Capítulo 10
Sede de la Agencia Central de Inteligencia. Langley, Virginia. 20 de marzo de 2006
En su despacho, Robert Conrad examinaba los últimos detalles de una operación que, de manera fulminante, culminaría en las siguientes horas. Al menos, esa parte. La actividad frenética desarrollada en las semanas previas le habían mantenido activo y centrado en lo que iban a hacer.
Ahora, en la aparente tranquilidad de su despacho, analizaba más cuidadosamente otros aspectos de ella. La forma en la que iba a iniciar su nuevo trabajo como responsable de zona de la CIA, con aquel golpe de efecto le preocupaba. Había incluido el asunto de los documentos, pese a la discrepancia del Director de la Agencia, no sólo por un motivo simbólico. Robert Conrad entendía que era un reconocimiento al arriesgado trabajo que habían llevado a cabo los hombres que él mismo había seleccionado para evacuar a Andrés Miranda. Las precauciones que había tomado Taylor con respecto a aquellos documentos le había facilitado aquella opción, y Conrad decidió brindarle la oportunidad de poner la guinda a una detención que ya no se le atragantaba, a pesar de tratarse de su superior directo. Ello, además, le reportaría que su adjunto confiara aún más en él. Y eso era esencial.
En ello pensaba cuando la puerta de su despacho se abrió y el Director de la CIA asomó la cabeza. "Moore y McAllister ya están aquí," anunció. "¿A qué está esperando, Conrad?"
Ni el general Moore ni el Director del FBI, John McAllister, conocían versión diferente que la que John Davis les había dado. Conrad temía los efectos de su reacción sobre Taylor, le preocupaba que no pudiera hacer frente a la presión de tres hombres tan poderosos. Estaba esperando a Taylor, le habría gustado hablar con él, darle algo de información, pero parecía que eso no sería posible. Pensando por un segundo que quizás todo aquello era un error, aunque seguro de lo que ocurriría en los siguientes días, en sus primeros días como Director de zona, decidió confiar en un hombre, que hasta ahora, no había mostrado una sola señal de debilidad, aunque era consciente de que el ex marine, Díaz, se lo había puesto en ocasiones difícil.
Levantándose, siguió al Director de la CIA hacia un despacho cercano, donde dos técnicos ponían a punto sonido e imagen. Pronto, en una gran pantalla, pudieron ver el aún despacho vacío del Director de zona, John Davis.
Conrad miró la hora, 9:15. En quince minutos, si Taylor llegaba puntual, comenzaría un interrogatorio con final aún incierto. Poco después, otro hombre se unió a ellos, un hombre que había resultado ser el eje fundamental de la operación. Situándose junto a Conrad, ambos intercambiaron una significativa mirada. ¿Aguantaría el joven agente federal la presión?
Una hora antes, en la vivienda de Columbia Heights, Danny Taylor revisaba por última vez la documentación que llevaría consigo, una documentación que le había llegado a través de su mensajero habitual en un sobre cerrado que firmó cruzando el cierre, junto con el impreso de entrega. Junto a él, los sobres que contenían aquello que les había pedido a sus hombres el primer día y que tanto había enfadado a Jason Díaz. Desconocía su contenido, pero lucharía porque fueran debidamente recompensados, tal y como les había dicho.
Se ajustó la corbata, cogió las cosas y echó una última mirada a aquella habitación. Por fin había llegado el día en que recuperaría su vida. Escuchando la voz de Jason avisándole de que el coche había llegado, intentó calmar los nervios que empezaban a atenazarle y bajó las escaleras.
"Vamos," dijo a su compañero.
Los últimos días, desde que Patrick y Alex habían abandonado la casa habían comenzado con una bronca monumental. Danny no había previsto que el contacto de Jason fuese alguien a quien había conocido hacía apenas tres meses, menos que fuese su novia. A Jason le costó trabajo entender que la labor de Laura no era en absoluto peligrosa, aunque sí importante. Pero ahora que salían de aquel cautiverio, ahora que la historia llegaba a su fin, Jason no había tenido más remedio que admitir que Danny había hecho un buen trabajo y que, tal y como les había prometido, les había protegido durante todo ese tiempo.
"¿Nervioso?" preguntó Jason, pasándole un botellín de agua y unas pastillas.
Danny hizo una mueca, antes de tragárselas sin siquiera preguntar para qué eran. "Todo saldrá bien," le animó Jason. "Has hecho un buen trabajo; si algo falló, fue la cobertura que tenían que habernos dado una vez que Miranda salió. Pero eso no era cosa nuestra."
"No, no lo era," accedió Danny intentando calmar sus nervios. La cabeza le daba vueltas, no sabía lo que iba a encontrar, no había hablado con Robert Conrad y ni siquiera sabía cómo iba esa parte de la historia cuya información había recibido a última hora antes de iniciar la operación.
Se sobresaltó al escuchar la pregunta de Jason, "¿Qué no me has contado, Danny?"
"No tiene importancia," le respondió él.
"¿Seguro?" insistió él.
"Ya veremos, Jason. No es algo que dependa de nosotros. Oye, no hagas lo que siempre haces, no voy a discutir contigo ahora," le respondió Danny.
"Ya," accedió malhumorado Jason. Aunque tenía razón, no era buen momento para discutir.
El recorrido hasta Langley lo hicieron en silencio. Jason entendió el nerviosismo de su compañero por la responsabilidad que tenía, por el compromiso que había adquirido con ellos, especialmente con él. Se dio cuenta de que quizás le había exigido algo que no le correspondía, especialmente desde que supo que Danny no era el agente de la CIA que él pensaba, sino alguien a quien posiblemente habían reclutado igual que había hecho con él.
Le acompañó en su entrada al edificio de la CIA, en los controles, hasta que llegaron al vestíbulo del lugar donde iba a celebrarse la reunión y un agente les frenó. "Venga conmigo agente Taylor," dijo. "Usted, puede esperar aquí." Le dijo a Jason señalando unas sillas.
Jason y Danny se miraron un momento. Había llegado la hora. Dándole la mano, Jason le dejó el frasco de pastillas que ya le había dado al salir de la casa. "Una por hora, la próxima en 20 minutos."
"Bien," fue la respuesta casi inaudible de Danny. "Coge esto," le dijo entonces a Jason dejándole la documentación que había llevado consigo. "Si algo no sale bien, dáselo a Robert Conrad, recuerda su nombre, es mi contacto, ¿de acuerdo?"
"¿Qué es?" preguntó Jason.
"Son nuestros informes, y vuestras cartas de petición," le dijo Danny. "Dime que lo harás."
"Todo va a salir bien, Danny," le tranquilizó Jason notando en repentino nerviosismo de su jefe. "Está bien," siguió al ver su mirada de advertencia. "Lo haré."
Jason se sentó frente a la puerta que se abrió a continuación y tras la que Danny desapareció. Poco le dio tiempo a ver, aunque pudo distinguir la figura de, al menos tres personas.
…
Sintiéndose súbitamente agobiado por el insistente alegato del Director de zona John Davis, el Director del FBI McAllister, se dirigió a la puerta y abriéndola, salió con el documento en la mano, reteniendo lo que desde hacía un rato no terminaba de aclarar y estaba encontrando ahora una explicación para ello.
Respiró profundamente intentando aliviar la tensión, mientras reparaba en el grupo de personas sentadas en el vestíbulo. Permaneció de pie, caminando de un lado a otro, pasando las páginas de aquel documento, leyendo unos párrafos y luego otros, mientras negaba con la cabeza y fruncía el ceño. Un casual desvío de su mirada hacia aquellas personas le hizo de pronto comprender por qué estaban allí. Algunas de ellas portaban unos sobres y si eran iguales al que acababa de ver en el regazo del joven militar, con una firma cruzada en la solapa, aquello sólo podía significar una cosa. No pudo evitar una sonrisa de satisfacción al tiempo que la desazón y la inquietud se apoderaba de él. ¿qué estaba ocurriendo? ¿formaba parte de alguna maniobra?
Fue en ese momento cuando el general Moore apareció a su lado, aún con la cara enrojecida de rabia contenida. "¿Cómo se atreve a decir que le dejaron dentro de la base, y vivo?" le dijo en voz baja, al percatarse de la gente que había allí.
Si hacía un momento, era Jack Malone quien se había sobresaltado al identificar al Director del FBI, era ahora el teniente coronel Miller, quien hacía lo propio con el general Moore, a quien, a pesar de no conocer personalmente, sabía del rango que tenía en la base de Guantánamo. Observando que Alex no le conocía, no dudó en ponerle al corriente de quien era aquel militar.
"¿Qué insinúa? ¿qué le matamos nosotros?" continuó Moore, encarándose a McAllister.
"Cálmate Albert. Fíjate en esto," le dijo mostrándole dos párrafos del documento, separados por varias páginas de contenido. "Llevo un rato con la corazonada de que algo no me cuadraba y es esto."
El general leyó ambos párrafos y se le quedó mirando. "¿Qué quiere decir?"
"Fíjese en la redacción, es diferente… es como si la primera parte del documento estuviera redactada por una persona diferente a la segunda parte del documento. Y es más… fíjese en estas personas a nuestro alrededor."
Al señalarles, todos permanecieron en silencio. Patrick tragó saliva, por lo evidente del gesto. Jack frunció el ceño, aquello era realmente extraño y Jason negó con la cabeza maldiciendo a su compañero por no decirle claramente qué estaba pasando. Miró la hora, habían pasado tres horas desde que Danny había entrado en aquella habitación. Ninguno de ellos se había movido. Tras él, al poco tiempo había llegado Patrick, luego Alex con su uniforme militar acompañado de un teniente coronel, su contacto adivinó Jason y finalmente, Laura. El maldijo internamente entonces al ver la cara susto de la mujer, que no entendía por qué estaba allí. Pero estaba, y llevaba consigo aquel sobre. Respiró aliviado mientras se aproximó a ella y pacientemente escuchó todas sus protestas. No podía más que darle la razón, después de tres meses, él se había despedido de ella con una conversación ambigua sobre alguna misión y no había vuelto a saber nada hasta ocho meses después. Sin embargo, estaba allí.
El último hombre en llegar era un desconocido para él, pero Patrick y Alex le indicaron de quien se trataba. Jack Malone, el supervisor de Danny, probablemente su contacto. Llevaba dos sobres con él. Recordando los que le había dejado Danny, se preguntó si tendría que entregárselos al tal Robert Conrad o no.
Ahora, nervioso, observaba como los hombres que habían estado interrogando a Danny, salían, susurraban, comprobaban unos papeles y ahora les señalaban a ellos. Pero ninguno se aproximó.
"¿Quién le hizo llegar este documento?" preguntó Moore compartiendo la impresión que el Director del FBI estaba deduciendo.
"Davis, esta mañana, antes de comenzar la reunión. ¿Y a usted?" preguntó McAllister a su vez, conociendo la respuesta.
Ambos se miraron con una expresión completamente diferente y regresaron al despacho donde Davis seguía discutiendo con Danny las conclusiones de aquel documento.
Nadie podía decirle a Danny que no lo hubiera intentado pero tras tres horas, durante las cuales gran parte de ellas habían transcurrido con relativa normalidad, mientras discutían los detalles de la localización y liberación de Andrés Miranda, la noticia de que el espía cuya liberación tanto sacrificio le había costado no sólo a él, sino a sus tres compañeros, había muerto, rompió la calma que había mantenido hasta entonces. Era una noticia no sólo imprevista sino devastadora porque hacía inútil toda la labor que ellos habían hecho. Fue entonces cuando entendió por que los tres hombres insistían tanto en que les facilitara todos los nombres y las personas que él pudiera entender que estaban involucradas. Luis García, Clara Torres eran los ejemplos más evidentes, aunque según consideró, meros partícipes, pero como les hizo saber, alguien más tenía que estar detrás o mucha coincidencia era lo que le habían hecho el día anterior a su salida de la prisión, algo que ni él sabía, al estar desconectado el transmisor que llevaba y que había funcionado perfectamente hasta la salida de Miranda. Pero poco más podía decir.
Fue entonces, cuando el Director de la CIA y Robert Conrad se miraron. "Yo creo que ya podemos entrar," observó el hombre que observaba la escena junto a ellos.
"No, aún no. Voy a darle la oportunidad de ponerle entre las cuerdas. Se lo debo," dijo Conrad.
"Es innecesario lo que le está haciendo pasar. No es uno de los nuestros," objetó el otro, preocupado, aunque su preocupación poco tenía que ver con la presión que ejercían sobre aquel agente del FBI.
"No lo es, pero ha aguantado situaciones peores y lo sabes," discrepó Conrad. "Además, no estamos tan lejos."
Suspirando, su compañero no tuvo más remedio que aceptar. Robert Conrad era de hecho, el nuevo Director de zona, con toda probabilidad su superior directo a partir de ahora.
"Director Davis, ¿de dónde han salido los documentos que nos ha dado esta mañana?" preguntó el general Moore antes incluso de cerrar la puerta. Fuera, todos escucharon la pregunta. Jason se preguntó si lo habría hecho a propósito.
"Se han extraído directamente de los ordenadores que se les proporcionaron en la casa, donde, por su seguridad han estado viviendo desde su llegada hasta hoy," le explicó Davis. Tanto los ordenadores como los teléfonos móviles estaban conectados directamente a la Agencia y es así como, cuando el agente Taylor finalizó su trabajo, los extrajimos aquí."
"¿Es eso cierto, agente Taylor?" preguntó McAllister.
"Esa era la idea, en efecto señor. Pero, como ya le he dicho, ese no es el informe final que yo redacté. Tampoco veo los informes individuales que pedí redactar a cada uno de mis hombres, a fin de tener una información lo más detallada posible, pues como sabe, el grupo estaba dividido. Dos personas fuera, dos dentro. No creo que deba molestarles en explicar de nuevo como fueron las cosas, ya que es evidente que ustedes no tienen la más mínima intención de escucharme," dijo Danny en un tono calmadamente tenso. Su estómago estaba comenzando a protestar de nuevo y aunque no lo pretendiera, no le quedó más opción que tomarse otra de aquellas pastillas que Jason le había dado. Ya no recordaba cuantas se había tomado ya. "Les he explicado como la primera parte de la operación está redactada exactamente igual que como ocurrió, hasta que mis compañeros Alex Córdoba y Patrick González, dejaron en perfecto estado a Andrés Miranda en la base de Guantánamo. Las dificultades que tuvimos al desarrollar la segunda parte del plan que no tenía que haber llevado mucho más allá de 10 días, no son las que se muestran en ese informe. No es lo que nosotros redactamos en esos ordenadores."
"¿Puede probar lo que dice?" preguntó entonces McAllister, dándole a su agente una oportunidad que hasta ahora no se le había brindado.
"¿Qué tiene que probar?" casi gritó Davis, súbitamente nervioso.
"Permita que el agente Taylor conteste a la pregunta," le interrumpió Moore.
"Puedo probarlo, por supuesto señor. Una vez finalizados los informes, le pedí a Patrick González que cifrara el contenido y lo enviara a una dirección de correo electrónico que le proporcioné," respondió Danny.
"Bien," murmuró Robert Conrad, una planta más arriba, mientras una sonrisa de satisfacción se dibujaba en su cara.
El agente a su lado, se revolvió nervioso, mientras su mente trabajaba a toda velocidad, sin encontrar resquicio alguno que justificara su nerviosismo en aquel momento.
Davis había palidecido.
"Si desean comprobarlo, el envío de la documentación aun cifrada, ha de estar registrado, si no aquí, desde luego en los servidores de las oficinas del FBI en Nueva York, en Personas Desaparecidas, concretamente. Fue allí, donde envié a Patrick con una nota para el responsable informático, y descifraron el contenido de esos informes. Se puede comprobar que no han sido manipulados en ningún momento, señor."
"Eso no es posible," objetó Davis. "Ustedes no han salido de esa casa desde que el mismo momento en que regresaron. Está usted mintiendo, agente Taylor. Una vez más."
"Eso es muy interesante," dijo el Director del FBI, ignorando las palabras de Davis y dirigiéndose directamente a Danny. "¿Por qué lo hizo? ¿Y dónde están esos documentos que, según usted, agente Taylor, son los originalmente redactados por usted y su equipo?"
El Director de la CIA movió la cabeza sabiendo que tendría que ser él quien detuviera a Davis y que para eso faltaba ya muy poco.
"Lo hice porque soy consciente de que ninguno de nosotros estaba preparado para llevar una misión como esta. Porque intuí las razones que llevaron a nuestro reclutamiento, porque nunca estuve seguro de que Miranda o nosotros mismos saliéramos con vida de allí, especialmente después de recibir cierta información de mi contacto, justo el día antes de salir, cuando ya no se podía hacer otra cosa, señor." Le explicó Danny. "Se realizaron cinco copias de nuestros informes, en papel oficial del FBI y numeradas consecutivamente. Se enviaron con orden de custodia y una citación para presentarse hoy en estas oficinas a tres personas. Las otras dos las tiene el agente Robert Conrad y yo mismo."
Davis levantó una ceja. "¿Y dónde está el suyo?"
"Lo tiene mi compañero, Jason Díaz, quien me acompañó hasta aquí esta mañana."
Danny sabía que al menos, Jason y Conrad tendrían las copias y estaban allí. No podía saber lo que había hecho el resto.
"¿Por qué ha hecho esto, Davis?" preguntó Moore. "¿Qué pasó realmente con Miranda? Y ¿dónde está su cuerpo?" Eran preguntas que hasta ese momento no se había hecho, pero le parecieron muy apropiadas ahora. Preguntas que en aquel momento se quedaron sin respuesta, al abrirse una puerta lateral para dar paso al Director de la CIA y a Robert Conrad.
"Eso se lo responderá en breve el agente Conrad, general Moore," dijo el Director de la CIA. "John Davis, queda usted arrestado por conspiración, tráfico drogas, contrabando, contraespionaje… y falsificación de documentos," le dijo, mientras uno de los agentes que entró con él le ponía las esposas.
Davis comenzó a protestar pero el Director de la CIA le interrumpió dirigiéndose a sus agentes. "Y léanle sus derechos. Sáquenle de aquí."
Esperó un momento a que los agentes se llevaran a Davis por aquella puerta lateral.
"Entiendo que les debo una explicación," les dijo a McAllister y Moore.
