Mil y un doscientos cincuentamil perdones por la tardanza en actuarlizar pero esto no esta siendo tan fácil como parecía. Además de que me he roto un dedo y en el trabajo me explotan. Si después de las excusas aún os quedan ganas de leer y comentar se agradece enormemente. Besis y gracias.
Sentado en el sofá con las piernas abiertas, la cabeza metida entre ellas y rascándose con fuerza la nuca, Draco se preguntaba como había llegado aquella situación.
Resopló con fuerza y su flequillo voló unos segundos para caer despacio. Alzó la vista y a través de los mechones rubios observó a Harry, apoyado contra la mesa con las manos fuertemente agarradas en el borde de la mesa y la mirada fija en la punta de sus zapatos. Le observó detenidamente, había estado abrazándolo por más de media hora, dejando que llorara contra su pecho, sin saber exactamente que hacia o porque lo hacia, acariciando su espalda acunándolo.
Cuando dejó de llorar, se sintió incomodo, fuera de lugar no sabía que hace o decir, y él siempre lo sabía. Quería hablar con él, necesitaba una explicación o iba a volverse loco, pero cada vez que intentaba decir algo el rostro compungido, la mirada perdida le echaba para atrás.
Suspiró. Y se puso de pie.
-Creo que necesito un cigarro – Harry lo miró – Y tú también.
-Sí… - murmuró.
-Espera – le dijo cuando le vio poner rumbo a la puerta – no puedes salir así – sacó la varita y le arregló la camisa, provocando que se sonrojara una vez más – Vamos.
Salieron por la puerta de atrás, y caminaron un rato por las callejuelas de cerca de la plaza mayor, y salieron a ella, la gente caminaba observando la plaza y haciendo algunas fotos, otros se sentaban en las terrazas y se dejaban bañar por el tibio sol de marzo.
Draco encendió un cigarro y dio una larga calada mientras ponía rumbo hasta un parque que había visto el día anterior, el humo se coló por su boca rumbo directo a sus pulmones y aquello pareció aplacar los crecientes nervios que afloraban de su pecho. Sentía que la cabeza iba a estallarle, llevaba una vida ordenada, por las mañanas trabajaba, por las noches salía, casi todas las noches pasaba por la cama de algún chico guapo y nada más. Aquella era su vida, le gustaba, no tenía un gran sentido, no había nada que le moviera a mejorar a buscar una estabilidad que sería propia de la madurez, pero se sentía cómodo con su vida.
Pero Potter había llegado a ella como un vendaval y había barrido con los frágiles cimientos de su vida. No podía controlarse sí le veía, había ido a su despacho para hablar de Robbie, para echarle en cara sus estupidos celos solo porque su hijo parecía estar a gusto con él, pero cuando lo vio desafiándole con la mirada, con aquellos profundos ojos verdes clavados en él, esperando pelea no pudo evitarlo, su torrente sanguíneo bombeo a su corazón y le hizo brincar, sus sentidos se agudizaron y la excitación le recorrió de punta a punta.
Había tenido buenos amantes, muy buenos amantes, y amantes excelentes. Pero Potter era único. La manera de rendirse a sus caricias, de dejarse devorar, de gemir, de pedir más era única. Y sentía la necesidad de pedir más y más de él, no quería terminar de besarlo, ni de frotarse contra él.
Se sentó en el respaldo del banco con la vista fija en el parque donde algunos pequeños jugaban con sus hijos y el cigarro en las manos. De reojo observó como Harry se sentaba a su lado con la cabeza gacha y el cigarro en la boca. Le observó dar caladas cortas y rápidas, apurando el cigarro hasta el filtro.
-Potter – Harry tembló pero no dijo nada - ¿Qué pasa?
-… - se llevo la mano al pelo y lo apartó de la cara, elevó la cabeza y fijó la vista en uno de los árboles que tenía enfrente.
-¿No vas a responder?
-Sí.
-¿Y bien?
-Yo… no debí… esto no debió pasar.
-Bien… vale – lazó la colilla unos metros más adelante y la observó apagarse en un pequeño charco de agua.
-Él… y yo… le prometí… y …
-… - Draco se frotó las sudorosas manos al pantalón y le miró por el rabillo del ojo.
-Le quiero, desde que puedo recordar, siempre le he querido.
-Ya…
-Y ahora… jure no buscar a nadie más… y…
-¿Es… - no sabía si debía seguir por aquel camino - ¿Hablas del padre de…?
-Sí.
-Creí que estaba muerto.
-Lo está.
-Oh…
-Murió en la guerra – comenzó a hablar – en realidad seis semanas antes de la guerra.
-Ya.
-Nunca supo que iba a ser padre. No tuve tiempo de decírselo – cerró los ojos y recordó el día que se lo dijeron, cuando entre las listas de bajas estaba su nombre, no pudo llorarle como había querido, no pudo porque nadie sabía que ellos se amaban – Me quedé solo, esperando un hijo del hombre al que amaba y a punto de enfrentarme al mago más poderoso que el mundo había conocido.
-Pero venciste.
-Le perdí – suspiró – hubiera preferido perder la guerra, huir y esconderme con él. Hubiera dado mi vida porque él le conociera.
-…
-Le prometí que cumpliría nuestro sueño.
-¿Vuestro sueño?
-Salir de Londres, huir, dejar todo atrás y empezar de cero en Madrid. Abrir la librería. Ser felices juntos.
-Bueno, parece que lo has hecho.
-Supongo, solo que… me falta él.
-Tienes a Robbie – Harry sonrió – Tu hijo es maravilloso.
-Lo se, es tan especial. Ojala pudiera disfrutar como el resto de los niños, ser como ellos.
-Sabes que no es como ellos, es especial
-Pero… yo quiero que sea un niño normal.
-Creo que… - se mordió el labio – que deberías dejar de querer que sea normal, y darte cuenta de lo especial que es.
-No quiero que nadie le utilice como a mí.
-Potter, Robbie lleva la magia en su sangre, es necesario que la conozca que la deje fluir.
-Aún es muy pequeño.
-Tiene mucho potencial, creo que… que eso ayudaría con su problema.
-… - Harry frunció el ceño – Robbie es mi hijo, yo se como criarlo.
-Ya, claro…
-¿Insinúas algo?
-No… - iba a meterse en un terreno mucho más peligroso – En realidad lo afirmo.
-¿Qué? – se volteó para observarlo.
-Que creo que parte de la culpa de que Robbie sea tan retraído es tuya.
-¿Qué¿Cómo te atreves? – se levantó de golpe – He criado a mi hijo solo, me he desvivido de él cada minuto de su vida, le he dado todo. Le han visto los mejores especialistas, han estado en los mejores colegios… no me digas…
-No creo que sea eso lo que Robbie necesita.
-¡Cállate! – le gritó – Tú que vas a saber… no tienes ni idea, no le conoces, y… - apretó los puños con fuerza – Olvídate de mi hijo, él no… no quiero que te acerques a él…
-Potter – le cogió del brazo y detuvo el camino que había tomado – escucha, no seas necio.
-¡Suéltame!
-Mira no se porque tu hijo me ha cogido cariño, y si te molesta lo siento pero… creo que… bueno Merche dice que…
-Ella no sabe, tú no sabes – le miró fijamente a los ojos – no te acerques a mi hijo, ni a mi… aléjate de nosotros.
-Soy tu custodia, no voy a dejar mi trabajo.
-No… no quiero – se removió y se soltó de su agarre – No quiero que… no quiero – le gritó y se fue corriendo dejando a Draco más que estupefacto.
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El segundo plato esta frente a la mesa, un delicioso asado de cordero con guarnición de verdura, se veía apetitoso pero ella no tenía ni gota de hambre. Llevaba todo el día ausente, preocupada por sus amigos, por todo lo que estaba sucediendo.
-¿No te gusta?
-¿Perdón?
-¿Qué si no te gusta? – señaló su plato – Puedes pedir otra cosa si…
-No, si claro… lo siento. Estaba distraída.
-Me he dado cuenta – le sonrió mientras le servía una copa de vino - ¿Preocupada por el caso?
-Sí – sonrió – bueno, no.
-No entiendo.
-Solo que… nada déjalo, no lo entenderías – tomó la copa y dio un trago.
-Bueno, si me lo explicas quizás…
-No, es que…
-Ya, claro. Disculpa la intromisión.
-No, lo que ocurre es que estoy preocupada por mis amigos.
-¿Tus amigos?
-Sí, Draco y… - se mordió el labio – bueno y otro amigo.
-¿Problemas de pareja?
-No, bueno… no creo – Alberto dejó de comer y la observó detenidamente, no podía dejar de hacerlo, era perfecta, guapa, inteligente con la sonrisa más bonita que había visto en su vida y con esa determinación en la mirada – Solo que, ellos bueno discutieron y yo…
-Estás en medio.
-Más o menos. Y no quiero estarlo, los dos son mis amigos, solo que bueno Draco y yo ahora estamos más unidos, y antes lo estaba con mi otro amigo.
-Entiendo.
-Y yo… se lo advertí, le dije que le haría daño, y… - dejó los cubiertos en la mesa – No soporto verlo así, se que está mal que algo ha pasado entre ellos, pero… ninguno me lo va a contar y yo…
-… - Alberto extendió el brazo justo para poner su mano sobre la de Hermione, ella levantó la vista y se encontró con la mirada y sonrisa de Alberto – Hermione, ellos son adultos, tienen que resolver sus propios problemas. Está bien que te preocupes por ellos, pero tiene que hacerlo solos.
-Lo se pero… - suspiró – yo, quiero tanto a Draco, me ha ayudado tanto, que si está mal, yo no puedo evitar estarlo.
-Lo entiendo. Quizás yo podría hablar con él.
-¿Tú?
-Si, bueno yo no le conozco mucho pero por eso mismo quizás sea lo mejor. No les conozco a ninguno de los dos, tendría una visión objetiva de lo que está sucediendo.
-No creo que Draco… - le sonrió – agradezco tu ayuda, pero es muy reservado para según que cosas.
-Está bien, como quieras. Pero la oferta sigue en pie.
-Gracias – Alberto apretó la mano de la castaña antes de volver a tomar los cubiertos –Date prisa he visto el carro de los postres y creo que aun queda tarta de chocolate.
-¿Si? – los ojos de Hermione se iluminaron – será mejor que coma deprisa.
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Había pasado tantas noches en vela en su vida, que casi ni podía contarlas. Antes de descubrir que era un mago, encerrado en aquella alacena bajo la escalera, pasaba las noches pensando en los padres que había perdido, en que tras la puerta de su casa se escondía un maravilloso mundo por explorar. Soñaba, siempre despierto, con visitar países perdidos de la mano de dios, ser un explorador que recorría el mundo.
Después en Hogwarts las noches en vela se las produjo Voldemort, noches llenas de pesadillas de matanzas sangrientas, de idas y venidas, de heridas mentales, de sollozos y lagrimas. Noches de gritos a pleno pulmón. Hasta que él llegó y lo acalló todo. Se fueron las pesadillas, los gritos y el llanto. Y llegaron las noches de pasión, de besos y caricias, de sexo.
Pero otra vez se quedó solo, y llegaron las noches en que no podía conciliar el sueño pensando en que él, les había abandonado. Iba a traer un hijo al mundo y estaba solo, tenía miedo y estaba aterrado, y a la vuelta de la esquina le esperaba la batalla. La última le habían dicho.
Y lo fue, todo terminó aquella noche cuando Harry consiguió romper el Priore Incatem, y lanzar un Avada certero, y directo al corazón de Voldemort. Harry solo recordaba un fogonazo de luz saliendo del interior de Voldemort y como se había desintegrado en miles de pequeños trozos. Después calló desmayado.
Cuando despertó, Wayne, estaba a su lado, aún no era primer ministro, pero si la mano derecha del que lo fue en aquel momento, y desde que Harry había salvado a su mujer y a su hija de una ataque, el hombre había permanecido a su lado. Wayne le contó a grandes rasgos lo sucedido, como los mortifagos habían sido apresados tras la muerte de Voldemort, no todos, pero si la gran mayoría. Iba a hablarle de los caídos, pero Harry no quiso oírle.
Solo quería desparecer, huir, sin que nadie supiera nada. Y el consejo de magos se lo permitió. Con una única condición.
-¿Estás seguro? – preguntó Wayne una vez más.
-Sí.
-Sabes que no tienes que hacerlo, yo podría mediar y ellos… terminarían por ceder.
-No, no quiero. Nada de favores, quiero irme y si esto es lo que tengo que hacer lo voy a hacer.
-Pero… Harry, tu potencial.
-No, quiero irme. Quiero olvidarme de este mundo, quiero seguir adelante.
-¿Renunciaras a todo¿Y si algún día quieres volver?
-No querré, aquí ya no me queda nada.
-Señor Potter – un hombre de media edad abrió la puerta que tenía frente a él y le hizo pasar. Estaba nervioso, siempre había estado ahí aunque oculta al principio, siempre la había sentido en su interior, y ahora iba a desaparecer.
-El consejo, ha aceptado su petición – el mayor de los ancianos magos le habló - ¿Está seguro de la decisión que ha tomado?
-Sí.
-¿Sabe que no hay vuelta atrás? – el moreno asintió – Bien, procedamos pues.
Una bruja caminó hasta el centro donde el esperaba, con la varita en una mano y un frasco de cristal en otro. Le miró fijamente a los ojos y le apuntó,
-Finnare magicus
Una neblina cubrió el cuerpo de Harry al instante, lo levantó y en el aire sintió como sus entrañas se removían. Su corazón palpito desbocado, tan rápido que el sonido le taladraba los tímpanos. Después se paró, y sintió como si una mano se adentrará en su pecho, y le arrancará algo.
Dumbeldore le había explicado una vez que la magia circulaba por todo su cuerpo, que la sangre actuaba como canal de la misma y la transportaba a todos los puntos del mismo. Pero que había un lugar que los magos llamaban, el Punto Central, justo detrás del corazón, lo que nos daba la vida, se encontraba el punto donde la magia nacía, donde se concentraba.
Harry supo en ese instante que se lo estaban arrancando, que la magia acababa de morir en su interior. Cuando el hechizo cesó se sentía agotado, como si hubiera corrido cientos de kilómetros sin parar si quiera a beber un vaso, de agua. Abrió los ojos, y observó como la mujer cerraba el bote que tenía frente a ella, una esfera brillante, tanto que podía cegarte, estaba suspendida en su interior. La bruja entrego el frasco al mago más anciano y este la hizo desaparecer.
Harry siguió sintiendo la magia en su interior varios meses más, lo que Robbie tardó en nacer, no pudo hacerlo por medio naturales para un mago puesto que ya no contaba con su propia magia, sí con la de su pequeño que fue sustento suficiente para salir adelante y nacer meses más tarde.
Cuando Robbie nació las noches en vela, eran pese al cansancio, maravillosas, verle dormir en su pequeña cuna, era fascinante, Robbie nunca fue un niño problemático ni siquiera en un más tierna infancia, apenas si se despertaba por las noches, y las que Harry se pasaba en vela era porque el moreno no podía dejar de observar a su precioso hijo. Al fruto de su amor.
Se levantó y alcanzó la camiseta que estaba a los pies de la cama, se la puso y salió rumbo a la habitación de su pequeño. La lámpara de la mesilla estaba prendida como todas las noche y Robbie dormía a pierna suelta abrazando con fuerza uno de sus muchos peluches.
Se sentó en el borde de la cama a su lado y le apartó un mechón de la frente. Arrugó la nariz y no pudo evitar un gesto de desesperación. Robbie no se parecía para nada a él, todo lo había heredado de Harry. Sus ojos grandes y verdes, su nariz recta, sus pómulos finos, incluso aquellas pecas minúsculas eran herencia de Harry, y él deseaba tanto que se pareciera a su otro padre, quería que su hijo fuera tan bello como él, con su sonrisa amplia, y sus rasgos fuertes, y la forma de sus ojos, sus cejas, sus orejas, todo quería, que todo Robbie fuera como él.
Le arropó con cuidado, depositó un beso en la mejilla y salió con siguilo de la habitación. Sus pasos le llevaron a la cocina donde se preparo una infusión de valeriana y melisa para intentar conciliar el sueño. Mientras el agua hervía buscó los sobrecillos en la despensa.
-¡NO TE METAS EN MI VIDA! – el gritó provenía de la casa de al lado. Cerró la puerta y les observó por la ventana.
Hermione trataba de convencer a Draco de algo, pero este se agitaba nervioso y gritaba cada vez más mientras la castaña le pedía que se calmara, Harry les observó discutir por la cocina, mientras el agua seguía hirviendo. La tetera silbó y Harry la apartó con un paño del fuego.
Cuando volvió a mirar hacia la ventana Hermione estaba apoyada contra el fregadero observando la pila con la cabeza gacha. La castaña como si hubiera notado su mirada fija en ella levantó la cabeza, y Harry observó como un par de lágrimas resbalaban por sus ojos.
Escuchó un fuerte portazo y su corazón dio un vuelco cuando se percató que Hermione seguía mirándolo directamente. Dejó la infusión para más tarde, salió al rellano y picó a la puerta de enfrente.
-Ho… - Hermione se limpió las lagrimas con la manga del pijama – Hola, Harry.
-Tengo agua caliente, creo que un té nos vendrá bien
-Sí – entraron en la cocina, Harry cogió un par de tazas de la alacena y las puso sobre la mesa, una a cada lado de la mesa esquinera.
-¿Habe… - se mordió el labio – habéis discutido? – preguntó mientras servía el agua.
-Sí – dejó la tetera sobre la vitro cerámica y volvió a sentarse frente a Hermione.
-Vaya lo, lo lamento.
-Ya – Hermione jugueteó con la bolsita de té en el agua caliente – Mañana vendrá el reemplazo – comenzó a hablar – o eso intentaré, yo me quedaré aquí hasta que llegué el mío.
-¿Se fue? – preguntó asombrado.
-Era lo que querías ¿no? – Hermione levantó la vista y le miro fijamente – Supongo que es mejor así, nosotros trabajaremos en el robo, y alguien vendrá a protegeros.
-Ya… - Harry rodeó la taza con sus dos más – siento que… bueno yo…
-Le dije que no lo hiciera – dio un sorbo y siguió mirándolo directamente que si se acostaba contigo terminaría mal, pero nunca me hace caso – sonrió.
-… - parpadeó inseguro un par de veces - ¿Por… qué creías que…?
-¿Por qué creía que acabaría mal? – Harry asintió – Porque os conozco a los dos, y porque por mucho que Draco se empeñara en decir que no era nada más que un polvo, contigo las cosas no son simples.
-¿Qué?
-Todo lo haces intenso. Siempre me gustó de ti, si jugabas a quidditch era de forma intensa, si trababas amistad con alguien lo era de la misma manera. Por eso en primero cuando te hiciste amigo de Ron, despreciaste a Draco. Por eso siempre ganabas los partidos, por eso siempre conseguías lo que querías. Porque te entregabas a ellos, porque lo hacías intensamente.
-…
-Y Draco… - suspiró – es tan frágil.
-¿Frágil? – preguntó elevando una ceja – De todos los apelativos que le daría te aseguro que ese no entraría en una descripción de Malfoy.
-Solo es fachada, un Draco que se construyó hace unos años.
-No entiendo.
-El Draco que yo conocí, si que vivía la vida intensamente, si que salía de fiesta y disfrutaba, pero también amaba como nunca vi a hacerlo a nadie. Pero… - retiró la bolsa de la taza – Alguien le rompió el corazón, y le convirtió en el Draco de ahora.
-Oh…
-No es que no le quiera, ni que haya cambiado mucho, solo que. Desde aquello nunca ha vuelto a… y… tú eres tan intenso que yo… - golpeó la mesa con fuerza - ¡Dios! Odio que se haga esto, odio que cuando no sabe como arreglar las cosas… - bufó desesperada.
-Lo… lo lamento… yo… nunca debí… y ¡mierda!
-Bueno, supongo que tampoco es culpa tuya… no se que ha pasado, solo bueno… Draco esta acostumbrado a algunas cosas y cuando cambian todo su mundo se viene a bajo.
-¿Cosas?
-Siempre pasa lo mismo, conoce a un tipo guapo, se lo lleva a la cama, y si es bueno en la cama – Harry se sonrojó – repite, y sino los manda a paseo. Normalmente no suele haber problema, pero tú… bueno nunca has sido un tipo normal – llevó su mano a la de Harry – No pretendo culparte ni nada por el estilo, solo es que… estoy preocupada por él nada más.
-Ya… de verdad Hermione yo… no se que me pasó yo. Antes yo… ¡joder! No había estado con otro hombre – la castaña alzó una ceja – aparte del padre de Robbie, y … bueno yo… juré que no estaría con nadie más… yo.. aún le amo… nunca podré amar a nadie más por eso… no quería relación con nadie, ni siquiera sexo. Pero Malfoy…
-Es demasiado insistente.
-En realidad no.
-¿no?
-No, solo… no se que pasó, fue muy rápido. Quería controlar mi cuerpo pero no podía, quería parar pero mi mente no hacía más que pedirme más – suspiró – supongo que mi actitud lo descolocó, no pretendía hacerle daño, de verdad.
-Tranquilo, normalmente el daño se lo hace él solo. Es un poco autodestructivo.
-Vaya.
-¿Sabes que fue lo que más le molestó? – preguntó mientras terminaba su té, el moreno negó – que le apartaras de Robbie.
-¿Qué?
-Draco, no llevaba nada bien que le prohíban nada. Y mucho menos si disfruta haciendo algo, y te aseguro que disfrutaba con tu hijo.
-… - apretó los labios con fuerza – pero…
-Mira, es tu hijo, seguro que tienes razones poderosas para no querer que Draco se acerque a él, pero en el fondo se hacían mucho bien.
-La verdad es que… ¡dios!. He sido un maldito egoísta, Malfoy tenía razón… Nunca había visto a Robbie tan contento como estos días, ni tan entregado a nadie – frunció el ceño – Supongo que sentí celos.
-Oh…
-Pero no por mi… - se mordió el labio – por él.
-¿Él?
-El padre de Robbie. Él nunca va a disfrutar de su hijo, nunca lo verá crecer, ni practicar en casa, no podrá enseñarle a volar, ni… - sollozó – y cuando lo vi con Malfoy…
-Draco solo quería ayudar…
-Lo se, de verdad, pero… ¡mierda! – se frotó la cara con fuerza – Supongo que le debo una disculpa.
-Supongo – se sonrieron
-¿Crees que quiera volver?
-No lo se.
-Mira esta vez lo haré bien, no más encuentros entre los dos, solo el será mi custodia y bueno si Robbie quiere estar con él, pues no habrá problema.
-Eso estaría bien.
-¿Mañana volverá?
-No creo.
-Vaya¿sabes donde está? – la castaña asintió - ¿Dónde?
-Con Devon.
