Vaya, el capítulo X, quién me lo iba a decir…
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CAPÍTULO X
Aquella mañana de primavera, Anne se dirigía de vuelta a su casa. Ciertamente sabía que no tenía otra opción, como esposa, tenía que volver con su marido, y no había más vuelta de hoja. No es que Frederick le hubiera hablado en esos términos en su carta, pero qué importaba. Se reprochó a si misma por pensar así, al fin y al cabo, volver a estar junto a él era lo que ella quería, pero a pesar de todo no podía evitar estar de un humor pésimo.
Llegó pronto a la casa, ya que esta apenas distaba un par de millas de Kellynch. En cuanto entró, apareció en seguida Mrs. Norris.
- Mrs. Wentworth, es estupendo que esté usted de regreso.
- Gracias Mrs. Norris. ¿Está el señor en casa?
- Sí, se encuentra en el despacho. ¿Quiere que le avise de su llegada?
- ¡No!.- dijo Anne, más alto de lo que habría sido de esperar.- Iré yo misma.
- En ese caso, me retiro, si necesita algo más…
- Gracias, Mrs. Norris.
Anne subió a su cuarto. Estaba igual que cuando lo había dejado. Pensó que lo mejor era acabar con aquello rápido. Se quitó el sombrero y el abrigo. Se miró en el espejo del tocador. Estaba pálida y había adelgazado varias libras. Se preguntó si Frederick se daría cuenta. Salió y recorrió el pasillo hasta el despacho. Llamó a la puerta.
Frederick intentaba concentrarse en escribir una carta sin demasiado éxito cuando oyó los golpes en la puerta. Sabía que era Anne. La había oído llegar hacía un rato, pero no había tenido valor de salir a recibirla. Bueno, se dijo, deberían quitarme todas mis condecoraciones, está claro que soy un cobarde.
- Pasa, Anne.
La puerta se abrió y allí estaba ella. Se dio cuenta de que estaba pálida, de que había perdido peso y de que deseaba besarla más que nada en el mundo.
- Anne, yo…- comenzó a decir Frederick, pero Anne le interrumpió.
- ¿Has tenido buen viaje desde Lyme?
- Sí.- mintió Frederick.- el tiempo en esta época del año es muy agradable.
- ¿Has venido en coche?
- No, a caballo.
- Claro, te gusta montar.
- Sí, así es. ¿Y qué tal las cosas en Kellynch?
- Bien.- esta vez fue Anne la que mintió.- Los preparativos para la boda está casi listos. Va a ser una gran celebración.
- Me imagino.
Permanecieron unos minutos callados, sin saber que decir.
- Creo que iré a hablar con Mrs. Norris.
- De acuerdo. ¿Te parece que comamos juntos?
- Sí, claro, por supuesto, será lo mejor. ¿A la 13?
- Bien.
- Nos vemos entonces a esa hora. ¿Sigues usando el saloncito?
- Sí, no tiene sentido usar el comedor grande.
- No, claro que no. No vemos entonces.
- Sí.
Anne salió del despacho. Le temblaban las piernas, en realidad, todo el cuerpo. Estaba demasiado alterada como para hablar con Mrs. Norris de menús y ese tipo de cosas. Decidió volver a su cuarto antes de que perdiera la poca compostura que le quedaba, que efectivamente, sólo le duró hasta que hubo cerrado la puerta.
Las lágrimas le corrían por el rostro y sentía que al contacto de éstas, la carne le abrasaba. Había supuesto que a partir de ahora su relación con Frederick sería así, una sucesión de conversaciones banales. Pero ahora que su suposición era una certeza, no podía dejar de preguntase si tendría fuerzas para soportarlo o si eso importaba.
Tiempo atrás, Frederick habría corrido a abrazarla…y se habrían besado, tiempo atrás ella no hubiera llamado a la puerta.
Cuando Anne salió del despacho, Frederick se quedó apoyado en el escritorio de caoba. Había recibido puñetazos en el estomago que no le habían dolido tanto como lo que acababa de suceder.
Había soñado durante meses con el momento en que se volverían a encontrar. Había imaginado lo que le diría, le diría: Anne, yo sé que nada que haga o diga podrá hacer que todo vuelva a ser como antes, pero a pesar de todo te pido, te ruego, que si todavía queda algo de amor que un día me tuviste, me dejes intentarlo.
Y Anne, su Anne, le habría dado una oportunidad. No porque él la mereciera, tenía bien claro eso, sino porque ella era así.
Comieron sentados uno en frente del otro, intentando no mirarse pero sin poder evitarlo, en un silencio sólo roto por el ruido de los cubiertos.
Luego, Frederick regresó al despacho a fingir que escribía cartas y Anne, regresó a su habitación a fingir que bordaba.
Más tarde, en la cena, se repitió el ritual de la comida y antes de lo que ambos hubieran querido, llegó el momento de acostarse. Nunca, desde su noche de bodas, habían recorrido aquel pasillo con la intención de entrar en puertas diferentes. Siempre, aunque dormían en el cuarto de Frederick, entraban por el cuarto de Anne, por eso Frederick tuvo que hacer un gran esfuerzo para recorrer los últimos metros, que aún le separaban de su cuarto.
- Buenas noches, Anne
- Buenas noches, Frederick.
Y entraron en sus cuartos. Era rara para ambos aquella situación, oír como el otro se movía en el cuarto contiguo y ninguno de los dos evitar acercarse a la puerta que se separaba las habitaciones y apoyar sus manos en ella. Y allí, permanecieron, durante horas, separados por apenas dos pulgadas de madera de roble.
A la mañana siguiente, Anne se levantó, se vistió y fue a desayunar. Se enteró por Mrs. Norris, de que Frederick había salido a montar a caballo y que volvería para la hora de comer.
Decidió entonces ir a Kellynch ya que pensó que mantener su mente ocupada con los preparativos de la boda le ayudaría.
Sin embargo, cuando llego a Kellynch no fue con Elizabeth con quien se encontró, pues según le indicaron, había salido con Sir Walter y no regresaría hasta más tarde, si no con Mr. Elliot.
- Querida prima, ruego que tenga la bondad de acompañarme en un pequeño paseo. Hay tantas cosas de las que me gustaría hablar con usted, ahora que nos vamos a convertir en cuñados.
- Por supuesto, será un placer.
Recorrieron el camino que días atrás Anne había recorrido con Mrs. Russell.
- Tengo entendido que el Capitán Wentworth ha regresado de su estancia en Lyme.- comentó Mr. Elliot.
- Así es.
- Tiene que ser una situación muy difícil para usted.
Anne no dijo nada
- Sin embargo- prosiguió Mr. Ellliot- podría haberse evitado esas tribulaciones.
- ¿A que se refiere?
- Si usted hubiera aceptado mi proposición de matrimonio en lugar de la del Capitán Wentworth, su situación ahora mismo sería totalmente diferente.
- Estoy segura de eso, Mr. Elliot.
- Me temo que el devenir de los acontecimientos nos ha colocado en una posición que dista de ser la ideal, desafortunadamente, sin embargo, a pesar de todo me siento, inclinado, a ofrecerle mi protección.
- Y yo me temo, Mr. Elliot, que yo jamás podría aceptar la clase de protección que usted me ofrece.
- Creo que debería pensarlo con más calma.
-Discúlpeme tengo que regresar.
- Fue un error que dejara de ser Anne Elliot, querida prima, un gran error.
Anne, se dio media vuelta y tomó el camino de regreso al coche. Sin saber como llegó al mismo e inició la vuelta a casa. Suponía, pues no recordaba haberle dado la indicación al cochero. ¿Cómo había podido siquiera Mr. Elliot pensar que ella podría aceptar aquella proposición? Y sin embargo la había hecho. Anne dudaba que una persona se pudiera comportar de una manera más rastrera que aquella.
Pero había una cosa que le dolía más que nada y era que Mr. Elliot, podría ser muchas cosas, pero desde luego no era tonto y jamás habría descubierto sus cartas si no pensara que existía una posibilidad de ganar, de que ella le dijera que sí.
