Hello Everybody!

Lamento la tardanza. En verdad, me siento avergonzada de no haber publicado antes, pero lo primero ante todo, no? Los estudios. Bueno, gracias a todos por comentar. En esta ocasión, no abundaré tanto porque estoy digitando los demás capítulos de otros fics, es por ello que espero publicar hoy mismo.

Disfruten de la lectura y ya saben, cualquiera observación es muy bien recibida.


Chapter 10:

"Realidad"

Hermoso día en Konoha, el viento toca su piel con toda la delicadeza y ternura al rozar. Anko mira a un Kakashi dormido sobre la cama, profundamente. Sonríe al verlo tan calmado. Regresó a su lado, acostándose sobre la cama y abrazándolo por detrás. Luego, rozó con un beso la mejilla y debido a eso, él despertó.

Buenos días. – ella musita, sonriente.

Hola. – Kakashi susurra con pereza. – ¿Hace cuánto estás despierta?

Hace poco. – le regala una sonrisa y toma asiento para contemplarlo mejor.

Él también toma asiento, en seguida posa su mano en la barbilla de Anko. – Eres única y hermosa. – dice, feliz.

¿En serio? – levanta una ceja, dudosa.

¿Por qué lo dudas? – se fue acercando a ella y la besó apasionado. Después de dejaron caer por completo sobre la cama sin soltar el beso. Entretanto se besaban, un leve ruido provino detrás de la puerta, sin embargo, no prestaron atención. Estaban muy concentrados disfrutando de su mágico momento.

Más tarde, otro ruido procedió del mismo lugar al igual que unos cuantos murmullos. Ellos se separaron, no por los ruidos procedentes detrás de la puerta, sino por la falta de aire y se limitaron a mirarse. Ambos ruborizados.

Kakashi presentía algo, entonces no dudó en preguntar: – ¿La puerta está asegurada? – ella afirma. Suspiró aliviado y nuevamente la besó. Ella rodeando con sus brazos el cuello de él.

La puerta se abrió. – Miren lo que Koishi y yo hicimos. – dijo Asumi, sonriente.

¿Cómo entraron? – le preguntó Kakashi, confundido a Anko.

No sé, a menos que…– empieza a responder, entonces observaron a los niños. Asumi sonreía feliz, sosteniendo en una mano una hoja de papel y en la otra girando un juego de llaves.

Kakashi bufó y acomodó la cabeza en el pecho de Anko. – Me rindo. – cierra sus ojos.

Anko empezó a reír divertida por la actitud infantil del shinobi. – ¿Qué hicieron? – les interroga a los niños.

Asumi se aproximó a ella, mostrando un dibujo de cuatro seres animados e iba señalándolos uno a uno. – Ella eres tú, otōsan, Koishi y yo. – identificó.

¡Qué hermoso! – Anko siseó.

Onee-san, faltó dibujar a Otto. – susurra el pequeño Koishi.

Mm… ahorita lo coloreamos. – agregó ella e intentó subirse en la cama. – Otōsan, échate para allá. – estaba empujándolo. Koishi le ayudaba.

Hm.… Regálenme unos minutos, quiero estar así con su madre. – responde tranquilamente, abrazando a Anko.

Asumi pone mala cara. – ¡No! ¡Ya es suficiente, quiero estar con ella! – subió sobre la cama e intentó por todos los medios posibles quitarle los brazos alrededor de su madre.

Asumi…– le regañó, pero ella le ignoró.

¡Apártate! Quiero que vea bien el dibujo. – dijo ella molesta.

Anko…– Kakashi esconde el rostro entre el cuello de Anko.

¡Dile algo! – exclamaron Kakashi y Asumi al unísono. Él acomodándose más a Anko y ella empujándolo.

Anko se llevó la mano a la frente. – Yo soy a quien maltratan. – dijo para sí misma.

Asumi se subió arriba de Kakashi. Koishi también hizo lo mismo. Ambos subidos sobre la espalda de Kakashi, mientras él abraza a Anko con la cabeza acomodada en el pecho de ella. Y la pobre de Anko, aguantando todo el peso.

Kakashi, por favor, dale el gusto. – dijo la jounin.

En un movimiento repentino, Kakashi los atrapó y los acomodó en la cama a un lado y empezó a hacerles cosquillas, principalmente a Asumi. Koishi gateó hacia Anko entretanto ella tomaba asiento apoyando su espalda sobre el espaldar de la cama y la almohada.

Ella lo abrazó y se divertía al escuchar las risas de ellos que no podía pedir más. Es feliz si ellos lo son, su más grande deseo es que sean sumamente alegres. Se conforma tan sólo verlos sonreír.

Minutos después, Koishi dormía en el regazo de Anko. Kakashi con la cabeza acomodada en el vientre de la kunoichi, tomándole de la mano, y Asumi en el pecho de él. Los veía sonreír, así dormidos.

Mitarashi sonrió con alegría y un tanto sonrojada. – Ustedes son mis tesoros, mis valiosos tesoros y los protegeré contra quien sea aún a costa de mi propia vida. – se dijo para sí misma.

Anko despertó, observando todo a su alrededor. Parecía que nada era real. – Era un sueño. – pensó. Desvía la mirada hacia el gotero que lentamente caía gota a gota, provocando que el sueño se apoderara de ella. – "Okāsan, ayúdanos." – la voz creyó escuchar y el sueño desvaneció. Su mirada se tornó seria y decidida.


Asumi empezó a inspeccionar la cerradura de la puerta, intentando buscar una manera para salir de aquel espantoso y frío lugar por su hermano. Él aún es muy pequeño para pasar por todo aquello, por la cual están pasando.

Onee-san, ¿Qué vas a hacer? – interroga Koishi, abrazando su collar.

Saldremos de aquí. – responde, mirándolo a los ojos, demostrándole seguridad aunque en el fondo esté aterrada. Vuelve a la tarea de la cerradura. – La cerradura está oxidada, hace falta un… gancho. – Se quita el que adorna su pelo. – ¡Tada! – hizo varios intentos inútiles. Después de cinco largos minutos, intentando abrirla al final lo logra. – ¡Al fin! – entreabre la puerta. – Escucha, sea cuál sea el motivo, no te detengas. Corre lo más rápido que puedas. – él asiente, ella lo toma de la mano. – Vámonos. – salieron de la habitación y empezaron a correr por todo el corredor en busca de la salida.

Repentinamente, ella escuchó unos pasos acercarse, entonces se escondieron esperando que ellos pasaran. Sus ojos se abrieron cuanto pudo cuando Orochimaru y Kabuto conversaban mientras caminaban por el pasillo. El sannin se detuvo.

¿Qué sucede Lord Orochimaru? – interroga Kabuto, esperando contestación e intrigado por la repentina acción de su superior.

Asumi, en un acto desesperado, cubrió la boca de su hermano y la de ella misma. Ella suplicaba mentalmente a todos los santos que no fueran descubiertos.

Orochimaru suspira, más una sonrisa malévola surca sus labios. – Nada. – continuaron su camino.

Ella suspiró aliviada e hizo ademán de silencio a su hermano. Volvieron a recorrer el lugar pasillo tras pasillo. Parecía un laberinto sin salida. Haciendo drama en sus gestos, se dejó caer al suelo cayendo sentada. De repente, visualizó una pequeña apertura, donde reflejaba una diminuta luz.

Se levantó, camina hacia ella. Con todas sus fuerzas, empuja el portón. – Koishi, ayúdame. – él con sus pequeños brazos empujaba la puerta. Cuando la abrieron lo suficiente como para huir, un fuerte viento sopló bruscamente. Ellos observaron más allá, sonrieron. Sin pensarlo, ella agarró de la mano a Koishi y salieron corriendo sin mirar atrás.


Kurenai toca la puerta de la recámara donde se ubica Anko, sosteniendo en sus manos un florero con flores violetas. Al no escuchar respuestas, pensó que estaría dormida, entonces entró. – Anko…– llamó mientras cerraba la puerta. – Te traje las flores que tanto te encan…– se dio vuelta. –…tan. – sus ojos horrorizados y el florero cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos. – ¿Qué hiciste? – se preguntó angustiada.


Ambos niños corrían por el bosque, sin descansar. No deseaban ser atrapar ni volver a ese horripilante lugar para ser encerrados otra vez. Pero Koishi ya estaba agotado y en una mala pisada tropezó, cayendo al suelo y rasguñándose la rodilla derecha.

Asumi le ayudó a ponerse de pie, notando la herida entristeció. – Lo siento. – le escuchó a él decir. Ella se dio vuelta. – Sube. – él subió a su espalda. Ella se levantó con dificultad, no está acostumbrada a cargar ese peso, pero debía hacerlo. Procuró caminar lo más rápido que sus piernas les permitían.

Nos encontraran. – susurró Koishi, asustado. – No quiero regresar, onee-san. Me da miedo. – se aferró a ella.

Claro que no. No volveremos a ese lugar. – responde ella, sonriéndole.

Mama, vendrá. – cierra sus ojos poco a poco.

Ella entristeció al recordar cómo lastimaron a Anko esa noche cuando intentó salvarlos a los dos, pero fue inútil. – Sí. – le dijo, bajando la cabeza.


Kabuto arribó a la habitación donde los niños estaban encerrados, y no los encontró. – Maldición. Escaparon. – dijo. – ¡Escuadrón B! – cuatro shinobis se materializaron ante él. – Encuentren a esos niños, ahora.

Orochimaru se aproxima a él. – ¿Qué ocurre? – sonrisa.

Escaparon. – Kabuto acaricia sus sienes.

Debí imaginarlo. Esa niña es más talentosa de lo que pensé. – camina a través del corredor, dejando al peliblanco confundido.


Asumi-nee-san, ¿Volveremos a casa? – Koishi entreabre sus ojos.

Si nos libramos de esto, sí. – dijo entre susurros, aún sonriendo, aunque en el fondo estaba aterrada.

Quiero ver a nuestros padres. – dijo cerrando los ojos y aferrándose a ella.

Prometo que los veremos de nuevo. Confía en mí. – él asiente con la cabeza. Ella detuvo sus pasos a descansar. Bajó a su hermano de la espalda y lo sentó apoyando su cuerpo contra el tronco de un árbol.

¡Hasta aquí llegaste! – dijo un shinobi frente a ella, luego sacó un kunai. – Esto no dolerá. – sonrisa maléfica.

Ella se atemorizó, aún así protegía a su pequeño hermano, posicionándose delante de él para cubrirlo.

El shinobi se fue acercando con el kunai en alto, sujeto en su mano y en el punto que iba atacar, un kunai lo atravesó a él. En seguida, éste cayó al suelo muerto.

Llegué justo a tiempo. – dijo una voz que ella conocía a la perfección.

Continuará…


Próximo capítulo se titula "Cacería de serpientes".

Espero que éste les haya agradado como a mí. Nos leemos en la próxima…

Cuídense.