Potsdam, 4 de Julio de 2015. Dedicado a la chica con ojos color por inspirarme de nuevo.
A todos aquellos lectores que pensaban que esta historia quedaría sin terminar, aquí estoy de nuevo!
¿Alguna vez una de vuestras amigas -por no decir vuestra mejor amiga- ha utilizado con vosotras tales tretas y pucheritos que al final os acabáis viendo en una situación en la que nunca os hubierais imaginado?
Pues eso me ocurrió a mí el pasado fin de semana en la salida a Hogsmade. De un momento para otro, me vi en una cita doble con Vivien, Theodore y un Scorpius con cara de pocos amigos.
Los terrenos de Hogwarts estaban bastante cubiertos de nieve para estar a comienzos de diciembre. Vivien y Theodore caminaban delante de nosotros, era su primera cita en público.
En verdad no podía estar más contenta por mi amiga; era la primera vez que tenía un novio oficial y se la veía muy feliz. Sus ojos brillaban junto con los de Theo cada vez que se miraban.
Sin embargo, no puedo decir que mi acompañante se viera tan feliz. Es más, tenía la sensación de que Scorpius quería estar en cualquier otro lugar del mundo menos en esta cita dobla. En cualquier lugar del mundo que no fuera a mi lado. Y no lo podía entender.
Me era extraño el comportamiento de Scorpius teniendo en cuenta cuánto había mejorado nuestra relación. Ansiosa, decidí intentar entablar conversación con él.
-¿Cuáles son tus chocolates favoritos de Honeydukes? Mi favorito es el de chocolate negro relleno de mus de chocolate.
-No me gusta el chocolate, Weasley.
¿Weasley? ¿Cuándo habíamos vuelto al trato formal ? Sin duda Scorpius estaba raro.
-¿Te ocurre algo conmigo Scorpius? Creo que hemos creado la suficiente confianza entre nosotros como para contarnos que nos ocurre...
-A mí no me ocurre nada. Y menos contigo...
En ese momento Scorpius me miró, y supe que con esa mirada me quería decir algo más sin embargo el contacto visual se rompió cuando alguien le golpeó en el hombro. No era otro que mi primo James quien miraba a Scorpius como solo había hecho con los pretendientes de mis primas.
-Espera. Vivien, nos vamos a retrasar un poco. Luego os buscamos en Las tres escobas. Scorpius y yo tenemos que hablar.
Vivien me miró confusa, pero fue Theodore quien asintiendo con su cabeza me dijo que estaba bien. O así lo quise entender yo.
Tomé la mano de Scorpius sin mediar palabra con él. SI alguno de los alumnos que iba detrás después le daba por hablar, que hablase.
Nos separamos del camino hasta llegar a un pequeño claro justo antes de la entrada al pueblo. Me paré en seco encarándome con el rubio.
-¿Se puede saber que te pasa a ti conmigo? Y ¿se puede saber que ha sido eso que ha pasado con mi primo?
En ningún momento Scorpius miraba al frente, sus botas húmedas por la nieve parecían lo más interesante. Tomé su mentón para que fijase su mirada en mí. Una mirada que nunca había visto en sus ojos.
Cerró levemente los ojos y tomó mis manos con las suyas.
-Han pasado varias cosas. Todas ellas relacionado con tu primo. ¿Quieres que siga?
-Por favor...¿Te ha hecho algo James?
-No, no directamente. Me ha amenazado, bueno, me ha puesto sobre aviso, sí esas fueron sus palabras...Me ha dicho que no aprueba que una serpiente asquerosa como yo ande detrás de su prima más inocente. Que si quiero añadirte a mi lista de trofeos, la paliza que me dio Pucey, sí esa que recibí por defenderte, parecerá un abrazo de abuela.
En ese momento no sé que me dio más rabia, si el hecho de que James se viera con potestad para organizar mi vida, que Scorpius estuviera así por culpa del idiota que tengo como primo o que ese mismo primo me considerase una tonta inocente incapaz de defenderme por mi misma.
Y todo cuadró en mi mente en ese momento. La frialdad de las últimas semanas, el que no hubiera juego por su parte y que me rehuyera la mayor parte del tiempo como hacía tiempo que no pasaba.
Movida por yo que sé que impulso, apreté sus manos con las mías. Me parecía la manera más sencilla de decirle que estaba allí; que a pesar de lo raro de nuestra relación, podía contar conmigo.
Sus manos enguantadas en cuero apretaron las mías en respuesta, mirándonos a los ojos de frente. Su mirada de mercurio, sus pupilas dilatadas solo hacían que en mi mente una alarma de emergencia sonase cual grito de banshee. Pero no quise escuchar la advertencia, y antes de que me diera cuenta, tenía los suaves labios de Scorpius sobre los míos.
Y así estoy en mi cama horas después, confundida a más no poder y con mis labios cosquilleando cada vez que pienso en el maldito hurón platinado de Scorpius Malfoy. Y en lo suaves que me han parecido sus labios sobre los míos.
