Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer me pertenece, todo es propiedad de J. K. Rowling. La idea original del fic es de MadameCissy, yo solo hago la traducción.

N/T: ¡Hola! Aquí estoy de nuevo con otro capítulo más. Ya sólo quedan treinta capítulos ;) No, en serio, aún falta mucho pero estoy sorprendida de lo mucho que he avanzado con esta historia en tan poquito tiempo (se me ha hecho corto, por lo menos a mí). Como ahora estoy de vacaciones (creo que ya lo había dicho, pero no importa) podré actualizar más rápido así que creo que tendré el próximo cap. a finales de semana o igual para el martes o así.

Espero que disfrutéis del capítulo, aunque para mi gusto en este las cosas pasan como muy rápido, pero me espero a que me déis vuestra opinión (guiño, guiño).

Venga, ¡a leer! Enjoy!


Capítulo 10: A través del fuego.

Minerva McGonagall les excusó de las clases del día siguiente. Se percató de que los tres amigos tenían muchas cosas de las que hablar y observó desde la ventana de su oficina a Hermione, Harry y Ginny cruzando los terrenos de Hogwarts hacia el lago. Se sentaron bajo los árboles y Hermione comenzó a lanzar piedras al agua, viendo cómo la superficie ondulaba antes de volver a ser lisa. Así era como ella veía su vida en los últimos días. Una roca había hecho grandes ondas en la superficie y estas se propagaron, afectando a todo lo que había a su alrededor, pero, a diferencia del agua, ella nunca volvería a ser la de antes.

Se dio cuenta de que Harry la miraba e hizo que sus ojos se cruzaran.

—Sé que tengo cosas que deciros. Cosas que necesitáis comprender, pero ni siquiera sé por dónde empezar —Sus ojos se precipitaron hacia Ginny—. Te lo debo, pero no sé si puedo.

Su mano se deslizó entre la tela de la túnica nueva que McGonagall le había conseguido y sacó su varita. La hizo rodar perezosamente entre sus dedos y contempló la posibilidad de contrales lo del núcleo. Tragó saliva y se la lanzó a Harry. Él la atrapó fácilmente y la miró con sorpresa.

—Hay algo acerca de mi varita que tenéis que saber. Algo que ni siquiera le he contado a la Orden todavía.

Harry inspeccionó la varita que ahora estaba en la palma de su mano. No veía nada diferente a las otras veces que la había mirado o sostenido.

—¿Qué hay de malo en ella?

—No es algo malo exactamente —dijo Hermione, tomando la varita. En el mismo instante en que hizo contacto con su piel pudo sentir el poder y el flujo de energía que se propagó a través de sus venas. Era como una presencia invisible deslizándose dentro de ella, cuidándola, cada vez que la sostenía. Y sabía que era parte de Bellatrix y Narcissa. Lo sentía tal y como ellas lo hacían también—. ¿Recuerdas eso de que tu varita y la de Ya-Sabes-Quién tienen el mismo núcleo?

Harry asintió con la cabeza.

—Una pluma de fénix. Es muy raro, ¿y qué?

—Bueno, resulta que mi varita también comparte núcleo. Pero no es sólo con una varita, es con dos —dijo Hermione, mirando de Harry a Ginny y de vuelta a este—. No lo sabía hasta que Bellatrix me llevó a Malfoy Manor. En el momento en el que estuvimos en la misma habitación, nuestras varitas simplemente respondieron y se unieron entre sí. Ni siquiera pude aferrarme a ella, salió volando de mi mano.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Ginny. Hermione pudo oír la vacilación en su voz.

—Lo que quiero decir que es que la varita de Bellatrix y la mía comparten el mismo núcleo, al igual que la de Harry lo comparte con Quién-Tú-Sabes —explicó, haciendo un esfuerzo por reprimir la sonrisa al recordar el momento en que las tres varitas se habían unido. El poder que había sentido era indescriptible—. Y Narcissa Malfoy es la que completa la trinidad de tres varitas separadas pero con el mismo núcleo: fibras de corazón de dragón tomadas del mismo dragón, al mismo tiempo.

—Entonces, ¿qué estás diciendo? ¿Que tu varita y la de Bellatrix y Narcissa están conectadas? —preguntó Harry y Hermione asintió.

—Están más que conectadas. Podemos unirlas, trabajar juntas. Podemos luchar entre nosotras, pero no dañarnos fatalmente o matarnos, a no ser que tengamos una varita distinta. Creo que es la razón por la que Bellatrix no me mató en esa mazmorra. Todavía tenía mi varita —dijo Hermione—. Pero cuando se la mostraron a Ollivander pareció aterrorizado. Nos contó la historia de las varitas.

—Entonces, ¿cómo es que tú acabaste con esa varita, décadas después de que ellas consiguieran las suyas? —preguntó Ginny y Hermione se encogió de hombros.

—Ni siquiera Ollivander podía explicarlo. Pero al parecer, tanto Bellatrix como Narcissa podían sentir la presencia de la tercera varita siempre que estaban cerca de mí. Sabían que sus varitas estaban conectadas, pero cuando Narcissa nos conoció en el mundial de Quidditch lo sintió, y no hay duda de que Bellatrix también cuando nos vimos en el Ministerio. Ellas sabían lo que pasaba, pero yo no.

Harry se frotó la frente y Hermione no pudo evitar preguntarse si su cicatriz le dolería ahora que hablaban del Señor Oscuro y sus mortifagos.

—¿Por eso Bellatrix te llevó con ella? ¿Para que las varitas estuviesen juntas?

—Probablemente. Debió pensar que si las tres estábamos juntas seríamos invencibles —dijo Hermione, asegurándose de fingir un estremecimiento—. Esa noche en la mansión… lo que pasó, fueron las tres varitas unidas —Hermione bajó los ojos—. Creo que se dieron cuenta de lo que podríamos ser e hicieron lo que pudieron para retenerme. Bellatrix es despiadada.

Nadie habló durante un rato. Los recuerdos de la noche en la mansión todavía estaban frescos en la mente de todos aunque por diferentes razones. Hermione recordaba esa noche sin sentir ninguna culpa u otro sentimiento. Fue la noche en que mató a su verdugo, en la que había intentado poner fin a sus pesadillas, pero no habían desaparecido. Las imágenes y las voces aún acechaban en las profundidades más oscuras de su mente, y se deslizaban sobre ella en los momentos de descuido, rompiéndole el corazón de nuevo.

—¿La Orden sabe esto? —preguntó Harry finalmente y Hermione negó con la cabeza.

—No llegué a decírselo. Puedo preguntarle a Minerva si puedo volver mañana por la noche y verles. Necesitan saberlo —suspiró—. Aunque la profesora McGonagall parece pesar que estoy a salvo aquí. Nada podría pasarnos en Hogwarts, ¿cierto?

Harry asintió con la cabeza.

—¿Les contaste lo de los Horrocruxes?

—¿A quién?

—A Bellatrix y Narcissa.

Hermione vaciló.

—Harry…

—Lo hiciste, ¿verdad? —Escuchó la acusación en su voz.

—¡No tuve elección!

—Así que lo saben. Saben lo que estamos tratando de hacer y nos van a intentar detener —dijo Harry y sus ojos verdes se posaron en Ginny antes de volver a Hermione—. ¿Cuánto les dijiste? —Cuando ella no respondió, él sacó sus propias conclusiones y suspiró—. Tenemos que hacer otro plan. Uno de los Horrocruxes está escondido en Hogwarts. No me preguntéis cómo lo sé, simplemente es así. Tiene que estarlo. Es el único lugar en el que Tom Riddle, o Voldemort, se sintió feliz. Uno de ellos tiene que estar aquí.

—¿Cómo vamos a encontrarlo si no sabemos lo que es? —preguntó Ginny.

Harry negó con la cabeza.

—No lo sé, pero tenemos que pensar en algo. Si Quién-Tú-Sabes y sus mortífagos saben lo de los Horrocruxes, no hay nada que impida que los muevan. Puede que no lleguemos a encontrarlos jamás.

Los ojos de Hermione viajaron de nuevo a la superficie del lago. El agua volvía a estar en calma, pero no podía dejar de pensar en que, aunque las ondas se habían desvanecido, la roca que las había causado aún se encontraba bajo la superficie, oculta a la vista. Se le escapó un suspiro mientras se levantaba. Sacudió algunas hojas y hierba que se le habían pegado a la túnica, y miró a Harry y Ginny.

—Sólo hay un lugar en donde podemos empezar a buscar.

Los ojos de Harry brillaron.

—La biblioteca.

oOo

Leyeron varios libros de la Sección Prohibida pero no pudieron encontrar nada que les ayudase a averiguar dónde podrían estar los Horrocruxes o lo que podrían ser.

Hermione observaba a Harry, que arrugaba un pedazo de pergamino de pura frustración. Dumbledore no le había dicho mucho acerca de la misión que tenía que llevar a cabo y no podía dejar de preguntarse si era más un intento de suicido que de salvar al mundo.

—¿Señorita Granger?

Hermione levantó la vista cuando el suave acento escocés de Minerva McGonagall llegó a sus oídos. La cabeza de Ginny descansaba sobre sus brazos y parecía medio dormida sobre un viejo libro de Historia. Harry dibujaba pequeñas imágenes en la parte superior de otro trozo de pergamino. Levantó la vista cuando escuchó a la profesora. Hermione miró a McGonagall.

—¿Sí, profesora?

—Me preguntaba si podría robarle algo de tiempo, señorita Granger —Sus palabras fueron amables, pero, a juzgar por la expresión de los ojos de la mujer, Hermione pudo determinar que había algo más tras sus palabras.

—Por supuesto —Se puso de pie y miró a sus amigos. Ginny había comenzado a guardar algunos de los libros. Hermione sonrió —. Os veré en el Gran Comedor.

—Ven conmigo —dijo Minerva amablemente, y ella y Hermione pasaron por delante de varias filas de estanterías repletas de libros, cada uno lleno de conocimientos que Hermione no podía llegar a imaginar. Recordó las tardes que había pasado ahí, escondida de Harry y Ron, simplemente tratando de relajarse. Leer había sido su consuelo una vez, hacía una eternidad—. ¿Has hablado con el señor Potter y la señorita Weasley? —preguntó la anciana, lanzándole una mirada de soslayo—. Parecen haber superados sus, digamos, diferencias.

—No creo que lleguemos a superar nuestras diferencias algún día, profesora. Después de todo, maté al mejor amigo de Harry y al hermano de Ginny —dijo Hermione y el recuerdo envió una fuerte sacudida de adrenalina por su torrente sanguíneo. En la penumbra de la biblioteca, Minerva McGonagall nunca llegaría a ver los ojos de Hermione, que se incendiaron con una pasión cegadora—. Pero hemos hablado de lo que pasó y creo que lo entienden. Es todo lo que les puedo pedir.

—La Orden me ha pedido que les deje volver a verte —dijo la profesora cuando llegaron a las pesadas puertas de madera que conducían a la parte pública de la biblioteca. Se volvió para mirar a Hermione. En la penumbra de color amarillo suave de las velas, la morena parecía mucho más joven y las comisuras de su boca se curvaron en una sonrisa reconfortante—. Creo que quieren más información de ti.

—¿Es seguro? —preguntó Hermione. Sus ojos de avellana se ensancharon—. ¿Estamos seguros de que no es una trampa de Bellatrix para atraparme de nuevo?

Minerva puso una suave mano sobre el hombro de la muchacha.

—Es seguro, Hermione. Ahora, puedes elegir si quieres ir en este momento o esperar a que la cena haya terminado. Estoy segura de que a muchos compañeros de Gryffindor les encantará verte.

Hermione apartó los ojos.

—No estoy segura de querer verles.

—¿Por qué?

—Por la misma razón por la que sé que Harry y Ginny jamás volverán a mirarme con los mismos ojos —respondió ella. Miró a la directora a través de sus pestañas y enmascaró su resentimiento con una facilidad mortal—. He matado a Ron. Un montón de gente no va a creer que Bellatrix me hechizó. Pensarán que me cambié de bando y que estoy aquí para causar más problemas.

—Entiendo —dijo Minerva—. Me pondré en contacto con Remus y Arthur para hacerles saber que estás en camino. ¿Hay algo que necesites?

Hermione negó con la cabeza.

—No, en realidad no. ¿Me iré por la chimenea de su oficina?

—Sí, ¿por qué no vienes conmigo? Puedes comer allí mientras esperas. Me percaté de tu ausencia durante el almuerzo.

Hermione siguió a la directora fuera de la biblioteca en silencio, por los pasillos y hasta que finalmente llegaron a las escaleras. Se aseguró de permanecer un paso o dos detrás de la mujer y dejar que sus ojos se perdieran alrededor. Pudo escuchar los susurros y los ojos de los estudiantes como dagas en su espalda cada vez que pasaba al lado de alguno. Sabía lo que estaban pensando. Y tenían razón.

Cuando llegaron a la oficina de la directora, Hermione la siguió al interior tranquilamente. Minerva hizo un gesto para que se sentara en uno de los dos sillones y la sensación de hormigueo cerca de sus dedos hizo que Hermione fuera consciente de la magia de un elfo doméstico justo antes de que apareciera un plato de comida y un vaso lleno de zumo de calabaza. Cogió uno de los muslos de pollo y lo mordisqueó, pero el estómago se le cerró poco después y no pudo comer mucho más. Bebió zumo y observó a la profesora arrodillarse frente al fuego. Mientras Hermione miraba a la bruja más vieja que jamás había conocido, la cabeza de Lupin apareció en las llamas. Estaban susurrando.

Después de unos minutos, Minerva se levantó y se encontró con Hermione mirándola al darse la vuelta. Una mirada de disculpa llenó sus ojos.

—Lo siento. Debe haberte resultado algo extraño su comportamiento.

Hermione suspiró.

—Lo entiendo. Lupin no confía en mí. No puedo decir que le culpe, yo tampoco confiaría.

Minerva frunció el ceño.

—¿Qué estás diciendo?

—Digo que entiendo su renuencia a creerme, así como comprendo las razones que han llevado a Harry a decidirse por seguir siendo mi amigo. Tiene que dejar su enfado a parte si quiere llevar a cabo la misión que Dumbledore le ha dejado. Me necesita. Yo lo sé y él lo sabe. Pero Lupin no me necesita. La Orden no me necesita para nada, por lo que no tiene que confiar en mí.

—Hermione, lo has entendido todo mal —dijo la profesora y la morena frunció el ceño.

—¿En serio? ¿Entonces me cree? —Cuando la mujer no respondió, Hermione sonrió—. No hay necesidad de mentir, profesora. No soy una niña.

—Lo sé —respondió la directora.

Miró a Hermione por un rato, como si quisiera tomar nota de la apariencia de la chica y recordarla por el resto de su vida. Aún cubierta de hematomas y con anillos oscuros bajo los ojos, Hermione parecía muy frágil, pero, al mismo tiempo, también parecía haberse endurecido. Tardó unos segundos en darse cuenta de por qué, pero cuando vio la mirada fría, casi distante, de los ojos de Hermione, lo entendió. Una pequeña parte de Hermione había muerto con Ron en la mansión de los Malfoy. Había cambiado. Minerva suspiró.

—Te están esperando.

Hermione se puso de pie y caminó hasta la chimenea. Las llamas relucían en color verde y, con una sonrisa, tomó un puñado de polvos flú de la cajita que tenía la directora sobre la repisa de la chimenea. Los dejó caer a las llamas y al instante rugieron, haciéndose más altas, devorando su túnica y llegando hasta su pecho.

—¡La Madriguera!

Segundos después, el familiar salón de los Weasley apareció ante sus ojos, y Hermione salió de la chimenea sacudiendo las cenizas de su ropa. Durante unos segundos escuchó el sonido de voces, y luego lo siguió hasta la cocina. Para su sorpresa, se encontró con menos gente de lo que había esperado. Sólo estaban Lupin y Kingsley. Andrómeda estaba de pie junto a Molly, al parecer ayudándola a preparar la cena. Por un momento, se preguntó si había sido idea de la matriarca Weasley celebrar la reunión en la cocina donde ella y Andrómeda podrían mantener un ojo. La mirada de Hermione se quedó en la bruja de cabello oscuro durante unos segundos, golpeada una vez más por su parecido con Bellatrix.

—Hermione —dijo Kingsley y le hizo un gesto hacia uno de los muchos asientos vacíos alrededor de la mesa—. Por favor, siéntate.

—Si se trata de otro interrogatorio, prefiero estar de pie —respondió Hermione a la defensiva, pasando sus ojos rápidamente de Kingsley a Lupin y de vuelta al primero—. Tú hablas, yo escucho.

—Muy bien —respondió Lupin, claramente sorprendido por su actitud hostil—. Sólo queríamos hablar contigo sobre lo que pasó la otra noche.

Hermione arqueó una ceja.

—Vas a tener que ser más concreto.

—En la mansión Malfoy pasó algo momentos antes de que Ron muriera —dijo Lupin, haciendo caso omiso de la renuencia de Hermione a hablar con él—. Algo relacionado con tu varita.

¡Lo saben! ¿Cómo pueden saberlo si no se lo dije? ¿Lo vieron? ¿Se puede ver algo así? ¿Qué otra cosa vieron? ¿Qué más saben?

—Nunca me preguntaste sobre mi varita —dijo Hermione, y miró por el rabillo del ojo a Andrómeda, que se había dado la vuelta lentamente. Se dio cuenta de que ella debía saber sobre el núcleo común de las varitas de sus hermanas y se preguntó brevemente si tendría alguna idea sobre la leyenda de los tres núcleos. A juzgar por su apariencia asustada, Hermione concluyó que sí lo sabía.

—Algo pasó —insistió Lupin.

—Mi varita y las de Bellatrix Lestrange y Narcissa Malfoy comparten el mismo núcleo —dijo Hermione agudamente—. De la misma manera que la de Harry y la de Ya-Sabes-Quién. Significa que nuestras varitas no pueden matar o dañar fatalmente a las otras a menos que usemos otras varitas. También responden entre sí y forman una unión diferente a cualquiera que se haya visto antes. En mi opinión, Narcissa y Bellatrix conocían este hecho y por eso me llevaron a la mansión, por mi varita. Nunca he visto magia como esa.

Molly se volvió lentamente y miró a Hermione fijamente.

—Esa magia mató a mi hijo.

La morena asintió lentamente.

—Sí, lo hizo.

—¿Cómo es posible que Bellatrix conociera eso de tu varita? —preguntó Lupin.

—Creo que fue Narcissa la primera en descubrirlo. Hace unos años, durante el Mundial de Quidditch, nuestros caminos se cruzaron. Dijo que fue entonces cuando se dio cuenta. Su varita respondió. La mía actuaba de manera extraña pero yo no sabía por qué. Entonces, me encontré con Bellatrix un año después, en el Ministerio. Mi varita parecía apuntarla contra su voluntad pero no era capaz de hechizarla de la misma forma que al resto —dijo Hermione—. No entendía por qué, pero me pareció que había una conexión. Bellatrix debió darse cuenta entonces y ambas, Narcissa y ella, debieron llegar a una conclusión. Mi varita era la tercera y la que podía completar la trinidad.

—¿Crees que esa es la razón por la que Bellatrix te lanzó la imperius? —preguntó Kingsley y las cejas de Hermione se dispararon.

—¿Crees que tenía alguna otra razón?

—¡Bien, ya es suficiente! —exclamó Molly inesperadamente, mirando a Hermione antes de clavar sus ojos en Lupin—. Ha tenido suficiente. ¡Por lo menos dale una oportunidad de hacer frente a lo sucedido y deja de tratarla como a una mortífaga!

—Molly, tú no viste lo que pasó en ese lugar —respondió Remus—. ¡Fue esa magia la que mató a Ron!

—Gracias por recordármelo —dijo Molly con rencor, sacudiendo la cabeza—. La guerra se cobra muchas víctimas, Remus. Me hice ilusiones, pensando que mi familia iba a estar a salvo. Pero con los años he llegado a ver a Hermione como a una hija y, a pesar de lo que Ron hizo y lo que sucedió después, ella es todavía de mi familia. Se lamenta de ello de la misma forma que tú y yo. No hay que olvidar que mató a uno de sus mejores amigos y que tendrá que vivir con ello el resto de su vida.

—Molly —comenzó Hermione, pero la pelirroja la interrumpió.

—Sé que vas a pedirme disculpas, y son aceptadas. Lo que no acepto es que la nos empecemos a atacar los unos a los otros por una falta de confianza. ¡Volvió, Remus! ¡Bellatrix le dio una paliza y ella se arrastró de vuelta aquí! ¡Apenas era capaz de caminar o respirar y te atreves a sentarte ahí e interrogarla! ¡Deberías avergonzarte de ti mismo!

Los ojos de Remus traspasaron a Molly Weasley durante un tiempo. No era muy frecuente que Molly hablara de esa forma y Hermione se sorprendió una vez más de su capacidad para perdonar. Sus ojos se dirigieron de Molly a Andrómeda y sonrió débilmente antes de darse la vuelta lentamente y salir de la cocina. En el momento en el que llegó al escalón más alto, pudo oír a alguien siguiéndola. Se dio la vuelta. Andrómeda estaba detrás de ella.

—Molly tiene razón, ¿sabes? —Hermione suspiró y miró por la pequeña ventana del rellano —. Lupin es un grano en el culo.

—Me temo que mi yerno puede serlo, a veces —admitió Andrómeda, apartando un mechón de pelo de la cara de Hermione, colocándolo tras su oreja—. ¿Qué tal Hogwarts?

—Diferente —respondió la joven—. No sé si Harry y Ginny volverán a ser los mismos conmigo alguna vez —Miró a la mujer.

El parecido con Bellatrix era notablemente mayor en la oscuridad del rellano. Andrómeda se acercó y Hermione tuvo el fuerte deseo de tocarla, abrazarla, sentirla. Cruzó los brazos sobre el pecho y se estremeció cuando Andrómeda le pasó un brazo por los hombros y la atrajo hacia sí. Labios suaves le acariciaron la parte superior de su cabeza.

Sólo Hermione vio el destello de luz en el centro del campo de maíz y la sombra que se movía alrededor. Estaba oscuro y nubes negras tapaban las estrellas. No había luna. Sus ojos se mantuvieron fijos en la solitaria figura vestida con un traje negro, que avanzaba hacia la Madriguera. Por la forma en que caminaba, podía decir que era Bellatrix, saltando suavemente de un pie a otro, en una danza llena de diversión y triunfo. En su pecho, su corazón gritó. La luz del rellano era débil, pero suficiente para que Bellatrix viera su imagen a través del cristal, con el brazo de su hermana envuelto alrededor de sus hombros. Al otro lado, sus ojos se encontraron, y Hermione pudo distinguir los ojos carbón de la bruja. Lo que vio reflejado en ellos fue su propia lujuria y pasión y, sin dudarlo, se dio la vuelta y sus labios capturaron los de Andrómeda.

El plan estaba a punto de ser ejecutado.


Pues eso ha sido todo por hoy. Si hay algún fallo, avisadme para que pueda arreglarlo.

Muchas gracias por leer y comentar, así como por añadir a favs y alertas. ¡Sois los mejores!