Disclaimer: ¡Vamos!, aún soy menor de edad como para ser dueña de un anime tan... wow como lo es Shingeki no Kyojin. Todos sus derechos están reservados al gran Isayama Hajime, el mismo ser que canonizó el Eremika en el capítulo 50.


Dear Stranger
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Capítulo IX: Pizza para llevar

"Cuando los hombres honrados se van a su casa,
los pillos entran en el gobierno"
—Domingo Faustino Sarmiento—


Cuando la canción paró, Ymir buscó el vaso en su mano y sonriendo se lo llevó a los labios, sedienta de ese elíxir que le daba energías para más. Su lengua palpó el vaso de plástico con ansiedad al momento en que sus ojos se abrían para notar que no había ni una pizca de licor en él. Arrugando los labios miró a su alrededor, buscando la barra de bebidas.

Las canciones de Tiësto hacían su trabajo en la pista y lo único que deseaba más en esos momentos, además de su vaso lleno, era seguir bailando en la pista, a pesar de que sus pies comenzaban a dolerle inmensamente. Pero la sed iba consumiéndose todo atisbo de energía mientras no fuese saciada. Abrumada por eso, caminó con pasos torpes hasta la barra, donde se dio cuenta de que había alguien más con los mismos planes de ella.

Sus ojos, cegados por la penumbra en la que apenas podía visualizarse entre las luces de estroboscopia, divisaron la figura considerablemente alta de Bertholdt Hoover, su cómplice en ése juego de la fiesta. Sonriendo, apresuró su paso y lo sorprendió por detrás, poniendo su mano pesada sobre su espalda ancha y larga. La reacción que obtuvo éste fue lo que más gracioso le pareció, puesto que el muchacho dio un respingo y se viró fugaz hacia Ymir, quien sonreía como una peligrosa hiena.

—Hoooooveeerr… cuánto tiempo… —exhaló la morena en forma de saludo, haciendo a Bertholdt dudar de su estado. Su tono de voz sonó extraño para sus oídos, como si fuese insinuador.

Annie, desde el otro lado de la barra, miró esto de reojo, quitando la atención de su teléfono por unos momentos.

—Eh… siempre nos vemos. Estudiamos juntos —señaló el alto, alzando una ceja.

Ymir reparó en la bebida que Bertholdt sostenía en una mano y se la quitó, tomando de ella descaradamente.

—Ah, claro. El chico calladito de la clase, lo sé —aseveró ella—. Pero lo que tienes de calladito lo tienes de listín al haberte hecho con ésa llave, ¿eh?

Annie sonrió ante esto.

Bertholdt se acomodó un poco el cuello de la camisa, algo avergonzado por recordar semejante cosa que tuvo que hacer para conseguir la llave en sus manos. Ciertamente distraer a Levi-coach para tomar sus llaves se había convertido para él una aventura épica.

—Yo… sólo lo hice y ya —intentó restarle importancia.

—Sí, claro —soltó Ymir con sarcasmo, mirándolo aún con su sonrisa y con una ceja alzada—. ¿Y cómo quieres que te pague el favor?

—¿Pagar? —repitió Bertholdt—. Eh, no… no hace falta—

—¡No seas tímido! —exclamó la morena cortando sus palabras, dándole una severa palmada en la espalda a Bertholdt, quien juró que casi se le salieron los pulmones. Ymir sonrió al verlo toser—. Venga, te pagaré con un baile.

Bertholdt, en lugar de volver a repetir sus palabras, la miró parando de toser. No sabía explicar bien su propia expresión, pero una parte de ésta estaba seria y en las otras se apreciaba la confusión, vergüenza y el miedo.

—Eh… no, no, no, Ymir… No creo que—

—¿Qué pasa, Bertholdt? ¿Le tienes miedo? —incitó una tercera voz metiéndose en la conversación.

—¿A-Annie? —musitó él.

—¿Me vas a negar? —cuestionó la morena enarcando una ceja con incredulidad, al mismo tiempo cruzándose de brazos—. Oh, no, no permitiré que me niegues. Vas a bailar conmigo.

—¡No, Ymir! ¡Yo no—!

—¡Deja la timidez, Berth! —dijo Annie empujándolo, a lo que él se giró un poco hacia ella mirándola con pánico.

Y cuando sintió los delgados y largos brazos de Ymir rodeando el suyo, fue que temió lo peor. Ella lo jaló hasta la pista de baile tambaleándose un poco y fue entonces que la electrónica de Tiësto fue cambiada por el clásico de Skrillex, Scary monsters and nice sprites, canción que incentivó a la chica como no tenía idea.

Bertholdt la observó mientras torpemente trataba de seguir el paso al que ella iba, sin poder confiar que lo que sus ojos divisaban era un hecho real. Ymir movía las caderas de una forma tan viva, como una mujer, y la falda que cargaba puesta no ayudaba demasiado en poder apartar su vista de las largas piernas de ella.

Maldiciéndose mentalmente, Bertholdt se obligó a sí mismo a mirarla a la cara, pero en ese preciso momento en que lo hizo, sintió el cuerpo de la chica mucho más cerca del suyo. Ella se movía al ritmo de la música mientras que él casi se quedaba de piedra al sentir que todos sus miembros rozaban con los de ella.

Tragó duro preguntándose si saldría ileso de ahí.

••.•´¯`•.••

Estaba riéndose como una loca aún sin poderse creer lo que había hecho con Eren. Hubiese querido ver su cara en ése momento, pero su parte irracional comenzaba a ganarle y lo seguiría haciendo mientras tuviera ese vaso con contenido de alcohol en sus manos.

Tomando un sorbo lento de él suspiró apoyándose torpemente en una silla, casi cayéndose en el vago intento. Con mirada mareada divisó la pista de baile y se pasó una mano en la cara; la canción que había no la convencía, pero claramente en su estado ni siquiera le prestaba atención a lo que estaba sonando. Indeterminadamente se pondría a bailar lo que fuera sin darse cuenta si era una canción cristiana o Judas, de Lady Gaga.

Con su vista, que doblaba el número de personas habidas en la fiesta, Mikasa intentó localizar a alguien conocido, sin poder lograrlo aunque se esforzara. Suspirando dejó sobre una mesa ubicada a un lado suyo la bebida y hurgó en los bolsillos de su short prestado hasta hallar su teléfono celular que estaba comenzando a vibrar.

Deslizando su dedo pulgar sobre la parte superior de la pantalla, desplegó las notificaciones y notó entre ellas los mensajes difundidos desde Whatsapp y BBM por parte de Sasha y Connie, anunciando lo de la fiesta. Mikasa canceló las conversaciones y volvió a la parte de las notificaciones tras volver a deslizar su dedo; curiosamente, o tal vez no, no había nada más. Ni un mensaje.

Y hablando de mensajes…

Tipeando un par de veces —donde la mayoría consiguió irse por otros rumbos— localizó la mensajería y entre sus conversaciones halló la del número desconocido que recientemente la había estado acosando. La parte racional la llevó hasta ahí, quizás por curiosidad, pero la irracional, que la estaba poseyendo desde entonces, fue la que comenzó a tipear las letras del teclado táctil una por otra hasta conseguir crear una frase que terminó enviando.

Yo: "Hey, ¿por qué no te veo?". Enviado ahora mismo.

Y tras esperar unos segundos que parecerían eternos en otro estado, la respuesta fue recibida.

Número desconocido: "¿De qué hablas, Mikasa Ackerman?". Recibido justo ahora.

Sonrió inconscientemente ante su estupidez y volvió a tipear un par de veces hasta conseguir formular un mensaje amenamente coherente.

Yo: "En la fiesta. ¿No estás?". Enviado ahora mismo.

Y la respuesta del extraño no tardó en aparecer: "No fui. Pero supe que fuiste parte del séquito que la organizó". Recibido justo ahora.

Sin prestarle atención a la última parte que no hacía más que señalar el acoso, Mikasa volvió a escribir otro mensaje.

Yo: "¡Ven! ¡Así podré verte!". Enviado ahora mismo.

El juicio de Mikasa claramente no estaba en sus cinco sentidos. Y tras esperar un poco, el extraño contestó.

Número desconocido: "Me acercaré para allá. Pero aun así, no sabrás quién soy, Mikasa Ackerman". Recibido justo ahora.

••.•´¯`•.••

—¡Hanji! —gritó a través de la bocina, casi estando seguro de que su interlocutora estaría con el teléfono a metros de su oreja—. ¡Maldita sea! ¿Por qué mierda no contestabas tu maldito celular? ¿Es que no lo puedes tener cerca al menos una hora?

—Ay, Rivaille, por Dios. Cálmate y no grites que despertarás a los vecinos —ralentizó la castaña con un tono de voz tan pacífico que sólo irritó más al capitán de fútbol, quien se atinó a suspirar—. Sabes que ando demasiado ocupada con mis experimentos.

—¿Qué? ¿Planeas clonarte? —espetó con sarcasmo, rodando los ojos.

—¡No, tonto! —aseveró Hanji—. Aunque, no es mala idea…

Y mientras escuchaba sus risas psicóticas, Rivaille se pasó la mano por la cara, sin poderse creer que ésa mujer no se tomara nada en serio.

—¿Para qué me llamabas a éstas horas, Levi? —inquirió al fin, después de parar sus risas.

Volvió a mirar alrededor de su habitación recientemente desordenada, únicamente con sus libros esparcidos encima de su cama y su mochila por el suelo. Casi le daba asco el presenciar tal acto de desorden, pero no le dio demasiada importancia mientras tenía a Hanji esperando sus razones a través del teléfono y se pasó una mano por la cabeza, despeinando un poco su cabello.

—No encuentro la copia de las llaves del instituto.

La respuesta inexistente de Hanji sólo le indicó su confusión.

—¿Te estás enterando de que poseo las llaves o qué?

—No, yo ya sabía que te daban las llaves de la cancha porque eres el capitán de fútbol, pero… ¿del insti? —cuestionó, posiblemente enarcando las cejas tras sus gafas.

—Erwin me las encargó —alegó Rivaille—. Como está de viaje con Mike y Riko desde comienzos de la semana, sus asuntos de la presidencia del Consejo Estudiantil te los encargó, pero la copia de las llaves me la dejó a mí.

—¡Qué raro…! —exclamó Hanji con notoria sorpresa—. ¿Por qué te las dio a ti y no a mí, que soy la secretaria?

—Porque a ti se te pierde todo, Cuatro Ojos —obvió Levi, rodando los ojos.

—Ah, claro… —musitó Hanji, asumiendo las palabras de su amigo—. Increíble, el tesorero me ganó.

—Sí, sí, como sea —Levi se masajeó las sienes con su dedo pulgar y corazón—. ¿Por casualidad las has visto?

—Vi que cargabas unas llaves ésta mañana, pero creí que eran las de la cancha de fútbol —afirmó Hanji—. ¿No las habrás dejado en el insti?

—Eso es lo que estoy pensando… —dijo Levi arrugando los labios—. Voy a ir.

—¿Qué? ¿Estás loco? —exclamó ella—. ¿Y si te topas con el conserje? Dicen que vive en el colegio, ¿no sería extraño?

—Hanji, ¿en serio? ¿El conserje? —cuestionó. Las palabras de Hanji sólo incentivaban su irritación—. Acepto que dijeras que tal vez con un fantasma, ¿pero el conserje?

—¡Oh, eso! ¿Y si te encuentras con un fantasma en medio del salón de clases?

Levi suspiró fuertemente.

—Iré —ratificó.

—¡Espera, Levi…!

El ruido de una puerta abriéndose lo puso alerta y se obligó a sí mismo a salir al recibidor de su departamento, confirmando que tal ruido provenía de su entrada, adonde se halló a Hanji Zoë girando entre sus dedos la argolla metálica de su llavero, sosteniendo su teléfono en su oreja.

Lo que más le sorprendió fue el hecho de que estaba vestida como si supiera que en cualquier momento iría a salir, cuando él se la imaginaba con una pijama o quizás con su bata de laboratorio llena de sustancias químicas a las que no le podía ubicar nombre.

—Ah, Levi, creo que te estoy viendo.

Frunciendo el ceño, Levi canceló la llamada tipeando la franja roja de su celular y simplemente la miró.

—¿Cómo coño entraste a mi departamento, loca?

—¡Ay. Levi! ¡Vivimos al lado! ¿Crees que no me es fácil sacar una copia de llaves de ésta cerradura con lo lista que soy? —replicó ella sonriente—. Aunque también puede deberse a que conservo el duplicado que ha sido mío hace años.

Rivaille suspiró.

—Luego hablaremos de eso. Adiós —declamó asistiendo hasta la puerta de su casa, donde fue detenido por la altura de Hanji, posándose delante de él.

A ésa distancia, Levi pudo notar que la oreja de Hanji tenía unos pendientes curiosos.

—Eso te iba a decir. Iré contigo.

Levi la miró sin expresión y esperó a que ella saliera por la puerta, con la copia de la llave maestra en su mano. Al notar esto, él rodó los ojos con exasperación; no podía quitársela porque de alguna forma adquiría otra. Además, si no se la pidió antes, no tendría razón para hacerlo ahora.

Maldita y loca Cuatro Ojos.

••.•´¯`•.••

Su plan de ahuyentarla de las bebidas estaba fallado.

Mikasa acababa de soltar el último vaso que le había visto mientras jugaba con su celular y, después de eso, activarse nuevamente en la pista de baile —donde al menos lo hizo sola. Eren nunca se imaginó que su hermana pudiera llegar a tomar como la propia borracha en una simple fiesta de preparatoria, pero vaya que estaba equivocado.

¿Quién diría que ahora le tocaría cuidarla después de que ella lo estuvo haciendo una vida entera? Y, hablando de eso… Eren volvió a rodar los ojos; al menos había dejado de lado la fastidiosa manía.

Como tenía su último trago de la noche en una mano, Eren tomó de él y suspiró fuertemente sin ánimos de ser escuchado entre el alto volumen de la música sonando. La canción claramente no estaba ayudando cada vez que veía a Mikasa mover las caderas y más cuando esa endemoniada blusa se subía con sus brazos alzados danzando acompasadamente, dejando ver su estrecha cintura y lo que parecían ser abdominales levemente marcados.

Casi tuvo deseos de sacarla una vez más de ahí y decirle que dejara de provocar a muchos idiotas que la miraban con otros ojos, pero entonces estarían cambiando los roles. Ahora él parecería un hermano sobreprotector, intimidante y fastidioso y siempre se prometió que no sería nada de eso y lo juró aún más cuando ella, tras él ingresar al equipo de fútbol, lo justificó de su parte.

Ciertamente odiaba verla bailar tan entretenida. Pff, como si eso lo hiciera estando sobria.

Siempre le había dicho que cuando las personas se emborrachaban, o se convertían en otras, o sacaban una versión más exagerada de sí mismo. El caso Mikasa era el primero; jamás, desde que comenzó a tener uso de razón, vio a Mikasa bailar y mucho menos actuando como una niña pequeña. Pero eso ya era otra historia.

Una mano pesada cayó sobre su hombro izquierdo, haciéndolo girarse hacia la persona que lo había hecho. Era nada más y nada menos que Armin quien le sonreía con una ceja alzada.

—¿Arreglaste los asuntos con Jean? —formuló, claramente desconociendo lo que realmente había ocurrido, puesto que hasta hacía poco vino a ser que se separaron.

—Si es que a eso se le puede llamar "arreglar"… —masculló con desdén, que a pesar de la grave octava con la que habló, llegó a oídos de Armin debido a la cercanía.

—¿Y…? —Armin alargó la letra, preguntándose lo evidente.

Eren lo miró con sus ojos aguamarina y puso ojos de exasperación, dignándose a contarle todo.

—Mikasa estaba ebria, bailando con él. Tuve que arrancársela de sus cascos de caballo para poderla encarar y decirle que dejara de tomar.

—Pero no es la primera vez que Mikasa toma, Eren —arguyó Armin, frunciendo el ceño—. Hemos ido a otras fiestas y ella lo ha hecho.

—¡Sí, pero no como hoy! —exclamó frustrado—. Hoy le dio la gana de volverse otra.

—¿Y le preguntaste qué le pasaba? —inquirió.

—Desde que se desmayó en Deportes lo he hecho —expresó con cansancio, pasándose una mano por el cabello, despeinándoselo—. Ha estado rara desde entonces.

—Quizás sólo… está en esos días, tú entiendes —sugirió Armin, rascándose la parte posterior del cuello, algo incómodo por hablar del tema.

—Quizás sí la semana pasada. ¿Y qué hay de ahora? Digo, eso no dura más allá de siete días, ¿o sí?

La cara de Armin era un poema.

—No sé, ¡cómo quieres que sepa! —exclamó—. Aunque, creo que las mujeres sufren algunas cosas como dolores de cabeza, de vientre, de caderas y otras cosas antes de que les venga el periodo.

Eren pestañeó un par de veces y miró a Armin sorprendido.

—¿Y cómo tú sabes eso?

—Y-yo… —musitó tan rojo como la sangre—. ¡Olvida eso! ¡Me refiero a que Mikasa pudo tener esos síntomas y tal vez…! Tal vez esté teniendo "eso" en estos días.

Eren asintió con la cabeza dubitativo.

—Pues… tiene lógica.

Mirándola de nuevo, Mikasa ahora parecía demasiado juiciosa como para tener la menstruación. Aunque, eso podía deberse a semejante estado de embriaguez en el que se hallaba.

—Eren.

El muchacho atendió a su llamado musitando, sin girarse hacia Armin.

—¿Acaso quieres bailar con ella?

Ésta vez, tuvo que voltearse para verlo.

—¿De qué hablas?

—Digo… —Armin buscó las palabras adecuadas para decirlo—, la ves mucho.

Eren frunció el ceño y de nuevo se giró hacia su hermana. Tales movimientos llamarían a cualquiera; pero él era su hermano, no uno de esos idiotas que como Jean se aprovechaban de ella.

—Qué cosas dices, Armin.

••.•´¯`•.••

—Hanji —Levi la llamó mirándola de reojo desde el asiento del conductor, mientras ella jugueteaba con una linterna de explorador y su teléfono celular al mismo tiempo—, ¿qué haces con eso?

—¿No es obvio? —inquirió ella volteándose hacia él con una enorme sonrisa—. ¡Le estoy tomando fotos!

Eso ya lo sabía. El ruido de la cámara de su smarthphone no era para nada sigiloso.

—Me refiero al porqué —formuló lentamente, quizás para que ella lo pudiera entender.

—Las estoy subiendo en Instagram y te las estoy etiquetando.

A juzgar por la cara de Levi, su paciencia se estaría acabando mientras Hanji no entendiera el concepto de un "por qué". Y al parecer ella notó cómo éste veía hacia el infinito de la carretera con semejante ceño fruncido, puesto que ésta vez se explicó más detalladamente.

—¡Hace tiempo que no veo una de éstas linternas, Levi! —exclamó con emoción—. ¿Aún la tienes desde que fuiste Boy Scoutt? ¡Ja, ja, ja, ja!

Su irritante risa psicótica en su grave voz femenina le causó jaqueca.

—¿De qué mierda hablas, loca? Yo nunca fui Boy Scoutt —le reprendió sin mirarla, casi mordiendo las palabras al decirlas.

—Ah, cierto. Es que te expulsaron del campamento al paso de tres días por haberle pegado a un niño —Y, nuevamente, un coro de risas atacó su cuerpo mientras tambaleaba sus pies en el aire, a pesar de las quejas mentales de Rivaille temiendo que llegara a ensuciar su tapizado—. ¡Ay Dios! ¿Y te quedaste con ésta enorme linterna? ¡Cieeelos!

Levi, ya molesto y con la frente tensa de tanto haberla fruncido, detuvo el carro en la primera esquina que halló y encaró a Hanji tomándola por el cuello de su camisa.

—Si de verdad quieres que no te deje aquí, te olvide y le diga a la policía que nunca se encontró tu cuerpo mutilado, entonces cierra la maldita boca y deja de burlarte de mí maldita infancia, loca Cuatro Ojos. ¿Te quedó claro? —retó con determinación en su tono de voz, que aun así no quebrantó la sonrisita juguetona de Hanji.

—¡Ok! —dijo ella con tonito infantil, que sólo hizo molestar más a Levi, mismo que la soltó fuertemente mientras que ella aún aguantaba las ganas de reír.

Raramente estaba acostumbrada a ésas actitudes de él. Se conocían desde niños y todavía seguía siendo el mismo muchachito tan bajito como un gnomo y tan refunfuñón como un viejo amargado.

Aunque sonara extraño, adoraba eso de él, porque si no, Rivaille no sería Rivaille.

—¡Joooo, Levi! —Hanji exclamó emocionada con la cara pegada a la ventana del auto—. ¿No es ésa una pizzería?

Levi apenas hizo el intento de ver por encima del hombro de ella para confirmar su observación.

—Sí, ¿y?

—¿Cómo que "¿y?"? ¡Compremos una pizza!

Levi se llevó los dedos pulgar y corazón a las sienes.

—¿Para qué coño quieres una pizza?

—¡Pues para comer, tonto! —señaló ella con obviedad, usando un tono de voz con el que buscó que Levi creyera que en verdad estaba siendo un tonto.

—Es obvio que es para comértela, maldita loca. Me refiero a que para qué demonios quieres comerte una pizza ahora mismo, ¿no estás viendo qué hora es?

—¡Es la hora de la suerte, Levi! Dime algo, ¿qué pizzería de Trost está aún abierta a las once de la noche? —razonó, o tal vez no, la castaña.

—¿Quieres comprarte una maldita pizza o qué?

—¡Oh sí, me encantaría! —dijo felizmente ella—. No cené más temprano, así que tengo hambre.

Levi puso ojos de exasperación.

—¿Qué esperas? No tengo toda la noche.

—¡Uh, yaay!

••.•´¯`•.••

La fiesta estaba en su cumbre. Cualquiera lo sabría de antemano por la hora que era. Para muchos era demasiado temprano, pero para los demás, que todavía tenían su gobierno en casa, era la culminación de su permiso limitado y el inicio de un posible toque de queda por el resto de un par de largos y nada salvajes fines de semana.

Atrapado por los brazos acorraladores de Ymir, Bertholdt se encontraba indispuesto a moverse demasiado bien en la pista, intentando seguirle el paso a la música y sobre todo a la chica, puesto que ésta estaba demasiado adherida a él. El moreno de alta estatura, si antes estaba inseguro de la racionalidad de Ymir, ahora podía afirmar redondamente que ella estaba ebria.

Claro, que la vez que se lo preguntó hacía un rato por cuenta propia, fue otra historia.

—Ymir, ¿estás ebria?

—¡¿Ebria?! ¡¿Yoooo?! —exclamaba señalándose con el dedo, para luego recorrer la distancia que estableció con su ademán y apegarse más a Berth—. Oh no. No puedo darme tal lujo. ¿No ves que tengo que cuidar a Christa? Cielos, si la llego a ver ebria la mataré.

En ese momento Bertholdt constató que la música y las copas de más brindadas por Sasha fueron las que la atraparon y la embriagaron hasta ese punto de jalarlo con ella, adentrándose en su círculo vicioso.

Pensándolo un poco bien, si Ymir estaba en ése estado, ¿cómo estaría Christa? La verdad es que no se imaginaba tomada de más porque era una niña todavía. Quizás estaba hiperactiva por tanta azúcar de los refrescos, pero tan rápido como se hizo la idea la desechó, ya que, conociéndola, era demasiado tranquila para que la azúcar la incentivara.

Con Ymir en brazos moviéndose cada vez más lento a causa de que seguramente se estaría durmiendo como la propia borracha, Berth miró hacia todas partes reparando en el estado de la fiesta y en que ya varias personas se habían ido. El resto de los invitados, sobre todo los que son anfitriones, estaban en la cumbre del éxtasis debutando como locos en la pista. Cierta cosa curiosa en la que él se fijó fue en que en ése momento estaba bailando en un círculo formado por ellos; Sasha, Jean y Reiner se veían como gigantes delante de Connie y una mata de cabello rubio que se paseaba a sus alrededores moviendo la cadera con la astucia de una bailarina hawaiana.

Lo que casi no pudo creer era que se trataba de nada más y nada menos que Christa Renz, la que se suponía que cuidaba Ymir. La niña reía tan fuerte que a pesar de los remix de Auruo que le hizo a She wolf de Guetta puestos en alto, su risa pudo llegar hasta sus oídos aun cuando la distancia entre ellos era bastante considerable. Suspiró, si tan sólo Ymir viera su plan fallido plasmado en las risas de la rubia…

••.•´¯`•.••

El sonido de la boca de Hanji masticando esa bendita pizza que a la final tuvo que pagar él comenzaba a irritarlo. Hubiese sido una buena idea encender la radio y dejar que la música vagara en el ambiente de su auto, alejando esos molestos sonidos que mientras más los escuchaba más asqueroso le parecía.

Maldiciendo en su mente por no haber hecho lo pensado desde hace rato, simplemente llevó su mano hacia el botón de volumen de la radio, que estaba en el mínimo, y lo puso lo suficientemente alto para que los ruidos que hacía Hanji con su boca no ganaran contra estos. La música de esa radio era un asco, por lo que tuvo que cambiar de emisora con tal de no escuchar la gritería de un rockero indie.

—¡Oh, deja ésa! —pidió Hanji escuchando la canción de la siguiente estación.

A oídos de Rivaille, sonaba como una mocosa de doce años que no había pasado en la pubertad aún. Su voz era tan aguda que si hubiese tenido el volumen más alto, le hubiese causado una migraña o una hemorragia de oído en el preciso momento de escucharla. Pero a Hanji parecía gustarle porque estaba empezando a moverse en su asiento como si bailara al ritmo de la canción.

You can't stop looking me, staring at me. Be what I be.

—¡You can't stop looking at me, so get off of my face! —cantó ella, con la boca llena.

—Oye, cuatro ojos, cuidado al ensuciar mi tapizado —advirtió Levi.

—¡Oh, vamos, enano! ¡Relájate! —calmó, o eso intentó—. Lo tengo todo bajo control.

Levi quiso creerle en el fondo de su mente. Lastimosamente no podía apartar la vista del camino para ver los desastres que estaría haciendo con ese pedazo de pizza con queso derritiéndose por la punta y amenazando con caerse. Aunque el mirar de reojo le estaba funcionando medianamente, pues pudo conseguir hacerse la idea con lujo de detalles del estado de la pizza.

Hanji, notando que él la estaba viendo, pensó tal vez que querría comer un poco. Miró la porción en pizza en su mano y sonrió, extendiéndosela.

—Oye, Rivaille, ¿quieres un po—?

Pero no pudo terminar de formular la amistosa pregunta, porque luego una pizca del queso derretido llegó a parar en el pantalón del chico que a su lado conducía. Hanji se quedó con las palabras en la boca notando que el joven estaba haciendo todo lo posible por no soltarle las patas en ése instante; pero no parecía funcionar.

—Hanji.

—¿S-sí? —respondió temerosa, tartamudeando.

—Bájate del maldito auto.

Hanji abrió los ojos algo sorprendida. Ni siquiera lo había detenido.

—Pero… ¿por qué no frenas?

Rivaille no contestó. Simplemente mantuvo la mirada fija en la carretera.

Unos segundos después, el auto se estacionó con brusquedad frente a una acera que Hanji conocía bastante bien. Bajándose, siguiendo la orden de Levi, dejó la caja de pizza ahora cerrada en el asiento y miró hacia el frente, detallando unos metros más lejos la estructura del colegio.

—Vaya, ¿tan rápido llegamos? —se preguntó Hanji.

—¿A eso llamas rápido, loca de mierda? —farfulló Levi molesto—. ¡Hubiésemos llegado antes de no ser por tu maldita pizza!

Hanji sonrió con inocencia.

—Venga, ¿no estaba rica? Ah, cierto… Tú no la probaste.

Rivaille frunció aún más el ceño y de un portazo cerró la puerta del lado conductor de su auto, aproximándosele a Hanji para tomarla por la mano y jalarla hacia la puerta principal.

—¡Espera, Levi! ¡Puedo caminar sola! —clamó ésta, a lo que él la soltó con brusquedad y se adelantó en el camino—. Por cierto, ¿cómo piensas entrar por la puerta principal si está cerrada y no tienes llave?

—Te equivocas —refutó Levi rodando la verja corrediza hacia un lado, abriendo la puerta lo suficiente como para que Hanji y él entraran por ahí—. Está abierta.

La de lentes abrió los ojos como platos y se llevó un dedo a la barbilla analizando éste hecho reciente.

—¿Por qué estará abierta la verja? —formuló por lo alto—. ¡Oh! ¿Estará el conserje aquí, Levi? —inquirió con voz temerosa mientras que su amigo la ignoraba y se adelantaba para entrar—. ¡Oye, no me dejes atrás!

—Quizás sí esté por aquí y se le haya pasado cerrar la verja al entrar —contestó él.

—¡Uuuugh, noooo! ¡Qué miedooo! —exclamó Hanji.

—¿Qué tiene de extraño un viejo ermitaño que limpia el vómito de unos mocosos?

—¿Es que no los has visto, Levi? ¡Ése tipo parece hacer poughkeepsie en cualquier lugar que esté!

—Hanji —él la miró—. Se dice poltergeist*. Poughkeepsie es una ciudad de Nueva York.

—¡AHAAA! ¡LEVII, OÍ RUIDOS!

—¡Ése debe ser tu asqueroso estómago retumbando!

Hanji se quedó callada por unos momentos y volvió a oír el mismo ruido. Definitivamente era su estómago.

—Je… es que todavía tengo hambre.

Levi rodó los ojos y sin querer tener más retrasos por parte de la idiota que estaba con él, decidió adentrarse más hacia el recinto. Estaba caminando lento para darle tiempo a Hanji de que se avispara y lo siguiera, pero ésta parecía mirar hacia todas partes sin prestarle atención a nada al mismo tiempo.

Quizás sólo seguía asustada. Rivaille suspiró y se detuvo.

—Hanji, muévete —demandó unos cuántos pasos adelante.

Ella se giró a él y al mismo tiempo se volvió a voltear. Rivaille enarcó una ceja.

—¿No me oíste? ¡Que te vengas, dije! —exigió él señalando el sitio donde estaba pisando—. ¡Hanji—!

—¡Levi, por favor, cierra la boca un momento! —exacerbó ella en un tono serio, que él sólo había oído pocas veces en los dieciocho años que la llevaba conociendo—. Creo que oigo algo…

—Oh, venga. ¿Es tu estómago todavía? Mejor vete al auto y cómete la maldita pizza sin ensuciar mi tapizado.

—No, no es mi estómago, Levi —afirmó ella viendo hacia todos lados—. ¿Sabes qué? —suspiró y sonrió—. Olvídalo.

Levi contempló la forma en la que ella recorría en trotes suaves la distancia que él había establecido. Suavizando su ceño fruncido y sin decir una palabra, él volvió a retomar el camino, con Hanji atrás siguiéndole, mientras miraba de vez en cuando con sospecha hacia la cancha de fútbol.

••.•´¯`•.••

—Sasha —la llamó Jean—. ¿A qué hora terminará la fiesta?

—¿Tu madre te están esperando? —preguntó ella, echándose a un lado de él en una silla, poniendo su piernas encima de las suyas, extendiendo sus pies descalzos.

—No, le dije que estaba en una fiesta contigo, Connie y los chicos y ella sólo me dijo que llegara antes de la mañana —explicó riendo, mientras se ponía en una posición más cómoda sosteniendo las piernas de su mejor amiga en las suyas.

Después de la intensa maratón de baile con unas cuantas rolas del DJ Auruo, Sasha y Jean y seguramente muchos otros más cayeron rendidos. La pelirroja se vio en necesidad de arrancarse las botas de tacón de los pies y dejarlas tiradas en un rincón de las gradas, pues el baile le tenía los pies adoloridos. Jean, ni se diga. Ya estaba extasiado luego de la canción con ese nombre y estaba apreciando el reciente descanso que tomó con su amiga.

De la vida de Connie no sabía demasiado, sólo que andaba disfrutando más que cualquier otro dándose sus propios tragos y bailando con muchas de las señoritas que invitó a la fiesta. Sasha podía asegurar que debía estar fuera del gimnasio con alguna de ellas, quién sabe qué estarían haciendo. Rodando los ojos ante la idea, miró a Jean y se secó el sudor de la frente preguntándose internamente cómo sería el estado actual de su maquillaje y por qué su mejor amigo no le decía absolutamente nada.

Desviando la mirada del rostro del cumpleañero, miró a la multitud que seguía activa con la música. La mayoría de las personas se habían ido algo temprano ya y sólo quedaban los fuertes. La fiesta se veía que acabaría dentro de poco.

—¿Qué hora es? —cuestionó ella, volviendo a mirarlo.

Jean observó en su reloj de muñeca la hora y suspiró.

—Casi la una.

—¡Cielos, sí que hemos durado poco! —exclamó Sasha entre risas—. Yo quería amanecer.

—¿Y hacer que te cargara de un lado para otro porque no aguantas tus pies? —expresó él mirándola con el ceño fruncido—. No, gracias, Sasha.

—Oh, vengaaa… —dijo con voz infantil—. ¿No puedes llevarme en este momento al baño para ver cómo estoy?

Mirándola detenidamente, Jean sentenció—: Estás bien. Sólo se te corrió un poco… eso que ustedes usan, ¿cómo es que se llamaba?

—¿Rímel?

—No, no… Lo blanco bajo el párpado.

—¿Sombra?

—No, creo que es lo que te pones para las ojeras.

—¿Corrector?

—Sí, creo. Eso —suspiró restándole importancia a los asuntos femeninos de Sasha—. ¿Entonces? ¿Crees que ya es momento de dejar que la fiesta termine?

—¿A qué le temes, cielos? ¿Crees acaso que se nos descubrirá la hazaña?

Desviando la mirada de ella, él se encogió de hombros.

—Puede ser…

—¡Oh, vamos, Jean! —exclamó bajando sus piernas de las de él y acercándose hasta quedar próxima a su rostro—. Creo que hemos hecho más locuras.

—Sí, pero nada en lo que Levi-coach esté incluido —refutó él, viéndola con obviedad—. Ese tipo parece el diablo.

—Y que lo digas… —repuso—. Igual, no te mortifiques. Esperemos unos minutitos más y démosle la despedida al resto, ¿bien? Deja que Avicii inunde en mis entrañas.

So wake me up when it's all over. When I'm wiser and I'm older.

Y aunque las palabras de su amiga eran un intento de ser alentadoras y relajantes, Jean no podía dejar de sentir un mal presentimiento.

••.•´¯`•.••

Sweet.

—Hanji —gruñó Levi.

La castaña hizo un mohín guardándose de nuevo el celular en el bolsillo de sus vaqueros. Estaba a tan sólo dos mil puntos de vencer ese estúpido nivel y tuvo Levi que quitarle su inspiración.

Claro que pudo haberle bajado el volumen. ¡Pero no era lo mismo!

Hanji suspiró mientras zapateaba la punta de su sandalia contra el piso. Miró con cierta preocupación hacia todos lados tratando de hacerse creer de que todas esas películas que se estaban armando en su mente eran sólo eso, estupideces que uno simplemente no puede dejar pasar por alto cuando se ve una película de horror en el cine con un amigo que, en lugar de consolarle, la apartaba de él junto a otro que sólo se reía de su terror por ver aparecer un fantasma delante de sus narices.

Odiaba salir con Erwin y con Levi juntos por esas razones, al menos al cine, para ver siempre lo que ellos pedían. Habían veces que Erwin la apoyaba y ambos hacían alianzas en contra de Levi —lo cual era tan malditamente placentero que podría considerarse un pecado—, pero cuando dos hombres mostraban su machismo a una sola mujer, ésta quedaba indefensa y pequeña ante ambos aun cuando podía jurar y prometer ser diez centímetros más alta que uno de ellos.

Viendo con pánico a Levi, quien inspeccionaba cada rincón del salón de clases de tercero con intenciones de hallar las llaves que Erwin le encargó, observó su teléfono celular que había recibido unas nuevas notificaciones de Candy Crush, pero declinando el hecho de abrir la aplicación por tener el miedo en la mente, se llevó las uñas a la boca y las mordió un poco, volviendo a hacer sus ruidos de angustia que llegaron a oídos de él.

—¿Quieres calmarte por un jodido minuto?

El dulce —¿ah?— tacto de Levi hizo que ella volteara a verlo con un puchero marcado en sus labios. El joven y bajo chico rebuscaba en cada pequeña esquina de los cajones del escritorio del profesor y simplemente no podía hallar nada. Hanji una vez más decidió dejar de prestarle atención a la búsqueda sin fin de su amigo y se volvió, algo más relajada, hacia el vacío pasillo.

Seguramente se estaba volviendo loca, pero sentía que escuchaba algo a lo lejos. Como una canción de un DJ que Riko le mostró alguna vez pero que olvidó su nombre, mismo que no sabía por qué le recordaba al abecedario.

ABC… Ei-bi-cí… ¡Bah!

Quizás era de alguna casa vecina con una fiesta montada. Podía aseverar éste hecho de no haber sido porque no se dio cuenta de algún indicio de música al bajarse del auto con Levi, y eso que estuvieron afuera un rato.

Un estruendoso ruido proveniente del escritorio del profesor alertó a Hanji y se volvió rápidamente a éste, dándose cuenta de que era Levi, que le había dado un puñetazo a la madera intentando disipar su ira.

—No hallaste la llave, ¿verdad?

—No —gruñó con rabia mientras daba un gran respiro en el aire y se dirigía con rapidez fuera del salón de clases.

Hanji lo siguió por detrás mirando con nervios hacia todas las direcciones, entonces un sonido muy raro se escuchó a lo lejos.

—¿Oyes esa licuadora?

—¡No tengo tiempo para tu hambre, Hanji! —exacerbó Levi.

Ella suspiró.

—¿Y ahora?

—Hemos buscado por todas partes de éste maldito instituto y no hay un sólo sitio en el que esté esa maldita llave. Erwin me matará, estoy seguro.

—¡Oh, venga! No desistas tan pronto.

Levi la miró de reojo.

—Tienes razón —admitió—. Le diré que te la presté y la perdiste.

—¡Por supue—! ¿Qué? ¡Jo, ni te atrevas, enano! —exclamó cruzándose de brazos—. Pero hablo en serio, no desistas. No hemos terminado de buscar en todas partes.

Levi enarcó una ceja.

—¿Acaso te refieres a…?

—El gimnasio —completó en respuesta—. Sí. ¿Recuerdas que hoy me ayudaste a trasladar los proyectos de ciencia de tercer año de allá hasta el laboratorio? Quizás se te cayó la llave cuando recogiste uno de esos volcanes.

—Entonces muévete y vamos para allá —ordenó acelerando el paso.

—¡Yaay!

••.•´¯`•.••

Eren achicó los ojos al momento de acercarse hacia su hermana que se movía al ritmo de las viejas rolas de Skrillex con cierta pesadez. Había estado cuidando de ella por lo que quedó de la noche y quitándole cada bebida que ésta adquiría.

Poniéndose en el lado del hermano mayor que no era —porque, para romper su orgullo, era un mísero mes menor—, la vigiló un poco más de cerca. Mikasa reía como si le hubiesen contado un chiste mientras tapeaba Dios-sabe-qué-cosas en su teléfono. A pesar de que no era su incumbencia estar metido en los asuntos propios de ella, Eren sintió cierta curiosidad sobre ello; ¿quién le estaría escribiendo?, o… tal vez la pregunta mejor debía ser, ¿a quién le estaría escribiendo?

Dejando a un lado esos pensamientos, no supo por qué, pero de repente el ambiente se ubicó en un clímax al que él no estaba acostumbrado. Mirando hacia todas las direcciones, intentó preguntarse si se estaría volviendo loco, pero al ver a la gente animada estando todavía en la cima de la montaña rusa, supo que no debía preocuparse demasiado. Quizás había tomado demasiado esa noche.

Deteniendo sus dedos luego de escribir, Mikasa, aún con el teléfono en manos, se puso a bailar y a moverse, aunque ésta vez no estaba para nada acorde con el ritmo y la música.

Eren notó que la puerta del gimnasio se abrió, pero estaba tan ocupado en su hermana que no le prestó atención sobre quién podría tratarse. Aparentemente era Connie con un par de chicas que no conocía, quienes estaban ocultándose entre varias personas que pararon de bailar y otras que lo hacían más lento sin razón alguna, pues el ritmo de la canción precisamente no era lento.

Ante éste extraño hecho apenas notado, Eren se volvió hacia esto y se fijó que no se trataba de Connie y su par de novias, sino de algo mucho peor.

Sasha, quien reía con las piernas extendidas nuevamente en las de Jean manteniendo la cabeza recostada del brazo de éste sobre el respaldar de su silla, volvió a sentarse como una señorita y de insofacto se levantó, cargando con los tacones en una mano. Jean por su parte, la imitó y se colocó a su lado; su rostro estaba tan azul, y no precisamente por las luces, pareciendo aguantar la respiración.

Ymir y Bertholdt seguían bailando como si no hubiera mañana, al menos ésta, pues el chico alto quedó igual de paralizado que Jean al ver hacia el frente. De Mikasa y Christa en el medio de un montón de altos diría lo mismo que pensó de Ymir.

La cara del visitante y claramente no invitado sólo mostraba impresión, confusión y un muy marcado enojo visto en su ceño fruncido. Su acompañante, que no le estaba tomando demasiada importancia al asunto de que se estaba celebrando una fiesta en el gimnasio, se detuvo ante la canción.

—¡Ah! ¡Conque de aquí era que la escuchaba!

Levi ni siquiera tuvo ganas de preguntarle de qué mierda estaría hablando y se puso a pensar por unos cortos segundos en las instrucciones y acotaciones que Erwin le había dejado antes de irse de viaje. En ellas no dijo nada acerca una salvaje fiesta adolescente realizada en el gimnasio.

—¡¿Alguien puede explicarme esto?! —exigió saber gritando por lo alto.

Sasha y Connie desde lejos se miraron y se encogieron, intentando pasar desapercibidos.

Para éste entonces, la música estaba extinguida desde que el DJ a lo lejos pudo notar que el entrenador de futbol había hecho una entrada peligrosa al recinto.

—¿Y se puede saber por qué ustedes tres no dejan de bailar? —espetó hacia Mikasa, Ymir y Christa, que tuvieron que ser detenidas por quienes estaban a sus lados. Levi frunció aún más el ceño al notar las quejas de éstas.

¿Qué era eso que tenía Springer en la mano? ¡¿Licor?!

—Tú —señaló a Connie que trataba de esconderse entre unas muchachas como treinta centímetros más altas que él—. Trae eso acá.

El joven hizo caso con un poco de miedo, rascándose la parte posterior de su cabeza. Levi, al tener en manos el vaso con contenido sospechoso, lo acercó a su nariz y lo olió. Apestaba a ron con Coca-Cola.

—¿Quién les autorizó tomar esta porquería? —cuestionó en voz alta.

—F-fue el profesor Pixis, coach —afirmó Connie con temor.

—¡No me hagas reír! —exclamó Levi, creyendo que lo que decía el joven era una broma.

—Es verdad, coach. Mire, el profesor está allá en la barra —insistió Connie, señalando la barra de bebidas que ahora estaba vacía por completo—. Puta mierda...

—Sí. ¡Mierda les haré comer si no toman sus traseros y los sacan en este instante del gimnasio! —vociferó tan molesto que ninguno tuvo más ganas de seguir con la fiesta.

Cada alumno tomó sus cosas y empezó a salir con las caras clavadas en el piso, sintiéndose niños regañados, y más cuando así era. Eren tuvo que llevarse en brazos a Mikasa quien se encontraba hecha un desastre en la silla donde la sentó; al parecer estaba dormida. Cuando le pasó por un lado a Levi, éste los vio con tal cara que parecía que los asesinaría en ese instante. Un escalofrío recorrió su espina dorsal.

Sasha y Connie se encontraron en el camino de salida y se vieron de reojo, sonriendo como niños inocentes. Cuando se cruzaron con Rivaille, éste los detuvo a ambos y dejó que el resto de personas avanzara hasta salir. De nuevo se miraron las caras, ésta vez con temor.

—No se hagan los idiotas —inició Levi sin mirarlos—. Sus expresiones lo dicen todo.

Tragaron duro.

—Mañana ustedes dos y todos los implicados en este embrollo se encargarán de limpiar, organizar y llevarse toda la basura que trajeron —ordenó.

—Coach, pero mañana es sábado —repuso Sasha.

—Por lo mismo quiero que sea mañana. Malgastar uno de sus días de vagancia para que limpien el gimnasio, ¿qué se esperaban? ¿Que los dejara hacer esto el lunes?

—Sí… —admitió Connie con voz queda.

—Pues —Levi acercó su rostro tan cerca del de Connie que éste terminó dando un corto paso hacia atrás—, lamento decirte que no será así, Springer.

Volviendo a reincorporarse, Levi escupió:

—El lunes discutiré su castigo y el de los implicados. Supongo que no debo preguntar cómo fue que llegaron a parar al gimnasio si estuvo cerrado desde la mañana que terminó la defensa de los proyectos de ciencia, ¿no?

Connie y Sasha negaron.

—Quiero que esa llave, que sé que alguno de ustedes me robó, aparezca junto con su ladrón —exigió con un tono de voz tan grave y amenazador que les hizo entumecer los dedos a ambos chicos—. ¿Quedó claro?

—¡Sí, coach! —exclamaron al unísono, para luego salir corriendo por la entrada del gimnasio.

La pobre Sasha tuvo que correr descalza hasta la puerta del colegio.

—¡Hauu, Leviiii! —lloriqueó Hanji—. ¡Qué aburrido eres! Me hubiese gustado quedarme en la fiesta y bailar un poco.

—¿Con alguno de esos muchachos con las hormonas alborotadas? —cuestionó él molesto—. ¡Ni hablar!

••.•´¯`•.••

—Qué onda, Berth. No sabía que tenías tan buena compañía —se burló Reiner al ver a Bertholdt arrastrando a Ymir con él, quien apenas y podía sujetarse de su brazo para mantenerse de pie.

—¿Y éste qué? —inquirió Ymir con dificultad para hablar y sostener las palabras.

Reiner casi no podía aguantar las risas.

—¡Ve a reírte a otro sitio, idiota!

—Amigo, ¿sabes dónde vive? —formuló Bertholdt con preocupación en su cara mientras sostenía a una furibunda y ebria Ymir que quería atinarle un mal golpe a Reiner.

—¿Qué? —expresó con una sonrisa de oreja a oreja tan pícara que lo asustó—. ¿No me digas que la machito ahora te demostrará lo mujer que es?

—¡Reiner! —exclamó él ruborizado, ante las risas de Ymir.

—¡Anda a follarte a un vago, tonto!

No sabía a quién reprimirle más, si a su amigo o a la chica que sujetaba con peligro de caerse.

—Sólo la llevaré a su casa —esclareció—. En este estado puede chocar contra un poste de luz.

—Pues pregúntale a uno de sus amigos —consideró el rubio encogiéndose de hombros—. Yo me voy. ¿Quieres ir mañana a mi casa?

—Está bien —afirmó el moreno viendo desaparecer a su mejor amigo por la puerta del colegio después de despedirse.

Suspiró. Mejor le preguntaba a Sasha la dirección de su casa, al menos la chica estaba cerca.

Intentando caminar hacia la pelirroja con Ymir adherida a él, cada vez más inconsciente, pudo sentir cómo de repente ésta se abrazaba una vez más a su brazo, con la diferencia de que ahora lo jalaba sin fuerzas a la dirección opuesta que él iba.

—¿Qué pasa? —preguntó cansado de esta acción.

—¿Dónde está Christa? —formuló Ymir viendo dificultosamente hacia todos lados.

Bertholdt acompañó su búsqueda, sin lograr localizar a la joven rubia. Temió lo peor.

—Seguramente se fue a casa —afirmó con voz temblorosa, que a oídos de Ymir pudo sonar tan seguro como el veredicto de un juez.

—Debo cuidar de ella.

—Sí, sí. Lo sé.

—Si llegó a tomar, la mataré —decretó la morena, para luego abrazarse más a Bertholdt y empezar a reír.

Agradecía al cielo que Christa parecía haber salido del gimnasio con Jean y ahora estaba recostada de un poste esperando por el auto que se los llevaría. Por lo menos Berth respiró airoso esa noche cuando Sasha le hizo el favor de quitarle de encima a la morena, quien se había ofrecido con Jean a llevárselas a Christa y a ella a casa.

Pero, claro. Aquellos que pudieron ver, no dirían que Eren corrió con la misma suerte mientras lidiara con Mikasa.


*Poltergeist: (del alemán «poltern»: hacer ruido; y «geist»: espíritu) es un fenómeno paranormal que engloba cualquier hecho perceptible, de naturaleza violenta e inexplicable inicialmente por la física, producido por una entidad o energía imperceptible.

*La canción que canta Hanji es Swagger Jagger de Cher Lloyd.

*Sasha se refirió a Wake me up, la rola de Avicii.

*La canción que bailaron en el capítulo anterior es Éxtasis del Cartel de Santa.


FELIZ AÑOOOOO *Q*.

Oh, chicooooos D: lo sé, soy una perra. Pero, bueno, tengo un montón de excusas, créanme(?). La primera que pongo es la falta de inspiración. Mi musa me monta los cuernos, ¿ok ;-;? Me odio en este sentido porque tuve el mes de diciembre completo para escribir DS y adelantar un pocotón de cosas pendientes cuando lo mucho que pude hacer fue editar este capítulo y —POR FIN, DESPUÉS DEL APOCALILPSIS, AÑO NUEVO Y HACER DIETA— escribir el 13, el cual odio con toda mi alma :), pero que amo demasiado también (porque me quedó cool después de todo u.u). Las buenas noticias es que la musa regresó :D. La mala es que empecé clases :)… Por lo taaaanto, espero que se quede conmigo hasta el jueves-viernes-sábado que tendré un airecito para escribir el capítulo 14. Lo cual significa, actualización casi-rápida del capítulo 10 *u*.

Bueno, pero dejemos a un lado mi drama existencial y por fin hablemos de… lo que se supone que escribí acá *-*. Lo sé, Levi, todas se han mojado xD. Necesitaba ponerlo en este capítulo, Dios, ya lo extrañaba. Aparte, era vital que lo hubiese hecho, para seguir con la historia por el camino al que la dirigiré. Cieeelos, en la bronca que se metieron; y si fue así con el «tesoreso» del Consejo Estudiantil, ¿cómo hubiese sido con el mismísimo presidente, o un profesor más… responsable que Pixis? ¡Exacto! No sería igual; Levi es un papi. ¿Y bien? ¿Qué les pareció Mikasa ebria? Si creen que tuvieron suficiente con ella, es porque no tienen ni idea del capítulo 10. Si hay OoC, WHATEVER D: Mikasa y yo nos llevamos bien cuando la leo/veo, no cuando escribo de ella Dx. Y la pregunta del millón de dólares: ¿y el extraño?

Ah, y no me voy a despedir sin antes agradecer un millóooon por todo su apoyo, reviews, seguimientos, favoritos, ¡todo! Son tan biurifol, IH. ¡Pero venga, sigan escribiendo! Porque no solamente quiero saber qué les pareció el capítulo, ni escuchar sus teorías conspiracionales sobre quién es el bendito extraño. También quiero hacerles una pregunta rara que espero que me la contesten; es para una encuesta sobre DS. Aquí va:

¿Qué prefieren: un banana Split ó papas fritas de McDonald's? Iba poner pizza para llevar pero eso ya pasó xD.

Duro, lo sé ;-;. Para mí es trágico escoger. Pero ustedes me imagino que deben ser menos complicados que yo, así que… ¡espero sus respuestas!

Un abrazo enorme y besitos chiclosos y sonadores a todos *u*. ¡Nos vemos en el 10!

Los quiere, Ayu.