Era muy temprano en la mansión Phantomhive y en la habitación del conde se notaba el sutil movimiento de las sabanas. Ciel quien apenas abría los ojos se despertaba notando como su ahora amante a su lado parecía dormir plácidamente mientras uno de sus brazos le rodeaba, embelesado no dejaba de mirar su bello rostro dormido era rara la ocasión que podía verlo de esta forma, pues generalmente era el atractivo demonio quien despertaba siempre primero.

Su mano comenzó a quitar los mechones de cabello del rostro de su demonio para poderlo contemplar mejor, esa suavidad de su piel le fascinaba rozar, con devoción lo acariciaba aun cuando ya no había mechones que quitar, odiaba sentirse de esa manera pero sentía que se odiaría más si no lo hiciera, esas caricias lo provocaban a seguir, ya no podía solo permitir a sus manos ese contacto así que su rostro levemente sonrojado lo fue acercando al otro que seguía dormido. Primero sus narices rozaron de forma cariñosa, pronto sus labios no resistieron y rozando sus mejillas se acercaba con lentitud a su boca que permanecía un poquito abierta.

-¿Qué es esa molesta forma de dormir?- Le susurraba sobre los labios con fingida molestia pero le gustaba como sus alientos se mezclaban entre sí, una pequeña risilla se escapaba del mayordomo que escuchaba la molestia de su pequeño amo quien de todas formas no dejaba de besarlo sutilmente.

-Buenos días...- Susurraba el demonio mientras abría los ojos, el joven que se apegaba a él parecía dar la iniciativa, pues con un profundo beso le daba el "buenos días" a su manera, desde hace una semana se mostraba más cariñoso y sin cohibirse con Sebastian, quien emocionado recibía ese amoroso saludo, un beso que les quitaba el aliento era la mejor forma de empezar el día, cuando se separaron, el mayor con una sonrisa acariciaba el hermoso rostro de ese jovencito que trataba de recuperar el aliento.

-Hoy estás de mejor humor que anoche...- Comentaba el demonio cuando recordaba cómo la noche anterior su pequeño estaba algo irritable por tal motivo no llegaron a intimar, entendiendo el motivo de su malhumor al final terminaron durmiendo juntos sin pelearse.

-Anoche no me sentía bien...- Respondía desviando la mirada, pues era vergonzoso el motivo de su molestia la noche anterior.

-¿Ya no te duele?- Cuestionaba con algo de preocupación Sebastian haciendo que su pequeño amante lo mirara.

-Un poco...- Murmuró entre dientes, pero se notaba lo incomodo que era hablar del tema, pues no era fácil admitir que su ano estaba un poco lastimado por la actividad inusual que tenía con su ardiente amante.

-Lo siento... creo que debería controlarme más.- Se disculpaba arrepentido y lleno de culpa el demonio recordando el motivo por el cual el jovencito estaba algo adolorido, no era algo grave pero si debía tener más cuidado, lo menos que quería era lastimarlo.

-No es para tanto...- Hablaba Ciel sin dar mucha importancia al tema, y con un pequeño beso calmaba a su mayordomo pues se notaba su pesar.

-Deja revisarte...- dijo el mayor sentándose en la cama, tomando un pequeño pomo de crema que era la que utilizó en la noche para calmar el malestar del joven, quien traía a su mente el vergonzoso momento en que Sebastian colocaba la crema en su ano.

-Claro que no... es muy vergonzoso.- Advirtió lleno de vergüenza, una extraña vergüenza que hizo sonreir al mayor.

-Eres tan gracioso... te hago cosas peores por ahí...- Murmuraba entre burlón y con picardía el demonio para calmar un poco la tensión que había en su pequeño, quien con mala cara se disponía a reprenderle.

-Solo cállate...- Le gritó más avergonzado aunque era cierto, pero no entendía por qué le avergonzaba que Sebastian le curara esa parte de su anatomía, si este la conocía mejor que nadie, o tal vez no era vergüenza lo que sentía sino que era la excitación que le provocaba esta situación y que le era muy complicada disimular, no quería parecer un enfermo sexual, excitarse de esa manera aun cuando le dolía y su ano estaba bastante irritado. Estaba tan perdido en sus pensamientos que no sintió que su demonio lo sometía en la cama con un brusco movimiento, dejándolo boca abajo, trató de resistirse pero al saber que le era imposible la lucha, solo escondió su rostro en la almohada y sentía como el otro bajaba su ropa interior, avergonzado se sonrojaba al notar que este abría con cuidado su trasero para revisarle.

-Está un poco mejor.- Decía animado el demonio al verificar que estaba mejor esta parte adolorida de su pequeño amo, quien se alegró de escuchar esta buena nueva.

-Pondré un poco de crema... en la noche tenemos esa velada fuera y debes estar bien...- Hablaba el demonio mientras se disponía a ponerle crema con su dedo índice. -Disculpa...- Alegaba cuando ya introducía su dedo con la crema, como no era visto por el conde se mordía los labios, pues también le excitaba estar así en esa seductora situación, Ciel al igual que su amante se mordía los labios para evitar que un gemido se escapara de su boca.

-Nhn..- Fue el sonido que se le escapó de los labios cuando sentía como ese dedo rozaba con delicia esa parte ahora sensible de su cuerpo, avergonzado escabullía más la cabeza en la almohada, sintiendo como con malicia el demonio parecía introducir un poco más ese travieso dedo, como estaba con esa crema penetraba más fácil además las llagas que tenía ya no dolían tanto.

-Querido... no hagas esos ruidos...- Insinuaba con erotismo Sebastian quien sabía perfectamente lo que hacía, su amo deliraba escondiéndose en esa almohada pues tampoco parecía negarse como lo hizo la noche anterior. Con lascivia lo miraba mientras seguía en ese sensual juego. Ciel se movía con lentitud y con su mano se prestaba a tocar su propia erección, levantando un poco la cadera comenzó a masajearla, descubriendo un poco su sonrojado rostro jadeaba muy bajo.

-Es tu culpa...- Decía entre jadeos mientras se masturbaba, el demonio sonriente y complacido se prestaba a responderle. -¿Yo?- Se le escuchaba decir con fingida inocencia mientras penetraba más su dedo, se moría por introducir dos pero tenía claro que no podía abusar tampoco, lo que menos quería era lastimarlo y así perderse lo que tenía planeado para la noche en esa fiesta. Tomando aire se tranquilizaba un poco y decidió que su amado debía llegar al placer, se lo merecía por aguantar el dolor de la noche anterior. Sin forzar mucho las embestidas, pero no por eso eran menos placenteras en un sutil movimiento seguía orillando al joven que se masturbaba frente a él al placer de un orgasmo.

-Ahh...- era el gemido del joven que con su mano agilitaba el ejercicio de placer que hacía en su miembro sintiendo como humedecido le facilitaba el movimiento.

-Cariño... ¿Puedo terminar por ti?- Cuestionaba el demonio que más que una petición era una especie de orden que el sabia como pedirla a su orgulloso amo, quien no se negó pues esa mano ágil de su demonio era la que más rápido lo haría correrse, acomodándose en cuatro sobre la cama con su ropa interior por las rodillas le daba paso a su sensual demonio que sacaba ese privilegiado dedo del interior del otro, bajándose el pantalón dejaba relucir su también erección, sorprendiendo un poco a Ciel pues sabía que era imprudente ese coito por ahora.

-No... Sebastian... tu cosa me va a doler...- Dijo con un tono entre serio y burlón el pequeño.

-¿mi cosa?... Más respeto con esta "cosa" que te complace...- Respondió a ese apelativo algo despectivo que su amo le había dado a su miembro, Ciel sonrió mientras con la mirada rogaba que lo besara y el demonio que conocía ya esos gestos acomodándose tras de él más apegado se le acercaba al rostro para besarlo, después de ese apasionado beso se separaron.

-Sé que no puedo hacerlo... no te preocupes, solo lo rozaré... te lo prometo...- Le decía al oído después de ese beso, regalándole otro pequeño se acomodaba para lo que harían a tan tempranos horas de la mañana.

-Más te vale...- Le advirtió el conde con la mirada seria, entonces el demonio con una mano tomaba el húmedo pero erecto miembro de su amo y comenzaba a estimularlo con fuerza con su otra mano tomaba su propio miembro y comenzaba a rozarlo en su trasero, abriéndolo un poco lo rozaba como una caricia que ambos extasiaba, se mantuvieron así por unos minutos en medio de jadeos, gemidos y respiraciones agitadas, hasta el punto máximo cuando sus cuerpos no resistieron tanto placer y se corrían casi de forma simultánea en esas sábanas blancas.

-Eres un buen demonio...- Le decía Ciel cuando se recostaron en la cama, era su forma de halagarlo pues su amante cumplió su palabra y no lo embistió, aun cuando percibía que este se controlaba en extremo.

-Eres lo más importante para mi... no quiero lastimarte más...- Se escuchaba decir a Sebastian con una pequeña sonrisa sincera, pues esas palabras eran de lo más profundo de su frío corazón al oír eso el conde solo se avergonzó y como era su costumbre fingía molestarse aunque escuchar esas palabras le llenaban de mucha alegría y sin percatarse sus labios se saciaban en un significativo beso.

Hola...! espero les agrade este nuevo capitulo... muchas gracias por leerlo *