Una lección diferente

por Karoru Metallium


Disclaimer: Slam Dunk y sus personajes pertenecen a Takehiko Inoue -lucky him-, yo sólo los uso para divertirme y sin fines de lucro. Ah, y cualquier cosa de la NBA pertenece a la NBA xDD. Las situaciones presentadas en este fic que no pertenezcan a los ya mencionados, son propiedad intelectual de "Karoru Metallium". Si no respetas eso -es decir, si te copias aunque sea un pedazo-, serás pateado. Esto es un AU.

Advertencia: POVs alternos.


Capítulo X

El enfrentamiento

Las vacaciones no estaban siendo tales para Kaede Rukawa. Cierto que no tenía encima la presión de los juegos de temporada, pero la actividad social casi frenética en la que Laura y Hiro lo estaban embarcando comenzaba a fastidiarle. El único punto positivo de toda esa agitación lo constituía el hecho de que, al estar tan ocupado, le quedaba poco tiempo para calentarse la cabeza pensando en Hanamichi Sakuragi... el resto del poco tiempo que le quedaba se le iba en entrenar y dormir cuando podía.

Habían transcurrido tres días desde "el incidente", como lo llamaba en la privacidad de sus pensamientos, y en todo ese tiempo no había sabido nada del ex pelirrojo. Si Laura sabía algo, evitaba decírselo; y él prefería no preguntarle para no ponerse en evidencia ni tener que aguantarse la afilada lengua de la mujer.

Pero estaba preocupado, muy preocupado. Y nostálgico, horriblemente nostálgico...

Había llamado un par de veces a Rosalyn, más que todo para evitar reproches, no para saber qué estaba haciendo y cómo le iba... previsiblemente, eso le importaba cada vez menos. Conocía bastante bien a la mujer a la que había convertido en su prometida por no tener nada mejor que hacer, y sabía que a estas alturas Rosalyn debía de tener más de una sospecha rondando en su linda y astuta cabecita; aunque por supuesto estaba bastante seguro de que la actriz ni se imaginaba por dónde iban los tiros, realmente.

Por mucha imaginación que tuviera, no creía que la cabeza le diera tanto como para figurarse que sus intereses estaban ahora en alguien de su mismo sexo...

Al fin y al cabo, mientras más tardara en sacar a colación el asunto, pues mejor. Rukawa no estaba en las mejores condiciones para enfrentarse a ella, ni para lidiar con los reproches, los gritos y las probables lágrimas... porque si bien la mujer se había mostrado comprensiva en la única ocasión en la que habían hablado de eso, su carácter dramático e impulsivo y sus arranques de prima donna eran factores imprevisibles que había que tomar en cuenta. El barco de Rosalyn no se hundiría en silencio.

Esa tarde por fin tenía un descanso y decidió que era hora de tratar de dormir; claro que últimamente era más fácil pensarlo que hacerlo, a pesar de su legendaria capacidad para quedarse dormido como un lirón en cualquier momento y lugar. Cuando Laura llegó a la suite, casi al anochecer, lo encontró insomne tirado en su cama, mirando sin ver la enorme pantalla del televisor.

La mujer se sentó a su lado y se quitó los zapatos, dirigiéndole una mirada cargada de conmiseración.

"Santa Laurita de la Cruz viene a hacer su buena obra del día, y a acabar con tus angustias, Kaede." - recitó pomposamente, tratando de arrancarle una sonrisa. Lo logró, aunque a medias - "Hanamichi me llamó hace un par de horas para informarme que tendrá la tarde libre mañana... como tú no tienes compromisos pautados, me tomé la libertad de arreglar que te encuentres con él mañana a las tres para jugar."

"¿Dónde?"- preguntó sucintamente, aunque el corazón acababa de desbocársele dentro del pecho. Lo cual lo hacía sentirse enormemente ridículo, pero también absurdamente contento...

"Él mismo sugirió la cancha de baloncesto del complejo deportivo que queda a unas cuadras de su casa; ya reservé la cancha por tres horas, para prevenir ojos curiosos."

"Bien." - repuso calmadamente Rukawa, aunque su imaginación ya había comenzado a trabajar a marchas forzadas.

"Ya se te ven los nervios. Si no te controlas, mañana te van a temblar tanto las manos que no vas a acertar ni siquiera un lanzamiento, y vas a quedar mal frente a tu corazoncito." - comentó, provocadora y divertida, y él no pudo evitar dirigirle una mirada entre herida y rencorosa.

"No empeores la situación, Laura. Dame los detalles y deja de fastidiarme, quieres?"

"¡Ya, ya, tranquilo! Como será un encuentro... ejem... privado, sólo Mark y los dos guardaespaldas irán contigo para coordinar la seguridad exterior. Que te esperarán afuera y se encargarán de que no ande por ahí nadie que no deba, vaya." - la mujer hizo una pausa y le lanzó una mirada de advertencia, aclarándose la garganta - "Sea lo que sea que pase entre tú y Hana, te pido que seas lo más delicado que puedas. Es una persona buena y sensible, y lo que pasó entre ustedes le alteró demasiado."

"¿Te dijo algo...?"

"De eso, nada. Se limitó a decirme que tenía la tarde libre mañana porque iban a hacer una transmisión especial, y que podíamos ponernos de acuerdo para el juego privado. Yo le dije que no había problema alguno, y él sugirió el lugar y me dio el teléfono del administrador; nos despedimos y eso fue todo." - la mujer se enrolló distraídamente un mechón de cabello caoba en el dedo índice - "Aunque ahora que lo pienso, sonaba un poquitín apagado, menos entusiasta que de costumbre..."

"Al menos aún quiere jugar. Pensé que era muy probable que no quisiera ni verme..." - se dio cuenta de que había expresado sus pensamientos en voz alta cuando vio la mirada entre divertida y compasiva que le dirigía Laura.

"Probablemente no quiere ni verte, o al menos lo preferiría; pero ha adquirido un compromiso y lo va a cumplir. Es evidente que su palabra vale oro y no quiere depreciarla, por mucho que le afecte lo que pasó."

"Parece que lo conoces muy bien."

Ante su comentario, hecho con un tono que quería ser sólo sarcástico y que no lo había logrado del todo, Laura soltó una carcajada cristalina.

"No te pongas celoso, Kaede. Es una hermosa persona, es un placer verle y hablar con él, es encantador hasta cuando peca de bocón; pero aunque me siento súper atraída y demás hierbas, la cosa no pasa de ahí. Me distrae, y mientras estoy entretenida no ando pensando en quien no debo. Mira que no es fácil distraerse con otra cosa..." - la sonrisa se desvaneció poco a poco de su rostro.

"Sendoh ha intentado comunicarse contigo." - no era una pregunta; era una afirmación. Después de la arrebatada confesión que Sendoh le había hecho la noche de la fiesta, Rukawa no dudaba que el jugador trataría de entrar en contacto con Laura de nuevo, por mucho que parte de sus palabras estuvieran motivadas por el alcohol.

"¿Bromeas?" - la voz de Laura dejaba traslucir algo de amargura - "En los últimos dos días me ha llamado seis veces para invitarme a salir, con la intención de hablar, al menos eso dice. Ya sabes, esto parece un caso de 'pasa y siéntate que estás en tu casa, dijo la araña a la mosca'..."

"¿Y qué? A qué le tienes miedo?"

"Kaede," - comenzó la mujer, con una exagerada actitud de paciencia - "ya que no sabes de misa ni la mitad, te informo que el Sonrisitas tiene bastantes cualidades, una de las cuales es la tremenda capacidad de persuasión que tiene cuando quiere; y como bien me hiciste admitir, yo sigo enamorada de él. Todavía me queda algo de sensatez y quiero aprovecharla para no terminar cayendo en un círculo vicioso. No sé qué estés pensando de mí por enamorarme de semejante patán, pero te aclaro que no soy masoquista."

"Así que le has dicho que no..."

"Lo he mandado a sentarse en una tachuela; de la manera más diplomática que pude, por supuesto."

"Lo cual no es mucho. El pobre debe estar traumado a estas alturas..." - señaló Rukawa, divertido y tratando de aligerar el momento.

"¿Insinúas que no soy capaz de ser sutil, Kaede?"

"¿Yo? Nooo..."

"Ahora sí te mueres..." - sin avisar, la mujer se le echó encima con la intención de someterlo a la que para él era la peor de las torturas...

¡Cosquillas!


Hanamichi estaba aprensivo y nervioso como pocas veces en la vida.

Al enterarse de que podía tomarse libre la tarde siguiente, no lo había pensado dos veces antes de tomar el teléfono y llamar a Laura. Podía tratar de engañarse a sí mismo diciéndose que un compromiso era un compromiso, y que sería absurdo echarse para atrás siendo él mismo el responsable de la situación, el que había insistido en ese juego privado. Podía intentar mentirse en todos los tonos, pensar que al mal paso era preferible darle prisa y que lo mejor era salir de eso ya.

Pero lo cierto era que había pasado unos días malos, a pesar de su decisión de no pensar más en el asunto. Y era que temía, anticipaba, deseaba encontrarse con Rukawa, tropezárselo en cualquier parte, encontrar la excusa perfecta para verlo, para hablarle aunque terminara balbuciendo como el idiota que era. Diablos. No sólo tenía la suerte perra de que le gustara un tipo, sino que además ese tipo tenía que ser precisamente Kaede Rukawa, para que su vida acabara complicándose de mil maneras que nunca hubiera podido imaginar.

¿Qué coño había hecho para merecer semejante castigo? Nunca le había hecho daño a nadie... salvo, claro está, durante las peleas en sus días de adolescente pendenciero...

Ese día despertó con los nervios burbujeando en su estómago, después de haber pasado una noche no del todo tranquila; pero fiel a su costumbre, se sumergió en la rutina para evitar que el resto de las cosas que constituían su vida diaria se fueran al traste. Hizo su rutina de ejercicios, preparó el desayuno de los dos, despertó a su hija y fue a ducharse.

Salió del cuarto de baño con una toalla anudada alrededor de sus caderas, sacó del armario su ropa de trabajo del día y la colgó junto al espejo; luego rebuscó hasta dar con uno de sus juegos de ropa deportiva, rojo como su antiguo uniforme de Shohoku, y lo echó sobre la cama.

Sintió una punzada de añoranza al recordar sus días felices en la liga, cuando la lesión en su espalda aún no hacía de cada minuto de juego un infierno de dolor. Realmente quería jugar contra Rukawa. No sólo para probar que aún era un jugador más que regular, no sólo para enfrentarse al rival que lo había impulsado a ser mejor en su adolescencia... quería jugar con él porque hoy por hoy era una estrella, y porque su estilo de juego poco estridente y nada llamativo - pero tremendamente efectivo - era algo que Hanamichi apreciaba profundamente a nivel profesional.

Y mejor no ahondar en los niveles estéticos y personales...

Su nerviosismo no era por inseguridad acerca de sus habilidades; sabía que aún era un jugador superior a la media, aunque no alcanzaba las alturas que había logrado durante su etapa como profesional. Su inquietud era puramente personal: no sabía qué carajo iba a sucederle cuando lo viera de nuevo...

"¡Papá!" - la exclamación de Sae lo sobresaltó, y dio tal brinco que el nudo que sostenía la toalla alrededor de sus caderas se deshizo, haciendo que ésta fuera a dar al piso - "Papáaaa! Tápateeee!" - voceó con acento plañidero la niña junto a él, cubriéndose los ojos con las manitas.

Torpe y apresuradamente, Hanamichi recogió la toalla del piso y se la anudó de nuevo, asegurándose de que esta vez estuviera firmemente sujeta a su cuerpo.

"¿Qué pasa?" - preguntó, aún estremecido por el susto.

"¡Papá! Toqué la puerta y no me contestaste, entro y te encuentro allí parado con la boca abierta mirando esa ropa, te llamé varias veces y no me contestabas. Me preocupaste!" - la chiquilla lo miraba ahora con una mezcla de reproche e inquietud.

"Lo siento, nena." - articuló vagamente, moviéndose para sacar del armario uno de sus mejores pares de zapatillas deportivas.

"¿Vas a jugar hoy? Nunca juegas entre semana..." - las pequeñas manos levantaron con cuidado la vistosa camiseta roja - "y debe ser un juego especial, porque nunca te pones esto para entrenar. Cuéntame, contra quién juegas?"

"Rukawa." - contestó sumariamente, en lo que esperaba fuera su tono más firme. Su hija era demasiado perceptiva y él demasiado transparente...

"¿El señor zorro? Haruko me dijo que es una estrella del baloncesto en América... y tú vas a jugar con él!" - dijo la niña con entusiasmo.

"Es un juego privado, así que no le vayas a decir nada a nadie, Sae." - le advirtió, frunciendo ligeramente el ceño mientras sacaba un par de medias limpias del cajón. La idea de que Haruko y el escuadrón de admiradoras de Rukawa se aparecieran de pronto en la cancha le produjo un escalofrío - "Y a Haruko menos que a nadie, me has oído?"

"Tranquilo, papi, que yo me quedo calladita. Oye... estás muy raro últimamente. ¿Es por ese juego? Tienes nervios?"

"... quizás, un poco." - repuso después de un par de segundos, como siempre algo escamado por la perspicacia de la que Sae hacía gala.

"Te ves muy emocionado..."

".. sí, es probable. Ve a peinarte y luego toma tu desayuno, que el autobús ya debe venir en camino. Déjame vestir en paz."

La chiquilla salió, no sin antes dedicarle una sonrisa que lo dejó sintiéndose bastante incómodo; no había manera de ganarlas todas con Sae Sakuragi, la niña era demasiado precoz para el bien de su sufrido padre. Se vistió para ir a trabajar, y estaba empacando sus avíos deportivos en un gran bolso rojo y blanco cuando la bocina del autobús resonó en la calle, así que salió a despedir a su hija, como siempre.


Cuando llegó a la oficina de redacción, Rika no estaba a la vista. No le extrañó demasiado, porque al fin y al cabo la chica era prácticamente incapaz de parar quieta más de quince minutos, ni siquiera cuando estaba trabajando en la oficina. Saludó a Nara y a Takeshi, que sí estaban ya en sus puestos, y se sentó a redactar los artículos de la tarde.

En eso andaba cuando su compañera al fin apareció, con una sonrisa de oreja a oreja y unos papeles en ristre, y se sentó en el borde del escritorio que Hanamichi ocupaba, como era su costumbre.

"¡Mira! Saliste en la sección de sociales, Jun fue la que hizo el reportaje. Las fotos quedaron estupendas!" - dijo, poniendo los papeles en sus manos.

Era una impresión a color de lo que sería, más tarde, la actualización del diario en la red. El título rezaba Una velada con las glorias deportivas de Japón, y estaba ilustrado por varias fotografías. En una de ellas aparecía Laura muy sonriente, prendida del brazo de Rukawa; éste miraba al mismísimo Sakuragi, quien salía en la esquina opuesta de la fotografía con una expresión entre reservada e incómoda que contrastaba con la deslumbrante sonrisa de Akagi, parado justo detrás de él.

La expresión de Rukawa era indescifrable, pero su mirada estaba clavada en Hanamichi, sin discusión...

El ex pelirrojo tragó en seco. No, no era una mirada hambrienta. Simplemente era una mirada fija e intensa, que si bien para un observador casual podía implicar algo de animosidad, para él significaba simplemente que el jugador estaba analizándolo, diseccionándolo, con intenciones desconocidas...

"¿Hana? Hana!" - la voz exasperada de Rika lo volvió a la realidad - "Qué te pasa? Te quedaste como perdido en el espacio!"

"No pasa nada." - murmuró, incómodo. La mujer se acercó más, sus piernas rozando el brazo de Hanamichi, y le quitó de las manos la hoja con la fotografía de marras.

"No tienes nada que temer, Hana; eres muy fotogénico." - miró con detenimiento la foto y sonrió - "Así que ese es el famoso Kaede Rukawa... es muy, muy guapo; pero parece intratable. Tú le conociste antes, verdad? Creo que fue compañero tuyo en la secundaria."

"Ajá."

"¿Y qué tal? Es tan hosco como parece?"

"Probablemente más."

"¿Más? Cielos!" - rió un poco y luego se quedó mirando la foto por unos instantes - "Pero es demasiado guapo ese hombre... no hay derecho a estar tan bueno; debería haber una prohibición legal o algo por el estilo." - comentó. Sakuragi debió de hacer algún gesto involuntario, porque la mujer sonrió, se acercó más, se inclinó hacia él y le susurró al oído: - "Tranquilo, Hana. Sabes que para mí no hay nadie más guapo y más agradable que tú."

Las campanas de alarma sonaron una vez más en la cabeza de Hanamichi, quien se apartó un poco y miró a la chica con abierta suspicacia. A pesar de escasa experiencia en ese terreno, no era tan tonto como para no darse cuenta de que Rika iba tras él en serio, y de que si no ponía límites a su coqueteo pronto, en un futuro cercano se encontraría en una situación nada agradable.

"Rika..." - empezó, pero no sabía cómo continuar. La sonrisa de la mujer se hizo más amplia, lo cual incrementó notablemente el nivel de inquietud del ex pelirrojo.

"No te apures, chico." - le dijo, risueña, apartándose - "¡Sólo bromeaba! Cuándo te vas a dignar a visitarnos? Mi madre ha preguntado por ti otra vez... y sé que tienes esta tarde libre. Qué tal si nos acompañas?"

"Gracias, Rika, pero tengo un compromiso... un juego que pacté hace unos días, y no puedo cancelarlo. Quizá en otra ocasión."

La mujer suspiró.

"Si no supiera lo buena gente que eres, pensaría que me estás rehuyendo..."

"Sabes que no es así. Si te digo que tengo un compromiso que no puedo cancelar, es porque es cierto." - se defendió Hanamichi, aunque se encontraba muy incómodo: no estaba mintiendo, pero internamente agradecía el hecho de no tener que ir a casa de la mujer sabiendo que ésta aprovecharía cualquier oportunidad de acercarse más a él.

Si se descuidaba con Rika Ayano, era bastante probable que terminara metido en un lío MUY gordo.

"Lo sé. Eres fiel a tus compromisos, otra cualidad de las muchas que me gustan de ti." - comentó ella, sonriendo otra vez y guiñándole un ojo. El ex pelirrojo estuvo en un tris de enrojecer, pero logró controlarse a tiempo.

La mujer al fin se sentó a hacer su trabajo y lo dejó en paz; él suspiró con alivio y continuó con lo suyo. Ya tenía más que suficiente con el malestar que los nervios le provocaban, como para tener que ocuparse - encima - de mantener a raya a Rika.


El resto de la mañana transcurrió con rapidez, y antes de lo pensado Hana se encontró en su auto, camino al complejo deportivo. Había logrado almorzar a pesar del malestar, y después de reposar se sentía mucho mejor que en la mañana; además, Laura le había llamado para confirmar que la cancha estaba lista, tranquilizándole.

No le sorprendió ver el Bentley plateado aparcado justo afuera de la cancha cubierta de baloncesto, que se encontraba al otro lado del estacionamiento, a unos cien metros de las canchas de tenis. Había gente circulando por allí, pero más que todo se dirigían hacia la piscina y las canchas de tenis; nadie le miró dos veces cuando se dirigió hacia la entrada de la cancha de baloncesto con su bolso rojo a cuestas.

Allí encontró a Mark, el enorme guardaespaldas de Rukawa, quien al verle murmuró algunas instrucciones por el comunicador que llevaba.

"Kaede lo espera dentro," - le dijo amablemente, abriendo para él las grandes puertas dobles que conducían hacia los vestuarios - "no hay nadie más, ya nos aseguramos de que las puertas de acceso están todas cerradas."

"Gracias. ¿Hace mucho que me esperan?"

"Sólo diez minutos."

Aprensivo, sin poder evitar los nervios que de pronto le atenazaban el estómago, Hanamichi avanzó, sobresaltándose cuando las puertas volvieron a cerrarse a sus espaldas. Siguió por un pasillo y entró en los vestidores, atravesando el laberinto de lockers hasta alcanzar los que estaban más cerca de la salida a la cancha.

Allí estaba Rukawa, quien ya ataviado con un sencillo uniforme negro con franjas blancas, trotaba en el mismo sitio a modo de calentamiento. Se detuvo al verle e inclinó levemente la cabeza, observándolo con atención.

"Sakuragi." - le saludó, en un tono tan calmado que parecía casi una burla al estado de nervios del ex pelirrojo.

"Eh... Rukawa. Buenas tardes. Siento que hayas tenido que esperarme." - dijo apresuradamente, evitando su mirada y volviendo sobre sus pasos.

No importaba cuántas veces se hubieran visto casi - o completamente - desnudos en los vestuarios o en las duchas en sus años adolescentes, ciertamente en estos momentos Hanamichi NO era capaz de desvestirse en presencia del otro hombre. Así que retrocedió hasta la otra fila de lockers para cambiarse con algo de privacidad; allí se quitó la ropa de trabajo y se puso el uniforme rojo.

Al terminar salió a la cancha e imitó a Rukawa, quien calentaba dando unas vueltas a trote fuerte y señaló hacia un rincón sin detenerse. La mirada de Sakuragi siguió la dirección en que apuntaba y se dio cuenta de que no tendrían problemas para hidratarse, porque el zorro había hecho traer una pequeña cava que contenía hielo, agua y bebidas deportivas.

La cancha no era muy grande; Hanamichi la conocía bastante bien, puesto que solía practicar allí algún que otro fin de semana con los chicos del barrio, de los que era entrenador no oficial; pero estaba acostumbrado a ver gente en las gradas - los padres de los chicos y algún que otro aficionado o curioso -, y el recinto completamente vacío se le antojaba enorme.

El eco de sus pasos resonaba al máximo, y cuando sacó de un arcón un par de balones, de los cuales pasó uno a Rukawa para que practicase, el ruido resultó casi ensordecedor en medio de tanto silencio.

Después de casi veinte minutos, y a pesar de no haber cruzado ni una sola palabra, la sintonía entre los dos era más que notable. Bastó una seña para que Hanamichi entendiera que Rukawa ya estaba listo para enfrentarse a él; sólo entonces hablaron, para pactar un juego a dos tiempos de veinte minutos cada uno, como en el baloncesto colegial americano.

Mirarse en esos ojos azul oscuro ahora, sin el velo de los prejuicios y el rencor adolescente, era una experiencia completamente distinta. Rukawa no revelaba nada, manteniendo a toda costa su famosa faz inexpresiva; pero sus ojos centelleaban, magníficos, expresivos y llenos de vida. Sakuragi no podía menos que estar seguro de que el zorro estaba disfrutando la experiencia tanto como él, de que este momento era igual de especial para los dos.

Cuando comenzaron a jugar, sus primeros movimientos resultaban algo lentos y vacilantes, como si estuviesen probándose uno al otro; casi como si midieran sus fuerzas antes de enfrentarse realmente. Luego Hanamichi logró bloquear efectivamente un ataque por parte de Rukawa, y el juego se avivó hasta convertirse en una intensa batalla sin cuartel sobre el tabloncillo.

Después de transcurridos los veinte minutos del primer tiempo jugando casi sin descanso, Rukawa dominaba; aunque sólo por seis puntos. Hanamichi, satisfecho aunque jadeante, estaba comprobando que todavía contaba con la fuerza y la habilidad suficientes para no hacerle las cosas fáciles a un profesional destacado con experiencia en la liga más famosa del mundo.

Porque diablos, Rukawa era bueno. Bueno con ganas. En un juego cuerpo a cuerpo era aún más evidente que al verlo en la televisión: sin atropellar ni empujar demasiado, con un estilo elegante y casi perezoso, se las arreglaba para deslizarse a través de la defensa de Hanamichi y anotar. A pesar de que actualmente tendría unos tres o cuatro centímetros menos que Hanamichi - ambos se habían estirado durante la última etapa de la adolescencia, y Hana había alcanzado el 1.98 con facilidad entre los diecisiete y los veinte años -, también era bueno bloqueando. Sabía cuándo crecerse y cuándo utilizar esa ligera diferencia de estatura a su favor.

Jugar en el mismo equipo que él, compartiendo sus habilidades y recibiendo lo que seguramente serían pases perfectos, trabajando en perfecta sincronización, debía de ser una experiencia increíble, algo casi... orgásmico. Una palabra algo extraña para describirlo, pensó Sakuragi mientras aprovechaba el medio tiempo para rehidratarse a conciencia; pero de algún modo sabía que así serían las cosas entre ellos si fueran miembros del mismo equipo ahora, como adultos.

No habían intercambiado palabra desde que pactaran el juego, y no parecía que les hiciera falta hablar. La comunicación entre ellos era casi perfecta, y Hanamichi estaba disfrutando del juego a conciencia, toda vez que había logrado apartar de su mente el aspecto puramente físico del asunto y mantenerse concentrado cuando sus cuerpos se tocaban, rozaban y chocaban en la cancha.

Pero en el minuto siete del "segundo tiempo", Hanamichi cayó en la trampa de una de las elegantes fintas de Rukawa y se lanzó a fondo, lo cual lo llevó a resbalar y dar con sus huesos en el tabloncillo. Había resbalado unas cuantas veces - al igual que su oponente - durante el juego, pero esta vez se golpeó ligeramente la cabeza y quedó tendido allí, un tanto aturdido; de inmediato el zorro se arrodilló a su lado y su faz, usualmente inexpresiva, mostró preocupación.

"¿Estás bien?"

"Sí, hombre. Simplemente resbalé." - comenzó a incorporarse, pero una leve punzada de dolor en la parte baja de su espalda lo detuvo. Como no había sido fuerte, aunque sí sorpresiva, trató de disimular; pero la aguda mirada de su contrincante ya había captado la situación.

"Suspendamos el juego." - dijo Rukawa, calmadamente. Cómo se las arreglaba para sonar calmado, a pesar del intenso esfuerzo físico que se reflejaba en su respiración acelerada y en su piel brillante por la transpiración, era algo que intrigaba y enfadaba al ex pelirrojo, quien apenas podía hablar porque estaba virtualmente sin aliento.

"No creo que haya necesidad." - se sentó en el tabloncillo, sabiendo que se había lastimado. Pero no era grave, y durante sus últimos meses en la liga había jugado en condiciones infinitamente peores - "Vamos, terminemos y ya."

"Tienes una lesión permanente y acabas de lastimarte. No seas terco; dijiste que no llevarías las cosas al extremo, por ti mismo y por tu hija. Dejémoslo así."

¡No señor!

El zorro le estaba ganando por nueve puntos, era una diferencia fácilmente remontable y aún tenían tiempo! El orgullo deportivo de Hanamichi, aunque herido, se rebelaba ante la idea de perder... a pesar de que su sentido común le decía que Rukawa tenía toda la razón.

"Pero no hemos terminado..." - protestó, débilmente.

"No tenías nada que demostrar ante mí; pero si querías hacerlo, ya lo has hecho. Sigues siendo un excelente jugador y tu experiencia se nota; de no ser por esa lesión estarías entre los mejores de Japón, Sakuragi. Eres un contrincante duro, aunque no estés en condiciones... ha sido un placer jugar contigo." - una leve sonrisa se dibujó en los labios del zorro.

Hanamichi era, en ese preciso momento, una mezcla confusa de vergüenza, terquedad y simple deleite. De alguna manera sabía que Rukawa estaba siendo cien por ciento sincero, y eso era como un bálsamo para su orgullo herido.

"Te lo agradezco." - dijo al fin, después de pasarse un par de minutos sin saber qué decir.

"No tienes porqué. Ya te he dicho que ha sido un placer, eres un jugador brillante."

"Tú no lo haces mal, tampoco." - se atrevió a esbozar una sonrisa, que Rukawa respondió con una propia, fascinante y brillante.

Y de repente, Hanamichi supo que el momento que había vivido tres días atrás volvería a repetirse; lo supo mirándose en los ojos azul oscuro, sin poder hablar y sin nada más que decir. Su respiración, que se había calmado un poco al permanecer sentado durante esos breves minutos de conversación, volvió a agitarse; esta vez por el calor que se extendía dentro de su cuerpo, no por la actividad que acababa de experimentar.

Se sentía como... como si estuviera a punto de explotar; y la sensación, aunque extraña, no era desagradable...

Rukawa, que había estado arrodillado a su lado todo el tiempo, se inclinó hacia él hasta que sus alientos se mezclaron y sus narices se rozaron, y el contacto fue suave e increíblemente cálido... al principio. De pronto, la adrenalina que lo recorría por el esfuerzo físico durante el juego se tornó violenta como un ácido, quemando sus defensas y permitiendo que todos sus deseos se derramaran, inundando su cuerpo y su mente.

La cercanía del otro, su olor, todo él, lo que fuera; todo era intoxicante y lo hacía olvidar sus miedos.

Su mente apenas registró el gruñido posesivo que escapó de su garganta justo antes de que sus manos se enterraran en el cabello suave y húmedo de Rukawa, acercándolo más a él y apoderándose de sus labios con fuerza, su lengua obteniendo acceso de inmediato al interior de la boca del otro. Lo besó con hambre, devorando sus labios y succionando su lengua, y casi pierde la cabeza cuando el jugador comenzó dar lo mismo que recibía, con la misma intensidad, una intensidad tan cercana a la desesperación que por momentos lo asustaba.

No supo cómo, pero terminó echado en el tabloncillo rodeando con sus brazos a Rukawa mientras éste sujetaba su cabeza y devoraba su boca, dominando ahora el beso. La sensación de los largos dedos acariciando sus cabellos casi lo hacía ronronear como un gato, y el peso del cuerpo masculino sobre el suyo - extraño, sofocante - era simplemente delicioso; tanto que quería más, necesitaba más...

Sus manos se deslizaron bajo la mojada camiseta negra que el otro llevaba, tanteando, disfrutando la sensación de la piel sedosa y resbaladiza por la transpiración, y de los poderosos músculos moviéndose y tensándose bajo sus dedos; levantó una pierna para rodear con ella las caderas del joven, y al hacerlo sus cuerpos entraron en contacto completamente.

Algo se clavó contra su cadera, y al comprender de qué se trataba no tuvo tiempo de sentir sorpresa o vergüenza, pues él se encontraba en un estado similar. No sabía qué demonios estaba haciendo, pero por todos los cielos, se sentía increíble para ambos; la erección que se presionó contra la suya cuando Rukawa se movió sólo lo justo para que sus cuerpos encajaran era prueba de ello.

Un gemido desesperado escapó de su boca y su compañero levantó la cabeza, permitiéndole respirar por unos momentos. Los ojos azul oscuro se veían casi negros ahora, y un remolino de emociones violentas se agitaba en ellos; el rostro de Rukawa, por primera vez, reflejaba la intensidad de las sensaciones que lo recorrían, sus labios estaban inflamados por los besos... y era algo hermoso, tan hermoso que Hanamichi sintió que quería llorar, reír y gritar, todo al mismo tiempo, al mirarlo.

Y él que se había prometido no pensar más en Kaede Rukawa; en estos momentosestaba haciendo muchísimo más que sólo pensar en él.

Su fuerza de voluntad valía... mangos.


N.A.: Espero que haya valido la pena la espera; gracias por su paciencia y su perdón xD. Esto tenía ya casi dos meses escrito en mi cuadernito, pero por falta de tiempo y otras cosas no lo había pasado a la computadora. Espero que la somera descripción del juego no sea demasiado aburrida; soy fan del baloncesto pero no obsesiva, mis habilidades como narradora deportiva son bastante limitadas, y al fin y al cabo esto es un fic xD. Este juego es de contacto, e imaginarlos all sweaty and hot and bothered... mmm.

Gracias a: Elena (lo normal entre gente que nunca ha pensado que batea para el equipo contrario...), Hikaru Itsuko (esperemos que no lo deduzca TODO), Has been taken, Miguel (bueno, he tardado algo menos esta vez xD. Y te has dado cuenta de que tanto el uno como el otro - al menos de momento - tienen mucho en cuenta la opinión de los demás; cosa que es por demás comprensible en su posición), Haima (no lo van a tener fácil), Lulitaven (pues deberías, éste es el más normalito de todos xD), Aguila Fanel (ojalá que sí, pero además de la niña hay muchas cosas que considerar), Ale (y lo que les falta por pasar a esos dos... esto va a tardar un poquito en resolverse), Astrea-nike (pa que veas que Sendoh no es un monstruo...).