Veo que os ha gustado el porn... ah, que sorpresa (NO LO ES). En fin, espero que entendáis que el porn tiene sus consecuencias, y son capítulos como este. No sé, a mi idea no es tan potente como otros anteriores, pero tenían que pasar muchas cosas. Espero que os guste a pesar de todo.


Regina Mills

El despertador acababa de sonar, y yo lo apagué con delicadeza, abriendo los ojos. Emma dormitaba a mi lado. Recordaba a la perfección cómo había llegado allí… y por qué se había quedado. Los sucesos que habían sucedido la noche pasada no tenían sentido para mí. Era como si la mujer que había hecho todo aquello no hubiese sido yo.

Me pasé más tiempo del habitual en la ducha. Debía darme prisa, y asegurarme de que las chicas de abajo se marcharan, o al menos que se vistieran. Trataba de mantener la cabeza fría… si mi madre se enteraba de todo aquello lo más probable es que se deshiciera de Emma y no volviese a verla nunca. Me vestí y bajé. Lacey y Ruby habían desaparecido.

Parecía que no iba a tener que ocuparme de nada, después de todo. Subí de nuevo, buscando mis libros, y me encontré a Emma, aun dormitando. No sabía qué iba a pasar ahora entre nosotras, pero por el momento le puse la mano sobre el hombro y la agité para despertarla

Emma Swan

Había pasado la mejor noche de mi vida. Dormida entre los brazos de Regina. Me había sentido plena. Sin embargo, mi despertar fue algo más frío. Me encontré con una Regina más fría, que me instaba a despertar y a vestirme para ir a clase. Yo la miré a los ojos, pero ella esquivaba mi mirada. No terminaba de saber qué había ocurrido el día anterior, pero lo averiguaría, desde luego. Me di una ducha rápida, me puse ese uniforme repipi y me peiné un poco, pero no demasiado. Regina estaba en la cocina, preparando el desayuno.

_ Gina…_ La llamé. Ella suspiró y negó con la cabeza.

_ Regina… ¿podemos hablar sobre…?_ Empecé, visiblemente nerviosa.

_ Aquí no, Emma._ Me dijo, negando con la cabeza.

Claro… Zelena podría bajar en cualquier momento y si nos encontraba hablando sobre lo sucedido… bueno, no quería imaginarme lo que podría llegar a ocurrirme. Me senté con Regina, cogiendo el bocadillo que me había hecho, y comí en silencio, mirándola. Ella estaba centrada en su comida. Intuía que estaba enfadada conmigo.

¿Tan mal la hacía sentir el pensar que yo había compartido la cama con ella? ¿Tanto me odiaba por hacerlo? No podría seguir viviendo si ella me odiaba. Con franqueza, dudaba que me hubiese sentido tan bien a lo largo de mi vida como lo había hecho en el momento en el que Regina y yo finalmente lo habíamos hecho. Si antes tenía claro que me gustaba, ahora sabía que no pensaba dejarla escapar.

_ Buenos días._ La voz de Hikari me llamó la atención._ Hoy os llevo yo a clase. ¿Os parece bien?

_ Sí, está bien._ Dijo Regina. Se la notaba muy apagada.

Regina no volvió a hablar salvo para decir algunas cosas necesarias. No subimos al coche y ella se quedó en su lado, mirando por la ventana. Yo sentía mi corazón cada vez más encogido. No soportaba eso. Hikari notó que las cosas estaban tensas, pero no quiso intervenir. Yo esperaba el momento en el que Regina estallara, que me gritase… que me insultase.

Pensé que me lo diría cuando bajásemos del coche, pero ella seguía andando con intención de llegar a clase. Pero si no la detenía en aquel momento, lo más probable es que no pudiésemos hablar hasta que llegase la tarde. Y no creía poder soportar todo aquel día sin saber qué le pasaba por la cabeza.

_ Regina…_ Se detuvo, pero no se volvió.

_ ¿Qué quieres?_ Me preguntó. Tragué saliva.

_ Quería hablar sobre… lo de anoche._ Dije, en un susurro.

_ Emma…_ Se giró, y nos miramos a los ojos._ ¿Cómo quieres que hable de algo que ni entiendo cómo pasó? Anoche no me sentía yo. Era como si no pudiese pensar.

_ Sospecho que Ruby nos echó algo en la bebida._ Lo dudaba… en realidad sospechaba que había sido Lacey. Pero quería apartar a mi rival cuanto antes.

_ No creo que Ruby hiciera tal cosa… apostaría por la chica que te estuvo tirando los trastos toda la noche.

_ Quizás…_ Dije, bajando la cabeza._ Pero… lo que yo quiero saber es…

_ ¿Si me gustó?_ Casi parecía ofendida por la pregunta.

_ Yo…_ En parte quería saber eso.

_ Sí… me gustó._ Suspiró. Yo la miré, algo más tranquila._ Pero a pesar de todo… No estuvo bien.

_ Pero…_ Suspiré.

_ Tengo novia, Emma… bueno, no por mucho tiempo._ La miré, expectante._ Después de lo de anoche… ya no puedo confiar en Ruby.

Iba a romper con ella. Y yo no dejaba de sentirme como un buitre, expectante por recoger los pedazos del corazón de Regina, y ser su hombro en el que llorar.

_ Y además… eres mi hermana._ Apartó la mirada.

_ Sólo lo pone en un papel._ Dije, mirándola fijamente._ ¿Eso es lo que te frena? ¿Tan repulsiva te resulto que no quieres darme una oportunidad?

_ Emma… no puedo dejar que un momento de locura decida mi vida._ Dijo, tratando de rehuírme.

_ ¿Intentas decirme que para ti no significó nada?_ Le espeté, cerrando el puño.

_ Sí…_ Dijo, sin mirarme._ Fue un acto de locura, y nada más.

_ Mírame a los ojos y repítemelo._ Le dije.

_ Emma, no seas infantil._ Dijo, mirándome a los ojos por primera vez en la conversación.

_ Si tan segura estás de que no significó nada, no debería serte difícil._ Me puse frente a ella.

_ Yo… no lo sé.

_ ¿Y esto? ¿Tampoco significará nada?

Regina Mills

Emma me pilló por sorpresa. Me tomó por la cintura y me dio un beso a traición. Quería apartarla, Pero mis manos perdían las fuerzas. Me sentía entregada a aquel beso. Un beso tierno que hacía que cualquiera que hubiesen sido capaces de darme antes, no significasen nada. Mis manos se aferraron a la espalda de aquella joven buscaproblemas, y no pude evitar retener aquel beso hasta que me separé, buscando un aire que estaba empezando a faltarme.

_ ¿Y bien?_ Me espetó, mirándome con cara de pocos amigos._ ¿No significa nada?

Ahora no podía negarlo. No había ninguna sustancia en mi cuerpo que me impulsase a hacer lo que había hecho. Todo había sido obra mía. Me había dejado llevar… y no había podido remediarlo. Me aparté el pelo de la cara, colocándomelo detrás de la oreja, y la miré.

_ Emma… me gustas._ reconocí, provocando que el rostro de la rubia se iluminase._ Pero no quiero cometer el mismo error que cometí con Ruby. No puedo salir contigo… no sin más.

_ Te conquistaré._ Me dijo.

La miré. Tenía una expresión decidida, y estaba claro que estaba plenamente segura de lo que estaba diciendo. Que iba a luchar a brazo partido por mí. Esa mirada decidida ya le daba algunos puntos. Pero no podía dejarme embaucar por su carita de ángel.

_ Y ahora vamos._ Dije, apartando la mirada._ Llegamos tarde a clase.

Amy Valentine

La nana que cantaba para la pequeña Alice estaba funcionando muy bien. La niña no tardaría en quedarse dormida, con el dedo entre los labios. Era muy guapa, como su madre. Lo cierto es que adoraba a la pequeña, pero al mismo tiempo, deseaba devolvérsela a su madre. Perder a un hijo era horrible tuviese la edad que tuviese, pero siendo apenas un bebé, lo que su madre debía soportar era indescriptible.

La pequeña Alice eructó, sonoramente, y la dejé sobre su cunita. Se quedó rápidamente dormida. Yo bostecé y me dirigí hacia la cama, cuando escuché cómo llamaban a la puerta. Desde luego, Discordia era muy insistente. Quién iba a pesar que alguien como ella podría mostrar un amor tan desmedido y unas atenciones que rozaban lo agobiante.

Abrí la puerta y me la encontré. Se había cambiado de ropa. Se había puesto un vestido con un escote de infarto, y su maquillaje, como siempre impecable, recalcaba sus más que apetecibles rasgos. Desde luego, era una diosa, de eso no cabía duda. Una humana no podría ser tan bella.

_ Te he traído comida china._ Dijo, sonriendo y mostrándome una bolsa en su mano._ ¿Puedo pasar?

Me hice a un lado. La verdad es que verla me había dejado sofocada. Era bastante como para cualquiera. Mientras cenamos, hablamos de temas triviales. Ella puso su mano sobre mi rodilla, y yo la dejé. Se me escapaba una sonrisa tonta. Después del postre puse un programa de televisión que solía gustarme. Y, sin darme cuenta si quiera, acabé dejando un beso sobre los labios de mi acompañante.

Ella me miró, acercándose para repetirlo. Yo no me opuse, pues una parte muy profunda de mí la extrañaba. Mis labios fueron amables, los suyos, posesivos. Acaricié su pálida piel, y la miré a los ojos una vez más. Había tantos recuerdos que recobraba cuando la miraba.

_ Discordia… Me gustaría que te quedases esta noche…

Ruby Lucas

¡Joder! ¡Lacey había prometido que no iba a volver a hacerlo! Ahora sí que estaba acabada. Estaba segura de que Regina me iba a romper conmigo. Y en cuanto la vi entrar por la puerta, lo tuve claro. Si es que… la había violado. ¿Cómo no iba a querer darme la patada? Al final ella tenía razón. Sólo era una fulana que buscaba meterse bajo su falda. Lo había conseguido, y ese recuerdo me mantendría caliente durante las noches. Regina se sentó en su taburete favorito, y yo le puse un café, pero ella lo hizo a un lado.

_ Ruby, quiero toda la verdad sobre lo que ocurrió anoche… y no escurras el bulto, ¿De acuerdo?_ Me espetó._ Sé que sucedió algo que no debía, y quiero que me expliques qué.

_ Fue Lacey._ Dije, sincera._ No es la primera vez que hace algo así… pero… se suponía que había pasado la rehabilitación… pasó los test psicológicos. Ella… le echó algo al refresco.

_ Ruby… espero que entiendas que después de esto, no puedo volver a confiar en ti._ Me dijo._ No es algo personal. Pero no puedo salir con alguien en quién no confío.

_ Lo entiendo._ Dije, bajando la mirada, llorando amargamente._ Es lógico… Yo… lo siento… sólo espero que puedas perdonarme y que…

Noté la mano sobre su hombro y la miré. No parecía enfadada. ¿Acaso no me odiaba? ¿No quería olvidarse de mí para siempre? Lo comprendería si así fuese, yo misma me lo había ganado.

_ Rubs… no tengo muchas amigas. Pero… la verdad… me encantaría que tú estuvieses en ese círculo. Sé que eres una buena chica. El problema es que quizá lo eres demasiado… y por eso Lacey te ha engañado.

_ Sí…_ Repetí, mirándola. Sus preciosos ojos mostraban comprensión. Pero eso sólo hacía que me doliese más haberla perdido. Regina no era como las otras chicas.

_ Y no llores._ Me dijo._ Sonríe… porque sonriendo encontrarás a la persona adecuada. ¿De acuerdo?

_ Sí…_ Murmuré, haciendo un amago de sonrisa._ Gracias, Regina.

_ Gracias a ti._ Me dijo._ Lo he pasado muy bien contigo.

Regina salió por la puerta y yo la observé marcharse. Ojalá no lo hubiese estropeado todo.

_ Chica… ¿Hola?_ Alguien chasqueó los dedos delante de mí._ ¿Me pones un mousse de fresa?

La joven llevaba una camiseta blanca y unos vaqueros de un tono rosáceo. Debía tener veinte o veintiún años. Y la verdad, estaba como un tren. Por un momento casi me había olvidado de Regina. Esa mujer que tenía delante tenía un atractivo que te atrapaba y te hacía olvidarte de todo.

_ Claro… aquí tienes._ Dije, sacando el postre que me había pedido de debajo de la mesa._ ¿Quieres algo más?

_ Tu número de teléfono._ Me dijo, coqueta.

_ Vas un poco rápido… ¿No crees?_ Le pregunté.

_ Bueno… suelo conseguir lo que quiero… soy bastante, Divina._ Dijo, riéndose, como si aquello fuese un chiste.

_ Bueno… tómate el mousse… y luego… quizá hablemos de mi número.

Emma Swan

Regina me había dado una oportunidad… y no pensaba desaprovecharla. Con Ruby fuera de la ecuación, era mi oportunidad para lucirme. Pero no tenía claro por dónde empezar. No se me daba bien salir con chicas tan refinadas. Regina estaría esperando algo que lo más probable es que no supiese hacer. Emma Swan, ¿Una mujer sofisticada? Me revolvía en la cama sólo de pensarlo.

Y una vez más… los bordes duros de aquel diario me llamaron la atención. Lo tomé y lo observé una vez más. No sabía de dónde había salido... ni donde estaba cuando no lo veía. Pero las anotaciones en aquel diario me ayudaban a acercarme a Regina. Lo tomé y metí la cabeza entre sus páginas.

¿Sabéis lo que es ver a una persona totalmente descorazonada?

Yo empiezo a pensar que sí lo sé. La gente suele decir que Regina es una villana. ¿Cómo podrían considerar villana a alguien como ella? Creo que jamás había conocido a alguien que haya sufrido tanto como ella. Y yo que pensaba que mi vida había sido dura.

Lo que le ha ocurrido hoy sólo es otro ejemplo. Sólo por un capricho de un loco, ha tenido que quitarle la vida al que en su día fuese el amor de su vida, Daniel. Me gustaría poder abrazarla… decirle que todo saldrá bien… quizá besar sus labios para consolarla. Eso último es algo egoísta. En cualquier caso… somos enemigas… y por ello me veo en la obligación de quedarme en mi coche, observándola llorar a través de unos prismáticos. Creo que es la única persona en todo este pueblo a la que realmente entiendo.

Suspiré, cerrando el libro y tumbándome en la cama. Quizá Regina sí que había sufrido mucho. Porque lo que había demostrado aquel día era tener un corazón curtido en batalla. Iba a tener que ser una mujer perfecta para ella. Se lo merecía.