La mirada de Hitomi se alzó confundida.
Sin dar más explicaciones, el pelinegro se incorporó alejándose de ella.
Hitomi lo observó; traía el uniforme del colegio, los característicos pantalones negros y el blazer azul marino con la insignia del mismo. No parecía equivocarse, sus ojos, su cabello negro, incluso su complexión eran idénticos al muchacho que vio ayer...
Pero su perspectiva dio un vuelco cuando de nuevo se giró hacia ella. Portaba anteojos y sus ojos ya no eran rojos si no castaños. ¿Lo había imaginado?
- ¿Qué es lo que estabas intentando hacer? – Le soltó clavándole la mirada.
- ¿He? – Balbuceó Hitomi
- ¿Por qué intentabas arrojarte del edificio? – Preguntó de nuevo él.
- ¿Arrojarme? No… yo no intentaba hacer eso, perseguía a un niño y el me trajo aquí
- ¿Un niño?- frunció el ceño él -. ¿Dónde está?
- El….
¿Cómo iba explicar que lo vio desaparecer en un agujero en la nada?
- No sé… -Desvió Hitomi-. ¿Dime quien eres tú y por qué de nuevo me salvaste?
-¿De nuevo? - Entrecerró los ojos él -. Te vi como subías hasta aquí, con la suerte de detenerte antes de que cayeras por el precipicio.
- No… - se levantó Hitomi hasta plantarse frente a él-. Ayer, en el callejón… tú me ayudaste.
- Veo, que me sigues confundiendo con alguien más -Le respondió, observando con cuidado sus acciones.
Hitomi se enfocó en sus ojos, tratando de escrutar ese destello rojizo que no encontraba. Extendió la mano para quitarle los lentes, quizá, eso era lo que se interponía.
Sin inmutarse él, le permitió que lo hiciera. Pero la perplejidad y la confusión se plasmó en el rostro de la castaña.
- ¿No encontraste lo que buscabas? - Le preguntó inescrutable el pelinegro.
- No puede ser… – Se dijo aún más confundida Hitomi. -No me interesa saber sobre tus divagaciones o tonterías - se volvió a poner los lentes separándose de ella.
- ¡Yo no…!
- Mejor vete de aquí si no quieres salir perjudicada… - Le espetó interrumpiéndola -. Esta área está restringida.
Hitomi lo miró con enojo.
¿Pero que le pasaba a este tipo? no tenía por qué hablarle así.
- ¿Y quién eres tu entonces? no eres acaso un estudiante del colegio como yo? - Se defendió Hitomi.
- Yo soy Okano Sinia, soy el único que puede estar rondando estas áreas.
- ¿Y eso que tiene que ver? yo también tengo un nombre.
- ¿No conoces a tu presidente estudiantil? – le señaló
Los asuntos de la política estudiantil era cosa que le daba igual a Hitomi, ni siquiera votó cuando fueron las elecciones.
- Nunca te había visto, ni oído mencionar
- Me da igual… – sentenció tomándola del brazo para arrástrala hacia las escaleras.
- ¡Suéltame! – Se refregó Hitomi
- No
- ¡¿Por qué?!
- Porque no puedes estar aquí.
- ¡Bien! Puedo encontrar el camino sola- Le indicó Hitomi.
- Me parece bien – Respondió el joven sin el más leve signo de alteración-, reúnete con los demás – Y acto seguido la soltó, cerrándole la puerta en la cara.
Si Hitomi se viera en otro momento, en otra situación, seguramente hubiera pateado y golpeado esa puerta hasta mínimo exigirle una disculpa, pero…. Se quedó ahí parada viendo el lienzo de la madera en silencio. Era seguro que se había equivocado. La persona que la salvó no parecía real, mucho menos de este mundo, ¿Cómo pudo haber imaginado que existía realmente? Que tonta e infantil había sido… ya para ese momento no sabía en qué creer. Lo que aún se seguía preguntando era porque todo aquello le estaba afectando tanto. ¿Se había enamorado de ese tipo en el callejón?
- ¡Hitomi!
La voz de Yukari a lo lejos la devolvió a la realidad. Yukari venía corriendo hacia ella con el semblante preocupado. Rápidamente, se limpió las lágrimas que se le habían escapado.
-¡Hitomi! ¿Qué diablos pasó? ¿Qué estás haciendo aquí? – Le preguntó atropelladamente la pelirroja cuando la alcanzó.
- Lo siento Yukari es que me urgía ir al sanitario… - Se apresuró a mentir.
- ¡Hitomi te están buscando! – La atajó la chica, tomándola de los hombros con ímpetu.
- ¿Qué? ¿Quién? – Se espabiló Hitomi
- Dios Hitomi, todos andan buscándote, tú al parecer estas implicada en todo esto, el rector quiere hablar contigo.
- ¿Pero por qué?
- Vámonos de aquí, antes de que alguien más nos vea- La agarró de la mano para arrastrarla tras de sí.
- ¡Yukari!- Trastabilló Hitomi- ¡Primero explícame el por qué estoy implicada!
- ¡En casa hablamos, tengo que sacarte de aquí!
Ambas corrieron hasta llegar a una pequeña puerta del jardín, obstruida por un candado.
-No podemos salir por aquí – le declaró Hitomi a su amiga.
Yukarí, se apresuró a sacar de su saco una llave
-¿Dónde la conseguiste? sólo el conserje la tiene.
-La robé, ¡vamos! - La apremió empujándola
Hitomi empezó a temer lo peor, tal vez si estaba metida en un problemón.
Salieron a la calle, cuando su camino se vio bloqueado por una patrulla de policía.
-No puede marcharse aún nadie del colegio señoritas- Atajó el policía, que se alzó frente a ellas con clara intención de retenerlas.
-Lo que sucede es que… - Buscó una excusa Yukari, tratando de ocultar a Hitomi a su espalda.
-Tú eres kanzaki Hitomi- Reconoció el hombre apartando a Yukari con brusquedad-, Ven conmigo.
Sin poder hacer nada en contra, Hitomi se vio arrastrada de nuevo hacia el interior del colegio, sin poder decirle nada a Yukari que se quedó plantada en la puerta con angustia.
Cuando llegaron al pasillo de rectoría, giraron por otro camino súbitamente.
-¿A dónde vamos?- Lo miró Hitomi con desconfianza.
El policía no le respondió. La agarró con más fuerza del brazo y la obligó a torcer otro pasillo.
-Por aquí no es la oficina del rector
-"Calla"
El cuerpo se le heló al escuchar esa voz gutural. En acto reflejo, se echó atrás para zafarse.
-¡Eres uno de ellos!-
El policía la retuvo con fuerza, clavándole la mirada en blanco como si estuviera poseído.
-"¡Quédate quieta!" – La amenazó-, "Si gritas lo pagaras caro"
-¿Que está haciendo?- se oyó de pronto a sus espaldas.
Ambos, se giraron de súbito. Hitomi inmediatamente lo reconoció, era el mismo muchacho que la había salvado de caer del precipicio. El mismo, que parecía ser quien no era para ella.
-La llevo con el rector- Respondió con calma el policía como si nada hubiera pasado.
Hitomi atónita, lo miró de nuevo. Sus ojos traslucidos habían desaparecido
-La rectoría está atrás…- Habló Sinia como si meditara la situación.
-Seguramente me he confundido – Se disculpó el policía con verdadera intención.- Por aquí señorita- Instó a Hitomi avanzar por el camino, quién en su cara todavía no se borraba la estupefacción.
-No es necesario que la lleve, me acaban de mandar a mí a buscarla- Se acercó Sinia y arrebató a Hitomi del alcance de este.
-Debo de reportarla yo joven, estaba a punto de huir del colegio – Reparó el policía.
-Lo informaré- Dijo fríamente al aludido que sin permitir que se alargara más la conversación, alejó a Hitomi del lugar.
-Espera… –Se apegó Hitomi al brazo de él -. Ese tipo, no es un policía.
-No te preocupes… - Le respondió sin mirarla.
-No me entiendes, algo extraño está pasando aquí.- Giró el rostro para advertir si el policía se lanzaba sobre ellos. Pero ya no estaba.
-Si entiendo…- Continuó el, atrayendo la atención de Hitomi- Lo que veo, es que te gusta meterte en problemas.
Hitomi lo vio con desdén. Desató sus brazos de él y se detuvo. Aunque la había rescatado, de cierta forma su arrogancia no le agradaba en absoluto.
-Estoy cansándome de ti
-¿Te parece? Se supone que eras tú la que sabía andar sola.
Y antes de que pudiera replicar, la puerta del rector estaba frente a ella.
-Entra- Le ordenó él.
