~N/A: ¡Hola! Otra semana más, otro capítulo más. ¿Draco parece ya bastante enganchado a Hermione, verdad? Esperad y veréis ;)
Quiero dedicar este capítulo a Gizz Malfoy Granger, dianetonks, inesUchiha y Sally ElizabethHR por haberse tomado la molestia de comentar cada capítulo desde que hemos empezado. Muchas gracias también a todas las que dejasteis review en el capítulo anterior y bienvenidas aquellas que acabáis de incorporaros a la lectura :) ¡Espero no decepcionaros! Nos leemos al final. N/A~
DIARIO DE UN ROMANCE ACCIDENTADO
X. Ampliar los horizontes
A quien pueda interesar:
Hoy he tachado el vigésimo cuarto día del calendario. Veinticuatro días desde que llegamos aquí. No es que no esté cómoda: sin contar a Malfoy, la estancia aquí está siendo bastante agradable. ¿Que por qué no cuento a Malfoy? Bueno, me gustaría más vivir con él si no se quedara mirándome fijamente con una expresión que solo puedo etiquetar de rabia siempre que estamos en la misma habitación. En serio, empiezo a echar de menos las pocas conversaciones que hemos mantenido. Imaginaos la gravedad de la situación.
Pero recapitulando, aunque Theo y Pansy sean amables con nosotros, noto que quieren recuperar su casa. Y no los culpo, llevamos más de tres semanas viviendo de gratis. Y mi madre lo único que hace es darnos largas.
Dios, si existes, haz que las obras de casa terminen pronto.
Pero bueno, pasemos a un tema más alegre: ¡hoy es Halloween! El otro día fui a comprar un disfraz y terminé enfadada. ¿Queréis saber por qué? (Voy a contároslo de todos modos, así que más vale que os interese). Estoy harta de los disfraces femeninos de las tiendas. A todo tienen que ponerle el adjetivo sexy al final. Bombera sexy. Enfermera sexy. Profesora sexy. Que estamos casi en noviembre, señores, no podemos ir por aquí con una minifalda que podría ser un cinturón sin pillar una neumonía. ¿Es que no hay disfraces cómodos? ¿Todos tienen que ser ridículos hasta decir basta?
Al final he decidido que iré disfrazada de Hipatia de Alejandría. Más concretamente, en uno de los estilos de Rachel Weisz en Ágora. Poca gente me reconocerá, pero al menos no llevaré las piernas al aire.
Me voy ya, que Luna tiene que arreglarme el pelo.
H.G., 31 de octubre
Después de una ducha rápida, Hermione se trasladó a la habitación de su hermana. Por suerte, Luna ya estaba recuperada y se había animado a ir a la fiesta (y no tenía nada que ver que Hermione casi la hubiera obligado porque no quería ir sola, no).
Luna había decidido que iría de hada, un disfraz que le sentaba de maravilla. Se había dibujado pequeñas estrellas al lado de los ojos y llevaba un tutú azul a conjunto con sus pupilas y un top del mismo color, todo adornado con purpurina y una varita con una estrella en la punta. Su hermana mayor tenía el don de estar preciosa hasta con el disfraz más tonto del mundo.
Otro de sus talentos era el de poder hacer el peinado que quisieras (previa visualización del tutorial en YouTube), así que para cuando terminó, una hora después, Hermione tenía los bucles recogidos con dos cintas blancas en un peinado al estilo griego.
―Ya está ―anunció Luna con satisfacción, inspeccionando a Hermione desde ambos lados. Cuando todo quedó en su sitio, ella fue a levantarse, pero su hermana no la dejó―. ¿No quieres maquillarte un poco?
Hermione negó con la cabeza. No le gustaba maquillarse, más allá de las ocasiones esporádicas en que usaba rímel o algún pintalabios de tono claro.
―Tú nunca te maquillas.
Luna sonrió.
―Pero hoy es un día especial: hoy podemos disfrazarnos de alguien que no somos en realidad.
Al final, convenció a Hermione para que le dejara aplicar sombra y rímel sobre sus ojos y le pintara los labios con un toque rojo. Ella misma usó sombras negras y azules para los ojos y un pintalabios rosa fresa.
Cuando bajaron, Theo, Draco y Pansy estaban esperándolos. Pansy iba de Cleopatra, con un top y una falda larga con cortes a los lados que dejaban a la vista su abdomen plano y sus piernas delgadas. Theo no le había dado muchas vueltas a su disfraz: llevaba una camisa con estampado de flores tropicales, una falda hawaiana y una guirnalda de flores alrededor del cuello. Draco, por su parte, no se había salido mucho de su estilo, por no decir nada: había optado por vestir todo de negro y llevar una máscara veneciana del mismo color. Hermione no tenía claro de qué iba disfrazado, si es que lo iba, pero tampoco iba a darle el gusto de preguntar.
Él, en cambio, si decidió que aquel día iba a dirigirle la palabra. A criticar, más bien.
―Deportivas ―dijo, mirando los pies de Hermione―. No es muy griego que digamos.
Hermione se cruzó de brazos a la defensiva.
―No tenía sandalias de ese estilo ―se justificó.
Draco negó con la cabeza, divertido.
―Y pensar que Hipatia murió para esto…
Hermione no le dio la satisfacción de mostrarse sorprendida porque hubiera reconocido su disfraz, y escondió los pies todo lo que pudo debajo de la túnica beige.
Aquella noche iban a Hogsmeade. Había concurso de disfraces y barra libre por un módico precio. Cuando el grupo llegó, aquello ya estaba a rebosar de vampiros, zombis y animadoras agitando pompones. Se deslizaron, no sin dificultad, hasta el centro de la pista, y empezaron a bailar.
Sonó Shape of You, de Ed Sheeran, y Hermione vio por el rabillo del ojo como Malfoy movía los labios. «¡Está cantando!», pensó con asombro. Él debió de ver su expresión, porque calló en seguida y torció el gesto. Se inclinó hacia su oído.
―¡La ponen en la radio a todas horas, por eso me la sé! ―se justificó, gritando para hacerse oír por encima de la música.
Hermione se lo imaginó en el coche, de camino al trabajo (o lo que fuera que hacía ese hombre), pero en vez de sonar Claro de luna o algo así, una canción de Ed Sheeran retumbaba en el elegante y caro coche de Malfoy, y estalló en carcajadas. Él entrecerró los ojos detrás de la máscara veneciana, pero pronto se relajó e incluso se permitió sonreír. Ella se encogió de hombros, señal de que no lo juzgaba. Draco se quedó mirándola y volvió a inclinarse hacia ella, pero a medio camino pareció pensárselo mejor, y sin mediar palabra, dio media vuelta y empezó a abrirse paso hacia la salida.
―¿Qué le has dicho para espantarlo así? ―le preguntó Pansy.
Hermione observó cómo su cabeza rubia desaparecía por la puerta. ¿Qué demonios le pasaba a aquel hombre?
―No tengo ni idea ―respondió, atónita.
Cuando Draco salió del pub, aspiró una gran bocanada de aire. ¿Qué demonios había estado a punto de hacer? Cuando la vio reír gracias a algo que él había dicho, pensó en lo guapa que estaba con aquel peinado y ese pintalabios… y había sentido el impulso de besarla. Por suerte, todavía le quedaba algo de sentido común y se había detenido antes de embarcarse en algo que realmente no deseaba. Al menos eso era lo que se decía. Cada día estaba menos convencido por sus propios argumentos.
Llamó a uno de los taxis que pasaban por allí en esos momentos y decidió volver a Netherfield. No confiaba en sí mismo para volver a la fiesta.
Cuando llegó, se dejó caer en el sofá, se quitó los zapatos y se acostó, la cabeza apoyada en un reposabrazos y los pies por encima del otro. Revisó su móvil, algo que no había hecho en toda la noche, y vio que Blaise le había mandado una foto de él con unos amigos en la playa.
Viéndolo así, parecía increíble que fuera el propietario de una gran empresa de creación de contenidos multimedia. Su tía Bellatrix siempre decía que Zabini padre se revolvería en la tumba al ver a su hijo comportarse así, pero Zabini Multimedia de momento no había quebrado, así que Zabini hijo seguía disfrutando de la buena vida.
¿No es ilegal bañarse en la playa de noche?, le respondió.
Casi podía ver la cara de Blaise cuando leyera su mensaje. La réplica llegó minutos después.
Eres un inbexil pero aum asi tr quierp.
Draco soltó una carcajada: su amigo estaba tan borracho que no distinguía las letras del teclado.
Calla y sigue con la fiesta.
Draco bloqueó el móvil y lo dejó sobre su abdomen, meditativo. O Hermione y Luna volvían a su casa pronto, o sería él quien se marchara, pero esta vez de verdad. No podía seguir con esa obsesión insana que había desarrollado y se empeñaba en alimentar de forma tan masoquista.
En medio de sus cavilaciones oyó el tintineo de unas llaves en la puerta principal y se incorporó rápidamente.
―¿Draco? ―llamó Pansy.
El aludido puso los ojos en blanco. Que se abriera la tierra y se lo tragara si no había ido expresamente a buscarlo y pasar más tiempo con él.
―Aquí ―dijo a regañadientes.
Pansy se sentó a su lado en el sofá con una pose estudiada: codo en la parte superior del respaldo y cabeza apoyada en su mano, cerrada en un puño. A Draco le causaba el mismo efecto atrayente que su mesilla de noche.
―Esa Hermione puede ser insufrible a veces, ¿verdad? En fin ―se pasó una mano por el pelo―, la culpa es de mi hermano, por tener tan pocos filtros de calidad. Pero qué le vamos a hacer… No sé qué te habrá dicho, pero no deberías haberte ido por ella.
El tono de superioridad y desdén con el que habló de Hermione hizo que Draco apretara los dientes y se levantara, cuadrando los hombros.
―No me he ido por ella ―aclaró. Estuvo a punto de añadir que, de hecho, si había ido allí en primer lugar, había sido precisamente por Hermione―. Buenas noches.
Ignoró la decepción y contrariedad en los ojos de su amiga y se marchó a su habitación. Quisiera decir que se durmió en seguida, pero la verdad era que estuvo un buen rato mirando el techo, pensando.
Esa chica lo estaba volviendo loco, y no en el buen sentido.
Hermione se olvidó pronto de Malfoy mientras bailaba al son de una canción detrás de otra. En algún momento, una mano tiró de ella hacia atrás, pero antes de que Hermione tuviera tiempo de empezar a despotricar, vio que era Ginny, quien había hecho uso de la superstición de que todas las pelirrojas eran brujas para disfrazarse de una.
―¡Ya pensaba que no vendrías! ―exclamó Hermione, abrazándola.
―¿Ya vas borracha? ―preguntó con sorna―. Siempre me abrazas cuando has bebido demasiado ―señaló. Hermione no tenía justificación para ese argumento aplastante, así que se limitó a encogerse de hombros mientras le ofrecía beber de su vaso.
―¿Has venido sola?
Ginny negó con la cabeza. Se giró y señaló una cabeza pelirroja, su hermano George, y a tres chicas más allá. Eran las hermanas pequeñas de Hermione. Padma y Parvati iban disfrazadas de las gemelas de El resplandor, y Lavender era la versión sexy de Harley Quinn, la de la película. Lav vio a Hermione y levantó la mano para saludarla. Empezó a abrirse paso a empujones hacia ella.
―¡Tengo noticias! ―gritó Ginny al oído de Hermione―. ¡Ha llegado mi…!
Pero antes de que tuviera tiempo a terminar la frase, Lavender ya había tirado de Hermione para llevarla donde estaban sus hermanas y otros amigos. El alcohol había desestresado tanto a Hermione que por un día decidió ignorar que Lav estaba bebiendo aunque no tuviera la edad y siendo tan… exagerada como siempre.
En algún momento, Hermione y Padma se quedaron a un lado, y su hermana pequeña le hizo señas para que se acercara a ella.
―¿Por qué no habéis vuelto a casa todavía? ―preguntó, con el ceño fruncido―. Me aburro sola con estas dos.
Hermione la miró sin comprender.
―¿A casa? ¡Pero si todavía no está arreglada! ―Padma puso cara de haberse dado cuenta de que había dicho algo que no debía―. ¿Cuánto hace que podemos volver a casa, Pad? ―inquirió.
Su hermana levantó cuatro dedos. Hermione bufó. No hacía falta preguntar por qué no se les había informado todavía: su madre y sus estúpidos intentos de casamentera.
Inspiró hondo; no valía la pena enfadarse, no ahora que sabía que podían mudarse el día siguiente. Esbozó una sonrisa de lado a lado y buscó a Luna con la mirada; ella y Theo estaban al lado de la barra. A Pansy no se la veía por ningún lado, pero en aquellos momentos a Hermione no le importaba demasiado. Corrió (lo que le permitió la multitud que se contoneaba al ritmo de una canción de Rihanna) al lado de su hermana mayor.
―¿Qué pasa? ―le preguntó Luna. Miró a su alrededor con expresión preocupada―. ¿Está Lavender bien?
Hermione asintió varias veces.
―¡Podemos volver a casa! ¡Han terminado las obras!
Luna no parecía tan entusiasmada como Hermione. Theo compartía la misma cara de circunstancias, pero sonrió y las felicitó.
La mañana siguiente, las hermanas Granger empaquetaron sus cosas y abandonaron Netherfield para volver a su casa. Lo único que había cambiado era que el blanco de las paredes ahora era más blanco, excepto el de las habitaciones de las hijas, que había pasado a ser de diferentes colores.
―¡Mamá! ―exclamó Hermione en cuanto entró en su cuarto―. ¿Por qué mi habitación es amarilla?
Margaret asomó la cabeza desde el baño y puso los ojos en blanco.
―El blanco es muy aburrido, querida. El amarillo es el color del sol, de la alegría; así te inspirarás más en los estudios y… bueno, en todo ―dijo antes de encerrarse en el baño―. A ver si así se te quita esa cara de seriedad y consigues encontrar novio por fin.
―A mamá ahora le ha dado por la astrología y todas esas chorradas ―señaló Parvati cuando pasó por delante.
Hermione suspiró y cerró la puerta a su espalda. Se dejó caer sobre la cama, reconfortada por el hecho de estar de nuevo en su casa. Nada de mansiones, miradas furtivas y sentimientos de incomodidad.
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Hace un par de semanas el número 1 de Netherfield quedó vacío: Theo y Pansy vuelven a San Francisco a pasar Navidades con los Malfoy. Sus padres siguen de viaje por el mundo, sin intención aparente de volver pronto.
Pero eso no es lo que quería contaros.
Hoy he conocido a alguien muy interesante (necesito ampliar mi vocabulario). Resulta que la noche de Halloween, Ginny intentó contarme que un primo suyo iba a quedarse en su casa a pasar las Navidades, pero no pudo porque Lav la interrumpió. De todas formas, el otro día hablamos y hoy quedamos en un bar que hay aquí al lado a tomarnos algo. Y sorpresa… se trajo al primo.
Su nombre es Ron.
Hermione entró en el bar reprimiendo un bostezo. La noche anterior había dormido poco ―tenía que entregar un trabajo aquel día, y se había despistado bastante― así que cuando Ginny le propuso ir a tomar algo, rechazó la oferta la primera vez. Al final, después de que su amiga insistiera hasta la saciedad, aceptó ir a tomar una Coca-Cola aunque fuera. Te lo prometo, Hermione, en una hora te dejo libre.
Así que allí estaba, con unas ojeras impresionantes, el pelo recogido en una coleta y muchas ganas de dormir hasta que llegara el fin de semana. La cafetería no estaba muy llena, al fin y al cabo eran las cuatro de la tarde, así que localizó a Ginny con rapidez, una melena pelirroja recogida en una trenza sentada en una mesa en la ventana.
Y no estaba sola.
A simple vista, Hermione hubiera dicho que el hombre pelirrojo que estaba sentado de espaldas a ella era alguno de los hermanos de Ginny, pero el pelo corto y la constitución musculosa no encajaba con ninguno de los Weasley, al menos no con los que vivían en Los Ángeles.
Entonces se acordó de que un primo iba a venir a visitarlos. ¿Cómo había dicho Ginny que se llamaba? Bueno, daba igual, pronto lo sabría.
Cuando llegó hasta ellos se quedó plantada y saludó con la mano. El chico en cuestión era unos años mayor que ellas, y tenía unos ojos azules preciosos, la cara llena de pecas y una sonrisa contagiosa. Se levantó para saludarla.
―Soy Ron. ¿Hermione, verdad? Ginny me ha hablado mucho de ti.
Hermione se sonrojó ligeramente mientras se sentaba.
―Bueno, ¿qué te trae por aquí? ―preguntó. Se sintió un poco tonta por usar una frase tan cliché, pero Ron rio.
―Hacía años que no nos veíamos y pensé que era buena idea venir a visitar a la otra rama de los Weasley. ―Ginny y Ron eran primos segundos: sus padres eran primos, pero el de Ron murió unos años atrás. Desde entonces, no habían sabido de él más que unas cuantas llamadas o mensajes. Hasta ahora, que parecía que le había entrado nostalgia familiar.
―Seguro que Molly está encantada ―dijo Hermione.
―Creo que ya está tejiéndole uno de sus famosos suéteres con una R en la parte delantera ―señaló Ginny con una sonrisa.
Hermione había recibido varios a lo largo de su vida, a medida que iba creciendo y no le cabía el anterior. Todos eran de colores espantosos y picaban más que mil avispas, pero estaban hechos con amor, y eso bastaba para que Hermione se lo pusiera de buena gana el día que los Weasley y los Granger cenaban juntos por Navidad.
―Cuando te regale el tuyo ya podrás decir que eres parte de la familia. Mientras tanto… ―bromeó Hermione―. Ser pelirrojo no lo es todo, ya sabes.
Él le siguió el juego y puso cara de pena.
―¿Y si no consigo mi suéter? Será mejor que haga la maleta y vuelva a Seattle…
―¿Eres de Seattle? ―inquirió Hermione.
Él negó con la cabeza.
―San Francisco. Pero en los últimos años he sido un poco de todas partes. Ciudadano de un lugar llamado mundo, ya sabes ―dijo con una sonrisa. Hermione le devolvió el gesto casi inconscientemente.
―Bueno, veo que os lleváis tan bien que no os importará quedaros a solas mientras voy al baño, ¿verdad?
Ginny se levantó y cuando Ron ya no podía verla, se giró y le guiñó un ojo a Hermione. Esta la fulminó con la mirada, pero borró la expresión al ver que Ron la observaba y le sonrió.
Vale, me estoy dando cuenta de cómo suenan mis palabras, y quiero aclarar algo: no me gusta. Acabo de conocerlo y sí, es guapo, simpático, inteligente y encantador, pero eso no significa que tengo que sentirme automáticamente atraída por él. Simplemente creo que es un cambio agradable después de Malfoy, o incluso Theo. Lo siento si lees esto, Pansy. Theo es genial, casi perfecto, diría yo, pero le falta un poco de sangre.
Pero aparentemente no es la única novedad masculina que se aproxima en el horizonte. Mi madre nos ha contado que el hijo de los Potter, Harry, vuelve a casa por Navidad. Harry tiene dos años más que Luna e iba a nuestro instituto, pero cuando se marchó en la universidad de Ohio empezamos a verlo poco, y después de graduarse se fue del país. Canadá, creo. Ahora ha vuelto porque lo han trasladado a San Francisco. Es mánager en una editorial bastante prestigiosa, según los cotilleos de mi madre. Solía ser bastante reservado y un poco raro de adolescente, así que tengo un poco de miedo por ver cómo lo ha tratado la edad adulta.
Pronto podré contaros más cosas, porque el domingo antes de Navidad los Potter al completo vienen a cenar a casa. Mi madre no puede resistir tener a un hombre soltero disponible cerca y no intentar que caiga en sus redes de alcahueta. Cinco hijas solteras, ya sabéis.
H.G., 18 de diciembre
~N/A: ¡Hola, Ron! ¿No estáis contentas porque aparezca? ¿No, verdad? Ya, yo creo que Draco tampoco lo estará. Alguien me sugirió más de una vez que debería sacar a Draco sintiendo celos; obviamente, no iba a inventarme la historia y sacar a un personaje de la nada para hacer eso realidad, pero bueno, ¿para qué está Wickham si no es para joder un poquito a Darcy?
¡Nos vemos la semana que viene! N/A~
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MrsDarfoy
