Draco Malfoy

La tarde pasaba y yo no podía dejar de pensar en ella, en lo que me había dicho, en sus labios, en sus ojos, en su cuerpo... Así no había quien se concentrara en una sola asignatura.

Pansy estaba enfadada conmigo por no haberle dado la razón en Pociones. Mejor, así me la quitaría de encima, aunque sólo fuera por unas horas. No dejaba de reír cada vez que recordaba lo que le había dicho Joanne "eres mío, Draco". Me gustaba que me celara, era sorprendentemente agradable la sensación y me pareció muy, pero que muy sexy como dijo que yo era suyo y que nadie más podía coquetear conmigo. Esa forma en que se ponía posesiva... era de lo más provocadora.

A la hora de cenar, bajé tan rápido como pude. Comería tan rápido como pudiese y después... improvisaríamos. Estaba loca, no tenía ni una pizca de sentido común. Eso me encantaba.

Ella apareció al cabo de poco y, para variar, iba con San Potter y el tonto de Weasley. Una cosa era que me gustara Joanne, la otra que me gustaran sus amigos. Más bien, los detestaba. No tenía ni idea de como Joanne podía juntarse con gente como "El maravilloso Harry Potter". En ese momento me daban ganas de acercarme a la mesa y advertirle "Ni se te ocurra tocarle un pelo, Potter". Aunque luego recordaba las palabras de la maravillosa voz de Joanne - ni punto de comparación con la de Pansy - que decían "Los demás no importan, Draco. Sólo tu y yo". Al oír eso me tranquilicé y sólo tuve ganas de que ella terminara de cenar.

Vi cómo se levantaba. Yo me iba a incorporar, pero me detuve a tiempo. ¿Por qué se dirigía a la mesa de Ravenclaw? En seguida entendí porqué. Se puso a hablar otra vez con ese empollón, posiblemente para que le cubriera la espalda de nuevo. Me reí y me enfadé por dentro a la vez. Sabía cómo manejarlos a todos. Para ella éramos presas fáciles. Cuando acabó, se giró y me miró, sonriéndome con la mirada. Esta vez sí me levanté - un poco más tarde que Joanne para que no se notara - y salí tras ella.

Subimos escaleras hasta que estuvimos seguros de que no había nadie por los pasillos. Ella se giró y me cogió de las dos manos, acariciándomelas con sus dedos y chocando su frente contra la mía.

- Llevo todo el día esperando esto - le dije frotando mi nariz contra su mejilla en un gesto cariñoso.

Ella me pasó los brazos por el cuello y se pegó bien a mí. Mejor. Contra menos distancia hubiera entre nosotros, más feliz sería.

- ¿Quieres que improvisemos ya? - preguntó ella en tono socarrón mientras me pasaba la mano por el cuello, provocándome un escalofrío.

Acercó sus jugosos labios a los míos y los entreabrió provocativamente pero sin llegar a tocar los míos, dejándolos a milímetros. De pronto, nos apartamos de golpe. Oímos unos pasos que se acercaban rápidamente.

- ¿Tu también lo has oído? - me preguntó ella preocupada.

- Sí, ¡Espero que sepas improvisar bien!

Una voz ronca y claramente reconocible se oyó a pocos metros nuestros.

- ¿Quién anda ahí? - gritó Filch - Ahora sí que los pillaremos, Señora Norris.

- ¡Corre y no hagas ruido! - dijo ella.

Corrimos tan rápido como pudimos - todo lo rápido que se puede correr a hurtadillas -, pero los pasos cada vez estaban más cerca.

- ¡No os penséis que no voy a pillaros, gamberros! - Se oía a Filch mientras se notaban sus pasos gambados.

Joanne iba perdida, ya no sabía por dónde ir. No sólo debíamos vigilar que Filch no nos viera, sino que nadie nos viera. Corrimos por un pasillo estrecho al que no habíamos entrado nunca y de pronto vimos una puerta.

- ¡Alohomora! - susurró ella, y la puerta se abrió.

Me cogió del brazo y rápidamente volvió a cerrarla. Estábamos en un diminuto armario de las escobas. Apenas cabíamos, estábamos rozándonos cuerpo a cuerpo y oíamos nuestras respiraciones agitadas.

- Odio a estos niñatos gamberros - mascullaba Filch, con pasos más lentos.

Yo miraba a Joanne. Ella había hecho una pequeña luz con la varita, pues era una habitación muy oscura. Estaba callada, y sin embargo, sonreía, como si le pareciese divertido todo eso. Ya, pues como nos pillaran no le iba a hacer tanta gracia... Y yo ahora lo último que necesitaba era meterme en más líos de los que ya estaba metido.

Los pasos de Filch se hicieron cada vez más lejanos, hasta que dejamos de oírlos del todo.

- Prométeme que no vas a improvisar más - murmuré con cara de desespero y de risa a la vez.

- ¡Oh! ¿Es que no te gusta esto? - dijo acercándose más cuerpo contra cuerpo.

- Ahora que lo dices... - sonreí siguiéndole el rollo - La verdad es que esto no está nada mal.

Ella se rió y me dio un pico en los labios. Después otro, y otro... Perdí la cuenta, pues cuando me enteré ella ya había introducido su lengua en mi boca y me acariciaba el cuello. ¡Merlín!, podría estarme horas besando a mi ángel si pudiera. Sus labios eran un afrodisíaco para mí, una adicción y el más puro de los placeres.

Mientras ella buscaba algo con lo que apoyarse en esa diminuta habitación, yo le acariciaba su espalda debajo de su camisa. Ella dejó su varita en un cubo de limpiar para poder tener las manos libres y empezó a desabrocharme la camisa del uniforme de la escuela con celeridad. En lugar de sacármela la dejó abierta y luego acarició mi torso lentamente mientras me miraba lujuriosamente, lo acarició de abajo a arriba y luego siguió subiendo hasta acariciar mis pectorales y luego mi cuello. Después bajó las manos y las metió por dentro de mi camisa por la parte de los hombros y de la espalda, y fue deslizando lentamente la camisa hasta quitármela del todo. En todo este proceso había dejado de besarme, pero ahora completamente caliente, empotré mis labios contra los suyos y los besé con extremada urgencia, mi lengua jugaba con la suya a un nivel completamente salvaje. Si era así sólo con un beso no quería ni imaginarme lo que pasaría si... Bueno, en fin. No me quejaba de que sacara la leona que llevaba dentro, en realidad comenzaba a ver que como leona que era podía ser muy salvaje, y eso me gustaba mucho, mucho.

Ella enredó una pierna en mi cadera apretando nuestras partes íntimas y yo le acaricié el muslo desnudo, metiendo la mano por debajo de su corta falda y vi con satisfacción cómo arqueaba la espalda en un gesto de placer. Ella volvió a besarme fieramente mientras metía sus manos entre mi pelo ahora despeinado. Caí en la cuenta de la hora que era y que teóricamente sólo nos habíamos escondido aquí para evitar a Filch.
- Joanne... - dije con dificultad, pues ella no soltaba mi boca.

- Hmmm... - susurró ella entre beso y beso.

- Deberíamos irnos, es muy tarde y ademas no creo que Filch siga aquí todavía, deberíamos aprovechar - le respondí tragando saliva. Ahora ella besaba mi cuello con fervor y lo lamía sensualmente.

- No, un poquito más - suplicó Joanne.

¿Por qué era todo tan difícil? Sabía que debíamos irnos, sin embargo tenía a mi preciosa morena besándome con urgencia y la verdad es que cuando ella me besaba, era capaz de olvidar hasta mi nombre.

- Yo también quiero quedarme, pero tenemos que irnos - le volví a repetir al cabo de unos cinco minutos, cuando volví al planeta tierra.

Ella me besó solamente el labio inferior antes de responder:

- Te dejaré solamente con la condición de que pueda tenerte para mí mañana otra vez como hoy.

- Cómo hoy puedes tenerme cuando quieras nena - le respondí con voz seductora.

- ¿Cuando quiera significa que podré raptarte y encerrarte conmigo en las horas libres y por las noches? - preguntó con una sonrisa pícara.

- Lo prometo - le respondí al instante, sin ningún tipo de problema.

Ella me dio un par de picos que yo recibí con gusto.

- Está bien, vayámonos ya - dijo de mala gana.

Mmm... ¡Qué bonita estaba enfadada! Aunque solo si no estaba enfadada conmigo, porque eso ya no me gustaba tanto.

Abrimos el armario de las escobas y salimos de allí. Vigilamos que no viniera nadie y salimos de ese cuarteto que ahora tenía para mí un "cariño especial".

- Tendremos que pensar un lugar donde quedar por las noches, porque esto de improvisar no lo podemos hacer siempre... ¡Nos van a pillar!

- Pero así tiene más morbo - me susurró antes de besarme la barbilla con provocación.

- Buff... - susurré - Lástima que hay que irnos, sino te metía dentro del armario de las escobas otra vez.

- Todavía hay tiempo - me respondió ella pícara.

- No, no lo hay - dije con cierto pesar.

- Bueno pues entonces mañana pensamos en un sitio y volvemos a quedar a esta hora... - sugirió Joanne.

- Me parece genial - le respondí contento.

- ¿Estás nervioso por el partido? - me preguntó, muy segura de sí misma.

- ¿Crees que vas a ganar?

- ¡Sé que voy a ganar! - me dijo sonriendo.

- No, ni hablar. Ganaremos nosotros - dije para picarla.

- Eso ya lo veremos rubito - me dijo amenazante - Buenas noches - Me dio un beso suave de despedida. Yo la apreté contra mi cuerpo e hice que ese beso se convirtiera en uno de pasional.

- Sí, buenas noches nena - Ella sonrió dulcemente. Yo le di un un beso cariñoso en la frente cómo despedida.

Nos separamos y yo me dirigí a mi Sala Común. Allí me cambié y me puse a dormir, pero daba vueltas y vueltas en la cama y no lo conseguía, así que salí del dormitorio y me quedé delante de la chimenea.

No podía dejar de pensar en ella. En sus brillantes ojos negros, en su bondad, en cómo me quería a pesar de lo que era y me di cuenta de que realmente ella era la única para mí y que jamás estaría con nadie como con ella. No sabía porqué, pero el caso es que me gustaba estar con Joanne. Y no por el contacto físico. Que también, lógicamente, adoraba esos momentos pasionales que teníamos… Pero ella sabía mi secreto ahora, y a pesar de eso, no me juzgaba. No me tenía miedo. Me miraba cómo alguien normal, alguien sin nada de lo que asustarse.

Había ido tan rápido todo... Hasta hacía unas dos semanas, nos llevábamos muy mal. Me había portado fatal con ella en realidad, desde que la conocí. Eso me demostraba lo buena persona que era y que de alguna forma, ahora ella me importaba.

Con esa paz y reflexión me volví a meter en mi cama, y tras mucho pensar en mi preciosidad morena me dormí.

Mañana sería un gran día. Slytherin contra Gryffindor. Draco contra Joanne. Sí, sería interesante.