Capítulo 10

Las cosas habían avanzado mucho para Terry y Candy. Ninguno de los dos tenía duda de los sentimientos que compartían. De lo contrario, ese beso no se hubiera dado. Quien estaba triste por no tener la dama de sus sueños era Archie. La llamada fue emotiva y sublime a pesar de ser corta. Faltaban pocos meses para regresar. Él pedía la resolución de la situación peligrosa para poder visitarla libremente. Hasta ese momento, quien entraba, no salía. O más bien eso pedía: tenerla con él como los demás tenían a su mujer. Anthony mando una carta explicando las circunstancias tan especiales en las que se encontraba la familia. El papá de la señorita le agradeció las atenciones y protección. Estaba de acuerdo que no era conveniente el regreso de ella a la finca. Stear, por otro lado, sentía la presencia de su acompañante más tentadora cada día que pasaba.

¿A dónde vas, Emily? – Preguntó Stear.

Voy al jardín. Quiero aprovechar todo este sol. – Se acerca a él. – Por alguna razón, me siento muy tranquila. Eso no me pasaba desde antes de regresar a mi casa.

Me alegra que te sientas bien. – Parado frente a ella.

Acompáñame. – Alargó el brazo para que él la tomara de la mano.

Claro. – La acepta. – Te llevaré a un lugar especial. Mi tío lo mandó a hacer para Catherine.

Pasearon lento y con calma hasta llegar a ese lugar. Ella estaba impresionada. Era bellísimo. La luz se reflejaba de forma especial, lograba efectos espectaculares; el reflejo de los rayos en los cabellos, el brillo en los ojos. Se miraron fijamente. Después de eso, la relación cambió radicalmente. La dama ya no desearía regresar con su padre. Todos en casa se dieron cuenta de que algo había sucedido, pero no sabían qué; más bien, lo sospechaban, pero prefirieron no decir nada para no abochornar a la pareja. Eso no evitó a Albert hablar seriamente con Stear. Le exigió un comportamiento de acuerdo con un caballero mientras ella seguía siendo responsabilidad de los Andley. La respuesta recibida apoyaba la sugerencia. La señorita en cuestión tenía otros planes. Es más, todas las damas en la casa tenían otros planes para sus parejas.

Catherine estaba en su habitación. Se mantenía triste y cansada. Albert se dedicaba a trabajar todo el tiempo. A veces, no llegaba a dormir hasta tarde. Pensaba que si él no quería verla, mucho menos hablarle, ella respetaría la decisión de su esposo. Tocaron a su puerta. Candy, Emily y Tamy buscaban a la señora. Por un lado, estaban preocupadas por la condición triste y por otra, querían platicar con ella. Con su colaboración, las tres planificaron una noche de fiesta. Deseaban cambiar el ambiente de la casa a uno de alegría. Decidieron hacerlo viernes por la noche. Así, los caballeros no tendrían excusas para detener la diversión a una hora temprana. Elaboraron invitaciones, prepararon la comida, adornaron el salón y el comedor. Todo listo. Ninguna quería entregar las invitaciones durante las horas de trabajo. Vieron lo que sucedió con Catherine la última vez que interrumpió. Candy perdió el sorteo. Después de darle a Terry la suya y haber recibido un abrazo y un beso tierno, se dirigió a la oficina de la casa. Tocó y entró sin esperar respuesta. Adentro, todos la vieron sorprendidos. Albert con ojos de furia subió la mirada. Se suavizó al darse cuenta quién era.

Dignos caballeros… - Comenzó a decir. - …nosotras, las damas de la casa, cordialmente los invitamos a una fiesta. – Repartía las invitaciones al mismo tiempo que hablaba. – Como verán, es esta noche. Los esperamos. – Se fue.

Lo siento, William. Tengo que declinar esta invitación. Tengo otros planes. – Dijo George.

¿Otros planes? ¿A caso tienes a alguien por ahí y no has dicho nada?

Lo que sea que tengo que hacer… - Dice con sorna. - …es mi asunto.

Mucha suerte, George.

Gracias, Archie. – Ve el reloj. – Paremos ahora. Váyanse a arreglar. No dejen esperando a sus damas. – Se levantó y se fue.

Albert, disculpa que me entrometa, pero ¿todo está bien?

No sé de qué hablas, Archie.

Lo sabes. Desde hace un tiempo, Catherine no se aparece por aquí y tú trabajas todo el tiempo.

No hay problema. – Dijo secamente. – Vayan a arreglarse. No las dejen esperando.

Tú también fuiste invitado.

No tengo ganas de ir.

¿Vas a desairar a tu esposa?

… - No dijo nada.

¿Vas a desairar a Candy?

No, no lo haré, Stear. – Se levantó.

Todos salieron sin decir palabra. Subieron las gradas a arreglarse. Albert no encontró a su esposa en la habitación. La verdad es que se sentía mal por la relación fría con ella. No era culpa de ella. También en el fondo, no sabía las razones de su comportamiento. Sobre la cama estaba un trajecito de bebé. Se puso muy nervioso. ¿Serán las inseguridades en su habilidad como padre lo tendrían así? Era lo más posible. La amaba, eso era seguro. Sonrió ante la imagen de su esposa embarazada en su mente. Rápidamente, se arregló también. De alguna manera, dejó aquellos sentimientos negativos atrás. Resolvió hablar seriamente con ella sobre sus dudas.

La fiesta comenzó. Todos vestidos en sus trajes de gala. Cada uno con su pareja, excepto Archie. Ver a los demás, lo hizo sentirse como si fuera un intruso; le hizo falta su dama. A ella le hubiera gustado. La cena fue consumida entre piropos, risas y agradecimiento. Luego, pasaron a la sala para continuar la conversación. Archie pidió a Albert permiso para hacer una llamada de larga distancia. Le respondió que no era necesario pedirle permiso para hacerlo. Los esposos sabían a quien llamaría, los otros no se dieron cuenta por estar concentrados en su propia conversación. Al teléfono.

Me haces falta hoy.

¿Solo hoy?

Siempre.

¿Qué te sucede?

Organizaron una fiesta. Cada uno de mis primos tiene su pareja aquí.

¿Y Candy? ¿No puedes hablar con ella?

Candy también tiene compañía. Te dije que Terry está aquí.

Lo siento; lo había olvidado. Con razón estás así.

Quisiera que estuvieras aquí.

Estoy aquí, contigo. Te estoy abrazando. ¿No lo sientes?

Te siento… - Cierra los ojos para imaginarla con él. - Estás conmigo. ¿Puedes sentir mis labios tocando los tuyos?

Están tan calientitos recorriendo mi cara…

En la sala, Terry acarició una mano de Candy. Los alteró. En sus ojos se miraba el hambre de tocarla no solo ahí. Le sugirió salir a dar una vuelta. Ella aceptó la invitación. En vez de dirigirse hacia el jardín o a otra habitación de primer piso, subieron hasta el último nivel de la casa. Abrieron una puerta que los condujo a una habitación con un balcón de ventanal alto. Desde ahí, se podía ver la ciudad. Parados hacia la vista, él jaló suavemente a Candy por la cintura. Frente a frente, nerviosos y sin decir nada, el actor acercó su rostro hacia el de ella. Depositó un beso tierno al principio. Se dio cuenta de la aceptación por parte de ella. La acercó con fuerza. Buscó el cuello con su boca. La lengua acariciaba su oreja. Sus manos tocaban los senos por encima de la ropa.

Ahh…

Ahh…

Candy… me encantas…

Te…

Candy…

Terry…

Quiero tocarte… estar más cerca…

Estamos juntos… más no se puede… - Dijo con cierta inocencia.

No me entiendes. – Se separó. La vio con seriedad. – Quiero tocarte. Quiero sentir tu piel tocando la mía…

… - La rubia no podía creer lo que oía.

Déjame… por favor… - La besó nuevamente.

Ella subió los brazos y rodeó el cuello masculino. Poco a poco, bajó sus manos. Cuando llegó al saco, lo fue deslizando. Aceptó la propuesta. El vestido cayó al suelo, la camisa, el pantalón, el resto de la ropa formaban un charco de tela. Se entregaron al amor y al placer.

Te amo.

Te amo.

Emily se llevó a Stear lejos de la sala. Con la excusa de darle un regalo, lo convenció a entrar a su cuarto. Él estaba renuente a raíz de su conversación con Albert. Ella lo empujó, cerró la puerta con llave. Antes de poderse dar la vuelta, ella estaba parada mostrando sus atributos sin pudor. La sorpresa lo dejó con la boca abierta. Caminó hacia él despacio y sensualmente. Con cada paso hacia él, él se alejaba. Finalmente, cayó sobre la cama. Los arrumacos no se hicieron esperar.

En cambio, Anthony se quedó con Tamy en la sala. Frente a sus tíos, se arrodilló.

Tamy, desde que te vi, te grabaste en mis retinas. A cada lugar que veo, tú estás ahí. Las flores tienen tu rostro en cada pétalo. El viento solo dice tú nombre. Mi felicidad es la tuya, mi corazón es el tuyo. Durante los días, haré lo que sea para verte feliz. Por las noches, haré lo que sea para verte feliz. Cuando recién nos conocimos, me dijiste que tu sueño era formar una familia con un hombre honrable. No puedo mentirte. Tú sabes que no era ese mi sueño. Pero con tu sutileza y dulzura, me hiciste darme cuenta que quiero lo mismo que tú: formar una familia con una dama honorable. Tú eres esa dama. Tamy… ¿te casarías conmigo?

Sí…sí…sí…

El anillo era un diamante muy sencillo, elegante. Fueron felicitados por los presentes. Albert le guiñó a su sobrino. Catherine les pidió que se cuidaran. Se fueron. Los dejaron solos. Sabían la sesión de pasión a continuación. Subieron a su habitación. Hablaron sobre el embarazo, las dudas y los miedos. Albert no se imaginaba que ella también se sentía abrumada. La discusión no iba bien. Ella salió dando un portazo.

Anthony y Tamy se besaban sentados frente a la chimenea encendida. Él estaba recostado con su espalda sobre el sofá. Ella recostada a lo largo con sus piernas extendidas sobre el asiento. Él la abrazaba juntando sus pechos y sus bocas. Ella se colgaba del cuello del rubio. Las manos bajaron de la espalda femenina a las caderas. Sin darse cuenta, comenzó a rozar las nalgas de la dama. Ella gimió con ese contacto y, por haberse relajado, dejó caer su brazo y se dejó caer un poco rozando la hombría del joven. Ahora, él gimió. Las caricias se volvían más demandantes… más atrevidas. Se desabrocharon los botones de la camisa, se subieron los ruedos de la falda, bajaron una cremallera y un escote.

Todas las parejas estaban haciendo lo que estaban haciendo. Eso pensaba Archie. Así se lo contó a Elly. Colgó el teléfono. Se quedó sentado un rato para no estorbar, por un lado; y, por el otro, recordar la conversación con Elly. Finalmente, se cansó. Escogió dormir en su cama. Salió al vestíbulo. Encontró a Catherine tirada en el suelo inconciente. Corrió hacia ella. Le dio vuelta; se dio cuenta de la sangre localizada en el vestido. Se asustó.

¡Catherine! – Gritó.

Anthony y Tamy salieron corriendo.

Tamy, ve por Albert. – Le indicó Anthony.

Subió corriendo las gradas. Tocó la puerta de Albert. Él abrió la puerta.

¡Albert! Tienes que venir. Catherine cayó inconciente.

¡Qué! ¿Dónde está?

Está en el vestíbulo.

¿Cómo sucedió? – Dijo al tiempo de cerrar la puerta.

No lo sé. Salimos cuando escuchamos a Archie.

¿No la escucharon gritar?

No. Te juro que no escuchamos nada.

Llegaron a donde estaba tirada su esposa. Archie había ido a llamar al médico.


A mis lectores y lectoras:

Espero que en estas semanas les esté iendo mejor que a mí. Mi salud sigue un poco delicada.

Por eso me ha costado un poco comunicarme con ustedes como me gusta hacerlo.

Lo que no puedo evitar es subir los capítulos de la historia.

Les agradezco que la lean.

Espero poder volver a mi normalidad pronto.

Les mando un gran saludo,

TC GAN