MAR EN CALMA

X: EPILOGO

Residencia Laurent, Marsella

Monsieur Laurent estaba en su estudio, contando las bolsas de oro que Henry y Eugéne le habían dado a cambio de sus servicios. Ah, y de sus dos hijos. Estaba feliz. Había valido la pena. Se deshizo de dos grandes problemas: François y Céline. Y había hecho un buen negocio con ellos.

Llamaron a la puerta. Monsieur Laurent no esperaba visitas, pero supuso que Henry había terminado con su misión y venía a darle un extra por sus molestias. Se levantó y abrió la puerta, para encontrarse a su propia hija, con una expresión furiosa en su rostro, y acompañada de un hombre alto, y apuesto, que monsieur Laurent supo de inmediato de quien se trataba.

No hubo muchas palabras de parte de los recién llegados. Ninguna, de hecho. Julián se limitó a darle un buen puñetazo en la cara, que lo hizo caer al suelo. Tan pronto como lo hicieron, Julián cerró la puerta, y ambos se alejaron de aquella casa.

-No tenías que hacerlo, Julián- dijo Céline.

-Sí, sí tenía- dijo Julian, frotando su puño dolido sin dejar de sonreír- y se sintió bien. Nadie se mete con mi esposa y sale ileso-

Céline sonrió ampliamente, y tomó la mano de Julián. Éste la besó en la frente.

-He estado pensando en tu hermano, François- dijo Julián, sin soltar la mano de Céline- desde que Kanon regresó al lado de Athena, me ha faltado un general marino. Tu hermano haría un excelente general-

-No estoy segura, Julián- dijo Céline, dudosa- no le caes muy bien-

-Lo sé, y me lo merezco- dijo Julián- pero también sé que él no querrá separarse de ti, o tú de él, ¿o me equivoco?-

Céline sacudió la cabeza con una sonrisa. Ambos se detuvieron el la bahía, frente al mar, mirando el castillo de If frente a ellos. La chica se volvió hacia él con una sonrisa, y él la miró con adoración.

-Vámonos, esposa mía- dijo Julián, guiñándole un ojo- volvamos a nuestro reino. Al templo bajo el mar-

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Vieux Port, Marsella, Francia

Los generales marinos esperaban a Julián Solo desde Vieux Port, junto a la bahía de Marsella. Sorrento acompañaba a Leilani en el mirador del viejo puerto, desde donde se podía ver el castillo de If. La tomó por los hombros y la besó en la mejilla. Ambos sonrieron ampliamente y se volvieron hacia la bahía de nuevo.

-Sorrento, esto es hermoso- dijo ella- y pensar… que mi hogar está del otro lado del mundo-

-Tu hogar está donde está tu corazón, ¿no es así?- dijo Sorrento, y Leilani asintió. El joven general tomó su mano y la puso sobre su propio pecho- desde que me… sacaste del mar en Moloka'i, mi corazón se ha estado quedando contigo. Late cada vez más rápido cuando te miro-

Leilani sonrió, mirándolo con sus mejillas sonrojadas, pero se mantuvo en silencio.

-Por muchos años, me equivoqué sobre mi propio corazón- dijo Sorrento- pero desde que te conocí, todo ha sido muy claro- le besó las manos- yo… Leilani…-

-Sorrento, yo…- dijo ella a su vez.

-¡Oh, por todos los dioses!- exclamó Julián Solo, llegando detrás de ellos junto con Céline, haciendo que ambos dieran un respingo de sorpresa y se volvieran hacia él- ¡ya díganse como se sienten los dos!-

Ambos se ruborizaron importantemente y bajaron la mirada, haciendo reír a Céline y haciendo que los otros generales marinos tosieran para enmascarar sus risas. Julián le dio a Sorrento un golpe amistoso en el hombro, y se volvió a Leilani.

-Eres bienvenida en el templo bajo el mar. Y yo sé quien eres tú- dijo Julián en un tono paternal que no sabía que tenía- o bueno, quien es tu padre-

Leilani dio un paso atrás, y Sorrento la detuvo por la espalda para que no cayera a la bahía que estaba prácticamente a treinta centímetros detrás de ella.

-¿Quién es, Julián?- preguntó Céline, alzando las cejas con curiosidad.

-Mírala bien, Céline- dijo Julián, sonriendo- ¿a quién se parece?-

-Se parece a ti, Julián- dijo Céline, frunciendo el entrecejo un poco. Julián no dejó de sonreír- ¿qué no me estás diciendo? ¿Tú eres su…?-

-No, no puede ser. Tú eres de mi edad, y además, mi madre dijo que mi padre tenía los ojos marrones- dijo Leilani antes de que Julián dijera algo, y se volvió a Céline- así como los tuyos-

Céline la miró con atención, y de pronto supo de quien se trataba. Abrió los ojos desmesuradamente, y se llevó las manos a la boca.

-No…- dijo Céline, cruzándose de brazos, como si fuera una niña pequeña a punto de hacer un horrible berrinche- ese mocoso no aprendió como pelear o como proteger el templo bajo el mar, ¡pero sí aprendió tus mañas!-

Julián se sonrojó ante ese reproche, y Céline se llevó las manos a la boca, arrepentida de lo que había dicho.

-Lo lamento, Julián- dijo la chica, apenada de haber dudado de él.

-No te preocupes, Céline- dijo Julián, sacudiendo la cabeza y volviéndose a Leilani- tu padre es nuestro hijo, Tritón. Como dijo Céline, él aprendió demasiado bien mis mañas. Lo lamento mucho, que hayas crecido sin tu padre por culpa de lo que hizo-

Leilani parpadeó, sorprendida, y Sorrento también los miró, incrédulo.

-Pero señor Poseidón- dijo el general de Sirena- eso hace a Leilani su… su…-

-Así es- dijo Julián, sonriendo- Leilani, eres bienvenida, si quieres venir, al templo bajo el mar. Eres parte de nuestra familia-

-Y tendremos una pequeña conversación con tu padre, Leilani- dijo Céline.

Leilani sonrió educadamente, más confundida que otra cosa, y Sorrento tomó su mano y la besó de nuevo en la mejilla. Julián puso los ojos en blanco, y encendieron su cosmo. Y todos regresaron al templo bajo el mar.

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Templo de Géminis, Santuario de Athena, Atenas, Grecia

Sofi le puso la última dosis del medicamento a Satu mientras dormía, y le quitó los cabellos de la cara. Miró de reojo a Kanon, que también estaba dormido, cruzado de brazos sobre una silla junto a la cama. La pelirroja tomó el aparato que había estado usando, y lo puso en el abdomen de Satu, escuchando el constante y regular latido del corazón del pequeño. Sonrió y lo puso de lado.

-¿Sabes? Tengo que conseguirme uno de esos. Me gusta escuchar el corazón del enano- dijo Kanon en voz baja, pero aún haciéndola dar un respingo de sorpresa.

-Kanon, pensé que estabas dormido- dijo Sofi.

-Lo estaba- dijo el gemelo, sonriendo levemente.

-Lo lamento- dijo ella en voz baja- vuelve a dormir, Kanon. Nos veremos en la mañana-

El gemelo asintió y volvió a cerrar los ojos, acomodándose para volver a dormirse. Sofi sonrió y, tras cubrir el brazo de Satu que había descubierto para poner el medicamento, salió de la habitación con cuidado de no hacer ruido.

Una vez que salió, casi grita de espanto cuando alguien la tomó de los hombros. No tenía que asustarse. Era Aioros, quien había regresado con Milo de Marsella.

-¡Aioros!- dijo ella- ¡me asustaste!-

-Lo siento- dijo Aioros, abrazándola- disculpa la demora, tuvimos complicaciones en Marsella. ¿Cómo está Satu?-

-Bien, ya esta estable. Ambos están bien- dijo Sofi.

-¿Satu y Kanon?- preguntó Milo.

Sofi puso cara de circunstancias, y Aioros reprimió las ganas de reír.

-No, Milo- dijo Sofi, suspirando- Satu y el bebé-

Milo se quedó helado al escuchar eso.

-¡Así que fue él quien metió las patas!- dijo Milo en voz alta. Tanto Aioros como Sofi dijeron "shhhhhh" para hacerlo bajar la voz, lo cual hizo- lo siento. Así que fue Kanon el culpable del reciente regaño del maestro Shion-

Sofi asintió.

-Bueno, me alegra que Satu y el bebé estén bien- dijo Milo- ¿y Cathy?-

-También está bien- dijo Sofi- está en tu templo, esperándote, Milo-

Milo sonrió su enorme sonrisa encantadora y, tras despedirse de ellos, subió rápidamente a su templo. Mientras tanto, Aioros abrazó a Sofi y la besó.

-¿Estás bien?- preguntó Aioros- Kanon dijo, por medio de su cosmo, que los habían atacado en el hospital-

-Lo hicieron, Aioros- dijo Sofi, y el santo de Sagitario palideció- no te preocupes, amore mio, Kanon nos protegió. Solo uno se acercó lo suficiente para que le ensartara un tripié en la cabeza. Creo que está en el hospital en este momento, pero como paciente. Puede ser que… se me haya pasado la mano…-

Aioros sonrió.

-Vaya… recuérdame no hacerte enojar- dijo el santo de Sagitario.

Sofi se echó a reír, y ambos se tomaron de la mano, y regresaron al templo de Sagitario. Ya casi amanecía, y ambos querían ya descansar.

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Templo de Escorpión, Santuario de Athena

Milo llegó a su templo cuando la luz del día estaba ya iluminando el interior de su habitación. Cathy estaba dormida en una orilla sobre la cama de Milo, abrazando a Mister Darcy contra su abdomen, como si se tratara de una almohada más. El joven caballero sonrió al verla, se quitó la armadura y se metió en la cama, al lado contrario. Iba a abrazarla, pero el pequeño perro despertó y comenzó a gruñirle.

-Soy yo, Darcy, ¿qué te pasa?- dijo Milo, reprendiendo al perro. Éste saco la lengua y comenzó a mover la cola de contento, brincando a su regazo. Milo lo acarició distraídamente y lo puso a los pies de la cama, para después abrazar a Cathy y atrayéndola hacia sí mismo. Cathy sonrió en sueños y se abrazó de él. Milo se sentía feliz al tenerla en sus brazos.

-¿Milo?- dijo ella, entre dormida y despierta.

-Shhhh, aquí estoy- dijo el santo de Escorpión- sigue durmiendo, mi amor-

-¿Estás bien?- dijo Cathy, tallándose los ojos para despertar- ¿tú y Aioros volvieron bien?-

-Todo bien, mi amor- dijo Milo, cariñosamente acariciándole sus cabellos- vuelve a dormir, Cathy. Es tan tarde que es temprano, y ambos estamos muy desvelados-

Cathy asintió y abrazó a Milo, apoyando su cabeza en el pecho de él. Milo la recibió, contento, y cerró los ojos, quedando envuelto en un profundo sueño, al igual que Cathy. Ninguno de los dos sintió cuando Mister Darcy se echó entre los dos.

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Habitación de Poseidón, Templo bajo el Mar

Julián y Céline entraron a la recámara principal, tomados de la mano. La chica pasó su mirada sobre todos los objetos que estaban en esa habitación. La recordaba perfectamente. Recordaba todos los rincones de la habitación y el vestidor donde se habían intentado esconder cada una de las amantes de su esposo. Recordó el cuchillo que había tomado, y como se había cortado el cuello para librarse de su esposo. Y ahora, estaba de regreso con él.

Julián notó la expresión torturada de Céline.

-Te trae malos recuerdos, lo lamento mucho- dijo Julián.

-Yo también lo lamento- dijo Céline, inconscientemente llevándose la mano al cuello- supongo que te asusté mucho cuando… lo hice…-

-Me morí contigo ese día, mi amada Anfitrite- dijo el joven dios- pero insisto, jamás te volveré a hacer llorar. Jamás volveré a mirar a otra mujer-

Julián abrió uno de los cajones de la mesita de noche, y de ella sacó un anillo con un enorme zafiro. Lo deslizó sobre su dedo corazón, cubriendo la marca que la niña tenía en el mismo. Tras ello besó su mano.

-Vamos, mi pequeña- dijo Julián, levantando el edredón de la cama para que su esposa se metiera a la misma- fue una larga noche, y necesitas descansar-

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Sala del Trono, Templo bajo el Mar

Al día siguiente, Tritón entró a la sala del trono de su padre, ignorante de lo que estaba pasando. Tenía la apariencia de un hombre de treinta y tantos años, con cabello azulados y ojos color castaño. Caminaba pavoneándose, como si fuera el dueño del lugar. Tenía varios cientos de años sin ver a sus padres, pero estaba vez Poseidón lo había llamado al templo bajo el mar. Cuando llegó ante los tronos de sus padres, se detuvo en seco. No solo estaba ahí Poseidón. También estaba Anfitrite. Incluso estaban tomados de las manos. Tritón alzó las cejas. ¿Qué no estaban peleados? Llevaban siglos sin verse, sin hablarse, ¿y de repente estaban juntos de nuevo?

-Tritón- dijo Julián en un tono severo- viniste-

-Sí, padre, aquí estoy- dijo Tritón, alzando las cejas- ¿qué hace mi madre aquí?-

-Mucho cuidado, mocoso- le dijo Céline con un tono peligroso.

Tritón parpadeó. ¿Ahora que había hecho? Su madre solo lo llamaba así cuando estaba en graves problemas.

-Eeh…- comenzó Tritón.

Para cualquier persona que desconociera a los presentes, se veía como si una niña y un adolescente estuvieran regañando a un hombre mayor. La escena, sin embargo, no dejaba de ser divertida.

-Hace diecisiete años, ¿estuviste en la isla Moloka'i en Hawaii?- dijo Julián en un tono severo, haciendo palidecer a su hijo- ¿y estuviste con una mujer?-

Tritón tragó saliva.

-Eh… yo…- comenzó a decir Tritón.

-Sorrento, Leilani, pueden pasar- dijo Julián.

El general marino entró a la sala del trono, con Leilani tomada de su brazo y una mirada preocupada. Sorrento apretó su mano para tranquilizarla. La chica se volvió hacia él, quien le sonrió y le guiñó un ojo. Tritón la miró, y el alma se le cayó a los pies.

-No puede ser…- comenzó Tritón, rascándose la cabeza- no puede… yo no sabía…-

-¿No sabías qué cosa, mocoso?- dijo Céline en voz alta, poniéndose de pie, haciendo sonreír a Julián y a Sorrento- ¿necesitas que te demos la conversación de las abejitas y las florecitas? ¿o qué esperabas que pasara cuando estás con una mujer?-

Tritón tragó saliva.

-Mamá, lo lamento mucho- dijo Tritón, cabizbajo.

-Bueno, a partir de hoy Leilani estará con Sorrento con nuestro permiso- dijo Céline en un tono que no admitía ninguna queja- y tú te vas a responsabilizar de tus acciones, le vas a explicar de qué se trata ser una semidiosa-

-Sí, mamá- dijo Tritón en tono derrotado

-Ahora fuera de aquí- dijo Céline, y Tritón obedeció de inmediato.

Una vez que Tritón se retiró de la sala, Julián se echó a reír. Sorrento sonrió ampliamente, aunque Leilani estaba asustada y confundida.

-Con su permiso, señor Poseidón- dijo Sorrento- quisiera llevar a Leilani para hablar con su padre, ya que no tuvo… oportunidad de decirle nada-

-Mañana- dijo Julián con un gesto aburrido- creo que Leilani debería descansar el día de hoy. De hecho- acentuó su sonrisa- tú también deberías tomarte el día libre, Sorrento-

El general de Sirena alzó las cejas.

-Bueno, vayan- dijo Julián- yo quiero recuperar el tiempo perdido con mi esposa-

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Templo de Géminis, Santuario de Athena

-Vaya, miren quién despertó por fin- dijo Saga en tono sarcástico, al ver a Kanon ojeroso y despeinado saliendo a la cocina por algo de comer bien pasado el mediodía. El gemelo menor solo gruñó.

-No molestes, Saga, fue una larga noche- dijo Kanon a su vez. Saga le dio unas palmadas en el hombro.

-Lo sé, Kanon- dijo Saga, alzando las cejas con una expresión llena de simpatía- sé que fue muy difícil para ti-

Kanon asintió, cabizbajo.

-Al principio, no estaba muy seguro de lo que iba a pasar- dijo Kanon en voz baja- sabía que mi lugar era con Satu y con el bebé. Pero… pero no fue hasta que casi lo pierde… lo perdemos, que lo entendí-

-¿Qué entendiste?- dijo Saga.

-Que los amo a los dos- dijo Kanon, mirando hacia abajo y haciendo que Saga sonriera ampliamente- a Satu, y a la criatura que lleva. No puedo vivir sin ellos dos-

Saga abrazó a su hermano brevemente.

-Descansa, Kanon, tienes razón- dijo Saga- ayer fue un largo día para ustedes dos. Casandra les dejó algo de comer-

-Gracias, Saga- dijo Kanon.

En ese momento, llegaron Casandra y Kostas. Cuando el pequeño vio a Kanon, soltó la mano de su mamá y corrió a abrazarse de las piernas de su tío.

-Tío Kanon, tío Kanon- dijo Kostas- tengo que preguntarte algo-

-¿Qué sucede, enano?- dijo Kanon.

-Kostas, tu tío está muy cansado, tuvo que cuidar a Satu toda la noche- dijo Saga.

-Solo quiero preguntarle algo a mi tío, papá- dijo Kostas, poniendo esos enormes ojos a los que nadie podía decir que no, y se volvió a Kanon- tío, ¿tendré un primo o una prima?-

-Aún no sé, enano- dijo Kanon- pero cuando lo sepamos, serás el primero en saber-

-¿No has visto si tiene cara de niño o de niña?- preguntó Kostas.

-No, aún no- dijo Kanon, sonriendo. Revolvió los cabellos de su sobrino y se fue a su habitación, arrastrando las piernas de cansancio, y desapareció detrás de la puerta. Saga sonrió, y abrazó a Casandra.

-¿Ambos están bien?- preguntó Casandra.

-Estarán bien, Casy- dijo Saga a su vez, abrazándola y atrayéndola hacia sí mismo.

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FIN

¡Hola chicos! Espero que les haya gustado esta historia. El fic de Shaka ya está terminado, y se reanudará el sábado 24 de septiembre, ya que mañana salgo de viaje y, si bien sí tengo acceso a internet, voy a andar turisteando y no voy a cargar con la computadora. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo enorme. nos leemos pronto.

Abby L.