Los personajes Seiya (Sailor Moon) y Zero (Vampire Knight), son propiedad de Naoko y Matsuri Hino respectivamente.
Capitulo 10 "Sin descanso"
***ZERO,POV***
El camino a la universidad, fue silencioso. Supongo que a ninguno de los dos le apetecía hablar. Me despedí de Darla con un simple" Hasta el almuerzo" y me escurrí perezoso a la clase de Microbiología.
Entré por la puerta, descubriendo que mi "adorable" compañera ya estaba en su asiento. Con el ceño fruncido pasaba las hojas de sus apuntes de un lado a otro intentando memorizar algunas palabras antes de que el señor Krogen entrara por la puerta y diera comienzo al examen. Yo suspiré mientras me acercaba. La verdad no estaba de ánimos para ser observado con odio aquella mañana.
─ Buenos días ─ le dije por educación, pero como me suponía ella no respondió, solo se limitó a repetir las mismas palabras que intentaba memorizar mas alto, para que pareciera que no me había escuchado "Desde luego es increíble" Pensé.
Dejé la maleta sobre el suelo, y miré hacia el lago. El señor Krogen entró por la puerta con su aire somnoliento. Después de repartir los folios con las preguntas, se sentó sobre la mesa y comenzó a leer el periódico .Todos completaban con afán sus exámenes, pero yo no me sentía con nada de ánimos. Apoyé la cabeza sobre la palma de mi mano y seguí dando vuelta a mis problemas. Fuera como fuera debía volver al museo, me gustara o no, debía obtener toda la información posible. Tal vez en la biblioteca encontraría algo. Pero a pesar de todo me era difícil aceptar, que después de marcharme, conmigo o sin mi habían conseguido sus objetivos. Me sentí triste y cobarde. ¿Y lo del hijo? ¿Seria verdad?..... Suspiré una vez mas, soltando el lápiz sobre el papel. Sentí como mi compañera levantaba la mirada hacia ami "ya estamos" Pensé, devolviéndole la mirada, pero en vez de ver una cara enojada, descubrí una de curiosidad. Se giró rápidamente y siguió escribiendo, mientras un rubor le sonrosaba las mejillas...
*****
Aquello se puede decir que me llamó la atención, mas aún cuando segundos después se levantó rápidamente del asiento. Algo la perturbó y se vio obligada a sentarse reposando la cabeza sobre el pupitre. Su rostro se tornó increíblemente pálido y su mirada parecía que se perdía por momentos "¿Acaso no se encontraba bien?" Sus ojos se encontraron con la míos, y ahí fue cuando sucedió. La imagen apareció en mi mente tan nítida como si la estuviera viviendo.
"Me encontraba en algún lugar cercano a la universidad, que no logré reconocer. Ella se había agachado sobre una fuente para beber agua. Algo se movió entonces entre las maleza y una presencia amenazante me estremeció. Un objeto casi invisible) salió disparado de entre las sombras y voló a increíble velocidad, incrustándose en su nuca, que asomaba tras su larga coleta carmesí, la cual se había recogido a un lado para no mojársela con el agua de la pileta. Al parecer el agua no fue de su agrado por el extraño gesto que hizo, pero eso no fue lo que me preocupó). De repente entre la sombra de los árboles llegué a reconocer aquellos ojos verdosos del muchacho de frágil apariencia con el que había tenido aquella pequeña discusión, el día anterior."
La imagen se disipó para devolverme a mirar aquellos ojos melados que parecían delirar. Comprendí entonces con horror lo que le sucedía. Arranqué las hojas de su mano y las puse junto con las mías, mientras intentaba descubrir cualquier artefacto no identificado sobre su nuca, pero fue inútil ya que el cabello se la cubría. Aquello no me gustaba nada. Me apresuré a entregarle los exámenes al señor Krogen, que parecía impaciente por recolectarlos y salí con prisa por la puerta esperando encontrarme con aquel impostor que me había amenazado, si no dejaba marchar a mi compañera.
Caminé por los pasillos con impaciencia, buscándolo en cada esquina que doblaba, sin éxito. Paso un tiempo hasta que me cruzara con el Sr Krogen que se dirigía de vuelta a la sala de profesores con el grueso tocho de exámenes en una de sus manos, lo que significaba que la clase había llegado a su fin. Me acordé de mi compañera entonces "¡Idiota, ella es el objetivo y la dejas sola!" Corrí de vuelta a la clase, pero ella ya no estaba allí. Volví al pasillo nervioso, intentando agudizar mis sentidos para encontrarla con más facilidad, y fue cuando también lo presentí a él. Estaba cerca de ella, demasiado cerca.
Giré la mirada hacia un lado y la vi unos metros mas allá intentando sostenerse sobre la barandilla de una de las escaleras mientras posaba una mano sobre su frente y se tambaleaba. También lo vi a él subiendo con tranquilidad por la misma escalera, seguramente dispuesto a "ayudar a la pobre chica".Yo la llamé por su nombre al tiempo que corría hacia ella, no había tiempo para las formalidades. No estaba dispuesto a dejar que él ganara. Se giró hacia mí, confusamente como si mirara hacia la nada.
Justo en el momento que estaba apunto de dar un traspié y caer en los brazos de su depredador, conseguí agarrarla y tirar de ella hacia mí. Su cabeza cayó sobre mi pecho y sus miembros perdieron todo atisbo de firmeza desplomándose entre mis brazos. Yo la cargué con suavidad, preparándome para enfrentar a mi enemigo, que parecía realmente decepcionado. Su boca se torció en una mueca de disgusto, y me miró con odio, pero, no se detuvo, siguió subiendo peldaño a peldaño sin prisa aparente.
─ Respuesta incorrecta Me susurró sutilmente cuando pasó por mi lado, mientras seguía su camino como si nada hubiera sucedido.
Cargué a mi compañera fuera del edificio, hacia un lugar alejado de curiosos. La tendí sobre la hierba húmeda del jardín botánico y aparté el cabello de su nuca, para descubrir como un diminuto dardo yacía incrustado sobre su piel. Lo saqué con cuidado, observando analíticamente como el contenido del microscópico recipiente de cristal había sido liberado. Lo acerqué hacia mi nariz, y lo olfateé. Cómo me había imaginado, solo se trataba de algún tipo de sedante. Por supuesto, no había estado seguro de ello, podría haber sido también algún tipo de veneno. Sin embargo eso no tendría sentido, ya que él la quería viva . Ya se podría encargar luego de acabar con la vida de su aperitivo de manera placentera.
Me metí el dardo en el bolsillo con rabia, comenzando a odiar de verdad aquel personaje y aquella situación que me desvalijaba de toda la paz que había planeado obtener a partir de que nos mudáramos a Alba Iulia.
Mi compañera comenzó a tiritar, a pesar de que las gotas de sudor se resbalaban por sus sienes, y su respiración se volvió dificultosa. Coloqué el torso de mi mano sobre su frente. Estaba ardiendo, lo que quería decir que aparte del sedante ella ya estaba enferma. No lo pensé dos veces, le aflojé el nudo de la corbata para facilitarle la respiración y me deshice de mi chaqueta envolviéndola con ella. La volví a cargar entre mis brazos y me dirigí al aparcamiento, para acomodarla cuidadosamente sobre el asiento trasero del auto.
Me encaminé directamente al centro de salud, pensando que la enfermería de la universidad tendría poco que hacer con ello al llegar. Cuando Caminaba hacia la puerta para adentrarme en el edificio, ella abrió levemente sus ojos y susurró algo inteligible.
─ ¿Cómo puede alguien ser tan idiota como para tomar un examen con casi 40 de fiebre?─ fue lo único que se me pasó por la cabeza decirle, aun sabiendo que aquello no arreglaría las cosas, y que no era culpa suya, que un vampiro fanático se hubiera encaprichado de ella.
Pareció tomar algo de conciencia y miró al rededor mientras cruzábamos el umbral de la gran puerta acristalada del ambulatorio
─ ¿A donde me llevas?─ preguntó con la voz débil.
Pero yo no le contesté, con miedo a descargar más de mi ira sobre la pobre chica, así que me concentré en mirar sobre el tablón de información, a donde debía dirigirme. Ella rodeó mi cuello con sus brazos y hundió su rostro en mi pecho, mientras sonreía tontamente. Yo me tensé "¿Es que acaso no se daba cuenta de la situación en la que se encontraba?".
─ Eres increíble ─ resoplé, pensando que no se alegraría tanto si realmente supiera quien era su salvador: "el aristócrata engreído" recordé como me había llamado una vez.
No tardaron mucho en atendernos, y pronto ya le habían adquirido una habitación. Le colocaron un gotero a través del cual administraron varios medicamentos, y la dejaron reposar, informándome de que solo tenía fiebre debida a una intoxicación, por beber agua no potable.
Aun sin conocerla de mucho, podía presentir que solo a alguien tan idiotacomo ella se le ocurriría beber en un sitio indebido. Por suerte no habían detectado lo del sedante y eso era un alivió porque no hubiera sabido como explicarlo.
─ ¿Es usted un familiar?─ Me preguntó la enfermera morocha que nos había atendido desde el principio, mientras arropaba a mi compañera.
─ No, solo soy un compañero de clase ─ me limité a decir.
─ No me lo digas…de Enxel, ¿Verdad?─ preguntó satisfecha de poder adivinarlo cuando vio que yo agitaba la cabeza a modo de afirmación ─ lo supe al ver vuestros uniformes, son tan lindos ─ sonrió mientra se llevaba las manos a su rostro ─ Yo quise estudiar allí pero nunca me aceptaron ─ terminó con cierta melancolía, como si el sueño de su vida hubiera sido frustrado.
─ Ya veo ─ le dije a secas, sin intentar seguir con aquella conversación ─ ¿Entonces que ocurrirá con ella?─ pregunté cambiando al tema que realmente tenía importancia.
─ Bueno...─ respondió un tanto contrariada por mi actitud ─ no necesita preocuparse por ella, puede volver a la universidad, despertará pronto, supongo. ¿Sabe de algún familiar que debamos avisar?─ me sonrió amablemente, aunque parecía que mas que interesada con hacer bien su trabajo, estaba interesada en entablar un conversación conmigo.
─ No ─ respondí a secas, intentando evitar por todos los medios que se me pegara.
─ Vaya, su teléfono no tiene batería ─ dijo ella tomándolo de la mesita de noche y agitándolo en su mano ─ supongo que debemos esperar a que se despierte, y ella misma podrá hacerlo. Seguramente sus padres agradecerán saberlo cuando vean que realmente no sucedió nada ─ volvió a sonreír coqueta, mientras dejaba el teléfono en un armario cercano. Se volvió a girar hacia a mí, cuando la puerta de la habitación se abrió.
─ ¡Elena! te necesitan en primeros auxilios ─ asomó una chica joven pecosa, de cabello rojizo.
Ella se giró hacia a mí antes de desparecer por la puerta ─ Es una pena ─ dijo encogiéndose de hombros y luego prosiguió ─ Deje descansar a la chica, y vuelva a la universidad, ya ha hecho todo lo que podría hacer.─ concluyó dejando la puerta entre abierta, en señal de que yo también debía salir de allí.
Yo me acerqué a la cama donde mi compañera reposaba, su rostro tenía algo más de color, y su respiración se había normalizado, así que supuse que la enfermera tenía razón. Me limité a girarme para marcharme, cuando sentí que ella se aferró de la manga de mi chaqueta y tiraba de la manga de mi chaqueta
─ No me dejes ─ dijo con voz somnolienta.
Yo me giré a mirarla, pero tenía los ojos cerrados. La imagen que vi, me trajo recuerdos lejanos.
Pude ver a Nerea postrada en su cama, solitaria. Tenia un resfriado común, solo que en aquella época no se disponía de los medicamentos que hoy en día para aliviar los síntomas. Su madre había salido a trabajar la tierra, como cada día, después de que su padre fuera brutalmente asesinado. Así que no había nadie que pudiese quedarse a cuidarla. Yo estuve con ella tanto tiempo como pude permitirme, teniendo en cuenta que nadie sabía de mi ausencia en el castillo. Cuando llegó la hora en la que debía marcharme, ella me suplicó que no la dejara, pero yo no podía quedarme. A pesar que me dolía, tuve que abandonarla agonizante y sola. Algo que no me pude perdonar nunca.
Volví a la realidad para ver como mi compañera seguía aferrada de la manga de mi chaqueta. Ella no era la misma persona, pero en cierto modo sentí que si me quedaba, podría redimirme de aquel sentimiento de culpabilidad. Tiré para deshacerme de su agarré.
─ Solo cerraré la puerta ─ dije secamente, mientras caminaba hacia la entrada.
Volví y me senté en una silla, y la volví a mirar, su expresión era mas tranquila. Le escribí un mensaje de texto a Darla, informándole de que me había marchado y que no sabía cuando iba a volver.
Pasó menos de una hora, cuando algo comenzó a preocuparla, a veces decía cosas sin sentido, otras hablaba de la universidad, pero había un nombre que se repetía continuamente "Seiya".No sabía quien era, pero parecía realmente hacer algún efecto en ella. De alguna manera sentí el impulso y me dirigí hacia el armario donde había visto como la enfermera había guardado su teléfono móvil. Ella había estado en lo cierto, ni gota de batería. Cogí el mío e intercambié tarjetas, pero al encenderlo recordé que yo no sabía el código PIN. Me acerqué a ella.
─ ¿Quieres llamar a Seiya? ─ le pregunte, sin esperar que realmente contestara.
─ Seiya...─ fue lo único que dijo.
Me bastó con aquello para suponer que quería decir "si".Le pregunté por el código del teléfono varias, veces sin creer que en su delirio fuera capaz de responder coherentemente, así que en un acto desesperado, intenté entrar en la mente de mi compañera y averiguar los números. Marqué algunos dígitos al azar sin éxito, lo intenté de nuevo pero no funcionó, estaba por darme por vencido, un intento más y sería bloqueado. Me concentré, y simplemente me dejé llevar, y entonces para mi sorpresa, el teléfono los aceptó como válidos. "vaya ramalada de suerte" pensé para mis adentros.
Al conectarse a la red, el teléfono comenzó a sonar. Para mas ironía el nombre del remitente, era el tal "Seiya".Estuve a punto de descolgarlo, pero algo me detuvo.
Aquel nombre...Darla se había referido al muchacho de larga melena oscura y ojos azules con ese nombre. ¿Sería el mismo? Entonces recordé como había visto a mi compañera hablar con él, el día anterior en el cambio de clases.
El teléfono volvió a sonar por segunda vez y mi dedo inconscientemente pulsó la tecla roja. Volví la vista hacia mi compañera con sorpresa. ¿Sería tal vez su novio?
Sabía que no estaba bien, pero no pude evitar meterme en el buzón de entrada de mensajes, para ver si descubría alguno, del susodicho. Y había muchos. Leí unos cuantos intentando descubrir que tipo de relación tenían, y creo que fue bastante claro que vivían juntos.
"Así que hasta esta cascarrabias tiene alguien que la soporte" pensé, irónicamente, casi molesto al saberlo. Eso debía aliviarme porque significaba que no andaba detrás de Darla con ningún propósito inapropiado, aunque la verdad es que aquello seguía sin convencerme, y el odio inexplicable hacia aquel muchacho no hacía más que crecer.
─ Seiya ─ volvió a repetir ella.
¿Qué podía hacer? No lo quería llamar, aunque no estuviera seguro de si era realmente el mismo chico, no quería arriesgarme a entablar una conversación con ese tipo, así que pensé que dejarle un mensaje sería suficiente. Intenté imaginar lo que la cascarrabias de mi compañera haría en esta situación, improvisé el texto y lo envié.
─ No te preocupes le envié un mensaje ─ le dije a mi compañera, mientras volvía a intercambiar las tarjetas de los teléfonos, y devolvía el suyo de donde lo había cogido.
Ella expiró y pareció relajarse. Las siguientes horas pasaron lentas y sin cambios. Seguía bajo el efecto del sedante, y cada dos horas una enfermera venia a revisar que todo estuviera bien. Yo simplemente salía de la estancia por la ventana, y me quedaba sobre el saliente que recorría el muro de ventana a ventana, esperando que hicieran lo que tuvieran que hacer, para volver a entrar y ocupar el asiento cerca de su cama.
Eran pasadas las 6:00 de la tarde cuando una de las enfermeras hacía su ronda, que ella despertó al fin. Hablaron cortamente y luego la enfermera se marchó.
Yo me quedé allí observando a mi compañera desde el exterior de la ventana. Como era de esperar, hizo caso omiso a la advertencia de la enfermera y se levantó dirigiéndose al armario, de donde cogió el móvil. Lo agitó con enfado, supongo que al darse cuenta que no tenía batería, y se acercó a la ventana, arrastrando el gotero consigo. Se asomó mirando al exterior, confusa. Estaba muy cerca de mí, pero yo utilice aquel peculiar poder que me permitía pasar desapercibido. No pareció notarme a pesar de que su brazo izquierdo casi rozaba mi chaqueta.
Entonces algo me estremeció. La presencia de aquel odioso creador de problemas se acercaba a la habitación de mi compañera. "¿Es que no se daba por vencido?" pensé amargamente.
Encaré a mi compañera cuyo semblante se quedó helado con mi aparición. Desprendí el suero del torso de su mano derecha y empujé el pie metálico hacia un lado agarrándola con el otro brazo y sacándola por la ventana. Parecía que iba a comenzar a gritar. Yo le tapé la boca con una mano, y la apreté contra mí, intentando tranquilizarla.
─ Shhh, no grites, todo está bien, todo esta bien, confía en mí ─
Ella dejó de revolverse. Su respiración seguía agitada y su corazón latía a mil por hora, pero noté como intentaba relajarse un poco. Me deslicé hacia un lado de la ventana sobre la pared cuando escuché que la puerta se abría, y miré desde una esquinita lo que sucedía en el interior, mientras sentía como mí compañera temblaba entre mis brazos.
Elena , la enfermera que nos había atendido por la mañana entró primero, y detrás de ella, aquel personaje que comenzaba a ser realmente molesto. Sus ojos verdes escudriñaron la estancia, como rapaz. Elena se quedó medio traspuesta al ver que la habitación se encontraba vacía.
─ Em, hace solo unos minutos ella estaba aquí ─ dijo sin comprender nada ─ Lo siento señorito Lucian, pero parece que su novia se a marchado antes de que le dieran el alta ─ Se encogió de hombros, confusa, mientras se dirigía a la cama y levantaba las sabanas, como si ella fuera a aparecer por arte de magia bajo ellas.
La expresión de él, se tornó sombría. Cerró la puerta tras de sí y miró a la enfermera ─Bueno si ella no está me tendré que conformar contigo─dijo en un tono amable pero irónico.
─¿Disculpe?─contestó ella más confusa aún.
Tardó apenas unas milésimas de segundos. Se dirigió hacia ella deslizando una de sus manos por detrás de su nuca y con la otra en la parte baja de su espalda, la atrajo hacia él y clavó sus dientes en su cuello, tan deprisa que cuando me quise dar cuenta era demasiado tarde para intentar ayudarla.
Mi compañera dejó escapar un gemido que se escurrió entre los dedos de mi mano que aun cubrían su boca. Sus ojos se tornaron aterrorizados, por lo que me vi obligado a cubrirlos con la otra mano.
La enfermera cayó inerte sobre la cama, el se limpió la boca y pasó los dedos, por la herida de su cuello haciéndola desaparecer. Entonces miró hacia la ventana. ¿Habría escuchado a mi compañera?, se acercó con curiosidad.
Yo la apreté aún más contra mí, utilizando aquel peculiar poder, esperando que pasáramos ambos desapercibidos, y esperando que ella no hiciera algo estúpido que nos desvelara. Fueron solo unos segundos, pero me parecieron horas. Finalmente el se giró y se marchó por donde había venido.
Cuando presentí que el ya estaba lejos. Entre al interior de la habitación arrastrando a mi compañera conmigo. Parecía a punto de llorar. La solté un momento y me dirigí hacia el inerte cuerpo de la enfermera, buscando en sus bolsillos algo que me pudiera ayudar, y lo encontré. Una jeringuilla y un bote de sedante. No es que quisiera hacerlo, pero me veía obligado. Ella había oído y visto mas de lo que era permitido para la raza humana. Llene la jeringuilla con el contenido trasparente del pequeño bote de cristal y me giré hacia mi compañera, que seguía temblorosa mientras la mirada horrorizada, no parecía querer desaparecer de su rostro. Dio dos pequeños e inestables pasos hacia atrás cuando vio la jeringuilla en mi mano, mientras negaba con la cabeza. No parecía poder hablar, seguramente debido al shock. Yo la agarre del brazo y tire de ella hacia mí inyectando el contenido en uno de sus brazos, sintiendo rabia.
─ Está bien ─ dije mientras sentía como su cuerpo perdía la tensión y su cabeza caía hacia un lado. La dejé caer suavemente sobre la silla, y me dirigí hacia el altillo donde había visto a la enfermera de turno guardar sus ropas.
Metí todas sus pertenencias en una bolsa de plástico, y levanté a mi compañera de la silla, dirigiéndome hacia la ventana, para saltar desde el alfeizar que recorría el muro del quinto piso. Me aseguré antes de que no hubiera nadie que pudiera verme, y luego me lancé al vació aterrizando firmemente sobre la acera de la calle que llevaba a los aparcamientos, donde se encontraba mi auto.
Conduje hacia su casa, esperando que su compañero no hubiera llegado aun, no me apetecía tener que entrar por la ventana del dormitorio o lidiar con más problemas. Pero, para mi alivio, al estacionar frente al edificio, vi que el aparcamiento estaba vacío y las luces apagadas, lo que lo hacia todo mas fácil.
Rebusqué en su bolso las llaves y la cargué sobre un hombro mientras agarraba la bolsa con sus pertenencias en la otra. Me tomo algún tiempo averiguar cual de las llaves del manojo era la correcta, y como "la tostada siempre cae por el lado de la mantequilla", fue la ultima de ellas.
La puerta se abrió con un chasquido, y la esencia de aquel muchacho de cabello largo me abofeteó en la cara. Sin duda se trataba del mismo Seiya.
"El mundo es un pañuelo" pensé irónico mientras me adentraba en el recibidor y me deshacía de mi calzado. Miré a mi alrededor buscando el camino hacia su dormitorio en la penumbra, y avisté al fondo de la sala las escaleras que llevaban al segundo piso. Subí por ellas con mi compañera al hombro, y me detuve en el rellano que se encontraba al final. Miré a mi alrededor esperando encontrarme con un solo dormitorio, pero lo cierto es que habían dos, y un cuarto de baño en el centro…lo que me recordó mucho a la casa en la que vivíamos Darla y yo.
"Entonces…si duermen en dormitorios separados quiere decir que no son… Curioso" pensé sin darle demasiada importancia. No sabia en que momento llegaría su compañero, así que debía darme prisa.
Me dirigí hacia la puerta desde la que se desprendía claramente su esencia y me adentré en él. La tendí sobre su cama, mientras acomodaba su uniforme sobre una silla cercana. La chaqueta se había ensuciado cuando la tendí sobre la hierba del jardín botánico, y la corbata no aparecía.
─¡Mierda!─fue lo único que se me pasó por la cabeza, mientras dejaba caer la chaqueta al suelo, y miraba a mi compañera.
Al final la idea de hacer que todo pareciera como si nada hubiera ocurrido, era más complicada de lo que había imaginado en un principio. Al observarla tendida sobre su cama, ataviada aún con el pijama del hospital me percaté de un pequeño detalle en el cual no había reparado antes.
─Mierda─ repetí. Sí, realmente no iba a resultar sencillo. Si ella se despertaba con un pijama de hospital, por mucho que le borrara la memoria sabría que algo no andaba bien.
Conté hasta tres despacio, y suspiré, intentando relajar la ira que comenzaba a carcomerme la poca paciencia que me quedaba.
"Tengo que encontrar su pijama. Sí, eso es lo que tengo que hacer," Me repetía intentando concentrarme y guardar la calma mientras miraba a mí alrededor. Lo primero que me vino a la cabeza fue mirar debajo de su almohada. Al levantarla ligeramente, encontré dos diminutas prendas de satín vurdeo
" ¿Qué diablos es esto?" Me pregunté mientras levantaba las prendas y las miraba, sintiéndome un tanto sorprendido y avergonzado al mismo tiempo."¿Es que duerme en ropa interior? ¿O esto es lo que denominan pijama en la época moderna?" Me pregunté recordando el largo camisón de seda negra que Darla solía llevar en casa, y comparándolo con las pequeñas prendas que tenia en la mano.
Fuera como fuera no era momento de hacer conjeturas. Me volví hacia mi compañera dispuesto a acabar con la faena lo mas pronto posible, cuando me detuve al pensar que haría ella si supiera lo que estaba apunto de hacer, y la imagen que me vino a la mente no me agrado mucho mas que el deber que tenía impuesto.
Dejé escapar el aire entre dientes, con impotencia y comencé a desabrochar los botones del pijama azulado. Despojarla de él no me costó mucho trabajo, el problema fue, encontrar la manera correcta de encasquetarle el dichoso"pijama ultima generación" que, por mas que le daba vueltas entre mis manos, no conseguía averiguar que era lo que iba hacia delante y que era lo que iba hacia detrás. Cuando gloriosamente conseguí armar las piezas de aquel rompecabezas, me detuve a observarla. Sin duda aquello era aun mas insinuante que las mismas prendas interiores de las damas de mi época.
Me apresuré a cubrirla con el edredón, pensando que aquello de mirar sin ser visto no estaba bien. Me agaché sobre ella y pose mi mano sobre sus ojos cerrados.
─ Mañana cuando despiertes no recordarás nada de lo ocurrido, todo quedará en el olvido ─ De esa manera, la memoria de aquel desastroso día seria borrada, y ella y nosotros estaríamos a salvo.
Era un buen arma de defensa con el que todos los de mi especie habíamos sido dotados. Borrar la memoria de nuestras fallidas victimas o de los que hubieran observado lo prohibido resultaba ser de bastante utilidad en casos como este. Me dispuse a abandonar la habitación agachándome a recoger la chaqueta del suelo para dejarla en el cubo de la ropa sucia que tenia a la entrada de su cuarto, cuando avisté un pequeño conejo de peluche, que había rodado por el suelo al desprender el edredón de su cama. Lo tomé en mi mano y recordé como la noche anterior mientras hacia mi ronda, la vi dormir con el muñeco entre sus brazos. Me hizo sonreír, al pensar que alguien tan testaruda y violenta como ella todavía durmiera con peluches a pesar de la edad que tenia. Me acerque de vuelta hacia la cama y lo metí por de bajo del edredón. Ella no tardó mucho en abrazarse a el mientras restregaba su nariz sobre una de sus peludas orejas.
Salí de la habitación cerrando la puerta detrás de mí, y bajé por las escaleras. Aquella noche no necesitaba hacer rondas, ya me había dado cuenta que aquel extraño, no irrumpiría en su casa. Aquello seria demasiado "fácil", y pareciera ser que al tal Lucian le gustaban los retos. Me puse los zapatos en la entrada y salí por la puerta, sintiendo como me había quitado un gran peso de encima, pero lo cierto es que aquel día todavía no había terminado. Aun me quedaba ira visitar el museo. Entré en el auto y arranque el motor, centrándome en los siguientes pasos que debía tomar.
No me tomó mucho tiempo llegar a casa. Me sorprendí al ver que todas las luces de las ventanas estaban apagadas. Entré por la puerta, y todo era silencio. Me descalcé en la entrada, dejando las llaves sobre la mesita del recibidor, y dejando la chaqueta en el perchero. Aquello era extraño. Hacia mucho que las clases habían terminado. Encendí la luz del la sala de estar mirando el reloj de pared. Eran las 7:10 de la tarde. No, normalmente Darla no salía a esa hora. Me dirigí a la ventana del salón, cuando vi algo que me sacó de mis casillas. Un coche aparcó frente a nuestro edificio. Reconocí al conductor como el tal "Seiya", y Darla se sentaba en el asiento del copiloto. Hablaron cortamente, cuanto el aliento se me cortó al ver como el acercaba su mano hacia su rostro, y la deslizaba por su cabello. Ella no tardo en salir del coche y tras despedirse salió corriendo hacia la puerta de la casa.
La incomprensible ira que me recorrió el cuerpo fue inmensa. Llegué en décimas de segundos a la puerta de entrada donde Darla apoyaba su espalda dejando escapar un suspiro.Me acerqué a ella amarrándola de la muñeca y tirando de ella violentamente.
─ ¿Qué diablos hacías con él? ─ pregunté con la ira, que incomprensiblemente me cegaba en aquel momento. Ella pareció sorprendida con la reacción, pero no tardó mucho en fruncir el entrecejo, y gritarme de vuelta.
─ ¿Y tú donde diablos te habías metido? ─ me gritó con un tono casi tan molesto como el mío mientras se deshacía de mi agarre.
─ No me has respondido a mi pregunta ─ le dije implacable.
─ Tú tampoco, y también quiero explicaciones, sobre todo ese vampiro de ojos verdosos. ¿Qué diablos quería decir con que "tu compañero ha elegido el camino equivocado" ¿eh? ¿Porque vino a buscarme a clase amenazándome casi de muerte? Zero, ¿qué me estas escondiendo? Tú eres el menos indicado para pedirme explicaciones.
Continuará…
