Una hermosa mañana amenazaba con alumbrar la bonita Villa en construcción. Un pelinegro con una gran capa oscura traspasaba las grandes puertas de la aldea llevando un saco bastante pesado a sus espaldas. Tenía unas profundas ojeras; la mano izquierda le temblaba levemente; sus pasos eran un poco torpes y balbuceaba cosas sin sentido a los oídos de los primeros madrugadores.

Desde que se enteraron del embarazo, la cosa había ido de bien a peor. El humor de la pelirosa, si ya de por si era difícil de tratar, embarazada era peor. Siempre le estaba mandando a hacer recados y le montaba mini pucheros por cosas sin sentido. Hace una semana tuvo que dormir en el sofá porque le había dado la espalda mientras dormía. Pero él no fue el único que sufrió, Naruto, quien felizmente los estaba visitando, recibió varios puñetazos por hacer varios comentarios sobre su pequeña barriga. Esos meses iban a ser insoportables.

Pensando en que debería comprarle a su esposa después de reportar la misión al Hokage, saco un pequeño reloj del bolsillo. Iba caminando con la cabeza gacha esquivando los rayos de sol que le quemaban los ojos cuando choco con un hombre bastante alto para la edad que aparentaba. Gigante; unos ojos muy rasgados de color albino; pelo corto negro hasta los hombros; de piel blanquecina. Iba vestido con los atuendos de la Hoja por lo que se podía deducir que era de esta.

—Disculpa. — susurró Sasuke. El hombre lo miró de arriba a abajo e hizo una pequeña sonrisa torcida; se espolvoreo la suciedad inexistente y con una gran gesto sonriente le dijo que no pasaba nada, despidiéndose entre la multitud de gente.

Algo raro había en esa persona, pero ahora no tenía el momento ni la intención de ponerse a pensar en ello, así que colgándose de nuevo la bolsa -que había caído después del choque- retomo su rumbo a la torre principal.

—Oh, Sasuke. — saludó Kakashi desde el otro lado de la mesa. Varias filas de libros estaban apilados en cada esquina. Se podría decir que estaba ocupado, quitando el echo de que estaba leyendo felizmente su conocido libro mientras se tomaba una taza de café. El pelinegro le entregó el rollo y se dejó caer en una de las sillas. —¿Cómo va el embarazo? No he tenido tiempo de felicitaros.

—Ya se nota. — comentó mirando fijamente su libro, ante esto, el peliblanco tosió y disimuladamente cerró su libro, guardándolo en uno de los cajones.

—Te noto un poco cansado.

—Lo estoy... — movió el cuello de un lado a otro y se espatarró en la silla.

—Bueno... Estos meses van a ser un dolor en el culo. — continuó hablando mientras se rascaba el pelo nerviosamente. — Luego vendrán mas años de lloriqueos y de cambiar pañales.

—No me estas animando nada, ¿sabes? — apoyándose en los pos—abrazos de la silla, tomo impulso para alzarse y ponerse de pie. — Me voy ya, Sakura me había pedido que le llevará una cosa y no quiero hacerla esperar.

Se despidió con un gesto de mano y salió de la sala. El distrito Uchiha quedaba bastante lejos de donde estaba él, y con la mochila colgando a un lado, sumándole el cansancio que llevaba, le tomaría media hora llegar. Suspiró y volvió a ponerse en marcha. Si le hubieran dicho todo lo que se tenía que pasar para ser padre, se lo hubiera pensado un par de veces antes de poner la semilla.

Hoy era día de mercado. ¿Qué significaba esto? Que miles de abuelas estarían peleándose por el melón mas bueno; las jóvenes gritarían como posesas observando un modelito que les haya gustado; mientras que los hombres estarían todos en una esquina conversando aburridamente y siguiendo las ordenes de sus mujeres. Luego están aquellas pobres almas que deben pasar por en medio de ese bullicio si no tenían ganas de coger el camino largo; y esa persona era Sasuke.

Nadie diría que había perdido aquel sex-appel que siempre lo ha caracterizado entre todas las mujeres, ya que cuando se disponía entrar en aquella calle, todas las miradas se centraron en él. Ya sabían todos que iba a ser padre, por lo que los comentarios eran mucho mayores con respecto a su vida. "Desertor", "No me puedo creer que se haya ennoviado", "...padre...", bla, bla. Sus oídos vibraban a cada grito que las mujeres de las paradas daban para promocionar sus productos. Agarraba la bolsa fuertemente, utilizando su cuerpo como muro para hacerse paso hasta el final de la calle. Estaba a punto de salir cuando un grito muy conocido para él vino de una pequeña tienda a la esquina de donde estaba.

Sakura, Ino y Hinata estaban paradas enfrente de una vitrina. La rubia y la pelinegra hablaban felizmente mientras que la otra estaba prácticamente encima de lo que hubiera al otro lado del cristal. El portador del sharingan se acercó lentamente para saber que era eso que tenía tan concentrada a su chica como para no darse cuenta de su presencia.

"Baby shop"

Pequeños trajes de diferentes colores estaban adornando la pequeña mesa que estaba posada para la calle. Sakura estaba fija en un pequeño pijama en forma de osito color rosa. Tenía las orejas de un color marrón muy claro y una pelota pegada en el culo del traje del mismo color que las orejas. Sasuke arrugó la nariz al ver el color. No era que lo odiara, pero no era precisamente su color favorito.

Ino e Hinata notaron su presencia, y con una sonrisa cómplice, desaparecieron de ahí dejando a Sakura hablar sola, lo que poco le importo ya que hablaba mas para ella que para las demás. El chico iba dando pequeños pasos hasta ponerse detrás de ella, y con una mirada seria, se inclino hasta llegar a la altura de su oreja.

—Aún no sabes de que sexo será y ya estas mirando ridiculeces. — la pelirosa dio un saltito y girando sobre ella con la palma de la mano abierta dio a parar a escasos centímetros de la mejilla de Sasuke. — Tranquilízate, chiguagua.

—Que no me llames así, estúpido desertor.

Así eran sus peleas casi todos los días. Él sabía que todo era por el embarazo, Sakura nunca le habría insultado y mucho menos pegado, a no ser que se lo mereciera de verdad. A raíz de esas peleas, motes "cariñosos" salieron. Sasuke le llamaba: la chiguagua; por su humor rabioso y agresivo. Sakura solo utilizaba palabras que enfatizaban el pasado. Aun que poco duraban esas rabietas ya que poco después la pelirosa cambiaba de humor y se ponía a llorar como una desconsolada pidiendo perdón, a lo que Sasuke solo le abrazaba y le acariciaba la cabeza diciéndole cosas bonitas.

Los meses iban pasando mas rápido de lo que se creía. Tres meses ya habían transcurrido y con ellos el cambio de los antojos. El portador del sharingan jamás se hubiera planteado el mezclar melón en un bol de ramen. Si ya de por sí esos fideos le producían nauseas, mezclar lo con melón ya era demasiado. Pero la gota que derramo el vaso fue ver todos sus tomates triturados para mezclaros con chocolate. A veces se pensaba que el hijo o hija le saldría con alguna discapacidad de las cosas que comía su mujer.

—Sasuke-kun ~— canturreo la pelirosa. Su barriga había crecido levemente. Ahora vestía con ropas mas anchas, incluso algunas veces la veía paseando por la casa con camisetas suyas, cosa que le producía un morbo descomunal sin poder saciarlo. — Quiero una cosa... — lo abrazó por la espalda. Mala señal.

—Sakura, son las doce de la noche... — miró el reloj y luego la oscuridad de la calle. — No hay nada abierto a estas horas.

—Pero... — se separó de él sonándose los mocos fuertemente. El chico solo suspiro y se puso de pie. — ¡Bien! Quiero un paquete de pipas, una tarrina de chocolate y muchas fresas. — sonrió como una niña pequeña y con leves saltos se sentó en el lugar donde estaba él.

Las doce. Las doce de la noche. ¿Qué tienda va a estar abierta a esas horas? No había ni una tienda abierta las veinticuatro horas por que aun faltaban reconstruirse. Con ese pensamiento en la cabeza, salió de casa tras despedirse de su mujer con un beso antes de que armara otro alboroto.

Las pocas farolas que habían podido montar de nuevo solo alumbraban la parte nueva de la Villa. Se paseó por todas las calles donde abundaban los locales, pero todos estaban bien cerrados y sin posibilidad de dar con el dueño. Chasqueo la lengua pesadamente. No estaba entrenado para este tipo de situaciones y no tenía por que pasarlas. Se le pasó por la cabeza abandonar nuevamente la Hoja con alguna otra excusa, pero rápidamente la descarto. Ahora mismo, una vida sin ella y sin su retoño en camino no podría vivir. Nunca había mirado a ninguna mujer y sinceramente ninguna podría llegarle ni siquiera a los talones a su preciosa novia.

Estaba dando vueltas como un estúpido cuando un chasquido encendió la bombilla de su cerebro, y con una sonrisa torcida, se lanzó hacía los tejados. No tardo mucho en reconocer el templo Hyuuga a la lejanía. Con un poco de suerte estarían despiertos o, en caso contrario, les interrumpiría en algún acto de amor, pero poco le importaba; su vida corría peligro.

Rodeó todo el templo hasta dar con la habitación de Hinata, y con ayuda de varias piedras, logró llamar su atención asomándose una cabellera rubia por el cuadrado.

—Teme... — se tallaba los ojos bostezando tan alto que podría haber despertado a todo el vecindario. — ¿Qué quieres a estas horas? — Entre la tontería de dar vueltas se habían hecho las dos de la madrugada.

—¿Tienes pipas, helado de chocolate y fresas? — preguntó directamente. Naruto elevó una ceja incrédulo y luego se empezó a reír fuertemente.

—¿Quien es, Naruto-kun? — la vocecilla de Hinata se escuchaba detrás del ojiazul.

—Sakura vuelve a tener sus antojos. — señaló a Sasuke con el dedo. — Pobre desgraciado.

—Cuando te pase esto a ti te joderé el doble. — masculló el pelinegro por lo bajini. — Hinata, ¿tienes pipas, helado de chocolate o fresas?

—¿Eh? Creo que fresas si tengo... — se puso un dedo en la sien recordando el gran repertorio de comida que almacenaban en el desván. — Pipas nunca compramos y el chocolate... — miró a su novio de reojo. — … se acabo justamente hoy. Pero creo que Ten—ten si que tiene. Voy a buscar las fresas, ahora vengo.

Mientras le portadora del Byakugan iba en busca de su recado, el rubio bajo a la altura de su amigo y ambos se sentaron en el césped despreocupados. Naruto solo hablaba de sus nuevas técnicas y de que pronto se presentaría para ser Hokage, mientras que el otro solo escuchaba atentamente y respondía con monosílabos. Cuando recibió las fresas preguntó por la residencia de la de los moños. Nunca había intercambiado palabra con ella, pero esta vez se tenía que guardar su orgullo si no quería perder otra cosa.

Una vez con las instrucciones, rápidamente se puso en marcha hasta llegar al hogar de la chica. Recordó las palabras de Naruto, a las que por cierto, no las encontraba ningún sentido básicamente por que no las entendía. "Es lo único que tiene al estar sola.". Tras esa frase solo recibió un coscorrón de su novia, repitiendo cosas como: "con eso no se bromea" o "insensible".

Ella vivía en un bloque de pisos. El suyo era justamente el primero, por lo que no tendría que subir tanta escalera. Pensó brevemente la frase que le diría nada mas abrir la puerta cuando desde adentro gritos y lloros inundaban el lugar y el silencio de la calle. Tocó varias veces la puerta, lo que tuvo que repetir varias veces mas hasta que una chica morena la abrió con movimientos torpes.

—¡Oh! ¡Sasuke! Pasa, pasa. — lo agarró por la manga y lo arrastró hasta el interior. Botellas de cerveza y bolsas de patatas vacías estaban esparcidas por todo el lugar. — Siento el desorden. — pateo varias latas y se sentó en un cojín cruzada de piernas. — ¿Cómo esta Sakura? No la he ido a visitar desde hace mucho tiempo. — intentó abrir otra botella pero las manos le temblaban. — Maldición, ¿por qué las aprietan tanto? — iba a coger un utensilio cuando el pelinegro le arrancó la bebida de la mano.

—No deberías beber mas. — puso la botella encima de la encimera. Si ya de por sí el salón daba asco, la cocina estaba aún peor. Platos sin lavar, la mesa pegajosa por la cantidad de suciedad que tenia, trapos negros. ¿De verdad era una chica?

—Yo... — escuchó como lograba decir desde la otra habitación. Él se apoyó en el marco de la puerta espaldas a ella. — Neji... — apretó los puños; su cuerpo temblaba ligeramente. — Le quería... — su voz iba temblando a cada palabra.

Ahora lo entendía todo. Neji había muerto en la cuarta guerra mundial. Sabía que entre ellos había pasado algo durando esos años de ausencia; pero lo peor de todo es que sentía su dolor. Él había perdido a su hermano, no una vez, si no dos veces; y en circunstancias distintas.

Los gemidos y sollozos de la chica se hacían cada vez mas sonoros hasta derrumbarse. Cayó de lado encima de la moqueta. Tenía toda la cara cubierta en lagrimas; mocos le caían en cascada desde la nariz hasta la mejilla. Sasuke no sabía que hacer, no era de mostrarse ante nadie y mucho menos dar consolación, así que dejo las fresas encima de la mesa del té y se sentó frente a ella.

—Mira, no te conozco mucho, por no decir nada... — suspiró hondamente y fijó su mirada en la chica. — Pero no puedes seguir así. La vida sigue y los muertos no estarán ahí para ayudarte a continuar. Sé que es difícil asimilar que esa persona ya no va a estar nunca mas, pero debes aprender a llevar esto. — Ten—ten se volvió a sentar y con la muñeca se limpio parte de la cara.

—Todos estáis en pareja. Todos menos yo...

—¿Entonces te preocupa eso? ¿Quedarte sola?

—Claro que no. Lo que pasa es que yo quería tener una vida con esa persona en especial. — empezó a jugar con sus nudillos. — Si tan solo le hubiera dicho lo que sentía antes de que sucediera eso...

—Yo también desee decirle muchas cosas a mis padres. — su mirada estaba concentrada en un punto de la habitación. — Pero ya es demasiado tarde. Vive, por ti y por él. Conociéndolo no hubiera querido que estés en esta situación. — se levantó y miró a su alrededor.

—Vaya... No sabía esta faceta tuya... — se levantó ella también. — Muchas gracias. — se inclino 90º, provocando un gran sonrojo al pelinegro quien aparto la mirada.

—Esto... no se lo digas a nadie...

—Tranquilo, tu faceta de chico tierno esta a salvo conmigo. — y tras decir esto, un pequeño eructo se le escapó, llegando un olor a alcohol a las fosas nasales del chico. — ¡Oh, joder! Perdón, perdón, perdón. — estaba completamente roja. La mirada la tenía aguada y las piernas le temblaban.

—Estas borracha. — intentó sujetarla por los hombros pero lo único que consiguió fue tirarla al suelo por el tembleque de la chica.

—Estoy bien, estoy bien... A todo esto, ¿querías algo? — Cierto, él había venido aquí con un propósito y acabo dando una charla no propia de él.

—Chocolate. — la morena alzó una ceja desde el suelo sin comprender. — ¿Tienes helado de chocolate?

—Tengo para alimentar a la aldea entera. — se levantó como pudo y llegó hasta la nevera, sacó varias tarrinas y las metió en la bolsa de las fresas. — ¿Antojo de Sakura? — Sasuke asintió con la cabeza. Iba a marcharse cuando de nuevo se detuvo a preguntar:

—¿Sabes de alguien que tenga pipas?

—¿Pipas? — se quedó un rato pensando. — Quizás Shikamaru, últimamente lo he visto comiendo varios frutos secos.

Genial, ahora tenía que ir hasta la otra punta de la aldea. Se despidió con un gesto de la cabeza y se lanzó una vez mas a los tejados de la Villa.

Una vez en el distrito Nara, se oriento un poco con las casas hasta dar con una considerablemente grande; ya que todos los cabezas de Clan poseían las propiedades mas lujosas. Para su suerte, las luces aún estaban encendidas. Dio varios golpes a la puerta y espero pacientemente a que el perezoso le atendiera.

—Uchiha, ¿qué haces por aquí? — lo miró de arriba a abajo cuestionando seriamente.

—¿Tienes pipas? — preguntó directamente mientras le echaba una rápida mirada al interior de la casa.

—Puede ser... — se cruzó de brazos. — Pero antes me tendrás que ganar a una partida al shōgi.

—No me jodas, pedazo de vago. — dijo entredientes Sasuke.

—Partida o no hay pipas. — añadió enfatizando la ultima palabra. Rabioso y mascullando maldiciones y palabras sin sentido, entro al interior. Shikamaru le condujo hasta una habitación con un tablero en medio.

El juego empezó a favor del Uchiha, quien se posicionaba como ganador a cada ficha que movía, pero el Nara siempre conseguía sobrepasarle con movimientos engañosos. La cosa quedo en 0—1 con el ganador Shikamaru. Luego un 0—2, 0—3... 0—4. Sasuke ya estaba que se subía por las paredes preparando su jutsu de fuego para quemar aquel maldito juego; por otra parte, el de coleta parecía disfrutar de la situación, quien sonreía triunfante y decía leves comentarios mofándose del otro, incrementando su ira.

No era un amante de aquel juego, pero si que era un mal perdedor y se juraba que no saldría de esa casa hasta no ganar la jodida partida que lo traía de cabeza. Miró el reloj que estaba colgado sobre la pared detrás de su contrincante. Las tres y media de la noche. La cara se le palideció y dejo de respirar por varios segundos. Tenía que volver a su casa antes de que su Clan ardiera.

Shikamaru leyó desesperación en sus ojos, y haciendo un poco de paripe dejo que el portador de sharingan ganará.

—Eres un jodido. — fue la manera en la que le agradeció aquel paquete de pipas.

—De nada. — bostezó levemente y antes de que pudieran despedirse le cerró la puerta en las narices. No le caía mal Sasuke, pero no le quitaba el hecho de que lo fuera a perdonar después de todas las cosas que tuvieron que pasar por él.

Con toda la "compra" hecha, corrió como un torbellino hasta su casa. Las luces aun estaban encendidas. Se escuchaba paz y tranquilidad, que seguramente cambiaría al atravesar aquella puerta. Con miedo, giró el pomo y puso un pie dentro, luego el otro y así seguidamente hasta que llego al salón. Sakura estaba leyendo un libro concentradamente.

—¿Dónde has ido a comprar las cosas? ¿A la otra punta del mundo? — comentó mientras pasaba una pagina des preocupadamente. Sasuke dejo la bolsa a un lado de ella y se sentó en el sofá suspirando sonoramente. — Ya no quiero esto. — los ojos del chico se abrieron de golpe y los enfoco en ella. La pelirosa corrió de su lugar hasta que de un salto se sentó a un lado de él restregándose contra su brazo. — Quiero zumo de melocotón.

—¿Me estas vacilando? — tiró la cabeza hacia atrás y cerro los ojos, conteniendo la sarta de cosas que iba a decir en ese momento.

—Sasuke... — le beso la mejilla y luego la punta de la nariz. — Quiero zumo ~ — con la yema de los dedos empezó a picar el brazo de su novio.

Sin duda, si no le mataban en alguna misión, estos antojos acabarían con su vida antes de que ella diera a luz.

Las revisiones para la pelirosa eran cada semana, no por precaución, si no por que una amiga rubia le obligaba a que se pasara por consulta para que le ayudara con el papeleo con la excusa de que tenía que comprobar la salud de su feto. Por la baja de maternidad, todo el trabajo que tenía la pelirosa había caído sobre los hombros de Ino.

Estaba alistándose aquel día para ir de nuevo a la clínica, tenía cinco meses y un gran bulto se marcaba en su estomago. No le dificultaba hacer nada aún, pero a veces le era un poco molesto para hacer que tipo de cosas. Acabo con lo que quedaba para limpiar en la cocina y con el resguardo de una gran chaqueta, salió de la casa. Las miradas de la gente mayor se posaban en ella. Aún no asimilaban que aquella chica tan vivaz y joven estuviera embarazada del desertor de la Villa, pero poco le importaban aquellos comentarios.

—Oh, pero que tenemos aquí. — una voz grave provino de su espalda. Un hombre de unos rasgados ojos albinos la miraban fijamente. — ¿De cuanto estas ya? — no se conocían de nada, pero aquel tono de confianza y risueño le provocó una leve ternura.

—De cinco meses ya. — sonrió acariciando su vientre. El hombre arrugó la nariz y cambio su semblante. — ¿Le ocurre algo? — preguntó al ver la seriedad con la que le miraba.

—¿Me permite? — preguntó, haciendo referencia el pedir acercase a ella. Sakura asintió con la cabeza y dejó que aquel hombre se pusiera a nivel de su vientre y lo empezará a tocar. — No te preocupes, soy medico. Vengo de un pequeño pueblo de aquí al lado. — colocó su oreja y acariciaba el estomago como si fuera un trofeo.

—¿Ocurre algo? — el hombre se levantó, limpiándose las manos sudorosas en su traje.

—Pensé que esta enfermedad ya había pasado. — hablo para si mismo.

—¿Qué enfermedad?

—No sé si debería saberlo... — se giró de espaldas a ella.

—¡Es mi bebe! Claro que debo saberlo. — ante esto, el de ojos albinos sonrió malvadamente.

—En estos últimos años se ha contagiado una enfermedad entre mujeres embarazadas. Ellas no notaran ningún efecto, pero su bebe si.

—Que raro, yo no nota nada cuando hago las revisiones... — puso ambas manos en su vientre e intento emanar chakra.

—Tú no notaras nada... las consecuencias pueden ser muy malas si no se para a tiempo... — sacó un pote lleno de pastillas. — Con los años he podido crear un medicamento para contrarrestar esta enfermedad. He podido salvar a varios fetos gracias a esto. — Sakura lo miró con desconfianza, pero igualmente acepto aquella pequeña botella. — Debes tomarlos cada día durante un mes.

—¿Esta seguro de que esto servirá? Nunca he escuchado de esa enfermedad. — escrutó con la mirada el color de las pastillas. — ¿Tiene a alguien que lo demuestre?

—¿Señor Yamamoto? — una señora portando un bebe en brazos se paró a un lado de ellos.

—Que casualidad, justamente estábamos hablando de usted. — la cogió de un hombro y la coloco frente a Sakura. — Hablele de los peligros que corre su bebe si no se toma esas pastillas.

—Oh, querida, ¿tú también? — miró con lástima a la chica. — Yo tenía el mismo problema que tú, pensé que iba a perder a mi bebe cuando me diagnosticaron que posiblemente iba a morir en el parto. — abrazó con cariño al pequeño ser entre sus brazos. — Pero gracias a él todo salió genial.

—¿Pero no sabía a que se debía todo eso? — el hombre chasco la lengua y susurro un par de cosas.

—Es una enfermedad muy poco común, por lo que pocos médicos saben de sus existencia. — siguió insistiendo el hombre.

—No dudes, cariño. — la mujer le agarró de la mano y se la apretó fuertemente.

Después de aquella escena, la mujer desapareció diciendo que debía alimentar a su hijo; el medico se fue poco después perdiéndose entre las casas, dejando desconcertada a la ojiverde. Le costaba creerse aquellas palabras, pero no podía dudar si la vida de su futuro hijo estaba en peligro, así que se guardo las pastillas en su bolso y volvió a tomar camino hacía el hospital.

—¿Cree que se lo haya creído? — susurró un joven de casi la misma edad que Sakura. Tenía el pelo de diferentes tonalidades de rojo; los ojos azules como el cielo; y de una estatura de unos casi dos metros.

—Sí... con suerte tendremos nuestro regalo dentro de nada. — ambos observaban a la pelirosa caminar, saludando amablemente a la gente conocida.

—¿Qué es lo próximo que tenemos que hacer? — siguió preguntándole al hombre de ojos albinos.

—Mandar a su marido en una misión muy larga. — recalcó el "muy" y empezó a reírse estruendosamente.