Disclaimer: SNK no es mío. Le pertenece a Isayama-sensei. No gano nada con escribir ésto, solo mi satisfacción propia.

nota: no revise antes de subir...sorry.

The Beast and the Hunter.

Capítulo IX: El milagro.

Los caballos atravesaron la puerta cual flechas durante una batalla. Los cuerpos de los jinetes cabalgaban en sintonía, siempre permaneciendo en una formación específica. Irvin dirigía a la pequeña expedición, dando una que otra orden de dirección a sus soldados de vez en cuando. Sus atentos ojos azules no se separaron del camino en ningún momento.

- ¡Comandante, a su frente! - alertó Gunther tras varios minutos de camino. El rubio asintió, cambiando la formación a una compuesta por columnas para facilitar el movimiento entre los árboles. No tardaron mucho en llegar al tan afamado claro, donde la inquieta figura de la cazadora aguardaba.

- Comandante Irvin. - saludó la castaña desde su caballo, recibiendo un leve asentimiento de cabeza por parte del mencionado. Sin intercambiar más palabras, la mujer retomó las riendas de su yegua. No pasaron más de cinco minutos cuando se hallaron frente a la cueva escondida entre los arbustos y matorrales. Allí, parado junto a un enorme semental negro, actuando como si nunca se hubiese contusionado la cabeza, se hallaba Levi.

-Ya era hora. - gruñó audiblemente. - Se tardaron bastante. ¿Algún problema en el camino? - inquirió el cazador, más hacia Hanji que hacia los otros.

- Todo tranquilo. ¿Ustedes? - respondió alegre la mujer, no pudiendo evitar el tono de preocupación al mencionar a su amigo y su bestia. Ambos cazadores observaron de reojo las reacciones de los soldados. Aún no sabían a ciencia cierta si tenían pensado hacerle daño a Eren, por lo que no expusieron su identidad.

-Bien. - respondió seco el moreno. Sin esperar a dar explicaciones, el cazador se giró hacia la entrada de la cueva. - ¡Oye, gigante con retraso! ¡Ven aquí! - llamó con un ligero, casi imperceptible atisbo de afecto en su seca, autoritaria voz. Un rugido grave, gutural salió de la cueva, tomando por sorpresa a los soldados que se encontraban afuera de ésta. Sólo los cazadores se mostraron divertidos ante el sonido. - ¡Deja de comportarte como un niño malcriado! ¡Sal y no me hagas entrar buscarte! - volvió a llamar. Otro sonido, similar al de un adolescente quejándose se volvió a escuchar de adentro de la cueva. Aún así, la bestia no volvió a objetar. Sus pasos, increíblemente ligeros para su tamaño, empezaron a hacer eco desde la oscura caverna, tensando a los miembros de la guardia. - Mejor. - asintió el hombre ante el primer avistamiento de la enorme criatura.

Irvin y sus soldados se mantuvieron en sus puestos, visiblemente incómodos con la imagen frente a ellos. Petra, Auro, Erd y Gunther se notaban extrañados. Nunca, ni en sus más bizarros sueños habrían soñado con ver a tan extraña e intimidante bestia comportándose como un cachorro. El cuerpo titánico del monstruo se situó junto al cazador, no abandonando su lugar en ningún momento. El susodicho hombre no parecía afectado en lo más mínimo por la cercanía de la bestia. Los ojos del gigante se paseaban entre los rostros de los recién llegados, y el comandante podría jurar por su vida misma que había visto brillo en sus ojos. Verdes... ¿Me pregunto si...?, se distrajo Irvin, pero sus pensamientos se vieron interrumpidos con la llegada de una voz femenina.

- ¿Qué les pasa? No es como si el gigantón los fuera a morder... Creo que deberían saber que Levi es muchísimo más capaz de arrancarles un brazo. - habló Hanji con su usual tono alegre de voz, intentando cortar la afilada tensión en el ambiente. Las caras ligeramente espantadas de los otros cuatro soldados le demostraron su error respecto a su elección de palabras. El comandante sólo le sonrió.

- Tengo entendido que la bestia no representa ningún tipo de amenaza...- dijo Irvin, aclarándose la garganta. Levi lo miró, precaución brotando de sus poros. -... pero aún así, eso no aclara sus intenciones. Dime, ¿Acaso trabajas para las brujas? - su voz era calmada, pero el desprecio que usó en ésa última palabra se podía sentir a mas de cien metros. Eren negó con la cabeza, gruñidos graves y guturales escapando de entre sus labios. A pesar de su incapacidad con las palabras, el sentimiento de odio parecía ser palpable en la bestia con tan solo la mención de aquellos engendros. - ya veo... - susurró el rubio, pensativo. Había algo en sus ojos, su mirada, que traía nostalgia al joven comandante. Rivaille pareció sentirlo también.

- ¿Terminamos ya con las preguntas inútiles? - habló sarcástico el moreno. No sabía qué era exactamente lo que lo había impulsado a hablar de tal forma, pero no podía tolerar la manera en que le hablaban a Su Eren. Espera... ¿Mio? Eren... ¿podría ser mío? Tsk. Maldito mocoso.

- Parece ser que sí. - masculló el comandante en voz baja, como si estuviese hablando consigo mismo. - Bien, debemos regresar a la ciudad. - habló nuevamente, ésta vez con una postura más acorde a su rango. - El movimiento más seguro sería el de una formación abierta, con la bestia en el centro posterior. Lo más sensato sería... - iba a continuar hablando, pero un sonido lo detuvo. Una especie de rayo amarillento, demasiado grande como para ser considerado normal, se vislumbró en la lejanía. Pronto, todos los presentes se llenaron con un miedo irracional, casi imposible de aguantar.

Una explosión.

En dirección a la muralla.

- ¡Comandante! - gritó Petra desde un par de metros atrás. Los caballos comenzaron a relinchar, igual de tensos que el ambiente.

Ese rayo había sido diferente. No era como ésos de una tormenta, como los que habían atacado al cazador en su camino de regreso a la muralla. No, ése había sido peor. Más estridente, más luminoso, más colosal. Un sudor frío atacó al comandante y el mal presentimiento que se venía dando desde días atrás por fin se develó ante sus ojos. La verdad había atacado a todos y cada uno de los presentes. Los cazadores se miraron entre sí, increíblemente calmados pero con una postura expectante y tensa. Petra soltó un ruidito agudo, preocupada, mientras que Auro, Gunther y Erd miraban el lugar donde se escuchó la explosión en silencio. La bestia gruñó, furia evidente en sus ojos esmeraldas.

Irvin tomó las riendas de su caballo.

-¡Debemos regresar ahora! - ordenó, al tiempo que emprendía galope con dirección al reino.

-¡Si, señor! - respondieron sus cuatro subordinados, emprendiendo también su marcha hacia la muralla. Los cazadores siguieron su ejemplo, seguidos desde cerca por la enorme bestia.

No sabían qué era lo que se iban a encontrar cuando llegaran al reino.


XXXX

Pánico, gritos y sangre era lo único que se podía observar desde la entrada semi-destruida de uno de los reinos más grandes de todos los tiempos. Hombres, mujeres y niños corrían por igual en las calles, tratando de huir del ataque implacable de ésos seres voladores que levitaban por sobre sus cabezas. Las casas, ya incineradas o prendidas en fuego, completaban el cuadro de destrucción total de la capital.

Desastre.

Cataclismo.

Masacre.

Los ocho recién llegados no perdieron tiempo. Tomando cada uno sus armas, los cazadores y soldados se unieron a la lucha, intentando acabar con la mayor cantidad de enemigos posible. Fue cuestión de segundos antes de que se encontraran con la primera horda de hechiceras. Los ojos de Eren se oscurecieron. Un gruñido amenazador salió desde lo más profundo de su garganta. En cuestión de segundos, la enorme masa de músculos que era la bestia se abalanzó contra el enemigo, tomando a la primera bruja por sorpresa.

Pero habían demasiadas.

- Mierda... - masculló el cazador, inmerso en su lucha contra los seres oscuros. El grupo se había dispersado, y ahora sólo quedaban él y la bestia en esa parte de la ciudad. - Bastardas. - insultó a sus oponentes, al tiempo que decapitaba al único obstáculo existente entre él y su gigante. - ¡Eren! - lo llamó a gritos, preocupado. Una vieja, pútrida bruja se acercaba por detrás, lista para atacarlo por la espalda mientras que éste luchaba con una de sus hermanas. Reaccionando de la manera más rápida posible, el moreno disparó una de las flechas en su ballesta, atravesándole el cráneo a la maldita. - ¡¿Estás bien?! - preguntó a penas vio al príncipe acabar con la que peleaba.

El gigante le regresó un gruñido. Levi bajó de su caballo, tomó varias de sus armas, y se acercó a donde estaba la bestia. Una pequeña, casi imperceptible sonrisa se escapó de los labios del mayor.

- Debemos tener cuidado. Hay por lo menos medio centenar... - habló por lo bajo, llevando una de sus manos hasta un rasguño demasiado reciente en los pectorales del menor. - Eren, escúchame. En caso de que nos separemos, mantente siempre a salvo. Eres la esperanza de este reino. - susurró, mirando fijamente los ojos verdes de su titán. - Promételo. - presionó más al ver la mirada contraria llenándose de confusión. Su expresión se suavizó cuando recibió un asentimiento de cabeza. Estaba a punto de añadir otra cosa, cuando unos agudos gritos de terror atraparon sus oídos. Ambos se dirigieron rápidamente hacia donde provenía el sonido. Los pobladores gritaban y corrían despavoridos, apartándose de su camino entre gritos con tan sólo ver a la bestia. Corrieron hacia la plaza, una espada en cada mano del cazador, mientras que las garras en las manos de la bestia se flexionaban una y otra vez.

Los gritos parecían provenir de una de las cabañas. La puerta colgaba sobre sus goznes, y los gritos aumentaban cada vez más. Eren apartó el pedazo colgante de madera, permitiéndoles el paso a la sala de la pequeña construcción.

La imagen que se encontraron les hirvió la sangre.

Dos niños se encontraban acorralados por uno de ésos engendros, los cuerpos inertes de sus padres postrados a su alrededor, mostrando sus últimas intenciones de proteger a su familia. El odio y el rencor recorrieron sus venas, y en cuestión un pestañeo, el monstruo se abalanzó sobre la hechicera. La mujer gritó, se contorsionó e intentó devolver el golpe más de una vez, pero la ira del príncipe era mucho mayor a la suya. Los niños gritaron de terror, sangre pútrida y oscura salpicando sus rostros ante la grotesca escena de barbarie.

-¡Eren, detente! - gritó el cazador, luchando con todas sus fuerzas por detener a la enfurecida bestia. -¡Eren, basta! - en un último, desesperado intento, el moreno aventó contra su cabeza un trozo de cimiento.

El gigante se detuvo, sus ojos regresando a su estado natural de determinación. Intentó acercarse a los niños, apartarlos de la sangrienta escena que se expandía por toda la cabaña, pero éstos sólo retrocedieron en miedo. El dolor del rechazo se plasmó en el rostro del monstruo, ensombreciendo sus rasgos. Levi miró todo, estupefacto y a la vez irritado.

-Malditos mocosos... - se acercó a ellos, puños cerrados fuertemente, producto de la ira contenida. - ¡¿Eren los salvó y así es como agradecen?! - les espetó, tomando a cada uno de sus muñecas. - Largemonos de aquí... - masculló entre dientes, trayendo a los niños consigo. Eren siguió sus pasos, pero ambos se detuvieron cuando digirieron la imagen de lo que en verdad sucedía.

Más de una docena de brujas, volando por el cielo con niños y niñas al hombro, saliendo de la ciudad. Desde el otro lado, por lo menos diez de ellas entrando y dirigiéndose justo hacia donde ellos estaban.

- ¡Capitan! - Levi giró su rostro ante el llamado. Petra y Auro venían galopando, seguidos de unos seis o siete reclutas en condiciones deplorables. No se habían percatado del peligro inminente que se les venía encima.

Intentó avisarles, gritarles que se apartaran del camino, pero el ataque de las brujas ya había sido lanzado. La explosión cayó sobre ellos y sus caballos. Simultáneamente, otro haz de luz oscura se dirigió hasta donde el príncipe se hallaba de pie, cubriendo con su cuerpo a los dos pequeños. Escombros y cimientos provenientes de las casas aledañas cayeron sobre sus cuerpos, aplastándolos completamente.

-¡No! - gritó enfurecido. El miedo lo inundó tal cual marea a la tierra. No. No, no no no... ¡Eren! La voz en su cabeza resonaba una y otra vez, haciendo un ruego desesperado, esperando ver el monstruosos cuerpo del príncipe saliendo de entre el polvo y los cimientos. Esperando ver alguna señal de que alguien, cualquiera, estaba vivo.

Pronto el miedo se vio absorbido por el odio. La ira se desató dentro de su cuerpo, y el familiar cosquilleo en sus dedos se hizo cada vez más fuerte, llegando a convertirse en un calor casi insoportable. Sus manos comenzaron a temblar, y un fuerte estruendo resonó al levantar uno de sus brazos. La furia se apoderaba cada vez más de él, y su respiración se volvió agitada mientras todo su alrededor era envuelto por una luz blanca, cegadora.

Pronto, las fuerzas que lo mantenían en pie comenzaron a fallarle. Su corazón comenzó a detenerse lentamente, a penas manteniendo su ritmo acompasado de latidos débiles.

Eren...

En cuestión de segundos, todo se volvió negro.


El dolor golpeaba con fuerza cada centímetro de su cuerpo, encendiendo en fuego sus nervios y sus sentidos.

Pero nada de eso importaba. No después de lo que había visto.

Levi

Su mente no se detenía en ningún momento. Su cuerpo había sido atravesado transversalmente por una de las vigas, pero poco importaba éso en la mente del príncipe.

L-levi está...

Empujó con fuerza el enorme trozo de lo que habría sido una pared, y lo apartó rápidamente. Sacó la viga de su abdomen y giró un poco su cabeza al sentir movimiento a su espalda. Los niños que había protegido salieron de la protección de sus brazos, y corrieron lo más rápido posible hacia donde varias personas parecían estar reuniéndose.

Poco le importó.

Su cuerpo autómata se movió hasta donde había caído el primer rayo. Con el mismo poco esfuerzo retiró los escombros del lugar, con cuidado de no lastimar a nadie más. Los cuerpos heridos e inconscientes de los soldados fueron sacados uno a uno de entre el polvo y los retazos de piedra. Parecía ser que el cazador, en un acto inconsciente similar a aquel de su primer encuentro en el bosque, había creado una barrera al rededor de los apaleados soldados.

Un sentimiento de vacío se apoderó de su alma.

Se ha ido... Se lo han llevado...

La bestia calló de rodillas. Las imágenes de la escena transcurrida hacía tan sólo unos minutos se repetía una y otra y otra vez dentro de su cabeza. Las brujas atacando al cazador. Los rayos de luz saliendo de sus manos. La fuerte explosión que sacudió a todo el reino... Giró su rostro para encarar el enorme cráter que había dejado su amado antes de ser raptado por uno de esos seres pútridos y malvados. Lágrimas comenzaron a recorrer su camino, humedeciendo levemente sus pómulos. El sabor salado de las pequeñas gotas traspasó su boca sin labios. Sin darse cuenta, comenzó a soltar sonidos lastimeros y profundos, tal cual un animal aullando de dolor.

Dolor en el cual no pudo continuar pensando. No cuando el tumulto de personas que antes lo había estado observando desde lo lejos se había hecho más grande, más agresivo. La histeria se había apoderado de ellos, llevándolo hasta los extremos de armarse en su contra.

-¡Es la bestia! -

-¡Matémosla ahora que está débil! -

- ¡Mátenla!-

Estuvo a punto de dejarse vencer, de caer en los brazos de la muerte ante la horda agresiva que se acercaba cada vez más. Pero una voz en su cabeza lo detuvo. "En caso de que nos separemos, mantente siempre a salvo".

Es irónico cómo me pides éso con tanta facilidad... cuando tú mismo caíste ante la impulsividad.

Sin más tiempo que pensar, corrió. Corrió y corrió lo más lejos posible de la horda de aldeanos, que levantaban picas y espadas de soldados caídos en su contra. Corrió y rezó con toda su alma a cualquier dios que existiese que cuidase de su cazador. Sin darse cuenta, el monstruo terminó de pie frente a las enormes puertas del Palacio de Shingashina. Escuchó los gritos de las personas, siguiéndolo a poca distancia. Escuchó las voces de Erwin y Hanji intentando detenerlos. Siguió su camino por los vacíos y oscuros corredores que tan bien conocía, pero que en otra época fueron más brillantes. Recordó sus escapadas de la niñez y se dirigió justo al lugar que sabía, nunca profanarían.

Entró al salón del trono.

Alentó sus pasos, enormes manos temblorosas haciendo un amago de tocar el enorme trono de oro sagrado. Las puertas se volvieron a abrir a su espalda, y no solo la horda pisó la gran habitación, sino que unos rostros conocidos también entraron en su campo de visión. El concejo en pleno se abrió paso entre las personas, algunos de ellos armados y listos para atacar. Pixis y Riko entre ellos.

El príncipe ignoró todo ésto.

Dio otro par de pasos, llegando a dónde sabía, aguardaba lo que por derecho era suyo.

La Corona Real, hecha con magia de sus ancestros, brillaba en un opaco semi muerto esplendor. Las esmeraldas incrustadas en ella resplandecían con un fulgor único, que sólo desaparecería en caso de desaparecer el heredero. Eren levantó una de sus manos y la tomó. Todos en la sala fueron cegados por una cortina de luz y niebla, tan imposiblemente luminosa como el mismísimo sol. La luz envolvió el cuerpo del gigante ante la atónita mirada de todos los presentes. Pronto, cómo si alguna conexión sobrenatural existiera, todo el castillo comenzó a iluminarse también. Las opacas paredes retornaron a su antiguo color dorado, las antorchas en las paredes aumentaron su brillo aún más.

Pronto todo el castillo volvió a retomar su antigua gloria ante los sorprendidos ojos de aldeanos y concejales

Y allí, sentado en el trono que por derecho le correspondía, estaba el Príncipe del Reino María. El último descendiente de los Jeager.

Continuará...


Hola hola hooolaaaaa

En serio, me discupo y lloro por haberlos hecho esperar tanto tiempo, pero de verdad que se me complicó bastante estas últimas 2 semanas.

Sep, su fiel servidora esta pasando por todo el medio de las semanas de fuego de los examenes :D Pero no se preocupen! no pienso, bajo ningun motivo, abandonar mis ideas xD Lo único que les aviso es que me tardaré un poco más con las actualizaciónes hasta dentro de dos semanas más.

ah! y quería especificarles algo, Eren en el fic tiene 21 y Rivaille tiene 32 :D

Se que no es el canon de la serie, pero asi me funciona a mi... y leyeron ese fic en ingles sobre levi!dragon? oh por diooxxxx está demasiado buenoooo! La verdad, mi idea era algo asi como ésa, y por eso es que me gustó tanto xD

ultima cosa, Lazos voy a tratar de actualizarlo antes del domingo, aunque no les prometo nada... pero tratare!

byebye!

at: alex