Un huésped misterioso
El burro caminaba lentamente por el camino. Era un animal lento, pero muy fuerte y resistente. A un lado, un pequeño barril donde llevaba su ron, la bebida predilecta, a pesar de que no era habitual en un monje; al otro lado, un pequeño baúl donde llevaba algunas pertenencias esenciales: libros, manto, túnica, algunos papeles. Tenía que llegar al convento de Albiano al día siguiente, pero al ritmo que iba el burro, quizás se atrasara un poco, sin embargo eso era lo que menos le molestaba, ya que no tenía prisa por conocer al abad o a las hermanas, lo que quería de verdad era un buen baño, comida, preferentemente bien hecha y una cama blanda para descansar el cuerpo de los lomos de aquella criatura silenciosa que se arrastraba por el camino.
Divisó tras una curva humo saliendo de una chimenea, alzado por el viento. La cabaña parecía tranquila, vio una débil luz por la ventana, miró a su alrededor y decidió que, si no se detenía allí, no tendría otra oportunidad de descansar un poco antes de continuar su viaje y, con suerte, podría recibir tratamiento a la altura de un representante de Dios. A medida que se acercaba, llegaba hasta él un rico aroma que hizo que su estómago reclamara las horas que había pasado sin echarle nada para satisfacer el hambre. La débil luz nocturna dejaba ver algunos aspectos del lugar-la cabaña no era muy grande y percibió que había muchos árboles tras ella, un claro en medio de aquel cerrado bosque, enseguida pensó que había sido un milagro del Señor poner ese sitio ahí para que él pudiera pedir abrigo en aquella noche. Tiró con fuerza de las riendas del burro "¡Oh!", el animal demoró un poco, pero se detuvo "¡Testarudo!", gruñó. Se colocó la capucha del hábito, desenroscó el grueso cordón del cuello de donde colgaba un crucifijo de madera oscura, miró a los lados como si quisiera seguir inspeccionando el lugar, y llamó a la puerta. Esperó un poco, pero nadie atendió. Llamó más fuerte. Escuchó pasos dentro y luego el ruido del cerrojo girando. Solo se abrió una rendija y la luz iluminó su rostro posibilitando que la persona que había abierto viera sus brillantes ojos azules.
-Por favor, muchacho, ¿tendrías la misericordia de ceder un poco de comida a un monje que lleva días viajando en su burro?
Henry dudó por unos segundos. Sus dos manos sujetaban la puerta y miró rápidamente a Emma-ella había acabado de esconder los papeles en el baúl y dejado su arco sobre la cama-que le hizo una señal para que Henry dejar pasar al hombre.
En cuanto el hombre se detuvo en el umbral de la puerta, miró a su alrededor.
-¡Alabado seas, hijo mío! ¡No sabes lo agradecido que estoy!- vio a Emma -¡Buenas noches, señora! ¡Dios los bendiga a los dos!- A Emma le extraño ver a un monje tan joven. Lo miró seria.
-¿Quién sois?
-Soy Fray Killian, mi señora- fue hasta ella y le extendió la mano, pero Emma estaba desconfiada y no le devolvió el gesto –Disculpe, tenéis razón en dudar de un hombre que llama a la puerta en mitad de la noche pidiendo ayuda, pero es que necesito llegar al convento de Albiano y no he descansado en todo el día…-al escuchar el nombre de ese lugar maldito la rubia desorbitó los ojos llamando la atención del monje -¿Qué ocurre? ¿He dijo algo malo?
-No, no, Fray Killian…- quitó hierro al asunto Henry cerrando la puerta, y cogiendo del brazo al monje lo acercó a la chimenea –Mi madre se emociona con las cosas de Dios, es muy religiosa, ¿sabe?...- miró hacia la pared y señaló –Tenemos un crucifijo allí, ¡mire!
El hombre miró hacia lo alto y sonrió al ver el crucifijo. Puso su mano en la cabeza de Henry y miró a Emma.
-Tenéis un hijo servicial y muy listo, señora- la rubia se quedó mirándolo, seria, por algunos segundos y después se acercó a él, y cogió su mano para besársela. Al monje no le importaba mucho las formalidades, solo hizo la señal de la cruz en el aire ante ella y se giró hacia Henry -¿Ya habéis cenado? Venía por el camino y noté un buen olor saliendo de aquí y pensé que podríais darme de comer- se dieron cuenta de que el fuerte del monje era ser directo. Entonces Henry y Emma lo condujeron a la mesa grande de la cocina para que todos pudieran hacer sus refecciones-y aquella noche, especialmente, tendrían la bendición de un religioso.
Se sentaron y Emma, finalmente, tendría la oportunidad de saber si el hombre decía la verdad al afirmar que era un monje. Le pidió que condujera la oración antes de la refección que enseguida harían, a lo que el monje sonrió deprisa y se dispuso a realizar, no sin antes hacerle una pregunta a Emma que la dejó sonriente
-¿Cómo es la costumbre, hija mía? ¿La preferís completa?- ella asintió entonces, Fray Killian esperó a que todos cerraran los ojos y colocaran las manos como él y comenzó –Benedic, Domine, nos et haec tua dona quae de tua largitate sumus sumpturi. Ad cenam vitae aeternae perducat nos, Rex aeternae gloriae. Per Christum Dominum nostrum. Amen- Henry miraba despistadamente al hombre y a Emma. Respondieron a la oración, hicieron la señal de la cruz como costumbre y comenzaron a comer.
Siempre muy hablador y sonriente-ante una buena comida era más suelto-Fray Killian les contaba cómo habían sido sus últimos días de camino desde que había sido designado por un alto cardenal para pasar unos días en el convento de Albiano. Se había enfrentado a la lluvia y al sol, además de a noches oscuras en pleno bosque, pues aquella región no poseía muchos hostales o aldeas a lo largo del camino. De repente, Emma desorbitó los ojos hacia Henry y le preguntó al monje.
-¿Cómo viajáis? ¿A pie?
-No, hija, he dejado mi burro ahí delante- escuchando aquello Henry miró rápidamente a Emma. El hombre no entendió lo que sucedía, pero ella le explicó.
-Esta región es habitada por animales salvajes, no podemos dejar a las monturas sueltas por ahí- él puso una expresión de espanto, pero enseguida miró al muchacho
-¿Puedes descargarlo, por favor, hijo? ¡Ah, y traed aquel barril que tiene amarrado a un lado!- Henry pensó que ese hombre era muy cómodo, pero solo asintió y salió. Fray Killian continuó saboreando su plato de sopa de verduras con rodajas de pan seco- mientras, Henry llevaba al pobre burro a la caballeriza para que hiciera compañía a Eclipse. Sin embargo, Emma notó la ausencia del lobo esa noche, no había escuchado su aullido, lo consideró extraño, pues Regina le había dejado escrito que se quedaría cerca, prometiéndole no volver a rondar por el convento como había hecho la madrugada pasada.
Henry volvió a entrar en la cabaña con el barril debajo del brazo. Al cerrar la puerta, el monje ya se estaba levantando de la mesa, dando las gracias a Emma por la cena. Vio al muchacho acercarse y extendió los dos brazos como si fuera a recibir a un bebé en su regazo.
-¡Aquí está!- sus ojos brillaron, se giró hacia Emma -¡Un vaso, por favor!- la rubia obedeció y se quedó allí, de pie, admirando la disposición del religioso al sentarse, abrir el barril, olerlo lentamente y verter un poco del líquido en el vaso de barro. Él miró a sus anfitriones y sonrió avergonzado –Disculpad la mala educación…- extendió el vaso hacia ellos –¡Es el mejor ron que podréis beber en leguas!- ambos agradecieron y dejaron al monje allí sentado, al borde de la chimenea, saboreando su bebida. Y seguiría allí por mucho tiempo, durante casi toda la noche y mitad de la madrugada.
La preocupación de Emma era la mañana siguiente. Henry tenía sueño, pero se quedaría despierto junto a la rubia hasta que aquel hombre se cayera del sueño, y lo haría en cualquier momento teniendo en consideración la cantidad de ron que estaba bebiendo.
-¿Vivís aquí desde hace mucho?- su voz era más suave y estaba recostado en el banco donde Henry solía dormir y que, por esa noche, por lo que se veía, sería ocupado por el monje.
-Sí, ya hace un tiempo- respondió Emma secamente
-Disculpad que pregunte, pero, ¿tenéis marido?- llenó una vez más su vaso.
-Es comerciante y casi siempre está viajando- Henry miró a Emma y sonrió pensando en una manera para justificar la ausencia de la rubia por la mañana y la aparición como por arte de magia de Regina. Sí, tendría que pensar en algo para que aquella situación no levantara la desconfianza de Fray Killian, pues, aunque ahora mostrarse signos de embriaguez, a la mañana siguiente estaría lo bastante sobrio como para hacer preguntas difíciles de responder.
-Mi tía también vive con nosotros, Fray- se adelantó Henry a Emma sentándose al lado del hombre –Ella estará aquí por la mañana- percibió que el monje sonrió entre dientes, solo prestaba atención a su barril de ron. El muchacho caminó hasta Emma y susurró –Vete a dormir. Yo me quedo con él- ella miró una vez al hombre allí, frente a la chimenea sonriendo solo y miró otra vez al muchacho, suspiró y cedió a la invitación.
-¡Ten cuidado, chico! ¡Si intenta cualquier cosa, se llevará una de mis flechas en el pecho!- el muchacho sonrió de forma irónica y le guiñó un ojo.
-¡Calma, mamá, dentro de poco no se mantendrá en pie!- Emma le dio un beso en la cabeza y se despidió del monje, que apenas levantó la mano, pero el gesto era tan trémulo que era difícil saber si era una bendición o solo un adiós. Tras Emma acostarse, Henry le fue a hacer compañía al monje. Se sentó a su lado y cruzó los brazos para entrar en calor frente a la chimenea. El hombre lo observó y sonrió, insistió otra vez en ofrecerle un poco de ron al chico, pero en vano. Solo lo lamentó, porque era un buen ron, y aunque fuera él de corta edad, debería saborear aquello.
Henry escuchó historias sobre el monasterio donde vivía Fray Killian y cómo se había metido en esa vida religiosa. Había nacido en el seno de una familia muy rica y, ya de pequeño, había sido prometido a la Iglesia cuando una enfermedad muy grave se abatió sobre su hermano mayor-la madre había hecho una promesa, el hermano mayor se curó, pero como este debía asumir los negocios familiares, el padre decidió que Killian hiciera los votos convirtiéndose así en un hombre de Dios. Cuando cumplió los catorce años, entró en el monasterio de San Nilo-se interesó en el estudio de las herejías y enseguida fue nombrado maestro para enseñar a los nuevos novicios. La vida dentro del monasterio es monótona, pero había conseguido con la enseñanza una manera de pasar el tiempo-las herejías son diversas y de diferente grado de gravedad, tenían que ser analizadas para ser juzgadas y esa era la mejor parte de la investigación, en su opinión.
-A causa de esos estudios que hago he llegado aquí, Henry-ya estaba alterado, el muchacho podía notarlo porque ya no acababa de forma clara las palabras –El Cardenal que tiene bajo su mando a mi orden fue al monasterio hace unos meses y dijo que algo muy grave estaba sucediendo en Albiano…- Henry comenzó a interesarse aún más en la historia del monje y se inclinó hacia delante muy atento -¿Te puedes creer que el convento no tiene una Madre Superiora desde hace más de tres años? –"Sí, lo sé muy bien", pensó Henry, pero dejó que el monje hablara a gusto –Un abad lleva las riendas de Albiano, pero ya recibió órdenes para regresar a la Santa Sede y se ha negado poniendo como excusa la ausencia de una Madre-levantó el vaso lleno y aumentó el tono de voz –Así que, me pregunto, chico, ¿por qué hasta hoy no ha nombrado a una de las hermanas para tal función?- hipó
-Pero…- Henry fue directo con las palabras, su curiosidad era mucha -¿Y dónde está la herejía en esa historia?- el monje lo miró seriamente y se calló. El muchacho pensó que la historia iba a terminar ahí por causa de su inconveniencia, sin embargo, Killian suspiró y miró hacia la nada como si estuviera pensando una respuesta. Quizás ni él mismo lo supiera.
-Es una historia complicada-levantó el dedo índice en ristre -¿Estás dispuesto a oírla?- miró fijamente a Henry que asintió con la cabeza de manera afligida. El monje, a aquellas alturas de la noche, ya estaba completamente bebido, era lo que el muchacho esperaba –El nombre del abad es Rumple-"Eso ya lo sé", pensó Henry de nuevo –Según ese Cardenal, el abad no está comportándose honestamente dentro del clero, y eso desde que era solo un sacerdote de pueblo…La herejía entra en la historia cuando ha llegado a oídos del propio Papá que dentro del convento de Albiano se está practicando magia…- el corazón de Henry se aceleró -¡Imagínate! ¡El propio Pedro en la Tierra ha sabido de esta infamia contra la Madre Iglesia!- Killian se bebió el vaso de ron de un golpe.
-¿Y qué pretendéis hacer, Fray Killian?- el hombre sonrió y estiró las piernas posando el vaso en ellas.
-¡Solo te lo cuento si tomas un poco de ron conmigo!-en aquel momento Henry no se lo pensó dos veces y agarró el vaso de las manos del monje que se echó a reír sin importarle si Emma se despertaría o no, es más, se había olvidado que había más gente en la cabaña. Cogió el barril y echó la bebida en el vaso hasta desbordarlo. Henry miró lo que tenía delante y lo olió, cerró los ojos y bebió apenas un poco –Entonces…¿te gusta?- el monje esperaba impaciente la aprobación o no de aquella bebida, y el muchacho asintió con la cabeza, pues la garganta le ardía y no podía pronunciar palabra. El esfuerzo tuvo sus gratificaciones, pues Killian sonrió y continuó relatando el motivo de su viaje –Necesito pruebas concretas de que Rumple practica magia dentro del convento y, entonces, podré llevarlo ante el Tribunal del Santo Oficio bajo la acusación de brujería. Si consiguiera algún testigo o si yo mismo viera que algo no encaja en el convento, ya sería suficiente para juzgarlo como las leyes de Dios mandan-al acabar de decir eso hizo la señal de la cruz en el aire, pero no sabía por qué, estaba muy bebido para comprender.
Henry dio unos golpecitos en la espalda del monje, como si estuviera cumplimentándolo, bebió un sorbo más de la bebida que ya no le quemó tanto al bajarle por la garganta. Miró hacia el crucifijo en la pared y dio las gracias por la visita de esa noche-era lo que necesitaban para conseguir entrar en el convento y, quién sabe, un aliado para acabar con la maldición del abad Rumple. Su cabeza le daba vueltas a varias cosas a la vez y el sueño había desaparecido. El monje no duró mucho despierto, el ron lo derrumbó minutos después, dejándolo espatarrado sobre el banco. Henry colocó una estera al lado de la cama donde Emma dormía y se quedó despierto, pensando.
Hola chicas. He vuelto a trabajar, y no podré actualizar tan a menudo, y además también me ha salido una traducción "semi profesional" con fecha de entrega, por tanto no podré dedicarle tanto tiempo a los fics. Pero no os asustéis, buscaré un huequecillo los findes para ello. Gracias por entender.
