Capitulo 10

Cuando aparecieron lo hicieron respirando otro aire, muy distinto al de la Madriguera.
Empezaron a caminar y pasaron por Las tres Escobas, por Cabeza de Puerco y demás.
-Antes de ver la comida, podemos ir a Zonko, quiero ver una cosas -dijo Hermione a su amiga.
-¿A caso no te lo contamos? ¡Zonco ya no existe más!
-¿Cómo? -se extraño Hermione indignada.
-¿Recuerdas lo que anhelaban Fred y George? -preguntó Ginny mientras sonreia satisfactoriamente al recordar.
Hermione se quedo dudando y luego, la ficha cayó.
-¡Querian comprar Zonko! Pero como ya a ningún estudiante se le permitía salir de Hogwarts, no lo hicieron -dijo Hermione asintiendo.
-Exacto. Pero como ya todo volvio a su normalidad, George lo compró con todos los ahorros que juntaron durante años con la tienda en el Callejón Diagon.
-¡Waw! ¿Y George lo hace todo el solo? -preguntó Hermione impresionada.
-Pues no, tiene ayudantes que trabajan con el y si se junta mucha gente, Bill o Percy vienen a darle una mano, ya sabes... cuando no trabajan -explicó Ginny.
-¡Vamos a verlo! Muero por ver la tienda -dijo Hermione.
Siguieron caminando por las calles luminosas. Ya eran las seis de la tarde y el sol aún brillaba sobre ellas. Tendrían tiempo hasta aproximadamente las ocho antes de que oscureciera, para entonces tendrían que estar de vuelta. Ron y Harry se preocuparían.
Cuando llegaron al lugar donde por años estuvo la tienda más conocida y popular 'Zonco' se encontraron con la tienda de 'Sortilegios Weasley' mucho más grande y llamativa que la que aún estaba en el Callejón Diagón.
Entraron y se mezclaron entre la multitud que intentaba comprar. Había más de diez personas con unas túnicas rojas y doradas que atendían a la gente, y mucho más allá, George hablaba con una persona que no se distinguía quien era.
Tratando de no empujar fueron pasando entre la gente hasta que llegaron a George. Cuando este las reconoció despidió al señor y las miró sonriente.
-¡Hermione, Ginny! ¿Qué hacen por aquí?
-Vinimos a comprar comida y Hermione quizo pasar a visitar la tienda, no la conocía aún -le explicó Ginny tirandose hacia atrás la larga cabellera pelirroja.
George estaba muy distinto de la última vez que Hermione lo había visto. Casi ni sonreia y estaba mucho más pálido. Su pelo parecía decolorado y ni hablar de las enormes ojeras que llevaba.
-Vengan, vamos hacia la parte de atrás, aquí no se puede hablar -dijo George y las condujo por entre la gente.
Pasaron un par de puertas y se metieron en un depósito lleno de cajas con etiquetas que rezaban "Peligro".
-A demás de ver tus productos, queríamos invitarte a una fiesta que haremos en dos días, en casa -dijo Ginny con una sonrisa.
-Y mam---
-Mamá y papá se han ido por cuatro días. Estamos solas junto a Harry y Ron y se nos ha ocurrido celebrar el cumpleaños de Harry. ¡Pero es un secreto no le digas nada a nuestros padres, George! -lo interrumpió Ginny.
-Hecho, allí estaré. ¿Quieren llevarse algunos productos? -preguntó a las chicas.
-No gracias ya tenemos bastantes, jeje -río Hermione.
Ambas volvieron a colarse entre la muchedumbre y con mucha dificultad salieron de la tienda respirando nuevamente un aire fresco.
-¡Waw! Si que trabaja bien eh... -dijo Hermione mientras se ponían en marcha hacia la casa de comidas.
Una vez que hubieran entrado, pidieron todo tipo de manjares y hasta algunos postres.
-Digo... ¿Por qué razón no la aparecimos con magia? -preguntó Hermione pensativa.
-Queda muy vulgar, Hermione. Así estaremos bien, y si falta algo bueno... si podremos aparecerlo con magia -contestó Ginny sonriendo.
Cargaron con las bolsas y caminaron una milla hasta que salieron de Hogsmeade, dispuestas a desaparecerse giraron sobre sus talones y volvieron a sentir aquella brisa tan acogedora sobre su cara.

Entraron a la Madriguera y apoyaron todas las compras en la mesa de la cocina, y por suerte Harry y Ron estaban allí sentados con la lista de invitados en la mano.
-Son las siete, ¿no llegaban al anochecer? -preguntó Harry
-Sí, pero hicimos rápido, ¿qué es lo que te pasa? -dijo Ginny volviendo a su mal humor.
-Y bien... ¿ya invitaron a todos? A george les avisamos nosotras, lo fuimos a ver a su tienda -dijo Hermione rápidamente para salir del horrible ambiente que se había producido.
-Sí -dijo Ron mirando la lista-. A Cho, Neville, Parvati, Seamus, Dean, Padma y Luna les avisamos por las monedas, gracias a Dios todos nos respondieron que estarán encantados de venir. Y a Katie, Alicia, Angelina, Lee, Michael y Antonhy Goldstein les avisamos por cartas. Tambien, todos nos respondieron que vendrían.
-Perfecto -dijo Hermione mientras guardaba la comida-. ¿No quieres ir a dar una vuelta? -le preguntó a Ron.
Rohn asintió maravillado y de la mano salieron al jardín donde empezaron a caminar sin saber muy bien a dónde se dirigían.
-¿A qué se debe este paseo? -preguntó juguetón.
-Bueno... Es que había que dejar a Harry y Ginny solos para que arreglen sus cosas -dijo Hermione-. Y tambien porque queria estar contigo, obvio -añadió al ver la cara de su novio.
Caminaron hasta que llegaron al gran lago de la Madriguera. El agua era cristalina y en el se reflejaban las hojas de los árboles que lo rodeaban.
Eran siete y media y el sol ya estaba escondiendose.
-¿Quieres quedarte a ver las estrellas? -preguntó Ron sentandose frente al lago.
-¡Me encantaría! -repuso Hermione imitandolo y sentandose junto a el.
-¿Sabes? Eres muy importante para mi, Hermione -empezó Ron.
-¿Lo soy? Tú tambien eres muy importante.
Sus labios se encontraron en una milésima de segundos.
Estar allí los dos juntos, sentados frente al lago y observando el ocaso, era algo que siempre (aunque lo negaran) habían querido.
Ron miró al cielo con la mirada perdida. Pensó que si todo iba bien entre ellos, aquel tan inesperado regalo que guardaba en su habitación, podría sacarlo a la luz un poco antes de los dos años. Quizá dentro de un año y medio, o un año tal vez. ¿Quien sabe? Lo que si sabía, es que no queria esperar más.