10.- Desesperación. Último grito. Dolor.-

(Severus)

Esta situación no podía ir de mal en peor, primero la mocosa más pequeña internada en San Mungo con su edad real y ahora la segunda pequeña sedada en mi habitación. Sencillamente perfecto. Gruñí internamente mientras me encaminaba a la dirección por un llamado urgente de Albus Dumbledore. Ojalá ese viejo tuviera alguna explicación para lo que estaba sucediendo, porque francamente esto está escapando de todos los parámetros normales que puede haber dentro de nuestro mundo.

¿Me mandó llamar? – pregunté entrando. Grande fue mi sorpresa al encontrarme ahí a Black y un sanador de San Mungo. Pensé lo peor – ¿Se encuentra bien la señorita Summ?

Calma, Severus – dijo Albus. Me giré para mirarlo y pude ver que no mentía.

¿Entonces qué sucede? – pregunté de malos modos.

El sanador viene a buscar a Sofía – respondió Black, mirándome directamente a los ojos – Creo que lo mejor para ella es estar lejos del castillo y de tantas situaciones de estrés innecesario, además así podrá estar cerca de Alexxa.

Mira, chucho – dije apretando mis puños – Si ella está ahora en ese estado es por culpa de tu amigo – lo fulminé con la mirada – ella estaba bien hasta antes de empezar a tener sentimientos por ese licántropo idiota que es Lupin, que no sabe moderar sus palabras ante una mujer…

¡Lo dices tú! – gritó levantándose de la silla en que estaba, botándola estrepitosamente al suelo – Desde que llegó las trataste con la punta de tus zapatos, nunca fuiste compasivo o bueno con ellas, las insultaste, las provocaste… ¡Y ahora te quieres comportar como el hombre bueno de todo esto! ¡Yo soy su hermano!

No de sangre – dije en un susurro frío – Eres su hermano porque te impusiste ante la voluntad de ambas muchachas, idiota – su rostro se ensombreció – No niego que esas chiquillas te aprecian mucho, en especial Sofía - ¡¿Qué estás diciendo?! – Estaba preocupada pensando que las iba a tomar contigo, pero te has comportado de forma decente con ellas, Sirius – por primera vez decía su nombre, y la verdad no costaba hacerlo, como lo pensé – Déjame encargarme de Sofía, si las cosas se me salen de las manos te juro que dejaré que la internes si deseas – el rostro de Black, era épico, no podía creer lo que le había dicho.

Suenas sincero, Snape.

Severus, si no te molesta – dije, tendiéndole la mano – Después de todo Alexxa tenía razón, no podemos seguir con una rencilla de adolescente cuando ambos ya somos hombres – sonreí con sinceridad.

Por primera vez te encuentro toda la razón, Severus – dijo tomándome la mano con una gran sonrisa – Toda la razón.

Hasta que por fin reaccionan… - me giré para encontrarme con una pálida Sofía que miraba la escena con una gran sonrisa – pensé que tendría que jugar sucio con ustedes… - se tambaleó, pero Black, rápidamente llegó a su lado para tomarla de la cintura y hacerla sentar.

No debería estar aquí, señorita – dijo Albus, mirándola severamente.

Estoy bien – respondió con una media sonrisa, mirándome directamente – Tengo dos buenos enfermeros.

¡LO SABIA! – gritó alguien desde la puerta del despacho. El sanador con un gesto de la cabeza desapareció por la chimenea para darnos espacio.

Lupin estaba en la puerta todo desarreglado y creo que algo borracho. Condenado hombre… No sabía perder dignamente.

Remus, cálmate – dijo Albus, saliendo de detrás de su escritorio, para acercarse a él.-

No venga con patrañas, director – dijo en tono seco, fulminándonos a todos con la mirada, vi de reojo a Sofía que sonreía, aunque en sus ojos pude ver frialdad y algo indescifrable en el fondo – Usted sabía que Black tiene algo con ella, al igual que Snape…

No seas idiota, amigo – dijo Black, con ambas manos en alto, dando pasos hacía Lupin, que había sacado la varita y nos apuntaba a ambos.

Ahora soy idiota – siseo Lupin – Gracias, amigo…

Remus….

¡Desmaius! – exclamó Lupin, apuntando a Black, que por confiado o por pensar que Lupin no le haría daño no estaba alerta, el hechizo lo hizo volar y caer inconsciente al suelo. Intenté acercarme a él – Un paso más, Snape y el siguiente serás tú.

No sabes lo que estás haciendo, Lupin – refunfuñé – Esto te pesará por siempre…

No sabes nada de mí, no intentes adivinar – dijo con resentimiento.

Por favor, para – susurró Sofía. La miré y me llevé una sorpresa. Su pelo misteriosamente había crecido, y ahora le llegaba a la altura de su codo y le tapaba el rostro, y seguía siendo de un rojo intenso – No sigas con esto, Remus – volvía a tratarlo por su nombre – No sigas desilusionándome, no quiero terminar odiándote – levantó su rostro y pude ver que sus ojos cafés estaban llenos de lágrimas.

Pequeña… - susurró Lupin, bajando su varita.

No hay pequeña en esta habitación, Remus – dijo con una sonrisa triste – dejé de ser una niña hace tiempo – suspiró – Me arrepiento, claro está… pero no quiero arrepentirme de lo que sentí… siento por ti – se levantó un tanto tambaleante de su silla - ¿Te puedo confesar algo? – le hablaba como si Albus y yo no estuviéramos presente. La miré detenidamente, al parecer no se daba cuenta que aún estábamos ahí… Maldición, esta sensación de que algo no va bien, se está incrementando – Me enamoré de Ariel porque se parecía mucho a la imagen que proyectaban los libros de ti – sonrió.

¿Qué?

Eso – respondió con simplicidad – Él se parecía mucho a lo que yo adoraba de ti era amable, cariñoso, un caballero… - su rostro se entristeció – pero aunque todo cambió de un momento a otro, no me importó, seguía viéndote en él… quizás por eso no podía odiarlo – esa sonrisa que tenía en el rostro no me gustaba nada – Por eso también no puedo odiarte a ti, sería como odiar una parte de mi persona.

Suenas como si te estuvieras despidiendo – dijo Black, levantándose del suelo – No me gusta.

No tiene por qué gustarte – respondió ella, acercándose a la puerta – y no es una despedida, solo es la confirmación de un hecho – se giró para mirarme, estaba sonriendo – Creo que no me equivoqué al unirme a ese grupo de la red social denominado "El Escuadrón de Snape"… eres mucho mejor persona de lo que pude imaginar… eres simplemente una persona maravillosa Severus – luego de eso se giró y se marchó de la oficina, dejándonos a todos anonadados.-

Me tuve que dejar caer en una de las sillas del despacho, me dolía el pecho… era la misma sensación que tuve cuando iban a atacar a Lily. Observé como Black era ayudado por Albus y Lupin, pero no podía soltar ninguno de mis comentarios mordaces ni malsonantes; debía admitirlo, estaba preocupado por esa mocosa insolente

(Sofía)

Iba caminando intentando contener las lágrimas, había dicho no más a llorar por algo que verdaderamente no valía la pena… Ariel ya estaba muerto y descomponiéndose… tenía que seguir mi vida… Me abracé y me dirigí hacia el único lugar me dará algo de paz: la Torre de Astronomía. Al llegar pude sentir el aire helado en mi rostro, esta sensación de libertad era única. Suspiré.

Quisiera que estuvieras aquí, Alexxa – dije en voz alta, mientras una lágrima traicionera bajaba por mis mejillas – Necesito a mi amiga – sonreí con tristeza – y creo que tú necesitas un corazón nuevo, amiga… ojalá nunca nos hubiéramos topado con esas basuras – suspiré – Amiga, por primera vez siento que mi vida no vale nada, que no debe seguir… creo que te mentí por mucho tiempo… no es que no sintiera nada por Ariel… aún lo amo – más lágrimas caen por mis mejillas – lo amo tanto que duele… se me desgarró el alma verlo muerto… tú sabes que jamás lo hubiera matado, Alexxa… tú sabes que solo lo habría torturado – sonreí a través de las lágrimas – mi vena Slytherin, como le dices tú…. A lo más lo habría dejado morir… pero no matarlo directamente, hacerlo sufrir hubiera sido perfecto…- me abracé a mí misma y me dejé caer de rodillas al suelo – Duele… duele el pecho amiga, como nunca antes… ni cuando fui decepcionada y arrojada al lado como algo viejo… Duele saber que ya no va a estar ni en este ni en el otro mundo… pensar que fue Remus quien lo hizo peor me hace… amiga… - sollocé – Ojalá puedas ser feliz por ambas en este mundo… me pesa la conciencia… me pesa el alma… duele recordar… quiero borrar todo – me levanté como impulsada por un resorte – Sé que me perdonaras, claro, cuando entiendas porque hago esto… y bueno, si no lo haces, no queda de otra… siempre serás mi amiga, mi hermana gemela de otra edad – solté una risa histérica mientras me subía al borde la muralla – Siento tener que dejarte, pero creo que podrás sobrevivir sin mi…

¡SOFÍA! – gritó alguien detrás de mí. Giré mi cabeza para encontrarme con un horrorizado Severus, sonreí aún más.

Tenía pensando hacer esto sin público, Severus – dije con toda calma.

Bájate de ahí, ahora mismo – dijo sin moverse de donde estaba – No es un buen lugar para estar.

Lo mismo te digo, no tienes por qué ver esto – dije, frunciendo el ceño – No es tu problema ni el de nadie.

No tienes por qué quitarte la vida por alguien que no vale la pena – su voz no era nada más que un susurro, se había acercado bastante a donde yo estaba – No me hagas esto, pequeña.

Me lo hago a mí, Sev – dije, aguantándome las ganas de bajar y abrazarlo – Repito lo que dije en el despacho del director: eres una gran persona – mis ojos se volvieron a llenar de lágrimas – Ojalá te hubiera conocido en otras circunstancias… aunque tu carácter sea de lo más despreciable en el fondo y sabiendo buscar eres el mejor hombre que he conocido, que se muestra tal cual es y no con caretas – vi como levantaba una ceja – Todo lo "malo" que me hiciste fue para probarme… y te doy las gracias por ello, me hiciste darme cuenta que siempre he estado equivocada.

No hagas una locura – Severus se acercó otro poco, estaba casi por alcanzarme.

Tienes que jurarme que cuidaras a Alexxa por mí – sonreí – y que mantendrás una relación de personas civilizada con Sirius, le tome mucho cariño a él… ¡Ah! Y no dejes que Remus se hunda en una depresión innecesaria… ¿Lo harás?

¡Lo juro! – exclamó, desesperado – Pero no lo hagas, por favor… Te ayudo a olvidar todo, pero no lo hagas… no te lances…

Eres el mejor espía, pero dejas tu varita donde el director – dije con un toque triste – Me defraudas, Sev.

Por favor… - rogó.

Lo juraste – dije, antes de cerrar los ojos y lanzarme al vacío.

(Severus)

Estaba sentado en San Mungo totalmente shockeado y con mis manos llenas de sangre, al igual que mi ropa. La pequeña se había lanzado sin escuchar mis ruegos… quién sabe cómo logré llegar abajo en tan poco tiempo, pero se me destrozó el alma al verla y más al sentir que su corazón aún latía levemente…. Haciendo un acopio de mi poder lancé un patronus sin varita… todo lo demás fue difuso… ahora ambas niñas estaban peligrando, pero la chica de pelo rojo era la que verdaderamente más me preocupaba.