El viaje.
Nota del Autor: ¡Siguiente capítulo publicado! Espero que les guste.
Me disculpo de antemano si la actitud tranquila de April no es creíble aquí. Es decir, si yo me despertara después de haber sufrido un ataque (después de estar relacionada con una detonación de bomba) en un vehículo extraño y con el cabello empapado de sangre, estaría como loca. Pero supongo que no quise poner a April histérica aquí porque, bueno, ella ya pasó por demasiadas cosas y sólo quiere estar relativamente tranquila, así que es mejor escuchar que sólo soltar maldiciones e improperios.
Ah. Y yo realmente no quería que Raphril siguiera molesto entre sí, me molestaba mucho la idea, haha. Así que: ¡reconciliación!
Disfruten la lectura.
Descargo de responsabilidad: Yo no poseo Teenage Mutant Ninja Turtles.
Si soy sincera, yo no esperaba abrir los ojos en medio de un fresco agradable y con la voz de Katy Perry de fondo. Esperaba escuchar una serie de pitios y chillidos que me indicarían que estaba en un Hospital, rodeada de agujas y tanques de oxígeno que me devolverían a la realidad; o tal vez escuchar los gritos de mi tía en la mañana que me dirían que todo había sido una especie de horrible pesadilla.
Pero no.
Me despierto aturdida. Hay un zumbido constante en mis oídos y mi visión es más borrosa que nunca. Muevo mi cabeza ligeramente mientras mis sentidos se adaptan al entorno. Parpadeo un par de veces con ojos legañosos hasta divisar la carretera en frente, a través de un vidrio.
—Creí que no despertarías, Bella Durmiente —la voz suena como si mi cabeza estuviera debajo del agua, sin embargo: burbujeante y distante.
Miro hacia un lado, y el simple movimiento hace que mi cabeza me explote en un lío de dolor. Gimo, pero mis brazos se sienten tan cansados que no soy capaz ni de sujetarme el cráneo.
—Raph…—grazno.
—Hey. Está bien. Sé conducir —bromea.
Intento reír, pero me duele.
—¿Qué…?
—Mike está dormido en la parte de atrás.
Me giro lentamente y lo miro por el espejo retrovisor. Sí, ahí está, con rostro angelical y sin ninguna cicatriz.
—El impacto de la bomba lo lanzó lejos y lo dejó inconsciente.
Tardo un momento en reaccionar a lo que dijo. ¿Bomba? ¿Qué…? ¿Cuándo…?
—Afortunadamente, no le dejó ningún daño. Nada lo golpeó o le dejó una cicatriz o herida… Bueno, al menos no superficial. Se despertó unos minutos después, en medio del humo y de la gente muerta, y comenzó a hablar incoherencias.
Hace una pausa.
—Pero después de explicarle lo que ocurrió, se calmó un poco. Supongo que saber los hechos era más tranquilizador que sólo despertar sin conocimiento… —él se remueve incómodo en su lugar y se aclara la garganta—. Bueno. Estuvo bien hasta que… Huh, hasta que te vio.
Frunzo el ceño.
—¿Qué pasó? —logro pronunciar, con voz ronca.
—¿No recuerdas la bomba?
Cierro los ojos en silencio. Es como si mi mente quisiera recordarlo, pero lo único que permanece en mi cerbero es la imagen mía tirada en el suelo, rodeada de humo, los número rojos, los chillidos y constantes beep… Sí. Era una bomba.
—Lo recuerdo.
—Bien, entonces.
—¿Qué me pasó?
—Algo te golpeó. No estoy muy seguro de qué fue, pero pienso que pudo ser algún pedazo de techo o pared. Había muchas de esas cosas volando por el aire, después de todo.
Cierro los ojos una vez más.
—Oh, vaya —murmuro.
—Sí, bueno. Lo que sea te golpeó en la cabeza y te… rasguñó un poco.
Esta vez sí me río.
—¿Cuánta sangre hubo? —pregunto.
—Mmm… creo que no te gustaría saberlo.
—Ugh. Tal vez es por eso que me siento tan mareada.
Mi voz sonaba tan débil.
—Podría ser un factor para ello, seguro —dijo él.
—¿Y cómo es que… hiciste todo solo?
—Oh. No hice todo solo. Mike se puso como loco al ver la sangre, sí, pero me ayudó a vendarte. Él buscó una prenda para hacer presión sobre la herida mientras yo te revisé el cráneo. La verdad no estuvo tan grave; pero ya sabes cómo es la cabeza. Toda frágil; parece una bomba. Un simple rasguño y toda la sangre se esfuma del cráneo.
Me río de nuevo, a pesar de los escalofríos de mi espina dorsal y de lo mucho que me pica la garganta.
—Y al final te vendamos y…
—Espera —interrumpo, dudosa. Si no digo la pregunta, me va a comer viva—, ¿quién puso la bomba? ¿Lo sabes?
—No lo sé todavía. Nadie lo sabe. Creo que van a hacer una investigación.
Asiento. Me recargo sobre el asiento y me llevo ambas manos hacia la frente. Sí, ahí está mi supuesta venda. Una blusa veraniega de flores rosas y fondo amarillento; aunque los colores se confunden a causa de la mancha roja-marrón ridículamente enorme. Me miro por el espejo retrovisor y confirmo mis sospechas: me veo hilarante, como una especie de Sultán al estilo Estadounidense tonto. Al bajar mis manos un poco más, hacia la parte posterior de mi cabeza, siento cómo los mechones de mi cabello están húmedos y se pegan a mi nuca desordenadamente.
—Por favor dime que lo húmedo de mi pelo no es sangre —suplico.
Él se ríe.
—No querrás saberlo.
Gimo.
—Ow, mierda.
—De todos modos no importa porque este automóvil no es nuestro, así que si lo manchas…
Mis ojos se abren como platos.
—¡¿Qué?! —Oh, mierda. Mi garganta acaba de morir.
—Uh…
—¿Estamos en un automóvil robado?
—Sí, bueno. No te pongas así. Escucha. La cuestión es…
—Así que ahora somos como criminales —interrumpo.
—No exactamente.
Me río amargamente.
—No. La policía sólo creerá que tomamos prestado un vehículo. De forma permanente. Y no le importará en absoluto.
—La cuestión es esa, April. La policía ya cree que nosotros somos criminales. Incluso antes de robar el auto.
Frunzo el ceño. De pronto me estoy sintiendo mareada de nuevo.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Bueno. Después del incidente, alguien llamó a la Comisaría. Los policías comenzaron a revisar y, como estábamos cerca de la detonación, ellos nos anotaron como los principales sospechosos.
—¿Sin investigar más a fondo? Qué idiotas. Estoy segura de que había muchísimas personas más cerca que nosotros. ¡La tienda estaba repleta! Tenía que haber alguien cerca de ahí, también.
—No evitaron una detonación de bomba en el único supermercado de la ciudad —dice él, con voz plagada de ironía—. A mí no me parecen muy competentes.
Buen punto.
—Ya veo.
—Resumiendo, Mike y yo pudimos cargarte y escapar antes de que esos bastardos nos metieran a juicio por algo que no hicimos. Huimos en el primer automóvil que vimos. Obviamente no era nuestro, así que ya tenemos algo más anotado en nuestro expediente.
Respingo. Resultado del dolor y de la trágica historia.
—Y puede que haya hecho algunos daños a propiedades a causa de mi mal conducción. Así que ahí va otra cosa en el mío.
Me río. Una tortuga mutante cargando a una damisela inconsciente repleta de sangre, y huyendo en un automóvil de la injusticia policiaca mientras hace destrozos por todos lados. La idea me causa gracia, en serio.
—Oh, vaya. Creo que volveré a dormir.
—Sería lo mejor.
Él hace un movimiento brusco con el volante y tengo que sujetarme lo suficientemente fuerte como para no caerme del asiento y volar hacia el parabrisas. Mike, en la parte de atrás, apenas respinga ante el abrupto cambio de velocidad.
—Hum. Creo que sería mejor si me quedo vigilándote.
Él sonríe.
—¿Y qué planes tiene, señor conductor?
—Que tú conduzcas en la próxima estación.
Me río.
—¿Destino? —pregunto
—Nueva York —responde él automáticamente—. Ya me harté de este maldito viaje.
—Seguro —mascullo, en aprobación. Yo también estoy harta de esto.
Cierro los ojos de nuevo y disfruto del amigable silencio. La voz de Katy Perry se escucha muy baja en el fondo del ambiente y todo es tan fresco y cómodo que incluso, por un momento, me olvido del dolor que me estalla en un lado del cráneo y el hormigueo que me cruza por todo el cuerpo.
—Leonardo va a matarme —murmura Raph, después de un rato. El tono de su voz es indescifrable, pero deduzco que no lo está diciendo en broma.
—Va a matarnos —corrijo—. A los dos. No hay que meter al pobre de Mikey en este escándalo. Pero bueno, pensando de forma positiva, si Leo nos mata, probablemente Donnie no vuelva a hablarle. Ya sabes, porque soy su favorita.
Raphael se echa a reír.
—Y supongo que Sensei vivirá con la culpa, así que no creo que se lo permita. Tal vez sólo nos venga un buen sermón.
Él asiente. El silencio vuelve a reinar la atmósfera durante unos minutos hasta que lo escucho hablar de nuevo.
—Y… ¿April?
—¿Mmm?
—Lo lamento. En serio. Yo…
No puedo creer que todavía sienta culpa por eso. No después de salvarme.
—Hey —sonrío—. Todo está olvidado ya. Yo hice un inútil drama por eso. Me salvaste la vida. ¿Qué se supone que puedo hacer después de eso? ¿Seguir enojada por una estupidez? Nop.
Me río.
—Maldito —chillo, con diversión—. Ugh. Salvaste mi vida. Eso quiere decir que ahora te debo una.
Él se ríe.
—Una grande —concuerda.
Pongo los ojos en blanco y sonrío.
—Hablo en serio…
—Yo también —bromea.
—… Gracias —continúo—. No sé qué haría sin ti. No sé incluso por qué me enojé tanto. No puedo soportar el hecho de que no hablemos, siquiera… Simplemente estoy tan feliz de saber que estás bien que podría besarte.
Cierro los ojos, con una sonrisa. De verdad podría hacerlo. Hay una pausa relativamente larga, y no sé qué se supone que deba decir o qué es lo que él esté pensando.
Y entonces, lo oigo reír. Y casi puedo escuchar su sonrisa divertida, cuando me dice con voz coqueta:
—¿Lo harías?
¿Review? ¿Fav? ¿Creen que Raphril se bese? Huh…
¡Los adoro personitas!
