Todos nos miraban con respeto, uno mayor del que tuve cuando fui una mortífaga, cuando fui el demonio rojo. Ya que entonces solo me temían. No tardaron en darles reportes de lo que parecía alguna misión que Tom les envió…
— Estamos a un paso de tomar el ministerio en Estados Unidos, ya tenemos personas dentro— soltó un rubio de ojos azules, que no llegué a reconocer—. Solo esperamos su orden mi señor…
— ¿Dunnegood? —preguntó Tom antes de un joven chico pelirrojo alzar la mirada.
— Los gigantes en Suramérica están dispuesto a cooperar con usted— respondió el chico haciendo sonreír a Tom, esto era más grande que lo primero que quería hacer. Iba a tomar todo el mundo mágico y muggle—. La mayoría de los hombres lobos, están de nuestra parte, la otra, bueno ya los convenceremos…—soltó con pura malicia en su rostro.
— ¿Sagarra? —Preguntó Tom girando su cabeza hasta mirar detrás de mí haciéndome girar y ver a un hombre algo maduro con cabello platinado sonreír—. ¿Los vampiros volvieron a estar de nuestro lado?
— No lo dudaron ni un segundo mi señor— respondió con malicia—. Algunos salieron del país a reclutar a más de los suyos…
— ¿Y los duendes? —preguntó al aire antes de dos hombres que debían rondar los treinta años pararse.
— Algunos dicen estar parciales, le servirán a quien gane después de la guerra, pero no ayudarán a nadie durante ella…—respondió uno de ellos.
— Otros están dispuesto a ayudar…—respondió el otro.
— No importa, con tal de que no se metan en nuestro camino…—soltó Tom con sumo desprecio—. ¿Qué ocurre con el ministerio de magia de Londres? —preguntó pero esta vez nadie respondió de inmediato.
— Están más alerta que antes, si atacamos deberá ser un ataque directo— respondió Lucius con seguridad antes de Tom verlo algo decepcionado pero igual asentir.
— ¿Y el resto de Europa? —preguntó sin dejar de sorprenderme.
— Algunos países aprueban nuestras leyes…—respondió un castaño sorprendiéndome por completo—. Otros debemos tomarlos por la fuerza…—añadió haciendo sonreír con malicia a Tom…
— ¿Asia? —preguntó haciendo que comenzara a preguntarme si no ambicionaba demasiado, por más grande que sea su ejército eran miles de millones de personas, que no dejarían someter con facilidad.
— Solo hemos podido entrar a algunos países, los más pequeños…—respondió un chico que parecía asiático por sus distintivos rasgos.
— Ya trataremos con ello cuando me apodere de Europa…—soltó Tom sin preocuparse—. ¿Hay algún indicio de la orden del Fénix? —preguntó cambiando de tema.
— Están dispersados— respondió Rockwood, un antiguo mortífago que llegué a reconocer—. No son amenazas aun…
— Ni lo serán— soltó Tom con pura confianza—. Espero otro informe en una semana— informó haciéndome pensar que estaba por acabar la reunión—. El primer ataque dependerá de la próxima reunión… —añadió antes de levantarse de la mesa, mirarme y yo hacer lo mismo, para luego Reg también levantarse. Haciéndome pensar en qué pensaría ese pequeño sobre su padre al verlo hoy dirigir prácticamente un ejército…
Sin perder tiempo le seguí hasta salir de la sala de reuniones y caminar hacía la escaleras. Intenté decir algo, pero al solo pensar en que alguien podía escuchar desistía de la idea por completo hasta que llegamos a la tercera planta.
Al hacerlo Reg fue directo a su habitación, por lo que intenté ir tras él para ponerlo a dormir, pero al solo pequeño movimiento de querer hacerlo, Tom negó para luego seguirlo hasta nuestra habitación. Entramos sin aun dirigirnos palabras, para luego él cerrar la puerta y poner protecciones con su varita en toda la recámara.
— Quería llevarlo a dormir…—solté sentándome en la cama refiriéndome a nuestro hijo.
— Él no necesita ayuda Hydra, y tampoco que lo añoñes…— dijo él quitándose la túnica y llevarla al closet.
— No es añoñar, solo darme amor…—le reclamé mientras comenzaba a quitarme los zapatos—. Pasé el día con él, y juro que parecía un mini tú…
— Gracias.
— No es un alago— le corregí de inmediato haciendo que me viera algo sorprendido—. El niño juega con pociones, no con juego normales, dice que es de muggles hacerlos. Sabe jugar ajedrez, y su mayor pasatiempo es ver libros…joder solo tiene tres años…
— Casi cuatro— me corrigió Tom de inmediato mientras comenzaba a quitarse la camisa y el pantalón, dándome una buena vista de él—. Es un niño listo, aprende rápido, y lo mejor es explotar esas habilidades…
— No es uno de tus mortífagos— le recordé de inmediato antes de buscar mi varita y quitarme este estúpido vestido.
— Lo sé, es mejor, tiene mi sangre y la tuya…—me interrumpió sonriendo con orgullo por lo que rodé los ojos—. Es un niño inteligente y hábil…
— Y temperamental— agregué quitándome los guantes y acomodarme en mi nueva cama—. Hizo pequeño temblor al enfadarse….
— Suele hacerlo desde hace unos pocos meses, está desarrollando la magia más rápido de lo que yo lo hice…—soltó antes de quedar solo en ropa interior y caminar hacía la cama—. Aunque sigo sin ver porque eso es malo…
— Es un niño, debería crecer como tal…—respondí sin miedo al subirse a la cama y llegar hasta donde mí.
— Es nuestro hijo, no cualquier niño…—me corrigió sonriéndome—. Dentro de pocos años, verás que tengo razón en criarlo como lo hago…
— Eso espero— le dije no muy convencida.
— Cuando tengamos otro te prometo que tú decides como criarlo…—soltó volviendo con aquel tema que le gustaba recalcar.
— No tendremos más hijos Tom, al menos no hasta después de la guerra…—le dije antes de él subirse encima de mí—. Quiero luchar esta vez…
— ¿Aunque eso implique asesinar? —preguntó acariciando mi rostro con ternura.
— Lo que sea por ti Tom, creí que ya estaba claro— le respondí sonriendo antes de él darme un corto beso en los labios—. Por cierto, no crees que ambicionas demasiado, digo Londres ya es un reto, ¿pero todo el mundo? —solté cambiando de tema haciéndolo sonreír con malicia.
— Tengo más de tres años trabajando en esto Hydra, sé lo que hago…—me dijo con confianza, tanta que me daba algo de miedo y preocupación. Tal vez se arriesgaba demasiado.
— Es que aun pienso que es demasiado Tom, son muchos brujos y muggles, ¿Por qué se someterían a ti? —pregunté retóricamente.
— Soy el brujo más poderoso de todos los tiempos, y tengo dos reliquias de la muerte, las más poderosas…—respondió antes de besarme lento y con pasión, para poco después profundizarlo—. Sé que te preocupas por mí, pero te aseguro que no hay nada porque preocuparse…—soltó encima de mis labios para luego volver a besarme, haciendo que casi me olvide del tema.
— Lo hay Tom, muchos se opondrán a ti, son cientos de países, millones de personas…—solté rompiendo el beso con dificultad, para luego él sonreír y descender a mi cuello antes de empezar a besarlo—. Los ministerios no caerán tan fácilmente…—apenas pude decir mientras me comenzaba a excitar…
—Tengo un gran ejército— dijo encima de mi cuello—. Más grande que cualquiera, además ahora ya no hay tantos héroes, ni un elegido, ni Dumbledore, ni horrocruxes para matarme…
— No, ahora pueden hacerlo directamente…—dije haciéndolo parar y subir de nuevo el rostro hasta el mío.
— No podrán hacerlo, por más que lo intenten, cuando llegué la hora de la guerra, nadie podrá matarme…—dijo con suma seguridad, mientras sentía como su mano bajaba a mi pierna acariciándola con delicadeza, de nuevo intentaba desconcentrarme.
— Eres un ser vivo, claro que pueden matarte…—dije en medio de un suspiro pero para mi sorpresa él negó.
— No lo hará, cuando comience la guerra ya tendré la capa de invisibilidad de Harry Potter, y me convertiré en el señor de la muerte…—soltó de golpe dejándome fuera de mí. Lo que tenía planeado era mucho más grande de lo que había pensado.
