Disclaimer: Los personajes no son míos sino del grande de Togashi Yoshihiro (que espero se recupere pronto y siga el manga) yo solo los uso humildemente para crear esta nueva trama & jugar un poco con lo que podría pasar a futuro.


Guest: gracias por tu review y tus palabras e impresiones, me alegra que el cap pasado te haya gustado, tanto la acción como el romance y la ternura… me he esforzado para hacer un equilibrio entre estas dos áreas y me pone muy feliz recibir reviews de ustedes! Ahora, hablando de Pariston, bueno sí, está bien pero bien mal de la cabeza pero qué se le va a hacer, ya irán comprendiendo a medida que avance la historia porqué es así y cuales han sido sus motivos para hacer las cosas que hizo… Ahora, con respecto a quien es ella y quien es Tomori Yui, lo sabrás en este cap que espero sea de tu agrado! Y sí, yo creo que hay motivos para ponerse celosilla :o con respecto a Kikyo, puff, con lo poco que hemos visto en el manga y anime me fijo que tiene una idea de siempre "hacer lo mejor para su hijo" aunque obviamente lo obliga y mete la pata concienzudamente… aunque, obviamente Killua no se dejaría dominar! O sí?

Caliope07: primero que nada, se me olvidó responder a tu pregunta sobre porque Pariston mató a su mamá! Pero solo te puedo responder por ahora que el motivo es muy fuerte para él pues se enteró de algo que de cierta forma "destruyó su vida" cuando era más joven… lo demás lo dejaré a tu imaginación :D Con respecto a la otra pregunta sobre la marca, puedo decirte que es una marca psicológica-bueno en el cap se habla sobre eso-pero también es una marca física-no, no es que fuera algo pervertido propiamente tal pero se asemeja más a cuando los vampiros muerden a sus víctimas para chuparles la sangre, algo así- pero no puedo especificar más porque sería hacer spoiler de lo que viene más adelante en los próximos cap. Espero yo también no abandonar este fic porque de verdad me divierte y me gusta mucho escribir, sobre todo de mis personajes favoritos y más aún cuando es Killua el prota de esta historia :D espero te guste este cap y lo disfrutes! Un abrazo y gracias por los reviews!


Ella y Ella

"Hay cosas que yo no comprendo. Hay momentos en que me desconozco a mí mismo y me pregunto constantemente qué es lo que ha cambiado en mí este último tiempo. Tengo prioridades, eso lo tengo más que claro pero creo que el orden se ha alterado y se debe a ella. Ella es un norte que ha sido difícil de olvidar y una persona más importante de lo que imaginé.

Pero él… Él también es importante para mí. Y yo no puedo ser desleal a quienes considero mis amigos.

K.K"

Los preparativos para la misión al Continente Oscuro por fin estaban casi listos y tanto Cheadle como Mizaistom podían respirar tranquilos después de unas semanas tan movidas y ajetreadas con todo el tema de Pariston y las hermanas Hill. El Zodiaco se había dado la tarea de alistar todos los detalles del viaje, Cheadle como presidente había supervisado todo aquello, había burlado con éxito las notificaciones informativas del V5 que pedía una explicación del atraso de la Asociación de Cazadores en concretar la misión, las relaciones diplomáticas "amistosas" con las fuerzas de Kakin e interrogar casi diariamente a Beyond, aunque nadie sabía para qué o cual era el motivo de tan asiduas visitas. Por otro lado, Leorio, siendo un joven estudiante médico responsable estudiaba todos los días aquellas cosas que consideraba necesarias para la misión y una hora diaria tenía clases de laboratorio prácticas con la presidente. Kurapika cumplía con sigilo y determinación su papel de guardaespaldas mientras afinaba su entrenamiento físico a ratos y aguardaba los días para enfrentarse a aquel príncipe que tenía los ojos rojos de sus hermanos y hermanas, aunque era inevitable que algún accidente casero ocurriera, después de todo Misa tenía tan solo cinco años y era una niña con mucha energía por dentro. A veces le recordaba a Neon en su comportamiento infantil y sus pataletas de niña consentida, aunque estaba claro que la pequeña pelirroja explotaba muy pocas veces. Todo parecía haber vuelto a una relativa calma, faltando solamente siete días para el abordaje al nuevo continente desconocido… Bueno, todo lo normal que puede ser una Asociación llena de cazadores de distinta índole.

Por otro lado, tanto Killua como Kotori comenzaron a actuar de forma más cariñosa entre ellos, irradiando ambos una felicidad que difícilmente podía engañar a cualquiera. Alluka decía que era como estar de novios pero sin el nombre pues la pareja realmente se comportaba algunos momentos como tal: hacía tres días desde que la pelirroja había despertado, aunque más bien dicho, hacían tres días desde que ella portaba con un deje orgulloso el collar que el ojiazul le había regalado y que nadie pasó por alto pues era un cambio muy diferente ver la felicidad con que casi flotaba por los pasillos y alrededores así como de ver a la hermosa ave de plata en vez del antiguo dije que le había obsequiado Pariston. No obstante, no todo era alegría y mejores tiempos para Kotori; el collar era la clave para la nueva habilidad y eso había estado haciendo los últimos días. Dos o tres horas diarias, Cheadle le había proporcionado una habitación espaciosa y vacía en el último piso del edificio donde pudiera ejercitarse y practicara nen, pues entendía la necesidad de la chica de volver a crear la vieja técnica, como usuaria de nen, era como sentirse incompleta sin ella. Así que en aquel momento, Kotori se hallaba descansando luego de una hora intensa de ejercicio físico y se estaba preparando para las siguientes dos horas donde trataría de reconstruir la habilidad. Aunque era difícil.

Cuando creó Seigi No Ransu, se demoró menos de un mes en perfeccionarla y fue por la afinidad que sentía con el odio hacia su hermano y el regalo hecho por él, que reflejaba el antiguo amor que le tenía. Siendo el odio un sentimiento tan fuerte por estar teñido de emocionalidad, no podía compararlo con los esfuerzos que hacía ahora para reconstruirla a base del amor. Trató de impregnar el collar con los sentimientos de amor hacia el peli-plateado, aquel amor que sentía por Misa y el dirigido a su madre fallecida, pensando que eso reforzaría la habilidad y agilizaría el proceso al igual que con Seigi No Ransu, cuando se dio cuenta que no funcionaría. No es que el sentimiento en sí no fuera suficiente, es que la intensidad de ellos no era lo suficiente para revivir y hacer cumplir sus condiciones. Comparado con Pariston, a quien conocía de toda la vida, Killua solo era un chico que apenas conocía casi un mes y a quien, a pesar de saber que le gustaba… No era lo mismo y no podía decir que lo amaba.

Solo le faltó tres días para saber que mientras eso no fuera lo suficientemente fuerte, su técnica estaría incompleta. Así de simple.

Déjame salir.

Sintió una voz desconocida en su cabeza pronunciar aquellas palabras, tan resonante y metálica que por un momento tembló ante el desconocimiento. ¿Era Pitou? ¿Había evolucionado en alguna nueva forma y por eso hablaba así?

Yo te ayudaré a construir la técnica.

Sintió un dolor punzante en su corazón que le hizo recostarse en el suelo, más asustada que antes pues aquello no era normal en ella. Un latido fuerte, un repiqueteo en sus sienes y otra vez la punzada de dolor le hizo cerrar los ojos, auto convenciéndose de que solo era la hormiga quimera jugándole un truco sucio. No obstante… Algo dentro suyo le decía que no era Pitou quien estaba hablándole pues se había mantenido fiel a su promesa y no había despertado en su cuerpo desde lo de Pariston. Entonces, si no era ella… ¿Quién le estaba hablando?

Una nueva punción, un nuevo latido. Ahogó un grito de dolor, aunque de todas formas estaba tan arriba en el edificio y tan alejada de los demás que difícilmente le escucharían.

Déjame salir, Kallisto Hill. El momento ha llegado. Es hora de que crees una habilidad y yo soy capaz de hacerlo.

No quería escucharla. No quería escuchar aquella voz porque por alguna extraña razón, sentía que la oscuridad que la manchaba salía a la luz. Ella iba a crear esa técnica a través del amor. Ella…

Otro latido que traspasó sus sentidos. Se agarró la cabeza, pidiendo ayuda, pidiéndole a Pitou que apareciera y le dijera que todo era una broma de mal gusto, aunque fuera en su subconsciente.

Necesitas mi ayuda. Necesitas de mí Kallisto y lo sabes.

¿Necesitar ayuda de quién? ¿Quién era ella?

Soy tu, Kallisto. Soy la parte oscura de Kallisto Hill, soy el odio y la venganza que han teñido tu alma y la han ensuciado.

Eso había quedado atrás. Había sido sepultado cuando su antigua habilidad se rompió. Ella ya no era más oscuridad, Seigi No Ransu no existía.

¿Crees que con romper una habilidad te has limpiado de la oscuridad de tu corazón? No te engañes. Tú estás sucia, Kallisto. Y yo te lo voy a demostrar.

Tal vez fue cosa del destino cruel, tal vez fue porque había estado siendo muy silenciosa, tal vez los errores de su pasado la seguían atormentando pero en aquel momento, Kurapika y Killua abrieron la puerta de la habitación y la encontraron prácticamente tirada en el suelo, retorciéndose suavemente de dolor. El efecto fue inmediato; ambos chicos corrieron a asistir a la pelirroja quien aún luchaba internamente con quien fuera que estuviera poseyéndola, auto convenciéndose de que todo era un sueño o de que de verdad alguien estaba haciendo de las suyas. Sin embargo, el dolor era insoportable y sabía que de un momento a otro no aguantaría más y caería en la inconsciencia.

-No… se acerquen.-fue lo último en articular porque ciertamente sentía que algo retorcido y siniestro estaba poseyéndola poco a poco, algo muy pero muy diferente a lo experimentado con Pitou y tal vez mucho más terrorífico que aquello.

Kurapika fue el primero en darse cuenta de que la situación se había vuelto peligrosa y tuvo los buenos reflejos para tirar hacia atrás a Killua, antes de que un humo espeso y negro envolviera a la chica. Fue rápido y tan efímero que cuando pudieron reaccionar, ya no se encontraban frente a Kotori ni a Pitou poseyéndola. Era diez veces peor y por un momento, tanto el ojiazul como el rubio desconocieron a la chica frente suyo.

-Vaya, vaya, esa no es cara para recibir a una señorita.-dijo la chica con una voz metálica que nunca habían escuchado en ella.-He llevado demasiado tiempo encerrada como para tener tal recibimiento de dos chicos guapos como ustedes.-siseó con una sonrisa que destilaba sensualidad pero al mismo tiempo, un escalofrío les recorrió la espalda a ambos jóvenes pues no era la sonrisa genuina que la pelirroja les daría. Era algo muy diferente.

No sabían qué decir. Esa versión maligna de Kotori dejó sin palabras a ambos, desconfiados de que la joven que tenían frente suyo no actuaría seguramente como la verdadera dueña. Su cabello era gris oscuro, largo y abundante, con ondas que se asemejaban más a las que Misa tenía. Sus ojos eran rojos pero muy diferentes a los de Pitou, no eran rubíes sino color sangre y la expresión malvada que los acompañaba sin dudas era lo que más les descolocaba. Pero sin dudas, lo que más noqueó a ambos fue la marca negra de intrincados patrones que cruzaba desde su sien hasta bajo de sus párpados, enmarcando el lado derecho de su rostro. La marca, sin embargo, se extendía por detrás de la sien hasta el cuello y terminaba en el hombro de ella. Y aunque sonreía… No era la cálida sonrisa sino una llena de ansiedad por destruir todo lo que estuviera a su paso, una sonrisa sádica que más se asemejaría a la de Pitou que a la de la misma Kotori.

-¿Quién eres?-siseó fríamente el rubio, apretando los puños.

La muchacha soltó una risa macabra, mirando a ambos con sorna.

-La parte oscura de Kallisto Hill.-ambos se echaron para atrás, incrédulos. ¿A qué venía eso? ¿Era otro juego mental de Pariston? ¿Una broma de Kotori? No, ella no jugaría con algo así...-La parte más sucia del alma de Kallisto, la marca que dejó Pariston en ella. Soy Yami.-se presentó haciendo una exagerada reverencia, tal como lo haría una señorita de sociedad.-Ahora bien… ¿Quién de los dos será mi presa de hoy día? Kallisto ha tenido demasiado odio guardado como para desperdiciarlo y necesito ponerme al día.-preguntó, acercándose a ellos.

Extendió su mano derecha de donde apareció lenta y sinuosamente una alabarda gigante, muy diferente a la lanza partesana que poseía antiguamente Kotori. Su hoja doble tenía una punta de lanza como coraza superior y una cuchilla transversal con forma de hoja de hacha en un lado mientras que en el otro lado uno de enganchar más pequeño. Alrededor de la hoja, en la parte central, tenía un fino intrincado de líneas que conformaban unas runas ininteligibles para ambos de color rojo sangre y que bajaban a través de la astillero de metal que seguía extrañamente el mismo patrón pero más delgado y prolijo que en el filo. A ninguno de los dos les dio buena espina lo que venía pues la chica, tomando su arma de forma familiar, apuntó hacia ellos dos, sonriendo divertida. Desde la punta se pudo ver como una gran cantidad de nen se concentró, creando una bola rojiza de poder que salió despedido como si fuera un láser directo a ambos jóvenes. Kurapika se alejó justo a tiempo para evitar el ataque de Yami pero Killua, no corrió la misma buena suerte y parte de su hombro y espalda fue impactado con la poderosa habilidad de la chica.

-¡Les presento a Amethyst!-gritó con júbilo Yami, volviendo a apuntar el arma contra el rubio, dispuesta a lanzar el siguiente ataque.-Eres muy escurridizo, rubito, ¿lo volvemos a intentar?-sugirió, batiendo sus pestañas inocentemente.

-Antes quiero saber cómo mierda has aparecido.-exigió saber el ojigris con una fiereza que no sentía realmente, acercándose lo suficiente al peli-plateado para comprobar que estuviera bien. Parte de su ropa estaba quemada y su piel iba por el mismo camino, no se veía muy bien. Bueno, hay casos peores, Killua aún parecía con suficiente fuerza para sobreponerse.

-¿Cómo he aparecido? ¿Es que eres idiota o qué? ¡Acabo de decir que siempre he estado dentro de Kallisto! ¿Que nunca les habló sobre la peculiaridad de sus antepasados?-preguntó, jugueteando con su cabello.

El ojigris abrió los ojos desconcertado, recordando la reunión de días atrás.

-Su familia se mezcló con demonios.-respondió el ojiazul por él, incorporándose lentamente luego del ataque de la chica.

-Buen chico, ¡alguien prestó atención a la lección!-felicitó Yami, soltando una fría carcajada y aplaudiendo.-Pues bien, he estado siempre esperando a aparecer y para eso necesitaba que ensuciara su alma y se volviera oscura, ¡pero nunca pasaba!-se quejó, avanzando unos pasos hacia el ojiazul, quien al parecer se había convertido en su objeto de estudio en aquel momento.-Bueno, eso pensé hasta... Que fue marcada.

Killua se envaró al escuchar aquello, agarrando con violencia a Yami de un brazo, para sorpresa de ella.

-¿De qué jodida marca me estás hablando? ¡Ella no tiene ninguna!-declaró, exigiendo con la mirada una explicación.

La sonrisa sádica le hizo casi perder los estribos. Casi.

-No es una marca física, ¿sabes? Es una marca psicológica, es la marca que le abrió los ojos y le dio paso al odio, al que me ha alimentado por años.-respondió, ladeando la cabeza.-Aunque es muy ingenua si cree que con amor podrá volver a construir una tan poderosa como lo era Seigi No Ransu.-se mofó, soltándose de una del ojiazul.

Killua no alcanzó a procesar sus palabras, pues sintió la alabarda de Yami enterrarse en su estómago, sintiendo que se le cortaba el aliento y que algo calienta corriera al instante. ¿Lo... Había apuñalado? ¿No había tenido piedad? ¿No había vacilado? Ni siquiera... ¡Ni siquiera Pitou había tenido con él un comportamiento así desde que estaba dentro de Kotori! Pero al parecer, Yami era muy diferente a la ex Guardia Real, no tenía piedad y actuaba mucho más inhumana que las hormigas quimera. Sintió gritar a Kurapika y que la sangre seguía cayendo, seguía corriendo, seguía manchando el inmaculado piso. ¿Moriría? ¿Se defendería? La última vez que estuvo al borde de morir en aquel grotesco juego de dardos, se salvó por los pelos, pero tal vez no correrías la misma suerte dos veces, sería un milagro. Sintió otra estocada en su costado, arrancándole un gemido de dolor y luego, el silencio. Trató de enfocar su vista hacia Kurapika pero éste se encontraba a unos metros de él, escupiendo sangre. ¿A éste nivel llegaba la sangre demoníaca?

¿Esa era la verdadera Kotori?

¡No! le gritó una voz que se parecía mucho a la de la pelirroja, arrancando la duda de raíz. No podía pensar eso, no permitiría que la duda manchara lo que sentía por ella.

Sintió otra estocada, está vez en su otro costado. ¿Yami ganaría? ¿No estaría satisfecha hasta haberlo matado? En esos momentos, prefería mil veces a Pitou que a ese ser oscuro y maligno que disfrutaba haciendo daño incansablemente.

-Pitou... Aparece... Salva a Kotori...-logró decir con mucho esfuerzo, aún de pie mirando a Yami, que sonreía triunfante.- ¡Pitou! ¡Aparece! ¡Kotori te necesita!

Yami estuvo a punto de reírse de las palabras del chico cuando un latido y una punzada traspasaron su corazón y sus sentidos, haciéndole apretar los dientes y borrar la sonrisa macabra de su rostro. Algo trataba de aprisionarla, algo trataba de despertar y tomar su voluntad, algo felino e igual de maligno trataba de aniquilarla pero no le dejaría. Sintió que era esa tal Pitou quien trataba de arrebatarle la voluntad de Kallisto, que luchaba internamente con ella por el poder y su ira creció, no podía dejarse ganar por nadie que no fuera ella misma, no podía...

Kurapika y Killua vieron como la joven soltaba un grito, al tiempo que caía al suelo y se retorcía de dolor, mascullando e insultando a alguien que al parecer no era ninguno de ellos. El humo negro volvió a aparecer envolviendo a la joven hasta el punto que no se vio más que solo un manto de oscuridad y un instante después se disipó, mostrando a Kotori inconsciente pero vuelta a la normalidad, el único alivio para ambos chicos. La sangre de ambos se mezclaba en el suelo y seguía corriendo, cayendo primero el rubio y luego el ojiazul al suelo.

Kotori, despierta. Yami ha herido a Killua y a Kurapika, debes ayudarlos, le susurró con fuerza la quimera en su subconsciente.

La pelirroja despertó sobresaltada ante la voz familiar de Pitou y el espectáculo con el que se encontró le arrancó un grito de pánico de su garganta. Rojo. El rojo le perseguía últimamente pero nunca pensó que sería ella la responsable de que la roja sangre de Killua y Kurapika adornara grotescamente las baldosas del piso. Sintió algo viscoso caer de su cara y al tocarse, no pudo evitar que la respiración se le cortara y las lágrimas de horror surcaran sus ojos al ver la sangre que había derramado. ¿Ella... Había hecho aquello? ¿Ella... había dañado a Killua y a Kurapika?

¡¿Qué esperas Kotori?! ¡Haz algo!

-¡¿Qué quieres que haga?! ¡Killua morirá desangrado en lo que voy a buscar ayuda!-gritó la chica, los ojos inundados de lágrimas de rabia. Ella había sido la responsable de que ambos chicos estuvieran a punto de morir. Ella y la oscuridad de su alma, eso que pensó que se había desprendido de ella pero que ahora, se daba cuenta que nunca la había abandonado. Si tan solo tuviera la habilidad de Pitou para reconstruir partes de su cuerpo...-¡Un momento! ¡Tú estás dentro de mí! ¡Podrías usar Doctor Blythe para curarlos! Solo tienes que salir y...

Un momento ahí, no es tan fácil como lo piensas. En mi cuerpo yo podía usar esa habilidad como quisiera pero ahora estoy en el tuyo, por lo que mis capacidades están limitadas. Ni aunque quisiera, podría invocarla...

-¡Nada se pierde con intentarlo! ¡Por favor Pitou, si acaso tienes algún sentimiento humano, haz esto por mí!

¿Por qué se parecía esa situación tanto a la que había vivido con el rey? ¿Por qué le parecía que era un deja vú la petición de la chica? Ciertamente la forma y el tono con que el rey y Kotori le pidieron lo mismo es diferente pero la mirada y el sentimiento eran el mismo en intensidad. ¿Eso era lo que llamaban amor? ¿Esa intensidad eléctrica que ponía tus sentidos de cabeza y tus emociones en una sola persona? ¿Esa angustia, esa preocupación, ese dolor necesario era parte del amor? Pitou se sentía, una vez más, confundida pues los sentimientos humanos aún eran algo ajeno para ella, aunque tal vez no tanto como cuando recién había nacido. ¿Qué era esa sensación? ¿Qué era esa desazón? La última vez había prometido al rey salvar a Komugi pero parte de eso era porque le debía lealtad al rey. Y ahora... ¿Le debía lealtad a la pelirroja?

Está bien. Déjame salir. Te prometo salvarlos a ambos.

Los ojos rubí aparecieron y Pitou, aún con una mezcla de incredulidad y responsabilidad, invocó a Doctor Blythe. La sorpresa fue total para ella pues la gran muñeca, después de unos eternos minutos, y cuando ya comenzaba a pensar que estaba haciendo el ridículo, comenzó a materializarse poco a poco desde su cola, primero borrosamente y cuando su nen se hubo desplegado por completo, la muñeca estaba lista para recibir las órdenes de la ex Guardia Real y que comenzara a trabajar.

-Cura las heridas de Killua Zoldyck y Kurapika Kurta.-ordenó, sus ojos concentrados en el peli-plateado que respiraba débilmente.

La muñeca acató la orden, poniéndose manos a la obra al instante. Sabía que las heridas del rubio eran menos graves y no tomaría más de una media hora curarlas, pero el que le preocupaba era Killua pues las apuñaladas habían sido en lugares estratégicos y además, estaban contaminados con nen maligno. Sería difícil saber cuánto tiempo le tomaría curarlo y más aún porque su nen no estaba liberado al cien por ciento.

Se salvarán, ¿cierto?

-Sí, pero Killua Zoldyck tardará mucho más en reestablecerse. Tu parte oscura es demasiado poderosa, Kotori.-respondió, concentrándose en que el pulso del susodicho se mantuviera estable.

No sabía que mi sangre... Que yo fuera capaz de hacer esto. Yo... Yo sabía en el fondo que solo servía para matar a la gente, después de todo, solo soy una asesina pero… Esto me supera. ¡Maldita sea todo me supera!

Pitou calló pues ella tampoco estaba en posición de hablar de algo que no era y además, no conocía lo que era el consuelo. Simplemente se concentró en seguir chequeando al ojiazul y el rubio hasta que sintió el en de un usuario muy cerca de donde estaban. Sus reflejos felinos al parecer también estaban funcionando.

-Alguien viene.-el en se hacía cada vez más familiar para ella al punto de identificar con claridad al usuario, después de todo, nada podía escapársele a sus agudos sentidos.

Un paso, dos, tres. La puerta se abrió de golpe mostrando a una pequeña pelirroja que miraba con furia a la quimera, lista para atacarla.

-Neferpitou, me sorprende saber que estés usando tus habilidades para ayudar a humanos insignificantes.-saludó la niña con una voz rasposa que no pertenecía a ella.

-Pouf, pensé que estabas bien dormido en el cuerpo de Misa Hill.-dijo Pitou sin despegar los ojos del cuerpo del peli-plateado.

Sintió chirriar los dientes de su compañero, gesto que indicaba lo cabreado que se estaba poniendo y con eso, una señal de alerta del peligro que podía suponer. Kurapika estaba casi listo con las heridas y podría centrarse de completo en el ojiazul si es que Pouf no hacía nada perjudicial antes de tiempo.

-¡¿No dirás nada?!-gritó la niña, provocando que se sobresaltara levemente.- ¡¿Por qué insistes en ayudarlos?! ¡El rey murió por culpa de ellos! ¡Nosotros morimos por culpa de ellos! ¡¿Y así nos pagas?! ¿Aliándote con el enemigo?

La quimera optó por no responderle, sabiendo que eso podría desatar la ira de su hermano e iría contra ella. Si ese era el caso, si él llegara a atacarla, no sería capaz de responderle porque todas sus fuerzas y su nen estaban puestas en curar a Killua, debido a que había terminado con el rubio. Si tan solo alguien más apareciera, podría estar más tranquila pero, ¿quién, aparte de Pouf, iría a aquel lugar?

-¿Se puede saber qué está pasando aquí?-preguntó de sopetón una voz, sacando a ambos de la situación tensa.

Pitou distinguió al instante el aura de Mizaistom y no pudo sino agradecer internamente que haya llegado en el momento oportuno. Observaba con el ceño fruncido a Misa, quien evitaba mirarle, aunque estaba segura de que el cazador ya se había dado cuenta de la presencia del ex Guardia Real.

-No sé sí es mi idea, pero creo que la pequeña Misa-chan está actuando demasiado raro.-la tomó de un hombro, aprisionando su agarre.- ¿O debería decir... Pouf, el ex Guardia Real?

El golpe no se hizo esperar. Sorprendentemente, Misa había adquirido reflejos rápidos y una fuerza descomunal que desplegó contra el cazador, un panorama extraño para cualquiera que no supiera que una hormiga quimera estaba poseyendo su cuerpo. Sus golpes y ataques eran cada vez más rápidos a medida que Pouf agarraba el ritmo en el cuerpo de la niña pero el cazador no se quedaba atrás y esquivaba con maestría los ataques. Sin embargo, no previó que Pouf se escabullera bajo sus piernas y le diera una patada en sus partes más sensibles, derribándolo al instante. Mizaistom profirió un quejido de dolor al tiempo que trataba de no pensar en que estaba sufriendo, de que eso era simplemente algo psicológico y no físico pero el golpe que se dio contra el frío piso aumentó los niveles de dolor. ¿Cómo había podido ese maldito golpearlo ahí? Ya se las pagaría cuando pudiera levantarse.

-¡¿Me vas a responder ahora, Pitou?!-exigió saber la niña, arrastrando las palabras.

-¿Responderte qué, exactamente?-siseó ella relajándose visiblemente al ver que Killua recuperaba sus colores lentamente. Solo quedaban algunas heridas de menor gravedad y estaría por fin curado.

-¡Que haces ayudándolos! ¡¿ES QUE ERES ESTÚPIDA ACASO?!-profirió en un grito iracundo que despertó al rubio. Éste, al observar rápidamente la situación, se levantó de un salto, acercándose con cuidado a la pequeña niña que obviamente, no era ella. ¿Pouf? ¿Había despertado en el cuerpo de Misa otra vez? Y ahora, ¿qué haría? No podía golpearlo porque obviamente golpearía el cuerpo de la niña y no quería hacerle daño. ¿Entonces qué?

En eso estaba pensando, cuando la voz de Kotori-o mejor dicho, de Pitou-resonó en la sala.

-Fíjate que no soy estúpida, por algo soy la hermana mayor.-dijo con un tono seseante que sin embargo, no dejaba de lado la burla.-Y por qué la ayudo no debería de importarte, mariposa amargada entrometida.-dictaminó al final, volviendo a centrar su atención en el peli-plateado.

-¡SI SERÁS…!-exclamó furioso, yendo hacia ella para golpearla justo cuando el cuerpo del rubio y de Mizaistom, se interpusieron en su camino, listos para atacar. La rabia tiñó las facciones infantiles de rojo y luego fucsia, odiaba que lo ignoraran pero más odiaba que se burlaran de él, sobre todo si era otro Guardia Real. Ni Youpi, con todo lo bruto que era, había osado jamás hablarle así…

-¡Listo!-anunció Pitou, levantándose del suelo. A sus pies, un ojiazul respiraba profundamente pero sin peligro de morir, cosa que sintió, alivió enormemente a Kotori.-Ahora, si me disculpan…-pidió, pasando a través de los dos cazadores que la miraban estupefactos, ¿qué demonios trataba de hacer?

La pelirroja se acercó con toda la seguridad que poseía, sonriendo maliciosamente a su hermano menor, quien se echó hacia atrás al ver las intenciones de la quimera. Sintió una parte de su en y no pudo evitar hacer una mueca, realmente de todos, la que poseía el en más terrorífico era ella y no dudaba en usarlo, sin importarle si él era su sangre. Kurapika, pensando que la chica quería hacerle daño a Misa, tuvo el impulso de atacarla pero las manos de Mizaistom lo detuvieron a tiempo para contemplar lo que vendría a continuación. Agarró sorpresivamente de los hombros a la niña y, mirándolo directamente a los ojos, le dio una tacleada en el cuello, desmayándola en el acto.

-Vuelve a tu lugar, Pouf.-sentenció muy seria, observando el cuerpo inerte de la niña.-Cuando despierte, volverá a ser la misma de siempre, procuren que mi hermano no se despierte en su cuerpo porque cada día, está más loco y es capaz de hacer cualquier cosa.-sugirió, encarando a ambos cazadores.-Ahora, creo que es hora de irme, he cumplido mi cometido aquí.-dijo la quimera cerrando los ojos, al instante, el cuerpo semi inconsciente de la pelirroja cayó al suelo, siendo auxiliada a tiempo por el rubio.

-Me gustaría saber qué pasó aquí pero me fijo que han sido muchas emociones por un día. Llamaré a Cheadle y los demás para que vengan, quédense aquí.-ordeno el cazador más viejo, dándole una última mirada a los cuerpos de Misa, Kotori y Killua antes de salir de la estancia.

Unos minutos después Kotori volvió en sí, sorprendiéndose por una calidez familiar que la envolvía protectoramente. Aun con los ojos cerrados inspiró suavemente el olor mentolado que invadía sus fosas nasales y sintió la respiración agitada de quien fuera que estuviera sosteniéndola en brazos. Abrió los ojos lentamente, encontrándose con el rostro del rubio a pocos centímetros del suyo mirándola sumamente preocupado, sus labios entreabiertos y algunos mechones rebeldes cayéndole de la frente, provocándole cosquillas. Kurapika se dio cuenta de la posición en la que estaban y no pudo reprimir el que tragara duro, al tener a la pelirroja tan cerca, al tener sus ojos dorado tan cerca, al tener sus rosados y apetecibles labios tan cerca de él, incitándolos a probarlos, invitándolos a perderse en ellos. Debía controlarse; ella aún no salía de su estupor y él no podía aprovecharse de la situación porque un caballero no hacía eso. Además… A ella le gustaba Killua, había que ser tonto para no darse cuenta de eso.

-¿Te encuentras bien?-logró articular, separándose considerablemente de ella.

La chica entornó su mirada alrededor antes de asentir lentamente, sin embargo, cuando divisó al ojiazul a pocos metros de ellos y a Misa, un poco más lejos, se levantó dispuesta comprobar que estuvieran bien. Su hermana respiraba pacíficamente, por lo que parecía que estaba dormida y Killua… Aún inconsciente, presentaba una palidez inusual en él pero su corazón latía acompasadamente, lo que indicaba que estaba vivo, que estaba bien, que no estaba muerto. Casi lo mata… Ella casi lo mata, y no solo a él sino también al rubio, casi los mata con cuatro puñaladas y no podía sentirse sino avergonzada de su actitud y asustada, muy asustada. Tenía miedo de lo que habitaba dentro de ella, tenía miedo de que volviera a despertar y no estuviera Pitou para auxiliarla, tenía miedo de que ella destruyera a la quimera-que ahora, consideraba su aliada después de lo que hizo por ella- y se quedara indefensa, muerta de pavor porque comenzara a controlarla libremente.

-Perdón.-musitó con voz quebrada, sintiendo que las lágrimas comenzaban a inundar sus ojos.-Perdón, yo no sabía que algo así podía pasar, no sabía que ella existía dentro de mí, no sabía…-no pudo terminar la frase pues el rubio, acercándose a ella, la había abrazado, siendo lo necesario para que rompiera a llorar desconsoladamente.

-No es tu culpa, ella nos dijo que fue gracias a Pariston que pudo aparecer.-le susurró suavemente, al parecer, pasar tanto tiempo con Misa le había suavizado algunas expresiones y la forma de tratar a los demás sin que se diera cuenta.-En todo caso, fue Pariston quien te marcó y fue por su culpa que habías acumulado ese odio todos estos años.

La pelirroja lloró aún más fuerte pues, aunque el ojigris tuviera razón por un lado, sabía que Yami había despertado porque ella estaba manchada, sucia, marcada por el odio, el mal, la oscuridad. Y nadie podía hacer nada para revertirlo.

-Déjame decirte una cosa.-dijo el rubio, separándose un poco de ella.-No importa en qué criatura estrafalaria te trasformes, tu siempre seguirás siendo Kotori para mi.-opinó muy serio, aunque la sonrisa sincera adornaba su rostro.-Y siempre seguirás siendo Kotori para él también.-anunció, señalando al peli-plateado. La chica sonrió débilmente, la verdad dudaba de que el ojiazul viera así las cosas una vez despertara, pero por lo menos era agradable saber que la opinión de Kurapika no había cambiado.-Te… Te quiero, Kotori. Pase lo que pase, tienes mi lealtad a tu servicio.-prometió, volviendo a abrazarla.

La pelirroja se sintió reconfortada, sin saber que toda esta conversación había sido escuchada y vista por cierto ojiazul que había despertado hacía unos minutos atrás. Sin embargo, volvió a hacerse el dormido, Kotori Hill realmente no estaba en condiciones de darle la cara y él sabía muy bien porqué, porque Yami casi lo había matado y ella se sentía culpable por eso. Pero que Kurapika aprovechara la situación para hacerse el amigo incondicional y que la pelirroja se sintiera muy a gusto en sus brazos no le gustaba para nada. Tal vez sus suposiciones no estaban de todo equivocadas, después de todo… Ellos compartían un vínculo que nunca tendría la chica con él.

Ambos buscaban venganza. Y solo ellos podían entenderse como con ningún otro, ni Leorio, ni Cheadle, ni él podrían comprenderlo... Aunque le doliera admitirlo.


.

.

La mujer abrió con brusquedad la puerta, encontrándose con un Beyond en la posición del loto, las manos descansando en su regazo y el ceño profundamente fruncido.

-¿Así que...?-comenzó a decir la mujer con un dejo de temor en su voz.

-¿Kallisto Hill posee un demonio dentro?-terminó él, abriendo los ojos y encontrándose con la mirada nerviosa de Cheadle.-Pensé que te demorarías más en averiguarlo. ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

La presidente se mordió el labio inferior molesta, se acercaba vertiginosamente la fecha de embarque al Continente Oscuro y estaban pasando esas cosas. Menuda mierda Pariston Hill y su obsesión por destruir todo.

-Ella ha despertado.-respondió, no muy segura de la reacción del hombre.

-¿Y qué hizo?-quiso saber él con una expresión serena que perturbó aún más a Cheadle.

-Casi mata a Killua y a Kurapika. Bueno, la verdad, su intención desde un principio era eso.

Beyond se levantó de donde estaba, igual de calmo que antes.

-Ya veo...-el hombre se acercó a la presidente tanto, que ésta se sintió invadida, ¿Qué no era ahí donde él soltaba algún comentario burlesco al respecto? ¿Por qué la miraba entonces tan serio?- Pues tendrán que tener cuidado de ahora en adelante, Pariston ya debe de saber que ella ha despertado y vendrá a buscarla.

-¿Por qué dices eso?

El hombre sonrió enigmáticamente antes de dar media vuelta y posicionarse en la misma postura que antes, dándole la espalda.

-Ya te dije la última vez que eso que habita dentro de Pariston no es para nada agradable.-repuso con una voz determinante que dejaba en claro, otra vez, que la conversación había terminado.

Cheadle soltó un bufido de exasperación, contrariada por las palabras y la actitud que el hombre había tomado. Las cosas se estaban complicando más de lo que esperaba. ¿Qué podría pasar después? ¿Pariston se aparecería por la Asociación de nuevo? No lo creía, era tan cobarde como una rata que no pondría un pie en el edificio a menos que supiera que tiene todo a su favor... Cosa que cada día, al parecer se hacía más tangible.


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Por fin, después de mucho viaje, había llegado a su destino y no pudo sino suspirar de alivio pues no tenía más ánimos de seguir recorriendo la ciudad en busca del famoso edificio. Lo contempló maravillada pues casi nunca había podido salir de los terrenos de la familia Zoldyck y menos para viajar a un lugar tan diferente al que estaba acostumbrada. El edificio de la Asociación de Cazadores significaba que por fin había encontrado al amo Killua y a la señorita Alluka, y esperaba que no fuera tarde. Sin más en mente, entró al hall donde un par de cazadores la interceptaron preguntándole el motivo de su visita a lo que ella, con recelo, mencionó el tener un mensaje de Silva Zoldyck para su hijo Killua. Luego de varios minutos de caras poco amigables y un interrogatorio digno de película, le dejaron pasar en cuanto uno de los miembros del Zodiaco bajara. Frustrada, se sentó brevemente en una butaca aunque la espera no fue mucho pues Mizaistom Nana apareció, preguntándole si era la chica que buscaba a Killua.

-Sígueme.-ordenó luego de que ella le hubiera respondido, emprendiendo marcha de vuelta al ascensor.

Canary acató la orden sin réplicas y juntos se adentrarnos en el pequeño cubículo que los llevó varios pisos arriba. En el más estricto silencio le siguió por los pasillos hacia su destino, que se encontraba tras la puerta grande que el hombre le señaló, al fondo de éste. Con un asentimiento de cabeza llegó hasta la entrada y tocó suavemente, esperando que abrieran. Pasaron unos minutos antes de que una mujer de cabello verde y gafas redondas la recibiera, reconociéndola como la presidente de la Asociación de Cazadores. Con un dejo de seriedad la dejó entrar aunque al minuto siguiente compuso una mueca de arrepentimiento cuando Killua y Kotori salieron del salón de juegos, seguidos por sus respectivas hermanas. Y por como venían las cosas, al parecer venían discutiendo pues la pelirroja miraba con rabia al ojiazul y éste tenía una mueca de fastidio en su cara.

Cuando el peli-plateado se dio cuenta de la recién llegada su rostro no pudo evitar la sorpresa y al mismo tiempo la preocupación pues no iban todos los días a visitarte un mayordomo de la familia sin tener noticias que dar. Sin embargo, no por eso no estaba contento de verla, después de todo, ella era una de las pocas personas que apreciaba verdaderamente y lo había ayudado cuando tuvo que ir con Alluka a salvar a Gon.

-¡¿Canary?!

La joven sonrió discretamente pues sintió la mirada ensombrecida de la chica sobre su persona. ¿Sería Tomori Yui? Por su cara, parecía estar aún más molesta que antes, incluso soltó un bufido cuando ella le respondió educadamente, después de todo, Killua Zoldyck era su amo, no su amigo.

-¿Qué haces aquí?-le preguntó el joven, aún estático en su lugar.

-Vine... Vine de visita.-respondió, después de todo, no podía hablar de un tema tan delicado con gente presente. Escuchó murmurar a la pelirroja algo como "lo que faltaba" lo que la avergonzó un poco, al parecer no había llegado en buen momento y los ánimos estaban caldeados en el lugar.

Killua le lanzó una mirada reprobatoria a su compañera para luego clavar sus ojos azules en la morena, que aún estaba en el rellano del departamento. Cheadle, que hasta ese momento no había dicho nada, pero que ya sabía el motivo de la visita de la chica, invitó a Alluka y a Misa a tomar un helado, lo que al instante desvió la atención de las niñas a ella y que con saltitos y risas, desaparecieron tras la puerta de entrada. Los tres jóvenes le agradecieron internamente aunque por motivos diferentes, después de todo, ninguno quería armar una escena y dar un mal ejemplo a dos niñas pequeñas.

-Creo que no nos hemos presentado.-dijo Canary, mirando con sumisión a la pelirroja, aunque sin dejar de lado el aire defensivo que estaba utilizando.-Mi nombre es Canary y soy uno de los mayordomos de la familia Zoldyck, actualmente soy una de las mayordomo personal del amo Killua.-recitó como sí en verdad hubiera estado practicando su presentación de hacía días.-Mucho gusto.-terminó de decir, haciendo una suave reverencia.

Kotori miraba recelosa a la chica, sus niveles de estrés y rabia habían subido considerablemente desde que había discutido con Killua y ahora para más remate aparecía esta chica que al parecer, le tenía mucha confianza y "cariño" al ojiazul. Estaba muerta de celos, sí, claro que lo estaba y no le faltaban ganas para ser grosera o darle un zape al peli-plateado pero si algo había aprendido al estar en un colegio de señoritas y vivir en una familia aristocrática era el tener modales, aun cuando por dentro tuviera ganas de matar a alguien. Así que, armándose de paciencia-porque Killua la estaba mirando y no quería más discusiones con él- relajó un poco más el rostro, aunque su mirada seguía demostrando la misma fiereza de hacía unos instantes.

-Mi nombre es Kotori Hill, soy la hermana mayor de la otra pelirroja que viste salir y estoy viviendo temporalmente aquí debido a algunos... "pequeños inconvenientes" que han surgido.-se presentó haciendo un movimiento de cabeza, luego se dio media vuelta para irse a su cuarto cuando la mano de Killua tomó de su brazo suavemente, reteniéndola en el acto.

-¿A dónde vas?-quiso saber el chico, suavizando su tono de voz.

-Ella vino a verte y a hablar contigo, yo no tengo nada que hacer aquí.-dijo lentamente, zafándose del agarre del ojiazul.-Además, no soy una chismosa.

Y luego de decir estas palabras, la pelirroja salió del departamento en busca de algo con lo que distraerse porque después de todo, tenía prohibido desde hacía menos de un día volver a entrenar sola, luego de que ella apareciera.

No dio un portazo pero el joven sabía que la chica estaba muy enojada y en parte había sido su culpa, después de todo, él le había casi obligado a hablar sobre el tema que hacía menos de veinticuatro horas casi lo mata cuando internamente, sabía que ella no estaba preparada para eso y había acabado en una tensa discusión. Una vez más, la había fregado.

-Veo que ustedes no son simplemente conocidos, amo Killua.-declaró la morena, sonriendo quedamente.

Los colores aparecieron tenuemente en el rostro del peli-plateado, sacándole una pequeña carcajada a la chica.

-¿A usted le interesa ella?-preguntó, cambiando rápidamente su expresión a una más seria.

La pregunta lo tomó desprevenido, sin embargo, a diferencia de otras veces, ahora sí tenía una respuesta más concreta.

-Sí. Más de lo que nunca imaginé.-confesó, serio.

-¿Estaría dispuesto a luchar por ella?

Killua abrió los ojos ligeramente.

-¿Por qué me preguntas algo como eso, Canary?

-Disculpe, amo, pero necesito que me dé una respuesta sincera antes de contestar a su pregunta.-dijo la morena sin cambiar su semblante.

Sus palabras tranquilizaron momentáneamente al joven, aunque no por eso estaba menos serio que antes.

-Sí.-declaró con una seguridad que sorprendió a Canary gratamente, realmente su amo había madurado bastante en poco tiempo.

-Me alegra escuchar aquello porque lo que tengo que decirle a continuación, no será para nada de su agrado...


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A pesar de la prohibición de la misma presidente y de vagar sin rumbo fijo por las inmediaciones del edificio, Kotori Hill, aburrida, subió a su área de entrenamiento personal a pesar de que tal vez lo que recordara sería más perjudicial que un bien para ella. Sumida en sus pensamientos e invadida por la ira, se sentía extrañamente pesada, como si en verdad necesitara desahogar sus emociones de alguna forma, no vaya a ser que explotara en frente de su hermana y de Alluka que no tenían la culpa de nada. Así que, un poco más seria, salió del elevador y se encaminó a paso lento hacia las grandes puertas blancas donde hacía menos de veinticuatro horas, ella había despertado y había atacado sin miramientos a Killua y Kurapika.

Abrió una de las puertas y el aire enrarecido y denso del lugar impactó de lleno en su cara, casi ahogándola en el acto. Se adentró un poco más en la habitación blanca y sus ojos automáticamente se desviaron a las manchas oscuras que salpicaban el inmaculado suelo y que nadie estuvo pendiente de borrarlas con todos los sucesos vividos. Las marcas de una masacre, de un acto tan violento que ella misma se desconocía y le hacía sentirse de forma vulnerable.

Entró al fin en la habitación e hizo todo lo posible por cerrar con mucha delicadeza la puerta, no quería ser expulsada tan luego de la habitación blanca y de la oportunidad de observar con algo más de frialdad lo que ella había hecho. Lo que Yami había provocado.

-Sabía que volverías a este lugar.-susurró una voz que la sacó abruptamente de sus pensamientos, logrando que se pusiera tensa al instante.

Se volteó ligeramente, aunque no necesitaba de eso para saber quién estaba detrás. ¿Es que algún día tendría algo de paz?

-Odio que me conozcas tan bien.-siseó, encontrándose con los ojos marrones de Pariston Hill y otro par de ojos verde esmeralda que la observaban con frialdad. Enarcó una ceja reconociendo a la chica que días atrás había peleado con ella en la plaza de la ciudad, la misma chica que se puso abruptamente sobre su campo visual y la había desafiado. Así que, después de todo, ella había sido enviada para medir su actual fuerza luego de que su habilidad nen se rompiera…, a su hermano no se le escapaba ninguna.

-¿A qué se debe tú... agradable visita?-preguntó con sorna, mientras se concentraba en las manchas rojizas que describían extrañas formas cerca de ella.

Sintió la rabia fluir del aura de la chica, seguramente no estaba muy contenta con que le hablara así a Pariston Hill, cosa que sólo hizo aumentar la arrogancia que caracterizaba a su familia. Ella le hablaría como quisiera, después de todo, no era otra lame botas más del círculo del rubio.

-He venido para rescatarte de este lugar.-habló él con ese tono persuasivo que hacía caer a cualquiera. Bueno, a cualquiera que no fuera ella la verdad.

Soltó una carcajada fría, realmente su hermano tenía una visión demasiado retorcida de la vida.

-¿Rescatarme? Por favor, no digas estupideces, yo estoy muy bien aquí así que ya te puedes largar.-dijo, mirándolo con el más profundo desprecio.

-Creo que no pedí tú opinión.-rebatió él, frunciendo ligeramente el ceño.

-Creo que no pedí tú ayuda.-le remedó ella, sonriendo burlonamente.

La chica de ojos verdes seguía mirándola con rabia, al parecer no le gustaba para nada que criticara al rubio y eso le hacía preguntarse: ¿qué estaba pasando entre esa chica y su hermano? Aunque se pudiera pensar lo contrario, no, no estaba celosa, simplemente se extrañaba que el joven tuviera una "compañera" porque después de todo, no se caracterizaba por ser un romántico precisamente.

-¿Sabes que no tienes más armas bajo la manga para detenerme?-preguntó Pariston, acercándose lentamente hacia ella.

Sí, sabía que su habilidad más efectiva estaba destruida pero lo que el rubio no sabía es que sí tenía un as bajo la manga. Un as con nombre y apellido que él mismo había creado y con la que ella había tenido que aprender a convivir.

-Creo que se te da muy mal el subestimarme, después de todo, la última vez te dejé un lindo recuerdo de mi parte.-sonrió aún más, sin despegar sus ojos de los de él.

-Es una lástima que no hayas aceptado mis órdenes por la vía diplomática.-se lamentó su hermano, negando dramáticamente.-Yui, lo dejo en tus manos.

La albina no tuvo siquiera que esperar a que el hombre le diera las órdenes pues sus ganas de destruir a la pelirroja se hicieron latentes al momento de atacarla. Kotori alcanzó por acto reflejo a esquivar el golpe que venía directamente a su cara, procesando en su mente mil y un estrategias para vencer a la chica y matar a Pariston. Entendía que éste no podía usar nen y ya que sus habilidades en combate eran casi nulas, estaba usando a la ojiverde como escudo defensivo, dejando que ella peleara por él, que ella sufriera por él, que ella se esforzara por él. Segundos después, una patada se interpuso en su campo de visión obligándola a saltar con el fin de evadirla. El suelo retumbó ante el nivel del golpe, haciéndole saber a la pelirroja que su oponente ciertamente era fuerte.

Pero ella también lo era.

-Me sorprende que seas capaz de ser manipulada por él.-declaró Kotori, materializando una gran bola de fuego que impactó de lleno sobre Yui. Cayó a pocos metros de ella, esperando que el ataque haya sido lo suficiente para distraer a la chica por algunos segundos. Tenía que saldar cuentas con su hermano.

Corriendo a una velocidad impresionante, atacó de lleno al rubio quien se encontraba apartado de la pelea, con las manos en los bolsillos y una sonrisa en su rostro como si estuviera observando un espectáculo. En esos instantes le hubiera gustado mucho tener a Seigi No Ransu pues Bloodfire, aunque era útil, no cumplía el mismo propósito que su anterior técnica. Fue entonces, casi llegando donde el rubio que sonreía aún más, que escuchó la voz de Pitou resonando en su mente.

Cuidado, tiene un campo de protección nen alrededor de él.

Frenó justo a tiempo para agacharse y esquivar la estocada que su contrincante había lanzado contra ella, reconociendo al filo de la espada que casi estuvo a punto de apuñalarla. Tomó impulso y saltó sobre ella, girando y golpeando con su pierna derecha en el estómago de la ojiverde, provocando que ésta perdiera el aire por un segundo. Sin perder tiempo, materializó una larga serpiente llameante que rodeó a Yui y se convirtió en una cárcel de fuego, impidiendo que se moviera más allá de lo estrictamente necesario. Giró sobre sus talones y corrió otra vez en dirección a su hermano, a pesar de que Pitou seguía diciéndole una y otra vez en su mente que iba a sufrir daños si se acercaba al campo de nen. No le importaba. Tenía que hacerlo. Aunque se estrellara, aunque saliera volando, aunque sufriera dolor ella iba a destruir ese campo e iba a matar a Pariston. Ya bastaba de tanto tiempo perdido, de dudar de ella misma, de dejarlo con vida. Sintió que algo caliente y humeante la recorría por dentro, algo que gritaba por salir y saltaba en su interior. Algo nuevo, reconfortante y que la impulsó casi por inercia a quitarse el dije que tenía el pájaro y pensar en aquella lanza que había sido su fiel compañera todo ese tiempo. Un minuto, la luz que residía dentro de ella salió a flote, logrando materializar una nueva arma que sin dudas, era muy diferente a la que Yami y ella misma habían usado. Incluso Pariston había quedado prendido de la escena que veía ante sus ojos, maravillado y eufórico por todo el talento y la genialidad que residía dentro de su hermana. Sin embargo, la nueva arma nunca llegó a materializarse pues una estocada en su costado sacó bruscamente a la joven de su corrida y del momento vivido. Cayó violentamente y rodó hasta estrellarse contra una pared opuesta, sacándole un quejido de dolor. Ya veía: Yui había escapado de su cárcel de fuego cuando ella había entrado en aquel estado de concentración y la había atacado. Pero no se dejaría vencer, no tan fácilmente; de algo que le haya servido tantos años de entrenamiento como asesina.

Tuvo que hacer oídos sordos al dolor cuando se levantó rápidamente, sin reparar en que su costado comenzaba a teñirse de un rojo carmesí muy similar al que vio en el recuerdo de su madre. Rojo. Rojo sangre, rojo vengativo, rojo vivo, el rojo era sin dudas su color en la vida y en aquel momento tomó mayor impulso para vencer a quienes amenazaban su felicidad y de las personas que ella más amaba. Así que, con una expresión dura que desconcertó a su oponente, volvió a apretar el collar al tiempo que aquella extraña sensación volvía a apoderarse de ella. La sangre goteaba de su cuerpo formando un pequeño charco pero, sin embargo, aquello hacía más grotesca y rara la escena. ¿Qué es esto que siento? Es igual de extraño, es igual de intenso que la última vez con Yami pero… Es diferente. ¿Es oscuridad? No, claro que no. Esto es distinto, es… ¡Luz! Pero, ¿por qué? Si yo solo soy una asesina manchada y llena de odio, ¿por qué la luz ha venido a morar en mí? ¿Por qué?

Mientras la pelirroja cerraba los ojos y pensaba en todas aquellas cosas, Pariston y Yui presenciaban algo extraño que sucedía alrededor de ella. El aire se hizo más ligero y pequeñas chispas blancas y rojas flotaban alrededor de Kotori dándole un resplandor fantasmal y al mismo tiempo hermoso. El rubio no entendía nada de lo que pasaba pues él esperaba que ella apareciera en aquel combate, que la oscuridad que residía en todos los Hill saliera a la luz y le mostraba a esa chica perfecta con la que tanto había soñado, ¡no con todo lo contrario! No le importó el grito de advertencia de Yui de no salir del campo de protección, no le importaron sus gritos cuando después, se acercó como hipnotizado hacia su hermana que seguía brillando, que seguía con los ojos cerrados en una expresión tan serena y hermosa que por un momento vio a su madre en ella, a la bella, pura y santa Kotori Hill que tanto odiaba, que tanto despreciaba desde aquel día. No obstante, lejos de ser un argumento suficiente para alejarse, el rubio seguía avanzando, cada vez más cerca, sin prestar atención a la albina que lo había agarrado del brazo con tal de que no se acercara a la chica. La ojiverde sabía muy bien qué era lo que estaba pasando, o eso quería creer, y no estaba segura de que fuera bueno intervenir porque hasta la vida se podía perder. Una vez tuvo la oportunidad de acceder a aquello y la despreció, aunque sabía que la pelirroja tomaría un camino diferente al que tomó ella. ¿Qué daría a cambio de aquel poder asombroso? Un voto, una condición, una restricción, una ofrenda, cualquiera de aquellas opciones eran viables en aquel momento y temblaba de susto al saber de qué, cuando todo terminara, Kallisto Hill no dudaría en matarla a ella y a Pariston. Sí, aunque fuera impulsivo tenía que hacer algo, tenía que interrumpir aquel momento, tenía que detenerla antes de que su técnica se completara, aún si eso le costaba litros de sangre. Así que lo intentó; se interpuso entre Pariston y Kotori y dio una estocada con su elegante espada directo al corazón de la chica, dispuesta a acabar con ella aunque el rubio la odiara para siempre. Pero nunca llegó; salió despedida hacia atrás y su espada se calcinó, como si hubiera tocado un fuego ardiendo a mil grados. Se golpeó con la pared opuesta sacándole un grito de dolor, al parecer la marca de Pariston estaba ocasionándole problemas y se estaba debilitando.

El resplandor de luz se hizo cada vez más intenso, atrayendo aun así más al ojicafé hasta traspasar aquella barrera de chispas que seguían revoloteando en torno a ella. Y fue así, cuando casi estuvo tan cerca de su hermana que podía tocarla, que ella abrió los ojos lentamente, encontrándose con su mirada que denotaba superioridad e inteligencia, una mirada muy diferente a la que nunca le había dado a él.

-Vuelve a tu lugar.-dijo con una voz melodiosa que se parecía aún más a la de su fallecida madre, sacándole un escalofrío al rubio. Y, como si una fuerza sobrehumana se hubiera apoderado de la pelirroja, empujó a su hermano mayor, lanzándolo lejos, hacia donde estaba Yui aun sin poder levantarse.

Si Yami era increíblemente fuerte y sanguinaria, esta extraña Kallisto era para Pariston una chica sumamente diferente pero igualmente fuerte y poderosa que la oscuridad que residía en ella. Fue entonces que vio cómo en su mano izquierda se materializaba una larga, fina y brillante lanza partesana, tan similar y diferente a la anterior que temió por un largo minuto de que esta vez, la chica pudiera cumplir su objetivo a cabalidad.

-No podrás hacerme nada.-exclamó con una voz segura y persuasiva que en lo superficial, podía engañar a cualquiera pero que a Kotori, internamente, no engañaba, lo conocía muy bien y era primera vez que veía algo de duda y susto en sus ojos marrones.- Si vuelves a atacarme con esa arma, morirás, y lo sabes muy bien.

La pelirroja pareció detenerse por unos instantes al escuchar aquello, no obstante, luego esbozó una sonrisa torcida que era más propio de él que de ella misma.

-Si eso me asegura el matarte, entonces me arriesgaré.-dictaminó muy seria, caminando hacia él.

Estaba solo a unos metros y un golpe de cobrar justicia y venganza, de acabar con todo. Kotori se sentía poderosa, se sentía viva, se sentía libre y no creía que nada podría arruinar aquel momento.

Excepto una sola cosa: la vida de su hermana.

-¡Onee-chan!-gritó Misa entrando a tropiezos en la entrada, seguida de Alluka, de Killua y Canary. La escena delante de ellos los dejó anonadados, sin poder creer lo que sus ojos veían. ¿Kotori… Brillaba? ¿Y tenía su arma de nuevo? ¿Qué estaba pasando?

La pequeña pelirroja de bucles alborotados corrió a socorrer a su hermana, sacándola de su cometido abruptamente para verla con ojos sorprendidos. Kotori no alcanzó a gritarle que se fuera de allí cuando Pariston, a trompicones, corrió y agarró en vuelo a su hermana menor, ella se echó hacia delante y enarboló su lanza dispuesta a atacarlo pero, al ver que el ojicafé puso a la niña delante de él como un escudo protector, desistió de su intención de atacar.

-¡Misa!-gritó aterrada, prefería mil azotes y apuñaladas con tal de no ver sufrir a su hermana como lo estaba haciendo en ese momento. Pataleaba, miraba con miedo a su hermano mayor que la tenía violentamente agarrada de la cintura y gritaba por ayuda.

-¡Si serás…!-exclamó Killua corriendo en dirección al rubio, pero una albina de ojos verdes se interpuso en su camino, sonriendo orgullosamente. El chico abrió los ojos reconociéndola nuevamente, si mal no recordaba, en un lejano pasado, ellos jugaban juntos en el área de juegos de su casa, aunque ciertamente habían pasado muchos años de aquello.- ¿Yu…i?

-Creí que no me recordarías, prometido.-saludó ella acercándose a él y besándolo de lleno para gran sorpresa de todos, lo que lo dejó paralizado de la impresión y a los demás anonadados de la nueva información recibida.

Kotori sintió que algo se rompía dentro de ella, sobre todo al ver que el ojiazul no apartaba a la chica de cabellos blancos. ¿Prometido? ¿Él estaba comprometido con esa chica y no le había dicho? ¿La había estado engañando todo ese tiempo? ¿Había caído como una tonta?

Devastada, se obligó a apartar la vista de la escena frente a ella y enfrentar a Pariston que parecía disfrutar con el dolor que veía en su mirada. Enarboló otra vez la lanza, dispuesta a atacarlo, aunque ciertamente estaba perdiendo la confianza que antes sentía. Sí, y sabía que aquello se debía a la nueva información que le cayó como un balde de agua congelada sobre su cabeza.

¡PUM!

Su mirada otra vez se dirigió al punto cercano donde ellos estaban, sorprendiéndola al ver que Canary, la mayordomo de Killua, había golpeado con su bastón a Yui, lanzándola lejos de él. Su mirada era fría y llena de desprecio hacia la ojiverde, quien, escupiendo sangre, la observó con rabia.

-Si me atacas la mataré.-amenazó Pariston, volviendo a centrar su atención en él, quien, sin que supiera cómo, apuntaba con una fina daga el blanco cuello de Misa, quien se retorcía débilmente en sus brazos. Estaba acorralada. No podía atacarle con libertad porque Pariston no dudaría en degollarla frente a ella o, en otro caso parecido, ella le haría daño al asestarle el golpe a su hermano. Estaba perdida. Ya no tenía confianza. Ya nada servía para defender a quienes más amaba porque uno la había traicionado y su hermana estaba presa en las garras del rubio.

Aquella sensación tan cálida y hermosa se estaba desvaneciendo poco a poco dentro de ella y las chispas estaban perdiendo su brillo.

-Haré lo que quieras pero por favor, deja a mi hermana en paz.-pidió humildemente, bajando su arma y mirando con profundidad a su hermano quien, a pesar de que sabía que tenía el control de la situación, se sintió intimidado ante aquella mirada tan significativa y llena de sentimientos, a esa mirada que cada día se hacía más parecida a la de su despreciable madre.

-Vendrás conmigo y acatarás todo lo que te ordene sino, Kassiopeia pagará las consecuencias, ¿entendido?

La pelirroja asintió, a pesar de los gritos de Killua para que lo escuchara y de las réplicas de Alluka que estaba escondida tras Canary.

-Tuvimos contratiempos pero al final, conseguimos nuestro objetivo, Yui.-habló el rubio sonriendo victorioso a la albina que, a duras penas, se acercó a él y lo tomó del brazo. Tenía la mejilla hinchada debido al golpe que la morena le había dado pero su mirada era tan arrogante y orgullosa como si no hubiera pasado nada.-Kallisto, ven.-ordenó, mirando a la pelirroja por primera vez con frialdad.

La joven volvió a asentir pese a que el ojiazul, zafándose del agarre de la morena, corrió donde ella, la tomó bruscamente de un brazo y la hizo girarse con el fin de que la mirara. Aunque lo que vio, lo destrozó aún más si se podía.

Una mirada vacía. Una mirada fría.

¡ZAZ!

Kotori le dio un puñetazo en el estómago al peli-plateado que lo hizo retorcerse de dolor y, al igual que con Yui, dejarlo sin aire, lo que debilitó su agarre y ésta, pudiera zafarse de él.

-Antes que nada, quiero despedirme de Misa.-pidió con los ojos oscuros, casi marrones, ignorando los quejidos de Killua que pedía, a duras penas, que se detuviera.

Pariston asintió y, liberando a la niña, la empujó justamente a los brazos de Kotori quien, con la voz quebrada, le susurró algunas cosas a Misa y la abrazó fuertemente. La niña rompió a llorar copiosamente y trató de colgarse de su hermana con tal de que no se fuera con Pariston pero ella, tragando duro, la apartó de si y miró suplicante a Canary para que fuera y se la llevara. Alluka, quien hasta ese momento estaba en estado de shock, no se había dado cuenta que lágrimas caían por sus mejillas ni que sentía una presión muy fuerte en su pecho por quien consideraba una hermana mayor del alma.

-Estoy lista.-declaró ella dejándose agarrar por el rubio y, en un torbellino oscuro que se materializó y creció hasta ser una gran bola de poder, desaparecieron de la vista de todos los demás.

-¡Kotori!-gritó Killua levantándose y corriendo hacia donde los tres habían desaparecido, sin hallar nada más que algunas pequeñas gotas de sangre.

-Amo Killua…-llamó suavemente Canary, dudando de acercarse o no al ojiazul, aún estaba impactada por la escena que había visto y por la mirada suplicante que ella le había dirigido.

-Déjenme solo.-pidió, con voz monótona.

-Pero, amo…

-¡DIJE QUE ME DEJARAN SOLO!-explotó, golpeando el suelo con una fuerza sobrehumana que asustó aún más a las niñas y preocupó a Canary.

La morena tomó en brazos a una llorosa Misa y le tendió la mano a Alluka.

-Está bien, amo. Como usted lo ordene.


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¿Bueno? ¿Malo? ¿Tomatazos? ¿Lágrimas? Un Review no hace mal a nadie y menos a esta escritora! :)

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SON LA GASOLINA QUE NECESITO PARA SEGUIR ESCRIBIENDO 3'

Nos vemos la otra semana

Kotori Hill