Capítulo 10

Rick se mostraba reacio a hablar sobre Beckett cada vez que su madre lo intentaba. Ésta, siguiendo las indicaciones de la psicóloga no insistía demasiado. Poco quedaba de aquel Castle dicharachero y alegre que ella había visto crecer. Tampoco seguía teniendo esa mirada de niño travieso. Ahora era una mirada triste.

La conversación con Julia Wilson, la psicóloga, lo había ayudado, sí, pero también había hecho que recordara todo el sufrimiento que le había causado a Beckett, las palabras de Gina mientras lo tenía secuestrado... Para ella había sido divertido verlo sufrir y él había caído en su trampa como un tonto. Se sentía culpable y muy avergonzado.

En esos dos días había pensado en la "tarea" que le había dejado la psicóloga llegando a la conclusión de que no podía perdonarse ni merecía que Beckett lo hiciera.

Tenía muchas ganas de ver y conocer a sus hijos pero sentía que era un premio del cual no era digno. Pero tampoco quería que sus hijos crecieran sin él. El escritor sabía por experiencia propia lo que era crecer sin una figura paterna.

-Hola, señor Castle - lo saludó Julia mientras entraba a su habitación.

-Hola.

-¿Qué tal te sientes hoy? Por lo que me ha dicho tu médico te estás recuperando poco a poco.

-Estoy mejor, gracias. Sí, eso parece.

-¿Quieres que hablemos de algo o prefieres ir directamente al tema?

-Directo al tema.

-Bien -la psicóloga hizo una pausa mientras abría su cuaderno- ¿Pensaste en lo que te dije?

-Sí

-¿A qué conclusión has llegado?

-A la de que no puedo hacerlo -dijo muy serio.

Julia se quedó mirando los ojos del escritor durante algunos segundos. Su mirada mostraba culpabilidad, mucha culpabilidad.

-¿Por qué esa conclusión?

-No puedo. Ya sé que me dijiste que para obtener el perdón de los demás primero debo perdonarme a mí mismo pero no puedo. Tampoco puedo pedir que los demás me perdonen. No me merezco su perdón. Ni el de Kate ni el de todas esas personas a las que hice daño con mi comportamiento, como su padre y sus amigos que antes eran los míos también.

-Te sientes demasiado culpable, ¿no?

-Tan culpable cuanto soy.

-Verás, Rick ¿puedo llamarte así? -el escritor asintió.- La culpa es un sentimiento que todos hemos experimentado alguna vez en la vida, es una de las emociones más negativas y mortíferas que puede tener el ser humano. ¿Tú crees que sentirte mal, culpable o preocuparte lo suficiente cambiará un hecho pasado o futuro? No existe culpabilidad por grande que sea, que pueda cambiar la historia.

A lo largo de la vida, las dos emociones más inútiles que se pueden experimentar son: la culpabilidad por lo que se ha hecho y la preocupación por lo que se podría hacer. Son los grandes desperdicios. La culpabilidad quiere decir que despilfarras tus momentos presentes al estar inmovilizado a causa de un comportamiento pasado, mientras que la preocupación es el mecanismo que te mantiene atado ahora por algo que está en el futuro y que a menudo es algo sobre lo que no tienes ningún control. No puedes cambiar lo que ha sucedido pero puedes aceptarlo y avanzar. Así cambiarás tu futuro por uno mejor sin culpabilidad. Con la preocupación gastas el valioso presente obsesionándote por algún suceso futuro. Ya mires atrás o adelante, el resultado es el mismo. Ante el problema de qué hacer después de haber cometido un error caben tres actitudes: a) resistirse a reconocerlo y encerrarse en la autojustificación; b) admitirlo, pero encerrarse en el tormento de la culpabilidad; o c) reconocerlo y dejarse perdonar. Esta última actitud conlleva dificultades: para poder dejarse perdonar, hay que superar antes la dificultad de perdonarse a sí mismo.

No es fácil perdonarse a sí mismo ni dejarse perdonar, mirar cara a cara el propio pasado sin que su vista nos provoque rechazo, depresión o desesperación. ¿Entiendes ahora la razón por la que te pedí que pensaras en perdonarte?

Cuando lo hagas dejarás de vivir con esa culpa que te martiriza y empezarás a avanzar. -Al ver que Castle no decía nada, siguió.- ¿Tienes miedo de que no te perdonen? ¿Es eso?

Rick asintió. -Me aterra pensar que ya nada será como antes. A lo mejor sí que me perdonan pero sin más. Me dolería muchísimo ser rechazado, aunque me lo merezca. No soportaría el rechazo de Kate.

-¿Es por eso por lo que la echaste?

-Sí, en parte.

-Pero ella ha estado aquí, contigo, desde que se enteró.

-Puede ser simplemente por pena, compasión,… -la interrumpió.

-O...

No la dejó terminar. -En todo caso no me lo merezco y no debía estar aquí después de todo.

-Puedes seguir lamentándote hasta el fin de tus días, pensando en lo malo que has sido, y lo culpable que te sientes o hacer algo para alejar ese sentimiento de ti. Nada podrá cambiar las cosas que hiciste, pero sí puedes intentar que a partir de hoy vayan mejor. Puedes desear que las cosas no fueran como son. Pero la historia es así y tú ya no puedes hacer nada al respecto.

Rick se quedó pensando. Julia le concedió unos minutos para ello. -Y ¿qué pasa si al final consigo hacer todo eso que me dices y no me perdonan? Habré fracasado.

-No, no habrás fracasado, sino avanzado. Habrás logrado realizar todos los pasos antes de llegar al momento de pedir perdón. Puede que en principio te lo nieguen pero siempre habrá una esperanza hacia el futuro porque eso ocurra. Hay que arriesgar. La vida es eso: arriesgar. A veces ganamos y otras perdemos. Pero lo que no podemos permitir es que el miedo a fracasar no nos permita avanzar. -Castle asintió. La psicóloga miró el reloj de su muñeca. Ya había pasado el tiempo de la sesión- Hoy te voy a dejar dos cosas para que hagas hasta nuestra próxima charla: pregúntate a ti mismo lo que estás evitando en el presente por culpa del pasado. Y haz mentalmente, como no puedes escribir, una pequeña lista de culpas y apunta las razones por las que te sientes culpable, anotando cuidadosamente por qué, cuándo y con quién sucede y lo que estás perdiendo. -Julia se levantó para irse- En la próxima serás tú el que hable, hoy todo lo he hablado yo. Me tendrás que explicar lo que te he pedido que hagas. Adiós, Rick.

Después de que se fuese, el escritor se quedó pensado en todo lo que habían hablado, o mejor, en todo lo que aquella joven psicóloga le había dicho.

Kate se encontraba en la cocina con una taza de café en la mano recién hecho. Recordaba cuando Castle le llevaba una taza de su café preferido todos los días tan solo por verla sonreír como le había dicho el día que se le declaró en su casa. El día que su relación amorosa empezó después de más de 4 años siendo solo compañeros. Una sonrisa triste se dibujó en su rostro. Sus recuerdos fueron interrumpidos por el sonido del teléfono. Era Lanie la inventaba a comer con sus hijos a un restaurante cercano al loft de Castle. Era su día libre.

Kate dejó el teléfono en su lugar y se apresuró para darle el segundo biberón de la mañana a sus hijos. Luego, los bañó y los vistió a juego para salir a pasear con ellos antes de dirigirse al encuentro con su amiga.


Gracias por comentar Es cortito pero bueno...