Adaptacion... esta historia es de Julia James y tiene el mismo nombre...Los personajes ya saben de quien son!

Capítulo 10

Bella estaba en la piscina con Jake. Estaba triste. Edward se lo había dejado claro. El sueño había terminado. Recordó sus palabras antes de marchar. Le había dejado claro que cuando regresara tenían que hablar y aquello sólo podía significar una cosa.

La vida de Edward lo reclamaba. La vida de hombre de negocios poderoso, de obligaciones importantes que nada' tenían que ver con entretenerse con una mujer con la que nunca había querido nada.

Ella sabía que iba a suceder; sin embargo, le resultaba difícil de asumir. Sentía como si hubiera perdido lo más valioso que poseía.

De repente oyó unos pasos rápidos y decididos y se giró. Victoria se acercaba a ella. ¿Qué estaría haciendo allí?

-Bella, tengo malas noticias -aquella mujer parecía asustada-. ¡Anthonny ha sufrido un ataque al corazón! -Bella se quedó estupefacta-. Lo han llevado al hospital y Edward está con él. No saben si vivirá.

Ella empezó a llorar y Bella no sabía qué hacer. Pensó en el pobre Edward, debía de estar sufriendo mucho.

-Lo lamento tanto -logró decir al fin-. Si pudiera hacer algo.

Victoria la miró y asintió.

-Es duro para mí decirte esto -se detuvo un segundo-. No lo digo por rencor, pero debes entender que... lo mejor es que te vayas.

Por unos segundos pensó que la prima se refería a ir a Roma con Edward, pero no tardó en darse cuenta de que no se refería a aquello.

-Anthonny necesita a Edward -prosiguió Victoria-. Yo pensé que la forma de unirlos era haciendo que Edward se casara conmigo. Fue un error. Edward tan sólo lo vio como un chantaje de su padre para poder controlarlo y él no admite que nadie lo controle. Tú sabes hasta dónde puede llegar para impedir que su padre lo use. Pero ahora tal vez Anthonny muera y ambos deben reconciliarse -la miró fijamente-. No pueden reconciliarse si tú sigues aquí. Debes entenderlo.

Bella sintió como si un puñal le acabara de atravesar el corazón, pero Victoria tenía razón.

-Debo poder decirle a Anthonny, si sobrevive, que te has ido y así podrá reconciliarse con su hijo -terminó de decir Victoria.

Bella sintió tanto dolor que no sabía si iba a poder soportarlo. Victoria la miró con ternura y volvió a hablar.

-Sé que será difícil para ti. Te has enamorado de mi primo. No, no lo niegues... Estaba claro que sería así. Es normal, después de todo Edward es como el príncipe en un cuento de hadas, pero, aunque no te guste oírlo, sus besos nunca te habrían despertado. Cuando viniste estabas a salvo de él, pero ahora... Por eso yo pensé que nuestro matrimonio funcionaría, yo le conozco lo suficientemente bien como para enamorarme de él con moderación, así que él nunca podría hacerme daño -miró a Bella con simpatía-. No pensaste que sentía algo por ti, ¿no? No pensaste que lo vuestro duraría, ¿no?

El dolor era demasiado intenso para Bella y trató de luchar, de negar las palabras de Victoria.

-No puedo irme ya, no sin el consentimiento de Edward, tal vez no quiera que me vaya.

Incluso al decirlo ella sabía que se estaba engañando. A Edward ya no le preocupaba ella, sino su padre. Victoria sacó algo del bolso.

-Me pidió que te diera esto -parecía que le costaba hablar y no pudo mirar a Bella a los ojos.

Era un cheque, un cheque de cien mil euros dirigido a ella y firmado por él.

Victoria volvió a hablar y Bella se obligó a escuchar.

-Edward dijo... Dijo que contactaría contigo para arreglarlo todo, pero que ahora mismo tenía que ocuparse de su padre. Lo lamento, querida, no creo que se haya dado cuenta de que sientes algo por él. Para él este matrimonio siempre fue un asunto de negocios.

Bella no podía decir nada. Su corazón se estaba rompiendo en mil pedazos.

-Perdóname, no quiero hacerte daño, pero tan sólo he venido de paso; voy al aeropuerto. Voy a volar a Roma de inmediato para estar con el tío Anthonny, si sigue vivo -había mucho dolor en su voz, que estaba a punto de quebrarse-. Si no tardas mucho en prepararte te llevaré. Edward se ha encargado de comprarte el billete.

Miró a Bella como si le diera pena. Jake permanecía agarrado a la pierna de su madre.

-Creo que es lo mejor -dijo aquella mujer.

Bella reaccionó finalmente. Recogió todas sus cosas y regresó a la casa a hacer las maletas.

Estaba lloviendo y Jake lloraba.

-Lo sé, cariño, se que toda esta lluvia es horrible. Quizá mañana salga el sol.

El viento golpeó la caravana con fuerza. Estaba vieja y sucia y nadie quería alquilarla, por eso le había resultado tan barata comprarla.

Los planes que tenían la asustaban, pero apartó todos los miedos de su cabeza. La costa sur tenía que ser un lugar mejor para criar a Jake, mucho mejor que Londres. Ya no tenía nada allí. Ni casa. Ni trabajo.

No tenía nada en ningún sitio.

Bella no quiso pensar aquello. No era verdad. Aún tenía a Jake. Le acarició la cabecita mientras sacaba las piezas del puzzle, no era buen momento para recordar.

Pero los recuerdos volvían a ella una y otra vez y todos estaban llenos de Edward.

No había sido amor; para él tan sólo había sido una aventura. Ella siempre había sabido que aquello terminaría.

Recordó sus últimas palabras antes de irse, recordó cuando le había dicho que cuidaría de ella.

Y lo había hecho. Se había asegurado que recibiera su dinero.

Después de todo ella se había casado con él por dinero. Dinero para construir un hogar para Jake. No por amor.

Ella no había cobrado su cheque. Había estado viviendo con el dinero que había conseguido al cambiar el billete en clase preferente que le había dado Victoria por uno en clase turista. Había aterrizado en Gatwick, no en Heathrow y en lugar de regresar a Londres había decidido tomar un tren hasta la costa y alquilar aquella caravana.

Pero necesitaría el dinero de Edward para comprarla y crear un hogar para Jake y ella. Y el resto de dinero que Edward le había prometido, ella sabía que nunca podría aceptarlo.

Ni siquiera se había llevado la ropa ni el collar que él le había regalado.

Sonrió. Por lo menos tenía recuerdos.

Y éstos dudarían toda la vida.

No había parado de llover y Jake, vestido con un chubasquero y botas de agua, recogía piedras de la playa.

No había barcas en el mar, ni gente en la playa, pero Bella había decidido salir porque no aguantaba más tiempo dentro de la caravana. Jake estaba nervioso y ella llena de tristeza.

Cada día que pasaba se daba cuenta de lo que un día tendría que afrontar del todo. Edward había desaparecido de su vida.

Intentó recomponerse. No tenía derecho a estar tan triste. Aún tenía a Jake, gozaba de buena salud y una casa, un buen lugar para criar a Jake, un lugar lleno de aire limpio.

Y desde allí por lo menos podía mirar hacia el océano y hacia Italia.

Las mejillas de Bella estaban húmedas, pero no era a causa de la lluvia.

Jake tiró una última piedra y se giró cansado. Ella lo siguió. El viento y la lluvia le tapaban los ojos y decidió recogerse el pelo. Cuando estaba haciéndolo vio a alguien sobre el arrecife.

Agarró la mano de Jake y se detuvo. La silueta comenzó a acercarse a ellos. Ella no soltó la mano de Jake y esperó sin dejar de mirar.

El tiempo parecía haberse detenido. El viento no soplaba con tanta fuerza y la lluvia era menos intensa.

Sintió cómo Jake la agarraba con fuerza. Ella no podía moverse. Ni respirar. La silueta se acercaba cada vez más.

De repente pudo distinguir su cara y permaneció inmóvil, paralizada.

De repente Jake se soltó y se dirigió hacía él con los brazos extendidos.

-Ed... -exclamó el niño-. Ed, aupa, aupa... Edward lo tomó entre sus brazos.

-Hola, Jake.

Después miró a Bella. Aquella mirada la atravesó como un puñal.

-Vuelve a casa -le dijo ofreciéndole una a casa, cara.

Ella no se movió, no podía hacerlo.

-No te entiendo -su voz era como un susurro. -Ni yo tampoco, no entendía nada cuando volví de Roma aquella noche y no estabas. Tampoco entendía nada cuando María me dijo que te habías ido poco después de que yo me fuera. No tenía sentido. Y después me dijo que alguien te había llevado. Cuando me dijo quién te había llevado al aeropuerto lo entendí todo.

-¿Qué... Qué tal está tu padre? -El frunció el ceño.

-¿Mi padre? Ah, sí, mi padre. Se está recuperando muy bien de ese ataque al corazón que nunca tuvo.

Ella lo miró.

-Mi padre goza de muy buena salud, ¿no lo entiendes? Victoria te mintió.

-¿Y por qué?

-¿Por qué? Para librarse de ti, por supuesto.

Ella tomó aire.

-Podría haber esperado un día y se habría ahorrado las molestias.

Él volvió a fruncir el ceño. Dejó a Jake en el suelo.

-Non capisco, ¿qué quieres decir?

-Ya me habías avisado aquella mañana de que me ibas a mandar de regreso a Londres.

-¿De qué estás hablando?

-Dijiste que teníamos que hablar y yo sabía qué querías decirme.

-¿Y qué era lo que quería decirte, cara?

-Edward, por favor, lo sabía. Yo te lo prometí. Sabía que tan sólo estabas siendo amable conmigo. Sabía que no iba a ser nada más que un sueño. Me lo avisaste en Florencia, entonces me dijiste que no querías que yo sufriera por ti. Estaba claro.

El la miró. Había algo extraño en su expresión, pero ella no podía saber de qué se trataba. Tan sólo quería mirarlo. Mirarlo era como estar en el cielo, era la oportunidad de fabricar un nuevo recuerdo, una última alegría.

-¿Qué estaba claro? -le dijo él. Jake tiró de su pantalón y él lo tomó en brazos. Después la volvió a mirar y repitió la pregunta.

Después la miró fijamente, soltó a Jake, la estrechó entre sus brazos y la besó apasionadamente.

-Lo que está claro es esto -dijo él.

Bella cerró los ojos y sintió cómo si estuviera flotando entre las nubes. Ella se agarró a él desesperada, debía de estar imaginándoselo. No había razón para que él la besara, ni para que sus manos recorrieran el pelo mojado de ella como si se tratara de un tesoro. Ni para que él le susurrara palabras que ella no podía creer, que no debía creer.

Después la soltó.

-¿Ahora lo entiendes?

-No.

-¡Per Dio! Entonces vuelve, vuelve a casa conmigo y me pasaré el resto de mi vida intentando que lo entiendas. Te amo tanto.-Ella lo oyó, pero no pudo creerlo. Él lo notó. -Tus dudas me ofenden. Pensé que te lo había dejado claro; cada noche que pasamos juntos, sin embargo... Ni siquiera yo me di cuenta de lo que estaba sintiendo. Era algo tan novedoso para mí, me confundía, me hacía preguntarme muchas cosas. Pero el amor creció dentro de mí hasta que me di cuenta de lo que era y me di cuenta de que debía hacer que el sueño se convirtiera en realidad. Por eso te dije que no quería que sufrieras por mí, porque no quería hacerte sufrir por nada. Tan sólo quería que el sueño se hiciera realidad para los dos. Por eso estaba tan serio aquella mañana, sabía que tenía que decirle a mi padre que el matrimonio era de verdad. Decirle que aunque no volviera a hablar conmigo, aunque le vendiera la compañía al primero que apareciera por allí, tú serías mi mujer para siempre porque me había enamorado de ti y no podía pasar ni un solo día sin ti.

Ella sintió cómo si estuviera a punto de desmayarse.

-¿Acaso tú no lo has notado? -le preguntó él.

-¿Y cómo podía hacerlo? ¿Cómo podía pensar que me podía pasar algo tan maravilloso?

Él sonrió.

-La maravilla eres tú, Bella, tú y Jake. Se hicieron un hueco en mi corazón día a día y allí tenéis un lugar para siempre. Mi amor por ti estaba en cada caricia, en cada mirada. Victoria lo notó aquel día en Florencia y supo que había encontrado la manera de vengarse. Decidió separarnos. Te contó esa mentira acerca del ataque de Anthonny; y le hice confesarlo todo.

-¿Y el cheque? Me dio un cheque de tu parte.

-Había ido a mi despacho antes de salir a verte. Ella sabía que aquello te convencería de que era verdad. ¿Cómo pudiste creer sus mentiras, cara?

-Ella sabía cuáles eran mis temores.

-Como también sabía que mi padre estaba deseando ser abuelo y que yo estaba obsesionado con la empresa. Intentaba manipularnos a todos. Pues bien... Ya ha terminado todo. Le he advertido que si intenta hacer algo más la denunciaré por fraude. Por suerte, gracias a ese cheque pude encontrarte.

Bella lo miró fijamente, no entendía nada.

-Dije que el cheque era falso y le pedí al banco que me avisara cuando alguien intentara cobrarlo. Y así es cómo te encontré. No sabes lo que he estado pasando. Los días me parecían vacíos sin ti.

Él apretó las manos de ella con mucha fuerza, pero ella no podía sentir dolor, tan sólo podía sentir una alegría inmensa, una alegría que la llenaba por completo.

Lo miró fijamente y el amor que sentía por él estaba escrito en sus ojos.

Él la besó de nuevo y la estrechó entre sus brazos. Ella encontró un lugar allí, cerca de su corazón. De repente recordó algo.

-¿Edward?

El le acarició el pelo.

-¿Si?

-¿Y tu padre... ?

-Está perfectamente, ya te lo he dicho, Victoria te mintió.

-No, yo no quiero separaros.

-Tú nos has unido después de tantos años -ella lo miró sin entender nada-. Cuando mi padre vio lo afligido que estaba por no poder encontrarte, el muro que había existido entre nosotros se rompió. Yo le recordé a sí mismo hacía quince años, cuando murió mi madre.

Ella apretó su mano.

-No sabía nada...

-La muerte de mi madre nos separó. No debió ser así, pero sucedió. Yo me transformé en un salvaje... Ahora lo veo claro ya y él se limitó a encerrarse en sí mismo. Ambos sufrimos, pero no podíamos pedirle ayuda al otro. Y desde entonces creamos un muro entre los dos y una vez creado ninguno supo romperla. Hasta ahora, mi querida Bella, cuando tú nos has unido de nuevo.

Ella seguía preocupada.

-Yo no le gusto...

-Claro que le gustas. Le conté todo, Bella, le conté todo sobre ti. Le hablé de Jazz y de Jake, le hablé de los sacrificios que has hecho por el niño y se siente muy culpable y te ruega que lo perdones. Además me ha pedido que te pida que lleves esto, que lo lleves por él y por mí.

Edward sacó una caja del bolsillo. Parecía bastante antigua. Dentro había un anillo de diamantes y zafiros.

-Es el anillo que llevaba mi madre; mi padre se lo regaló como muestra de su amor y yo quiero dártelo a ti como muestra de mi amor por ti.

Él tomó la mano de ella y se lo puso. Bella no pudo evitar llorar de alegría.

-Vamos a ser felices para siempre -le dijo él mientras la besaba con dulzura, con todo su corazón.

De repente alguien le tocó la rodilla.

-¡Aupa! -exclamó el pequeño.

Edward tomó al pequeño en brazos y lo abrazó y los tres permanecieron allí, bajo la lluvia pero muy juntos.

Bella pensó que por fin tenía una familia propia. Aquello la conmovió.

Edward colocó a Jake sobre los hombros y el niño le tiró del pelo.

-¡Ay! Jake, no tires a papá del pelo -le dijo él - después comenzó a caminar hacia la orilla-. Vamos -dijo dirigiéndose a Bella-. Tenemos que regresar a Italia. Mi padre está impaciente por disculparse y María y mi tía están deseando ver a Jake, y yo estoy deseando tenerte para mí solo.

Ella corrió detrás de su marido y su hijo. Su sueño se haría realidad y duraría para siempre.

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Buenas chicas! Aqui esta el ultimo capitulo, me encanto traerle esta historia, espero que nos leamos pronto, graciaspor sus alertas y review siempre me traen alegria! Les mando un besote inmenso!

P.D: Feliz navidad y feliz año nuevo!

100%Magia y amor

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