Ya habían pasado cerca de un par de meses en los que Leo y yo nos dedicamos a viajar y a conocer más sobre el mundo.

Cada lugar que recorríamos era especial, ya fuera por los Pokémon que viéramos rondando en esos lugares o por la estética del mismo.

Al igual que habían pasado dos meses en los cuales me dediqué a despejar mi mente de todo lo que mis padres me habían dicho y a sólo concentrarme en la relación entre Leo y yo.

No era fácil asimilar que mis padres tuvieran otros compañeros y que ambos se habían lastimado pero, preferiría pensar que era lo mejor para ambos y que estaban mejor así.

—¿En qué piensas? —preguntó Leo sacándome de mis pensamientos.

—En nada importante —le respondí sonriente.

Leo no parecía muy convencido pero al final le di un beso en los labios que terminó por convencerlo.

Estábamos reunidos con su familia festejando algo llamado "Navidad", lo único que tenía cien por ciento seguro era que esta época era para perdonar, asi que había invitado a mis padres con sus respectivos compañeros a la celebración.

—¿Terminaron de colocar esas decoraciones? —preguntó Lindsay, la madre de Leo asomándose por la entrada de su casa hecha de madera.

—Ya están mamá.

—Que bien, entren que ya casi es hora —dijo ella emocionada y entrando en la casa dándo saltitos.

Bajé la mirada de dónde estaba sentada viendo cómo Leo me extendía sus manos para atraparme al caer.

Estaba en el pequeño techo que tenía la entrada adornando con unas extrañas plantas de hojas verdes y con pequeños frutos rojos.

—Vamos nos están esperando —dijo Leo instándome a bajar.

—Ya voy.

Con cuidado me senté en la orilla del techo, menos mal que no era tan alto y que Leo podía atraparme más fácilmente, en el estado en el que estaba no era muy buena idea saltar desde esta altura.

Con un ligero escalofrío en mi espalda me dejé caer entre los brazos de Leo agradeciendo que me había atrapado al instante.

—¿Qué pasa? te siento un poco distraída —preguntó Leo bajándome con cuidado al suelo.

—Nada, sólo estoy un poco nerviosa porque mis padres van a venir —mentí con una sonrisa sincera.

—Ya sabes que no tienes que preocuparte, además aquí estoy yo para ayudarte —dijo con una sonrisa y se encorvó para darme un beso en los labios.

Le correspondí el beso y le regalé una sonrisa cuando nos separamos, me tomó de la mano y entramos a su casa dejándonos envolver por el amigable ambiente que había.

La verdad estaba un poco nerviosa porque hoy le daría una noticia muy importante para mi, para los dos, una noticia que tal vez afectara nuestro futuro... estaba preñada, no lo habría sabido de no ser porque su madre me lo dijo además de que últimamente me sentía un poco más pesada y me desequilibraba un poco.

Ella me había abrazado de la alegría y me había dicho que sería un muy buen regalo para su hijo en estas épocas pero, no estaba segura del todo, Leo y yo habíamos dicho que tendríamos cachorros y que viajaríamos con ellos pero, sentía que era muy prematuro tener a nuestro primer cachorro tan pronto.

Le había dicho a su madre sobre mi inquietud pero ella sólo me sonrió, me había dicho con un tono maternal que todo estaba bien que su hijo se alegraría con la noticia y que debería de estar hasta más sonriente para no delatar la sorpresa.

Le di un vistazo a su familia sintiéndome feliz de ser parte de ella también, su madre era muy buena y alegre con una sonrisa permanente en su rostro, su padre parecía todo lo contrario a él, era muy serio a pesar de que ayudaba con las decoraciones no tenía una sonrisa pintada como su compañera o hijos pero, había logrado darme cuenta de que cuando Lindsey pasaba a su lado distraída por los arreglos él le regalaba una mirada y una sonrisa tiernas.

Su hermano Lucien era un poco más parecido a Leo, a pesar de que su color difería mucho del de su padre y hermano al ser amarillo, su personalidad era muy parecida a la de Leo, alegre y con muchas ganas de ayudar a quienes lo rodeaban.

Y por último estaba su hermana Belkyss quien era una adorable conejita y siempre saltaba de la alegría, ella fue la primera que al verme me regaló una sonrisa y me tomó de la mano para presentarme ante su familia.

Sonreí al pensar que tal vez Leo y yo llegaríamos a ser como ellos, una familia feliz que siempre tenía motivos para sonreír.

—Buenas noches, esperamos no infortunar.

Me giré viendo en la puerta a mis padres con regalos en sus manos y con sus respectivos compañeros e incluso papá era acompañado por Will quien esta vez no me mató con la mirada.

—¡Claro que no!, pasen sean bienvenidos —dijo emocionada la madre de Leo.

Los recibió a todos con un gran abrazo y tomó los regalos para ponerlos a los pies del pino que estaba frente a la casa el cual era adornado con algunas cosas esféricas que encendían y apagaban; según Leo era una fiesta humana que Logan, el amigo de su padre, les había inculcado ya que esta era la época de perdonar, olvidar y de escribir una nueva página sin rencores en nuestra vida.

—¡Hija!, ¿Cómo has estado? —preguntó mi madre emocionada abrazándome con alegría haciendo que mi vientre tocara su estómago, ella se separó de mi al instante y me observó, sentí los nervios inundándome —, ¡Estás...

—Mejor hablemos en privado —corté sus palabras saliendo rápido de la casa de Leo dejándolo con mi padre y con el compañero de mi madre.

—¡Hija que alegría! —dijo emocionada abrazándome de nuevo.

—Gracias mamá pero, ¿Podrías guardar el secreto?, se lo quiero decir a Leo de regalo.

—Claro que si, no te preocupes —me sonrió alegre.

Entramos en la casa de nuevo viendo como ya todos estaban hablando amenamente, papá había encontrado algún tipo de conversación interesante con el padre de Leo y Roberth; Lindsey y Sora hablaban también notándose desde lejos la timidez de esta última pero mi madre fue con ellas para amenizar un poco el ambiente, mientras que los hermanos de Leo jugaban entre ellos.

—Whenn...

Me giré encontrándome de frente con Will, me sorprendió que estuviera aquí, no era que lo odiara o que quisiera correrlo con la mirada pero era extraño convivir de nuevo.

—¿Qué pasa?.

—Yo... quiero decirte que siento mucho todo lo que te he hecho, es sólo que... siempre me has gustado y —interrumpió sus palabras en el mismo instante en que sentí como una mano se posaba en mi cintura y me aferraba hacia su dueño—, comprendo que tu y yo nunca seremos nada más de lo que yo siempre he anhelado pero, me gustaría que por lo menos volviéramos a ser amigos.

Podía notar el arrepentimiento en su voz y la sinceridad en sus palabras, la mano de Leo en mi cintura no me dejaba lugar a dudas de que me protegería ante cualquier cosa, posé mi mano sobre la de él dejándole claro que nada malo pasaría, así que opté por aceptar su pequeña petición.

—Está bien, amigos de nuevo —le tendí mi mano con una media sonrisa en mi rostro.

—Amigos —afirmó estrechando nuestras manos.

—¡Ya es hora!, ¡Feliz navidad a todos! —gritó Belkyss emocionada saliendo de la casa.

—¡Vamos a ver los regalos! —dijo emotiva la madre de Leo.

Todos salimos de la casa viendo como ya Belkyss había abierto su regalo y le entregaba a Lucien el suyo, todos fuimos al pino tomando nuestros correspondientes regalos, en mi caso, tomé una caja de parte de mis padres en la cual había muchas bayas de las que solíamos comer cuando paseábamos, los abracé por eso y les di sus respectivos regalos; a mi madre un brazalete hecho de hielo y a mi padre un Magikarp para que probara su delicioso sabor.

—Aquí esta mi regalo —dijo Leo sonriente.

Tomé la pequeña caja que me tendía y la abrí encontrándome con un pequeño aro que tenía al frente una piedra color carmín. Cuando lo saqué de la caja Leo lo tomó y con una sonrisa rebosante se arrodilló frente a mi para quedar a mi altura.

—Leo...

—Una promesa de que siempre estaremos juntos —sentenció con una mirada tierna poniéndome el aro en mi dedo medio.

Sentí como la alegría fluía en mi interior y sólo lo abracé cuidando que su pincho no me hiriera, nos separamos y tomando sus mejillas lo besé en los labios sintiendo como él me abrazaba por la cintura.

—Yo te tengo una mejor promesa de que siempre estaremos juntos —dije finalmente rompiendo el beso con una sonrisa.

Ya no podía dudar más, esto sólo sellaría nuestro compromiso y lo haría más eterno de lo que ya era.

—¿Así?, ¿Dónde está? —preguntó emocionado mirando hacia el pino tratando de encontrar su regalo.

—Aquí —tomé una de sus manos que descansaba en mi cintura y la posé sobre mi vientre, Leo al principio parecía no comprender la situación hasta que finalmente vi como sus ojos se abrían de la sorpresa y me miraban casi sin poder creer lo que sucedía—, feliz navidad —le sonreí.

—¡Oh Whenn!.

Me tomó entre sus brazos y comenzó a darme giros al redor del pino, reía al saber que Leo y yo estaríamos juntos de por vida, y que el cachorro que ahora estaba en mi vientre sólo sería una de las muchas bendiciones que tendríamos a lo largo de nuestras vidas.

Fin.