Disclamer: Los personajes y los escenarios del instituto Sweet Amoris son extraídos del videojuego Amour Sucré propiedad de Beemov. Esto lo hago sin fines de lucro.

Capítulo 9:

El fuego todo lo purifica.

La pared frontal de la casa se derrumbó llevando consigo parte del techo, pero esto no logró sofocar las llamas, al contrario, el fuego ardió con más intensidad. Castiel se levantó sin importar que su cuerpo doliera, intentó correr hacia el interior de su casa pero algo se lo impedía.

–¡Suéltame Lysandro!– le gritó forcejeando.

–No cometas una locura Castiel, los bomberos llegarán pronto– le dijo el chico de cabello blanco intentando retenerlo.

–¡Ella está ahí adentro! ¡¿No entiendes?! ¡Tengo que sacarla!

–No podrás, solo arriesgarás tu vida, déjaselo a los profesionales.

–¡Yo la llevé conmigo! ¡Yo soy responsable por ella!– intentaba convencerlo forcejeando, pero su amigo tenía más fuerza de la que parecía.

–¡No te dejaré entrar ahí!– exclamó Lysandro mirándolo a los ojos con una firmeza que jamás le había visto.

Él dejó de forcejear, se quedó allí de pie viendo la casa, era un infierno, un verdadero infierno de fuego.

–Tal vez escapó antes...– pensó mirando alrededor a la gente reunida, ya se podía escuchar las sirenas a lo lejos –Tal vez esté planeando robarle a todas estas personas mientras están distraídas– apretó sus puños con fuerza –. Tal vez esté esperando robarse una ambulancia y atropellarlos a todos con ella.

Sólo era una ilusión... era una fantasía... eso no era lo que estaba pasando realmente, él lo sabía, sus nudillos blancos y la sangre en sus palmas, heridas por su misma fuerza, lo demostraban, sus ojos húmedos miraban fijamente la casa esperando verla salir de allí.

Sabía que no pasaría... pero aún así lo esperaba...

El camión de bomberos llegó, unas personas informaron que aún había alguien dentro por lo que un par de hombres entraron a la casa mientras los demás luchaban por apagar el fuego. La ambulancia llegó unos segundos después, los para-médicos intentaron atender a ambos chicos, pero Castiel aprovechó la leve distracción de Lysandro y los bomberos para correr a la casa y entrar antes que nadie tuviera tiempo de impedírselo.

No se fijó en las ruinas de lo que antes fue una casa... su casa. Entró cubriéndose la boca con la manga intentando evitar inhalar el humo, el incendio estaba bastante controlado, y la casa era pequeña, así que no tardó en encontrar al par de bomberos levantando una pesada viga que cayó sobre ella.

Se quedó estático viéndola, su cuerpo allí tendido en el suelo, aplastado por esa pared, demasiado inmóvil, demasiado callada para ser ella que hasta dormida le hacía zancadillas cuando pasaba a su lado, o balbuceaba cosas acerca de exterminación mundial valiéndose únicamente de navajas oxidadas. Pero ahora estaba quieta... como muerta... en ese momento supo que jamás podría quitarse esa imagen de la mente.

Estaba cerca de una ventana, por lo que era fácil presumir que intentó escapar, y lo hubiera logrado si el techo no hubiera caído... ella permaneció varios minutos en medio de ese infierno de fuego, inhalando ese humo, podía imaginar la desesperación, el dolor, el miedo que sintió, quería gritar de frustración e impotencia, pero no servía de nada, eso no la despertaría.

Los bomberos lograron levantar la pesadísima viga, uno de ellos cargó el inerte cuerpo de Rodolfa sobre su hombro, el otro se asombró al ver a ese muchacho allí detrás de ellos. Castiel se dejó arrastrar fuera por el bombero, sin voluntad alguna...


Lysandro llevó a Demonio y Paco a su casa, hubiera querido llevar a Castiel también pero éste ya había subido a la ambulancia en la cual la atendían, no hubo forma de hacerle entender que nada podía hacer por ella, que necesitaba cuidarse y descansar.

Después de contar lo acontecido a su hermano y ocuparse de las mascotas se encaminó al hospital. El camino fue largo, y aunque quería llegar rápido para estar con su amigo al menos le sirvió para pensar. ¿Con qué cara verlo después de lo que pasó? Él había sido el culpable, él y sus tontas supersticiones incendiaron la casa de Castiel, le hicieron perderlo todo, y lo peor...

Evitó pensar en el demonio, no quería enterarse de qué había pasado con ella... no se lo perdonaría jamás, y estaba seguro de que Castiel tampoco lo haría.

Al llegar encontró a su amigo sentado en uno de los sofás de la sala de espera, inclinado hacia delante con su cabeza apoyada en sus manos.

–Castiel...– lo llamó acercándose a él –¿Qué pasó?– preguntó casi con miedo, él solo negó –¿Qué significa eso?

–No lo sé... no han avisado nada...

Se lo escuchaba cansado y triste, tan diferente al Castiel de siempre, no podía culparlo, él mismo se sentía horriblemente culpable y emocionalmente agotado.

–Sé que nada de lo que diga será suficiente pero... lo siento... de verdad lo siento...– le dijo sinceramente sentándose a su lado.

–La olvidé...

–¿Qué?

–Salí de la casa sin pensar en ella, sin acordarme que existía, si la hubiera recordado la habría sacado, ¡sé que lo habría hecho! ¡Y todo estaría bien!– se levantó caminando en círculos como fiera enjaulada –¡Ella estaría bien! ¡Estaría mirándome con su cara de tonta! ¡Con sus ojos de pescado reseco! ¡Haciendo maldades! ¡Viva y llena de energías como siempre! ¡COMO HACE UNAS MALDITAS HORAS!– gritó golpeando una columna con todas sus fuerzas intentando liberar algo de la frustración e impotencia que sentía.

–No Castiel... ambos sabemos que es mi culpa, yo encendí esas velas, y me fui a tu habitación sin vigilarlas, me dijiste que dejara eso y continué... lo entenderé si nunca me perdonas– dijo Lysandro quien también necesitaba desahogarse.

Las siguientes dos horas continuaron así, ambos se culpaban sin escuchar al otro, Lysandro con su calma innata, Castiel con arranques de ira seguidos por períodos de profunda depresión.

–Familiares de la paciente Rodolfa– llamó el médico.

–¡Aquí!– dijo Castiel levantándose y acercándose de inmediato –¡¿Cómo está?!

–¿Qué es usted de la paciente?– preguntó el hombre anotando algo en la historia clínica.

–¡Dígame como está!– lo increpó tomándolo por la bata y sacudiéndolo un poco.

–¡Llamaré a seguridad si no me suelta!– amenazó el hombre.

Lysandro llegó al rescate separando a Castiel –Él es su hermano– inventó.

El doctor asintió y lo miró –Su hermana ha logrado sobrevivir el período más crítico que es el primer par de horas, sin embargo su estado es grave. La tenemos conectada a un respirador artificial ya que sus pulmones no funcionan, su corazón se encuentra demasiado débil, el golpe en la cabeza le provocó un derrame cerebral por lo que se encuentra en coma, todo esto sin contar las heridas y quemaduras externas. En resumen, solo queda esperar.

Los chicos lo miraban completamente pálidos.

–Les recomiendo que regresen a sus casas, nada pueden hacer aquí, está en cuidados intensivos así que no podrán verla siquiera– terminó diciendo y se marchó dejándolos allí casi petrificados.


Faltaban unos minutos para que amaneciera, Lysandro se levantó del incómodo sofá estirándose un poco y buscó a Castiel con la mirada.

–¿Dónde se metió?– se preguntó comenzando a caminar por el hospital, dirigiéndose al sitio en el cual sabía que estaría.

Lo encontró sentado en el suelo, a un lado de la puerta de terapia intensiva, con ojeras y la mirada perdida, tan inmerso en su mundo que ni siquiera se percató de su presencia.

–¿No has dormido verdad?– le preguntó, Castiel lo miró y se limitó a negar –No me digas que entraste a verla...

–Está... muy quieta... hay demasiados tubos entrando y saliendo de su cuerpo...– murmuró.

–No debiste entrar... ella estará bien, los demonios son muy fuertes.

Castiel lo miró y sonrió apenas –Es verdad... no es alguien normal...– intentó convencerse –Hierba mala nunca muere... ¿no?

Lysandro asintió sonriendo un poco –Será mejor que regresemos a casa, no tiene sentido estar aquí, ellos nos llamarán ante cualquier cambio.

–Tienes razón... Demonio debe tener hambre... y supongo que debemos ir a clases.

–Será mejor que tú duermas...– recomendó Lysandro saliendo con él del hospital.

–Dormiré en el la azotea del instituto...


Una aburrida y deprimente semana pasó...

Las mañanas las pasaban en el instituto, ambos estaban muy decaídos, pero Lysandro lo disimulaba mucho más gracias a su temple pasivo, él asistía a clases cuando recordaba en qué salón le tocaba y realizaba sus actividades normales.

Castiel por su parte pasaba el día entero en la azotea sin hablar con nadie, los opacos nubarrones que poblaron el cielo toda esa semana le daban al lugar un ambiente oscuro y aún más deprimente. Esperaba a que todos se fueran para no cruzarse con nadie al salir, tal vez porque en el incendio había perdido toda su ropa y no tuvo otra opción que aceptar la que Leigh le ofreció, que claro, no era para nada su estilo.

Por las tardes Lysandro iba a la tienda de su hermano, al menos se entretenía allí y ayudaba un poco. Castiel visitaba regularmente el hospital, pero jamás volvió a entrar a verla. Incluso cuando la trasladaron a una sala común él se quedaba del lado de afuera esperando a escuchar algún ruido, una explosión, un golpe, incluso cuando alguna enfermera entraba él afinaba el oído esperando escucharla gritar por piedad... cualquier señal que le indicara que esa loca trastornada estaba despierta, que había vuelto a ser la de siempre.

Por las noches Lysandro, Leigh y Castiel miraban televisión y charlaban un poco, algunas veces antes de dormir el pelirrojo se quedaba en silencio mirando a Paco durante algunos segundos... recordando y tal vez... añorando.


–Estoy bien mamá– decía Castiel hablando por teléfono mientras entraba al hospital –. Si mamá, Lysandro y su hermano no tienen problemas en que me quede con ellos, solo necesito algo más de dinero para comprarme ropa.

Había pasado semana y media desde el incendio, Castiel había hablado con los médicos el día anterior, y le aseguraron que Rodolfa había tenido una recuperación asombrosa, ya su vida no corría riesgo y en cualquier momento despertaría. Así que se encontraba más animado, volviendo de a poco a ser el mismo de siempre.

–Te lo repito mamá, estoy bien, nada me pasó, la casa está completamente en ruinas, pero Demonio y yo estamos bien– le decía por enésima vez desde que todo sucedió –. Entonces, ¿me enviarás el dinero?... Gracias mamá... Yo también– respondió sonriendo un poco y colgó ya estando de pie frente a la habitación de Rodolfa.

Permaneció un rato allí recargado en la pared como siempre, hasta que una enfermera lo reconoció y le informó que la paciente había despertado en la mañana, pero al mediodía ya no estaba en su habitación.

–¡¿Cómo que ya no estaba?! ¡¿Se fugó?!

–Así parece– asintió ella –La buscamos por todo el hospital y los alrededores pero no aparece... no nos explicamos como pudo salir en ese estado.

–¡¿Así de fácil?! ¡¿Se les escapan los pacientes y ya?!– la increpó furioso –¡¿Y si la secuestraron?! ¡¿Si alguien se la llevó?!

–Revisamos las cámaras de seguridad, ella salió por su cuenta de la habitación, pero no podemos averiguar a donde fue...

–¡Maldita sea!– exclamó saliendo del hospital dando grandes zancadas –¡Estúpida! ¡Ahora me hace ir a buscarla!– se quejaba.

Pero internamente sentía el alivio que tanto necesitaba, ella, la loca dando problemas, sin dudas todo había vuelto a la normalidad, ella había vuelto para su desgracia eterna... y no había nada que lo hiciera más feliz en esos momentos.

Esa tipa me volvió un masoquista– pensaba buscándola en los tachos de basura aledaños al hospital.

La buscó por todos lados, en el instituto, en la casa de sus padres donde se sorprendió un poco al ver los alambres de púas y la cerca de 3 metros de altura, pero pensó que eran cosas de ella, también la buscó donde la encontró viviendo en sus cartones, pero ella no estaba por ningún sitio.

En la noche regresó a casa de Lysandro resignado ya que si ella no quería que la encontraran no podría hacerlo. –Seguro encontró otros cartones o la casa de un idiota donde quedarse– pensó para si mismo.


Al día siguiente al llegar a la escuela ambos chicos se extrañaron de que todos los alumnos estuvieran afuera, nadie sabía qué había sucedido, solo que la directora y los maestros no les permitían entrar. Castiel se abrió paso escabulléndose entre alumnos y maestros, aprovechó que la directora estaba distraída enviando a unas chicas nuevas tras su perro que seguro escapó en el alboroto, para entrar al instituto. Cuando llegó al pasillo se encontró con cientos de trampas de ratón esparcidas por allí, no había lugar donde pisar sin activarlas.

–Rodolfa...– murmuró con una media sonrisa regresando por donde llegó.

Finalmente quitaron las trampas varias horas después y los alumnos pudieron ingresar al instituto un rato antes de la hora de salir nuevamente. Durante ese tiempo Castiel se dedicó a buscarla, no era el único, la directora y algunos profesores estaban buscando como locos al responsable por el lío de la mañana. Sin embargo nadie tuvo éxito en la búsqueda.


Pasaron un par de días y Castiel localizó a Rodolfa en algunas ocasiones, sin embargo ella estaba siempre muy ocupada, cuando no era colocar una cuerda a lo largo del pasillo estratégicamente para que todo el que pasara tropezara, era cortar los cables de energía del instituto, o esconder al chihuahua de la directora de las chicas que lo buscaban metiéndolo dentro del casillero de Melody, o echarle polvos pica pica a los potes de talco en los vestidores del gimnasio, o llenar el piano del club de música con serpientes.

No importaba el momento o el lugar, indefectiblemente ella siempre acababa ignorándolo... Así que el tercer día...

El pasillo estaba desierto ya que todos estaban en clase, excepto Castiel por supuesto quien se dirigía al patio a ver si un poco de aire calmaba su mal humor. Entonces la vio correr en su dirección con una cajita de madera.

–¡Quítate quítate que tengo que llegar al comedor!– le dijo al casi toparse con él que no la dejaba pasar.

–¡No! ¡Deja eso sea lo que sea!– le ordenó poniendo los brazos en jarra y mirándola con molestia.

Ella obedeció algo insegura dejando la caja en el suelo y mirándolo con impaciencia –¡Date prisa que no conseguí con que taparla!

–¡¿Quién demonios te crees ignorándome de esa forma después de lo que pasó?!– le reclamó ignorando la caja en el suelo de la cual cientos de hormigas rojas comenzaban a escapar.

Rodolfa estaba mirando la caja con pena –Con lo que me costó atraparlas...

–¡¿De nuevo ignorándome?!– la tomó de los brazos y la sacudió –¡Siempre supe que era un error acercarme a ti! ¡Nunca debí invitarte a mi casa! ¡Nunca debí hablarte o mirarte siquiera! ¡Desde que apareciste aquí sólo me has traído desgracias! ¡Si no existieras mi casa estaría bien! ¡Tendría mis cosas! ¡TODO ES TU MALDITA CULPA!

–¿A ti no te están picando?– le preguntó ella ya que estaba descalza, como se escapó del hospital y las hormigas se le subían a los pies y las piernas.

Él la tomó sin cuidado del rostro y la obligó a mirarlo –Escucha esto porque no volveré a hablarte...– le dijo fríamente –¡TE ODIO!– le gritó en la cara viéndola a los ojos enfurecido para que entendiera que iba en serio.

La soltó de mala manera se dio la vuelta y se largó de ahí aún más furioso de lo que estaba hacía unos minutos, entró a su salón abriendo la puerta con tal brusquedad que se golpeó contra la pared, no solo interrumpiendo la clase sino que asustando a todo el mundo y se sentó atrás murmurando groserías por lo bajo.

Los siguientes días fueron terribles para todos en el instituto, Castiel se había rebelado completamente contra el mundo, se había vuelto grosero y violento, le hablaba mal a compañeros y maestros, y había discutido varias veces hasta llegar a las manos con Nathaniel, por fortuna siempre había alguien para separarlos. Y todo empeoraba cuando alguien se burlaba, se reía, cuchicheaba, o siquiera lo miraba, por vestir la camisa con vuelos y el pantalón victoriano que para aumentar su desgracia no tenía otra opción que usar.

Cada día lo dejaban un par de horas castigado obligándolo a hacer la limpieza de los salones, la directora casi decide expulsarlo, pero Lysandro intercedió por él atribuyéndole su estado de irritabilidad al trauma por incendio y haberlo perdido todo, y gracias a las amenazas de Amber Nathaniel no tuvo alternativa y acabó apoyando a Castiel, logrando que se le concediera una segunda oportunidad.

Por otro lado las travesuras de Rodolfa se habían vuelto más molestas y peligrosas, vidrios picados en el piso de las duchas de las chicas, objetos filosos como cuchillas o navajas que mediante un sistema de resortes volaban de los casilleros al abrirlos o trampas de osos debajo de los pupitres.

Mientras todo esto sucedía y cundía el pánico, Lysandro recorría el instituto rociando mobiliario y alumnos con agua bendita.


Una tarde, Castiel se dirigió al patio luego de limpiar el salón, una vez más castigado hasta tarde, ya no quedaba nadie en la escuela o eso creía. Entonces escuchó voces en el invernadero las cuales ignoró, pero el sonido de algunas latas cayendo al suelo despertó su curiosidad. Se acercó sigilosamente esperando encontrar cualquier cosa en el mundo menos lo que vio.

Rodolfa estaba acostada sobre la mesa del club mirando con curiosidad al tipo que sostenía sus muñecas contra la superficie con fuerza, inclinado hacia ella inmovilizándola por completo.

–¿Lo deseas verdad? Ahora si deseas besarme...– dijo él inclinándose más sobre ella acercando su rostro al de Rodolfa quien seguía mirándolo estúpidamente sin entender qué pretendía hacer.

Podía ser una loca peligrosa, una desconsiderada desagradecida e insensible, una estúpida cara de zapallo, pero ver a ese tipo desconocido someterla para besarla a la fuerza, por algún motivo le hacía hervir la sangre. Tomó una pequeña maceta que tenía cerca y se la lanzó al chico, no le atinó pero al menos el proyectil estrellándose contra un muro llamó su atención haciéndolo retroceder.

–¡¿Qué crees que haces?!– le reclamó el muchacho incorporándose pero sin soltar las muñecas de Rodolfa que seguía mirándolos sin enterarse de nada.

–Le arruino la diversión a los estúpidos que intentan forzar a una...una... a lo que sea esa cosa, a besarlos.

–Métete en tus asuntos Castiel– dijo el chico volviendo a mirar a Rodolfa –. Ignoremos a este idiota y continuemos donde nos quedamos.

–¿Dónde nos quedamos?– preguntó ella inocentemente.

–¿Quién eres? ¿Cómo sabes mi nombre?– preguntó Castiel avanzando un par de pasos.

El chico lo miró sonriendo por lo bajo –Así que no me reconoces... yo si te recuerdo, recuerdo muy bien a todos los que se burlaron de mi y me hicieron daño... especialmente a ti– murmuró lo último mirando a Rodolfa una vez más.

–Me aburro– dijo ella tratando de soltar sus muñecas de las manos del chico, pero el agarre era demasiado fuerte.

–Entonces te conocemos– dijo Castiel –. Pues me importa bien poco quien seas, estoy de mal humor, así que suéltala de una vez y lárgate si no quieres que te dé una paliza.

–¿Crees que podrás hacer eso? Parece que no tienes instinto de superviven... ¡AHH!– gritó cuando sintió un profundo dolor en una de sus manos y soltó a Rodolfa de inmediato –¡Me mordiste!– le reclamó apretándose donde le había quedado una marca de dientes.

Ella asintió sonriendo –Demonio me enseñó.

–¡Ya lárgate idiota!– ordenó Castiel –Y no te acerques a esta loca o lo pasarás mal.

El chico lo miró con rabia y luego a Rodolfa de la misma forma –Ya caerás ante mis pies– le advirtió y se marchó a curarse la mano escondiendo bajo su flequillo lagrimillas de dolor.

–¡Adiós!– se despidió ella y luego miró a Castiel –Tienes mala puntería.

Él se dio la vuelta y se marchó sin decir palabra.


El día siguiente las cosas estuvieron un poco más calmadas, la hija de Lucifer, como llamaban a Rodolfa, en parte por la influencia de Lysandro, aún no había hecho ninguna travesura, y Castiel si bien seguía algo molesto, su humor estaba mejorando luego de recibir el dinero que le envió su madre y comprarse "ropa de verdad". Así que ahora estaba en la azotea, vestido con su remera negra que llevaba el lema "Muerte al mundo" en letras rojas, su chaleco y pantalones de cuero, también negros, con cadenas.

Alguien abrió la puerta de la azotea, Castiel levantó la mirada esperando encontrarse a Lysandro, pero en su lugar fue Rodolfa quien apareció. Él refunfuñó y miró a otro lado ignorándola, la sintió sentarse a su lado pero no se molestó en voltear el rostro, por él podía quedarse allí todo el día, no le hablaría.

–¡Hola!– lo saludó alegremente –¡Tengo un regalo para ti!– el dijo sonriendo, pero él ni se inmutó –Toma– puso frente a él una fotografía.

La curiosidad le ganó y la miró, en la foto aparecía Nathaniel con el rostro azul, manchado con chocolate, claramente haciendo arcadas, en el suelo había una caja de bombones con forma de corazón.

–¿Porqué me muestras esto?– le preguntó reprimiendo la risa ya que seguía molesto y no iba a darle el gusto de verlo sonreír.

–Dijiste que querías grabarlo ¿no? Perdí mi celular y apenas me alcanzó para comprar la caja de chocolates y una cámara de fotos, así que ayer le tomé la foto y hoy la imprimí para dártela.

–Quedó muy estúpido, aún más que de costumbre– dijo sonriendo burlonamente mientras tomaba la foto, olvidando por un momento la molestia.

–¡Quedó lindo con su carita azul! Y me gritó mucho cuando logró quitarse los diez bombones que le metí en la boca, cuando se pone así no es tan aburrido.

Castiel no pudo evitar reírse al imaginar la escena –Oye, ¿y tú como estás? No creí que volvieras a la andanzas tan pronto.

–¿Tan pronto?– lo miró sin entender.

–Estuviste casi dos semanas en coma, y apenas despiertas te escapas del hospital con energías para venir cada día aquí a hacer tus locuras. ¿Eres humana? Saliste de un incendio casi muerta, ¡no puedes decirme que no te duele nada!

–Pues... si me duele el cuerpo, y me arde la piel en muchos lugares, pero lo más molesto es la debilidad que tengo, no pude cargar unas bolas de boliche para arrojarle a todos desde la azotea y me costó mucho trabajo lograr que el Pitufito comiera sus dulces, tiene más fuerza de la que pensé.

–¿Nunca pensaste en descansar hasta recuperarte?– la miró –Ah... es verdad, tú no piensas... ¡¿Y porqué sigues con la bata del hospital? No me digas que de nuevo te estás quedando en esos cartones.

–No, estoy quedándome en casa.

–Ah... bien– asintió –. ¿No vas a preguntar por Paco?

–Él está bien, ese día le pedí a Demonio que lo sacara– sonrió.

–¿Tú se lo pediste...?

–¡Si! Le indiqué que saliera por el hoyo de la puerta y él lo hizo.

–¿Qué sucedió ese día contigo? ¡¿Porqué no saliste?!

–La puertita de Demonio es muy pequeña para mi, intenté salir por la ventana pero había mucho fuego, entonces fui a la cocina a intentar salir por la otra ventana pero algo explotó y me tiró hasta la sala, luego creo que me levanté y... no sé que pasó luego...

–Y una pared se te cayó encima...– le informó cambiando el semblante a uno serio –Es increíble que hayas sobrevivido.

–Mis padres siempre me dijeron que hierba mala nunca muere, por lo tanto yo era inmortal– le contó levantándose y caminó hacia la puerta.

–¿Eso te dijeron? ¡Jaja! Lo mismo dije yo– comentó siguiendo la broma –. Oye... ponte algo de ropa decente.

Ella se detuvo viéndolo –Iba a ponerme la ropa deportiva pero tu amigo el loquito quemó las cosas de mi casillero en el patio diciendo a los que estaban ahí que el fuego todo lo purifica.

–¡¿Será posible?! ¿Ahora Lysandro se volvió pirómano? Oye... esta tarde te llevaré a Paco y algo de ropa de la tienda de Leigh, al menos la ropa de chica que tiene si es aceptable.

–¡Bueno! Tengo que irme, comencé algo y debo vigilarlo. ¡Nos vemos!

Ella se marchó y Castiel se quedó mirando la foto de Nathaniel –Idiota, se lo tiene merecido, a esto es a lo que le llamaría karma.

Continuará...

¡Rodo sobrevivió! ¡Wii! Espero que les haya gustado el capítulo, en particular me encantó escribirlo, ¿qué decir? El drama me puede. Un millón de gracias por los comentarios, realmente motivan a seguir escribiendo. Y ahora si a responderlos.

XD-Masen-Cullen: Creo que ya no tengo que decirte que lo está. Ella es fuerte, hierba mala nunca muere, ¡yeah! Gracias por leer y comentar.

Akasuna no Akira: ¿Te mordió? Es una prueba de amor, o está probando la carne humana, en cualquier caso le deseo suerte. Castiel cada día se encariña más con nuestra loquita linda, es que, ¿cómo no hacerlo? Y Demonio es adorable, ahora es amigo de Paco, jajaja. Gracias por el comentario, esperoq ue te haya gustado este capítulo.

WendyLove4: Tú lo has dicho, si no hubiera sobrevivido igual habría acabado como espíritu en la casa de Castiel (y entonces Lysandro tendría para divertirse) Y haría la vida de Nathaniel un martirio... sería genial.. para la próxima la mato. Gracias por el comentario.

Rox siniestra: La loquita sobrevivió, las cosas hubieran estado muy feas sin ella, aburridas, sin nadie causando estragos... qué tristeza... Creo que Pitufito hermoso le pega muy bien, eso haría que pusiera su carita sexy. Gracias por el comentario, espero que te haya gustado este capítulo.

AkaneSaotomee: No sé si gustarle es la palabra, al menos aún, pero creo que está más que claro que la quiere, en un comentario me dijeron que la quería como a una mascota y creo que es una descripción muy exacta... veremos como avanzan esos sentimientos, francamente aún no tengo decidida esa parte así que cualquier cosa puede pasar. ¿Y ni una expulsión puede con ella, una explosión va a poder? Jajaja, amo este personaje, no creo que pudiera matarlo.

D-Uzumaki: Yo creo que tu percepción es correcta, Rodolfa está algo más seria, creo que vivir con Castiel le está ayudando mucho por algún motivo, más adelante iremos viendo un poquito más porqué. Que hubiera salido y regresado sin enterarse de nada hubiera sido muy ella, pero no... no sé si ha quedado claro pero la chica tiene mucha mala suerte, en general la ley de Murphy se aplica a ella multiplicada por 1000, pero la loquita aguanta, es parte de su encanto. Gracias por el comentario, besos.