La princesa de hielo
Rosalie pov.
— ¡Luces fantástica! —Ruedo los ojos, como siempre lo hago— ¡Ahora quiero que me odies!
Giró mi rostro a la cámara y compongo la mejor cara de repugnancia que puedo obedeciendo las palabras de Ricky.
— ¡Así es Rosalie! La cámara te adora, lo juro nena.
Sonrío con suficiencia al saber que hemos terminado, esa es su manera de cerrar siempre las sesiones, un nena equivale a un: "hemos terminando por hoy"
— Supera eso, hermanita —bromeó con Bella mientras tomo el abrigo que me ofrece Clark, la asistente de Ricky—.
— Mira y aprende —responde riendo, la veo quitar su abrigo negro mientras avanza por la arena en el bikini azul que modela en esta ocasión, el color resalta entre la negrura de la Push, dándole a su piel un cálido toque de color.
¿Quién diría que tendríamos la suerte de que La Push se encontraría libre de nubes el día exacto de la sesión de fotos?
¡Al menos tuvimos la oportunidad de no morir congeladas! Pero bueno, hacía una semana habíamos sobrevivido a una cena en la casa Cullen, por lo que ahora el frío era el menor de nuestros problemas afortunadamente.
— ¿Alguien necesita un poco de calor corporal?
Sonrió inconscientemente al reconocer la voz de Kellan, antes de girarme a verle tuerzo mis labios en una mueca de desagrado recordando la primera regla al salir con engreídas estrellas de cine: "Recházalo y volverá"
— ¿Y tú eres? Oh, espera, quiero un café doble con dos de azúcar y uno de crema. —Ordeno con desdén, le veo enarcar una ceja, y lo último que sé es que me tiene entre sus brazos mientras me besa con desespero, sonrió contra sus labios, es tan perfecto.
¡A la mierda las reglas!
— ¿Te ha gustado el café?
— El mejor de mi vida —respondo antes de volverlo a besar.
— ¡Muy bien! ¡Ha sido suficiente! —Escucho de pronto el grito Bella mientras nos separa, su rostro luce molesto. Sin embargo puedo ver la sonrisa crecer en sus labios.
Me aparto de Kellan lo suficiente para no dar un espectáculo, pero a pesar de ello mantengo su mano en la mía, parece tan correcto e íntimo a la vez.
— Vamos, princesa de hielo. El que tú seas un tempano no significa que tu hermana no pueda ser un fuego.
Frente a nosotros Bella rueda los ojos antes de golpear su frente contra la palma de su mano.
— Cómo sea musculitos, escúchame —comienza mi hermana mientras golpea el pecho de Kellan con el dedo índice—: la quiero antes de las dos por que mañana tenemos clase a primera hora. ¡Y sí regresa con un solo rasguño o pelo fuera del lugar…! Me encargaré de que Manolo Di monto mi fotógrafo personal piense que de pronto te ha dado una crisis de identidad.
A mi lado Kellan traga duro, cualquiera diría que una chica de metro sesenta en bikini es incapaz de perturbar a un chico de metro ochenta y seis…pero Bella y sus amenazas son otra historia, en especial cuando incluye chicos y Manolo. Ya que no es una novedad que Manolo ha estado interesado en él desde hace más de cinco años, así que si de pronto él pensará que Kellan tiene un problema de identidad…bueno, el resultado no sería el mejor.
— Antes de las dos, mi señora.
Niego a mi hermana mientras arrastró mi futuro potencial novio hasta la puerta de mi camper.
— Espera aquí —murmuró contra sus labios—.
— Aquí te esperaré.
Entró rápidamente al tráiler y comienzo a cambiar mi atuendo por el vestido rosa palo que he robado del armario de Bella. El vestido es a la rodilla con encaje en él, así como de manga larga y escote al frente, al verme al espejo no puedo evitar sonreír. Me veo sexi y elegante, he conseguido el estilo que deseaba, mi cabello cae en suaves risos en marcando mi rostro, el maquillaje es suave, casi natural, y claro, como olvidarlo…un par de estiletos dorados adornan mis pies.
Tomo mi bolso a juego y salgo, ahí, junto a las luces se encuentra Kellan aguardándome, sí, la vida es bella. Y más con él a mi lado.
Cierro la puerta y avanzó hasta él, estaba segura que hoy sería una noche larga.
— ¿Qué tienes en mente para esta noche, chico grande? —preguntó al acercarme a él.
— Es una sorpresa rubia de fuego —responde con una infantil sonrisa—. Ahora vamos.
Caminamos a través del aparcamiento hasta llegar a un BMW negro descapotable, sonrió, él conoce de autos.
— Un hermoso auto —murmuro mientras me abre la puerta de copiloto—.
— Sólo lo mejor para ti —termina con un guiño, rodea el auto y sube rápidamente.
En cuanto enciende el auto y escucho el motor ronronear me olvido de mi peinado y maquillaje, ahora lo que me importa es ver es cuanto corre este bebé.
Una hora después hemos llegado a Port Angeles, nuestra primera parada es en un pequeño restaurante francés, Pièrre, Kellan se ha encargado de reservar una mesa alejada de los curiosos, además de que mantiene alejados a todos aquellos curiosos paparazis que se han instalado aquí y en Seattle desde que se enteraron de que las hermanas Hale se mudarían.
— ¿Qué te parece esto? —pregunta Kellan sosteniendo dos palillos de pan en su nariz, sé que debería estar molesta con él.
Sé que debería de sentirme avergonzada, pero no es así, sino que es todo lo contrario, comienzo a reír sin poderlo evitar. Me divierte, me gusta que sea así cuando está conmigo, me gusta que me haga reír y olvidarme de todo, además de que me fascina que pueda actuar de manera ridícula e infantil con él y sigamos siendo nosotros mismos. En esos momentos nos convertimos en Rosalie y Kellan, dos personas que la pasan increíblemente bien juntos.
— Dime que piensas tú de esto —respondo riendo mientras tomo un tomate cherry de mi ensalada y lo lanzó al aire atrapándolo en mi boca.
— ¿Cómo lo hiciste? —Pregunta sorprendido— ¡Tengo años intentando y aún no lo consigo!
Y por consiguiente procede a intentarlo fallando cada vez que lo hace.
Sonrió con arrogancia — ¿Qué pasa? ¿Finalmente el gran Kellan Lutz es superado en algo? — cuestiono y vuelvo a lanzar un tomatillo atrapándolo.
Él abre la boca sorprendido, pero su expresión cambia de un momento a otro mostrándose ahora más confiado antes de hablar—: Puede que ganarás en el arte de atrapar tomatillos en el aire…pero no me ganarás en nuestra siguiente parada…
Enarcó una ceja mientras rio.
¿El arte de atrapar tomatillos?
— ¡Mesero! ¡La cuenta! — El pobre hombre llega pálido al escuchar el grito de mi acompañante.
— Aquí tiene señor. —El pobre hombre se encuentra al borde de un colapso cuando Kellan le entrega su tarjeta sin revisar, y cuando finalmente vuelve el pobre hombre, mi acompañante me saca casi corriendo del restaurante.
— ¿Y ahora a dónde vamos? — preguntó mientras tomamos la carretera a Seattle.
— Al único lugar dónde no me ganarás. —responde engreídamente.
Son cerca de las once menos treinta cuando llegamos a Seattle, Kellan se pierde entre las calles hasta que finalmente se detiene frente a un enorme local con luces de colores, leo el letrero y me giro a verle.
— ¿Bolos? — Preguntó aún sorprendida.
— Oh sí, así es. Aquí no me ganarás…y no intentes poner de pretexto la ropa o zapatos porque Bella se encargó de mandar esto. —Culmina entregándome una mochila negra.
La abro sin poder creer lo que se encuentra adentro: Ropa de civil, una gorra y zapatos para jugar a los bolos.
Cielos, de verdad que amo a mi hermana.
— ¿Cuándo…?
— Eso no es lo importante ahora, en este momento solo quiero saber si aceptas el reto o tienes miedo de perder.
Enarcó una ceja, oh chico. No sabes con quién te has metido.
— Te veo en la entrada —Respondo antes de bajar y entrar a cambiarme en los baños del abastecimiento.
Cuando entro me deshago del vestido rápidamente remplazándolo por un par de jeans negros y sudadera a juego, mis elegantes estiletos se ven remplazados por un par de zapatos para bolos; ato mi cabello en una simple cola de caballo y coloco la gorra negra a juego, al verme en el espejo de percato que Rosalie Hale ha desaparecido y Rosalie Swan ha vuelto.
— ¿Lista para perder? —pregunta Kellan al verme llegar a su lado.
— Eso lo veremos —respondo con una sonrisa—.
Y así, sin esperar un segundo más entramos a jugar.
….
— ¡Supera eso nena! —grita mientras lanza su puño al aire de manera triunfante, sonrió y niego.
Kellan ha tirado 9 de 10.
Tomó mi bola y avanzo hasta el punto de lanzamiento sin dudar ni un segundo, tomo distancia y finalmente lanzo, una chuza perfecta.
10 pinos de 10.
Me giro hacia él que me ve con la boca abierta, y sin pensarlo le beso y me aparto mientras grito al aire e imito su acción con el puño en el aire en señal de triunfo.
Kellan parece salir de su shock de un momento a otro antes de abrazarme y besarme, se separa por unos segundos para susurrar—: Eres perfecta, ¿dónde has estado todo este tiempo? —murmura contra mis labios antes de besarme por segunda vez.
...
Bella pov.
Un molesto pitido me hace salir de los brazos de Morfeo, me estiro y apago el despertador, otro día más en Forks. Veo al techo y suspiro, tomando cada parte de la fuerza que tengo me levanto y cambió por un par de jeans negros, blusa blanca de manga larga, chaleco de peluche camel en compañía de botas del mismo color. Es un hecho que no tengo ganas de ir a clases, pero debo de hacerlo si quiero entrar a una buena universidad, estudiar literatura y evitar causarle un infarto a Charlie en cuanto piense que tengo depresión de nuevo.
Me veo al espejo y me sorprendo al percatarme que me veo mejor de lo que esperaba.
Extraño.
— Bueno, qué más da. —murmuró viendo por última vez mi reflejo.
Cuando llego al comedor me encuentro con Alice y Jasper viendo extrañados a Rose, ella por su parte juega con su desayuno.
Rueda las fresas por el plato mientras ve al frente y suelta ocasionales suspiros, me encojo de hombros. Kellan debió de haber tenido éxito con los bolos anoche, más tarde lo averiguaría.
— Alguien está enamorada —asiento a Alice, es verdad que lo está.
— Supongo que Kellan ha causado estragos en ti, Rose. —Le llamo mientras robo su plato, si ella no quiere su fruta yo me puedo hacer cargo de ella.
— ¡Él es maravilloso! Me hace ser diferente, no es como Jude, Dave, o incluso Roman. Kellan es diferente.
Ruedo los ojos ante su declaración, los otros eran modelos vanidosos y engreídos que buscaban no dejar de llamar la atención, como Roman, su chico de turno como ella lo llamaba, sólo quería estar siempre en la televisión y sabía que con Rose lo conseguiría —: Ellos solo querían ser la portada del siguiente número de Vanity Fair, Kellan se ha abierto el camino por sí mismo.
Declaró defendiendo al que sería posiblemente mi cuñado número…bueno mi nuevo cuñado, perdí la cuenta después de Chace Crawford.
— Quién lo diría la princesa del hielo defendiendo a un hombre, pensé que este día nunca llegaría —declara Jasper riendo, sonrió de manera irónica y le muestro mi dedo corazón.
— ¿Sabes quienes no llegaran tampoco? —pregunto de manera retórica, y respondo antes de que lo hagan —Nosotros, estamos llegando tarde y apenas es nuestra segunda semana.
Sin esperar respuesta por alguno de ellos salí rumbo al instituto. Maneje con el auto de Rose a mis espaldas y la Harley de Jasper al lado, era como en los viejos tiempos, cuando estábamos en Phoenix, la diferencia sería, qué, Arón manejaría y yo iría a su lado sonriendo.
Cuando entramos al aparcamiento estacione junto al volvo de Edward, oh dulce vida, solo quedaban dos lugares y ambos estaban en medio del Jeep blanco de Emmett y el auto de su hermano. En el caso de Jasper como era costumbre estaciona en medio de mi auto y el de Rose.
Y, antes de que pueda bajar por mi cuenta, mi puerta se abre. Ahí, sosteniéndome una mano se encuentra Edward Cullen tendiéndome su mano. Enarco una ceja, suspiro y ruedo los ojos.
Bajo del auto ignorando su gesto, sé que es grosero de mi parte, pero él lo fue más hace tres años. Sé que el día de la cena Rose y yo acordamos con los hermanos Cullen que intentaríamos ser tolerantes e intentaríamos ser amables entre nosotros, pero eso no incluía ninguna promesa de amistad.
— Vamos Bella, por favor. —murmuró, suspiré y negué. No me podía permitir el caer por él una vez más.
— Nunca te prometí que seriamos amigos…sólo una garantía de ser amable.
— Bueno, esto es una ofrenda de paz, por favor.
Suspiró una vez más antes de responder—: Lo intentaré.
El ofrece una pequeña sonrisa.
Edward abre la boca para decir algo, pero se ve cortado por el claxon de un auto entrando al aparcamiento. Es un bittle último modelo de color rosa chicle brillante.
Cielos, pobre auto.
Ese auto es nuevo. No había estado presente la semana pasada, sin poderlo evitar una mueca de asco se dibuja en mi rostro y giro a ver a Rose que ya ha bajado de su auto y se encuentra junto a Emmett, Jasper y Alice.
Emmett ve el auto con una mueca de asco al igual que Edward, y en el caso del resto con una de horror.
No los juzgo, es un horrible color.
Y lo peor es que estoy segura de quién, o mejor dicho quiénes son.
El pequeño auto se estaciono a medio camino, frente a nosotros. Y, de él bajaron tres rubias cabelleras, estaba perfectamente segura de que eran teñidas.
No era necesario que hubiera presentaciones, las conocía perfectamente. Eran Tanya e Irina Denali en compañía de su perrito faldero Jessica Stanley. Al vernos juntos a nuestros autos sonrieron hipócrita e interesadamente. Las tres vestían como clones, minifaldas blancas —completamente inadecuadas para el clima de Forks—, y tops a la cintura rojos con plataformas del mismo color.
¿Cuándo se había vuelto el instituto un prostíbulo?
Las tres señoritas se acercaron hasta quedar frente a nosotras.
— Veo que son nuevas, permítanme presentamos —comenzó Tanya, vi a Rose con una sonrisa—. Mi nombre es Tanya Denali, y ella es mi hermana Irina —apuntó a la otra rubia, no habían cambiado realmente—.
— Yo soy Jessica Stanley —añadió de pronto al ver que era olvidada por su "amiga".
El estacionamiento quedo en silencio, varias miradas se posaron en nosotras, todos aguardaban nuestra reacción cuando Tanya nos tendió su mano.
La ignoré olímpicamente, ella me vio incluso más molesta mientras bufaba.
— Bueno, les teníamos una oferta, pero son realmente groseras. —Señaló Tanya viéndome aún molesta.
— ¿Qué oferta? —preguntó de repente Alice fingiendo interés.
— Como verán, somos consideradas la élite de Forks y nos preguntábamos sí — aseguro— se unirían a nosotras, piénselo. Con unos simples cambios…serían un perfecto potencial. —Declaro Irina viendo fijamente a Rose.
Sin poderlo evitar solté a reír.
— ¿Es qué encuentras algo gracioso…? Espera, ¿cómo dijiste que te llamabas? —preguntó Tanya molesta.
Sin contenerme, sonreí de una manera la hizo retroceder.
— Aún no lo he dicho Tanya —escupí—, pero algo sí te garantizó. No nos interesa formar parte de la élite de prostitutas de Forks —Ella me vio molesta e intento lanzar su mano a mi mejilla, antes de que lo hiciera la detuve en el aire—. Y en cuanto a mi nombre me sorprende que no me recuerdes, soy Isabella Swan. Y ahora si me disculpas —lancé su mano, ella la protegió en su falso pecho—, tengo cosas más importantes que hacer.
Declaré antes de avanzar al instituto, a mis espaldas escuchaba a los chicos reír, a Tanya patalear junto a su hermana y amiga y a Edward seguirme.
— La princesa del hielo ha vuelto escuche a mi hermano murmurar a mis espaldas, que el cielo nos salve.
Sí, Jasper tenía razón. Había vuelto.
— ¡Eddie! ¿A dónde vas? ¡Eres mi novio! ¡No la tienes que seguir a ella!
— ¡Te equivocas terminamos hace tres años! ¡Nunca volvería contigo! ¡Y la sigo porque es el amor de mi vida!
Edward me detuvo y besó frente a todos en el aparcamiento, sus labios moviéndose contra los míos sin recibir respuesta, y, cuando se iba a apartar, reaccione.
Correspondí su beso, era una buena venganza contra Tanya, y por qué no admitirlo, sus labios eran incluso más suaves de los que los recordaba.
Cuando nos separamos todos nos veían, ya no había rastro de las Denali ni Staley.
Deje un casto beso en sus labios y seguí caminando a clases como si nunca hubiera pasado nada, pero eso no evito viera la emoción que había crecido en sus ojos, brillaban mostrando la emoción del beso en él, así como diversos sentimientos.
¿Sería acaso posible que creyera en sus palabras?
¿Podría volver a quererle sin salir afectada?
¡Actualización, ya saben son vacaciones y eso significa mucho para nosotros!
Nos leemos.
