Título: LAZARUS II

Autora: Clumsykitty

Fandom: MCU con un pellizco de Marvel Cómics.

Parejas: sorpresa sorpresa.

Disclaimer: Nada me pertenece aunque muera por ellos, todo es de Marvel y Mr. Lee entre otros, lo único mío es esta idea mía convertida en historia. Dicho está.

Warnings: Viene la continuación de Lazarus I, por lo que os recomiendo primero leer esa parte antes de adentraros a esta desquiciada historia. Como su homóloga, está dividida en libros que van en secuencia numérica pero no en orden de trama. Historias muy agridulces, crudas como violentas. No apta para corazones sensibles o mentes tiernas. Sobre aviso no hay engaño.

Gracias por leerme.


Libro VII. El Libro de los Recuerdos.

El Incidente Fantasma.


Do or die, you'll never make me
Because the world will never take my heart
Go and try, you'll never break me
We want it all, we wanna play this part
I won't explain or say I'm sorry
I'm unashamed, I'm gonna show my scars
Give a cheer for all the broken
Listen here, because it's who we are
I'm just a man, I'm not a hero
Just a boy, who had to sing this song
I'm just a man, I'm not a hero
I don't care

Welcome to the black parade, My Chemical Romance.


No sabía ni encontraba las palabras exactas para describir lo que estaba sucediéndole, simplemente no hallaba una idea, una letra en su atormentada mente para explicarse y explicar tampoco era un concepto que le ayudara porque el solo nombre ya le era desconocido en esos momentos de terror que estaba experimentando. Todo dolía de manera imposible. Su cuerpo se estremecía sin control ante los espasmos que le dominaban por cada oleada de esa tortura proveniente de quién sabe dónde, pero que no le dejaba en paz sin importar los esfuerzos que hiciera por arañar un gramo de cordura y poder buscar auxilio a quien fuera. Las memorias pasaban demasiado aprisa, como una película a máxima velocidad no así el dolor que llevaban impresas. Gritó con todas sus fuerzas, arañando su propia piel en busca de alivio al fuego en su interior quemándole una y otra vez. Aquellas garras de metal, las espadas, todas las armas atacándole sin dejarle en paz por más piedad que suplicara. Carcajadas. Sangre por todos lados. Su sangre. Escuchó voces pronunciando algo parecido a un nombre y tuvo miedo de más tortura, buscando huir a donde fuese posible.

Le atraparon dentro de aquella cosa de metal, demasiado metal. Sus lágrimas no paraban como el dolor y la sangre. Frío, calor, frío, calor. Gritos. Carcajadas. El aire le faltó por la hiperventilación que estaba experimentando ante su pánico alcanzando ya el nivel de terror suficiente para provocarle un ataque cardíaco o un coma de shock. Tinieblas. Dolor. No se iba. Dolor. Sangre. Promesas de muerte susurradas a su alma que volvía convulsionar sin que al fin encontrara el reposo del fin de toda existencia. Tuvo un último intento por huir casi rompiendo sus cuerdas vocales al gritar para reunir fuerzas de su moribundo cuerpo. La cárcel de metal desapareció trayendo un débil rayo de esperanza al buscar refugio de alguna manera, en alguna parte. Todo era tan confuso. El dolor comenzó a cesar, pero su terror no. Correr. Sí. Querían perseguirle. Correr. Correr. Aún recordaba cómo hacerlo.

El suave golpe del agua salada chocando contra su rostro hizo despertar a Tony. Jadeó sacudiendo su cabeza con sus cabellos empapados como revueltos por la arena y hojas arrastradas de la playa tras él. Temblaba de pies a cabeza. Miró sus manos a la altura de su rostro, tenía varias uñas rotas como todos los dedos lacerados, parecía que hubiera estado arañando algo. Se le escapó un quejido de dolor severo al sentir una costilla fracturada, parte de su cadera como un tobillo. Aquellas ropas que usaba para su armadura tenías rasgaduras por todos lados, mostrando heridas graves, rasguños, moretones negruzcos y algo de hueso en otras partes. Pero lo que más le preocupó fue lo que sintió de nuevo que le hizo encogerse. Algo sin palabras, sin explicación pero con una fuerza tan apabullantemente tortuosa que gritó con las pocas fuerzas que aún poseía. Sea lo que fuese era el infierno mismo en su interior.

-¡TONY!

Unos brazos vinieron a él, levantándole en vilo. Gritó ante el dolor de su cadera, apretando sus párpados mientras era llevado quien sabe a dónde. Quería que se detuviera esa cosa. Ya no podía más, iba a matarle. No supo en qué momento estaba tendido en una superficie metálica, larga y fría donde unas manos quisieron sujetarle y trató de rechazar antes de quedarse dormido. Una mano cálida y amorosa cepilló sus cabellos, recibiendo un beso en su frente.

-Por Dios, Bruce…

-Luego, Steve, déjame atenderle. Wanda.

-Sí, doctor.

Ya no supo más hasta que de nuevo la pesadilla vino a él cuando su consciencia fue más despierta, haciéndole gritar de nuevo con su cuerpo encogiéndose entre espasmos de dolor. Tenía vendajes en todas partes, con ropas suaves que calentaban su cuerpo aunque en su interior brotaba de nuevo ese frío horroroso cargado de miedo que le hizo llorar suplicando caridad que no llegaba. Estaba por caer de aquella plancha metálica cuando los mismos brazos que le cargaran vinieron a él para impedirle la caída, escuchando una voz amorosa en su sien.

-Tranquilo, tranquilo.

Un chispazo de razón vino como salvavidas en medio de aquella tormenta que azotaba todo su interior desde la médula misma de su alma hasta la última de sus células. Reconoció la voz y sus manos arañaron aquel grueso pecho en desesperación, abriendo al fin sus ojos para encontrarse con unos azules más que angustiados.

-… S-Steve, h-haz… q-que… q-q-que p-pare…

-¡Bruce! –llamó el rubio volviéndose a él- Tony, mi amor, tranquilo, ¿de acuerdo? Estás a salvo, nadie te va a hacer daño.

-… n-no… páralo… PÁRALO… YANOYANOYANOPORFAVOR…

-¡BRUCE!

Una nueva oleada de tortura vino y gritó hasta quedarse sin voz. Muerte. La Muerte. Desolación. Sangre por todos lados. Carcajadas. Estaban partiendo su cuerpo. Cadenas horripilantemente ardientes que le sujetaron mientras aullaba de dolor. Voces. Su corazón latía demasiado aprisa. Aún tenía corazón. Eso se alejó, se alejó lo suficiente para dejarle descansar pero seguía ahí. Iba a volver como el monstruo escondido debajo de una cama. Pudo escuchar sus propios hipos ahogados al estar escondido en un cuello grueso cuyos brazos le abrigaron, meciéndole apenas.

-Maldita sea, Bruce, ¿qué le está ocurriendo?

-Es como si estuviera experimentando un episodio psicótico, igual que sus terrores postraumáticos pero esto va más allá de mi comprensión.

-Tienes que hacer algo.

-Esto todo lo que Skyfall y yo podemos hacer, Steve. Cielo santo. Si tan solo pudiéramos…

-Pero no podemos –gruñó el capitán acunando el cuerpo de su esposo entre sus brazos.

-Jamás le había visto atacar así… todos esos cuerpos… -murmuró asustada la Bruja Escarlata.

-Ahora no –le calló Rogers, pasando un brazo por debajo de las rodillas de Stark para cargarle.

-¿Qué haces? -casi bramó el doctor.

-Buscar la manera de ayudarlo.

-¡Steve! ¡Ni siquiera sabemos qué está sucediéndole!

-Wanda, cubre nuestra huida.

-O-Okay…

-¡STEVE!

Aquel calor ahuyentó su tormento, volvería, lo sabía. Pero se había marchado más lejos, en otro rincón alejado en quién sabe dónde. No entendía. Quizá sí pero dolía demasiado. Tenía ya el cuerpo acalambrado por los espasmos de dolor. Una vez más abrió sus ojos al sentir un aire fresco golpear su rostro al separarlo de ese rincón protector. Ruinas. Una catedral. Atardecía y la luz rojiza del sol atravesaba el estrellado rosetón dividiendo ese brillo en varios multicolores que caían sobre los escombros delante de ellos.

-¿Tony?

Se llamaba Tony Stark. Lo recordó. Había demasiadas cosas confusas. Sus ojos se volvieron a la voz que le pertenecía a un rostro más que familiar.

-¿Steve?

-Vas a estar bien, mi vida. Te lo juro. Confía en mí.

Volvió a buscar el rincón debajo de su mentón, con una mano subiendo al cuello de ese uniforme azul oscuro bastante maltrecho. La luz vespertina hizo brillar su anillo de bodas entre los vendajes de sus dedos y muñeca. Frunció su ceño, encogiéndose entre los brazos que le protegían.

-¿Qué me sucede?

-No lo sé, Tony. Pero le voy a poner fin.

-Tengo miedo. Tengo miedo…

-Ssshhh, estoy contigo.

Sintió un mentón sobre sus cabellos junto con una caricia en su nuca.

-Ahora quiero que cierres los ojos y duermas, todo va estar bien, Tony.

-No me dejes.

-Jamás.

Obedeció, hecho ovillo sobre el regazo del Capitán América cuya mirada endureció al ver por entre unas columnas a la figura que estaba suplicando oyera sus ruegos. Steve besó los cabellos de su esposo, esperando hasta que Loki estuvo frente a él. El Embustero arqueó una ceja, ladeando apenas su rostro al examinar al castaño unos espantosos segundos para su pareja, torciendo una sonrisa después con un suave bufido burlón.

-Sí que está mal.

-Hazlo.

-Debes saber algo importante, capitán. Eso que le atormenta es parte de su alma, nació con él. Si lo remuevo es posible que se pierdan cosas que en un futuro hubiera podido tener.

-No lo valen si está sufriendo así.

-Ah, mortales. Tan susceptibles al dolor.

-Tenemos un trato, ahora cúmplelo.

El ojiverde rió tranquilamente. –Realmente estás dispuesto a pagar el precio con tal de salvar a Stark.

-Tú qué sabes de amor. Cállate, Loki y haz lo tuyo.

-Impresionante –se burló éste pero posó una mano sobre la cabellera castaña- Un héroe que traiciona a los suyos y a su planeta por una promesa tan fugaz.

Steve apretó su mandíbula sin dejar de mirarle. El Dios de las Mentiras negó apenas bajando su mirada hacia el Hombre de Hierro que se agitó en un sueño intranquilo antes de quejarse una vez más pero ya no hubo gritos ni pesadillas. Al fin eso se marchó, desapareciendo por completo. Hubo un enorme vacío, como un cuadro incompleto, una nota faltante en una pieza musical. Tuvo pena pero fue libre y su consciencia descansó al fin en un remanso de calidez proveniente de su esposo.

-Listo.

Una vez que se aseguró de que Tony estaba libre de aquello que lo había vuelto dolorosamente loco, Rogers sacó de su cinturón un contenedor con runas Asgardianas que tendió con renuencia a Loki cuya sonrisa creció, extendiendo elegante una mano para recibir el Ojo de Odín que el rubio había robado de las bóvedas secretas para ofrecerla a cambio de la sanación de su esposo a un Dios de las Mentiras quien no iba a recibir otro obsequio menor por su magia capaz de romper con la maldición que aquejó de súbito al millonario en plena misión.

-Un placer hacer negocios contigo, Capitán América.

Éste se levantó con su esposo en brazos ya sin mirarle. Loki les vio salir de aquellas ruinas, clavando luego su vista en el Ojo de Odín. Levantó su mano libre, aquella que había sanado al castaño, pensativo. Lo que el soldado hizo iba a tener una repercusión fatal en el futuro, lo había sentido al momento de arrancar esa memoria vívida del alma de Tony Stark. Había visto ese terror, sentido esa tortura. Algo a lo que iba a buscarle respuesta porque no era una cuestión ordinaria de un alma mortal sino algo más intrigante como peligroso. Sus ojos volvieron al Ojo de Odín, había pensado entregarlo a Thanos como disculpa, pero ahora le veía un uso más provechoso antes de eso. Así desapareció, dejando que la pareja se perdiera colina abajo donde ya esperaba un Sargento Barnes más que armado sobre una motocicleta de combate.

-¿Qué coño está pasando, Steve?

-Ni yo puedo darte esa respuesta.

-¿A quién viste allá dentro?

-Mejor que no lo sepas –Steve tomó aire mirando el rostro ya sereno de Tony cuya frente besó cerrando sus ojos unos segundos antes de tenderlo a Bucky- Ya sabes qué hacer.

-Estás jodidamente idiota si piensas que sobrevivirás.

-Cuídalo por mí, entonces.

-Maldita sea, Steve. Mne ne nravitsya.

-Trataré de arreglarlo. No era él cuando hizo todo eso.

-¿Quién le hizo volverse demente?

-No tengo idea, James. Váyanse ya.

-Tienes que alcanzarnos o voy a ir al infierno por tu alma. Do svidaniya.

-Sí, hasta luego.

Acomodando sobre su regazo a un dormido Stark, James arrancó la moto para salir a toda prisa hacia el camino rural y perderse entre las colinas. Steve apretó su mandíbula como puños. Había sido una misión de lo más simple, entrando a un castillo que Doom hubiera utilizado de cuartel casi a punto de retirarse cuando de pronto Tony comenzó a atacar a todos en un estallido de furia combinada con terror que dejó una masacre de agentes de SHIELD como de soldados al mando de Rogers que perdieron la vida en un parpadeo. Los propios Vengadores sufrieron heridas al tratar de contenerlo sin éxito. Cualquier acercamiento había terminado en muerte a manos de los poderosos cañones y armas de esa armadura que comenzó a hacerse trizas ante las escapadas sin sentido como choques contra paredes, muros y naves que hizo su esposo de manera tan frenética que le hizo sospechar que había perdido la cordura. Rhodes, quien había estado a metros de él cuando tuviera aquel brote de locura afirmaba que nada ni nadie ocasionaron aquello, el lugar estaba limpio y libre de enemigos. Las cámaras de seguridad así lo confirmaron. Simplemente su esposo se tornó en una bestia asesina hasta acabar estrellándose solo contra una presa que estalló por el impacto, llevándole a una playa donde al fin pudo recuperarle solamente para atestiguar aquellos ataques de terror que le erizaron la piel.

Fury había ordenado apresarle a cualquier costo. Era un fugitivo. Solamente el siempre incondicional Bruce en complicidad inusitada con Wanda le habían encontrado para ayudarle con esas espantosas heridas y fracturas con el poco material que Skyfall hubiera podido enviarles sin levantar sospechas de su paradero. Con medio mundo clamando por su cabeza y sin forma de traerle de vuelta a la normalidad, Steve había llegado al punto de llamar a Loki por ayuda. Ni siquiera Strange tuvo la capacidad que el Dios de las Mentiras para algo tan irracional como urgente. A cambio de la sanación de su esposo dio aquel tesoro, sabiendo lo que eso iba a ocasionar y lo que estaba haciéndole a su equipo de Vengadores. Pero simplemente no podía dejar así al amor de su vida. Estaba bien dispuesto a dar su vida a cambio de la salvación de Tony. Cuantas veces fuese necesario de la forma que fuese necesario. El Capitán América tomó el escudo de su espalda, dando media vuelta para enfrentar las fuerzas que sabía ya se acercaban a las ruinas con el fin de darle tiempo a Bucky de llevar a un refugio a su esposo.

El sargento dejó aquella motocicleta para tomar una nave caza que Skyfall hurtó para él, siempre con Stark entre los brazos a quien revisaba de cuando en cuando. Volaron hacia las Islas Caimán donde la neutralidad como el punto de intercambio de fuertes transacciones financieras hacía aquel paraíso tropical intocable para SHIELD o Fury. Ahí había comprado una cabaña con playa privada sin que tuviera preguntas de por medio que rara vez usaba y que más tarde la acopló como refugio en caso de alguna emergencia justo como la que estaban padeciendo en esos momentos. Su amplio terreno ya había sido acondicionado para tales necesidades. Una pista solitaria, un búnker bajo la cabaña y un cerco de seguridad a prueba de espías o satélites.

-Vamos, Antoshka.

Entraron a la espaciosa cabaña, Bucky cargó al millonario hasta la recámara donde le depositó con cuidado sabiendo de sus fracturas a pesar de los vendajes y férulas. Le miró unos segundos con el ceño fruncido, antes de cepillar sus cabellos, levantándose para dejarle descansar al fin mientras preparaba su armamento por acaso algún asalto imprevisto aunque lo dudaba. Skyfall iba a borrar todo rastro de ellos mientras el idiota de Steve se hacía el héroe una vez más, enfrentando a todas las fuerzas internacionales y sus amigos Vengadores. La verdad era que el mismo lo haría si fuese necesario. Se quedó haciendo guardia hasta la noche cuando despertó Tony, de vuelta a sus cabales y completamente confundido de encontrarse en tal sitio con un cuerpo molido sin memoria de cómo había terminado así. Solo sentía ese vahído conocido cuando las pesadillas de Afganistán o aquel ataque Chitauri pero tenían meses de ya no aparecer.

Rascándose la adolorida nuca con igualmente unos adoloridos dedos, bajó de la cama notando su pants de algodón grueso como la sudadera y playera gris que le arropaban junto con unas vendas para sus exhaustos pies. Inspeccionó sus alrededores. Una recámara tipo King Size de sábanas blancas como las vaporosas cortinas que se mecían por un viento tropical que entraba por un ventanal cuya vista era hermosa por el mar turquesa oscureciendo por la noche avanzando lentamente en el horizonte. Había un clóset de esquina a esquina y una puerta que daba a un baño a donde se dirigió, jadeando al sentir un aguijonazo de dolor en su cadera, llevándose una mano ahí, parpadeando todavía más confundido mientras veía la tina y la regadera al fondo, buscando el lavabo para echarse agua fría. Era una cabaña de descanso bien acondicionada pero que no había sido usada en largo tiempo.

-¿Steve?

Le llamó sin respuesta, saliendo del baño con una cojera más que evidente, debiendo sujetarse de la pared para caminar casi arrastrándose hacia el pasillo que daba a una sala iluminada por lámparas de bambú. El aroma del mar tropical inundaba la estancia por las ventanas abiertas como la puerta principal donde vio la espalda recta de Barnes quien se giró en esos instantes, juntando sus cejas al caminar en zancadas para alcanzarle.

-¿Qué haces, Antoshka? No debes ponerte de pie.

-Pero… espera…

Quiso detenerle pero fue imposible. James le cargó en brazos para dejarle en uno de los mullidos sofás color arena con tal cuidado que le pareció excesivo.

-James… ¿dónde estamos?

-A salvo.

-¿A salvo? –Stark abrió sus ojos- ¿De qué? ¿Qué pasó? ¿Dónde está Steve?

-¿Quieres algo de comer?

-James –tiró de su brazo- ¿Dónde está Steve?

-Viene en camino. No debes ponerte de pie.

-Pero…

Un dedo silenció sus labios. Barnes estaba más que serio y eso le preocupó más.

-Descansa, Antoshka.

-¿Por qué no quieres responderme?

-Porque no tengo las respuestas.

Tony frunció su ceño. -¿Qué fue lo que me sucedió? No recuerdo nada desde que llegamos a ese castillo de Doom. Estaba… estaba bromeando con Rhodey sobre fantasmas chocarreros en un pasillo y luego… no recuerdo más.

-Mejor –Bucky sujetó su mentón, haciendo que le mirara- Vas a descansar, no más preguntas.

-¿Steve va a regresar, cierto?

-Sí, Antoshka, me dio su palabra. Fue tu última pregunta. A callar, Kotenok.

Dejándose caer sobre los cojines del sofá con un bufido, Stark cerró sus ojos que sintió de pronto algo resecos y cansados mientras James caminó a la cocina donde le escuchó prepararle algo rápido, volviendo con un vaso de jugo de frutas y un emparedado que puso sobre una mesita de vidrio con soportes de grueso bambú, acercándola a él, sentado a medias para comer.

-Gracias.

El soldado le miró fijamente, sus ojos siguiendo el movimiento de sus manos y labios al probar el emparedado lentamente, buscando algún signo de dolor que le viera durante aquel espantoso episodio. Le valía un cuerno si los Vengadores ya no querían al millonario en su equipo luego de lo sucedido, él también renunciaría si eso pasaba. Tony no había tenido la culpa de nada. Le llamó la atención su comentario sobre fantasmas pero lo dejó para cuando al fin vio el plato limpio como el vaso sin gota de jugo.

-Horosho, Kotenok. ¿Quieres algo más?

-No, la verdad casi no tengo apetito.

-Dime sobre eso de que estabas con el coronel hablando de fantasmas.

-¿Ah? –Tony levantó su mirada, encogiéndose luego de hombros- Pues nada… el castillo era muy viejo y le comenté para asustarlo que podían haber fantasmas confundidos entre las sombras. Es que había una esquina en penumbras y se me hizo buena idea gastarle una broma diciéndole que había un fantasma ahí. Rhodney es muy crédulo de esas cosas.

El brazo metálico de James se agitó por mero instinto. Ya había visto las grabaciones de ellos dos. El punto que el millonario decía no había estado en penumbras nunca, la piedra del castillo era visible desde la distancia en que se encontraba. Su corazón latió aprisa ante cierto pensamiento pero se cuidó de mostrar reacción alguna frente a Stark, apretando una sonrisa.

-Eso te pasa por andar haciendo bromas.

-Me cuidaré de no repetirlo –bufó el castaño acomodándose mejor en el sofá- ¿Rhodey está bien?

-Sí, ya sabes, peleando con sus superiores.

-Ah.

-¿Quieres que te lleve a la cama?

-No, si no te molesta, preferiría esperar por mi esposo.

-Puede tardar, Antoshka.

-Dijiste que ya venía.

-Está bien, pero si caes dormido, te llevaré a la recámara –Bucky se puso de pie- Estaré haciendo guardia, por si me necesitas.

-¿Skyfall?

-Conmigo, tú descansa.

Tony rodó sus ojos, recostándose sobre el sofá mientras el sargento salía al porche de la cabaña llevándose una mano al auricular sujeto a su oreja.

-Skyfall, ¿puedes revisar una vez más ese video?

-"La esquina que menciona Tony estaba iluminada."

-Mierda.

-"Haré un rastreo exhaustivo, Sargento Barnes, deme unos minutos."

Se quedó mirando aquella playa de arenas blancas que sobresalió por el agua ya oscura en una noche fresca con palmeras alrededor meciéndose tranquilamente. Miró por encima del hombro a Tony volver a quedarse dormido por el somnífero que había puesto en su jugo. Había llevado a los límites de su resistencia a su cuerpo, necesitaba descansar todo lo posible.

-"¿Sargento Barnes?"

-No me gusta tu tono de voz, Skyfall.

-"El análisis infrarrojo muestra actividad energética."

James maldijo en ruso, cerrando sus ojos. -¿Qué fue? ¿Puedes identificarlo?

-"La forma no, pero su densidad arroja un cálculo de una masa de aproximadamente de novecientos kilos. Se movió hacia Tony a una velocidad de 350 kilómetros por hora."

El puño metálico se apretó al punto de romperse. Algo del tamaño de un auto compacto había atacado al millonario y vuelto una fiera asesina llena de terrores.

-Haz que ese maldito análisis se embarre en la jeta de Fury. ¿Steve?

-"Aproximándose, llegará a ustedes en una hora."

-Dame tu mejor tiro, Skyfall.

-"Sea lo que fuere, Sargento Barnes, tenía por único objetivo a Tony, luego de atravesarle simplemente desapareció."

Bucky se juró mentalmente buscar aquella cosa para exterminarla de la manera más dolorosa posible aunque le costara la vida. Jamás volvería a dejarle solo. Jamás. Dejó que la hora pasara con él plantado en la entrada hasta que vio por un costado aparecer al Capitán América, con una apariencia que hablaba de la batalla que había enfrentado antes de llegar a ellos.

-¿Tony? –fue lo primero que preguntó, apoyándose en un hombro suyo.

-Durmiendo en la sala, quería esperarte pero está demasiado agotado.

-¿Todo bien?

-Da. ¿Te caíste en una procesadora de alimentos o qué?

-Le debo a Bruce un par de cervezas. A Wanda un enorme peluche y a Rhodey la vida.

-Ustedes dos, necesitan dormir a pierna suelta. Ve a descansar, seguiré haciendo guardia.

-Bucky…

-Te ves horrible, asegúrate de tener mejor aspecto para cuando despierte.

-Gracias.

-No fue un favor, Steve. Cuantas veces lo necesites. Anda, la tormenta ya dejó de orinarnos.

Riendo apenas, Rogers entró a la cabaña con pasos cansados mirando aliviado la figura de su esposo dormir cual niño pequeño sobre el sofá. Se puso en cuclillas frente a él acariciando una mejilla amoratada. La pelea con sus amigos había sido ruda pero no mortal. Estaban tan confundidos como él porque todos estaban seguros de la cordura de Tony. Al final simplemente dejaron de pelear y él declaró su renuncia a Fury de forma oral antes de darse media vuelta para desaparecer. Se inclinó hacia su esposo cuyos labios besó apenas, levantándose para cargarle con sumo cuidado y llevarle de vuelta hacia la recámara donde le recostó, tomándose su tiempo para asearse, regresar con él bajo las cobijas y quedarse profundamente dormido al acto, con sus brazos envolviendo celosamente a Stark cuyo calor le arrulló para unirse a él en el mundo de los sueños.

Afuera, James miró hacia el cielo con profundo rencor.

-No sé quién seas o lo que seas, bastardo malnacido, pero vas a pagar caro lo que hiciste. Ni en el infierno estarás a salvo.