Sumary: La guerra terminó hace ya once meses. Harry intenta rehacer su vida, alejarse de aquello que lo torturó en un pasado. ¿Qué pasará cuando Ron y él se vean obligados a abogar en el juicio contra los Mortífagos? Harry/Ginny Ron/Hermione

Disclamier: Todos los personajes son de Jotaká, y ni ellos ni su universo son de mi propiedad. Yo solo los uso para divertirme un rato.

Clasificación: T


9

Secuestrado

Ginny se apareció en la esquina de la calle Surrey. Se acomodó un mechón de cabello pelirrojo que había caído sobre su rostro, y escudriñó la calle desierta con ojos brillantes. Era muy temprano todavía, y los negocios recién comenzaban a abrir. La niebla lo cubría todo, y Ginny comenzó a caminar por la vereda, sujetando con la mano derecha el paquete de galletas.

A mitad de cuadra, entró en al departamento azul al cual se dirigía, y encontró la puerta abierta. Extrañada, buscó con la mirada al guardia que solía cuidar el edificio de noche, pero no vio a nadie. Tal vez fuera aún muy temprano, pensó, se encogió de hombros y subió por las escaleras; aún no se acostumbraba a aquel aparato muggle que Harry llamaba ascensor.

En realidad, si Ginny lo pensaba estrictamente, no era una sorpresa; ya le había avisado a Harry que el domingo iría a desayunar a su casa. Claro que, en vista de la pelea entre su hermano y su novio, esa idea había quedado desechada en la mente de Harry. Era domingo y eran las siete de la mañana, y estaba segura de que su novio y su hermano aún dormían. Tal vez ella lograra que se reconciliaran, ahora que el juicio había pasado; después de todo esos dos no podían pasar más de dos semanas sin hablarse, menos viviendo bajo el mismo techo. Sonrió con un deje de autocomplacencia.

Terminó de subir la zigzagueante escalera, y se dirigió al 4 B, al departamento de los chicos. Pero apenas estuvo frente a la puerta, Ginny supo que algo andaba mal. La sensación de incomodidad revoloteó en su estomago, pero se tranquilizó diciéndose que seguramente se habían olvidado la puerta abierta.

Empujó la puerta, que rechinó siniestramente. Por alguna inexplicable razón, el corazón comenzó a bombearle con fuerza, como si quisiera llenar el profundo silencio del departamento.

No supo si fue porque los sillones parecían estar destrozados, o porque el departamento parecía estar sumido en un silencio absoluto, pero apenas puso un pie sobre el suelo de madera, se sintió desfallecer, y una sensación de pánico absoluto se agolpó en su garganta.

Le temblaban las piernas, pero aún así avanzó por el pasillo. Abrió la puerta del cuarto de su hermano. No había nadie. Avanzó un poco más, con el corazón latiéndole con violencia. Ginny pisó algo y resbaló unos centímetros. Se sujetó de la puerta para evitar caer.

—Oh, Merlín —gimió.

Se agachó y sujetó con manos temblorosas aquello con lo que había tropezado. Era la varita de Harry.

El pánico comenzó a inundarle todo el cuerpo. Dejó caer la bolsa con galletas, y corrió a la habitación de Harry. No había nadie. La cama estaba hecha, y lisa, como si nadie hubiese dormido en ella.

Un molesto silbido comenzó a llenarle el cerebro. Avanzó hasta la mesita de luz de Harry, y se sujetó del borde, porque había dejado de sentir las piernas, y estaba segura de que iba a caerse en cualquier momento. El celular de Harry parecía vibrar. Lo tomó con manos temblorosas.

Llamando, Hermione celular.

El cartelito brillaba en la pantalla exterior, y el teléfono vibraba en sus manos. Abrió la tapa.

—¿H-Hermione? —no estaba segura de que Hermione pudiera escucharla, pero no tenía fuerzas para alzar la voz.

—¿Ginny? ¿Eres tú? ¿Qué haces en lo de Harry? Lo estoy llamando desde hace una hora… dijo que iba a llamarme cuando llegase y no…

—Hermione —cerró los ojos, y las lágrimas resbalaron por sus mejillas. Un nudo en la garganta le hacía difícil hablar. Las manos le temblaban tanto que apenas sí podía sostener el teléfono, y el corazón le latía dolorosamente rápido.

—¿Qué pasó? ¿Ginny? ¿Me escuchas? ¿Hola? ¿Estás bien?

—Hermione… creo q-que se llevaron a Ron y a H-Harry —intentó hablar a través del llanto.

¿Qué? ¿A dónde? ¿Quiénes?

—Hermione, el apartamento está prácticamente destruido —ahogó un sollozo y murmuró en voz tan baja que creyó que Hermione no la oiría—; creo que los secuestraron.

Escuchó un sonoro "plop" del otro lado de la línea, y el sonido del celular al caerse al suelo.

Ginny se deslizó hasta el suelo, y se abrazó las piernas con los brazos, mientras se tapaba la boca con la mano para contener el grito de angustia.


¿Dónde estaba? Sentía un molesto dolor en las manos, y algo en la boca no lo dejaba respirar bien. Tal vez se había enredado con las sábanas en medio de la pesadilla, porque esa noche había tenido una pesadilla horrible. Había soñado que los secuestraban, a Ron y a él…

Abrió los ojos. Todo estaba oscuro y silencioso. Pestañó. Debía ser muy de noche aún; no veía nada. Se intentó llevar una mano a la cara, para comprobar si tenía puesto los lentes, pero un doloroso tirón el devolvió su mano a la posición original. Tenía la mano atada a su espalda. La respiración se le aceleró.

Harry trató de gritar, pero algo le tapaba la boca, y el sonido le salió ahogado. No había sido un sueño.

Otro gruñido sonó por algún lugar a su izquierda, y Harry forcejeó con más fuerza, sintiendo la fibrosa soga rapar la piel de sus muñecas.

Entonces se oyó un sonido seco, como el abrirse de una puerta. La luz tintineó, y alumbró repentinamente el lugar. Harry parpadeó hasta acostumbrarse a la luz tenue que había inundado la habitación.

—Vaya —rió una voz—, pero sí parece que la bella durmiente despertó…

Otro gruñido resonó a su derecha. Harry giró la cabeza y vio a Ron, sentado en una silla a unos metros suyo. Su amigo también llevaba una mordaza en la boca y estaba maniatado.

El individuo dio un paso hacia delante, y Harry pudo verle la cara encapuchada.

—Les advertimos que no jugaran con fuego… No nos hicieron caso —hizo un puchero, y alguien detrás suyo rió—. Una lástima.

Harry soltó una serie de insultos que se vieron ahogados por la mordaza, y forcejeó con fuerza.

—Parece que el Niño que Vivió está enojado —el mortífago se acercó, y Harry echó la cabeza hacia atrás—. Pronto tendrás tu merecido, niño. ¿Quién quiere ser el primero? ¿Tú, pelirrojo? —Harry mordió con fuerza la mordaza, y volvió a soltar un gruñido de advertencia. El encapuchado se giró lentamente, relamiéndose—. ¿O tú, Potter?

Harry le sostuvo la mirada sin dejar de forcejear.

—¡Bueno, bueno! —rió otra vez—, si tanto insistes, empezaremos por ti —se acercó a Harry y, tomándolo del cabello, le echó la cara hacia atrás. Harry sintió como le bajaba la mordaza—. Quiero escucharte gritar, Potter…

—Voldemort está a muerto —gritó Harry, forcejeando contra las cuerdas—. ¿Rindiendo honores a un cadáver, Yakley?

El Mortífago se detuvo, sorprendido de que Harry lo hubiera reconocido. Luego soltó un gruñido de rabia, y le dio un puñetazo en el rostro. Harry jadeó, y escupió sangre; Yakley le había partido el labio. Podía ver a Ron forcejeando a su lado, mirándolo con ojos aterrorizado. Harry oyó la risa seca del Mortífago.

—Podríamos vivir en la gloria, Potter —habló Greyback.

—Pero gracias a ti no —completó Yakley—. Simplemente estamos vengando su muerte, Potter. ¡Crucio!

El grito de dolor escapó de los labios de Harry antes de que pudiera siquiera pensar en detenerlo. El dolor clavó filosos cuchillos en cada centímetro de su piel, y trituró todos sus huesos. Los ojos se le pusieron en blanco, mientras su cuerpo se sacudía en convulsiones.


Hermione se apartó el cabello del rostro, respirando agitadamente, y apoyó las manos en el escritorio de Kingsley.

—Mira —espetó, con voz temblorosa—, mi mejor amigo y mi novio están desaparecidos. Hay marcas de magia negra en su apartamento, sus varitas están sin sus dueños tiradas en el suelo, los muebles están prácticamente destruidos… ¡No puedes decirme que deben pasar veinticuatro horas para declarar el secuestro! ¡Kingsley, estamos hablando de Harry Potter y Ronald Weasley, no de cualquier otra persona!

—Hermione, entiendo perfectamente lo que dices, pero las normas indican que debo seguir el protocolo en estos casos…

Hermione soltó un bufido de exasperación, y golpeó el escritorio con el puño. Cerró los ojos durante unos momentos.

—De acuerdo, de acuerdo —abrió los ojos y respiró fuertemente para tranquilizarse—. Kingsley, para mañana a las seis de la mañana quiero a todo el cuartel de Aurors a mi disposición, para comenzar la investigación lo más rápido posible. Yo me encargaré de recorrer el lugar y preguntarle a los vecinos. Quiero fotos esparcidas por El Profeta, avisos pegados en el ministerio y el Callejón Diagon, y una recompensa para quien ofrezca datos. Quiero una revolución mediática, Kingsley —dijo con voz aireada—. A las seis de la mañana como muy tarde —finalizó, y se dirigió a la puerta—. Así serán veinticuatro horas, ¿ah? —Hermione cerró la puerta de un portazo.

Kingsley se masajeó el puente de la nariz y suspiró.


La oscuridad pestañó enfrente suyo cuando Harry abrió los ojos. El hecho de que se sentía mareado, sediento y que le dolía cada parte del cuerpo no ayudaba mucho a mejorar la visión. Pestañó otra vez. Tenía la mejilla pegada al frio suelo negro, y los anteojos torcidos. Sentía algo caliente resbalarle de la frente y empaparle parte de la cara y del suelo. Cerró los ojos, pero la luz no varió.

En medio de la tortura, la silla había caído a un costado. Recordaba haberse golpeado fuertemente la cabeza contra el suelo y haber perdido el conocimiento.

Trató de moverse un poco hacia su derecha. Todos sus huesos crujieron al mismo tiempo, y el dolor recorrió su cuerpo. Lo invadieron las nauseas, y soltó un gemido.

—¿Harry? ¿Harry, estás bien? Por favor, Harry, di algo… —la voz parecía surgir de la oscuridad.

—¿Ron? —tenía la garganta seca y le costaba hablar.

—Oh, gracias a Merlín, pensé que… —Ron soltó lo más parecido a una risa llorosa.

—¿Tú estás bien?

—Sí, no me hicieron nada, no aún —su voz se tensaba por los nervios—. No sé dónde estamos, pero los Mortífagos que nos secuestraron volverán en un par de horas, porque se fue cuando te desmayaste… —la voz de Ron se quebró—. Tenemos que salir de aquí.

—Ron, cálmate —susurró—. Saldremos de aquí… Hermione y Ginny nos encontraran… —tosió un poco y un gusto metálico inundó su boca.

Ron suspiró audiblemente. Harry volvió a cerrar los ojos. Le dolía el brazo izquierdo sobre el cual había caído, tenía las muñecas lastimadas por haber forcejeado contra las sogas y se sentía cansado. Cada centímetro de su cuerpo dolía, y el dolor no menguaba al pensar que no transcurriría demasiado tiempo hasta que el Mortífago volviera.

—¿Sabes cuánto tiempo hemos estado aquí? —preguntó con voz ronca.

—No lo sé. Tal vez horas… o días, no lo sé —la voz de Ron sonaba trastornada.

Harry soltó un gruñido y cerró los ojos otra vez cuando la puerta crujió.

—¿Estás despierto, Potter? Vamos, esto no es lo mismo sin tus gritos… ¿Estás despierto? —Harry no contestó—. Te pregunté algo —el Mortífago le dio una patada entre las costillas, y Harry se dobló de dolor.

—Déjame en p…paz, Yakley —balbuceó, con la boca ensangrentada.

Escuchó la risa de Yakley, y como murmuraba otra vez el maleficio. Nunca había sentido tanto dolor como hasta entonces, pensó Harry, mientras se retorcía en el suelo a convulsivos espasmos. La agonía era tal que deseó estar muerto. Perder el conocimiento, cualquier cosa. Rogó, silenciosamente, mientras los gritos escapaban de su garganta y se iban haciendo cada vez menos intensos, que Hermione y Ginny lo encontraran, antes de que fuese demasiado tarde.


—Ginny, tranquilízate, no estás ayudando así.

—Lo siento —se disculpó Ginny por enésima vez, retirando la mano de la ventanilla del auto, donde había estado golpeando la superficie con las uñas—. Es que no lo soporto. ¿Cómo puedes…?

—Tenemos que encontrarlos. Vamos a encontrarlos —se corrigió Hermione, acomodando los papeles—. Los Aurors están buscando datos en el departamento. Quieren darse una idea de que pasó.

—¿Por eso vamos hacia allí?

—Sí. Tal vez podamos ayudar en algo.

—Pasaron más de 30 horas. ¿De qué rayos sirve ir hasta allí y ver que sucedió?

Hermione mantuvo sus ojos fijos en la ruta por la que manejaba, y no respondió.

Llegaron al edificio. Los Aurors estaban recorriendo todas las habitaciones, registrando todo cuanto veían.

—Buenos días —sonrió alguien detrás de las dos chicas—. Ustedes deben ser Hermione Granger y Ginebra Weasley.

—Mucho gusto, Señor…

—Aníbal Hinluk.

—Un placer —murmuró Ginny—. ¿Alguna noticia?

—Nos estamos dando una idea de que sucedió…

—¿Y eso cómo nos ayudará? —preguntó bruscamente Ginny.

—Es necesario tener todos los datos posibles —dijo seriamente el señor rubio. Miró a Ginny con el ceño fruncido, y se giró hacia Hermione—. Por ahora, lo que sabemos es que los atacantes esperaban dentro. Aturdieron al Señor Weasley apenas entró, y unas horas después, cuando entró el Señor Potter, se realizó un maleficio punzante. Luego, otro encantamiento aturdidor que suponemos dejó a Potter fuera de combate, y por último una desaparición conjunta.

Ginny se tambaleó un poco, y apretó los labios.

—¿Alguna idea de dónde pueden estar?

—No exactamente, pero estamos rastreando la procedencia de los hechizos.

Hermione suspiró y cerró los ojos un momento.

—De acuerdo. Sigan… sigan con lo que están haciendo.

El rubio asintió, y caminó hacia la habitación de Harry.

Ginny se frotó los ojos, y miró a Hermione.

—¿No estamos logrando nada con esto, cierto? No tienen idea de donde están y estamos perdiendo el tiempo.

—N-no —Hermione suspiró—. Tenemos que averiguar dónde están, y para eso… tal vez podamos recolectar lugares posibles. E… e ir descartando… —se tapó la cara con las manos—. Ay, Ginny… —Hermione se mordió los labios y por un momento pareció a punto de quebrarse.

—Estarán bien —dijo la pelirroja con rapidez—. Tú misma lo dijiste. Son Ron y Harry de los que estamos hablando, ¿recuerdas? Y si conozco a mi hermano y a mi novio, estoy segura de que nadie… ningún estúpido Mortífago podrá con ellos tan fácilmente —se recogió el cabello en una coleta alta—. Vamos a la Madriguera, Hermione, hay mucho por hacer.

Hermione la siguió, intentando que no se le humedecieran los ojos al pensar en que ese "estúpido Mortífago" llevaba torturando a su novio y su mejor amigo desde hacía más de treinta horas.


Iba a morirse. No solo lo tenía en claro, sino que lo anhelaba. El dolor había alcanzado su punto auge a través de las horas, y ya no era consciente de su cuerpo. Había quedado atrapado en aquel mundo oscuro y doloroso, cayendo en caída libre, apenas escuchando sus propios gritos decadentes.

Ni siquiera tenía ganas de soportarlo. Sentía como la conciencia se escapaba a cada grito, y el dolor era inconcebible.

—¡CRUCIO!

Harry arqueó su espalda en agonía. Estaba destrozado, podía sentirlo. Su cordura se quebraba un poco más a cada espasmo; ya no recordaba su nombre ni porque todo dolía tanto. Sólo podía esperar a que acabara, a la liberación de la muerte.

Algo que sucedería pronto, estaba seguro.


Lalalá, ¿cómo están? :3 ¡Ni final! Muajajajaja, necesitaba una dosis de maldad para empezar la semana, así que aquí, vòila, el capítulo número nueve :D ¿Qué les pareció? ¿Les gustó? ¡No olviden dejarme un review y decírmelo! Nos estamos leyendo pronto,

Con amor,

Cam