Notas del autor:

Hola a todos y gracias por su paciencia, aunque creo que logré actualizar una semana antes de lo previsto. Aprovecho el espacio para dar unas pequeñas advertencias y avisos sobre el capítulo de hoy.

Debido a que el desarrollo se tornó un poco más... digamos...emocionante de lo normal, tuve que cambiarle la clasificación a T, no se espanten, no me volví loco, pero creo que las siguientes escenas podrían ser un poquito fuertes para los lectores más sensibles. No quiero asustarlos, solo les adelanto que la narración va a tomar un rumbo un poco extraño, si no entienden algo les recomiendo que sigan leyendo hasta el final de la historia para aclarar sus dudas. También que el capítulo es un poco más largo de lo habitual y bueno ¡Hoy tendremos un pequeño bonus! No los interrumpo más, continúen leyendo el nuevo capítulo de mi fic, Torpe zorro. Espero sea de su agrado.


Capítulo 9: Nick contra el Departamento de Policía de Zootopia


El zorro estaba entre la espada y la pared, aunque no podía ver por la altura del recibidor, sabía que estaba rodeado, ya que dentro del escritorio había un pequeño monitor conectado a las cámaras de la recepción que le permitía ver lo que pasaba afuera. Con imágenes en blanco y negro, la pantalla le mostró a 6 mamíferos: un hipopótamo y cinco carneros altos, uno de ellos era muy, muy grande. Todos rodeaban el recinto y apuntaban con pistolas de dardos tranquilizantes. No eran tantos como el hipopótamo le advirtió, pero él sabía que no tardaría en llegar más.

—¡Demonios! —maldijo Nick— Si salgo corriendo seguro me dispararán. Necesito una distracción, ¿pero cuál?

Nick buscó entre todas las cosas que había a su alrededor: hojas, plumas, tijeras, una grapadora, cinta adhesiva, entre otras, lo típico de una oficina. No vio nada útil, aunque pudo notar que estaban muchas cosas de Garraza, especialmente cajas de comida, bebidas y algunos posters y mercancía de la ídolo pop Gazelle.

—¿Qué es esto? ¿es un... frigobar?

El zorro vio que había un pequeño refrigerador en el antiguo lugar de trabajo de Garraza.

—Meh, supongo que Garraza guarda artillería pesada por aquí, ¿no? —bromeó el zorro por desesperación.

Abrió sin esperar nada útil, y efectivamente, sólo encontró bebidas, y algunas golosinas congeladas, aunque se topó con algo inusual.

—¿Una cabeza de lechuga, eh? Veo que nuestro enorme guepardo quería cuidar la línea… —dijo irónicamente mientras azotaba la puerta del frigobar— ¡Maldita sea esto no me ayudará a sa...! ¡argh!

Nick pateó por error una caja pesada al lado del electrodoméstico.

—Cielos, que sea un lanzacohetes por favor…

Nick la abrió y dentro encontró varias botellas de salsa catsup.

—Bien, es todo —suspiró—. Me rindo.

Nick se quedó sentado y resignado esperando a que entrara la policía en cualquier momento, que le llenará el cuerpo de dardos tranquilizantes, que Bogo lo retuviera o cualquier otra cosa que evitaría que hoy viera a Judy.

—¡Maldición! —se lamentó el zorro— ¡Soy un idiota! ¿Por qué…?

—¿Dónde están los refuerzos que solicité hace cinco minuto? ¡Tenemos una posible situación de un animal salvaje! —dijo la voz del hipopótamo, pero desde el radio de Buenalana, el carnero que aún permanecía inconsciente— ¡Alguien responda! Cambio.

Nick se acercó al carnero desmayado, tomó su radio, y prestó atención a la conversación.

—McCuerno al habla —respondió otra voz— Tengo un problema con los nuevos reclutas, parece que en vez de grandes y fuertes carneros, me dieron un par de ¡ovejitas cobardes! No puedo unirme a ti por el momento Higgins, y hace poco Rinowitz me dijo que el equipo ovino que le asignaron salió huyendo al escuchar la alarma. Lo lamento, pero creo que estás sólo. Cambio.

Nick volteó a ver la pantalla donde estaba los mamíferos rodeándolo, y notó que todos los carneros estaban muertos de miedo, estaban apuntando hacia el recibidor pero no dejaba de temblarles las patas y sus caras de angustias mostraban lo aterrados que estaban. El único que parecía un poco más valiente era el enorme hipopótamo, pero parecía inseguro de entrar por Nick sin más oficiales de apoyo. En ese momento, el cánido recordó lo que Finnick le había dicho acerca de la histeria colectiva y el miedo que tienen las presas a los depredadores.

—Histeria… miedo… ¡Lo tengo!

El zorro miró a su alrededor y junto todo lo que le parecía útil, luego tomó unas tijeras, se acercó a cuerpo inconsciente de Buenalana, y alzó su cabeza.

—Lo siento Robby, no quería hacer esto, pero eres tú, o yo; parecías un buen chico.

El zorro tomó la lana entre sus patas y sin dudar acercó las tijeras hacia el pequeño carnero.


Afuera de la recepción, los oficiales de policía seguían indecisos de actuar.

—Jefe Higgins, nadie vendrá —dijo uno de los carneros—. Mejor vámonos antes de...

—¡De ninguna manera, novatos! —respondió gritando Higgins— Somos la policía, ¡es nuestro deber proteger la ciudad ante cualquier amenaza!

—Pero no tratar con bestias tan peligrosas, escuché que ayer atacaron a uno de los nuestros —dijo otro mamífero ovino— ¿Que tal si nos ataca? Ya lastimó al pobre Buenalana...

—Probablemente ya esté muerto… —comentó otro carnero.

—¡Basta! —gritó nuevamente el hipopótamo— Todos conocemos los riesgos de este trabajo, ya es muy tarde para retractarse, así que cierren la boca y prepárense para cubrirme, voy a entrar…

El enorme mamífero fue interrumpido por ruidos provenientes del recibidor, sonaba golpes, arañazos y objetos lanzados contra el suelo, y los más impactante, gruñidos.

—¡Por la lana de mi abuela! ¡Sí es un animal salvaje! Hay que esperar los refuerzos y…

—¡Qué no! —siguió gritando— ¡Podemos hacerlo! Somos 6 oficiales bien entrenados contra un tonto animal salvaje, ¡y nosotros tenemos armas!

—¡GGGGGRRRRRAAAAAAA, GRRRRR, GRAAAARRRRRR!

—Ay, pero se oye peligroso —dijo el carnero más grande de todos—, yo mejor me voy…

—¡No se dejen intimidar! Terminemos con esto de una vez, todos, atentos y dispárenle a todo lo que se mueva, ¿entendido?

—¡Sí señor! ¡Ahhhh… !

De pronto, del escritorio salió volando un objeto esférico, que cayó al piso escurriendo un extraño líquido rojo. El objeto cayó a los pies de uno de los carneros de menor tamaño.

—Esto parece la gorra de Buenala… ¡Por todos los cielos! ¡ES UNA CABEZA! ¡ES LA CABEZA DE BUENALANA!

—¿QUÉ?

—AAAAHHHHHHHHH, ¡Se acabó, me largo de aquí!

—¡Esperen, cálmense!

El carnero vio frente a él lo que parecía la cabeza del oficial Buenalana, cubierta de lana y mucha sangre, y aún llevaba puesta una gorra y unos lentes oscuros que le cubría los ojos. Uno de los carneros se fue corriendo de la jefatura, mientras que los otros estaban impactados por la escena incluyendo al mismo oficial Higgins, quien con mucho miedo encendió su radio.

—Hi-giggins al habla. ¡Confirmo la presencia de un animal salvaje muy hostil, tenemos un 10-0! ¡Repito 10-0, oficial caído! ¡Necesito a todo el maldito departamento aquí en recepción, pero ya! Cambio.

—Aquí McCuerno, ¿qué está pasando Higgins? Cambio.

—¡No puedo hablar! Tengo que encargarme de esto antes de que salga de control, vengan enseguida con todos los mamíferos que puedas. También llama al departamento de Homicidios y una ambulancia. Cambio y fuera.

—¿QUÉ? Higgings ¿qué piensas hacer? ¿Higgins? ¡Higgins!

Los carneros que quedaban seguían en shock, pero el hipopótamo los regreso a la realidad.

—¡No es momento de pánico! Debemos detenerlo antes de que haga más daño, cubranme y yo…

—¡Ahí está!

—¿Qué?

Del escritorio salió un feroz zorro caminando en cuatro patas, tenía el hocico lleno de sangre y una mirada fulminante, su camisa estaba desgarrada y con manchas rojas, pero lo más impactante es que cargaba con lo que parecía el cuerpo de un pequeño carnero.

—¡Dispárenle!

Nadie hizo nada. Estaban impactados y paralizados del miedo. Pero el zorro los miraba tétricamente, soltó el cadáver y caminó velozmente hacia donde estaban los demás.

—¡Oh no, ahí viene! —dijo uno de los carneros.

—¡Atrás! ¡Atrás! —decía Higgins muerto de miedo— ¡ATRÁS!

—¡AAAAHHHHHHHH!

El feroz zorro se abalanzó contra el carnero más grande de todos, los demás se quedaron aterrados viendo la escena.

—¡Ayúdenme, me va a comer, me va a comer! ¡QUÍTENMELO!

—¡Dispárenle! —gritó el hipopótamo.

—¡Pero señor, no deja de moverse! ¡Podríamos herir a…!

—¡Sólo es tranquilizante, no pasará nada si fallan!

—¡Pero el tranquilizante tarda 3 minutos en hacer efecto, si alteramos al zorro, lo enfurecerá más y podría ma…!

—¡El zorro! ¡¿Dónde está?!

El feroz depredador ya no estaba, pero el enorme carnero no dejaba de moverse.

—¡Ayudenme, está dentro de mí! ¡Auch, me mordió! ¡ME ESTÁ COMIENDO VIVO!

—¡No! ¡Toma esto!

Higgins se armó de valor y le disparó 3 dardos al carnero, pero este siguió moviéndose y retorciéndose de dolor, mientras que un bulto dentro de su ropa recorría su cuerpo y empezaba a desprender sangre. Los otros carneros no hacían nada y el hipopótamo volvió a dispararle incontables veces, pero el forcejeo continuó por más de 2 minutos.

—¡Ayuda!… no siento… no siento nada —sonrió—... no siento dolor ni sufrimiento… que bien —musitó el carnero a punto de perder el conocimiento—... Gra… gracias…

El carnero cayó de espaldas al piso sobre su propia sangre y dejó de moverse; por unos momentos hubo un silencio perturbador. A los pocos segundos, se empezaron a escuchar gruñidos y sonidos extraños del cuerpo del carnero, las presas quedaron atónitas y sólo Higgins fue capaz de apuntar con su arma, esperando a que el zorro se mostrará a la vista. En menos de un minuto, del pecho del carnero caído se formaba un bulto de algo que parecía salir de su camisa.

—¡Ahí está el malnacido! ¡Disparenle!

Higgins intentó disparar pero se habían terminado las municiones.

—¡Se me terminaron los dardos, alguien más dispárenle!

—Y-y-o yo… no… pue-e-edo-do… —tartamudeó uno de los animales ovinos sin poder sacar su arma.

—¡Maldición entonces denme sus…!

El hipopótamo fue interrumpido por un sonido horrible, del pecho del carnero caído, salió el zorro cubierto de sangre, todos los mamíferos se quedaron impactados y horrorizados por el espeluznante espectáculo, lo que más los impresionó, además del aspecto tétrico de un zorro saliendo del cuerpo de otro animal, fue que de su hocico tenía lo que parecían las tripas del pobre policía.

—¡Aaaaggghhhhhh! —gritó un carnero.

—Buuuaaagggg. —vomitó otro carnero del asco.

—¡No es posible! ¡Esto debe ser una pesadilla! —dijo Higgins alterado.

—¡GGGGRAAAAAAARRRRR! —rugió el zorro salvaje.

El cánido salió sigilosamente del cuerpo del enorme animal y observó al resto de los animales con una mirada fulminante, luego, escupió las entrañas que tenía en su hocico, babeó un poco y luego sacó la lengua y lamió sus labios como si saboreara su próxima presa. Eso fue el detonante para que el resto de los mamíferos ovinos se fueran huyendo de la escena, el único que quedó fue Higgins, quién resignado y muerto de miedo, soltó su arma sin municiones y se dejó caer al suelo derrotado.

—Es mi fin —dijo el hipopótamo esperando lo peor.

El zorro corrió a toda velocidad hacia el animal de piel gris, el policía cerró los ojos y espero un inminente ataque, que nunca llegó. Abrió un ojo temeroso y no vio nada. Volteo a todas partes con miedo, pero ningún cánido a la vista. El oficial Higgins suspiró aliviado y se recostó el piso agradeciendo aún estar vivo.


El Departamento de Policía de Zootopia estaba vacío, la mayoría del personal había abandonado la jefatura ante la confirmación de un depredador salvaje, el lugar parecía desierto de no ser por un zorro que corría a toda velocidad por los pasillos.

—Jaja —rió Nick mientras corría— ¡No puedo creer que haya funcionado! —comentó alegremente— Ahora, si mi memoria no me falla, el mapa decía qué Registros debe estar en el sótano.

El astuto zorro siguió corriendo hasta llegar a unas escaleras que conducían a la planta baja.


Nuevamente en la entrada de la jefatura, Higgins seguía en el suelo intentando recuperar el aliento. En ese momento entraron varios policías portando trajes antidisturbios negros con casco y armados con garrotes, escudos y artillería no letal. Una elefante se acercó corriendo a Higgins, levantó la careta de su casco y tomó al hipopótamo de ambas patas.

—¡Higgins! ¿te encuentras bien? ¿Estás herido?

—Lo siento Francine, todo es mi culpa, intenté detenerlo pero… subestimé a ese animal salvaje… debí esperar refuerzos, ¡debí esperar refuerzos!

—Tranquilízate Higgins, no es tu culpa, era una situación difícil no podías saber… ¡Santos manis! ¿¡Qué pasó aquí!? ¿Qué clase de enorme y grotesco animal hizo esto? —dijo asustada la elefanta al ver el cuerpo del enorme carnero.

—Fue… fue… fue un zorro.

—Que horror que… ¿Un zorro? ¿Un pequeño zorro hizo eso?

—¡Sé que suena increíble, pero es cierto! ¡Ese maldito decapitó al nuevo recepcionista y…!

—¿Decapitó? ¿Qué? ¿De qué hablas?

—¡Ahí, míralo con tus propios ojos! —señaló el hipopótamo hacia donde yacía la cabeza del pequeño carnero.

—¡Swington! —le dijo Francine a una linda cerdita con pequeño mechón rubio en su cabeza— ¡tráeme eso!

La cerdita se acercó con miedo y asco, cerró los ojos, recogió la cabeza y la trajo ante el hipopótamo y la elefanta.

—¿Esto es la cabeza?

—Lo sé es horrible…

—Higgins, abre los ojos y mira bien esto…

—¡No por favor no…!

—¡Hazlo!

Muy a su pesar, Higgins abrió los ojos temiendo lo peor, pero en su lugar vio algo muy extraño.

—Esto es… ¿una cabeza…? ¿¡De lechuga!?

Higgins sostuvo entre sus patas la supuesta cabeza de Buenalana, que en realidad era una lechuga manchada de rojo con la gorra del carnero y lo que parecía ser lana.

—No lo entiendo, parecía una cabeza real…

—Creo que fuiste engañado Higgins.

—¡Pero vimos el resto del cuerpo de Buenalana en…!

—¿El pequeño cordero del recibidor? —interrumpió el cerdo— Está vivo y con la cabeza donde debe estar, míralo.

De lejos se vio como dos ovejas vestidas de paramédicos cargaban a Buenalana en una camilla.

—¿Cómo está nuestro oficial caído? —preguntó Francine.

—Estable, sólo se desmayó y perdió mucha…

—¿¡Sangre!? —preguntó asustado el hipopótamo.

—No, lana, parece ser que le acaban de afeitar lana con unas tijeras, que horror —comentó el paramédico ovino— , necesitará un poco de curación y…. ugh… pantalones limpios, pero fuera de eso, estará bien. —respondió uno de los paramédicos.

—P-p-pero, ¡la sangre! ¡Hay sangre en todos lados! ¿Cómo expli…?

El hipopótamo se calló cuando vio a cerdita lamer la sangre de la cabeza falsa.

—¿Qué rayos haces Swington? —dijo el hipopótamo.

—¿No lo huelen? No es sangre, es salsa de tomate. Catsup.

—Qué, ¿QUÉ? —gritó Higgins histérico.

El hipopótamo se puso de pie y corrió a ver al enorme carnero caído, vio la enorme herida de donde el zorro había salido y las tripas que había esparcido. Con algo de asco, tomó los supuestos intestinos del carnero y se llevó una gran sorpresa.

—¿Qué es esto? Está frío… ¿Son bolis?

Las supuestas entrañas del animal ovino eran en realidad pequeños bolis o golosinas congeladas, encadenados entre sí con grapas y cubiertos de salsa de tomate, parecían unas auténticas entrañas.

—Respira —dijo Swington sintiendo el pulso del carnero—. Está vivo, sólo duerme.

—Por lo que veo, la razón por la que se desmayó fue por los tranquilizantes y el susto de ser atacado por un "depredador salvaje".

—No puedo creerlo… fuimos engañados por…

—¡Por un zorro! —dijo una voz gruesa desde atrás.

—¡Jefe Bogo! —dijeron los tres animales al unísono.


—¡Garraza! —gritó Nick afuera de la puerta de registro.

Un regordete y triste guepardo abrió la puerta casi al instante.

—¿Sí? ¿Nick? ¡Nick!

—¡No hay tiempo, entremos!

Nick entró junto a Garraza dentro del cuarto de oficina, lo cual fue mala idea debido a que por dentro, el lugar era un cuarto muy estrecho. Estaba repleto de cajas con expedientes, una computadora viejísima, los servidores del departamento, interruptores de la instalación eléctrica y hasta un calentador, el lugar hacía ver la vieja oficina de la ahora alcaldesa Bellwether como un palacio espacioso.

—Ay Nick, que bueno que vienes a visitarme, ¡no vas a creer lo que pasó! Ayer me movieron a Registros ¡Y es horrible, horrible horrrrrrrrrible! —se quejó el guepardo incesantemente.

—Garraza yo no…

—Lo peor no es este pequeño cuarto, ni el mal olor, ni que ya no pueda meter más comida aquí, sino mis cosas de Gazelle, cielos no conozco al nuevo recepcionista, pero espero que no le haga nada a mi pequeña colección de la hermosa y talentosa Gazelle porque…

—¡Garraza escúchame! —lo interrumpió gritando el cánido.

—Ay perdón, que descortesía la mía —dijo el guepardo calmandose y viendo de cerca al zorro—. Cielos Nick, ¿estás bien? Escuché que hay un mamífero salvaje suelto en la jefatura —empezó a olfatear—, ¿y por qué hueles a catsup? ¡Qué rico! ¿Puedo lamerte?

—¿Qué? ¡No! —dijo el zorro asqueado— No tengo tiempo para esto, solo dime ¿es cierto que Zanahorias renunció?

—Sí Nick —respondió el felino triste—. Ayer me enteré y esta mañana vino a despedirse y a dejarme unas donas rellenas, me sentía tan mal que me las comí enseguida y…

—¡Garraza! Disculpa, pero no tengo mucho tiempo, ¿sabes a donde fue?

—Sí, dijo que va a regresar a su departamento por sus maletas y luego esperar a que sus padres pasen por ella para llevársela de Zootopia…

—¿¡Qué!? ¿Se va hoy?

—Sí, dijo que se va hoy antes de mediodía. Nick yo…

—¡Maldita sea! ¡Garraza! Por favor necesito la dirección de su departamento o su teléfono o lo que sea, ¡pronto!

—Nick, lo siento pero no pue…

—¡Por favor Garraza, olvida los estúpido protocolos! —suplicó el zorro al borde de las lágrimas— No logré contactar a Zanahorias, todo el departamento está tras de mí y no tengo más tiempo, por favor, ¡eres mi única esperanza!

—Nick —el guepardo empezó a llorar—, ¡lo siento mucho! pero en serio no puedo. La alarma de animale salvajes que se acaba de activar y cualquier otra amenaza a la estación bloquea los servidores por seguridad —el felino hablaba entre sollozos—. Aunque lo intente, la red del DPZ estará bloqueada hasta que el jefe declare que no hay más amenazas en la estación y la reactive. ¡Nick, lo siento tanto!

—¡Ese búfalo mala cara! Maldita sea… un momento, si salgo de la estación, entonces el sargento Bogo desactivará el bloqueo...

—O si te atrapan…

—¡Qué lo intenten! Pero tienes razón, debo irme de aquí lo antes posible, ¡Garraza, rápido, dame tu teléfono!

—Ten —le dió su móvil—, ¿para qué?

—Este es mi número —dijo terminando de teclear en su teléfono— cuando la red policiaca se restablezca, averigua la dirección o el número de Zanahorias y llámame, ¿entendido?

—De acuerdo, pero...

—¡Atención a todas las unidades, aquí el jefe Bogo! —se escuchó del radio de Buenalana que Nick traía consigo.

El zorro sacó el intercomunicador del bolsillo de su camisa, él y Garraza escucharon atentamente lo que el búfalo iba a decir.

—Confirmo que hay un mamífero salvaje en la estación…

—¿Qué? —dijo el cánido incrédulo.

—El sospechoso es un zorro anaranjado adulto, se le considera extremadamente peligroso, ya ha herido gravemente a más de 25 oficiales, si lo ven, sométanlo inmediatamente con armas no letales e infórmenme.

—¡¿25?! —exclamó el vulpino.

—Nick… ¿en serio tú...?

—¡Está mintiendo! —gritó el zorro molesto— Todo fue una treta, sólo le di un susto a unos cuantos animales, pero no toqué a nadie... ¿Qué tramas, Toro Sentado?

—Que extraño, el jefe Bogo nunca mentiría por radio con algo así, a menos que él...

—Feh, es un fanfarrón, me está retando, él… ¡él quiere atraparme!

—Los policías que queden, necesito que bloqueen todas las salidas —continuó hablando el búfalo desde su comunicador—. Los demás patrullen el área en parejas, nunca solos. Si lo ven, no actúen por su cuenta y llámenme enseguida. Es todo. Cambio y fuera.

El búfalo terminó la transmisión, Nick guardó el radio en su bolsillo de la camisa y empezó a esculcar todos los objetos que había en la sala de registros; el oficial Benjamín Garraza veía con bastante pena al zorro, aunque temía preguntar, tragó saliva y se atrevió a hablar.

—Nick… ¿qué vas a hacer ahora?

—¡Feh! ¿No es obvio? ¡Buscando otro milagro en este cuchitril!

El zorro buscaba desesperadamente algo que pudiera usar como distracción, estuvo a punto de rendirse cuando un objeto en la pared llamó su atención, luego se volteó con una sonrisa a Garraza.

—¡Aleluya! —dijo el zorro con emoción.


Bonus

En una enorme, espaciosa y lujosa mansión, se encontraba una pequeña pero hermosa cabra de pelaje blanco y rosáceo, que vestía un uniforme de mucama francesa blanco con negro, ella estaba sacudiendo los muebles de la acaudalado familia donde trabajaba, se secó unas lágrimas con sus pezuñas cuando de pronto, entró corriendo a la habitación un enorme y apuesto lobo de pelaje café rojizo, portando un elegante smoking negro que delataba su alta posición social.

—¡Mei! —la llamó el lobo.

—Déjeme en paz, amo. —le dijo sin voltear.

—Te he dicho mil veces que no me llames 'amo', solo dime Gabu —la tomó con su pata.

—¡Suélteme! —soltó su pata bruscamente, aún dándole la espalda.

—Mei…

—Yo sólo soy una sirvienta, no debo referirme a usted por su nombre y no pretender ser algo más.

—¿Qué? ¿Escuchaste lo que dijo mi madre? —rió— Jaja, ¡no le hagas caso, ella no…!

—Ella tiene razón, sólo soy una vil críada y una… una presa, no tengo porqué relacionarme con su familia, especialmente con un noble y rico depredador como usted.

—¡Mei! No digas tonterías, mi madre está equivocada, ella no te conoce como yo, sólo piensa es su estúpido status social y lo que dirán sus amistades, pero a mi no me interesa nada de eso, a mi solo me importas…

—¡Basta Gabu! —volteó a verlo la cabra llorando con sus hermosos ojos color castaño —¿no lo entiendes? ¡No podemos estar juntos! No debo… —sollozó— olvídate de mi, vete, yo no… ¡yo no te quiero!

—Mei... —dijo el lobo herido, pero no se rindió, acercó una pata al rostro de la chica, acarició su mejilla, limpió las lágrimas que caían a sus pómulos, la tomó del mentón y la hizo voltear a verlo—... pero yo te amo Mei —dijo con una voz cálida y sincera.

—Gabu… —dijo la cabra, perdida en el océano azul de sus ojos.

—Pfff ¡por favor! ¡No seas tonta, no le creas! —Dijo Bellwether, la oveja que desde su celular veía la telenovela más dramática del momento en Zootopia: "Amor prohibido"— ¡No le creas, a él sólo le gusta tu cara bonita! Todos los depredadores son iguales —dijo con despecho sin perderse un solo momento del melodrama.

—¡No, suélteme! —intentó alejarse del lupino.

—¡No! —dijo aferrándose a los hombros de la chica— Mírame a los ojos y júrame que no me amas, que no te gusto, que nada de lo que vivimos significa nada para ti, ¡anda, vamos! Hazlo y no te volveré a molestar jamás.

—Yo… —dijo tímidamente sin verlo a los ojos— no te amo.

—¡Pero dímelo como si lo creyeras, mírame a los ojos Mei! ¡Dímelo con seguridad!

—Gabu… yo no… Gabu… no… no puedo.

La mucama abrazó a su patrón aún llorando.

—Tranquila Mei, no tienes porque llorar, no me gusta verte así… bueno sí, hasta llorando te ves hermosa.

—Gabu… tonto —dijo tratando de no reírse por su último comentario—, tienes razón, jamás podría negar lo que siento por ti, pero… no debemos estar juntos, tu madre, ella me dijo que si me elegías a mi, te desheredará, y que olvidarás que es tu madre, de la fortuna familiar, de los yates, los autos, tu posición en la empresa de tu padre, ¡todo! Yo no, no puedo permitir que arruines tu vida por mi, una simple y tonta…

El lobo la interrumpió colocando un dedo en su hocico.

—Torpe cabra, ya te he dicho que nada de eso me importa, ni todo el dinero del mundo ni todos los lujos de la vida me interesan si no estás tú.

—Gabu…

—Ja,ja —rio sarcásticamente la oveja—, ¡Vaya programa genérico! —dijo Dawn— por un momento pensé que sería una idea fresca y original, no la misma boba novela con los mismos clichés barato, de seguro el lobo sólo quiere una aventura con ella para votarla y cambiarla por una más bonita, como todos los depredadores que conozco; además, no está tan guapo ese tal Gabu —dijo en un tono burlón.

—Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, y para demostrártelo —el lobo se hincó con una rodilla en el suelo y sostuvo la pata de la chica con la suya—, nada me haría más feliz que hacerte mi esposa.

—Gabu… —dijo la cabra con lágrimas en los ojos.

—¡Qué! ¿C-c-cómo? —exclamó la alcaldesa— ¡N-no es posible! Ese lobo, tiene que estar planeando algo, no, no es posible, la novela sólo lleva unas semanas al aire y ya se va a atar a ella así como así? ¡Imposible! Él es un sucio depredador, no puede ser… tan… tan… tan romántico…! —dijo la oveja con la respiración entrecortada.

—Quería dártelo esta noche en la cena, pero si mi familia no va a apoyarme, no me importa, lo haré aquí y ahora.

—¡¿Qué?! —decía emocionada Bellwether del otro lado de la pantalla— ¿Qué le va a dar?

El lobo sacó una pequeña caja negra, la abrió mostrando un ostentoso anillo plateado, con una hermosa esmeralda en forma de trébol.

—¿Te casarías conmigo, Mei?

—Gabu… —dijo la cabra a punto de llorar de felicidad— Gabu... Gabu…

—¡Ya dile que sí, tonta! —Dawn le gritó a su celular emocionada.

—¡Claro que sí!

—Mei… me haces el lobo más feliz del mundo.

—Ja, ja ¡Gabu tonto, yo debería decir eso ji, ji!

Ambos animales se vieron con una enorme sonrisa, el lobo intentó ponerse de pie, pero la cabra lo impidió y se quedó así para poderse a ver a los ojos, el lobo colocó ambas patas detrás de su cintura y la abrazó contra él, Mei rió mientras la cara del chico se acercaba más y más hacia ella.

—Gabu… dijo la cabra con ojos vidriosos y ligeramente ruborizada.

Mei cerró los ojos y el lobo hizo lo mismo, lentamente olfateó su cuello y se aferró más y más a ella, luego, aproximó su hocico a su mentón y de ahí más arriba.

—Vamos, ¡bésala ya! Sucio depredador —decía la cabra extasiada y humedeciendo sus labios, como si esperara un beso para ella.

Finalmente, el lupino estaba a un centímetro de tocar su boca, sus labios estaban a nada de rozarse y así, profesarse amor eterno.

—¡Señorita Bellwether! —gritó un carnero al entrar a la oficina de la alcaldesa de golpe.

—¿Qué? ¡Wah!, wah, ah!

La entrada sorprendió tanto a la ovejita que lanzó su celular por los aires, en vano intentó atraparlo, pero al final, su móvil cayó al piso con fuerza, el ruido indicaba que se había estrellado la pantalla. El carnero tenía un traje negro, claramente era uno de los guardaespaldas de Bellwether, que con mucha prisa se acercó a la oveja que miraba con horror su celular.

—¡Alcaldesa, venga conmigo, tenemos que ir...!

—¡Estúpido, imbécil, animal, cabeza hueca, bestia, pedazo de tonto, mi novela, IDIOTA! —le gritó furiosa Bellwether— ¡¿Cómo te atreves a irrumpir así en mi oficina?! ¡Y en el momento más interesante de esa tonta novela, baboso! ¡Más te vale que sea una emergencia porque si no voy a…!

—¡Su vida corre peligro alcaldesa!

—¿Qué, de qué diablos hablas?

—¡Se confirmó que hay un animal salvaje en el edificio de a lado, el Departamento de Policías de Zootopia!

—¿¡De qué rayos hablas!? No le autorice a Doug… emmm, que diga, ¡Es ridículo!

—Es verdad, y lo peor es que la policía no ha logrado contenerlo, hay varios policías heridos, incluso muchos oficiales ya han desertado, ¡Es una bestia feroz! Es peligroso quedarse aquí, debemos dejar el ayuntamiento o su vida correrá peligro srita. Bellwether.

—¡Estás loco, primero arruinas mi novela, luego destruyes mi teléfono y ahora esto! Sal de mi oficina antes de que el animal que se vuelva salvaje sea yo.

—Alcaldesa, debe creerme —suspiró el enorme carnero—, no quería mostrarle esto, pero ya no hay tiempo —sacó una tableta electrónica de la bolsa de su saco.

—¡Que bien, así podré seguir viendo mi novela!

—No alcaldesa, esta es una grabación de las cámaras de vigilancia de la estación, me la mandó el jefe de seguridad antes de abandonar su puesto, lo que está a punto de ver es muy perturbador.

—¿A sí? —dijo sarcásticamente— Ya lo veremos…

En la pantalla del dispositivo móvil se veía el recibidor del Departamento de Policía de Zootopia, donde unos policías estaban tratando de detener a un zorro salvaje.

—¿Qué, un zorro? Qué extraño, creo haberlo visto antes… Espera un momento ¡E-e-eso es sangre!

—Si, ¿ahora me cree? Espero que sea suficiente para usted, ahora va…

—Espera, espera… no se ve muy peligroso, ¿cómo no pudieron contra ese depredador? Voy a adelantar un poco el vídeo para…

—Errr, señorita Bellwether, no creo que necesite ver todo…

Dawn adelantó el vídeo hasta mostrar la parte más impactante, donde el zorro salía del pecho del carnero cubierto de sangre y cargando los supuestos intestinos del animal entre sus fauces.

—¡AAAAHHHHHHHHHHHHH!

—...eso

La corderita soltó la tableta, dio el grito de su vida y se aferró fuertemente al enorme cuerpo de su guardaespalda.

—¡Santo cencerro! ¡Aaaayyyyyy! ¡Qué asqueroso! ¿Q-q-qué… qué diantres f-fue todo eso? ¿Qué clase de monstruo era eso? ¡Apágalo, apágalo! —gritó histérica

—Lo siento, yo se lo advertí, no quería…

—¿Y qué estás esperando? ¡Sácame de aquí ya, ya, ya! —se quejó la ovejita con una voz muy aguda.

—Enseguida.

El carnero quiso tomar a la corderita, pero ella sólo se aferraba más fuerte a él y temblaba horrorizada, para no perder más tiempo, se fue corriendo así de la oficina de la alcaldesa.

—Dulces chuletas, no pensé que los depredadores se volverían tan violentos con el suero… ¡Maldita sea Doug! —pensó la oveja— ¿Por qué le disparaste a un depredador tan cerca de la policía y lo peor, ¡tan cerca de mi! Te dije cientos de veces que no actuara sin avisarme. Si esta es una de tus bromas o experimentos, seré yo la que te saque los intestinos… wahhh, ¡que asco! No puedo sacarme esa imagen de la cabeza, Ahora no podré seguir viendo mi novela a gusto, ¡Precisamente en la parte del beso! Justo cuando empezaba a gustarme esa porquería de programa, pasa esto. No pensé que los aulladores pudieran causar tanto daño, tendré que suspender los ataques por un tiempo, ¡Es tu culpa Doug!

El carnero siguió corriendo hasta alcanzar la puerta principal del ayuntamiento y salió junto a la regidora de Zootopia, quién seguí temblando muerta de miedo.


Notas del autor:

Bien, ¿qué les pareció? Espero no haberlos dejado confundidos o que piensen que la historia se salía de control. El próximo capítulo también estará enfocado en la acción y una que otra sorpresa, espero que sea de su agrado. Y sobre el asunto de las actualizaciones, el próximo capítulo está contemplado a salir de 2- 3 semanas, sin embargo, puede que para entonces esté algo ocupado, haciendo que las actualizaciones posteriores tarden un poco más, pero no se preocupen, trataré de escribir lo antes posible, los últimos capítulos están cerca y debo esforzarme al máximo.

Un paréntesis aparte para agradecer a algunos lectores:

Primero a A. F. Echenique al ser de los primeros en leerme, por sus comentarios y hasta recomendar mi historia en su blog del mismo nombre, les recomiendo revisarlo, tiene varias cosas interesantes. Gracias.

También a Miss. Fenton por todos los comentarios que me ha dejado y lo pendiente que ha estado de mi historia y respondiendo los comentarios que hago al respecto. Eso y su fabulosa historia: "Maestros del Engaño" (muy recomendable, ver mi sección de favoritos para más información) la cual es excelente y muy inspiradora (Judy 7u7). Me motivó bastante a actualizar este monstruo. xD ¡Muchas gracias!

Y por último a Noalovegood, quien leyó todos los capítulos casi de jalón y me dejo varios comentarios geniales, además de responderme y darme ánimos. Gracias.

Y a todos los que han dejado reviews o los tímidos que siguen leyendo, pero que me apoyan con sus lecturas y dándole a sus favoritos. ¡Muchísimas gracias a todos!

Espero no haberlo aburrido con este enorme capítulo y su extra, al menos ya tiene bastante de donde leer hasta que actualice xD. Cuídense y saludos.