Nota de la autora:
Saludos a todas y todos, primero que nada les ofrezco una disculpa por no haber actualizado esta semana, pero estuve tomando unos cursos que me han quitado bastante tiempo y luego con la escuela fue algo difícil, pero estoy de vuelta y continuaré actualizando cada 5 días aproximadamente.
Aprovecho para comentarles que la verdad esta última semana tuve mis dudas sobre cancelar el fic puesto que siento cierto bajón en el número de votos, vistos y comentarios en el porcentaje de ambas páginas (esta y wattpad), pero he decidido no rendirme y mantener mi esperanza de que esto llegue al éxito que espero.
Quiero anunciarles también que se vienen cosas muy padres, estamos dando cierre a la primera etapa del fic para empezar con los nudos principales, todo esto ha sido sólo el principio, va a empezar el romance como Dios manda, el momento de que los tres héroes conozcan sus identidades por completo y se empiece a desarrollar la problemática principal que leyeron en la sinopsis que es el descubrimiento de la identidad de Papillon. Fuera de eso también está en proceso la traducción del fic al inglés y también un trato que hice con una amiga mía que es muy buena dibujante para que ilustre la historia, así que todo se volverá más interesante de ahora en adelante y seguiré esforzándome por entregarles siempre la calidad que les prometí.
Les pido también que si tienen oportunidad compartan el fic con sus amigos y amigas miraculers, que hagan buenos comentarios y lo recomienden en sus redes sociales, que me apoyen siguiéndome en Amino Ladybug los que tengan cuenta y apoyen con las publicaciones sobre el fic.
Por su atención muchas gracias, los dejo con el cap :)
La brisa de invierno se había vuelto más fría en el transcurso de la noche, así que en aquellos momentos causaba escalofríos en los hombros descubiertos de la chica de cabello azabache, quien caminaba por las oscuras calles de París del brazo del sobrino del presidente de Vitbarn, quién parecía mostrar un considerable interés en ella y que de hecho le provocaba cosquilleos en intensidades que casi había olvidado.
Era como vivir las primeras semanas con Adrien otra vez.
El chico se quitó el saco y lo colocó delicadamente sobre los hombros de la ojiazúl, sin decir palabra pero dedicándole una sonrisa.
-Gracias- dijo envolviéndose en la prenda -Tocas maravilloso- se negó a continuar con el silencio que no le ayudaba en nada a controlar sus emociones.
-Muchas gracias- respondió sonriendo -Me ha tomado años de esfuerzo.
Ella notó que la voz del chico sonaba distinta a cuando estaban en la mesa de los estudiantes, o a cuando había hablado con su primo, era como si le añadiera cierto tono severo al hablar con el resto de las personas y con ella parecía mucho más dulce, incluso sonaba vulnerable.
-Mi madre siempre ha sido muy afecta a la música clásica, por eso se encargó de que yo tomara clases desde muy pequeño, aunque nunca tuvo planeado que yo comenzara a amarlo- miró al frente -Ella quería que mi único amor fuera la empresa familiar, a final de cuentas fue por eso que se casó con mi padre.
-¿Cómo?- La ojiazúl frunció el seño, volteándolo a ver -¿Un matrimonio arreglado?
-¿Te sorprende? Son bastante comunes entre las familias adineradas.
Marinette apartó la mirada y se llevó una mano a la boca, abrumada ante la idea de ser obligada a casarse con alguien que no ama por mero capricho y ambición de sus padres, no entendía cómo podía haber padres que sometieran a sus hijos a tal cosa.
-Pero no fue el caso- continuó él -Mi padre se enamoró de ella de verdad, se conocieron cuando llegó para la inauguración de Vitbarn París desde Suecia y me contó una vez que cuando la vio pensó que era un ángel- ante eso, la chica sonrió -Pero mi madre nunca sintió lo mismo por él, a pesar de que le dio todo y siempre fue un caballero honorable, cariñoso y noble.
La sonrisa desapareció lentamente y de nuevo ambos miraron al frente. Toda aquella historia sonaba demasiado triste, la chica casi podía visualizarlo como un enorme peso que el chico llevaba cargando, una opresión con la que tenía que luchar constantemente.
Se preguntó cómo le haría sentir todo aquello al universitario, se notaba que amó mucho a su padre y pensó en cómo la indiferencia de su madre le pudo haber afectado, en cómo la muerte misma de su progenitor influenció en la persona que era hoy. Es verdad que como héroe y enfrente de otras personas se portaba arrogante, pero estando ahí, con ella, hablándole de su familia simplemente porque le nació… era bastante lindo.
Cuando llegaron a la panadería, las luces ya estaban apagadas, los padres de Marinette sabían dónde estaba su hija y confiaban plenamente en que volvería en cuanto terminara el banquete, por lo tanto no se habían preocupado en esperarla despiertos.
Ambos miraron el edificio y luego se miraron el uno al otro, la chica se ruborizó.
-Debes apreciar mucho a la familia y la vida que tienes- murmuró el ojigrís -Porque todo esto es lo que te ha hecho de la manera que eres, y no hay nada más valioso que eso- la aprisionó con la mirada -No lo que es Ladybug, si no tú: Marinette Dupain-Cheng.
Los ojos azules no podían librarse de los grises, la sorpresa de lo que acababa de decir hizo que entreabriera ligeramente la boca. Se sintió profundamente halagada… aquél chico la quería por todo lo que ella era, él realmente pensaba que era maravillosa en cualquiera de sus formas, civil y heroica, podía ver a través de ella como si fuese un libro abierto y eso la hacía sentir transparente, con él no podía fingir, no había podido hacerlo desde el momento en el que se conocieron, y aún cuando había pasado tan poco tiempo desde eso, comenzaba a pensar en él de una forma más profunda que como colega.
Su rostro mostraba la misma expresión que aquella vez que se dio cuenta de lo que Adrien le provocaba.
Por su parte Antoine la miraba por simple deleite, tenía años que no había sentido algo como aquello por alguien, tanta admiración, fascinación, respeto. Aquella joven había logrado en poco tiempo y sin insinuación alguna robarle por completo el corazón, como Ladybug era muy interesante y atractiva, pero ella, la verdadera Marinette… era simplemente arrebatadora. No había nada que moviera tanto su interior en aquellos momentos que esa mirada dulce, esas mejillas rosas y toda aquella bondad que emanaba.
Entonces se acercó a ella, inclinándose de nuevo para quedar a su altura y cortando el espacio que los separaba para depositar suavemente un beso en su mejilla.
Marinette seguía inmóvil, aún después de sentir la presión cálida de los labios sobre su fría piel.
-Buenas noches, cara mia- murmuró, se irguió y finalmente se marchó.
-Alguien tiene problemas con sus emociones- Tikki observaba a su portadora, quien yacía en la cama mirando fijamente al techo, aún sonrojada.
En su mente se repitió el sentimiento que le causó aquél beso, aquél olor, aquellas notas emanando del violín.
-Claro que no- respondió tapándose el rostro con una almohada -Yo amo a Adrien y sólo a Adrien…
-No intentes negar lo que tu corazón te grita, Marinette- la criatura roja le quitó el cojín -Si lo pasas por alto podrías arrepentirte, sé lo que te digo.
Ésta suspiró.
No entendía bien por qué comenzaba a sentir todo aquello por ese arrogante presumido, ¡era todo lo contrario a lo que ella le gustaba! Sólo la molestaba, andaba de arriba abajo luciéndose como si fuera un maldito pavo real, incluso le recordaba a Chloé en todo aquello. ¡Pero claro que no! Él no era en absoluto como Chloé, aquella semana luchando a su lado lo probaba, fuese como fuese tenía un corazón bondadoso y de aquello no había duda, las cosas por las que había pasado en su infancia le hicieron así, era un chico que había sufrido mucho y eso le llevó a convertirse en una gran persona…
Aunque una gran persona ególatra.
-No lo sé, Tikki- se incorporó y tomó entre sus manos el saco que Antoine le había puesto para abrigarla, era muy suave y fino -Parece ser tan contrario a Adrien…
-Tal vez es eso lo que te atrae de él- la kwami le sonrió -Que es muy diferente a ti.
Y tenía razón, aunque Marinette no lo sabía, inconscientemente era todo aquél peligro y malicia lo que le llamaba tanto la atención, le causaba cierta adrenalina que la caballerosidad de Adrien no, ella no sabía que algo así le atraería, eran reacciones inconscientes, cosas que no controlaba pero sí sentía. Era verdad que sólo amaba a Adrien, pero aquella atracción por Antoine podía llegar a convertirse en algo más si se permitía profundizar.
Sólo debía permitírselo.
La campanilla del elevador sonó cuando éste llegó al octavo piso, de él salió una mujer de cabello negro vestida en un elegante traje sastre gris y una penetrante mirada verde.
Se trataba de Genèvieve Belcourt, una fiel defensora del medio ambiente que había tenido bastante éxito en su trabajo de campo como experta en biología y ecología, se encontraba en París para presentar a la Cour Suprême des Écologistes France (Suprema Corte de Ecologistas Francia) su más reciente estudio sobre una rara especie de hongos que parecía habitar al norte del país, justo en el bosque que la empresa Vitbarn había comprado para abastecerse de madera para un nuevo producto exclusivo de Vitbarn Francia. Sabía que debía ser detenido y es precisamente por eso que había viajado desde su hogar Bordeaux hasta la capital.
-Buenos días, doctora Belcourt- le saludó su abogado cuando ésta entró en la sala de espera.
Ella apenas y lo volteó a ver, continuó con paso firme hasta la gran puerta de la corte con la barbilla alzada y los tacones repiqueteando en el piso encerado.
-Buenos días, Smith- respondió al saludo -¿Todo listo en el papeleo?
-Así es, doctora, los memorándums fueron repartidos hace unos minutos y la corte ya está completa.
-Perfecto- al llegar a la puerta se giró a su colega y le dedicó una sonrisa, de aquellas que personas tan atractivas como ella solían tener y que provocaban que el resto de la gente se quedara atónita. Por fortuna, su abogado ya se había acostumbrado -En ese caso, es hora de patear unos cuantos traseros.
Dicho esto entró en la habitación.
Un grito se escuchó por toda la casa de los Dupain-Cheng.
-¡Oh! ¡Debes estar bromeando!- Alya no podía creer la noticia.
Marinette reía.
-Si sigues gritando así, pensarán que te estoy torturando- dijo entre risas.
-¡Dios mío! ¡La tortura es estar sin detalles! ¡Vamos!- Se sentó junto a ella en la cama, haciendo a un lado los libros de historia, estaba ahí para hacer la tarea que habían dejado ese día en la escuela, pero enterarse de la nueva era mucho más importante que nada -¡Cuéntamelo todo! ¿Cómo te lo pidió? ¿Dónde te lo pidió?
La ojiazúl seguía riendo.
-Fue bastante inoportuno, a decir verdad- comenzó a contarle -Corrió a encontrarme afuera del hotel cuando la cena terminó y sólo me lo preguntó… aunque a decir verdad parecía algo nervioso…
Otro grito por parte de la mulata.
-¡No lo creo! ¿Cómo te sentiste?- La tomó por los hombros -¿Cómo te sientes?
Se tomó unos segundos antes de responder para pensarlo, recordó los gritos interiores y las ganas de saltar de emoción, pero todo aquello se veía interrumpido por Antoine, sus palabras y los cosquilleos que le provocaba.
La sonrisa desapareció de su rostro.
¿Qué iba a hacer si seguía todo aquello? No podía pensarse a sí misma en una especie de encrucijada teniendo que escoger entre Antoine y Adrien, obviamente escogería a Adrien, siempre lo haría, ¿por qué siquiera consideraba otra opción?
-¿Marinette?- La sonrisa de su amiga también desapareció -¿Sucede algo malo?
Tal vez contarle serviría de algo, tal vez eso era precisamente lo que necesitaba, tal vez Alya podría ayudarla.
-Sí…
La puerta de la corte se abrió bruscamente y una furiosa Genèvieve salió corriendo.
-¡Doctora! ¡Espere!- Detrás de ella, su fiel colega Smith intentaba alcanzarla -¡Aún se puede hacer algo para preservar a la especie! Si presentamos el informe a…
-¡No tiene caso!- La mujer siempre fue muy impulsiva, había elegido su trabajo por el deseo de defender lo que creía correcto a beneficio de las especies que no tenían voz, aquello significaba todo para ella, no poder lograrlo era su más grande pánico y lo que provocaba que perdiera el control de aquella forma -¡Todos son unos asesinos!
Se giró hacia su abogado y le estampó bruscamente el portafolio en el pecho, provocando que éste se quedara inmóvil de la impresión, sólo observando cómo su jefa bajaba corriendo las escaleras de emergencia a punto de tirarse a llorar.
Muy lejos de ahí, un ventanal se abría, dejando a la vista del dueño la ciudad entera.
-¡Cuánto potencial siento!- Exclamó Papillon -Tanta pasión siendo convertida en odio, odio al mundo, a la gente y a lo que se cree que está bien- rió -Nada está bien.
Extendió su brazo, atrayendo a su mano a una de las mariposas que revoloteaban a su alrededor, invocando así al poder de su miraculous.
-Acércate, mi querido Akuma- le murmuró a la mariposilla que caía en la red, justo antes de aprisionarla en sus manos y cargarla de energía, aquella que la teñía del color oscuro que caracterizaba a sus creaciones -Muéstrale a esa alma confundida el camino correcto.
Genèvieve había llegado al fin al exterior del edificio y jadeaba, con lágrimas en los ojos, recordó todos los años de investigación que gastó, el tiempo que pasó junto aquella especie, descubriendo sus secretos, sus beneficios y aún a la gente le importaba un comino. Furiosa se quitó los guantes de las manos, sentía mareos a causa del coraje, incluso náuseas, la especie que había aprendido a amar con el tiempo sería asesinada, masacrada por criaturas sin corazón cuyo único objetivo era conseguir dinero.
-Los odio a todos- murmuró muy bajo para luego alzar la voz -¡A todos!
Su puño se cerró fuertemente, estrujando los guantes en los que segundos después se paró la mariposilla negra.
-Hola, Madame Fougère, soy Papillon- resonó la voz en el interior de la doctora -Ahora podrás enseñarle al mundo lo que es correcto sin que nadie se oponga. A cambio necesitaré un favor de tu parte.
La mujer rió.
-Por supuesto, Papillon.
Y la negrura la envolvió, transformándola.
