos él solo no podría lavarse bien el dorso.
Arthur echó más jabón en la esponja e hizo espuma, abrazó al menor desde atrás pegando sus cuerpos y pasó la esponja por su torso y abdomen, ganándose una mirada juguetona de Jones que el británico ignoró. Arthur siguió acariciándolo con la esponja durante un rato, mientras depositaba besos fugaces en su cuello y hombros.
-¿Serás todo caricias desde hoy?-Dudó Jones, relajado por las atenciones recibidas.
-¿Te molesta?
-No.
-Entonces no te quejes-Ordenó Arthur, pellizcándole una nalga.
-¡Deja de acosarme, viejo!
-Está bien, lo siento-Se disculpó riendo, mientras salía de la ducha-Iré a vestirme para que vayamos a almorzar.
-Ok.
Kirkland salió del cuarto de baño y se marchó escaleras arriba con una toalla amarrada en la cintura. Alfred siguió bañándose, esta vez más tranquilo y sin la interrupción de Arthur.
Cuando estuvieron listos se fueron a almorzar. Arthur condujo hasta el McDonald's más cercano, sin preguntarle a Alfred que deseaba comer, sabía que sin importar la situación, aceptaría comer una hamburguesa.
Aparcó en el AutoMc y pidió lo que Jones sugirió, esperaron y tuvieron su pedido en pocos minutos. Arthur pagó y condujo hasta un parque cercano, estacionó el auto y salió junto al americano.
-Es un lindo día como para perderlo dentro de un local-Dijo Kirkland, jalando a Alfred de la mano, lo llevaba hasta un sitio más alejado de la calle, donde podían estar más tranquilos.
-Vas a ensuciar tus pantalones-Comentó Jones al verle sentarse apoyado en un árbol. El pasto del lugar se notaba bien cuidado, crecía de un bonito color verde y habían florecido algunas manzanillas en él.
-No importa, ven aquí-Arthur señaló el espacio entre medio de sus piernas. Alfred se sentó donde el mayor se lo indicó, apoyando su espalda contra el pecho del otro rubio, acomodándose para no aplastarlo tanto.
-Te follaré todos los días si vas a estar así de agradable-Espetó Jones, riendo mientras hurgaba en la bolsa de comida rápida y sacaba una hamburguesa. Desenvolvió una y comenzó a comerla.
-Estúpido-Murmuró Kirkland, sonrojándose.
Comieron calmadamente, entre caricias juguetonas, y después se quedaron ahí, sin moverse de la posición, besándose y tratando de controlarse, no podían ponerse muy melosos en público, y menos en un parque donde correteaban niños de vez en cuando.
-¿Sabes qué?, no veo nada-Contó Alfred, después de liberarse del fogoso beso al que fue sometido por el inglés.
-Nadie te ordenó que rompieras tus gafas-Dijo Arthur, pellizcándole una mejilla.
-No empieces, ¿Sí?-Pidió frunciendo el ceño.
-Cuando volví ayer a casa traje conmigo una cita para hoy.
-¿Hoy?, ¿Y por qué no vamos?-Preguntó, volteándose hasta quedar echado sobre su barriga-Planeo volver a ver algún día.
-La deje en casa, pero podemos ir sin ella de todos modos.
-¡Bien!-Exclamó, poniéndose de pie-¡Vamos!, ¡Muévete!
Arthur le miró sin ánimos, pero se levantó de todos modos y lo siguió hasta el auto. Condujo un par de cuadras y se estacionó junto a la óptica, entraron sin prisa y hablaron con el vendedor, era un hombre que rozaba los cuarenta años. Alfred se probó varios modelos, pero parecía que ninguno le convencía, incluso se colocó un par de gafas hipsters por sugerencia del vendedor, quien dijo que eran muy usados hoy en día, sin embargo también los desechó, se veía ridículo. Al final se decidió por un par de lentes de marco negro, eran casi iguales a sus anteriores gafas, pero el material del marco de éstos era tan ligero que sentía que no traía gafas puestas, le encantaron, era tan molesto sentir los lentes en el puente de la nariz.
-Estos están bien.
-¿Cuánto?-Preguntó Arthur, sacando su billetera.
-Esos son los más ligeros que tenemos en la tienda, por eso el precio-Explicó el vendedor, sonriendo mientras señalaba la etiqueta de las gafas que sostenía en sus manos.
-Espero que duren lo que cuestan-Comentó Arthur, entregándole al dinero al hombre, quien se dirigió de inmediato hacia la caja.
-¡Claro que sí!, de todos modos tenemos garantía.
Alfred caminó sonriendo hacia donde estaban los otros, hasta abrazar a Arthur por detrás y apoyar su barbilla en el hombro de él, mirando divertido al vendedor, quien había mostrado una expresión desencajada. Arthur sintió que sus mejillas se coloreaban, pero no apartó a Jones. El hombre que les atendía sonrió nervioso al notar que eran pareja, igual que las otras dos vendedoras presentes en el local.
-N…necesito la receta.
-Acá…
Alfred soltó al más bajo y sacó un papel bastante maltratado de su vacía billetera, tenía el membrete del Servicio de salud público, de donde había conseguido sus anteriores gafas, entregó el trozo de papel y volvió a su anterior posición.
-Mañana estarán listos-Informó, entregándoles la boleta.
-Gracias.
Arthur agarró la mano de Alfred y se marcharon del lugar.
-¿Viste su cara, viejo?, ¡Joder!, ¡Debimos habernos besado!-Exclamó Alfred entre risas mientras caminaban hacia el auto.
-¿De qué hablas?-Dudó Kirkland, mirándole con una ceja alzada.
-¡Del viejo!
Arthur le miró como si le hubiese crecido un cuerno en la frente, ¿Aquello le hacía tanta gracia?, definitivamente Alfred aún era un crío, y no podía quejarse por ello.
-Eres aburrido-Balbuceó Jones, mirándole amurrado.
-Y tu un mocoso.
-Tienes envidia porque ya estás viejo.
-Soy joven aún.
-Estás viejo, pero tienes el culo parado aún, así que me conformo.
-¿QUÉ?
Arthur le miró con el ceño fruncido, iba a replicar, pero en ese momento Alfred chocó contra un teléfono público, golpeándose lo suficientemente fuerte como para hacer que cayera el aparato, quedando colgando del cable.
-Joder.
Arthur comenzó a reírse al verlo tantear el teléfono como si estuviese realmente ciego. Alfred le miró sonrojado, no creyó que el teléfono estuviese tan cerca, pero sus ojos le habían fallado nuevamente.
-Te compraré un perro lazarillo-Dijo Arthur entre risas burlonas, acercándose para ver si estaba bien.
-¡No tengo nada!, ¡Andando!-Exclamó Alfred, algo picado por haber sido el blanco de burla del mayor, le miró y le dio una sonora nalgada para que empezara a caminar, haciendo que varios transeúntes los miraran.
-¿Qué demonios te pasa?-Preguntó Arthur, avergonzado por el osado acto, se sonrojó y fue casi corriendo a meterse al auto, evitando las miradas de los testigos.
Alfred llegó al auto tranquilamente, sin importarle los cuchicheos escandalizados de las personas, entró y acercó a Arthur posesivamente, besándolo apasionadamente, a vista y paciencia de las personas que ya los habían identificados, quienes dejaron de mirarlos cuando Alfred soltó a Arthur y miró por la ventana, sin alejarse del británico.
-Vamos a casa-Susurró Jones, besando nuevamente a Arthur antes de ponerse el cinturón de seguridad de su asiento.
Arthur asintió sonriendo y echó a andar el auto. Llegaron en pocos minutos, entraron y fueron a la habitación de Alfred para cambiar las cosas de lugar, ya no había necesidad de tener habitaciones separadas. Cuando terminaron de ordenar, Alfred comenzó a hurgar en sus bolsillos, sacó una dosis de heroína y bajó las escaleras en busca de una cuchara y una jeringa, dejando a Arthur con el ceño fruncido en la segunda planta, por un momento olvidó que su pareja era en realidad un drogadicto que conoció en un hospital por su sobredosis. Suspiró y bajó a vigilarlo.
-Ten cuidado-Murmuró al verlo llenar la jeringa.
-Soy un experto, Artie-Aseguró Jones, enviándole un guiño-Te puedo dar unas clases cuando quieras.
-No, gracias.
Alfred sonrió mientras se inyectaba, como era usual se echó sobre el sofá a disfrutar de su amado White horse. Arthur se acercó a quitarle la jeringa y la cuchara, y cuando volvió se quedó observando las feas marcas en los brazos del menor.
-¿Desde cuándo te inyectas?
-Umm… Desde los veinte-Susurró Jones, sin mirar a su interlocutor.
-¿Y por qué comenzaste a hacerlo?-Preguntó, tomando asiento a su lado, acercándolo hacia su cuerpo para acariciarlo un rato.
-Un día lo probé y se sintió bien, eso es todo-Gimoteó dejándose acariciar.
-… ¿Y tu familia?
-¿Qué con ellos?
-¿No dicen nada?
-No tienen derecho a decirme nada.
-¿Por qué?
-Esto parece interrogatorio, ¿Sabes?
-Nunca me cuentas nada sobre ti-Contestó Arthur, intentando buscar la mirada del menor.
-Tampoco sé mucho sobre ti-Contrarrestó Alfred.
-Alfred…
-Tengo un padre, una madre y un hermano, eso es todo.
-¿Y dónde están?
-No sé y no me interesa-Respondió alejándose del británico-Me iré a dormir.
-No te enojes, ven aquí.
Alfred miró al británico y volvió a sentarse junto a él, Arthur lo besó y no volvió a tocar el tema, ya conocía al menor y no quería que se marchara si se enojaba con él, si el tema le molestaba no hablaría de ello…por ahora.
-¿No quieres seguir hablando conmigo?
-Preferiría no hablar sobre mí.
-Entendido-Murmuró Kirkland, acercándose a besar a su pareja-No hablemos sobre eso.
Alfred se echó sobre el regazo de Arthur y se quedó dormido sintiendo sus relajantes caricias. Kirkland se quedó ahí, viendo como lentamente la luz del día se volvía más intensa. Pensaba en cómo ayudar a Alfred, definitivamente debía llevarlo a una clínica, no quería vivir por siempre junto a un hombre drogadicto, podría suceder cualquier cosa, además le preocupaba que volviese a tener una sobredosis y no tuviese tanta suerte como la vez anterior. Su celular sonó, sacándolo de sus pensamientos.
"De: Francis
Bonne nuit Arthur, ¿Estás bien?, ¿Cuándo volverás a trabajar?, te echo de menos, la oficina no es divertida si no puedo molestarte"
Kirkland sonrió y respondió, sólo le quedaban dos días para volver a su trabajo, se sentía aliviado en cierta forma, así podría distraerse, estar en casa todo el día era aburrido.
-Oye, está comenzando a hacer frío-Alfred abrió sus ojos de a poco y miró al mayor-Vamos a acostarnos arriba, ¿Si?
Jones asintió y se puso de pie con torpeza, siguiendo al inglés hasta su habitación, y apenas entró se lanzó a dormir en la gran cama de Arthur. El británico suspiró y cerró las cortinas para que el sol no molestase a su pareja, después se sentó en el escritorio frente a su computador, hacía milenios que no lo encendía, siempre usaba su laptop, pero Jones se deshizo de ella y no tenía otra alternativa.
Inició sesión en Facebook, no usaba casi nunca la cuenta, pero tampoco tenía mucho que hacer, de inmediato recibió una video llamada de Peter, Arthur sonrió y la aceptó, no hablaba con su hermano desde hacía más de 4 meses.
-¡¿Por qué no te has conectado en tanto tiempo?! –Preguntó el menor en un grito. El muchacho vestía un pijama azul marino con rayas celestes, estaba en su habitación y se notaba que ya era de noche.
-¿Por qué estás despierto tan tarde, Pete?-Dijo Arthur, evadiendo la pregunta del menor.
-Aún es temprano, son recién las doce y media.
-Ya deberías estar durmiendo.
-¡Ya soy grande!, ¡No necesito dormirme a las diez!-Gritó Peter, frunciendo sus gruesas cejas, en un gesto que era idéntico al de Arthur.
-Bueno, bueno, ¿Cómo has estado?, ¿Te ha ido bien en el colegio?
-Estoy bien. En el colegio sigo igual, ¿Y tú?, ¿Me dirás por qué no te has conectado?
-Estoy bien, no me he conectado porque no he tenido tiempo, debo trabajar, ¿Recuerdas?
-¿Y por qué no estás trabajando ahora?-Parecía que Peter estaba lleno de preguntas.
-Pedí un día libre-Respondió Arthur, paciente con el interrogatorio que se le venía encima-¿Están todos bien por allá?
-Sí, tú sabes, mis hermanos pelean seguido, mamá se molesta con ellos y a papá no le interesa-Contó sonriendo, mirando luego hacia atrás, asegurándose de que su puerta estuviese cerrada-Mamá me ha preguntado por ti seguido, pero no le he podido decir nada porque no te había visto.
-Dile que no se preocupe.
Alfred se movió en la cama, destapándose en el proceso, llamando la atención del menor de los Kirkland.
-¿Con quién estás?-Preguntó curioso, intentando ver mejor a la persona que dormía en la cama de su hermano.
-Ah…Eh…No hay nadie-Respondió Arthur, poniéndose notoriamente rojo, volteó a ver a Alfred, se había destapado por completo.
-Pero lo estoy viendo, Arthur-Dijo Peter, poniendo cara de sospecha-¿Es tu novio?
-¡No!, él es un amigo, que tontería, como si me gustaran los hombres-Mintió, riendo nerviosamente, en un gesto nada creíble.
-¿Y por qué te has puesto rojo?-Dudó el ojiazul, sonriendo triunfante.
-Tsk… Eso no te incumbe a ti, niño.
-¡No soy un niño!, ¡Soy un adolescente!
-Ni siquiera te han salido pelos, Peter.
-¡Calla!-Ordenó, enojándose-¿Es tu novio o no?, responde.
-Está bien, si lo es, pero no le digas a nadie, ¿Ok?
-¿Por qué no?
-¿Para qué les dirías?, ni siquiera pueden conocerlo, mejor que no sepan.
-Te guardaré el secreto si me envías un regalo-Murmuró cómplice, acercándose a la cámara.
-¿Qué quieres?-Preguntó Arthur sonriendo, de todos modos le iba a enviar algo, era costumbre.
-Quiero chocolates, ¡Los chocolates de allá son tan ricos!-Exclamó emocionado, recordando la navidad pasada, cuando su hermano le había enviado dos cajas de chocolates junto a un videojuego.
-¿Algo más?
-Umm… Me gustaría un peluche de Mario.
-¿El del juego?-Peter asintió.
-¿Con quién estás hablando, Peter?-Preguntó en voz alta su padre, entrando a la habitación sin previo aviso. Arthur miró con frialdad la pantalla, escribió "Hablamos otro día" y cerró la comunicación.
-¡Art!-Gritó el niño, mirando la ventana que ya no mostraba la imagen de su hermano.
-Ya es tarde-Dijo el pelirrojo, fingiendo no haber visto a su hijo-Apaga eso y duérmete.
-Sí, papá.
Arthur suspiró y se quedó mirando la pantalla, no pensó que entraría el viejo a arruinarlo todo como siempre. Frunció el ceño y se distrajo navegando por internet. Él le había visto directo a los ojos, Arthur no podía decir que fue lo que vio en aquel par de esmeraldas tan parecidas a las suyas, y tampoco le interesaba si su padre seguía odiándolo, simplemente olvidaría que acababa de ver a su padre después de más de dos años sin saber de él.
Apagó el computador y se agarró el cabello con frustración, no quería recordar a su disfuncional familia ahora que se sentía tan feliz, miró de reojo a Alfred y se levantó para taparlo con las sábanas, sonrió acariciándole el cabello, olvidándose por unos segundos de sus problemas familiares. Alfred suspiró en su sueño y volteó en dirección hacia Arthur, agarrándolo de la cintura, logrando hacerlo caer en la cama a su lado.
-Duerme un rato.
-Alfred-Le llamó en un susurro.
-¿Um?-Gruñó Jones, con los ojos cerrados.
-¿Puedo abrazarte?-Pidió con voz afligida, haciendo que el menor abriese sus azules ojos.
-¿Qué te pasó?- Preguntó, al tiempo que lo apretaba contra su cuerpo, acariciando toscamente sus pálidos cabellos.
-Nada…-Mintió, acurrucándose de tal forma que no pudiese ver su rostro-¿Dormiste bien?
-Sí, tu cama es mejor que la mía-Contestó, no muy interesado en seguir preguntando por el estado anímico del inglés.
-¿Me acompañas a comprar?-Preguntó Arthur, sacando su rostro del cuello de Alfred-Necesito algunas cosas.
-Claro, vamos.
Alfred besó a Arthur antes de que éste se pusiera de pie, tomándolo luego de la mejilla, evitando que se alejara. Kirkland respondió el beso con lentitud, disfrutando del contacto. Le gustaban los labios de Jones, a pesar de que estuviesen secos la mayoría del tiempo. Se separaron despacio, queriendo alargar el contacto lo más que pudiesen.
-No estés triste-Ordenó Alfred, sonriéndole cálidamente.
-S…si-Arthur sonrió de igual forma y se puso de pie de mejor humor.
Ambos fueron al supermercado en busca del regalo de Peter. Arthur le explicó a Alfred que su hermano quería aquellas cosas por capricho, Alfred no dijo nada y miró hacia otro lado, creyó que el chocolate era para él.
Kirkland no encontró el peluche que quería su hermano, pero lo buscaría otro día. Mientras tanto había perdido de vista a Jones, lo buscaba con la mirada algo preocupado, el muchacho andaba sin gafas, y ya había confundido varios productos con otros por no ser capaz de ver las etiquetas. Arthur esperaba que no chocara con nada y que no trajese productos que fuesen inútiles, pero Jones volvió en un santiamén, traía en sus manos una caja de condones, acción que hizo sonrojar al británico, por lo menos esta vez no había traído helado.
UwU ~Holi, lo siento por haber tardado tanto, me distraje haciendo otras tonterías, espero no vuelva a ocurrir. El capítulo es más corto, pero da igual, ¿A quién coño le importa? :D A mí no –Se va corriendo-
Ya saben como complacer a los ingleses -Meneo sensual de cejas-
Gracias por sus reviews y por leer, cambio y fuera ònó
