-¿Te hice daño?

-Por supuesto que no.-Bella se apoyó sobre el pecho de su novio, y aspiró el aroma embriagador del cobrizo.

Edward trazó con el pulgar el labio inferior de Bella, frunciendo el ceño.

-Tienes el labio lastimado y yo fui muy brusco al besarte. Lo siento si te lastimé.

-Edward-Bella se enderezó en su regazo, mirándolo seriamente-No me lastimaste. Estoy perfectamente bien, y ese beso fue increíblemente perfecto. ¿Entendido?

La risa ronca de su novio la hizo temblar levemente.

-Entendido, mi capitán.-Bella soltó una risita.

-Te amo.

-Te amo.

Edward enterró el rostro en el cuello de Bella, y la castaña jadeó cuando lo sintió mordisquear el lóbulo de su oreja.

-Somos unos idiotas.-Susurró la joven, mientras se apretaba más contra el cobrizo.

-Mmh, ¿Se puede saber porqué?

-El tiempo que estuvimos juntos nos lo pasamos peleando, o creyendo que fingíamos. Y ahora que sabemos la verdad… Tú te vas.-Edward la estrechó con más fuerza entre sus brazos. No quería pensar en eso. Le dolía siquiera imaginarse legos de su Bella.

-Tienes razón. No pensemos en eso ahora, princesa. Todavía nos queda mucho tiempo para pasar juntos.

-Una noche.-Comenzó Bella melancólicamente, y Edward le sonrió, travieso.

-Sí. Pero juro que haré de esta la mejor noche de tu vida-Le dijo, antes de tomarla en brazos y dejarla caer sobre el sofá, para acostarse encima suyo.

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Dos horas más tarde, Edward y Bella se encontraban todavía tirados en el mismo sillón, comiendo comida china y mirando alguna película de la cual no se sabían ni el argumento.

Y todo culpa de Edward.

El cobrizo no paraba de distraerla, besando su cuello, mordiendo el lóbulo de su oreja, y paseando sus manos por todo el menudo cuello de la castaña.

-Edward…-Bella se removió en los brazos de Edward, apretando más su espalda contra el pecho del cobrizo, y rozando accidentalmente el trasero contra su pelvis.

-Ah, mierda.-Edward, que había estado en un estado de excitación permanente durante toda la película, no pudo contenerse mucho más, y la giró, quedando ella acostada sobre su pecho.-Lo necesito, ahora.

Bella sonrió lentamente.

-¿Qué necesitas?

Edward gimió, y tomó el trasero de su novia, sin mucha suavidad, apretándola contra él.

-A ti.

-¿Para qué me necesitas?

-Bella…-El tono amenazador de Edward hizo que la castaña soltara una leve carcajada, para luego ponerse seria.

-Edward, debes saber que yo nunca…

-Lo sé. Eres virgen.-Edward acarició su baja espalda, haciendo círculos con la mano.

-¿Tú me enseñarás?-La inocencia de la castaña desarmó al cobrizo, que la besó con todo el deseo que tenía contenido adentro.

-Lo haré. Y te encantará.

-Oh, ¿Eres un buen profesor?-¿Cómo podía ser alguien tan malditamente excitante y tierna al mismo tiempo? Edward no le encontraba una respuesta.

-Déjame demostrarte cuánto.

Edward tomó a Bella en brazos y los levantó del sofá, haciendo a la castaña soltar un suave chillido, que el mitigó inmediatamente con sus labios.

Cuando llegaron a su habitación, Edward soltó a Bella sobre su cama y la miró seductoramente, haciéndola estremecerse.

El cobrizo se encargó de mostrarle lo buen profesor que era durante toda la noche.

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Bella

Vamos. Respira profundo y no llores. Hay cámaras, Isabella. Ni se te ocurra llorar.

Cuando la primera lágrima se deslizó por mi mejilla derecha, juré internamente.

No quería llorar frente a toda esa gente, pero la sensación de pérdida inminente era más fuerte que yo.

Me abracé a mí misma, mientras golpeteaba el suelo del aeropuerto con un pie, impaciente.

¿Cuánto tiempo tardaría Edward en hacer ese endemoniado check in?

Pegué un salto cuando dos fuertes brazos rodearon mi cintura por detrás, y Edward apoyó su barbilla en mi hombro.

-¿Nerviosa?

-No.-Soltó una risita ante mi mentira, y giró la cabeza para besar tiernamente mi mejilla.

-¿En cuánto tiempo sale tu avión?

-En…-Edward echó un vistazo al reloj que traía puesto en la muñeca derecha.-18 minutos.

Me giré en sus brazos.

-Deberías irte ya.

Edward asintió, poniéndose serio, y sin poder soportarlo más, escondí mi rostro en su pecho.

Mi novio me rodeó con sus brazos y me estrujó contra él. Lo sentí esconder su bello rostro en el hueco de mi cuello.

-Te extrañaré.

-Y yo a ti. Prométeme que me llamaras siempre que puedas.-Asintió, todavía contra mi cuello, haciéndome cosquillas con su incipiente barba.

-Promete que te portarás bien.

-Siempre me porto bien.

-Y prométeme que por más lejos que esté, siempre recordarás que eres mía. Y que te amo.

Me aparté unos cuantos centímetros de él para fijar mis ojos en los suyos.

-Lo haré, si tú prometes recordar que eres mío. Y que te amo más que a nada.

Edward sonrió ampliamente, y me besó durante un largo y perfecto minuto.

-Lo haré. Soy tuyo, Swan, no tengo otra opción.

Sonreí, feliz por su promesa, pero mi felicidad se evaporó al recordar que dentro de unos minutos ya no lo tendría en mis brazos.

-¡Edward, vamos!-El grito de Frederick me hizo volver a la realidad de golpe, y las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas.

Edward inclinó su rostro y besó mi frente, mientras limpiaba mis mejillas con sus pulgares.

-Te amo, cielo.

-Y yo te amo a ti, cariño.

No pude decir nada más, porque Edward ya se había girado, como si no pudiera alargar aún más aquella dolorosa despedida, y caminó junto a su manager.

Antes de cruzar por aquellas puertas que me impedirían seguirlo con la vista todavía más, se giró, y me dedicó una temblorosa sonrisa.

Intenté sonreírle entre lágrimas, pero creo que solo logré dedicarle una especie de mueca.

Me giré hacia John, ignorando los insistentes flashes de las cámaras que nos rodeaban, y caminé cabizbaja hacia el coche.

John no dejó de mirarme inquisitivamente todo el camino.

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Gracias por leerme, y muchas muchas gracias por sus reviews.

Un beso enorme para todas. Emma.