Antes de comenzar: Como siempre con problemas con la escuela y eso, pero descuiden, definitivamente terminaré este fic.
En el capítulo anterior: Una imagen lo había alegrado. En la puerta un hombre de unos cuarenta y tantos años intentaba limpiar restos de polvo de su saco antes de entrar. Ferb lo reconoció en al instante, era el padre de Vanessa, el hombre que había visto en el centro comercial hacía un tiempo atrás. Evidentemente se dirigía a una boda.
Ferb no siguió dudando y caminó con seguridad directamente hacia las escalinatas de la iglesia.
Capítulo X: "El hombre invisible"
Ferb sabía que ahora que había encontrado a Heinz sería más sencillo encontrar a Vanessa. Su corazón latía nervioso, no sabía si al cruzar el portón se encontraría con la chica que había robado su joven corazón. Subió el primer escalón, pero algo lo detuvo. No llevaba ropa para la ocasión, era más que evidente que no era un invitado. Su pantalón, aún violeta pero de tiro bajo y mucho más largo no ayudaba mucho a la idea de que fuese invitado a la ceremonia. Su camisa amarilla podría haber pasado, pero el denim no era precisamente el material de un pantalón de vestir. Dudaba que le impidieran entrar, después de todo era en una iglesia, pero prefirió quedarse afuera.
En el interior de la construcción, Heinz había logrado quitar el polvo de su traje casi por completo. Continuaba sacudiendo su manga de vez en cuando. Se sentó junto a una mujer pelirroja que tendría aproximadamente la misma de su ex esposa.
-Hola. –lo saludó la señora Flynn amablemente. –Soy compañera de la clase de cocina de Charlene.
-Hola. –se limitó a responder Heinz de forma muy seca.
-Oh, ya quiero que empiece. –continuó Linda ignorando por completo la hostilidad del hombre al que le estaba hablando. –Apuesto a que se verá muy hermosa.
-Sí, eso creo. –respondió con el mismo tono Heinz. En realidad no se podía decir que estuviese precisamente celoso porque su ex esposa estaba a punto de casarse otra vez, sino más bien le incomodaba el hecho de que se fuera a casar con Mayor Monograma, un importante componente de la agencia O.W.C.A. y jefe de su peor enemigo. Sin mencionar desde luego que su hija Vanessa pasaría gran parte de su tiempo con un hombre que no sólo no era su padre, sino que era, en definitiva, un antagonista suyo.
Frente al altar estaban Mayor Monograma y Carl, ambos vestidos de fiesta, en especial Mayor Monograma.
-Trajiste los anillos, ¿verdad, Carl?
-Por su puesto, señor. –contestó el padrino de la boda dándose una palmaditas en el bolsillo con los anillos.
-¡No hagas eso! –exclamó Mayor Monograma.
-¡Ups! Lo siento, señor. Espero que los anillos no se hayan dañado. –dijo mientras revisaba que todo estuviese en orden.
-¿No lo entiendes, Carl? Todo debe salir perfecto esta noche. No aceptaré errores.
-Lo sé, señor. Descuide, puede confiar en mí.
Mayor Monograma lo miró dubitativo.
-No tengo elección. –dijo resignado.
Fuera de la iglesia ya casi no quedaba nadie, todos habían entrado y sólo Ferb permanecía parado junto a las escalinatas de la iglesia. Un auto con un gran moño blanco se acercaba. Era obviamente el auto de la novia. Estacionó justo frente a la iglesia y en cuanto la puerta se abrió una avalancha de tules blancos se abrió paso para bajar del auto. Una mujer completamente desconocida para él había bajado de ese coche y ahora tiraba un poco de la cola de su vestido para terminar de sacarla.
-Vamos, hija. Ayúdame con esto. –le pedía la mujer con un cierto grado de histeria previo a su boda.
-Eso hago, mamá. –contestó una voz que a Ferb se le hizo más que familia. Lo que acababa de oír era cien millones de veces más hermoso que escuchar a los ángeles cantar. Sus ojos se abrieron y esperaron a la expectativa de la puerta del auto, sólo para corroborar que su mente no le estaba jugando una cruel broma. Unos segundos después la angelical imagen de la única chica que había podido robar su corazón se materializó ante sus ojos. No podía quitarle los ojos de encima. Su cabello lacio estaba suelto, sus pestañas largas, sus ojos brillantes, sus labios perfectos y su vestido… bueno, no se parecía a su otra ropa, pero todo le quedaba divino a Vanessa Doofenshmirtz, especialmente para Ferb. En los ojos del peliverde un brillito enamorado comenzó a aparecer y su sonrisa se dibujó sola.
-Ten el ramo, mamá. –dijo la muchacha entregándoselo en la mano.
-Oh, sí. Por poco lo olvido. Estoy tan nerviosa, hija. –admitió la mujer. Era cierto, la mujer temblaba de los nervios.
Vanessa tomó la cola del vestido mientras su madre daba unos pasos para que quedara estirado.
-¿Estás lista, Charlen? –preguntó un hombre que salió en ese momento para confirmar que la novia estuviese lista para su gran entrada.
-Sí. –respondió la mujer mientras subía la escalera hasta el gran portón.
El hombre se asomó adentro y realizó una seña para indicarle a quien debía tocar la marcha nupcial que la novia estaba lista.
Ferb no despegaba los ojos de la chica de 16 años. Lo ignoró en un principio mientras se las arreglaba para tomar el vestido de su madre lo mejor que podía, pero luego lo miró. Allí parado, apoyado contra una pared en la calle mientras anochecía. Algo en él le resultaba familiar y el hecho de que él la mirara como si la conociera confirmaba sus sospechas. Pero, ¿quién era ese chico peliverde? No conocía a ese adolescente, pero se moría por hacerlo, o al menos por recordar quién era ese chico. Entrecerró los ojos para intentar recordar quién era el muchacho, pero lo único que consiguió fue que el chico le sonriera. Ella le devolvió la sonrisa, e incluso intentó saludarlo con su mano sin soltar el vestido de Charlene. Ferb se sonrojó, pero no devolvió el saludo, la marcha nupcial había iniciado y Vanessa miró al frente de inmediato. Los portones de la iglesia se abrieron y Charlene comenzó su caminata. Sin embargo, justo antes de que Vanessa entrara y la puerta se cerrara tras de ella volvió a clavar los ojos en el peliverde. Ferb sonrió de felicidad, ya no era el hombre invisible.
Un destello de luz en el cielo lo distrajo, por alguna razón se dirigía hacia él. Entrecerró los ojos para verlo fijamente y usó su mano tapando el destello para que no enceguecer al mirarlo. El haz de luz se dirigía hacia él a toda velocidad y sin poder hacer nada para evitarlo, lo golpeó de lleno en el pecho.
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Isabella conducía su bicicleta lo más rápido que podía. Debía hallar a Ferb, debía hacerlo por Phineas. No sabía en dónde estaba, pero sabía que el sitio en donde estuviese debía quedar en la misma dirección en la que salió disparado el rayo de la máquina de cumplir deseos. Para su suerte, Ferb había ido a pie, por lo que no debía tampoco estar muy lejos. Conocía también cómo estaba vestido y cómo lucía ahora que era adolescente. Cuando la chica pedaleó lo suficiente como para cansarse, comenzó a preguntarles a las personas que estaban cerca.
-Disculpen. –comenzó la chica dirigiéndose a una pareja que estaba en un parque. -¿No han visto de casualidad a un chico alto, de cabello verde, pantalones violetas y camisa amarilla?
-¿Disculpa? Como si estuviésemos atentos a los excéntricos que andan pasando por la calle. –contestó la chica en un tono verdaderamente horrendo. -¿Pelo verde? Por favor. Es la cosa más ridícula que he escuchado.
Isabella frunció el ceño.
-Creo que yo sí lo vi, pequeña. –contestó el joven en un tono mucho más amable. Su cabello era largo por ser el de un chico, tenía un aspecto gótico y un mechón de su cabello era de color rosado.
-¿En verdad? –preguntó Isabella dirigiéndose sólo al chico. -¿Alguna idea de a dónde se fue?
-Sí, dobló en esa esquina. –contestó el chico. –En dirección a la catedral.
-Ahora sabes lo que querías saber, pequeña extraña. ¿Te importaría irte a encontrar a ese extraño de pelo verde? –la actuaba de forma repugnante. Su cabello era rubio, corto y ondulado. La verdad su apariencia no se parecía al de ese chico gótico, más bien parecía una chica de puro brillo y glamour. –Pelo verde. ¿Oíste alguna vez algo más estúpido, Johnny?
-Bueno, en mi opinión no se le veía mal al chico.
La chica frunció el ceño. Le molestaba que su chico no estuviese siguiéndole la corriente en sus comentarios.
-¿Qué? En verdad, se le veía bien. –insistió Johnny.
-Gracias, Johnny. –dijo Isabella amablemente ignorando por completo a la rubia. Estaba un poco cansada para seguir pedaleando, así que dejó su bicicleta cerca del banco sobre el que los chicos estaban sentados y se dirigió al bebedero a tomar unos sorbos de agua. No se alejó mucho de los chicos, así que escuchó cada palabra que dijeron.
-¿Sucede algo? Pareces deprimido otra vez, Johnny. Deberías estar más feliz, me ofende que estés así.
-Lo sé, lo siento. De verdad lo lamento mucho. Pero la verdad es que aún sigo pensando en lo que ella dijo…
-¡¿Otra vez pensando en esa chica?! ¡Por favor! ¡Supéralo! Nunca te quiso, sólo acéptalo. Mereces algo mejor.
-Es que creí que al menos era mi amiga.
-Las chicas como ella no son amigas, son arpías.
-¿De verdad Vanessa dijo todo eso de mí?
-Sí, sí lo hizo. ¿No vas a confiar en mí? Yo soy tu novia. ¿Qué es Vanessa de ti?
-Supongo que nada.
-¿Supones? Lo deberías saber. Ella siempre ha dicho que eras un perdedor, que preferiría luchar contra cocodrilos para no salir contigo. En serio, supéralo. No seguiré saliendo contigo si sigues hablando de ella.
-Mi recomendación es que sigas hablando de esa tal Vanessa hasta que la voz se te agote, Johnny. –los interrumpió Isabella mientras se montaba nuevamente en su bicicleta y se echaba a pedalear. El muchacho se rió con el comentario. La chica le echó una mirada amenazadora y dejó de reírse de inmediato.
Isabella se dirigía a la iglesia en su bicicleta. Al acercarse lo alegró la imagen de un peliverde sentado en las escaleras de la entrada. La morena dejó su bicicleta y casco a un lado y comenzó a subir.
-¡Ferb! Te he estado buscando. Debes regresar, todos se preocupan por ti.
-No quiero regresar, Isabella. No he tenido tiempo para estar con ella. –dijo con actitud de enamorado mirando fijamente el portón de la iglesia.
-Debo admitir que eso sonó realmente romántico, pero el sol se está metiendo y todos se preguntarán en dónde estás. Tu padre, Phineas, Candace. Todos se preocupan por ti.
-Estaré en problemas mañana, ¿y qué? Al menos lo habré intentado.
-Harás esto otro día. Vamos, Ferb.
-Oh, Isabella. Me extraña de ti que no quieras ayudarme siquiera en nombre del amor.
-Bueno, a mí me resulta extraño que estés hablándome, pero en definitiva no es eso lo que importa. Es más que obvio que se trata del deseo de tu padre.
-Oh, así que fue mi padre quien…
-¡Ferb! Eso no importa. Phineas está muy preocupado por ti. Debes regresar. No te obligaré a hacerlo, pero te lo pido, Ferb. Hazlo por Phineas.
-Oh, de eso se trata. Es muy tierno de tu parte, Isabella. Por amor a Phineas vienes a buscarme.
-¿A qué te refieres con…?
-Soy, o al menos era callado, no ciego.
Isabella se sonrojó.
-Pues…
-Oh, Isabella. Debes dejarme hacerlo, será sólo hoy. Déjame hablarle, no como Ferb. Sé que ella va a notarme ahora, sé que lo hará. Dejaré de ser el hombre invisible. Tú que más que nadie tiene idea de lo que es ser invisible para alguien, debes comprenderme. Sé que lo amas y que no quieres verlo sentirse mal por alguien, pero también debes saber que ni tú ni yo podremos seguir sin arrepentirnos de lo que hicimos si yo regreso ahora.
-Lo sé. Me sentiría demasiado culpable.
-Y yo demasiado tonto por haber perdido la oportunidad de mi vida. Por favor, Isabella. Sólo por hoy. Te prometo que todo regresará a la normalidad mañana, todo será como se supone que sea. Si es necesario volveré a hacer el hombre invisible, pero déjame disfrutar de mi única noche de visibilidad.
Isabella no se atrevió a dudarlo, estaba demasiado convencida de las palabras de Ferb.
-Desde luego, Ferb.
-Gracias, Isabella. –dijo el chico abrazándola.
Detrás de ellos las puertas se abrieron y la gente comenzó a salir. Todos arrojaban arroz a los novios y reían muy contentos. Charlene y Mayor Monograma salían tomados de la mano y aparentemente muy felices. Contrastando con la situación tanto Vanessa como su padre parecían de muy mal humor. Sin embargo la mala cara a la chica no le duró demasiado. De inmediato se dirigió a quitarse la horrenda duda que la había torturado toda la ceremonia.
-Disculpa. –le preguntó la chica a Ferb. -¿Nos… conocemos?
Ferb sonrió. Ser visible por una noche en verdad lo ponía de buen humor.
-No. No nos conocemos. –contestó sin borrar su sonrisa ni su mirada brillante.
Isabella no tuvo tiempo ni siquiera de darse cuenta que se trataba de la amada de Ferb.
-¡Qué bonito vestido! –exclamó entusiasmada con los volados, tules y bordados del vestido de Vanessa.
-Eh, gracias. –contestó la chica que sinceramente no comprendía como semejante insulto hacia su propia personalidad le provocaba tanto agrado a la jovencita. –Mi nombre es Vanessa. –continuó dirigiéndose a Ferb.
-¿Vanessa? –se preguntó a sí misma Isabella.
-¿Vanessa? –fingió Ferb. –Qué bonito nombre.
El cumplido del chico hizo que Isabella notara de inmediato que se trataba de la chica que le gustaba. La miró con más atención, no le pareció que Ferb fuese un estúpido en ese momento.
-¿Cuál es tu nombre? –preguntó la chica interesándose en el peliverde.
-¿Mi nombre? Mi nombre… mi nombre es… es… Lucas. –improvisó al ver un cartel de la película "Star Wars" en la calle.
-Es un gusto, Lucas. Y… hay una estúpida fiesta y… bueno, mi madre se acaba de casar… será una fiesta tonta y me preguntaba si… bueno… ¿quieres ir, Lucas? –preguntó Vanessa algo nerviosa.
-Eh… Claro. Me encantaría. –Ferb no iba a perderse la oportunidad, era su primera y última noche de visibilidad. No iba a malgastarla intentando ser cortés y diciendo que "no" a una fiesta con su chica.
-Genial. Tu amiga puede venir también. –dijo refiriéndose a Isabella.
-¿Yo? No gra…
-¡Vamos, Isabella! –la interrumpió Ferb -Será divertido. Por favor.
-De acuerdo. –aceptó finalmente.
Es a una calle de aquí. Todos vamos a ir caminando. Vengan, chicos. –los guió Vanessa a ambos.
Ferb miró a Isabella, ella respondió a su mirada con una sonrisa cómplice. Sin embargo algo perturbaba sus pensamientos. ¿Era la misma Vanessa de la que estaban hablando esa pareja en el parque la Vanessa de la que Ferb estaba enamorado? No sabía si creerle del todo a la chica rubia, a decir verdad, parecía mandona y manipuladora. Por otro lado, no la conocía realmente. Existía la posibilidad de que esa chica estuviese diciendo la verdad, después de todo. ¿Y qué había con ese chico, el tal Johnny? Si la Vanessa de la que hablaban era la misma Vanessa que los había invitado a la fiesta, Ferb tenía competencia. La chica estaba confundida, tenía muchas preguntas y mucho que hablar con Ferb.
La multitud salía de la iglesia y caminaba hacia el salón donde sería la fiesta. La caravana era encabezada por Charlene y Mayor, seguidos de cerca por Carl y unos fotógrafos que no dejaban de disparar con sus flashes para guardar recuerdos de la ocasión. En el medio con otras amigas de la novia iba Linda Flynn que parecía muy alegre y reía constantemente. Casi cerrando con el desfile, caminaba Heinz Doofenshmirtz de muy mala gana y con el ceño fruncido. Vanessa lo seguía, pero su enojo se había desdibujado de su cara y ahora una enorme sonrisa la iluminaba. Ferb la seguía como si estuviese hipnotizado y al final caminaba Isabella intentaba imaginar cuál era la mejor forma de investigar a Vanessa.
Todo parecía ir bien para Ferb, sin embargo. Al fin su chica soñada le prestaba atención. Ya no era sólo un niño, ya no era el hombre invisible.
Continuará…
