Shana... se sobreentendía que algo la pegó.

Isatyamore, te entiendo, pero no tiene caso, Emma ama ciegamente a Regina, no podría hacerla sentir eso.

Esa era la intención, Kykyo

Concedido, ZellOryRegal. Siento el retraso.

Mika... tampoco es que quede mucho ya, estamos en la recta final. Tengo que dejar de hacer tantas historias a la vez, me las acorta.

dcromeor... los giros sádicos estarán ahí... en algún fic... en algún momento... estarán.


Regina Mills

Desperté con un importante dolor de cabeza. No solía beber, pero después de lo que había visto el día anterior, lo cierto es que pensé que me lo merecía. Y ahora estaba pagando las consecuencias. El cuarto estaba oscuro. Me terminé de cerrar el pijama y me acerqué al baño para lavarme los dientes. Estaba pensando en qué desayunar, cuando escuché una voz.

Una voz dulzona que se colaba por la ventana y se entre colaba en mis oídos como un bálsamo que aliviaba mi dolor de cabeza. Aún con el pijama, separé las cortinas y subí la ventana, apoyándome en el alféizar. Emma, con su cazadora roja, sujetaba una guitarra acustíca en las manos. No sé de dónde la había sacado, ni tampoco el micro… ni dónde lo tendría enchufado.

Pero sin embargo lo que me sacó una sonrisa fue ver a Gina tocando la pandereta para seguirle el ritmo en aquella canción lenta y dulce que entonaba, clavando su mirada en la mía.

Girl, I hear you in my dreams

I feel your whisper across the sea

I keep you with me in my heart

You make it easier when life gets hard

Lucky I'm in love with my best friend

Lucky to have been where I have been

Lucky to be coming home again

No pude evitar observarla, apoyándome en el alféizar de la ventana. Mientras ella continuaba, tocando con calma, entrecerrando los ojos para continuar aquella canción. Estuvo tocando un rato, y yo notaba cómo mi sonrisa se resistía a abandonar mi rostro. Sentía que me derretía simplemente observando. Cuando dejó de cantar lo lamenté un poco.

_ ¿Podemos pasar, Regina?_ Me preguntó.

_ Eh… sí._ Dije, aún bajo el hechizo de esa dulce voz._ Tan sólo… deja que me vista.

Emma Swan

Ahora que la competencia estaba fuera… el camino estaba despejado. Regina me había amado una vez, y dudaba que hubiese dejado de hacerlo. Quizá estuviese olvidado, oculto en lo más profundo de su corazón, pero en lo más profundo, el amor nunca se olvida.

Cuando Regina me abrió la puerta… estaba impresionante. Con un vestido azul y unos pendientes elegantes. Me quedé helada en el sitio. Había estado tan tensa, tan enfadada y tan agobiada, que ni siquiera me había parado a admirar lo hermosa que estaba.

_ Me ha gustado mucho la canción._ Comentó._ Pasad, por favor.

Gina emitió una risita y se abrazó a las piernas de su madre. Yo les dejé un poco de espacio antes de acercarme.

_ Buenos días._ Hice un gesto con la mano y un ramo de rosas apareció entre mis dedos.

_ Gracias._ Dijo Regina, cogiéndolas._ Las pondré en agua.

Di un par de pasos en el interior de la casa. La observé con una sonrisa y seguí a la morena a la cocina, donde dejó las rosas.

_ Aún sigo confundida._ Dijo, mirándome._ No sé si quiero quedarme contigo… o marcharme para no volver…

_ ¿Y te extraña que quiera ganarme lo primero?_ Me mantuve serena.

_ No, la verdad es que no, Emma. Estoy aquí, metida en tu casa y…

_ Es tu casa._ Le rectifiqué._ Tú la diseñaste. Y si está aquí es porque tú la querías.

_ Emma… por favor. Despacio._ Se abrazó a sí misma._ Tienes que entender que son muchas cosas de golpe y… no puedo asumirlo todo sin más.

_ Sí… lo sé… no pretendo que lo hagas._ Dije, sentándome sobre la encimera.

_ Yo no soy… esa mujer que dices que soy.

_ Eso no me importa, Regina._ Dije, mirándola._ No estoy aquí por eso. No me importa si eres reina… abogada… o lo que quiera que decidas ser. Sólo te pido que no te vayas sin más. Tu hija está aquí. Y te quiere con locura.

_ No es la única._ Dijo, mirándome a los ojos.

_ Mentiría si no dijera que te quiero a mi lado. Pero no pudo obligarte a tomar decisiones._ Me acerqué y besé lentamente su mejilla.

_ Me gustaría saber…_ Murmuró.

_ ¿El qué?_ Le susurré.

_ ¿Cómo era?_ Suspiró._ Sé que te he dicho que no soy esa persona pero… siento curiosidad.

_ No muy distinta a cómo eres ahora._ Dije, mirándola.

_ Quizá esto ayude._ Mis ojos se volvieron hacia Gina, que sostenía el libro de cuentos entre sus manos.

_ No sé, Gina… quizá sea muy pronto._ Dije, en un susurro.

_ No creo que pase nada porque lo ojee un poco._ Dijo, cogiendo el libro.

Regina Mills

Lo cierto es que era muy fácil entrar en el juego de Emma y Gina. Lo cierto es que me sentía muy natural junto a ellas. Y aunque era complicado creer en un mundo con magia, todo parecía tener cierto sentido. Estaba claro que Gina había salido de Emma y de mí, las pruebas no mentían.

_ ¿Quieres quedarte con Gina hoy? Ella se ha leído el libro de cabo a rabo y lo conoce bien. Si lo que quieres es leerlo, claro.

_ Gina tiene que ir a clase, Emma._ Le dije, negando con la cabeza._ Pero puedo ir contigo al trabajo. Y así quizá puedas ayudarme tú.

_ Sería un placer._ Emma me contestó con una brillante sonrisa._ Tampoco suele pasar nada en este pueblo.

Emma Swan

El viaje al trabajo fue algo silencio. Regina observaba el libro atentamente. La insté a que empezara desde que nos conocimos, no quería que su pasado la atormentase. Pero Regina tomaba sus propias decisiones, y por su rostro estaba claro que había leído todo desde el principio.

_ Entonces… ¿Soy una asesina?_ Preguntó, mirándome a los ojos._ Maté a toda aquella gente…

_ Eso es pasado, Regina. Esa ya no eres tú. Has pagado por ello._ No me importaba volver a tener aquella conversación.

_ No sé si me gusta conocer todo esto, Emma._ Dijo, tirando el libro al asiento de atrás.

Se quedó en silencio el resto del tiempo, mirando por la ventana. Veía dolor en sus ojos. Yo tenía razón, era demasiado pronto. Ella había dicho que no quería saberlo, pero al ver a Gina ofrecerse, no había sido capaz de decir que no. Nuestra hija la derretía como un helado.

_ Lo siento, Regina._ Dije, en un susurro.

Había parado en mitad de la carretera, haciéndome a un lado. No podía posponerlo más. La miré a los ojos, y ella me devolvió la mirada.

_ No sé por qué te disculpas._ Susurró._ No es tu culpa que yo sea una… reina malvada.

_ Es mi culpa si no eres feliz._ La miré a los ojos._ Es lo único que me importa, después de todo. Que tú y Gina seáis felices.

_ Según este libro… hiciste… algo horrible para venir hasta aquí. ¿Crees que merece la pena, Emma?

No pude evitar volver a ver el pequeño cuerpo de mi hermano caer al suelo, sin vida, al tiempo que la maldición oscura se formaba. Había llenado mis pesadillas durante años.

_ Hacer algo así… te cambia sin remedio._ Dije, en un susurro._ Pero… haría cualquier cosa por estar contigo. Te prometí que te encontraría, y eso hice.

Regina me rodeó el cuello con los brazos, y noté cómo se acercaba, entrecerrando los ojos, yo hice lo propio, sintiendo el pulso acelerarse. Lo cierto es que había gente que sólo pensaba en los besos, no se daba cuenta de lo que pasaba unos segundos antes.

Ese momento en el que el la tensión recorre tu cuerpo como si se tratase de aceite hirviendo, a pesar de que tu sangre parece congelarse. Cómo las mariposas de tu estómago se revolucionan sin sentido. Cómo ese momento en el que tus labios colisionan con los de una persona que realmente amas, se queda atrapado en lo más profundo de tu memoria.

Durante lo que pareció una eternidad, los labios de Regina y los míos se fundieron. Y entonces, una energía que era conocida, se proyectó a través de nosotras. Abrí los ojos, y miré a Regina.

_ Se ha roto…_ Susurré.

_ ¿El qué?

_ El hechizo._ Murmuré._ ¿Ya te acuerdas? El resto debe estar haciéndolo.

_ No… lo siento Emma pero… no recuerdo._ Suspiró.

_ ¡Oh dios mío!_ Exclamé.

_ Emma, deberías aceptar que pueda ser quién soy ahora sin…

_ No es eso. ¡Se trata de Gina! Está en el colegio.

_ Sí, lo sé. ¿Y qué?

_ Blancanieves la ha llevado allí…

Gina Swan

Tomar apuntes. Era un fastidio. Lo cierto es que no me gustaba el colegio, yo quería ser reina como mi madre, o amazona. Pero sin embargo allí estaba, en clase, una vez más. Me preguntaba cómo estarían mis madres cuando vi aquel halo arcoíris atravesar el aula. Todo se quedó parado por un segundo. La profesora salió fuera, seguida del resto de los alumnos. Yo no terminaba de entender qué estaba pasando, pero decidí que saldría también, me daba algo de miedo quedarme sola.

Al salir, sin embargo, me sorprendió encontrarme a Mary Margaret esperándome. Estaba apoyada contra una columna, y al salir, lo primero que hice fue acercarme. Se me hacía raro, porque apenas llevábamos diez minutos de clase. Apuesto a que no le había dado tiempo de llegar a casa.

_ ¿Qué pasa?_ Pregunté.

_ Nada importante._ Dijo, con voz tranquila._ Tu madre me ha pedido que te lleve a casa.

Regina Mills

Nunca había tenido tanto miedo, no desde que recordaba. La idea de que Gina estuviese en peligro me aterraba. Mi niña, mi pequeña. Hacía tan poco que la conocía, y sin embargo la quería tanto. Lo peor llegó cuando nuestras sospechas se confirmaron. Emma llamó al colegio y le dijeron que Mary Margaret había recogido a Gina.

_ Vale… vamos a casa._ Dijo Emma, práctica._ Vamos a organizar la búsqueda. La encontraremos.

_ Pero… y si blanca…

_ ¿Le hace daño? No, no lo haría. Quiere hacernos daño a nosotras, no a ella. No le tocaría un pelo a su nieta.

Supongo que eso explicaba la aparente calma de Emma. A pesar de todo, en sus ojos se antojaba un fuego intenso que casi me daba miedo. Cuando aparcamos, nos encontramos las luces de la casa apagadas. Sin embargo, al entrar, un repugnante olor a tabaco llenaba al ambiente. Emma se llevó el dedo a los labios para pedirme silencio, y yo la seguí a través de la oscuridad.

Encendió la luz del salón, y allí estaba Mary Margaret. Estaba fumando sobre el sofá de Emma, con una boquilla para mantener el cigarrillo apartado de sus labios.

_ ¿Dónde está Gina?_ Emma preguntó directamente.

_ En un lugar seguro, por supuesto._ Sonrió, apartándose el cabello del rostro._ Asegurándome de que esté lejos, para que podamos charlar.

_ Te romperé la nariz otra vez, Blanca._ Emma estaba muy enfadada._ Sabes que lo haré.

_ Sí, sé que lo harás. Así eres tú. Eres el monstruo en el que Regina te convirtió.

La miré, confusa. Emma, sin embargo, negó con la cabeza.

_ Y encima la traes, como una parejita perfecta._ Bufó._ Me dais asco.

Me puse detrás de Emma, porque aquella mujer, aquellos ojos oscuros, me aterraban.

_ ¿No tiene tu prometida ningún comentario mordaz para mí?_ Blancanieves rió.

_ Ella no se acuerda de nada. No la metas en esto._ Emma me protegió con su cuerpo. Notaba mi corazón botar en el pecho.

_ Yo tampoco me acordaba, y eso no te impidió hacerme todo lo que me hiciste.

_ Me arrebataste al amor de mi vida.

_ ¡Tú mataste a mi hijo!_ gritó Blanca, creando un oscuro e incómodo silencio.

_ De verdad… no creo que seguir recriminándoos cosas sirva de nada._ Me sentía muy pequeña en aquella discusión, pero quise intervenir._ Creo que deberíais hablar sobre estas cosas.

_ Hablaremos, sí… pero no ahora._ Blanca se acercó._ Ahora, voy a marcharme, tranquilamente. Y si intentas detenerme… te aseguro que vuestra hija va a pasarlo muy mal.

Emma se llevó la mano rápidamente a la pistolera y apuntó a la morena con su reglamentaria. Pero al parecer, Blanca estaba preparada, porque en lo que duró un pestañeo, sacó de su bolsillo su propia pistola con la que me apuntó a mí. Emma, una vez más, no dudó en ponerse en medio.

_ Me encantaría mataros a las dos ahora mismo._ Dijo, casi siseando.

_ Hazlo entonces._ La desafió la rubia.

_ ¿Y acabar tan rápido? No, voy a haceros caso. Y ya que tanto os gusta ese pensamiento, juro que esta vez seré yo la que destruya vuestra felicidad.