Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
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Quince días
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Capítulo 10: Viernes 22
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Ranma
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Me encuentro incómodo. Abro los ojos y no veo nada, todo sigue oscuro. Cuando intento mover los pies me doy cuenta de que algo no va bien.
—¿Pero qué...?— me revuelvo percatándome que estoy maniatado de pies y manos. Me encuentro sobre una superficie cómoda y acolchada, ¿una cama?. De pronto el recuerdo de la loca de Kodachi me invade por completo y siento un escalofrío, eso no ha podido pasar, ¿verdad?.
Me retuerzo intentando salir de mi prisión de sábanas y edredones, alguien me ha metido aquí dentro a conciencia. Finalmente encuentro un resquicio y consigo respirar sin las cobijas de por medio. Es de día y estoy en un lugar que no conozco, qué demonios, ni siquiera sé cómo he llegado hasta aquí.
Me pongo de rodillas y me desequilibro desde el borde de la cama, caigo al suelo enredado en mantas y quedo tristemente enrollado en ellas como si fuera el relleno de un maki. Con las manos y los pies atados no puedo hacer mucho más. Me arrastro como los gusanos a la par que retuerzo mis ataduras, juraría que son de esparadrapo.
Dejo atrás las mantas y otra cama individual igual a la mía, recorro un corto pasillo hasta que finalmente consigo llegar hasta la puerta. Bien, ahora sólo tengo que ponerme en pie, salir de aquí y conseguir que alguien me explique qué ha pasado.
A todo esto, ¿dónde se ha metido la tonta de Akane?. Me esfuerzo en recordar el día anterior, todo es nítido hasta que encontramos a mi padre, entonces nos separamos y la encontré asustada en la calle, ella me abrazó y…
Saco de una patada tan vergonzosos recuerdos de mi mente, pero no puedo frenar mi pensamiento cuando vuelve a mi memoria el momento en el que mis labios comienzan a acercarse dolorosamente a los suyos en aquel callejón. Alguien debería decirle a esa estúpida que no se puede cerrar los ojos en ese tipo de situaciones. Es peligroso. Para los dos.
Miro la puerta desde el suelo y me recuesto contra ella, afortunadamente soy un experto en escapar de los más inverosímiles lugares. Estoy por poner los pies para conseguir alzarme cuando me percato de un sonido.
Alguien tararea una canción.
Giro la cabeza hacia la derecha viendo otra puerta que había pasado por alto hasta el momento. Se encuentra entornada y la voz de una mujer inunda el aire con una lenta melodía. Con la punta de los dedos empujo suavemente la ligera madera y me encuentro en el papel de un inesperado voyeur.
Ella está de espaldas, sentada sobre un pequeño taburete de plástico mientras enjabona su cuerpo desnudo de forma concienzuda. Sigo hipnotizado el camino de la esponja deslizándose por su brazo hasta que llega a su nuca. Deja que el agua escurra siguiendo todo el recorrido de su espalda.
Trago saliva aún a pesar de tener la boca seca. Cierro lentamente la puerta dejándola igual que antes e intento recuperar la compostura. Empezar la mañana atado y con una erección puede que suene prometedor, pero en mi caso no lo es en absoluto.
Apoyo la cabeza contra la puerta que tengo a mis espaldas y la dejo caer hacia atrás, tomo aire lentamente y lo expulso de la misma forma, repito la acción. Esto es culpa del maldito Ryoga, todo iba perfectamente hasta que abrió su gigantesca bocota.
"Te gusta".
Vuelve a retumbar dentro de mí. Y casi como si fuera un puto desafío intenté demostrar lo contrario, ¿a qué vino si no esa tontería de acorralarla en el callejón?.
El callejón… ¡el callejón!. Abro los ojos de golpe recordando cuando fue que dejé de tener consciencia sobre mi mismo, fue en ese mismo callejón, algo se movió en la oscuridad ¡un gato!.
Solo de recordarlo siento como si me hubieran echado encima un cubo de agua fría, un escalofrío me recorre de arriba a abajo y manda a paseo mi lívido.
Es entonces cuando escucho los pasos al otro lado de la puerta, mi nerviosismo por no ser atrapado me traiciona, intento absurdamente ponerme en pie olvidando mis ataduras y caigo de bruces. Los pasos se detienen un segundo y yo repto desesperado por el suelo de la habitación intentando regresar a la cama y poner mi mejor cara de buen chico.
Cuando la puerta se abre me encuentro de nuevo enredado entre edredones y sábanas intentando alcanzar el borde del colchón.
Akane sale del baño ya vestida y con una toalla en la cabeza.
—Con que ya despertaste— dice y puedo entrever su tono de enfado.
—S-sí— acierto a responder con el temor de que haya adivinado lo que estaba haciendo instantes antes.
Ella avanza por la estancia terminando de secarse los cabellos, se sienta en su cama (¿hemos vuelto dormir en la misma habitación?) y me mira ceñuda cruzándose de brazos.
El silencio se hace entre los dos, tenso y opresor, yo me aclaro la garganta.
—Estooo… ¿por qué estoy atado?— pregunto desde el suelo mostrándole mis manos.
—Estas atado porque comenzaste a maullar de madrugada, atravesaste una pared, rompiste una puerta y te metiste en mi cama.— responde sin mudar un ápice su expresión.
—¿¡Qué!?
—Al parecer eres uno de esos gatos que no soportan dormir solos.
—¿Gato?— la palabra vuelve a causarme una descarga. —Oh, no me digas que yo…— no hace falta que termine la frase, está claro que mis peores temores se han hecho realidad.
Lo ha visto.
—¿Me vas a explicar qué demonios pasó ayer?— su voz es contenida, pero adivino que se está esforzando lo indecible para no comenzar a gritar.
—No lo sé.— respondo sincero— Cuando me transformo en gato no recuerdo nada de lo que hago.
—¿Cuando te transformas en gato?— dice alzando su voz, incrédula.
—Es una historia un poco larga.
—No pienso moverme de aquí ni desatarte hasta que no me lo expliques.
—Vamos, no puede haber sido tan malo; estás bien y parece que conseguí deshacerme de esos tipos, ¿no?— reflexiono cauto.
—¡No!¡no estoy bien!— exclama dejándome de una pieza. —¡No estoy bien en absoluto!
Se ha puesto en pie y me mira con los ojos muy abiertos y su cabello húmedo revuelto, yo trago saliva desde mi posición, a todas luces en desventaja.
—Vale, tranquilízate, te lo contaré.— accedo finalmente mientras que me pregunto cuánto daño causé esta vez en el mobiliario urbano. —Existe una antigua técnica de combate llamada "Neko-ken".
—¿Neko-ken?— repite arrugando las cejas.
—Sí, consiste en adquirir las habilidades y la conciencia de un ga...ga…— no puedo terminar la palabra, se queda atascada en mi lengua impidiéndome continuar.
—Un gato— termina ella por mí.
—Sí, eso. Mi padre pensó que debía aprenderla y para ello…— trago saliva recordando el horror, el miedo atroz que sentí en aquel entonces mientras las uñas y los dientes se clavaban en mi pequeño cuerpo—...me tiró a un pozo de ga-ga-gatos hambrientos con un collar hecho de sardinas secas.
Akane abre los ojos y veo como la tensión sobre sus hombros se reduce un grado, me mira atónita.
—Y como no surgió efecto lo repitió de nuevo con palitos de pescado.
—¿Qué?
—Y al no resultar volvió a hacerlo con tiras de surimi…
Se pone en pie perpleja y me mira desde su altura.
—¿Tu propio padre te hizo eso?
—¿Qué ocurre?¿no le ves capaz? eso es porque aún no le conoces lo suficiente— repongo con sarcasmo.
—¿Cuántos años tenías?
—Siete, creo— recuerdo sin darle importancia, es entonces cuando su mirada cambia, pasa del reproche a una más comprensiva.
Tarde me doy cuenta que sus ojos reflejan lástima, siente lástima de mí. Aprieto los dientes cabreado y comienzo a mover las manos y los pies, no los quiero, esos ojos que se apiadan de mí no los quiero ver. No necesito su compasión, no soy una persona tan patética de la cual haya que apiadarse.
—¡Y ahora que lo sabes desátame de una maldita vez!
Ella se encoge por el grito y a su mirada vuelve ese gesto de enfado que tanto me gusta.
—¡No me hables así! ¡cuidé de ti toda la noche! ¡tuve que soportar ser expulsada de un hotel por tu comportamiento y buscar otro en la madrugada!, deberías estar agradecido— termina cruzándose de brazos.
—¿Y que más? ¡no soy yo mismo cuando me transformo en gato! ¡no puedo recordar absolutamente nada!
Aprieta la mandíbula y también los puños, algo cambia en ella, algo extraño le ocurre cuando sus ojos me atraviesan y un segundo después aparta la mirada desdeñosa.
—¿Nada?— pregunta tensa.
Niego lentamente con la cabeza, sintiéndome atrapado. Hay algo que no va bien… hay algo que me oculta. No tengo claro qué ocurre cuando el pánico a los gatos lo toma todo de mí, sé que siento soledad y oscuridad, la misma que había en lo profundo de aquel pozo.
Y sé que suelo despertar acurrucado en algún cálido rincón, un sitio en el que me sienta protegido, en altas ramas o en el regazo de mi madre. Soy igual que un animal callejero en la constante búsqueda de un lugar al que poder regresar.
Akane rebusca algo en su mochila y saca el botiquín del cual extrae unas tijeras. Se acerca sin atreverse a posar la vista en mi rostro y con ninguna delicadeza corta mis ataduras.
Yo separo las piernas y las manos, agradecido, quitándome los restos de cinta que se han quedado pegados a mi piel, mientras ella termina de echarse la mochila al hombro y sin cruzar una palabra conmigo toma la puerta.
—Estaré abajo— dice sin más antes de dar un sonoro portazo.
Pestañeo mientras miro la puerta.
—Quién la entienda— protesto estirándome en el suelo sobre los cobertores arrugados.
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Apenas he tardado treinta minutos en terminar de asearme, cuando dejo el hotel ella me está esperando en la entrada. Se abraza a sí misma, con la mochila posada junto a sus pies que dan pequeños saltitos para así librarse del frío.
Qué tonta, podría haberme esperado dentro.
Carraspeo cuando llego a su lado y miro hacia el cielo, por suerte aún a pesar del frío parece que hará un día agradable y sin lluvias.
—¿Desayunaste?— pregunto sintiendo mi estómago vacío, mientras meto las manos en los bolsillos de mi chaqueta y sigo mirando hacia el arriba.
—Tú que crees— responde hostil.
—¿Porqué estás tan molesta, Cincuenta yens?— digo a propósito, con el único objetivo de hacerla enfadar sólo un poquito más.
—Eso es porque no he conseguido librarme de tí.
—Vaya, necesitas urgentemente un café— reflexiono ignorando por completos sus inútiles intentos de ofenderme, ella chasquea la lengua y gira el rostro. Observo de reojo su perfil mientras mi pequeña y orgullosa sonrisa asoma en mi cara, y es entonces cuando me fijo en la pequeña bandita que tiene sobre el pómulo.
Tomo su barbilla sin apenas esfuerzo y la hago girarse hacia mí, ella abre los ojos sorprendida ante mi determinación. Agarro uno de los extremos y despego la tirita de su piel en un único gesto.
—¿Qué te crees que estás haciendo?— protesta alzando el brazo, intentando que se la regrese, ya podría ponérmelo más fácil y estarse quietecita. Vuelvo a girar su rostro mientras examino el corte con detenimiento, prestándole la atención que no pude el día anterior.
No parece profundo, y suplico internamente porque no se le quede ninguna señal. Aún así es imperdonable. Marcarle la cara a una mujer… ese desgraciado va a lamentar el momento en el que escuchó mi nombre.
—¿Ya has terminado?— replica impaciente, pero por alguna razón esta vez su voz suena menos enfadada, casi tierna.
—¿Te resultará un problema?
—¿Eh?
—Ninguna novia debería lucir así el día de su boda.
Sus ojos marrones me atraviesan, son demasiado grandes, demasiado hermosos. Siento como mi voluntad se tambalea mientras retira el rostro frustrada. Primero el pelo, luego la cara, ¿cuál será la siguiente desgracia que sufra por mi culpa?, ahora mismo dudo que sea capaz de regresarla a su casa sin algún hueso roto.
Esto se está volviendo peligroso, y sin embargo… sin embargo no quiero que se vaya, al menos no hasta que haya conseguido demostrar que soy capaz de deshacer este lío, que no soy ningún inútil, si no alguien en quien confiar.
Suspiro poniéndome delante de ella y regresando la tirita a su lugar, repaso la zona en contacto con la piel un par de veces, asegurándome que quede en el sitio.
—Se lo haré pagar— digo, y comprendo de inmediato que se trata de una declaración de intenciones. Realmente lo haré, solo espera y verás.
Akane asiente levemente y yo me aclaro la garganta, repentinamente incómodo.
—¿Y a donde vamos esta vez?— pregunta intentando romper el hielo, cosa que agradezco.
—Eehh… ni siquiera lo he pensado— reconozco, no es como si pueda tener un plan B todo el tiempo.
—¿Entonces?— la miro dubitativo.
—Primero ese café.
Un rato después ambos nos encontramos sentados en una banca del parque, con sendas bebidas calientes y unos cuantos bollos al vapor adquiridos en un puesto cercano. Akane sorbe su café y yo mastico con lentitud.
—¿Tu madre no sabe nada?— pregunta retomando nuestra anterior conversación, yo me encojo de hombros.
—Aunque lo supiera ahora mismo es imposible localizarla, creeme, sabe esconderse.
—¿Y crees… que habrán capturado a tu padre?
—Ni de broma, el viejo sobreviviría a una catástrofe nuclear.
—Hay una cosa que no entiendo— dice reflexiva mientras da un mordisco a su desayuno. —Si esa katana es tan importante, ¿por qué contártelo? quiero decir, podría haberte mentido y ya, tu padre no tenía motivos para compartir contigo el secreto.
—Eso es verdad, pero no se puede esperar que ese viejo actúe con lógica.
—Pero, ¿y si tenía un motivo oculto?
—¿Qué motivo?
—¿Y si en realidad accedió a contártelo porque te necesita?
—¿A mí? eso no puede ser, nunca le he ayudado con sus robos, menos aún con un plan tan disparatado.
—No sé… tu madre no parece una mujer cualquiera, tal vez tenía un plan.
—¿Un plan?
—Piénsalo— dice mientras alza su dedo índice de forma resabida. —Ella debía saber que la katana que tu padre vendió era de su abuelo.
—Sí, pero eso no significa que supiera nada del tesoro.— la contradigo, no me gusta que insinúe sobre las posibles dobles intenciones de mi madre.
—¿Cómo no iba a saberlo? si hasta tu padre se dio cuenta.
—¡Eso es porque el viejo está loco!, ¡no hay ningún tesoro!. Debemos atraparle antes de que siga sembrando el caos con esa arma robada.
—Te pidió que le ayudaras, ¿acaso no lo recuerdas?. Tiene sentido, al fin y al cabo tú eres el legítimo heredero, quizás seas la única persona capaz de descifrar el misterio de la espada.
La miro incrédulo, ¿qué se ha pensado que es esto?, ¿una mala serie policíaca?.
—Me enteré ayer de su existencia— aclaro por si aún cabe alguna duda.
—Quizás no sea algo que sepas conscientemente, puede que sea un recuerdo de la infancia, algo que te dijera tu madre…
Termino mi lata de té caliente y la arrugo en mi mano, la transformo en una pequeña pelotita antes de tirarla contra una papelera a más de diez metros y encestar de lleno.
—Basta ya de conspiraciones, ¿quieres?— cruzo los brazos fastidiado de tanta suposición. —Ahora lo único que podemos hacer es intentar encontrar al viejo de nuevo y quitarle la katana.
—Si está tratando en serio de descifrar la clave necesitará ayuda, ¿no crees que vuelva?
—No, sabe que conmigo lo tiene perdido.
—Entonces si no puede contactar ni contigo ni con tu madre puede que busque a alguien cercano con información.
Casi me dan ganas de echarme a reír, ¿alguien cercano?, en mi vida ha habido nada parecido a eso, siempre viajando, siempre conociendo a nuevas personas en nuevos lugares. Apenas y conservo una única amiga de la infancia.
Un momento.
La sangre baja desde mi cabeza hasta mis pies, me pongo en pie de golpe mientras me golpea la certeza.
—U-chan— murmuro en voz alta, Akane me mira aún sentada desde el banco. Veo como sus cejas se arrugan.
—¿Crees que… ha podido ir a buscarla?
—Ella es mi amiga— me giro rápidamente, soy consciente de que mi expresión ha cambiado, se ha tornado en una llena de preocupación. —Debemos encontrarla antes que él, ¡el muy estúpido la pondrá en peligro!.
Akane asiente mientras me mira atenta, se pone en pie y parece estar diciéndome con su mirada que está dispuesta, lista para volver a seguir con esta locura.
Me siento tan derrotado, desearía decirle que aguante sólo un poco más, con un día más será suficiente, conseguiré arreglarlo todo. Por fin estarás a salvo.
Comenzamos a caminar hacia la estación de autobuses, si el estúpido de Ryoga no se ha equivocado U-chan se encuentra en Osaka encargándose de sus negocios, con un gran evento entre manos que la dejará completamente expuesta ante cualquiera.
Apenas es medio día cuando sale nuestro autobús. Con el tren llegaríamos en menos de tres horas, pero es demasiado costoso, y aún no estoy seguro de poder alcanzar el fin de esta aventura sin deudas. Tomo asiento a su lado, esta vez no correré ningún riesgo.
Ella pierde la vista en el paisaje urbano que transcurre rápidamente al otro lado de la ventana, ¿por qué parece tan ausente?.
—¿Ocurre algo?— pregunto mirándola, gesto que no me devuelve.
—No, nada— responde sin mover sus ojos de la ventanilla.
Oh-oh. Hasta yo sé que cuando una mujer dice que no ocurre "nada" es que pasa "todo". Enderezo la espalda y miro al frente, lo cierto es que no le faltan motivos para encontrarse enfadada, el problema es averiguar cuál de ellos es.
En serio, va a terminar por volverme loco.
—¿Es por lo de ayer?— interrogo una vez más, debo de estar lo suficientemente pirado como para comenzar una discusión con ella sabiendo que nos vamos a pasar varias horas aquí encerrados.
Akane gira el cuello y sus ojos marrones se posan en los míos, expectantes.
—Porque si es una disculpa lo que quieres ya puedes esperar sentada— me puede el orgullo, o quizás sea la respuesta que causan en mí sus ojos reprobatorios, no estoy dispuesto a exponerme ni a pedir perdón.
—No quiero tus disculpas, ¿qué sentido tendrían si ni siquiera te acuerdas?
—¿Y de qué debería acordarme?
—¡De nada!— dice volviendo a su posición inicial, apoyando el codo en la pequeña balconada del cristal y mirando ceñuda hacia el exterior. —Supongo que para tí es algo habitual.
—¿Pero de qué demonios hablas?
—Ya da igual, cállate— exige cruzando las piernas y dándome completamente la espalda.
—Eres una terca, ¿que me metí en tu cama?, ¡ja! por si no lo sabías los gatos buscan calor, no lo hice con ningún tipo de intención sexual, así que deja de hacerte la ofendida.
—No estoy enfadada por eso pedazo de idiota— contesta mientras yo observo su espalda y su blanquecino cuello que sostiene su cabeza contra el respaldo.
—¿Entonces?¿acaso no me libré de los "malos"?.
—Contestame a una cosa— dice de golpe girándose hacia mí, cosa que me hace retroceder instintivamente. Asiento sin demasiado convencimiento mientras su rostro se acerca al mío. —¿A cuantas chicas has besado?
Me quedo pálido, y después estoy seguro de que mi rostro ha adquirido tintes azulados. La miro sin comprender la cuestión, sin entender qué mierda está pasando por su cerebro para preguntar algo así.
Ella espera un par de segundos en los que yo guardo un silencio sepulcral, luego curva ligeramente la comisura de los labios en una mueca asqueada.
—Ni siquiera lo sabes— dice volviéndose a girar.
—¿P-pero a qué a venido eso?
—Déjame, búscate otro asiento— se encoge sobre sí misma, yo la miro atónito, cada vez entiendo menos lo que está pasando.
—¿Qué te interesa? vamos, nadie lleva la cuenta de esas cosas, ¿acaso tu sabes a cuantos hombres has besado?
—Claro que lo sé— contesta altiva, sin volverse.
—¿Y cuantos fueron?¿Ocho?¿diez?— pregunto, la verdad es que no me desagrada en lo más mínimo el rumbo que está adquiriendo esta conversación
—...
—Cincuenta yens, se te da fatal jugar a las adivinanzas— apoyo los brazos por encima de mi cabeza mientras la miro de reojo, no se mueve, pero sus labios sí que lo hacen para confesar algo sorprendente.
—Tres— dice queda, y yo me revuelvo interesado, estoy a punto de preguntar cuando se gira de nuevo y descubro sus ojos marrones inundados en lágrimas. —¡Déjame sola de una vez!— grita a la par que me empuja lejos de ella, me saca del asiento y me estrella contra la fila del lado contrario.
Quedo medio tumbado sobre ambos asientos y con las piernas por encima de mi cabeza mientras pestañeo sin entender cómo he llegado hasta aquí.
—¿¡Pero a ti que te pasa!?— me levanto de un salto y mantengo el equilibrio en el estrecho pasillo mientras el vehículo atraviesa una pequeña carretera de montaña.
—¡Olvídame!
—Créeme que si pudiera lo haría, ¿quién en su sano juicio querría aguantar a una marimacho de fuerza bruta como tú?— le espeto furioso.
La veo rebuscar afanosa en su mochila, quizás con la intención de encontrar algo que arrojarme como bien acostumbra a hacer cuando se enfada. Agarra lo que parece un bote de champú y lo alza sobre su cabeza, pero antes de que pueda lanzarlo el autobús frena en seco.
Ella se estrella contra los asientos delanteros, yo salgo rodando pasillo abajo hasta dar contra el conductor.
Cuando levanto la vista me encuentro a un hombre uniformado y de mediana edad, con el rostro compungido de puro enfado.
—Abajo— ordena apuntando hacia la puerta. —Los dos.
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Nuestro transporte se aleja por la carretera, dejándonos atrás. En mitad de ninguna parte observo impotente el larguísimo camino asfaltado, rodeado de árboles perennes. Akane está en el andén, se ha sentado sobre su mochila y no me dirige la palabra.
Vale que estuviésemos discutiendo un poco fuerte, pero tampoco era para ponerse así.
—Dos hoteles, una cafetería y un autobús— enumera ella, abriendo la boca por primera vez desde hace un buen rato. —A este paso me convertiré en un enemigo público antes de que llegue el fin de semana.
¡Y encima se permite quejarse!¡es por ella estamos tirados!.
—Esta vez la expulsión te la has ganado tu solita— le digo cruzándome de brazos delante de ella, quién aún permanece sentada, ceñuda.
—¿Insinuas que ha sido culpa mía?— pregunta indignada.
—¿De quién si no?— respondo, no estoy dispuesto a ser el responsable de cuanto malo ocurra a nuestro alrededor, si me despisto terminaré siendo culpable de crímenes contra la humanidad.
—Si te hubieras disculpado nada de esto habría pasado.
—¿Ah?, aclárate de una vez, ¡dijiste que si no sabía lo que había hecho no tenía sentido una disculpa!— repito sus palabras recordando al dedillo nuestra discusión, cosa que parece molestarle especialmente. Se pone en pie y toma su mochila, sin decir una palabra más comienza a caminar cuesta arriba, siguiendo el lugar por el que se ha perdido nuestro autobús.
—No es por ahí— la corrijo alzando la voz y sin mover los pies. —Hemos pasado un pueblo hace quince minutos.
—Pero tu quieres ir a Osaka, ¿no?— pregunta desde su posición, a más de veinte metros.
—Estás loca si crees que a pie llegaremos a tiempo, mejor bajamos al pueblo e intentamos encontrar un nuevo transporte.
La veo resoplar, parece que sus hombros se hunden antes de que rehaga el camino y pase junto a mí.
—Como quieras— dice comenzando a caminar por la calzada, si mis cálculos no fallan el pueblo no puede estar a más de quince kilómetros, lo cual se traduce en un par de horas de silencio o como mucho contestaciones vagas.
En serio, ¿qué hice que la tiene tan alterada?, ni siquiera se enfadó tanto cuando anteayer despertamos juntos y en ropa interior… niego con la cabeza mientras observo el vaivén de sus cortos cabellos, tengo que dejar de pensar en cosas pervertidas, ¡pero es que no soy de piedra!.
Maldita sea, ella haciéndose la ofendida mientras yo no paro de darle vueltas, ¿por qué dijo lo de los besos? ¿de veras sólo ha besado a tres tipos en su vida?. No puedo dejar de sentir cierta desazón al respecto, ¿que hubiera pasado si tan solo yo la hubiese conocido antes?, ¿¡y porqué me lo pregunto!?.
Ah, me va a estallar la cabeza.
—Entonces…— comienzo sabiendo de entrada que va a ignorar completamente mis cuestiones— ¿tres?
—¿Te parecen pocos?— contesta de inmediato y yo suspiro complacido, prefiero pelear con ella que soportar sus silencios.
—Al contrario, me sorprende que existan tres incautos con el valor necesario para besar a una bestia como tú.
—No creas, hay uno que fue un cobarde.
—¿Ah, sí?— contesto interesado mientras ella aprieta el ritmo. —¿Acaso te robaron tu primer beso?
—No, mi primer beso me lo dio Yoichi Tsuda en secundaria.
Lanzo un silbido de admiración.
—Déjame que adivine, le golpeaste— digo a la vez que yo mismo acelero mis pasos y me pongo a su altura, puedo contemplar sus adorables mejillas sonrosadas.
—Me besó el día de la graduación y después de eso nunca le volví a ver.
—¿Eras popular?
—Algo así, no se como comenzó a correr el estúpido rumor de que aquel que consiguiera vencerme podría salir conmigo.
—¿Vencerte?— pregunto sorprendido, vaya, al parecer no soy el único con una adolescencia complicada.
—Me pasé tanto tiempo peleando con chicos que terminé por odiarlos a todos.
—Excepto a Yoichi— aclaro sonriéndole pícaramente.
—No es que tuviéramos un romance ni nada parecido, sólo… pasó.— dice bajando la mirada mientras continúa avanzando.
—¿Y el segundo?— pregunto una vez más admirando cómo el calor inunda su rostro.
—Shinnosuke.
Levanto una ceja.
—¿El caza-osos?— eso no me cuadra.
—Shinnosuke es algo tímido para el contacto físico, le costó más de un año tomarme de la mano.
—Bromeas— contesto automáticamente. Que tipo más lento.
—No nos besamos hasta el año pasado.
—¿¡Qué!?— detengo mis pasos, ¿lo está diciendo en serio?, ¿de dónde ha sacado a ese imbécil?.
—¿Por qué tan sorprendido?— dice girándose como si nada, yo me obligo a reanudar el camino para dejar de parecer un bobo, sobre todo debo mantener mi habitual pose de indiferencia.
—Pero… es decir…— me aclaro la garganta, nervioso.— ¿y el tercero?¿acaso tu...?
—Eso fue un error.
—¿Le fuiste infiel?— no puedo evitarlo, abro tanto la boca que creo que se me va a desencajar la mandíbula. La pequeña Akane está llena de sorpresas.
—¡No!— grita airada, me dirige una iracunda mirada —¡Que un cobarde me bese sin mi permiso no puede calificarse de infidelidad!
Vaaaaaaya, parece que su imán funciona en más de un sentido.
—¿Y él lo sabe?— tiento, no sé porqué pero me imagino la respuesta. Una parte de mí se regocija al pensarlo.
—¿Cómo quieres que le diga algo así?
—Pero si vais a casaros deberías decírselo, al menos para que pueda darle un buen golpe a ese tipo— estrello mi puño contra mi palma en un claro gesto, sin duda eso es lo que haría yo. Le partiría los dientes a cualquiera que se atreviera a acercarse a ella.
—Claro como no, solo que Shinnosuke no es para nada agresivo, seguro que simplemente sonreirá y dirá algo como: "no importa"— responde, y no se si es mi imaginación pero encuentro sus palabras tristes, solitarias.
—Está claro que no entiendes a los hombres. Por muy pacífico que parezca seguro que reacciona ante eso.
—Tu no le conoces.
—Y por lo que parece tú tampoco.
Se detiene, el viento sopla revolviendo sus cabellos y yo me muerdo la lengua. Soy un bocazas, no he podido aguantar por más tiempo eso que me lleva carcomiendo desde hace días; la sensación de que sabe tan poco del atrapa-insectos como él de ella.
—Te equivocas— termina, y tengo la completa certeza de que nuestra pequeña charla acaba de finalizar. Le dejo espacio, me alejo apenas un par de metros comprendiendo que necesita un poco de intimidad. Quizás esta vez me he pasado.
Ella es libre de hacer lo que quiera, a mi debería darme igual con quién se case. Ya podría ser el peor de los ladrones o el rico príncipe de un país europeo. No me importa que sea feliz o desgraciada, que ría o llore, que se sienta sola…
No me importa nada.
—De todas formas yo tampoco he besado a tantas chicas— murmuro más para mí mismo que con ánimo de hacerla hablar. —No se cuantas fueron, pero no es que haya perdido la cuenta, es que simplemente jamás me importaron demasiado.
Noto sus pasos vacilantes y aprovecho para acortar la distancia, mientras seguimos descendiendo por la carretera atisbo el lejano pueblo, y más al fondo el mar.
—Eso no dice mucho a tu favor— contesta esquiva, doy una zancada y vuelvo a ponerme a su lado sin esfuerzo.
—Pero es la verdad— y lo es, no sé que hago contándole este tipo de intimidades, pero no quiero ver su rostro tan triste.
—¿De veras no te enamoraste de ninguna?— vaya que ella también puede ser entrometida cuando se lo propone.
—Hubo una que me gustó mucho, pero no diría que me enamoré de ella…
—¿U-chan?
Tuerzo el cuello hasta que me duele y pongo la mayor cara de pasmo de la historia.
—¿¡Qué!? no, no, creo que te equivocas con U-chan, yo jamás la he visto de esa manera, ¡ella siempre ha sido mi amigo!
—¿"Amigo"?— arruga la nariz.
—Bueno, es complicado, pero yo nunca la he mirado como una chica— me rasco nervioso la mejilla mientras siento sus ojos marrones perforandome el craneo. —Y de todas formas, ¿qué tiene todo el mundo con eso de "estar enamorado"? ¡ni que fuera la gran cosa!, ¿acaso se puede comprobar? ¿cómo sabes que "estás enamorado"?.
Akane no me mira, parece que se esconde aún más dentro del cuello de su abrigo.
—Supongo que no se puede saber, solo sentir— contesta pesarosa, eso es justo lo que yo creía.
Me aclaro la garganta un par de veces y levanto los brazos sobre mi cabeza, intentando parecer despreocupado.
—Y si… y si ese idiota que va a ser tu futuro marido no quiere golpear al que te besó sin permiso, entonces lo haré yo— ¿desde cuando soy capaz de decir cosas tan cursis? noto como el calor asciende por mi cara, abro tímidamente un ojo y no puedo más que alarmarme al ver en ella una expresión divertida.
—¿De veras?— pregunta y yo trago duro, no sé con qué me va a salir esta vez. —Pero tendrás que darle una buena paliza, es lo que merece.
—C-claro— asiento, sus labios se curvan en una mueca cruel. —Tu solo debes señalarle y yo…
Detiene sus pies y sus ojos vuelven a cambiar, veo su dedo índice ascender hasta llegar a la altura de mi nariz. No sé que se propone, pero no entiendo nada. Se queda muy quieta en esa posición mientras sus iris relampaguean, después retira rápidamente su mano y vuelve a apretar el paso camino abajo.
Arrugo las cejas viendo como se aleja de mí a toda prisa, ¿qué acaba de pasar?. Me rasco la cabeza pensativo y mi mano, de forma distraída, prácticamente ajena a mi voluntad imita su gesto. De pronto me encuentro señalándome a mí mismo. Mis ojos ruedan por la cuneta, intentando encontrar la solución al problema.
Lentamente la arruga de mis cejas se alisa, abro los ojos y dejo caer la mandíbula cuando la única explicación posible a su comportamiento me golpea tan duro como una maza.
—¿Eh?— digo a la par que doy un paso hacia atrás, intentando superar la conmoción y no caerme de culo al suelo. —¿EEEEEEEEHHHHHHHHHHHHHHH?
Estoy en shock, me he convertido en piedra. Siento como me tiemblan las piernas, enrojezco como jamás en mi vida y comienzo a balbucear solo sin encontrar sentido a mis propios pensamientos.
No lo comprendo, ¿cómo?¿cuando?¿porqué?. Pero solo hay una persona que puede sacarme de dudas.
Corro por la carretera a toda velocidad, tanto que siento que me arden los pies, no puedo frenar a tiempo y la sobrepaso por más de una docena de metros. Consigo detenerme plantando firmes mis zapatillas sobre el asfalto, mientras a mi alrededor se levantan volutas de polvo, alzo la mirada sintiendo el sudor empapar mi espalda.
Akane se ha parado en el lugar y me mira recelosa.
Abro la boca, debo decir algo, intento que mis labios pronuncien alguna palabra coherente pero en su lugar solo sale un triste tartamudeo.
Tomo aire, intento tranquilizarme. Debo hacerlo.
—¿Te besé?— escupo como una ametralladora, haciendo todo lo posible por mantener a raya mis nervios, estoy seguro de que he enrojecido tanto que podría sufrir combustión espontánea.
Ella aparta sus ojos de los míos, avergonzada.
—No importa, sé que no eras tú.
—¿¡Te besé en estado neko-ken!?— repito, no tengo constancia de haber hecho nada así jamás. Es demasiado surrealista que justo me pase con ella. —Escucha, yo…
—Ya sé que no lo recuerdas— me interrumpe impaciente, comenzando a avanzar hacia mí, como si de pronto tuviera ganas de llegar de una vez a nuestro destino. —No pretendo ser más importante que todas las demás.
Auch. Eso me ha dolido. ¿De donde sale tanto veneno empapando sus palabras?, me desquicia por completo.
—Si quieres una disculpa te la daré— camino de espaldas, sin dejar que me vuelva a sobrepasar. —¡Pero entiende que no puedo hacerme responsable de mis actos cuando me convierto en gato!
—¡Ya lo sé! ¡ya lo has dejado claro!— grita sin aminorar ni una décima su enfado.
—¿Entonces qué quieres?
Se para, empuña el brazo derecho y lo echa hacia atrás antes de lanzarlo contra mi cara, lo esquivo por milímetros. Iba tan fuerte que podría haberme roto la nariz.
Giro noventa grados para apartarme de su campo de impacto, pero ella no se detiene y vuelve a intentar un nuevo golpe que esta vez esquivo cómodamente.
—¡Dijiste que golpearías al que me besó!
—¡Eso fue antes de saber que había sido yo!
—¡Mentiroso! ¡al menos quédate quieto!
—¿Para que me mates? ¡ni que estuviera loco!
Ella respira agitada con sus manos aún empuñadas, aprieta los dientes y recuperando su, por un instante, perdida dignidad se mesa los cabellos y continúa el camino.
Suspiro, de veras que no puedo más con esto.
—¿Quieres esa disculpa?
—¡No!
Chasqueo la lengua y meto las manos en mis bolsillos. Será estúpida, ella al menos puede recordarlo, para mí lo que fuera que pasara ayer no es más que un borrón negro en mi memoria.
Sin que siquiera me de cuenta llegamos al pueblo, se trata de una zona costera que debido a la época invernal se encuentra con la mitad de sus alojamientos cerrados. Al menos parece que hace menos frío. Camino tras ella taciturno mientras sus palabras me carcomen.
"No pretendo ser más importante que todas las demás".
Estamos casados. Vale que sea un matrimonio impuesto por unos padres borrachos, pero es real. Solo por eso ella es importante, ese papel hace que de ahora en adelante siempre vaya a estar presente en mi vida, de una manera u otra.
Akane siempre será mi ex-mujer.
Aprieto los dientes frustrado, supongo que por el silencio.
—Podríamos cenar ostras a la barbacoa— propongo mientras nos internamos por una estrecha callejuela, y ante su muda respuesta resoplo. —¿Sabes? no sé a qué tanto drama por un simple beso.
Estoy seguro de que eso ha debido molestarla, pero está aguantando bastante bien la compostura, más que otras veces. Claro que yo estoy dispuesto a ponerla a prueba.
—¿Que pasa?¿acaso te gustó más que los de tu come-ranas?
—¡Retira eso!— al fin, sus mejillas sonrojadas son la mejor señal de su creciente enfado, y de que vuelvo a gozar de toda su atención.
—Seguro que el muy estúpido no sabe usar la lengua— apunto ofensivo, regocijandome más que nunca en mi propia imaginación. Lo noto, se me va de las manos, mi gran boca habla sola alimentada por el inconsciente deseo de que algo de lo que salga de ella sea verdad. —Seguro que ni siquiera sabe hacerte gritar en la cama.
Siento el golpe, aunque no lo veo. Su mano ha rasgado el aire y me acaba de abofetear.
Bien, lo necesitaba. Los dos necesitábamos de una dosis de realidad.
He ido demasiado lejos, alguien tenía que ponerle fin. Me fuerzo a recordar que no puedo hablarle así, no sé en que momento yo también me he enfadado hasta el punto de descontrolarme. ¿Qué ha sido lo que me empujaba a retar imaginariamente a su futuro marido?.
Eran… ¿celos?.
—¡Lo que yo haga con Shinnosuke no es de tu incumbencia!
Me sobo la zona del golpe, resentido.
—O será que ni siquiera ha tenido el valor de quitarte la virginidad.
No sé qué cojones pasa conmigo, se ve que estoy haciendo puntos para la segunda bofetada. La espero unos segundos apretando los dientes, pero no llega. Abro un ojo con miedo, levanto con dudas la cabeza para poder ver más allá de mi flequillo.
Akane tiembla sonrojada hasta el extremo. Sus labios tiritan tanto como sus manos, que aprieta en un mudo gesto contra su pecho. ¿Porqué de pronto parece tan indefensa ante mí?. No... ¿acaso...?, ¿podría ser que...?
—¿Eres... virgen?— mi pinta de bobo debe ser impagable. Me quedo perplejo, más que eso, mis párpados tiran tanto que en cualquier momento podrían dejar escapar mis globos oculares. Y no puedo evitarlo, estoy seguro de que he comenzado a sonreír, pero esta vez no se trata de un gesto de superioridad o complacencia, de burla o disimulada inseguridad: sonrío de verdad. Claro que ella no lo interpreta de esa manera.
—¿¡A qué viene esa cara!?— grita ultrajada.
—¡Eres vir...!— me tapa la boca con ambas manos y me mira fuera de sí.
—¡No te atrevas a repetirlo!
Cuando quita sus finas palmas de mis labios siento un hormigueo, está tan indignada por mi acierto que no se da cuenta de lo adorable que se ve, con sus altos pómulos y su cara de enfado.
Vuelvo a sonreír como un tonto, ella me da la espalda y sale de la callejuela, camina sin rumbo cuesta abajo, sin percatarse de que cuanto más descendemos más cerca nos encontramos del mar. Parece que la idea de buscar un nuevo autobús ha quedado relegada a un lugar muy lejano, de hecho ahora mismo no tengo ningún tipo de prisa por llegar a Osaka.
Me siento pletórico, no, más que eso: estoy feliz. La emoción me embarga de una forma que no sé explicarme a mí mismo, pero no puedo dejar de sonreír como un idiota. ¿Es porque he encontrado una nueva provocación que usar contra ella?¿o me alegro indebidamente de que su prometido sea tan estúpido?.
No sé a que juega ese tipo, yo en su lugar no podría quitarle las manos de encima.
Ah, perfecto, otra vez pensamientos pervertidos.
Pero es cierto que no lo entiendo.
—¿Es gay?— interrumpo nuestro silencio con el único motivo que me entra en la cabeza, ella me mira con la boca abierta, espantada.
—¿¡Qué!?
—No sé, estando prometidos después de tantos años… es decir… él… tú…
—¡Ninguno de los dos somos gays!— explota perdiendo los nervios. —Shinnosuke es tímido y ha tenido muchos problemas de salud, no tiene nada que ver con lo que estás pensando.
Resoplo. Todo eso me suena a excusa, o será que si yo estuviera en el lugar del arranca-hierbas ni siquiera me lo pensaría, así pudiera morir en el acto.
Vale, tengo que dejar de hacerme esto. El hecho de que sea virgen no la convierte en menos comprometida.
Al final el estúpido de Ryoga tendrá razón: ella me gusta.
Mierda. Justo ahora, justo ella, parezco gilipollas.
¿Cuando ha ocurrido?, como sea debo detenerlo, no puedo permitir que pase de un simple capricho. Eso es, ella me gusta porque no puedo tenerla. Así de contradictorio soy, basta que me digan "prohibido tocar" para que no piense en otra cosa.
Sin querer nuestros pasos nos han llevado hasta el final del pueblo, frente a la costa. El sol comienza a caer lentamente y en uno de los laterales del puerto se junta una inesperada algarabía de personas.
—¿Uh?— la partícula escapa de sus labios, interesada.
Nos acercamos mientras sigo rumiando mi propio malestar para descubrir que se trata de un pequeño mercadillo benéfico.
Docenas de puestos artesanales se extienden ante nuestros ojos, dispuestos por todo tipo de personas. Akane los recorre distraída y admirada a partes iguales y yo la sigo resignado.
Perfecto, de repente la estoy acompañando de compras.
Se detiene frente a uno de los puestos, pero no mira los objetos a la venta, si no a una anciana que consuela a un niño pequeño al otro lado de la mesa. La veo intercambiar apenas dos palabras antes de quitarse la mochila y sacar de ella su pequeño botiquín.
Se arma de vendas y yodo y comienza a curar con toda la paciencia y el amor del mundo la rodilla raspada del pequeño.
Me llena de ternura y de tristeza. A la muy tonta le encanta su trabajo.
Paseo la mirada sabiendo que le llevará un rato, y es entonces cuando algo llama mi atención. Me acerco a un hombre mayor que tan solo cuenta con una manta en el suelo para exponer sus creaciones, me agacho y tomo un colgante entre los dedos. Sonrío al pensar en nuestra broma privada y le doy vueltas a trasluz. Es perfecto.
—¿Lo quieres?— pregunta sonriente, le miro con timidez por ser tan evidente.— Es una edición conmemorativa de los años setenta fabricada en plata, la cadena también, te lo dejaré a buen precio.
Desvío la mirada para observar por el rabillo del ojo como Akane sigue con su tarea. Tomo el extremo de la cadena dándome cuenta de que es larga y brillante, seguro que queda bien en contraste con su blanco cuello.
Vamos, ¿qué tiene de malo ser un poco amable?. Llevamos todo el maldito día discutiendo, no ha querido mis disculpas y yo parezco empeñado en conseguir que me golpee. Un regalo no me matará.
Tomo el colgante y saco la cartera, estoy deseando verle la cara.
Me alejo del anciano mientras este se inclina agradecido por la compra. Enrojezco ligeramente cuando regreso junto a Akane, quién ha terminado la cura y se despide de la anciana y del niño con una sonrisa.
Me tiemblan las manos, me palpita rápido el corazón.
—¿Ya se encuentra mejor?
—Sí, era superficial pero sangraba un poco, se pondrá bien— responde feliz, nos alejamos de la muchedumbre y caminamos lentamente bordeando la playa. Parece de mucho mejor humor, como si el simple hecho de ayudar a una persona la llenara de paz. De pronto me doy cuenta del gorro de lana blanca con un gracioso pompón que lleva en la cabeza, no se lo he visto antes.
—¿Y eso?— lo señalo, ella enrojece ligeramente y se lleva las manos a la cabeza, ajustándolo un poco más.
—Me lo regaló la anciana en agradecimiento, los hace ella, ¿te gusta?
Trago saliva, sí que me gusta. Creo que me gusta demasiado.
—Te queda fatal— contesto, y al tiempo tomo el borde del gorrito y tiro de él hasta taparle los ojos.
Akane refunfuña molesta mientras palpa con ambas manos intentando recuperar la visión.
—¡Eres el hombre más odioso que he...!— se detiene en el instante en el que coloca la tela por encima de su párpados y sus pupilas se fijan en el objeto que cuelga de mi mano delante de ella.
Abre sus pequeños y rosados labios en un gesto de asombro, alza su mano y toca con la punta de los dedos la plateada moneda de cincuenta yens atravesada por la fina cadena.
Yo me aclaro la garganta y termino de posar el colgante en la palma de su mano, intento parecer despreocupado.
—Lo vi y pensé que estaba hecho para ti, ya sabes… para que no te olvides de tu nombre.
Espero unos segundos pero ella no contesta, comienzo a ponerme nervioso.
—¿De veras… es para mí?— pregunta conmocionada.
Asiento una vez, tan rápido y nervioso que bien podría haberlo pasado por alto.
La observo como si sus gestos estuvieran siendo reproducidos a cámara lenta. Toma la cadena y la pasa sobre su cabeza, quizás es demasiado larga, pero eso no parece importarle. La moneda queda colgando sobre su abrigo, unos centímetros por debajo de su pecho.
La observa con los mismos ojos de ternura que tenía unos instantes atrás, cuando curaba al niño.
El sol termina de ponerse sobre las olas y el horizonte se torna en colores rosas y azules añil.
Akane me mira sin miedo ni resentimiento, sin reproches. Sus ojos marrones parecen querer sondear mis pensamientos, y por un instante tengo miedo de que lo consigan.
Sus labios se curvan y se abren, mostrándome por primera vez su preciosa sonrisa.
—Gracias.
Siento como la tierra se abre bajo mis pies, como mi estómago se llena de burbujas que me intoxican y marean.
Qué equivocado estaba hasta el momento. Su cara de enfado no puede rivalizar con esto, de ninguna manera.
Me sonríe sincera, atravesando todas mis barreras, adivinando quizás que toda la rudeza que sacan a relucir mis palabras no es más que pura fachada. Me mira de verdad, como nunca lo ha hecho otra persona, me mira a mí.
Y tengo la convicción, la absoluta certeza de que me he estado mintiendo. Ahora más que nunca sé que mi crueldad nace de un deseo egoísta.
No quiero compartirla, no quiero que esa sonrisa sea de otro: la quiero solo para mí.
Me llevo una mano al rostro y aparto la mirada, el corazón se me va a salir por la boca.
Estoy jodido.
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¡Hola de nuevo!
Creedme que no exagero ni un poquito si digo que tras terminar este capítulo tenía un terrible dolor de cabeza. Tanto es así que apagué el pc, me tomé un analgésico y me metí en la cama. Aún cuando lo leo me siento mareada con tantas palabras, idas y venidas. Podría decir que este capítulo en en sí mismo una larga conversación a pedazos, además de resultar revelador en más de un sentido.
Mientras escribo estas líneas termino las primeras páginas del capítulo 14, sip, en una semana terminé el 12, terminé el 13 y empecé uno nuevo, no se que pasó O_O. Creo que la acción comienza a acelerarse tanto que hasta yo me siento forzada a avanzar cada vez más rápido, ¡eso es bueno!.
No quiero dejar pasar la oportunidad de comentar algo importante. Este semana murió uno de mis padres literarios, seguro que lo habéis visto en las noticias: Terry Pratchett falleció con 66 años y nos deja a todos sus fans devastados. Este señor tiene mucha culpa de que ahora mismo esté escribiendo estas lineas, así que si os pica la curiosidad y tenéis oportunidad, por favor haceros con alguno de sus libros, escribió casi 70. Era sarcástico, imaginativo y muy divertido, su mundo de fantasía y magia conocido como "mundodisco" nunca dejó de sacarme una risotada, hasta el punto de tener que dejar de leer en el transporte público. Siempre nos quedarán sus inmortales personajes, como el mago inepto Rincewind; El Equipaje, un baúl voraz con pies; Yaya Ceravieja, la bruja más capaz y con más mala uva; la guardia de Ankh-Morpork, panda de estúpidos y divertidos vagos; y por supuesto MUERTE, que siempre hablaba en mayúsculas y nunca necesitó guión para interrumpir una conversación. Adiós queridísimo escritor, ojalá y allá donde vayas estés rodeado de gatitos.
Y ahora vamos a los agradecimientos, ¡gracias a todos los que leéis estas líneas! sin vosotros ya me habría rendido hace mucho. Y gracias a Nodokita, mi betareader que tanto trabaja sin pedir nada a cambio.
Contestando reviews: The girl of pig tailed (muchas gracias, por lo que veo el capítulo anterior te despertó sentimientos muy diferentes, me alegra mucho ^^), ar30982(¡Gracias! no pasa nada si no puedes dejar siempre review, lo importante es que de vez en cuando te dejes ver y me digas tu opinión. La pobre Akane debe de pensar que se ha metido con una panda de locos, y lo cierto es que no va desencaminada... Ah, y lo del "hiatus" o "hiato" tiene varias afecciones lingüísticas, búscalo en el diccionario y verás que si hablamos de "hiato musical" nos referimos a una pausa.), Jorgy (Gracias a ti por molestarte en dejarme comentarios tan largos, me encanta leerlos. A mi al principio también me pasaba que me quedaba todo el tiempo con las ganas de describir los sentimientos de todos los personajes, pero de alguna forma me he acostumbrado a la narrativa y y no lo hecho en falta, digamos que "veo" a través de ellos y entiendo lo que ocurre en su totalidad. Si logro transmitir eso a los lectores me daré por satisfecha. Algo me acuerdo aún de mis lejanas clases de defensa personal con aquel cubano medio loco... Muchos besos y cuidate), xandryx (Es cierto que en el capítulo anterior pasa de todo; hay escena de acción, escena de romance y la guinda final con el neko-ken, ese gato no ha podido resistirse, jajaja. Te mando muchos saludos y ánimos con todo!), Rokumon (En el capítulo pasado hay muchas escenas importantes, pero ya viste que Akane no se guardó mucho lo del beso, creo que estaba deseando echárselo en cara pero no sabia como, jajaja.), Sav21 (Esa preocupación creo que es inherente al personaje, pero la torpeza y el meter la pata también lo es, jajaja. ¿Shinnosuke? no sé que estará pensando, ya lo averiguaremos más adelante), Zwoelf (¡Muchas gracias! las escenas de acción son las que más trabajo llevan, porque al menos para mí son las que más me cuesta describir en su conjunto. Gracias por dejar review, nos seguimos leyendo y continua con tu arte ;)), Shiho Cardanide (¡Gracias! creo que el capítulo 10 resulta mucho más vergonzoso para Akane en más de un sentido, aunque el que acaba de verdad perturbado es Ranma, pobre inocente XD. El "beso en hiatus" es re-tierno, un roce de labios estancado en el tiempo, jijiji), Piki26 (Sin duda nada será igual entre ellos, pero creo que es algo que pasa a cada capítulo, su relación cambia en cada paso, a veces para bien, otras para mal. ¿Que pasará cuando Ranma y Shinnosuke se encuentren? oh, debes saber que esa parte es una de las que más ganas tengo que escribir, me encanta cuando las cosas se vuelven "serias", disfruto indebidamente de las escenas llenas de sentimientos fuertes. Gracias por leer ;)), susyakane (es que, ¿que son las historias sin su poquito de acción?, y sí, hubo beso, aunque yo diría que demasiado inocente e inesperado. ya habrás visto como se lo ha tomado Akane), Karlarodsal (¡Muchas gracias por leer! me encanta cuando los lectores me dicen que se han estado comiendo las uñas, siempre intento hacer llegar esa emoción en mis historias. Mi pobre Ranma, seguro que en ese callejón tuvo más de un dilema, jaja. Besos!), Mix (gracias a ti por leer y comentar), rya (gracias, intento ser puntual como ya ves con mis actualizaciones, si me retraso mucho siempre podéis mandarme PM amenazantes...), rankane (¡Hola! un gusto en saludarte por primera vez, si estás pensando en comenzar a escribir, ¡solo hazlo! y recuerda no desanimarte y creer en ti y en tu trabajo, no hay nada más bonito que eso. Por supuesto las reviews se agradecen mucho, digamos que es mi única "paga", jajaja. Y lo de las buena vibras, obvio que aquí venimos a divertirnos... ¡y yo soy la que más lo hace!, para llorar abro los periódicos. Muchos besos para México y gracias por dedicarme un rato de tu tiempo.), MariamST (¡Muchas gracias por tus palabras! yo siempre he pensado que mi forma de escribir bebe más de las tv y el cine que de la literatura clásica, no por nada soy una chica de los 80, criada a base de series con efectos especiales exagerados y comedias de situación. Sé que abuso mucho del control "de cámara", yo misma veo mis fics como si fueran una película, ¡todo el rato moviéndose!. Y sí, este fic resulta mucho menos pesado en el plano dramatical, aunque no creas, ¡amo el drama! jajaja. Cuando comencé a escribir "Quince días" aún no tenía prevista la boda, podría decirse que es un poco casualidad.), bry (Hola mi querida bry, ¿no te ha dicho alguien que deberías escribir? Cada vez que me dejas una review siempre me parece que quieres arrancar algo mayor. Me encantaría leer un fic escrito por ti, estoy segura de que sería algo fuerte y especial, cargado del sentimiento que reflejas en tus líneas y que tan bien me transmites. Muchos besos amiga y piénsalo), Fatima (Muchas gracias! a mi también me encantaría ver mis historias en películas o novelas, ¡y poder ganarme la vida así! sería un sueño muy bonito...), Chiqui09 (Ya sabes, cuando se trata de Ranma al final todo resulta un tremendo lío, con Ryoga siempre he admirado su rivalidad que a pesar de todo no les impide ser amigos, y Akane celosa de Ukyo es muy tierna, no creo que ni ella misma acierte a decir que son celos. Lo que si es innegable es que jamás aprenderá a cocinar. Besos y sigue leyendo!) y Jannika1990 (¡no desesperes, que como mucho me voy un día o dos! pero suscríbete a las actualizaciones y deja de revisar, jajaja. Gracias pro esas ganas que tienes de leer, espero que la espera haya merecido la pena).
Muchas gracias a todos, nos leemos en 10 días.
LUM
