CAPÍTULO 9 – Huir
Spencer despertó en su cama, en el momento en que su madre descorrió las cortinas de su habitación. Verónica se giró para mirarla y esbozó una sonrisa al ver que se había trenzado el pelo y se frotaba los ojos con los puños del pijama.
- ¿Me haces un hueco?
Spencer se removió en la cama, dejando espacio para que la mujer se tumbase a su lado. Cerró los ojos y sintió sus dedos acariciar su cara, despacio, como si tratase de memorizar sus rasgos.
- ¿Qué hora es? - Susurró, deseando prolongar el instante para siempre. Se sentía tranquila, en calma, su cerebro todavía no estaba en pleno rendimiento, pero en nada lo estaría y todo volvería a comenzar.
- He llamado a tu trabajo y he dicho que estás enferma. Tranquila.
Abrió los ojos de golpe y se incorporó como una exhalación - ¡¿Por qué has hecho eso?! - Preguntó, abriendo el armario y rebuscando entre las prendas algo que pudiese ponerse. No podía permitirse faltar un día a trabajar, no podía permitirse que le diesen su caso a otra persona, no...
- ¡Spencer! ¡Para! - Su madre ordenó cuando comenzó a arrancar las prendas de las perchas.
- ¡No tenías derecho a decidir por mí! ¡No puedes imponerme lo que crees mejor para mí! ¡Ya no!
Su madre palideció un instante, tumbada sobre la colcha - Spencer - Su voz mortalmente tranquila escondía su enfado - No puedes - Y recalcó mucho la palabra - Hablarme así. Soy tu madre. ¡Merezco un respeto!
La joven se dejó resbalar contra la puerta del armario, escondiendo la cabeza entre las rodillas, las náuseas y la culpabilidad la destrozaban a partes iguales - Lo siento.
Sintió sus manos agarrándola de la cintura, ayudándola a incorporarse y guiándola de vuelta a la cama, la sentó despacio, antes de agacharse frente a ella - He llamado a la doctora Sullivan, hija.
- Pero...
- ¡Nada de peros jovencita! Tenemos que solucionar tu problema.
- No tengo ningún problema - Spencer trataba de no ser desagradable, pues odiaba cuando con sus palabras hería a su madre. Pero realmente se había rendido, la enfermedad llevaba demasiados años controlándola, y no quería volver a pasar por el tormento que era la terapia.
Verónica, al límite de su paciencia cogió una cinta métrica del primer cajón del baño y se la pasó por la cintura - 41 malditos centímetros Spencer. No digas que no tienes un problema.
Spencer miró a su madre a través del espejo, con enfado – Llevas años sin enfrentarme por esto, mamá. ¿Por qué ahora?
Verónica Hastings suspiró, consciente de que hacía años que se había rendido frente a la enfermedad de su hija, demasiado agotada por sus numerosos cánceres, las aventuras de su marido y un trabajo muy exigente – Te vi ayer desnuda, hija. No eres más que un puñado de huesos.
La joven se observó en el espejo, la piel más blanca que la porcelana, casi translúcida, los dedos azulados, los labios morados y secos, bajo el cuello de la camiseta era capaz de distinguir el hueso de su esternón - Está bien - Bajó la vista al suelo de baldosas - Conduces tú.
Anne Sullivan no había cambiado desde la última vez que Spencer la había visto, seguía siendo aquella mujer morena y delgada, aunque su cara se veía surcada por nuevas arrugas.
Su ayudante, una chica joven, las había pasado a consulta sin hacer preguntas y ambas esperaban su llegada. Spencer se paseaba de un lado a otro de la sala, nerviosa, y se retorcía los dedos con impaciencia.
Su madre no intentó que se estuviese quieta, se sentó en uno de los elegantes sofás color burdeos y trató de poner en orden sus ideas.
- No tenía que haber venido – Oyó a su hija arrepentirse - Tendría que estar en el trabajo, mi caso... - Cruzó la estancia en un par de zancadas y cuando sus dedos rodearon el picaporte la puerta se abrió, haciendo que cayese sentada.
- Es un placer volver a verte, Spencer - La mujer le dedicó una amplia sonrisa antes de agacharse para ayudarla a levantarse.
- Si usted lo dice.
Odiaba a los médicos desde que su enfermedad había comenzado, alimentada por un ansia patológica de perfección, por los crueles comentarios de su hermana y Alison y por la excesiva presión de sus padres. Pero más que a los médicos, odiaba a los psicólogos.
- Verónica - La doctora reconoció su presencia con una cabezada, antes de volverse a la joven - ¿Por qué no te sientas?
Se cruzó de brazos, tozuda. En una actitud defensiva que la terapeuta conocía muy bien - Prefiero quedarme de pie.
- ¡Spencer!
La doctora cortó los reproches de la mujer, recordándole que Spencer debía sentirse todo lo cómoda que fuese posible.
- ¿Cómo van las cosas? - Fue la primera pregunta en ser lanzada al aire.
- Bien.
- No pareces estar bien - Anne recalcó, iniciando la batalla.
- Trabajo mucho - Respondió cortante, luego dedicó una mirada a su madre - Todos lo hacemos.
- Y eso está muy bien... - La voz melosa de la doctora le hizo desear taparse los oídos, gritarle que no era una niña y lanzar su portalápices contra la pared, todo a la vez - Siempre que no vaya en detrimento de tu salud - Su reacción fue poner los ojos en blanco, aburrida de la cantidad de veces que había escuchado aquella frase.
- Dejémonos de tonterías, Spencer - La terapeuta se inclinó hacia delante, tratando de que su lenguaje corporal invitase a la pequeña de las Hastings a confiar en ella - ¿Por qué has venido?
Lo pensó durante un instante, ¿Quería ser feliz? ¿Quería ser libre? ¿Quería hacer feliz a su madre? - Por ella - Se giró hacia Verónica - Yo estoy bien.
Esta vez fue el turno de la doctora de poner los ojos en blanco - Seguro que lo estás - La ironía patente en su voz - Constántemente mareada, fría, ansiosa. Matándote de hambre y a hacer ejercicio. Nunca sintiéndote suficiente.
La palabra despertó la ira en ella, y una ola de frustración la invadió al pensar que con catorce años, y de nuevo con dieciséis, había dejado que abriese su mente y hurgase en las heridas. Pero no más. No pensaba permitirle hacerlo de nuevo. No pensaba dejarla desenterrar las nuevas bombas que había escondido en el fondo de su consciencia. No más.
- Estoy bien - Repitió, con voz clara.
- ¿Por eso ayer llegaste llorando a casa? - Su madre añadió - ¿Porque estás bien?
Dos contra una era más de lo que podía soportar, y cuando la repelente voz de Anne Sullivan le recordó que las personas felices no lloraban sin razón no pudo más que salir corriendo de la consulta.
Escuchó los gritos tras ella, su nombre, órdenes, pero ya no le importaba. Corría.
Corría sin parar; sin siquiera pensar en qué hacía. Corría porque el mero hábito de correr la hacía sentir libre, segura. Corría y el miedo dejaba su cuerpo, cayendo sobre el asfalto en forma de sudor. Un kilómetro, cinco, doce, apenas respiraba y las piernas le dolían. Pero no podía parar, no quería parar.
El cartel que indicaba el final de Rosewood apareció ante sus ojos, y el deseo de continuar corriendo, de huir de su familia, de Wren, de su entorno, de sí misma prendió en su interior como una llama.
Pero lo sabía. No se puede huir de uno mismo. Fue por eso por lo que se desplomó bajo la señal, mareada e incapaz de retener el ataque de ansiedad que llevaba amenazando con desatarse desde el momento en que aparcaron frente a la consulta.
Hola, muchas gracias a los que continuáis leyendo esta historia (como veis actualizo todos los viernes)
Cualquier comentario tanto positivo como negativo será apreciado.
No sé responder a los comentarios así que lo hago a través de aquí (soy un poco bastante torpe con la informática), muchas gracias por todos los comentarios animándome a continuar la historia.
Y para la persona que me pidió que lo escribiese en inglés, intentaré ir traduciendo capítulos y el viernes que viene (espero) subir el primero en inglés bajo el título "The Golden Girl" y añadiré un link en la descripción.
Hey, thank you so much to all of you that continue reading this tale (as you see I upload a new chapter every friday)
Any coment either positive or negative will be apreciatted.
I don't know how to answer to the rewiews so I do it here (I'm kind of dumb when it's about IT), thanks to all of the coments encouraging me to continue the story.
And for the person who asked me to write it in English, I'll try translating some of the chapters and, next friday (I hope) to upload the first one under the title "The Golden Girl" and to link it in the description.
