Capítulo 10
HEART OF MADNESS
- Draco?-
Draco se despertó de golpe: se había quedado dormido, exhausto de devorar su vivísima cólera y su desesperación sentado en el marco de la ventana, observando los alegres banderines del partido Hufflepuff/Gryffindor en el estadio de quidditch, mientras amanecía un día frío y luminoso. Pansy, envuelta en su bata, se colocó junto a él, apoyando la cabeza rubia del muchacho en su cadera estrecha, acariciándole el pelo, y Draco cerró los ojos, besándola de buena gana cuando ella inclinó sus rizos sobre él.
- Están bien?- preguntó Draco con voz un poco aguda.
- Ven a dormir con nosotras. Estás helado.-
Draco esbozó una sonrisa trágica bajo sus ojeras.- Me metería en la cama con ustedes, pero seguro que no para dormir.-
Pansy sonrió amplia, dulcemente, y se le abrazó, sus brazos delgados y delicados, y Draco se halló acariciándola cuando ella se echó a sus pies y apoyó la cabeza en su regazo.
- No podemos quedarnos así, los tres? No hay forma de que estemos los tres así, libres, juntos, si renuncias a…-
- No puedo, Pansy.- dijo Draco, la voz quebrada.- No tengo escapatoria, créeme que nada me haría más feliz…pero las protegeré con mi vida. Te juro que no dejaré que nada las lastime, amor.-
- Tienes que ser tú el que… mate a…?-
- Sí. Tengo que hacerlo, aunque no tengo idea cómo. No puedo contar con nadie más.-
- Pensé que Snape…-
Draco volvió a Pansy ojos como hielo, y su mano se tensó en su hombro delicado.- No vuelvas a mencionarme a ese hijo de puta.-
- Draco…-
- Yo lo mataré. Nosotras te ayudaremos a matar a Dumbledore, y ustedes me ayudarán a matar a Snape.- dijo la voz de Moira desde la cama. Parecía un sombrío cuervo con su viejo sweater negro sobre la camisola, el cabello sobre la cara: pero cuando se sentó junto a Pansy a los pies de Draco, su rostro se suavizó bajo sus caricias. Draco las miró largamente, acariciándolas con tanto amor que las mejillas de Pansy se tiñeron rosa de felicidad y los ojos de Moira se volvieron casi suaves ópalos: pero luego Draco se irguió, y las hizo levantarse.
- Vístanse. Tengo que enseñarles algo.-
- Pero…-
- Vamos.- dijo Draco, quitándole el sweater a Moira y la bata a Pansy.- Ahora, que todos están en el partido!-
- No preferirías quedarte a hacer otras cosas?- dijo Pansy con travieso resentimiento. Draco las miró, las dos deliciosas y diferentes en sus camisolas, Pansy delicada y pálida, Moira curvilínea y despeinada, y apretó las mandíbulas, tratando de no echarse a reír.
- Vístanse, par de súcubos!-
Las dos lo siguieron, no de muy buena gana, acabando de arreglarse la una a la otra mientras Draco apretaba el paso por los pasillos desiertos. Moira acababa de trenzar el cabello de Pansy y Pansy de ajustar el cierre del vestido negro de lana de Moira cuando al fondo de un pasillo, y viniendo hacia ellos, a Harry Potter.
Draco se detuvo un momento, y luego, moviendo la cabeza, soltó una risa áspera y siguió caminando, mientras Moira y Pansy le echaban una mirada al joven capitán de ojos verdes y se colgaban cada una del brazo de Draco, como si adivinaran que alguna vez, había habido algo allí.
- Adónde vas?- preguntó Harry, secamente. Draco siguió caminando, dándole la espalda.
Una vez, pudimos haber sido amigos. Ahora es tarde. Pero a pesar de Blaise, con los brazos de Moira y Pansy a su alrededor, Draco no se sentía perdedor.
- Claro, por supuesto que voy a decirte adónde voy, porque es asunto tuyo, Potter.- bufó Draco.- Mejor te apresuras, tienen que estar esperando al " Capitán Elegido" " El Niño que Goleó" o como sea que te dicen ahora…-
Pansy soltó una risita. Harry la miró y ella se sonrojó, pero Moira le echó una mirada larga y curiosa a Harry, que hizo que Draco la tirase del brazo.
- Vamos!-
Tras asegurarse de que no los seguía, Draco se apresuró hacia un pasillo poco usado en el séptimo piso. Las niñas esperaron un momento, sorprendidas al verlo detenerse ante un trozo de pared vacía: las dos inspiraron fuertemente al ver una puerta aparecer de la nada, y a Draco avanzar hacia ella y abrirla, antes de mirarlas por sobre el hombro.
El cuarto olía a rosas, pálidas rosas té y bellas rosas anaranjadas. Cuando las dos lo siguieron, y Draco cerró la puerta tras ellas, le echó llave.
- Este es el cuarto de las peticiones.- dijo a modo de explicación. Pansy tocó las rosas, maravillada: floreros y macetas, montículos y pétalos.
- Y qué pediste?- dijo Moira, los ojos muy suaves mientras olía una rosa té sin tocarla.
- Que las hiciera felices.-
-… tarde de nuevo, Potter. Diez puntos de Gryffindor.-
Snape no estaba de humor: todo el castillo y hasta Mrs. Norris lo sabían, y todo el mundo evitaba su camino como el de la peste. Incluso Ari le había gritado por chimenea que era un viejo insoportable: sólo Oliver soportaba sus explosiones y malhumores con impertérrita calma, aguantando las tormentas y animando sus días negros.
Las clases de DADA nunca habían sido tan sombrías como esos días de tormenta en que Snape, el rostro macilento y los ojos inyectados en sangre hablaba de los más inescapables horrores sin una inflexión de misericordia en la voz, sin perdonar los más espantosos detalles, con clínico detallismo. Su voz era firme, y más de una alumna se había desmayado en su clase, superada por descripciones y diapositivas gore: pero Snape había declarado con voz sarcástica que si no eran capaces de escucharlo en clase, no tenían nada que hacer tratando de aprender a defenderse contra ello, y reprobado ya a tres alumnos automáticamente.
- Es necesario que sea tan… explícito, Severus?- había gruñido una molesta Mariah Sinistra cuando Snape le entregó despreciativamente a una alumna de quinto que había caído en un incontrolable ataque de histeria ante una ilusión de un Chisellius. Snape se encogió de hombros.
- Si la niña Lovegood puede sacar un Crucio decente para frenar un Chisellius, no veo porqué tu… mejor alumna…- agregó observando con sarcasmo a la niña, que correspondía al estándar usual Ravenclaw, de hermosos cabellos rizados, rostro delicado e inteligente e intrínseca elegancia, muy semejante a su profesora, y a Luna, que distraída aguardaba al lado.- Es incapaz de una imperdonable decente.-
- Tú sabes que Umbridge no los dejó aprender nada el año pasado!-
Snape se encogió de hombros con una risa oscura.- Igual en mi época. Pero los que quieren aprender, Mariah… aprenden.-
- Como ustedes con Mordaunt, verdad?- dijo Mariah, que había sido una joven profesora cuando Stefan Wilkes había roto todos los récords en Astronomía, pero había rehusado convertirse en un Star Mage. Severus se volteó de golpe, la varita en su mano: Luna retrocedió un paso, y Mariah Sinistra no pudo evitar un sobresalto, porque por un momento, Severus había parecido listo para atacar, rápido como el pensamiento. Luego, inesperadamente, sonrió, enseñando sus dientes.
- Exactamente.Aprendimos.-
- … cómo diferenciamos un Inferius de un fantasma?-
La pregunta de Seamos Finnegan hizo que Snape levantase la vista del escritorio en donde empezaba la clase para los alumnos de sexto año. Sin poder evitarlo miró directamente a Draco, que sentado en la tercera fila entre Pansy y Moira se había puesto pálido, pero no había dado ninguna otra señal de mostrarse afectado.
Aunque hubiera jurado que las chicas le habían tomado la mano bajo la mesa. Miró a Draco directamente a los ojos mientras escuchaba murmullos en la clase: y Draco le devolvió una mirada cargada de frialdad, casi de odio. Snape dejó que la daga de ojos grises lo traspasara: no era el primer ni el último Malfoy en mirarlo con odio, aunque el recuerdo de los ojos de Lucius en la cárcel se reflejaba dolorosamente en la mirada cargada de ira de su hijo.
La clase de DADA era la única hora del día en que lo veía: Draco había puesto tanta distancia como le fue posible entre ambos. Snape sabía que Draco lo rehuía, y pensaba con no poco humor negro cuántas veces él había rehuido así los avances de Lucius: pero en clase de DADA, en que Draco no podía rehuirlo, el muchacho mostraba una negligencia que rayaba en la insolencia. La antiguamente torpe Pansy Parkinson había mejorado enteros, volviéndose una experta en barreras de protección; aunque sus ataques no fueran muy potentes, su Patronus, un gran dragón plateado, repelía cualquier bestia oscura: Moira, en cambio, era siniestramente hábil en el duelo, una experta en las Imperdonables, capaz incluso del Avada Kedavra.
En cambio Draco, siempre entre ambas, entregaba flojamente lo justo necesario para ser aprobado y nada más. Snape hubiera querido testearlo, hubiera querido saber exactamente qué tanta magia, qué tanto poder manejaba Draco, pero Draco se negaba a revelarse ante él, manteniéndose en un anonimato intolerable y fingiendo que un mediocre Destrucio era su mejor esfuerzo.
Como si el hijo de Lucius no pudiese dominar el Avada. Seguro.
Maldita sea! Confía en mí, Draco! Si me dejaras explicarte… si me traicionas, todo se irá al infierno!
-… preguntémosle a Potter cómo podemos diferenciar un Inferius de un fantasma.- dijo Snape con su usual acidez, deseando apartar la atención del pálido Draco. Vio a Moira susurrarle al oído mientras Potter balbuceaba su respuesta: cuando la miró, la niña clavó en él ojos cargados de odio.
Porqué me odias tanto, niña? No te das cuenta que sólo yo puedo salvar a tu querido Draco?
- " Los Fantasmas son trasparentes"-
Pansy fue la primera en echarse a reír: Draco incluso sonrió. Snape los miró, y continuó, con suavidad, mirando a Draco a los ojos.
- El Inferius es un cadáver que ha sido reanimado por un mago oscuro. No está vivo, es simplemente usado como una marioneta para cumplir las órdenes del hechicero.- se detuvo, y continuó, al ver el remordimiento en los ojos de Draco - Un fantasma, como confío que todos estén conscientes de ello, es el rastro que un alma que nos ha abandonado deja en la tierra… y como Potter nos ha dicho tan sabiamente, trasparente.
Draco bajó la vista, y Snape hubiera jurado que vio cierta humedad en sus pestañas: pero Moira volvió a susurrarle al oído, y Draco alzó la vista para clavarle ojos fríos.
Maldita sea!
- Déle un poco de tiempo. Todo ha sido muy difícil para él, y usted no es precisamente sutil.- dijo Oliver cuando Snape volvió, furioso, a su oficina, para encontrarse a su fugitivo ex alumno preparando té flemáticamente.
- Tiempo es precisamente lo que no tenemos, Oliver. Y con esa… maldita mocosa mirándome como si fuera el Dark Lord en persona colgada de su brazo y susurrándole, no creo que Draco de su brazo a torcer pronto… tiene la misma terquedad insoportable de Lucius. Una vez se peleó con tu padre y nos tuvo a mí y a Stefan viviendo un infierno por casi cuatro meses.-
- Mi padre tampoco era una barrita de dulce por lo que he escuchado.- dijo Oliver sentándose unto a él y alargándole una taza de café caliente.- Y está seguro de no haberle hecho nada a esa niña? Su familia?-
- He tratado de leerle la mente, pero la maldita mocosa tiene que haber estudiado Oclumencia, al menos lo básico… a lo único que puedo acceder es a memorias recientes, no a pensamientos. Y antes que digas nada, el único Poe que conozco es el de las aventuras de Arthur Gordon Pym.- Snape se encogió de hombros.- Puede ser, sin embargo: me llevé tanta gente por delante en la guerra que es como preguntarle un apellido específico a los jefes de Auswichz. Qué quieres que haga? No puedo acordarme de todos…- dijo bebiendo su café.- Y tu padre cuadruplicaba mi número, no me mires así… simplemente no me suena ni Poe ni Pfessen. Poe, Poe… nope, sólo El Barril de Amontillado.-
- Y El Cuervo. Y Annabel Lee. Y Ligeia.- dijo Oliver sonriendo.- Recuerda? La más bella de las historias de amor…- dijo levantándose, la taza en su mano, acercándose a la ventana y dándole la espalda para mirar el atardecer.- "El hombre no se rinde a la muerte, ni cede por entero a los ángeles, si no es por la flaqueza de su débil voluntad…"-
Snape levantó la vista y miró la espalda de Oliver, la boca seca. Oliver no se movía. La voz se había suavizado, sin embargo, y hablaba con un tono diferente, más profundo, más dulce.
- Tu favorita era la Caída de la Casa de Usher, con la hermana muerta levantándose del féretro. A Stefan le encantaba el Barrill de Amontillado, porque era una venganza perfecta. " Por el amor de Dios, Montresor!" Recuerdas? A Lucius le encantaba La Máscara de la Muerte Roja, hasta se disfrazó una vez, y quería una casa igual. Pero a mí me gustaba Ligeia. Me la sabía de memoria. Te acuerdas? Ligeia muere, y él se casa con Rowena. Pero cuando Rowena muere y el pasa la noche con el cadáver amortajado, se sueltan de pronto esa nube de rizos negros, negros como ala de cuervo, no rubios.- dijo Oliver sacudiendo su espesa melena, volviéndose con el cabello en la cara, avanzando hacia un petrificado Snape.- Te acuerdas lo que pasa entonces, Severus? Te acuerdas?-
Los labios de Severus se movieron, pero no dijo nada, paralizado de una emoción extraña semejante al espanto y a la esperanza más atroz.-N-no…-
Y entonces la puerta del estudio de Severus resonó, golpeada brutalmente por un puño al otro lado. Severus se levantó de un salto, para mirar la puerta retemblar bajo los golpes y luego abrirse, lentamente. Cuando volvió el rostro, Oliver estaba a centímetros de él, el espeso cabello negro en la cara.
- Quién golpea las puertas? Eso es de la Casa Usher…- dijo Oliver, sonriendo. Entonces levantó el rostro, y las palabras vinieron solas a la boca de Severus, al ver relucir dos ojos de oro y locura que debían haber sido negros.
-" En esto nunca, nunca podré equivocarme!! Estos son los hermosos ojos de la amada, la perdida… de Lady Ligeia!!"- jadeó, cuando Octavius, un Octavius tibio y real le tomó la cara y lo besó feroz, salvajemente, mordiéndolo. Una presencia y un susurro a su espalda: Lucius. Y los dos lo arrastraron, loca y perversamente, a la cama, como se arrastra a una presa, desgarrando sus ropas, haciéndolo gritar sus nombres, hasta que convulsivo gritó que era suyo en medio de la tormenta y las pesadillas.
… y el escudo de plata cayó a los pies de Ethelred con un terrible fragor…
- Nunca hubiera pensado en el Armario de Desaparición.-
- Oh, Montague no callaba nunca al respecto.- dijo Pansy con una sonrisa, besando el hombro desnudo de Draco, mientras Moira, sentada junto a ellos, miraba por la ventana la tormenta bañar de reflejos de agua las ventanas de la habitación de Draco. Se habían hecho el amor con ternura, con romanticismo, con travesura y con ferocidad: pero esta noche parecía haber sido especialmente intenso, mientras terminaban los últimos toques del hechizo de Eris que demostrarían en Invocaciones. Moira había estado muy callada todo el día, y nada que hubieran hecho Draco o Pansy había conseguido más que ausentes asentimientos: y había sido para romper ese mutismo que la habían llevado a la cama, hasta al fin arrancarla de lo que fuese que la atenazaba. Y los había amado con todo su ser, hasta que ahora, en la penumbra, hablaban saciados en susurros azules.
Pansy había tenido la idea: Draco y Moira, la magia para ponerla en práctica. Cuando los dos realizaron el complicado hechizo de magia salvaje y abrieron un portal – aprovechando uno ya existente- para crear un puente dentro de otro en el Armario de Desaparición que ocultaron en la Sala del Requerimiento, ambos quedaron agotados, pero satisfechos. No podrían nunca contarlo ni hacer un paper al respecto, pero haber hecho un complejo hechizo de magia salvaje sobre un objeto ya encantado sin romper el encantamiento anterior, había sido un tour de force de magia e inteligencia.
No había sido fácil completar el hechizo, ya que se trataba de metamagia, la magia que actúa sobre la magia: y requería mucha más precisión y poder que simples ingredientes o hechizos.
Y ellos no tenían aún diecisiete años.
- Yo sé que podrán.- había dicho Pansy, sosteniendo el libro de conjuros cubierto de cálculos y garrapateado de correcciones. Había hablado con tanto orgullo, tanta seguridad, que Moira y Draco se sonrieron por sobre su cabeza: con Pansy creyendo así no podían fallar, verdad?
Pansy se arrodilló junto al armario, el libro sostenido en sus brazos desnudos alzados para dar más potencia al hechizo: magia sostenida por magia. Se había arreglado para la ocasión, con un vestido negro sin mangas adornado de bordados rojos gitanos: sus rizos rojos, bien peinados, le caían por la cara demasiado delgada que parecía extrañamente pura contra el rojo y el negro. Draco la miró, allí de rodillas con el ruedo extendido con el brillo de la seda, su delgado torso frágil en su elegante posición, y por primera vez se dio cuenta que Pansy, amada o no, era hermosa, o al menos había adquirido una belleza, una fuerza y una prestancia que jamás había tenido. Bastaba con ser amada? No lo sabía. Pero tras cinco años a su lado, por primera vez veía a la mujer en la niña flacuchenta y sin pecho que había sido su fiel adoradora: y estaba tan sorprendido como podía estarlo por la diestra y dócil desconocida arrodillada a unos pasos como si hubiera encontrado una estatua de perlado mármol en lugar de carne y sangre y ojos brillantes.
- Confíe en mí.- dijo Moira con voz suave, quitándose el pesado sweater para quedarse con la blusa arremagada y la falda del uniforme plegada cuando colocó una mano a centímetro del armario y la otra con la palma hacia ella misma. Ella no se había arreglado: su espeso pelo negro, grueso e indócil, le caía en la cara, sombreando la boca sensual y los hombros firmes. Su cuerpo era curvo y vivo, palpitante y animal de un modo que no era Pansy: Moira no era porcelana y reflejo, sino llama, furia, cálida sangre. Draco la observó tensándose, la magia, feroz, potente e imparable fluyendo de ella y se preguntó no por primera vez de dónde había venido la apasionada desconocida, qué había en su carne que le hablaba con semejante, perentoria voz a su propia carne y a su alma, de dónde venía la magia, primal y fuerte, intensa y definida, que fluía de sus manos para sostener el hechizo Vanishing en el armario con la fuerza de un hombre adulto. Era una desconocida casi, y sin embargo, le era tan familiar que aún en sueños, la reconocía…
Draco echó su capa atrás, y con un descuido, una sencillez cargada de arrogancia pero no exenta de fuerza y de dominio alargó la mano, realizó el elegante movimiento de abanico y echó la varita atrás con la mano izquierda. La lluvia de chispas multicolores de la magia salvaje la bañó la cara: y cuando la oleada salvaje se soltó, agitando su cabello color de plata, Draco no se permitió parpadear. Ni Moira ni Pansy se movieron, Pansy estatuaria con la oleada flameando su vestido en su cuerpo rígido y tan delgado, Moira tensa y erguida como un potro salvaje que tira la cuerda a punto de romperla. Draco levantó la cara, y entrecerrando los ojos, fijó con un solo movimiento elegante de su varita un pentagrama dentro del armario, abriendo un indetectable portal de magia salvaje dentro del portal de encantamientos que Moira sostenía, frágil como una tela de araña dentra de otra. Pero un momento de esfuerzo, una gota de sudor, y los hilos se hicieron de acero.
Draco bajó el brazo, vaciló, y se mantuvo de pie, mientras Pansy recibía en sus brazos a una Moira que se dejó caer de rodillas a su lado, transpirando. Ninguno dijo nada: pero Draco por primera vez tuvo esperanzas, porque con ellas a su lado, podía hacer cualquier cosa.
Y ahora, con Moira sentada junto a la ventana con la luna en el cabello negro y con Pansy envuelta en sábanas pálidas con el cabello como sangre, las dos mirándolo, sus cuerpos satisfechos, sus rostros vueltos a él, Draco se permitió fantasear con que había un futuro: un futuro para los tres, con Moira brillante envuelta en tafetán negro, Pansy resplandeciente en seda roja, las dos de su brazo, a sus costados, sirviendo al Oscuro Señor, él con suficiente poder y fuerzas para protegerlas y mantenerlas a su lado.
Para siempre.
- Moira?- dijo Pansy, dejando el lecho, su cintura imposiblemente estrecha cuando con sólo una corta camisola traslúcida se sentó frente a la muchacha morena y le echó los brazos al cuello.- Ven. Vamos a la cama… tenemos que dormir…-
- No puedo dormir, Pansy.- dijo la joven, apoyando la cabeza en los pequeños senos de la pelirroja.- No hoy.- susurró, con un suspiro. Pansy la rodeó con sus brazos de buena gana, pero Draco, sentado en la cama, se incorporó, la luna perlando su largo pantalón de pijama de satén plata.
- Porqué no puedes dormir?-
Moira lo miró desde los brazos de Pansy, sus ojos tan negros que no parecían tener blanco en ellos.- tengo miedo, Draco.-
- No puedes tener miedo si estamos nosotros.- dijo Pansy con intensa dulzura, su brazo blanco rodeando la cabeza oscura.
- De qué tienes miedo?- dijo Draco con voz severa, poniéndose de pie junto a ellas.
- Tengo miedo de tener miedo. Tengo miedo de que me falte el valor.- la voz de Moira se suavizó, pero luego sonó firme, casi enmascarando su temblor.- Draco, tengo que matar a Snape: lo he jurado.-
- No nos has dicho porqué.-
Moira sacudió la cabeza. Draco se arrodilló a su lado, los tres en un indeciso tableau semidesnudo: luego rodeó a las chicas con sus brazos, antes de susurrar:
- Dinos porqué, y lo haré por ti. Dime porqué, y lo haremos esta misma noche.-agregó con una sonrisa.- Que el esbirro de Dumbledore le pavimente el camino al infierno: nos servirá de práctica.-
- Draco?- dijo Pansy, su voz algo asustada.- Esta noche?-
- Sí.- dijo Moira con voz temblorosa.- Sí, que sea hoy!-
- Yo quiero vengar a mi padre.- dijo Draco suavemente.- Es la venganza lo que te mueve también, verdad? Qué te hizo?-
Moira los miró a ambos, alternativamente. Y luego tomó su varita, una varita antigua, de brezo y colacuerno.
- Él destruyó a mi familia.- dijo suavemente, y mientras hablaba, de su varita surgieron figuras y sombras, ilustrando sus palabras vacilantes.- Él odiaba a mi madre y a mi tío… y cuando era Death Eater, él y sus amigos… ellos violaron a mi madre y la dejaron por muerta, y torturaron a mi tío… cuando mi madre murió, él me crió unos años, pero también murió. Estaba roto por dentro…- agregó, la voz quebrada.- Él me mostró lo que pasó, me dio sus nombres. – dijo apretando la varita.- Me dio la varita de mi familia, para acabar con él.-
- Lo hizo por órdenes del Oscuro Señor?- preguntó Pansy, su voz precavida mientras seguía con los ojos las formas neblinosas de hombres encapuchados lanzándose sobre una joven y un niño.
- No. Fue por venganza.- dijo Moira, su voz ronca. Luego sus ojos se llenaron de lágrimas, y fijó la vista en Draco.- Yo…-
- Moira?-
Moira se levantó, apartándose a ambos, echándose la capa por los hombros. Su mirada estaba cargada de un odio febril, pero también de una pena inmensa.
- Voy contigo.- dijo Pansy, levantándose.
- No.- dijo Moira con suavidad.
- No, yo iré.- dijo Draco colocándose su propia capa por los hombros, y dando un paso decidido hacia ella. Pero Moira se giró, y súbitamente en un revoleo de lana y seda negras la varita apuntó directamente al pecho desnudo de Draco.
- Moira…?- gimió Pansy. Pero Draco miró a dos implacables ojos negros, y cerró los suyos.
- Ya entiendo. Mi padre estaba entre los que atacaron a tu madre, Moira?-
Moira movió la cabeza, y dos lagrimones le corrieron por la cara, pero no soltó la varita: Draco, por su parte, no se defendió, mientras Pansy los observaba aterrorizada.
- Mi nombre es un acrónimo.- dijo Moira despacio, irguiéndose.- No me llamo Moira, Draco.-
- Moira…- la voz de Draco se volvió lenta, y entrecerró los ojos, antes de que se dilataran.- Moira Poe Neal Pfessy…por el amor de Dios, mi padre violó a tu madre?!-
- Qué?- dijo Pansy temblorosa.- Moira!-
- No me llamo Moira, Pansy!- gritó la joven, sin sacar la vista de un Draco demudado.- Me llamo Perséphone, como mi madre, a la que Lucius Malfoy torturó y violó y dejó para que muriera! –
- Y el sádico de tu tío te dio el apellido Malfoy de todas formas?!- ladró Draco.
- Lo hizo para que no olvidara. Para que no perdonara! Ni a los Malfoy, ni a Severus Snape!-
- Pero….- la voz de Draco se ahogó.- Perséphone Malfoy SNAPE? Cómo?-
- Perséphone…- dijo Moira, dando un paso atrás con los ojos vibrantes de odio.- Era su propia hermana! CRUCIO!-
- NO, MOIRA!- gritó Pansy, cruzándose en el camino del Crucio. Con un esfuerzo de voluntad, Moira lo retuvo: y la explosión resultante los derribó a los tres. Draco fue el primero de pie, y aferró la muñeca de Moira, levantándola del suelo, arrebatándole la varita, aferrándola contra sí, su boca húmeda en su sien entre el cabello desordenado:
- Me importa una mierda lo que haya hecho mi padre, me importa una mierda lo que haya hecho Snape, o tu madre! Yo te amo, Moira, no te dejaré odiarme! Tú me amas, lo sé!-
- Draco…!- gimió Moira, no antes de que Draco le cubriese la cara con las manos y la boca con la suya, besándola con intensa, feroz fascinación. Perdieron pie, golpeándose contra la pared: y pansy los miró con sus ojos grandes y tristes, comprendiendo lo que siempre había sabido: entre las llamas ardientes de Moira y los destellos helados de Draco, ella no era más que una vela, una lucecita pobre empequeñecida por los que eran ferales y completos. Había sido seda y algodón entre las aristas de los que eran terribles y agudos, pero ahora que al fin se unían, ella no era más que la paja y las envolturas que retiras de tus cuadros antes de colgarlos en la pared.
Y los amaba igual.
- Pansy…- dijo Moira con voz suave, mirándola por sobre la cabeza de Draco, que tenía el rostro hundido en su cuello.
- Sólo ten cuidado, quieres. Tengan… mucho cuidado.- susurró Pansy, secándose la cara con una mano, esbozándole una suave sonrisa.
- No podremos volver después de matar a Snape. Tendremos que irnos.- dijo Draco, volviéndose. Pansy abrió la boca y la cerró, antes de pedirle que la dejaran ir con ellos, antes de decir nada.
- Yo cuidaré del Armario de Desaparición.- dijo, bajando la vista.- Tengan mucho cuidado.-
- Gracias, Pansy.- dijo Draco sin voz.- Estarás más segura aquí si…-
- Adiós.- dijo Pansy, en voz baja, los rizos cubriéndole la cara. Y fue entonces que su mirada se cruzó con la de Moira, y los ojos de Pansy se llenaron de lágrimas, justo antes de que saliera.
- Ve tras ella!- dijo Moira empujando a Draco.
- Moira…-
- Ve tras ella!-
- No te vayas sin mí!-
- No.- dijo Moira, suavemente.- Ve!-
- Te amo.- susurró Draco.- Te amo, y lo haremos juntos, pero ella…-
- Yo también la quiero.- dijo Moira con voz enronquecida.- Por favor, encuéntrala!-
Draco salió tras Pansy, la luna ocultándose tras las nubes como si quisiera esconder más aún a la niña que huía. Y mientras las tinieblas envolvían el colegio en un manto impenetrable, Perséfone Malfoy Snape, hija de un asesino, hija de una víctima, descendiente del corazón negro, orgulloso y rencoroso de los Snape, se preparó para una venganza que no tendría nada que envidiarle a la de su tío hacía dieciséis años. Las sombras la cubrieron, y como una sombra negra cruzó los pasillos, la varita apretada en su mano, los ojos negros fijos en un solo propósito. Podía perdonar a Lucius Malfoy por amor a Draco: podía olvidar a aquel cuya violencia la había creado. Pero no a su verdadero creador, al gestor y ejecutor de
Una venganza que había borrado a una antigua y orgullosa familia de un plumazo, con tal habilidad clínica y tal crueldad que todo lo que quedaba era esta niña llena de odio cuyo único sueño era la venganza. Si una ira incontrolable había movido a Severus hacía tanto tiempo, una ira no menor que la suya, negra y burbujeante, sólida e intensa, guiaba a Moira. Como una abeja reina alimentada al nacer con acíbar en vez de miel, Moira había borrado todo de su mente excepto la venganza, henchida de rabia y odio como sólo un Snape podía empaparse y chorrear un rastro de oscuridad. En medio de esa borrachera de furia y ferocidad, Moira avanzó, dejando un rastro de odio palpable como un caracol: y cualquier fantasía o recuerdo del amor de Draco y de Pansy se fundió por unos momentos en que enajenada avanzó como un espectro más, pero corpóreo y terrible, hasta golpear la puerta de Snape, la varita firme en su mano, apretada hasta que los nudillos estaban blancos.
Cuando la puerta se abrió, Moira avanzó como una serpiente, la velocidad de los Malfoy mezclada con el poder de los Snape, tan potente que irradiaba luz verde. Pero su feroz estocada con la varita y su grito de Avada encontró aire, y la luz rebotó verde en la pared, porque alguien demasiado veloz y fino para ser Snape la había atrapado de la muñeca, había tirado de ella adentro y había cerrado la puerta. Moira alzó la vista trémula, y sintió un grito formarse en su garganta.
- Mala noche para venir a molestar a Severus. Muy, muy mala noche.-
Porque el hombre que la sujetaba no era Severus, sino que era rubio y corpóreo, desmejorado pero aún devastadoramente guapo, ojos grises como los de Draco fijos en su rostro con una sonrisa más aterradora que todas las amenazas del mundo.
- Tú eres…- dijo Lucius, con una gran sonrisa.- La hija de Perséfone Snape, verdad?-
- Lo soy.- susurró Moira, soltándose de un tirón.- Snape entregó a su hermana a los mortífagos para que la violaran y a su hermano para que lo mataran, y he venido a vengarme! He venido a matarlo por lo que le hizo a mi familia! Él…!-
- Hija querida.- dijo Lucius, sonriendo de oreja a oreja.- Siempre quise una niñita!-
Moira dio un paso atrás, estremeciéndose en shock, el rostro pálido, los ojos dilatados. Y una sombra emergió tras ella, la aferró del cuello, y hubo un solo movimiento, un borbotón de sangre.
Moira cayó al piso, el cuello abierto limpiamente. Su sangre inundó oscura las anticuadas maderas, mientras se le cerraban los ojos. Lo último que vio fue a un hombre de larga melena negra y ojos de oro que la miraba, la miraba inclinando la cabeza con un suspiro, hasta que la luz se apagó.
- Severus se va a enojar.-comentó Lucius, cruzándose de brazos.- Eres tú, Djeri?-
- Soy yo.- dijo Oliver, con una voz suave que no era la suya.- Nadie amenaza a Severus y vive para contarlo si yo tengo algo que decir al respecto.-
- Era mi hija, sabes. Debería estar enfadado… es lo más cerca que llegaré a tener hijos con Sev.-
- No seas ridículo. Era nieta de esa vieja bruja. Y quieres a una hija tuya como amante de Voldemort? Esto fue misericordia.-
- Tu concepto de misericordia siempre ha adolecido de ciertas falencias, mi querido Djeri, pero- Lucius se balanceó en los talones como cuando era adolescente.- te quiero igual.-
Oliver/Djeri sonrió, avanzando hacia Lucius y echándole los brazos al cuello. Su voz se hizo tenue y suave, aún mientras dejaba pasos ensangrentados en la madera, y sus manos rojas manchaban la camisa blanca de Lucius. Los dos ignoraron la sangre, ignoraron el olor metálico y el cuerpo de Moira, para besarse con fruición y ansiedad, disfrutando el roce de esas dos bocas sensuales. Lucius fue el primero en emitir un gemido, y luego sonrió con los ojos cerrados.
- Dime que esto no es solipsismo. Soy tan bueno en eso que cuando algo es tan bueno como esto, normalmente no es cierto.-
- Tu solipsismo te ha permitido llegar al aquí/no aquí, Lucius. No me preguntes cómo… Stefan podría explicártelo, yo no tengo idea de esas cosas, pero… viniste a Severus. Viniste, sin dejar Azkaban, sólo por la fuerza de nuestro lazo. Tú viniste de la condena, yo vine de la muerte. Cómo dejar a Severus solo, ahora que nos necesita más que nunca?-
- Djeri… cómo? Pensé que estarías en el infierno… pensé que…-
- No sé dónde estaba, ni si han pasado años o un día. No sé lo que hay más allá del velo, ni siquiera sé si soy un fantasma, un pedazo de alma atávica y visceral aferrada a Oliver o si sólo soy algo atrapado en el limbo. No sé si hablo a través de la habilidad de médium de Oliver o si es por que es mi hijo: No sé quién o qué soy.- dijo Djeri, hablando en el cabello de Lucius.- Pero te amo, y estoy aquí, y tú estás aquí. Qué importa lo demás?-
Lucius emitió un gemido, y le echó los brazos al cuello con tanta hambre y desesperación que los dos perdieron pie y tropezando cayeron sobre el sofá de Severus, a pocos metros del cadáver de Moira que se enfriaba, besándose y oprimiéndose el uno contra el otro sin dejar de decirse incoherentes palabras de amor.
Cuando amaneció, Severus sólo encontró a Oliver dormido, ojeroso y exhausto en el sillón. Pero sabía que no había sido un sueño.
La sangre de Moira estaba seca en la madera. Snape sintió que le fallaban las piernas, y entonces sintió a Draco aporreando la puerta.
