CAPÍTULO 10: ACEPTACIÓN FAMILIAR.

Después de unos días, decidieron partir para encontrar y acabar con Naraku definitivamente.

Se despidieron de la anciana Kaede y emprendieron camino, Kirara cargando con Sango, Miroku y Shippo, e Inuyasha cargando con Kagome acariciando de cuando en cuando sus piernas con sus pulgares.

Los días que pasaron en la aldea de Kaede antes de partir tuvieron que esconderse para estar juntos sin que un monje pervertido los espiara, pero lograron unirse varias veces lejos de sus compañeros.


Tras varios días de viaje, se encontraban descansando en una cueva tras un largo día de viaje, siguiendo la pista de una aldea pasada donde les dijeron que percibieron una gran energía maligna dirigirse hacia el suroeste.

Sabiendo que las tierras del sur y del oeste eran de Kouga y Sesshomaru respectivamente decidieron hablar con ellos para informarles. Decidieron ir primero por Kouga, para disgusto del peliplata.

Ya se encontraban a poco más de un día de viaje para llegar a su territorio, con lo cual decidieron descansar al resguardo de una cueva, puesto que la noche era fría.

De pronto, la ojimarrón se tensó un poco dirigiendo su mirada del fuego hacia la salida de la cueva. Todos se dieron cuenta del cambio brusco de la chica y se incorporaron para enfrentar aquello que la chica hubiera notado. Sin embargo, la chica sonrió unos segundos después.

Todos se dieron cuenta del remolino de viento que se acercaba rápidamente hacia ellos y comprendieron que lo que la miko había percibido eran los fragmentos del lobo que andaban buscando, así que todos se relajaron… exceptuando cierto Hanyou, el cual se acercó a su mujer y la cubrió de la salida con mirada recelosa.

Al cabo de un breve tiempo, Kouga apareció en la salida de su cueva dirigiendo una sonrisa a los presentes. Al pasar su mirada por la miko y percibir como el Hanyou la cubría, su sonrisa se amplió, sobre todo al notar el aroma de ambos y la marca de colmillos del cuello de Kagome.

- Hola, amigos y parejita – dijo sin quitar su sonrisa el youkai.

- Hola, Kouga – contestaron todos menos Inuyasha, ya que estaba confundido.

- Te doy mi enhorabuena Kagome, aun a pesar de que te unieras a este chucho pulgoso – añadió Kouga socarronamente.

- ¿A quién llamas chucho pulgoso, lobo rabioso? - dijo el ojidorado gruñendo.

- Ya, ya, Inuyasha… Kouga no está buscando pelea, no empieces por favor – lo tranquilizó la miko.

- Es cierto, Inuyasha. No volveré a inmiscuirme entre vosotros… - empezó a decir el lobo, sorprendiendo al peliplata por oír que lo llamaba por su nombre - … pero si la haces llorar, te las verás conmigo – concluyó endureciendo su mirada.

- Eso no sucederá, es mía y la protegeré y haré feliz siempre, Kouga – le contestó Inuyasha con una sonrisa dejando de cubrir a su hembra y relajándose.

- Bueno… - dijo Kagome levantándose y dirigiéndose al youkai – nos alegra que estés aquí, porque veníamos a hablar contigo – terminó de decir la chica con mirada seria.

Todos tras oír eso también endurecieron su mirada, dándole a entender al lobo que era importante. Se sentaron de nuevo rodeando el fuego para comentarle al lobo los nuevos descubrimientos a cerca de Naraku.

- Os acompañaré hasta encontrarle y acabar por fin con él – afirmó Kouga.

- Muy bien, entonces mañana saldremos a hablar con tu hermano, Inuyasha – concluyó Kagome.

- Está bien – dijo el Hanyou.

Después de la charla se dispusieron a hacer la cena y finalmente dormir, hablando de cosas amenas y comentándole al youkai, por parte de Miroku y Sango, cómo es que los tortolitos al fin se dijeron el "te amo", eso por supuesto en voz baja para que los susodichos no se molestaran.

Éstos estaban bastante separados de los demás, abrazados y apoyados en una de las paredes de la cueva; hablando también en voz baja y besándose de vez en cuando, ajenos a su alrededor y centrados solo en el amor que compartían.

Después de esa noche, al amanecer, el grupo se encaminó rumbo a las tierras del Inu Youkai Sesshomaru, para buscarle y hablar con él, aun sabiendo el carácter de éste y la reacción que podrían tener ambos hermanos al encontrarse.


Ya llevaban 5 días de viaje en busca del hermano del Hanyou, sin éxito. Ya estaban en sus tierras, pero no había rastro del otro ojidorado.

Pero esa misma noche, la pequeña Rin y el pequeño youkai Jaken aparecieron en su campamento.

- ¡Señorita Kagome! – expresó la niña con alegría dirigiéndose a ella para abrazarla.

- ¡Hola pequeña!

- ¿Qué hacéis aquí? – preguntó inocentemente la niña.

- Estamos buscando a Sesshomaru… ¿Sabes dónde está?

Justo al terminar la pregunta, ésta fue contestada al ver que el nombrado aparecía en el campamento mirándolos fijamente y con frialdad; pero su mirada se centro en la miko que aun mantenía en sus brazos a su protegida, más concretamente a la marca de su cuello y, tras eso, miró a su hermano con asombro y un pequeño atisbo de orgullo; pero éste fue tan rápido que el Hanyou pensó que se lo había imaginado.

- Inuyasha – empezó a decir Sesshomaru, el nombrado lo miró con cautela - … acompáñame.

Éste se dio la vuelta y se internó de nuevo en el bosque. Inuyasha, sorprendido, miró a sus compañeros los cuales estaban tan asombrados como él; sin embargo, su mujer lo miraba con una leve sonrisa, dejándole ver que no tenía que preocuparse.

Con esto, se levantó y se dirigió hacia donde su hermano se había ido. Mientras, sus compañeros, empezaron a elaborar la cena para todos.


Después de que la cena estuviera preparada, los hermanos volvieron. Sesshomaru seguía con su mismo semblante serio y frío, pero con una chispa de calidez en sus ojos; Inuyasha en cambio volvió con el ceño fruncido con confusión y sorpresa en su mirada, lo cual preocupó a Kagome y acercó a él para abrazarle, el chico respondió a su abrazo con fuerza, pero sin llegar a hacerle daño.

- ¿Qué ha pasado? ¿Qué te ha dicho? – preguntó la miko curiosa.

- Cenemos primero y más tarde te lo diré – le respondió acariciándole la mejilla con amor.

Dicho esto, todos se pusieron a cenar. Kagome observó que su "cuñado" se alejó y no probaba bocado, así que se armó de valor y se acercó a él con un plato de ramen en las manos mientras su macho la miraba entre sorprendido y confuso.

La chica al llegar al youkai le ofreció el plato con una pequeña sonrisa, éste la observó durante unos segundos y sin decir nada alargó una de sus manos para coger la comida.

- Gracias… Kagome - dijo de forma seria Sesshomaru y, tras decir eso, se dispuso a comer en silencio para sorpresa de todos los presentes.

- De nada – le respondió la miko con una sonrisa, se dio la vuelta y se sentó de nuevo al lado de su macho para cenar con él.

El ojidorado miró con orgullo a su hembra y con algo cercano al cariño a su hermano, esto solo fue captado por la chica, pero se reprimió de decir nada hasta que el peliplata menor no le explicase después de la cena.


Ya habían recogido todo lo de la cena y los niños junto con la exterminadora, el monje y el pequeño youkai verde se empezaban a acomodar para dormir; sin embargo, cierto Hanyou y su mujer se alejaron lentamente de ellos para hablar a solas… o no tan a solas, ya que el ojidorado mayor también se levanto con ellos y los siguió.

Ya más alejados de los demás, a la orilla de un pequeño arrollo, la pareja se apoyó en las raíces de un árbol, de modo que el Hanyou estaba sentado dándole la espalda al árbol y la chica entre sus pierna apoyando su espalda en la de su macho, y éste, la abrazó con cariño dándole un sutil beso en la marca. Sesshomaru también se apoyó en un árbol cercano a ellos sin molestarlos.

- ¿Qué pasa, Inuyasha? – preguntó la miko ya sin poder esconder su curiosidad.

- Sesshomaru me ha hablado de mi… nuestro padre – empezó a explicar Inuyasha.

- ¿De Inu No Taisho? – volvió a preguntar la chica curiosa - ¿Por qué?

- De lo que me dijo él antes de morir sobre mi hermano – intervino el youkai.

- ¿Hermano? Nunca le has llamado así antes… lo menospreciabas – le dijo molesta la pelinegra, la cual se relajó cuando Inuyasha la volvió a besar en la marca.

- No lo aceptaba porque le echaba la culpa de la muerte de nuestro padre, pero me dijo que si Inuyasha marcaba a alguien, sería de respeto y orgullo, ya que es difícil para los de nuestra sangre dominar nuestros instintos… solo nos clamaríamos si la persona a la que marcamos es realmente a la que estamos destinados. Ni siquiera nuestro padre marcó a nuestras madres, por miedo a matarlas.

- Inuyasha estuvo muy calmado aquella noche… - dijo sonrojada la miko.

- Ya me lo dijo él – explicó el youkai. – Nuestro padre me dijo que debería respetar y estar orgulloso de Inuyasha si conseguía una hembra, cosa que hago ya, esto es porque es mucho más difícil para un Hanyou controlarse… pero no solo lo respeto a él, – el peliplata mayor la miró con calidez – también te respeto a ti.

- ¿A mí? – preguntó extrañada y sorprendida la chica.

El Hanyou, que estuvo escuchando todo el tiempo sin intervenir, la giró un poco para verla a los ojos mientras reía suavemente por la cara de su mujer.

- A ti… por aceptarme, y por marcarme también… aunque fue por casualidad – terminó sonriéndole con amor.

- También por aguantarle – añadió Sesshomaru con humor, la chica por ello se rió suavemente.

- ¡Oye! – murmuró molesto el hermano menor.

Y para sorpresa de ambos compañeros, Sesshomaru comenzó a reírse suavemente… pasados unos segundo ellos se miraron y comenzaron a reírse también.

- Entonces… de lo que hablasteis antes… - empezó Kagome a decir.

- Hablamos de cómo fue, sin muchos detalles, la marca – explicó Inuyasha a su mujer – así como también de las tierras del Oeste…

- Una parte de ellas le pertenecen a Inuyasha por marcarte.

- Le pertenecen… ¿por haberme marcado? Es decir, si no lo hubiera hecho… ¿No tendría?

- Eres astuta miko… le pertenecen porque he decidido que son suyas… nuestro padre no especificó que le diese nada pero he decidido que se las daré para vosotros y vuestra futura familia – le explicó Sesshomaru con una leve sonrisa.

- Gracias… cuñado – dijo Kagome levantándose para acercarse a él y besarle en la mejilla con el rostro sonrojado.

Ambos hombres se sorprendieron, pero acabaron con una sonrisa dulce en sus rostros; después se miraron entre ellos con calidez, algo que no pasó desapercibido por la miko.

"Ahora son verdaderamente hermanos" pensó la pelinegra con alegría.

Al cabo de un rato se fueron de nuevo al campamento donde todos ya dormían, para acompañarles en su sueño.

CONTINUARÁ...